Un 20 de noviembre de 2007, con promesa de lluvía y frío preexistentes, llega a mi correo un blog de fondo ocre, letras en negro, sin piruetas ni cabriolas, engolfado en una sobria sencillez. Un nombre de nombre, sin pirotecnia, más personal; el Blog de Silvia Loustau. Excelente material, una pancarta de presentación (Paul Eluard), poemas a rolete, algunas prosas, diagramado para atraer a los lectores de raza, a aquéllos que abren los blogs para leer y no para ser deslumbrados por las luces malas del centro.
Materiales me llegan todos los días. Un incansable desfile, sin prisa, pero sin pausa, como los blogs... La iniciativa de nuestra corresponsal y colaboradora merecía una lectura circunspecta y atenta. Promesa de lectura no defraudada.
Desde esa víspera de fiestas, cada mes llega, con igual sobriedad, excelente material e interesante, sin desencuadrarse de la norma.
Siempre sencillo, como el susurro mensual de una amiga poeta que envía su mensaje literario a los lectores, que se van sumando intrigados para conocer a esa nueva publicación que no resuella ni gruñe, que acaricia los ojos del lector y lisonjea las exigencias de los devotos que se han ido sumando, número a número, a las huestes que disfrutan del Blog de Silvia Loustau.
Celebro, pues, este primer Onomástico Ocre deseándole a Silvia nuevos logros con sus "...letras en negro, sin piruetas ni cabriolas, engolfado en una sobria sencillez...". ■
Andrés Aldao