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miércoles, 11 de mayo de 2011

101 kilómetros de Ronda

Foto cortesía del compañero de fatigas Jaime Suárez Christiansen

Como bien está lo que bien acaba, sirva esta crónica para ilustrar lo que significó un feliz colofón a algo que empezó requetemal con el abandono en el maratón de Barcelona a primeros de marzo.

Para no cansar al personal con detalles de importancia menor sitúese amigo lector en la mañana de autos directamente: estoy en el campo de fútbol de Ronda. He llegado temprano, con el nervio ciático secretamente pinzado y el miedo en el cuerpo porque eso es lo único que me faltaba. Se confirma que el tendón no me ha dolido en toda la semana (en que me he tocado auténticamente los cojines como corresponde al tapering semiprofesional que el ultrafondo exige). Será por falta de uso. Se confirma también que soy un zoquete con la logística. Visto una finísima camiseta técnica de manga corta y la temperatura es gélida a esas horas. Lo que mal empieza aún puede empeorar: se pone a llover con más de una hora por delante de espera a la intemperie. En fin.

Me llama Jaime, tal como habíamos quedado. Lo conozco desde 2006 y no lo había visto en mi vida (personalmente). Al dar con él (o él conmigo) tengo esa sensación que ya tuve antes con alguno, como si nos conociéramos de siempre. Sabemos bastante el uno del otro, al menos desde el punto de vista deportivo, y la complicidad surge de modo inmediato. También está Boni, con el que he intercambiado en este blog comentarios en diversas ocasiones. Y Ricardo, pero a este lo perdemos de vista pronto porque su idea es volar y la nuestra un paseo tranquilo.
Me apena no haber visto a Sergio y Ana. Imagino que sus logísticas no han coincidido con las nuestras. Espero que sea en la próxima ocasión.

Sin tanto frío ya, tras los vivas reglamentarios y haber soltado a las bicis nos ponemos en marcha con la calma, aunque ya por las calles de Ronda, qué cabeza la mía, se me ocurre empezar a correr tras los Pretorianos de Tomares y mi amiguete Scheilor al que consigo dar alcance y saludar en el fragor de la lucha. Como he empezado puramente a mi ritmo de sensaciones tanto Boni como Jaime se me han adelantado lo suficiente como para perderles de vista, aunque pronto coincido de nuevo con el segundo de ellos, con el que haré muchos kilómetros en carrera. Caminando en las subidas y el llano y trotando suave en las cuestas abajo seguimos Jaime y yo en animada charla, tan solo salpicada por un pequeño chaparrón que no consigue alterarnos el ánimo porque nos pilla con las piernas frescas y la moral alta. Así hasta el kilómetro 19 0 20, donde me despisto buscando una barrita en la riñonera y Jaime se me escapa. Unos 10 kilómetros después, tras haber subido con ganas la cuesta de los cochinos volvemos a coincidir, yendo juntos hasta poco antes de Setenil (kilómetro 59) donde cae la noche, y de nuevo a la salida de ese avituallamiento y hasta poco antes del acuartelamiento de la Legión. Ahí sus problemas con las ampollas y la dureza de la subida aconsejan que nos separemos. Como no quiero condicionar más su ritmo me adelanto y alcanzo el cuartel (kilómetro 77) ya pagando algo el esfuerzo. Caldito caliente, cambio de zapatillas y a salir zumbando. El cuartel es la verdadera trampa de los 101. Llegas de madrugada, muy cansado, con frío y hambre y encuentras todo lo que necesitas (refugio, comida y descanso). Si abusas de ello por un mal entendido "me lo merezco" luego es imposible ponerse nuevamente en marcha. Salir con ánimo del cuartel es prácticamente sinónimo de terminar. Salgo con ánimo.

Tras el cuartel toca subir a la ermita (o las ermitas, que yo vi dos capillas). Tras la bajada, ya en el pueblo paso por el momento crítico de la carrera. Son las 5 de la madrugada y tengo un sueño espantoso, al punto que me sorprendo caminando (varias veces) e incluso trotando (una vez) con los ojos cerrados. La caraja me dura media hora. Me como el chocolate que llevo en el bolsillo del cortavientos desde Setenil y se me pasa. A partir de ahí debo luchar ya solo contra el dolor de pies (alguna ampolla traicionera y los empeines por primera vez en mi vida) y seguir a los de delante, que van como yo de lentos y fastidiados. Seguimos el cauce del río por espacio de varios kilómetros luchando contra los repechos y sobretodo el barro del sendero.

Amanece definitivamente en el avituallamiento del kilómetro 91, y como si se tratase de cargar las baterías solares recupero buena parte de las fuerzas perdidas mejorando desde ese momento mi ritmo de carrera. Los últimos 10 kilómetros son un continuo felicitarnos entre los marchadores, seguros ya de que esa meta es nuestra. En el 98 llega la cuesta del cachondeo, una pared que tiene fama de peleona. Sin embargo, tal como supongo, el aspecto psicológico juega un papel determinante en subirla como un tiro: esas rampas tienen premio. Llego arriba, a 1500 metros de la Alameda del Tajo y decido disfrutar de ese último tramo de paseo con todo merecimiento. Son poco más de las 9 de la mañana. No hay mucha gente por las calles pero la poca que hay aplaude fuerte y nos felicita con efusividad. Un tipo me grita "vamos, 500 metros" y empiezo a correr. Ya no me duele nada. Sigo corriendo hasta dar con la entrada en la Alameda, donde adelanto disculpándome a un grupo completo que se dispone a entrar en el recinto. Aprieto el paso con un correr suave i ágil, absolutamente impropio de alguien como yo. Me da por reír a mandíbula batiente, levantar los brazos y mirar al cielo. Y cruzo esa línea de meta. 101 kilómetros. 101 sensaciones diferentes. Un cansancio delicioso y muchas ganas de repetir.

Salud a todos. Sed muy felices.

lunes, 21 de febrero de 2011

LOS 4 PICOS, ETAPA REINA.

Acabo de superar una gripe de campeonato. Una semana completa parado, de sábado a sábado. Supongo que entre los cambios de tiempo y las agresiones que para mi sistema inmunitario supone tanto entrenamiento largo abrieron en su día la autopista de mi organismo a los bichitos que anidaron en él sin anunciarse. Ahora estoy mejor y he vuelto al tajo.

Pocas cosas sin embargo han cambiado. Con el calendario que tengo por delante (en menos de 2 semanas maratón, en abril medio maratón y los 62k del Trail en 6 días y en mayo Ronda y sus 101) continúo con mi anárquica preparación, juntando más o menos a ojo rodajes largos, rodajes algo más vivos, tiradas de caminar-correr y algo de descanso. Todo ello procurando juntar unos volúmenes de supervivencia, que me lleven con mayor o menor calma a cada una de esas cuatro líneas de meta en las que se me espera.

Empezando por el principio, el 6 tomo si todo va bien la salida en Barcelona. Mi 4º maratón en ese circuito (el 6º o 7º total, que no sé si el del Ironman se cuenta) y por primera vez no tengo ni la más remota idea de cuál va a ser mi marca. Como supongo que de piernas no andaré mal del todo imagino que entre las 4h45 y las 5h15 andará la cosa, pero no puedo (ni quiero) ser más preciso. Ya pedí en su día disculpas por profanar la mística del maratón utilizándolo para entrenar, para sumar kilómetros de cara a objetivos venideros.

Lo de la media de Pollença va a ser otra decepción. Los decepcionados serán nuevamente mis compañeros de club, con los que nos desplazamos cada año a esta carrera al grito de "este año sí", en franca referencia a mi incapacidad manifiesta para bajar de 2 horas en esa distancia. Este año será otra vez no, primero porque no puedo, y segundo porque en 6 días, al sábado siguiente, debo merendarme el Trail Serra de Tramuntana (62k, 2200m de desnivel positivo y algo completamente desconocido para mí).

Lo de Ronda queda algo más lejos pero es mi principal desvelo, aquello a lo que dedico cada martes y cada sábado cuando salgo de casa para pasar todas esas horas combinando correr con caminar por la Menorca más rural. Anárquicamente, es cierto, pero pasándomelo de maravilla con el entrenamiento. Si termino las 4 carreras que nos quiten lo bailao. Luego vendrá otra vez el Tri...

Salud y kilómetros.

PS. Aún no tengo las camisetas solidarias. Problemas logísticos en vías de solucionarse las mantienen en la isla vecina. Supongo que no irá la cosa mucho más allá de esta semana y podré empezar a vender solidaridad. Tengo ya muchas ganas.

miércoles, 12 de enero de 2011

I AGAINST ME (o yo contra mí mismo)

Aprovecho el paso del Pisuerga por Valladolid y la salida a la luz de lo que parece un delicioso documental sobre triatlón de larga distancia para retomar el hilo de mis andanzas. Lo del documental, actualmente en alemán, estará genial en cuanto salga la versión cervantina. Si esperar a que ello ocurra tiene tan poco sentido, habrá que conformarse con que al menos traduzcan la obra al inglés, para justificar el dinero que en mi casa invirtieron en un colegio de pago y algún cursillo de verano en el área metropolitana de Londres.

ME HE INSCRITO YA EN LOS 101 DE RONDA. Lo digo bien alto para terminar de creerlo. El pingüino gordito hará ultradistancia, montaña o ambas cosas a la vez. En marzo maratón, en abril los 62 del TST y en mayo los 101 de Ronda. Y claro, una cosa es proclamar a los cuatro vientos la valentía y el arrojo demostrados en formalizar todas esas inscripciones y otra muy distinta ocultar el acojone con que afronto ese futuro tan inmediato.

Como ya dije en su momento, la Marató será casi lo de menos, con todos los respetos. Salir corriendo tranquilo y procurar terminar igualmente corriendo, en el tiempo que sea. Lo del Trail Serra de Tramuntana ya me apura un poco más. Son 62km de montaña seria, y desplazar mi oronda humanidad cuesta arriba sigue siendo un ejercicio de extenuación. Y lo de enchufarme 101 kilómetros aún lo veo más lejos, pero como todo lo anterior no es imposible.

El movimiento se demuestra andando (corriendo en esta ocasión) y por ello el domingo pasado nos apretamos algo más de 3 horitas de trail running (con algún tramo caminando, sobretodo cuando las subidas eran más duras), hoy martes corrí non-stop 1 hora 40 también por pistas forestales, mañana repito, el jueves descanso y el viernes entreno suave otra vez.

El fin de semana me desplazo a Mallorca para el Campeonato de Baleares de Cross para veteranos. Algún día tengo que hablar de mi relación con el Cross, que en su vertiente federada es aquella actividad atlética en la que oigo el pistoletazo de salida, miro delante y ya estoy solo. Los motivos de mi participación en este tipo de eventos son absolutamente peregrinos. No debería pero me enfrento a ello año tras año, sin disfrutarlo y prometiéndome no volver jamás. Esta vez hay postre. El lunes es festivo en Menorca y alargamos la estancia en la isla mayor un día más para poder entrenar un poco por la Serra de Tramuntana. Si nada se tuerce estamos convocados, guías locales incluídos, a una salida matutina de 20km, de Valldemossa a Sóller, por la ruta que sigue la carrera de abril. Esa experiencia sí que me motiva y seguramente justifica el viaje del fin de semana.

Mientras tanto, con el panorama que tengo en el horizonte tan sólo puedo pensar en preparame porque si algo me asegura la ultradistancia (y hablo de oídas) es que el cronómetro resulta un elemento prescindible, los rivales se llaman compañeros y la competición es algo así como YO CONTRA YO MISMO (y, añado, los elementos)...

Salud y kilómetros!

martes, 19 de octubre de 2010

5 de 6


Finalmente descansé el domingo, pero hoy martes completé mi quinta salida seria en seis días (jueves, viernes, sábado, lunes y martes). En este último entrenamiento hubo anécdota: una manada de vacas en el camino, algunas de ellas color negro zahíno y afilados cuernos. Conocida por los doctos en el tema es la mansedumbre de esas reses en libertad, pero la presencia de terneritos a proteger y mi proverbial ignorancia respecto al carácter de tales animales me llevaron montaña arriba buscando evitar todo roce con los morlacos. Tan montaña arriba quise ir que antes de decir Jesús ya estaba rodeado de arbustos de metro-setenta por todas partes. Encontrar la salida de aquel laberinto fue tarea tan ardua como dolorosa, y mis piernas terminaron llenas de arañazos producto del roce con la maleza (ahora sé porqué la llaman así) tratando de dar con el camino de nuevo. Contando con los 15 o 20 minutos que anduve perdido, la aventura duró hora-cuarenta y la di por buena escozores aparte.

En otro orden de cosas, hoy recibí un correo de la organización de Ronda. Confirman que los días 6, 7 y 8 de mayo son finalmente los 101. Aún no se dio el pistoletazo de salida a las inscripciones, cosa que debería ocurrir en enero, pero habrá que espabilar porque muchos son los llamados pero pocos los elegidos (es decir que hay mucho interés, máxime cuando el año pasado no hubo carrera por las obligaciones militares de la organización).

Mañana descanso. Como mucho cuatro largos en la piscina y algo de estiramientos. Y mi próximo gadget de correr será un capote.

Salud y kilómetros!