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viernes, 28 de enero de 2011

JUNTOS PERO NO REVUELTOS

Ya vuelvo con el discurso de buenos y malos. Si a alguien le parece tedioso por repetitivo que acepte mis disculpas y deje de leer.

Vivo en un sitio pequeño, con virtudes de sitio pequeño y defectos de sitio pequeño. Cuando se me ocurrió empezar a darle a esto de la zapatilla lo hice, como casi todos, por mi cuenta y en secreto. Tenía una brevísima experiencia en las carreras populares, que incluía un 10k y un medio maratón cuando vivía en Barcelona, saliendo por probar, por amistad con algún participante y por ver que entre los que corrían ahí teníamos de todo: buenos, menos buenos, regulares y lo siguiente. Luego vinieron los cambios.

Me trasladé a Menorca y empecé a moverme por imperativo de salud, aunque pronto me convertí en adicto incurable a las endorfinas. Busqué carreras porque quería compañía, y todo lo que encontré fue un circuito veraniego popular. Como más allá de julio y agosto (con contadas excepciones) sólo había carreras para federados decidí federarme (lógica aristotélica) para poder correr. Entonces el choque cultural fue grande porque en la isla los 25 que corrían eran "atletas" y yo tan sólo un "pringado que trotaba".

Mi personal modo de entender la democracia deportiva me resultó la coartada perfecta para mezclarme con fenómenos que rodaban cómodos a 3'30" el kilómetro. Yo era el peculiar, el que llegaba siempre el último, sonriendo y aplaudiendo al público. Y otros se animaron.

Luego vino el club, los amigos y esos viajes pagados por el Govern Balear para competir en los Campeonatos de Baleares, de cross y medio maratón. Los 21k nunca fueron demasiado problema, porque el Campeonato se disputaba dentro de una prueba popular como es el medio maratón de Pollensa. Además, cuanto más largo mejor para mí porque más lento hay que ir. Pero el cross era distinto.

En el cross nos separaban por categorías y por sexos y, que nadie se enfade, algunas chicas y los más veteranos siempre han sido mis compañeros de fatigas de la cola del pelotón. La carrera en la que me tocaba tomar parte en esos campeonatos siempre era rápida, muy rápida. Tanto es así que pronto definí el cross como esa competición en que suena el pistoletazo de salida, miro para alante y ya estoy sólo para los siguientes 8 kilómetros... hasta que empiecen a doblarme (que lo hace hasta el Tato).

En todas estas llegó el otro día el Campeonato de Baleares de Cross para veteranos. Nos fuimos a Calvià (Mallorca) con toda la tropa, porque esos 3 días de convivencia bien valían el esfuerzo. Y llegó la carrera. Como siempre a los 100 metros ya era el último destacado, y pronto empecé a ser doblado por los primeros. Llegué el último, no de mi categoría sino de todas las categorías. No disfruté ni un pimiento corriendo. Maldecía cada zancada que daba y no le encontraba sentido al hecho de estar ahí. Era un intruso, con todas sus letras.

El penúltimo de mi categoría completó la carrera a un ritmo 1 minuto más rápido por kilómetro que yo, es decir que ese farolillo rojo en cross es mío por los siglos de los siglos, aunque ese no es para nada el problema.

El problema es que el 99,9% de la gente que corrió ese cross lo hizo para llegar lo más rápidamente posible a la meta. Ni uno solo tenía como objetivo disfrutar del recorrido, de la compañía o del clima soleado de invierno. Ni siquiera yo, que sólo pensaba en terminar con aquel suplicio lo antes posible.

Al cruzar la meta le dije a Víctor que era la última vez, que los buenos y los malos debían mezclarse pero no siempre. Que en ocasiones no pienso que sea lo correcto. Y sigo pensando igual.

Al día siguiente, con un sol precioso, nos perdimos para correr 6 horas por la Serra de Tramuntana, montaña de verdad y pronto patrimonio universal de la humanidad (o de la Unesco, no sé muy bien). Eso fue una maravilla.

lunes, 25 de enero de 2010

RECOPILANDO

Bueno, ya sé que casi andamos metidos en febrero, pero feliz año a todos. Sobretodo porque la última vez que aparecí por aquí fue el 20 de diciembre y (nunca mejor dicho) ya ha llovido mucho desde entonces. Recopilo pues.

Pasé las navidades en Barcelona. Nada de bici o piscina pero sí pude salir a correr en plan jogger prácticamente cada día. El mejor día del año para correr por Barcelona es el día de Navidad, sobre las 8 de la mañana, más o menos. Si sales ese día a esa hora, la ciudad te pertenece. Bueno, la compartes con aquellos que dan a la nochebuena sus últimos coletazos, con algún madrugador recalcitrante en busca de un periódico o una barra de pan y con unos pocos locos corredores como tú. Paradójicamente mi peor experiencia fue con esta última estirpe: debo estar volviéndome "de pueblo", pero me dio por saludar a cada uno de estos sudorosos fanáticos de la zapatilla tal como iba cruzándome con ellos. Algunos pueden alegar en defensa propia limitaciones auditivas producto de esa abyecta moda de correr con el ipod a todo trapo, pero la verdad es que la inmensa mayoría ni me miró a la cara, dejándome con la mano alzada y la cara de tonto. Cosas de la gran ciudad, aventuro.

De vuelta a casa me sumergí en la vorágine del sprint final de la temporada de crosses, primero en Menorca y luego en la final del Campeonato de Baleares en Mallorca ayer mismo. Puedo decir con orgullo que, de mi casi superada categoría M-35 (en 20 días me ascienden a M-40) soy el vigésimoquinto de Baleares. Corrían 25, cosas de tomarse esto "de otro modo". Bueno, en descargo propio puedo contar que para aprovechar el día (el objetivo es el maratón de Barcelona) rodé una hora como calentamiento y luego corrí el cross. Además, definitivamente este no es mi mundo. Todo bicho viviente que osa federarse y competir en estos campeonatos va a lo que va y corre que se las pela. Yo no. Hasta mi Santa ha insinuado que aprovecharía más el tiempo entrenando, que "me borre". Lo que ocurre es que en un lugar pequeño como Menorca, mucha de la oferta de carreras es para los federados. O te federas o a rodar por el campo, y tampoco es eso. Además el ambiente local es magnífico, y estar federado me permite viajar con mis compañeros de club a todas las competiciones organizadas a nivel Balear. A la hora de correr en esas pruebas soy un bicho raro, pero tengo ya las rarezas superadas y en mi club toleran mi fobia a la velocidad hasta con buena cara.

Ahora toca maratón. Mi tercera vez en Barcelona y mi quinta vez total. Sigo conformándome con terminar, pero no negaré que teniendo 5:02 como marca personal estaría bien poder romper la barrera de las 5 horas. Supongo que con una marca de 4:59 seguiré pudiendo utilizar mi nick sin problemas.

Más de un mes en silencio. Puede que esto ya no lo lea nadie. La gente se desconecta cuando uno deja de dar señales de vida, como es lógico. Paso de tópicos: no sé si esto va a actualizarse con más frecuencia. En cualquier caso, para lectores y no lectores, mucha salud y buenos rodajes. Deseos patrocinados por Slowcarlota y Slowpepe, los de la foto de arriba. Y sed felices.

domingo, 20 de diciembre de 2009

SURFEANDO LA OLA FRÍA

Cuando en España se habla de mal tiempo yo suelo entender mucho frío en la parte más interior de la península y viento en el norte de Cataluña y Baleares. Ese viento suele ser de componente norte, un viento potente y frío. Menorca es la isla más al norte del archipiélago balear. Yo vivo en el norte de esa isla, y hasta hoy llevábamos una semana azotados por el temporal de lluvia y viento, con mucho frío. Cuando el tiempo está así de rebelde, lo que a uno menos le apetece es salir a practicar deporte al aire libre, claro.

El gimnasio me salvó la semanita de lunes a viernes. Por un lado en la piscina empiezo a notar pequeñísimas mejoras en mis sensaciones, aunque los tiempos aún no se han visto afectados por el volumen de trabajo ya realizado. Me conformo con nadar más a gusto, de momento, y lo de mejorar la velocidad supongo que llegará con el tiempo.

Las bicicletas estáticas cumplieron su cometido también esta semana. Hasta el sábado, los volúmenes de ciclismo no son demasiado altos en el plan, porque el mismo está pensado para gente que por sus obligaciones laborales no dispone de demasiado tiempo entre semana para entrenar. El sábado me tocaban 2 horas y media de rodaje pero el día salió con muchísimo viento y lluvia. Me propuse cambiarlo por una sesión sobre la bici de spinning, pero ahí no aguanté más de una hora, por lo que la tirada larga quedó en proyecto.

Hoy domingo corrí un cross en Sant Lluís. Con un frío de mil demonios tuve el honroso deber de cerrar la clasificación. Las inclemencias meteorológicas asustaron a casi todo el pelotón de cola que se quedó en casita junto al radiador. Tan sólo dos chicas fueron todo el tiempo por detrás de mí, pero ellas daban una vuelta menos al circuito por lo que el último en pasar por meta fue un servidor (cosas de correr federado cuando, probablemente, no debiera haberlo hecho nunca).

Al terminar el cross (durante el cual padecimos no sólo un cortante frío sino también una fina lluvia) salió el sol. Después de colaborar en la recogida de la cinta que marcaba el circuito (cosas de que fuese mi club el que organizaba la carrera) marché a casa a comer. Tal y como finalmente quedó el día, con sol y sin viento, no esperé ni a hacer la digestión: me volví a vestir de romano y salí con la bici a por 40 kilometrillos de prácticas. Y digo prácticas porque sigo aprendiendo a montar con el nuevo manillar.

Lo de los acoples lo llevo más o menos bien. Ya conduzco bastante recto y la posición me resulta relativamente cómoda de cintura para arriba, sin molestias durante ni después a nivel de hombros y espalda. Lo del culo es otro cantar. No estoy nada cómodo con la nueva posición sobre el sillín. No lo adelanté porque monté una potencia más cortita, pero sí lo incliné un poquito hacia delante. Aún así, mis partes nobles siguen padeciendo demasiado cada vez que me tiro sobre esos cuernos intentando convertirme en triatleta. No sé si el tema está tanto en la posición del sillín, en el tipo de sillín o en la falta de costumbre. Si no termino de hacerme con el tema me pensaré el instalar un sillín de triatlón, algo más largo y reforzado en su parte delantera.

Por lo demás, he rodado muy a gustito. Algo cansado por el cross de la mañana pero contento por poderme subir de nuevo a la bici después de una semana, sobretodo porque con las vacaciones viajamos a Barcelona y ahí sólo voy a poder salir a correr (aunque me llevo bañador, gorro y gafotas por si encuentro una piscina donde me acepten sin ser socio, previo pago de la correspondiente entrada puntual, claro). El martes volamos. A ver si puedo dejar algo aquí antes de desaparecer. Hasta entonces...

...mucha salud a todos!

PS. Lo de Pamela en bici con la pachorra y el latte de Starbucks en la mano es toda una metáfora de lo que no pude hacer esta puñetera semana: montar en bici en condiciones.
Por cierto, lo de doblar no debe ser muy bueno porque tengo las piernas más tostadas que la pipa de Toro Sentado. Ale, más salud.

martes, 27 de enero de 2009

CAMPEONATO DE BALEARES DE CROSS


El chalado que esto escribe se ha federado. Era el mejor modo que encontré para sumergirme de verdad en el ambiente corredor de la isla, y bastó la propuesta de un par de amiguetes para solicitar mi ingreso en el CRISMAR CCE SANT LLUÍS ATLETISME. Entregué la documentación, pagué mi licencia y me dieron el alta y la bienvenida. Que conste que les advertí que fichaban a un orgulloso perdedor. Desconozco si fue altruismo, inconsciencia o pena, pero por alguna razón me aceptaron sin rechistar y admito sentirme ya orgulloso de maldefender esos colores.

En las actividades del club están los desplazamientos para correr en cuanto campeonato de Baleares de veteranos se ponga a tiro. El domingo pasado fue el cross, al que gentilmente me invitaron pese a no cumplir con el requisito previo de haber corrido antes carreras de esa disciplina en Menorca. Me dieron el uniforme completo que me fue de perillas a excepción de la camiseta de correr. Está claro que las tallas de atleta son pensando en etíopes o keniatas, porque mi XL me hacía parecer un salchichón blanco a punto de explotar. Nada que unas manos expertas en el arte del corte y la confección (la abuela de mi mujer, sin ir más lejos) y unos pequeños y discretos añadidos no pudiesen solucionar.

Salimos con los veteranos para Manacor (Mallorca, isla vecina con la que todo peninsular confunde a nuestra Menorca a la menor oportunidad) el pasado sábado por la mañana, con un vendaval de órdago que sacudió el avión en el despegue como si fuese una pelota de ping-pong entre dos raquetas chinas. Baste decir que detrás nuestro ya no salió nadie porque cerraron el aeropuerto. El mismo sábado volveríamos a tropezar con el viento y sus trastadas, ya en Mallorca, quedándonos tirados en el tren por la caída de varios árboles en la vía, cosas de la caprichosa naturaleza.

Y llegamos al día de la carrera. Enseguida pude comprobar lo que distingue todo lo que allí había de mis conocidas carreras populares. No hay paquetes federados. Bueno, el domingo había uno, el que ahora escribe todo esto.

Me tocó en suerte la carrera de la categoría Veteranos M35 (la mía, no me echéis más años). Corrimos junto con los M40 y M45, además de las Senior Femenino. 7 kilómetros de puro cross, a imagen y semejanza de Lasarte o Itálica, sin barro pero con mucho viento.

A los 10 metros de carrera ya tenía claro el tema: empezaba el último e iba a terminar el último, con total seguridad. Rápidamente se abrió un hueco entre el final del pelotón y mi fina estampa, espacio que no hizo sino crecer y crecer con el paso de los kilómetros. Fui doblado posiblemente por el 50% de los participantes, con lo que al pasar por meta para empezar mi última vuelta todos ellos ya habían terminado. Como es costumbre el no tener en cuenta al pobre en la casa del rico, tuve que pasar ese trago a chillido limpio, gritando algo así como "¡¡¡Pasoooo, que no hemos terminadooooo!!!" Eso sí, mil perdones y se apartaron todos al instante. Esa última vuelta la hice ya sin ser doblado (es lo que tiene) y compartiendo circuito con algunos atletas en pleno enfriamiento (a los que en su trote suave no fui capaz de adelantar en ningún caso). Volví a ser el más aplaudido en meta, jaleado por el speaker y terminando rendido porque, aunque no sea algo habitual, me dejé el resuello en el intento, en un circuito duro y con unas condiciones atmosféricas adversas. Eso sí, a los 2 minutos ya estiraba feliz, pensando en la paella que nos estaba esperando a todos los de mi club.


Tras hermanarnos a manteles frente a un arroz que quitaba el sentido viajamos de vuelta a casa, con la mejor de nuestras sonrisas y haciendo un balance de lo más positivo. Mi club gana un paquete y yo gano un montón de amigos con los que compartir esta locura que nos tiene a todos igual de enfermos. La próxima salida es al medio maratón de Pollença (campeonato de Baleares de medio maratón), también a gastos pagados, y con varias liebres tentándome para romper de una vez por todas la barrera de las dos horas. Me muero de ganas.

Salud y buenos rodajes a todos.