A mitad de camino






Este lugar pretende ser "una bocanada de aire fresco" para todo aquel que se acerque y participe. Un lugar de encuentro, donde se carguen las pilas con energía positiva.

Donde nos ayude a ver las cosas de otra manera, y por ende, nos haga disfrutar de la vida, nuestro mayor don.
Un sitio que te permita contactar con la naturaleza.

Trabajar los pensamientos, mejorar las emociones, disfrutar de sensaciones.... para conseguir ser feliz.

Ser positivo siempre pretende pues, dar "esa mano amiga" que en alguna ocasión todos necesitamos.







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domingo, 6 de mayo de 2012

LA LECCION DE LA MARIPOSA


Mariposa en balsa de los frailes. Lecároz  (Navarra)

Basándome en un cuento de J. Bucay que me gusta mucho, lo adapto para exponeros una reflexión que me ronda la cabeza.          

Como sabeis, la mariposa es aparte de frágil y bella, un animal que encarna la evolución, el cambio, la renovación.
Su ciclo vital abarca desde los huevos a la fase de gusano, donde crece; fase de hacer el capullo de seda donde se encierra; fase de crisálida en el interior del mismo y por último, la mariposa ya formada, completada ya la metamorfosis tiene que salir de su envoltura, del capullo, al exterior. Tienen de adultas una vida muy efímera, puesto que solo viven desde unos días a unas semanas dependiendo de la especie.


         Una pequeña abertura apareció en un capullo de la mariposa. Un hombre se sentó y observó a la mariposa por varias horas, mientras ella se esforzaba para hacer que su cuerpo pasase a través de aquel pequeño agujero.
         Parecía que había hecho todo lo que podía, pero no conseguía agrandar el agujero, no podía salir del capullo.
         Entonces el hombre decidió ayudar a la mariposa, tomó una tijera y abrió el capullo.
         La mariposa pudo salir fácilmente. Pero su cuerpo estaba marchito, era pequeño y tenía las alas arrugadas.
         El hombre siguió observándola porque esperaba que, en cualquier momento, las alas se abrieran y estirasen para ser capaces de soportar el cuerpo, y que éste se hiciera firme. Pero nada aconteció.
         En verdad, la mariposa paso el resto de su vida arrastrándose con un cuerpo marchito y unas alas encogidas. Ella nunca fue capaz de volar.
        Lo que el hombre, en su gentileza y voluntad de ayudar no comprendía era que el capullo apretado y el esfuerzo necesario para que la mariposa pasara a través de la pequeña abertura, era la forma en que la naturaleza hacía que el fluido del cuerpo de la mariposa fuese a sus alas, de tal modo que ella estaría lista para volar, una vez que se hubiese liberado del capullo.

         Algunas veces, el esfuerzo es exactamente lo que necesitamos en nuestra vida. Por eso, a veces la vida nos pone ante obstáculos que debemos sortear. Si no saltásemos  los obstáculos no lograríamos ser tan fuertes como podríamos haber sido. Nunca podríamos volar.
         Vive la vida sin miedo, enfrenta todos los obstáculos y demuestra que puedes superarlos.

Jabo
( para las personas que evolucionan, al menos interiormente)

domingo, 25 de marzo de 2012

Con el Pensamiento, se alargan las cosas.


Circula por la red un cuento (no se el autor), que me viene perfecto para la idea que quiero transmitir.

Dos monjes iban caminando por el campo al atardecer; mientras caminaban, oraban y reflexionaban. Un poco antes de acercarse a un río que tenían que cruzar, el cual no tenía puente para hacerlo, se les acercó una mujer muy guapa, pidiéndoles que le ayudaran a cruzar el río.

         Uno de ellos inmediatamente dijo que sí, mientras el otro lo veía con mirada de desaprobación. El que se apuntó para ayudar a la bella mujer la subió en sus hombros y terminado el río la bajó de sus hombros, la mujer quedó muy agradecida con ese monje. Los monjes siguieron su camino y el que no aprobó la decisión empezó a reclamarle al monje que ayudó a la mujer a cruzar el río acerca de su comportamiento: "¿Por qué subiste a esa mujer a tus hombros?, ¿no sabes que en el convento nos tienen prohibido mantener contacto con mujeres?

         El monje que había ayudado a la mujer no respondía a las preguntas del otro monje. Siguieron su camino y el monje insistía en sus preguntas, a lo que el otro monje no respondía.  Poco antes de llegar al convento, el monje le volvió a cuestionar acerca de lo que había hecho y por fin el monje respondió:

"Hace más de cuatro horas que esta mujer ya no está cerca de mi cabeza, pero sigue en la tuya. ¿Qué ganas con hacerte daño al tener en tu mente cosas del pasado?, ¿qué ganas con tener en tu mente cosas que a ti no te afectan?".

Jabo ( dedicado a mi hermana)
Siempre la conciencia tranquila, y hacer lo que cada uno cree que hay que hacer. Ser consecuentes.



martes, 28 de febrero de 2012

Trayecto de Ida y Vuelta


Después de ver amanecer, tomé mi navío y emboqué ilusionado a la bahía pequeña situada  junto al  puerto, y de allí puse rumbo a Izaro. Seis millas me separaban de la isla. Navegué a una velocidad aproximada de 6 a 7 nudos/hora, con un viento de proa Noroeste, de fuerza 4 en la escala Beaufort. Las olas, con mar de fondo de 1,5 metros, batían la amura de babor.

Me coloco en la bañera del navío, en la popa, a barlovento, recibiendo directamente el aire fresco en la cara. La espuma mezclada con la brisa fresca rezuma y alcanza mi tez produciendo una sensación de placer. Veo la dificultad de la navegación, dudo un instante y decido continuar.

Cierro los ojos y la boca, exponiendo cara y torso al agua. Una y otra vez las olas, al llegar a la amura, y debido a la escora y  al viento, hacen saltar finísimas gotas de agua marina impregnada de sal, con olor a alga, a ozono, a mar, que impacta en mi cuerpo.

¡Que gusto, que placer!, poco a poco va subiendo la cantidad y potencia del agua que entra en contacto con mi cuerpo, de modo que me empapo entero. Pero no me importa, y disfruto con los elementos. Son sensaciones positivas, de placer, de tranquilidad, y así, navego con serenidad, paz, armonía, y sobre todo con libertad.

No existe riesgo. La fuerza del viento se mantiene, y la embarcación, en un movimiento de suave vaivén cruza rauda las escasas millas a destino. He disfrutado, me he relajado, he entrado en contacto con mi yo interior.

Quizás el yodo y el sodio contenido en el agua marina hayan ayudado a mi relax. Tal vez mis ganas de entrar en contacto directo con la madre naturaleza hayan hecho que me integre de tal modo en ella, que me haya olvidado del mundo en que vivo. Puede que otros, más prudentes, hubieran vuelto y no recorrido el camino. O que las dificultades del viento, oleaje y marea hubieran hecho a muchos abandonar y no partir.

Yo me alegro de haber reaccionado bien ante las supuestas dificultades, y haberlas utilizado para llegar a destino mucho mejor de cómo partí.
En la isla medité algunas reflexiones rodeado de gaviotas argénteas de pico amarillo, teniendo la suerte de observar a  una familia de alcatraces y varias pardelas.
Mis pensamientos me llevan a mis emociones, que son positivas y hacen sentirme bien. Doy gracias por ello y me dirijo a la embarcación para iniciar el regreso. Ahora el viento sopla de popa, por atrás. ¡Que distinto!, que fácil navegación, suave, sin contratiempos, sin dificultades… El barco parece recorrer otra ruta, pero no, es la misma, a la inversa, en el otro sentido. Las olas llegan ahora por estribor y casi no levantan espuma. El agua marina ya no me moja, no me empapa, y casi no se nota el avance del barco.

Las mismas millas, la misma ruta, el mismo barco, la misma persona, pero distinto sentido. ¡Que diferentes sensaciones!

Llego pronto a puerto. Amarro en la dársena y pienso, reflexiono sobre la experiencia recién vivida…. Medito sobre lo importante que es para todos nosotros saber navegar nuestra vida, recorrer el camino, abordar positivamente las dificultades que surgen a diario, nuestras particulares circunstancias… en los 2 sentidos, en el de la ida (en este caso exigente, difícil,  pero satisfactoria), y en el de vuelta (en este caso moderada, fácil y suave).

Parto y sueño con volver a repetir la experiencia.


Jabo 

domingo, 24 de julio de 2011

Quién empacó hoy tu Paracaídas?




Charles Plumb era piloto de un bombardero en la guerra de Vietnam. Después de muchas misiones de combate, su avión fue derribado por un misil. Plumb se lanzó en paracaídas, fue capturado y pasó seis años en una prisión norvietnamita. A su regreso a Estados Unidos, daba conferencias relatando su odisea, y lo que aprendió en la prisión. Un día estaba en un restaurante y un hombre lo saludó:

"Hola, usted es Charles Plumb, era piloto en Vietnam y lo derribaron, ¿verdad?"

"Y usted, ¿cómo sabe eso?", le preguntó Plumb.

"Porque yo empacaba su paracaídas. Parece que le funcionó bien, ¿verdad?"

Plumb casi se ahogó de sorpresa y gratitud.

"Claro que funcionó, si no hubiera funcionado, hoy yo no estaría aquí.

"Plumb no pudo dormir esa noche, preguntándose:"Cuantas veces lo vi. En el portaviones y no le dije ni buenos días, porque yo era un arrogante piloto y él era un humilde marinero"

Pensó también en las horas que ese marinero pasaba en las entrañas del barco enrollando los hilos de seda de cada paracaídas, teniendo en sus manos la vida de alguien que no conocía.

Ahora, Plumb comienza sus conferencias preguntándole a su audiencia:


"¿Quién empacó hoy tu paracaídas?".

Todos tenemos a alguien cuyo trabajo es importante para que nosotros podamos salir adelante. Uno necesita de muchos paracaídas en el día: uno físico, uno emocional, uno mental y hasta uno espiritual. A veces, en los desafíos que la vida nos lanza a diario, perdemos de vista lo que es verdaderamente importante y las personas que nos salvan en el momento oportuno sin que se lo pidamos.

Dejamos de saludar, de dar las gracias, de felicitar a alguien, o aunque sea, decir algo amable sólo porque si. Hoy, esta semana, este año, cada día, trata de darte cuenta de quién empaca tu paracaídas, y agradéceselo. Demuéstrales tu agradecimiento con una llamada, un texto, una sonrisa, con un gracias o con una sonrisa, un "te quiero" o un "te amo", con un.....

Jabo. Dedicado a las personas que son agradecidas.

(Historia tomada de Internet, desconozco su autor)

Foto: en Punta Cana, 2010.

martes, 28 de junio de 2011

En Ocasiones, se sale ganando si Cedemos


Un día cualquiera Ana se encontró en el suelo una bolsa muy bonita, que enseguida abrió. Para su sorpresa, en su interior había 3 monedas de oro. Se puso muy contenta por su hallazgo, pero inmediatamente se le acercó otra chica, María, que le objetó: Dame esas monedas, son mías!!!.

Las encontré yo, y me pertenecen, dijo Ana.

Y discutieron y discutieron, de buenos modales, pero no acababan nunca, hasta que María dijo: De acuerdo, considero que he perdido las monedas. Quédatelas.

Entonces, Ana se sorprendió mucho de tal gesto y mencionó: No, así no las quiero!!. No se si son tuyas, pero quédatelas tú.

Y otra vez a discutir….

Como no salían de ese embrollo, ambas decidieron ponerse de acuerdo con un mediador, conocido de ambas.

El mediador, oídas las 2 versiones pidió la bolsa con las monedas a Ana, y les dijo: como habéis renunciado ambas a vuestra supuesta propiedad del tesoro, os confiscaré a ambas las 3 monedas de oro, y se retiró.

En pocos minutos, y ante el desconcierto de Ana y María, les anunció: Os habéis obstinado ambas tanto, manteniendo vuestra postura hasta tal punto, que lo habéis perdido todo. Así, aprenderéis una gran lección: “lo que se puede llegar a perder cuando una persona se obceca en su planteamiento, en su idea fija, en lugar de tratar de entender a la otra”. Pero yo también he aprendido una gran lección, la que me habéis enseñado vosotras con vuestra renuncia final. Por eso, os haré un regalo.

El mediador sacó dos bolsitas y entregó una a Ana y otra a María. Cada bolsita contenía 2 monedas de oro. Les dijo: Antes, cada una creía tener 3 monedas de oro, que después perdió. Ahora tenéis cada una 2 monedas, porque yo he añadido una. Todos hemos pagado por la enseñanza que acabamos de recibir.

(Cuento recogido de Internet, y adaptado. Desconozco su autor)

La obstinación egoísta solo puede llevar a las personas a seguir soluciones de insolidaridad, agresividad y desequilibrio emocional, que pueden llegar a provocar situaciones y/o traumas irreversibles. Todas las personas debemos pagar el precio correspondiente a nuestros esfuerzos, antes de recibir, todas juntas, el beneficio común.

Jabo.

Foto: formación de tormenta veraniega en Zarauz

viernes, 20 de mayo de 2011

Ladrón de dicha (cuento Zen)


Cuenta una antigua leyenda que un anciano sabio vivía en las afueras de una pequeña ciudad de provincia. El hombre era muy conocido no sólo por su sabiduría, sino también por su buena suerte.


En la misma ciudad vivía también un joven que, aunque fundamentalmente honesto, estaba constantemente en pos de la suerte, la fama y la riqueza. Sin embargo, pese a todos sus esfuerzos, la "diosa vendada" no quería sonreírle. El joven ya no sabía qué más hacer y estaba al borde de la depresión, cuando se le ocurrió ir a ver al sabio para pedirle cuál era el secreto de su éxito. En efecto, todo lo que precisaba, el sabio lo tenía. Y todo lo que emprendía le salía redondo. No le faltaba hogar, ni comida, ni ropa. La gente le amaba, respetaba y veneraba. No carecía de riqueza espiritual, pero tampoco de medios materiales.


Aquel día el joven se levantó muy pronto para evitar las colas interminables de personas que iban a pedirle consejo al anciano. Se vistió con sus mejores vestidos, se arregló y llegó a la morada del sabio. Llamó al portal. El sabio le abrió y, amablemente, le recibió en su casa. Una vez terminadas las presentaciones formales, el joven fue directamente al grano y dijo:

- La razón de mi visita es sencilla: querría saber tu secreto para vivir tan holgadamente. Verás, he notado que no te falta nada, mientras a mí me falta todo, y esto es a pesar de mis esfuerzos y buena voluntad. También he notado que mucha gente posee bienes materiales, pero son infelices. En cambio a ti no te falta tampoco la felicidad. Dime, ¿cuál es tu secreto?

El sabio le miró interesado y sonrió diciéndole:


- Mi respuesta también es sencilla: el secreto de mi buena suerte es que yo robo...


- ¡ Lo sabía ! -exclamó el joven- habría tenido que deducirlo yo mismo. ¡ Ese era el secreto !

- ¡ Espera ! Todavía no he acabado -dijo el anciano- pero el joven ya había salido corriendo exultante. El santo intentó darle alcance pero no pudo, por lo que regresó imperturbable y calmadamente a su casa.


Tras la visita al sabio, la vida del joven cambió radicalmente: empezó a robar aquí y allá, a revender las cosas sustraídas a los demás y a enriquecerse. Cometía toda clase de hurtos: robaba animales, cosas, dinero e incluso entraba a robar a casas. La fortuna parecía haber empezado a sonreírle, pero al cabo de un tiempo fue capturado por las autoridades. Fue procesado por numerosos delitos y condenado a cinco años de dura cárcel. Durante su estancia en la prisión tuvo tiempo de meditar y llegar a una conclusión. Según sus deducciones, el anciano se había befado de él, y más idiota había sido él mismo por seguir tan necio consejo. Se prometió que una vez salido de ahí, volvería a ver al anciano para darle su merecido.

Los años pasaron y el joven fue puesto en libertad tras pagar su deuda con la sociedad. Nada más recobrar su libertad, ni siquiera pasó por su casa, sino que se fue directamente a la residencia del sabio. Tras llamar impacientemente a la puerta, el sabio abrió.


- Ah, eres tú -le dijo-.


- Sí, soy yo y he venido para decirte lo inútil que eres, viejo tonto. ¿Sabías que gracias a tu consejo me he pasado los últimos cinco años de mi vida en la cárcel? Si todos los consejos que das son así, menudos imbéciles que tenemos que ser los que te escuchamos.


El anciano le prestaba atención con paciencia, y cuando la rabia del joven remitió, así le contestó:

- Comprendo tu rabia. Pero el artífice de tu desdicha eres tú y solamente tú, sobre todo por tu incapacidad de escuchar. Cuando viniste aquí hace cinco años, te dije la verdad, te dije mi método para asegurarme la dicha, solo que tú no quisiste oír más y entendiste lo que quisiste. Cuando te dije que yo robo, era verdad, solo que no robo a los humanos. Robo aire, luz, agua y energía. Robo "chi". Verás, robo al Tao porque el Tao es vacío y utilizándolo nunca rebosa, se vacía sin agotarse y su función no se agota nunca.


Por: Marc E. Boillat de Corgemont Sartorio

Jabo

jueves, 7 de abril de 2011

La importancia del perdón


La rana Renata era la mejor cocinera de los pantanos y a su selecto restaurante acudían todas las ranas y sapos de los alrededores. Sus "moscas en salsa de bicho picante" o sus "alitas de libélula caramelizadas con miel de abeja" eran delicias que ninguna rana debía dejar de probar, y aquello hacía sentirse a Renata verdaderamente orgullosa.


Un día, apareció en su restaurante Sopón dispuesto a cenar. Sopón era un sapo grandón y un poco bruto, y en cuanto le presentaron los exquisitos platos de Renata, comenzó a protestar diciendo que aquello no era comida, y que lo que él quería era una buena hamburguesa de moscardón.


Renata acudió a ver cuál era la queja de Sopón con sus platos, y cuando este dijo que todas aquellas cosas eran "pichijiminadas", se sintió tan furiosa y ofendida, que sin mediar palabra le arreó un buen sartenazo. Menuda trifulca se armó. A pesar de que Renata enseguida se dio cuenta de que tenía que haber controlado sus nervios, y no dejaba de pedir disculpas a Sopón, éste estaba tan enfadado, que decía que sólo sería capaz de perdonarla si él mismo le devolvía el sartenazo.


Todos trataban de calmarle, a sabiendas de que con la fuerza del sapo y la pequeñez de la rana, el sartenazo le partiría la cabeza. Y como Sopón no aceptaba las disculpas, y Renata se sentía fatal por haberle dado el sartenazo, Renata comenzó a hacer de todo para que le perdonara: le dio una pomada especial para golpes, le sirvió un exquisito licor de agua de charca e incluso le preparó… ¡Una estupenda hamburguesa de moscardón!


Pero Sopón quería devolver el porrazo como fuera para quedar en paz.


Y ya estaban a punto de no poder controlarle, cuando apareció un anciano sapo caminando con ayuda de unas muletas. Espera Sopón, dijo el anciano, podrás darle el sartenazo cuando yo te rompa la pata. Recuerda que yo llevo muletas por tu culpa. Sopón se quedó paralizado. Recordaba al viejo que acababa de entrar. Era Sapiencio, su viejo profesor que un día le había salvado de unos niños gamberros cuando era pequeño, y que al hacerlo se dejó una de sus patas.


Recordaba que todo aquello ocurrió porque Sopón había sido muy desobediente, pero Sapiencio nunca se lo había recordado hasta ahora... Entonces Sopón se dio cuenta de que estaba siendo muy injusto con Renata.


Todos, incluso él mismo, cometemos errores alguna vez, y devolver golpe por golpe y daño por daño, no hacía sino más daño. Así que, aunque aún le dolía la cabeza y pensaba que a Renata se le había ido la mano con el sartenazo, al verla tan arrepentida y haciendo de todo para que le perdonase, decidió perdonarle.


Y entonces pudieron dedicar el resto del tiempo a reírse de la historia y saborear la rica hamburguesa de moscardón, y todos estuvieron de acuerdo en que aquello fue mucho mejor que liarse a sartenazos.


Es un cuento que he encontrado en Internet, y lo he adaptado. (Desconozco su autor).


Me gusta para reflexionar sobre un aspecto básico para nuestro crecimiento interior: “El saber perdonar”. Pues si, porque la persona que perdona se agranda, crece, madura y la paz interior que alcanza es sublime.


Sin embargo, la persona que no perdona se hace daño a si misma, no crece, no madura y se corroe por dentro.


Con esto no quiero decir que lo olvidemos y ya está. No, no es eso. Quiero decir que aprendamos de nuestros propios errores y crezcamos juntos en el desarrollo personal, en la satisfacción de saber que vamos en el mismo camino, de la mano.


Jabo

(Ah: se me olvidaba: ¿Cuando nos comemos una hamburguesa de moscardón?


domingo, 27 de marzo de 2011

Cuento Sufi

Cuento para reflexionar
Las personas son lo que encuentran en si mismas. Encuentran siempre lo que esperan encontrar.




Jabo

domingo, 6 de febrero de 2011

Todo lo que sucede, sucede para tu bien




En un lejano país, un rey tenía un consejero muy sabio que vivía de acuerdo al principio de que todo lo que te sucede, sucede para tu bien, aunque no puedas comprenderlo inicialmente.

Un día el rey y su consejero salieron a cazar y el ciervo al que querían capturar, escapó.

El rey, furioso de oír siempre al consejero con el mismo principio, le encerró en las mazmorras del castillo.

Al día siguiente, el rey salió a cazar solo, sin su consejero y se cayó del caballo rompiéndose una pierna.

De repente, aparecieron unos hombres hostiles y le rodearon. El rey creyó morir o que le iban a secuestrar para pedir rescate. Pero no, los hombres salvajes, al ver su pierna herida le dejaron en paz, sin más y se marcharon.

El rey, como pudo, subió al caballo y cabalgó hasta el castillo. Su médico le curó e hizo llamar al consejero encarcelado. Le dijo:
A ver, dime ahora ¡el porque de todo lo que me sucede es para mi bien!.

El consejero mencionó: mi señor, aquellos hombres salvajes no eran bandidos, ni malhechores.

Eran adoradores de dioses de la naturaleza y necesitaban hacer un sacrificio humano a sus dioses para tener buenas cosechas y ganado sano. Pero su sacrificio debía ser con una persona sana y tú estabas herido, no les servías. Por eso marcharon y te dejaron en paz.

¿ Y a ti? ¿Cómo te benefició a ti lo que sucedió?

Mi señor, contestó el consejero. Siempre acostumbro a acompañaros de caza, desde hace muchos años. Pero en esta ocasión no pude hacerlo, al estar encarcelado. Si yo hubiera ido con mi señor de caza, los adoradores de dioses me hubieran escogido a mi para su sacrificio. De modo que haber estado encerrado en la mazmorra me ha salvado la vida!!!


Aunque muchas veces no somos capaces de verlo o entenderlo, todo lo que nos sucede, es para nuestro bien.
( excepto como es lógico, la muerte de seres queridos y enfermedad grave)

Jabo
Foto: anochecer en Getaria
(Cuento tomado de J. Borysenko, y adaptado.)

jueves, 25 de noviembre de 2010

SANANDO HERIDAS



Mohamed, Ali y Karfún eran 3 niños de Arabia Saudí, de 10, 9 y 8 años que jugando en el desierto arábigo descubrieron una lámpara semejante a la de los cuentos de hadas.

La frotaron y con asombro vieron aparecer al genio de la lámpara. El genio se hizo daño al salir de su morada, ya que llevaba allí muchos años y salió de una forma impetuosa. Se daño la muñeca saliéndole sangre, que manaba sin parar.

Os concedo un deseo a cada uno, dijo el genio, pero tienen que ser relacionados con la sangre, ya que estoy sangrando y no se cómo sanar mi herida.

Yo quiero convertirme en glóbulo rojo, dijo Mohamed. Yo en glóbulo blanco, dijo Alí, y yo en plaqueta respondió Karfún, y que nos meta a los 3 en su torrente de sangre.

¡Y así fue ¡ El mago, sorprendido, los empequeñeció, tanto, tanto, que pudieron entrar en su sangre, y a través de una autopistas llamadas arterias y venas, recorrieron todo su cuerpo, de arriba a bajo, de izquierda a derecha, montados en vehículos especiales, llamados glóbulos, e iban como en una montaña rusa, llegando a todos los lugares del cuerpo del genio.

Karfún, el primero en actuar, convertido en plaqueta, se unió a otros elementos como él y viajando a través de la arteria, pronto llegó a la muñeca, donde se había producido la herida el genio. Allí, todas las plaquetas se pusieron a trabajar, incluido Karfún, y taponaron la herida con un coágulo de sangre, que evitó que el líquido vital saliese más al exterior.

Mientras, Mohamed iba montado en su vehículo rojizo, redondo y potente, que llevaba impresa la matrícula: glóbulo rojo o eritrocito, aunque atrás del mismo también indicaba hematíe. Llevaba como pasajero a una molécula que ponía CO2, anhídrido carbónico, que no entendía muy bien para que era, hasta que por la circulación sanguínea llegó al pulmón, donde fue expelido al exterior. Por unos instantes, su vehículo quedó sin carga, pero inmediatamente se montó un pasajero, con la matricula O2, oxígeno.

Mohamed disfrutaba con el viaje, y su carro se dirigió a unas células ubicadas junto a la herida, donde se depositó el O2. Era lo que necesitaban esas células para recuperarse, entendió.

A Alí, por su parte, le tocó vivir una experiencia más bélica. Montado en su vehículo blanco, llamado glóbulo blanco por delante y monocito por detrás, circulaba por el río de la sangre cerca de la herida cuando encontraron unos seres minúsculos llamados bacterias, que habían entrado desde el exterior a través de la herida abierta en la muñeca del genio.

Al llegar, se produjo un fuerte combate o batalla con espadas, arcos y flechas entre los glóbulos blancos y las bacterias, tanto es así, que Ali pasó hasta miedo dado la fiereza de la batalla. Estaba claro que alguien iba a ganar, y la temperatura empezó a subir por momentos, alcanzando los 40º de fiebre. Pronto, las bacterias perdieron el combate.

Los 3 amigos, Karfún, Mohamed y Alí, habían disfrutado la experiencia, de su viaje maravilloso y original a través del torrente sanguíneo del genio, y le habían sanado.

Éste, los sacó de su interior, los devolvió a su tamaño natural, y agradeciéndoles el favor, les colmó de tesoros; les ofreció lo que se habían ganado para siempre, serenidad, felicidad y estabilidad, para el resto de sus vidas.

Jabo
( dedicado a Javier Noya)

martes, 5 de octubre de 2010

Zanahoria, Huevo o Café



El oro para ser purificado debe pasar por el fuego, así como el ser humano necesita pruebas para pulir su carácter. Pero lo más importante es: ¿Cómo reaccionamos frente a las pruebas?

Una hija se quejaba a su padre acerca de su vida y cómo las cosas le resultaban tan difíciles. No sabía cómo hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencida. Estaba cansada de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro.

Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo. Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre fuego fuerte. Pronto el agua de las tres ollas estaba hirviendo. En una colocó zanahorias, en otra colocó huevos y en la última colocó granos de café. Las dejó hervir sin decir palabra. La hija esperó impacientemente, preguntándose qué estaría haciendo su padre. A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un recipiente. Sacó los huevos y los colocó en otro. Coló el café y lo puso en un tercer recipiente.

Mirando a su hija le dijo: "Querida, ¿qué ves?". "Zanahorias, huevos y café", fue su respuesta.

La hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias. Ella lo hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Luego de sacarle la cáscara, observó el huevo duro. Luego le pidió que probara el café. Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma.


Humildemente la hija preguntó: "¿Qué significa esto, padre?". Él le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: ¡agua hirviendo!, pero habían reaccionado en forma diferente. La zanahoria llegó al agua siendo fuerte y dura. Pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, fácil de deshacer. El huevo había llegado al agua siendo frágil. Su cáscara fina protegía su interior líquido. Pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido. Los granos de café sin embargo eran únicos. Después de estar en agua hirviendo, habían cambiado al agua.

¿Cual eres tú?, le preguntó a su hija. Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo respondes? ¿Eres una zanahoria, un huevo o un grano de café?

Cómo eres tú, ¿eres una zanahoria que parece fuerte pero que cuando la adversidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza?

¿Eres un huevo?, que comienza con un corazón maleable. Poseías un espíritu fluido, pero después de una muerte, una separación, un divorcio o un despido, ¿te has vuelto duro y rígido? Por fuera te ves igual, pero... ¿eres amargado y áspero, con un espíritu y un corazón endurecido?

¿O eres como un grano de café? El café cambia al agua hirviente, el elemento que le causa dolor. ¡Cuando el agua llega al punto de ebullición el café alcanza su mejor sabor! Si eres como el grano de café, cuando las cosas se ponen peor... ¡tú reaccionas mejor! y haces que las cosas a tu alrededor mejoren.

¿Cómo manejas la adversidad? ¿Eres una zanahoria, un huevo o un grano de café? Piénsalo...


Jabo ( cuento tomado de Internet, desconozco su autor)

sábado, 4 de septiembre de 2010

Distintas realidades



La realidad se puede ver desde posiciones muy distintas.

Una pata había puesto 4 huevos, pero mientras los empollaba, un zorro atacó al nido, y mató a la pata sin comerse los huevos.

Una gallina clueca que pasaba por allí encontró el nido y su instinto la hizo sentarse sobre los huevos para empollarlos. Poco después, nacieron los patitos, y como es lógico, siguieron a su madre en fila tras ella. La gallina los llevó a la granja.

Allí, todas las mañanas la gallina rascaba el suelo en busca de gusanos, y los patitos se esforzaban en imitarla, pero no conseguían sacar nada. Su madre los alimentaba.

Un día, la gallina salió con su nidada a pasear y se acercaron a un lago. Allá, los patitos rápidamente se tiraron al agua a nadar con toda naturalidad. Los patos nadaban alegres, chapoteaban, pero su mamá lloraba y les pedía que salieran inmediatamente del agua, ya que para ella, se iban a ahogar.

Apareció el gallo atraído por los gritos de la madre. No se puede confiar en los jóvenes, dictó. Son unos imprudentes.

Uno de los patitos se acercó a la orilla y les dijo: No nos culpéis a nosotros por vuestras propias limitaciones.
Nadie estaba equivocado. Todos tenían razón, desde su punto de vista. Lo que sucede es que ven la realidad desde posiciones muy distintas.

El único error, casi siempre, es creer que la posición en que estoy es la única desde la cual se divisa la verdad.


Cuento de J. Bucay
Jabo

jueves, 19 de agosto de 2010

con los Ojos y el Corazón de otro


Dos hombres, ambos muy enfermos, ocupaban la misma habitación de un hospital.

A uno se le permitía sentarse en su cama cada tarde durante una hora, para ayudarle a drenar el líquido de sus pulmones. Su cama daba a la única ventana de la habitación.

El otro hombre tenía que estar todo el tiempo boca arriba. Los dos charlaban durante horas. Hablaban de sus mujeres y sus familias, sus hogares, sus trabajos, su estancia en el servicio militar, donde habían estado de vacaciones , y cada tarde, cuando el hombre de la cama junto a la ventana podía sentarse, pasaba el tiempo describiendo a su vecino todas las cosas que podía ver desde la ventana.

El hombre de la otra cama empezó a desear que llegaran esas horas, en que su mundo se ensanchaba y cobraba vida con todas las actividades, colores del mundo exterior. La ventana daba a un parque con un precioso lago. Patos y cisnes jugaban en el agua, mientras los niños lo hacían con sus cometas. Los jóvenes enamorados paseaban de la mano, entre flores de todos los colores del arco iris.

Grandes árboles adornaban el paisaje, y se podía ver en la distancia una bella vista de la línea de la ciudad. El hombre de la ventana describía todo esto con un detalle exquisito, el del otro lado de la habitación cerraba los ojos e imaginaba la idílica escena. Una tarde calurosa, el hombre de la ventana describió un desfile que estaba pasando. Aunque el otro hombre no podía oír a la banda, podía verlo, con los ojos de su mente,exactamente como lo describía el hombre de la ventana con sus mágicas palabras.

Pasaron días y semanas. Una mañana, la enfermera de día entró con el agua para bañarles, encontrándose el cuerpo sin vida del hombre de la ventana, que había muerto plácidamente mientras dormía.

Se llenó de pesar y llamó a los ayudantes del hospital, para llevarse el cuerpo. Tan pronto como lo consideró apropiado, el otro hombre pidió ser trasladado a la cama al lado de la ventana. La enfermera le cambió encantada y, tras asegurarse de que estaba cómodo, salió de la habitación. Lentamente, y con dificultad, el hombre se irguió sobre el codo, para lanzar su primera mirada al mundo exterior; por fin tendría la alegría de verlo el mismo. Se esforzó para girarse despacio y mirar por la ventana al lado de la cama... y se encontró con una pared blanca.

El hombre preguntó a la enfermera que podría haber motivado a su compañero muerto para describir cosas tan maravillosas a través de la ventana. La enfermera le dijo que el hombre era ciego y que no habría podido ver ni la pared, y le indicó:"Quizás sólo quería animarle a usted"

Es una tremenda felicidad el hacer feliz a los demás, sea cual sea la propia situación. El dolor compartido es la mitad de pena, pero la felicidad, cuando se comparte, es doble. Si quiere sentirse rico, solo cuente todas las cosas que tiene y que el dinero no puede comprar. Hoy es un regalo, por eso se le llama el presente.

Jabo (cuento tomado de Internet. Se desconoce el autor)

miércoles, 21 de julio de 2010

la Suerte



Esta historia refleja que nada es lo que parece, sino que todo tiene muchos matices y puede ser bueno o malo dependiendo de las circunstancias que lo rodean y dependiendo del momento en que ocurren.

Había una vez un campesino chino, pobre pero sabio, que trabajaba la tierra duramente con su hijo. Un día el hijo le dijo:
- ¡Padre, que desgracia! Se nos ha ido el caballo.
- ¿Por qué le llamas desgracia? - respondió el padre- veremos lo que trae el tiempo... A los pocos días el caballo regresó, acompañado de otro caballo.
- ¡Padre, que suerte! -exclamó esta vez el muchacho- nuestro caballo ha traído otro caballo.
- ¿Por qué le llamas suerte? -repuso el padre-. Veamos que nos trae el tiempo...En unos cuantos días más, el muchacho quiso montar el caballo nuevo, y éste, no acostumbrado al jinete, se encabritó y lo arrojó al suelo. El muchacho se rompió una pierna.
- ¡Padre, que desgracia! -exclamó ahora el muchacho-. !Me he roto la pierna!
Y el padre, retomando su experiencia y sabiduría, sentenció:
- ¿Por qué le llamas desgracia? Veamos lo que trae el tiempo...
El muchacho no se convencía de la filosofía del padre, sino que lloraba de dolor en su cama. Pocos días después pasaron por la aldea los enviados del rey buscando jóvenes para llevárselos a la guerra. Vinieron a la casa del anciano, pero como vieron al joven con su pierna entablillada, lo dejaron y siguieron de largo. El joven comprendió entonces que nunca hay que dar ni la desgracia ni la fortuna como absolutas, sino que siempre hay que darle tiempo al tiempo, para ver si algo es malo o bueno.

La moraleja de este antiguo consejo chino es que la vida da tantas vueltas, y es tan paradójico su desarrollo, que a veces lo que creemos malo se hace bueno y lo que creemos bueno se hace malo. Lo mejor es esperar siempre el día de mañana, pero sobre todo tener confianza, porque todo sucede con un propósito positivo para nuestras vidas.
Jabo
(cuento tomado de Internet, desconozco el autor)