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1 de julio de 2009

Palabras de la poeta Violeta Boncheva - Bulgaria


Dijo, hace aproximadamente un mes, Violeta

La poesía de Silvia Loustau es como un espejo, donde se mira el vuelo de los aves, gotea niebla de oro,donde el tiempo dibuja el rostro de la Soledad, cruzando el silencio. A veces en el fondo del espejo se ve la cara de la Muerte. No todos nosotros tenemos coraje hablar con ella, aunque la Muerte sepa mucho más de nuestra vida...
Gracias, Poetisa!

Violeta Boncheva, Bulgaria
Violeta Boncheva es poeta y traductora. Presidenta del Círculo de Poetas de Bulgaria.

10 de abril de 2008

Critica Literaria


Acerca de Espejos de Los días, de Silvia Loustau

“Cada lector hallará las estelas que vinculen

su sensibilidad con la de la autora, y en ese

acto de simbiosis Silvia Loustau y sus lectores

habrán tejido una percepción….-

Andrés Aldao (Palabras de inicio)

El empuje de la palabra expresa una poesía abierta hacía todos los sentidos (“se anegan los espejos”), “deseos tallados en la piel”), pero básicamente la estética de todo el libro puede reflejarse en el diario acontecer. Es así que haciendo una lectura atenta, es importante ver la escritura de una imagen que incansablemente busca ser reconocida. En ese trayecto se aprecian diferentes estados de desasosiego que han dejado marcas:

“hundiendo la mirada en la cara vacía del cielo” 14

“todos los espejos/ guardan rostros del ayer” 19

“se anegan los espejos/ de imágenes repetidas” 22

“caminado entre espejos/ con los deseos tallados/

en la piel “ 23

“mirada antigua/ aquella/guardada en el espejo” 27

“no encuentra sus rostros de antes” 31

“no ve/ sus rostros de ahora” 31- 32

“aunque el viento y la inclemencia/arrugue el rostro” 39

Es en ese devenir cotidiano que la palabra poética registra las ausencias con una “memoria implacable”. De ahí las referencias tan pronunciadas que aparecen a través de los pronombres personales e indefinidos en función de sujeto (“esa/donde sus cuerpos se amaron”; “aquella guardada en el espejo”;” que sea otro quien llore”).Tanto reconocimiento de lo no-presente hace que las ausencias surjan y puedan ser redimidas por la vocación de la escritura. Así esta cumple la función de salvadora. La voz lírica anuncia la presencia de los otros, asume la difícil tarea de quitarles el olvido. Tal vez sea por eso que “en sus manos la luz tiembla/ y tiembla ante el poder de la ausencia.”

Por último, a ningún lector le pasa inadvertido el inicio particular de Espejo de los días: una ficha personal que –paradójicamente- no individualiza. Una presentación que a la vez nos compromete .Miles de nombres, cientos de años, como cualquiera que viva.


Profesora Liliana D’ Elia

Mar del Plata, abril de 2008