Mariposa en balsa de los frailes. Lecároz (Navarra)
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domingo, 6 de mayo de 2012
LA LECCION DE LA MARIPOSA
domingo, 25 de marzo de 2012
Con el Pensamiento, se alargan las cosas.
Uno de ellos inmediatamente dijo que sí, mientras el otro lo veía con mirada de desaprobación. El que se apuntó para ayudar a la bella mujer la subió en sus hombros y terminado el río la bajó de sus hombros, la mujer quedó muy agradecida con ese monje. Los monjes siguieron su camino y el que no aprobó la decisión empezó a reclamarle al monje que ayudó a la mujer a cruzar el río acerca de su comportamiento: "¿Por qué subiste a esa mujer a tus hombros?, ¿no sabes que en el convento nos tienen prohibido mantener contacto con mujeres?
Siempre la conciencia tranquila, y hacer lo que cada uno cree que hay que hacer. Ser consecuentes.
martes, 28 de febrero de 2012
Trayecto de Ida y Vuelta
domingo, 24 de julio de 2011
Quién empacó hoy tu Paracaídas?
Charles Plumb era piloto de un bombardero en la guerra de Vietnam. Después de muchas misiones de combate, su avión fue derribado por un misil. Plumb se lanzó en paracaídas, fue capturado y pasó seis años en una prisión norvietnamita. A su regreso a Estados Unidos, daba conferencias relatando su odisea, y lo que aprendió en la prisión. Un día estaba en un restaurante y un hombre lo saludó:
"Hola, usted es Charles Plumb, era piloto en Vietnam y lo derribaron, ¿verdad?"
"Y usted, ¿cómo sabe eso?", le preguntó Plumb.
"Porque yo empacaba su paracaídas. Parece que le funcionó bien, ¿verdad?"
Plumb casi se ahogó de sorpresa y gratitud.
"Claro que funcionó, si no hubiera funcionado, hoy yo no estaría aquí.
"Plumb no pudo dormir esa noche, preguntándose:"Cuantas veces lo vi. En el portaviones y no le dije ni buenos días, porque yo era un arrogante piloto y él era un humilde marinero"
Pensó también en las horas que ese marinero pasaba en las entrañas del barco enrollando los hilos de seda de cada paracaídas, teniendo en sus manos la vida de alguien que no conocía.
Ahora, Plumb comienza sus conferencias preguntándole a su audiencia:
"¿Quién empacó hoy tu paracaídas?".
Todos tenemos a alguien cuyo trabajo es importante para que nosotros podamos salir adelante. Uno necesita de muchos paracaídas en el día: uno físico, uno emocional, uno mental y hasta uno espiritual. A veces, en los desafíos que la vida nos lanza a diario, perdemos de vista lo que es verdaderamente importante y las personas que nos salvan en el momento oportuno sin que se lo pidamos.
Dejamos de saludar, de dar las gracias, de felicitar a alguien, o aunque sea, decir algo amable sólo porque si. Hoy, esta semana, este año, cada día, trata de darte cuenta de quién empaca tu paracaídas, y agradéceselo. Demuéstrales tu agradecimiento con una llamada, un texto, una sonrisa, con un gracias o con una sonrisa, un "te quiero" o un "te amo", con un.....
Jabo. Dedicado a las personas que son agradecidas.
(Historia tomada de Internet, desconozco su autor)
Foto: en Punta Cana, 2010.
martes, 28 de junio de 2011
En Ocasiones, se sale ganando si Cedemos
Un día cualquiera Ana se encontró en el suelo una bolsa muy bonita, que enseguida abrió. Para su sorpresa, en su interior había 3 monedas de oro. Se puso muy contenta por su hallazgo, pero inmediatamente se le acercó otra chica, María, que le objetó: Dame esas monedas, son mías!!!.
Las encontré yo, y me pertenecen, dijo Ana.
Y discutieron y discutieron, de buenos modales, pero no acababan nunca, hasta que María dijo: De acuerdo, considero que he perdido las monedas. Quédatelas.
Entonces, Ana se sorprendió mucho de tal gesto y mencionó: No, así no las quiero!!. No se si son tuyas, pero quédatelas tú.
Y otra vez a discutir….
Como no salían de ese embrollo, ambas decidieron ponerse de acuerdo con un mediador, conocido de ambas.
El mediador, oídas las 2 versiones pidió la bolsa con las monedas a Ana, y les dijo: como habéis renunciado ambas a vuestra supuesta propiedad del tesoro, os confiscaré a ambas las 3 monedas de oro, y se retiró.
En pocos minutos, y ante el desconcierto de Ana y María, les anunció: Os habéis obstinado ambas tanto, manteniendo vuestra postura hasta tal punto, que lo habéis perdido todo. Así, aprenderéis una gran lección: “lo que se puede llegar a perder cuando una persona se obceca en su planteamiento, en su idea fija, en lugar de tratar de entender a la otra”. Pero yo también he aprendido una gran lección, la que me habéis enseñado vosotras con vuestra renuncia final. Por eso, os haré un regalo.
El mediador sacó dos bolsitas y entregó una a Ana y otra a María. Cada bolsita contenía 2 monedas de oro. Les dijo: Antes, cada una creía tener 3 monedas de oro, que después perdió. Ahora tenéis cada una 2 monedas, porque yo he añadido una. Todos hemos pagado por la enseñanza que acabamos de recibir.
(Cuento recogido de Internet, y adaptado. Desconozco su autor)
La obstinación egoísta solo puede llevar a las personas a seguir soluciones de insolidaridad, agresividad y desequilibrio emocional, que pueden llegar a provocar situaciones y/o traumas irreversibles. Todas las personas debemos pagar el precio correspondiente a nuestros esfuerzos, antes de recibir, todas juntas, el beneficio común.
Jabo.
viernes, 20 de mayo de 2011
Ladrón de dicha (cuento Zen)
Cuenta una antigua leyenda que un anciano sabio vivía en las afueras de una pequeña ciudad de provincia. El hombre era muy conocido no sólo por su sabiduría, sino también por su buena suerte.
En la misma ciudad vivía también un joven que, aunque fundamentalmente honesto, estaba constantemente en pos de la suerte, la fama y la riqueza. Sin embargo, pese a todos sus esfuerzos, la "diosa vendada" no quería sonreírle. El joven ya no sabía qué más hacer y estaba al borde de la depresión, cuando se le ocurrió ir a ver al sabio para pedirle cuál era el secreto de su éxito. En efecto, todo lo que precisaba, el sabio lo tenía. Y todo lo que emprendía le salía redondo. No le faltaba hogar, ni comida, ni ropa. La gente le amaba, respetaba y veneraba. No carecía de riqueza espiritual, pero tampoco de medios materiales.
Aquel día el joven se levantó muy pronto para evitar las colas interminables de personas que iban a pedirle consejo al anciano. Se vistió con sus mejores vestidos, se arregló y llegó a la morada del sabio. Llamó al portal. El sabio le abrió y, amablemente, le recibió en su casa. Una vez terminadas las presentaciones formales, el joven fue directamente al grano y dijo:
- La razón de mi visita es sencilla: querría saber tu secreto para vivir tan holgadamente. Verás, he notado que no te falta nada, mientras a mí me falta todo, y esto es a pesar de mis esfuerzos y buena voluntad. También he notado que mucha gente posee bienes materiales, pero son infelices. En cambio a ti no te falta tampoco la felicidad. Dime, ¿cuál es tu secreto?
El sabio le miró interesado y sonrió diciéndole:
- Mi respuesta también es sencilla: el secreto de mi buena suerte es que yo robo...
- ¡ Lo sabía ! -exclamó el joven- habría tenido que deducirlo yo mismo. ¡ Ese era el secreto !
- ¡ Espera ! Todavía no he acabado -dijo el anciano- pero el joven ya había salido corriendo exultante. El santo intentó darle alcance pero no pudo, por lo que regresó imperturbable y calmadamente a su casa.
Tras la visita al sabio, la vida del joven cambió radicalmente: empezó a robar aquí y allá, a revender las cosas sustraídas a los demás y a enriquecerse. Cometía toda clase de hurtos: robaba animales, cosas, dinero e incluso entraba a robar a casas. La fortuna parecía haber empezado a sonreírle, pero al cabo de un tiempo fue capturado por las autoridades. Fue procesado por numerosos delitos y condenado a cinco años de dura cárcel. Durante su estancia en la prisión tuvo tiempo de meditar y llegar a una conclusión. Según sus deducciones, el anciano se había befado de él, y más idiota había sido él mismo por seguir tan necio consejo. Se prometió que una vez salido de ahí, volvería a ver al anciano para darle su merecido.
Los años pasaron y el joven fue puesto en libertad tras pagar su deuda con la sociedad. Nada más recobrar su libertad, ni siquiera pasó por su casa, sino que se fue directamente a la residencia del sabio. Tras llamar impacientemente a la puerta, el sabio abrió.
- Ah, eres tú -le dijo-.
- Sí, soy yo y he venido para decirte lo inútil que eres, viejo tonto. ¿Sabías que gracias a tu consejo me he pasado los últimos cinco años de mi vida en la cárcel? Si todos los consejos que das son así, menudos imbéciles que tenemos que ser los que te escuchamos.
El anciano le prestaba atención con paciencia, y cuando la rabia del joven remitió, así le contestó:
- Comprendo tu rabia. Pero el artífice de tu desdicha eres tú y solamente tú, sobre todo por tu incapacidad de escuchar. Cuando viniste aquí hace cinco años, te dije la verdad, te dije mi método para asegurarme la dicha, solo que tú no quisiste oír más y entendiste lo que quisiste. Cuando te dije que yo robo, era verdad, solo que no robo a los humanos. Robo aire, luz, agua y energía. Robo "chi". Verás, robo al Tao porque el Tao es vacío y utilizándolo nunca rebosa, se vacía sin agotarse y su función no se agota nunca.
Por: Marc E. Boillat de Corgemont Sartorio
Jabo
jueves, 7 de abril de 2011
La importancia del perdón
domingo, 27 de marzo de 2011
Cuento Sufi
Las personas son lo que encuentran en si mismas. Encuentran siempre lo que esperan encontrar.
Jabo
domingo, 6 de febrero de 2011
Todo lo que sucede, sucede para tu bien
Un día el rey y su consejero salieron a cazar y el ciervo al que querían capturar, escapó.
El rey, furioso de oír siempre al consejero con el mismo principio, le encerró en las mazmorras del castillo.
Al día siguiente, el rey salió a cazar solo, sin su consejero y se cayó del caballo rompiéndose una pierna.
De repente, aparecieron unos hombres hostiles y le rodearon. El rey creyó morir o que le iban a secuestrar para pedir rescate. Pero no, los hombres salvajes, al ver su pierna herida le dejaron en paz, sin más y se marcharon.
El rey, como pudo, subió al caballo y cabalgó hasta el castillo. Su médico le curó e hizo llamar al consejero encarcelado. Le dijo:
A ver, dime ahora ¡el porque de todo lo que me sucede es para mi bien!.
El consejero mencionó: mi señor, aquellos hombres salvajes no eran bandidos, ni malhechores.
Eran adoradores de dioses de la naturaleza y necesitaban hacer un sacrificio humano a sus dioses para tener buenas cosechas y ganado sano. Pero su sacrificio debía ser con una persona sana y tú estabas herido, no les servías. Por eso marcharon y te dejaron en paz.
¿ Y a ti? ¿Cómo te benefició a ti lo que sucedió?
Mi señor, contestó el consejero. Siempre acostumbro a acompañaros de caza, desde hace muchos años. Pero en esta ocasión no pude hacerlo, al estar encarcelado. Si yo hubiera ido con mi señor de caza, los adoradores de dioses me hubieran escogido a mi para su sacrificio. De modo que haber estado encerrado en la mazmorra me ha salvado la vida!!!
( excepto como es lógico, la muerte de seres queridos y enfermedad grave)
Jabo
Foto: anochecer en Getaria
(Cuento tomado de J. Borysenko, y adaptado.)
jueves, 25 de noviembre de 2010
SANANDO HERIDAS
La frotaron y con asombro vieron aparecer al genio de la lámpara. El genio se hizo daño al salir de su morada, ya que llevaba allí muchos años y salió de una forma impetuosa. Se daño la muñeca saliéndole sangre, que manaba sin parar.
Os concedo un deseo a cada uno, dijo el genio, pero tienen que ser relacionados con la sangre, ya que estoy sangrando y no se cómo sanar mi herida.
Yo quiero convertirme en glóbulo rojo, dijo Mohamed. Yo en glóbulo blanco, dijo Alí, y yo en plaqueta respondió Karfún, y que nos meta a los 3 en su torrente de sangre.
¡Y así fue ¡ El mago, sorprendido, los empequeñeció, tanto, tanto, que pudieron entrar en su sangre, y a través de una autopistas llamadas arterias y venas, recorrieron todo su cuerpo, de arriba a bajo, de izquierda a derecha, montados en vehículos especiales, llamados glóbulos, e iban como en una montaña rusa, llegando a todos los lugares del cuerpo del genio.
Karfún, el primero en actuar, convertido en plaqueta, se unió a otros elementos como él y viajando a través de la arteria, pronto llegó a la muñeca, donde se había producido la herida el genio. Allí, todas las plaquetas se pusieron a trabajar, incluido Karfún, y taponaron la herida con un coágulo de sangre, que evitó que el líquido vital saliese más al exterior.
Mientras, Mohamed iba montado en su vehículo rojizo, redondo y potente, que llevaba impresa la matrícula: glóbulo rojo o eritrocito, aunque atrás del mismo también indicaba hematíe. Llevaba como pasajero a una molécula que ponía CO2, anhídrido carbónico, que no entendía muy bien para que era, hasta que por la circulación sanguínea llegó al pulmón, donde fue expelido al exterior. Por unos instantes, su vehículo quedó sin carga, pero inmediatamente se montó un pasajero, con la matricula O2, oxígeno.
Mohamed disfrutaba con el viaje, y su carro se dirigió a unas células ubicadas junto a la herida, donde se depositó el O2. Era lo que necesitaban esas células para recuperarse, entendió.
A Alí, por su parte, le tocó vivir una experiencia más bélica. Montado en su vehículo blanco, llamado glóbulo blanco por delante y monocito por detrás, circulaba por el río de la sangre cerca de la herida cuando encontraron unos seres minúsculos llamados bacterias, que habían entrado desde el exterior a través de la herida abierta en la muñeca del genio.
Al llegar, se produjo un fuerte combate o batalla con espadas, arcos y flechas entre los glóbulos blancos y las bacterias, tanto es así, que Ali pasó hasta miedo dado la fiereza de la batalla. Estaba claro que alguien iba a ganar, y la temperatura empezó a subir por momentos, alcanzando los 40º de fiebre. Pronto, las bacterias perdieron el combate.
Los 3 amigos, Karfún, Mohamed y Alí, habían disfrutado la experiencia, de su viaje maravilloso y original a través del torrente sanguíneo del genio, y le habían sanado.
Éste, los sacó de su interior, los devolvió a su tamaño natural, y agradeciéndoles el favor, les colmó de tesoros; les ofreció lo que se habían ganado para siempre, serenidad, felicidad y estabilidad, para el resto de sus vidas.
Jabo
( dedicado a Javier Noya)
martes, 5 de octubre de 2010
Zanahoria, Huevo o Café
Una hija se quejaba a su padre acerca de su vida y cómo las cosas le resultaban tan difíciles. No sabía cómo hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencida. Estaba cansada de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro.
Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo. Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre fuego fuerte. Pronto el agua de las tres ollas estaba hirviendo. En una colocó zanahorias, en otra colocó huevos y en la última colocó granos de café. Las dejó hervir sin decir palabra. La hija esperó impacientemente, preguntándose qué estaría haciendo su padre. A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un recipiente. Sacó los huevos y los colocó en otro. Coló el café y lo puso en un tercer recipiente.
Mirando a su hija le dijo: "Querida, ¿qué ves?". "Zanahorias, huevos y café", fue su respuesta.
La hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias. Ella lo hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Luego de sacarle la cáscara, observó el huevo duro. Luego le pidió que probara el café. Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma.
Humildemente la hija preguntó: "¿Qué significa esto, padre?". Él le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: ¡agua hirviendo!, pero habían reaccionado en forma diferente. La zanahoria llegó al agua siendo fuerte y dura. Pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, fácil de deshacer. El huevo había llegado al agua siendo frágil. Su cáscara fina protegía su interior líquido. Pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido. Los granos de café sin embargo eran únicos. Después de estar en agua hirviendo, habían cambiado al agua.
¿Cual eres tú?, le preguntó a su hija. Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo respondes? ¿Eres una zanahoria, un huevo o un grano de café?
Cómo eres tú, ¿eres una zanahoria que parece fuerte pero que cuando la adversidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza?
¿Eres un huevo?, que comienza con un corazón maleable. Poseías un espíritu fluido, pero después de una muerte, una separación, un divorcio o un despido, ¿te has vuelto duro y rígido? Por fuera te ves igual, pero... ¿eres amargado y áspero, con un espíritu y un corazón endurecido?
¿O eres como un grano de café? El café cambia al agua hirviente, el elemento que le causa dolor. ¡Cuando el agua llega al punto de ebullición el café alcanza su mejor sabor! Si eres como el grano de café, cuando las cosas se ponen peor... ¡tú reaccionas mejor! y haces que las cosas a tu alrededor mejoren.
¿Cómo manejas la adversidad? ¿Eres una zanahoria, un huevo o un grano de café? Piénsalo...
Jabo ( cuento tomado de Internet, desconozco su autor)
sábado, 4 de septiembre de 2010
Distintas realidades
Una gallina clueca que pasaba por allí encontró el nido y su instinto la hizo sentarse sobre los huevos para empollarlos. Poco después, nacieron los patitos, y como es lógico, siguieron a su madre en fila tras ella. La gallina los llevó a la granja.
Allí, todas las mañanas la gallina rascaba el suelo en busca de gusanos, y los patitos se esforzaban en imitarla, pero no conseguían sacar nada. Su madre los alimentaba.
Un día, la gallina salió con su nidada a pasear y se acercaron a un lago. Allá, los patitos rápidamente se tiraron al agua a nadar con toda naturalidad. Los patos nadaban alegres, chapoteaban, pero su mamá lloraba y les pedía que salieran inmediatamente del agua, ya que para ella, se iban a ahogar.
Apareció el gallo atraído por los gritos de la madre. No se puede confiar en los jóvenes, dictó. Son unos imprudentes.
Uno de los patitos se acercó a la orilla y les dijo: No nos culpéis a nosotros por vuestras propias limitaciones. Nadie estaba equivocado. Todos tenían razón, desde su punto de vista. Lo que sucede es que ven la realidad desde posiciones muy distintas.
Cuento de J. Bucay
Jabo
jueves, 19 de agosto de 2010
con los Ojos y el Corazón de otro
Dos hombres, ambos muy enfermos, ocupaban la misma habitación de un hospital.
A uno se le permitía sentarse en su cama cada tarde durante una hora, para ayudarle a drenar el líquido de sus pulmones. Su cama daba a la única ventana de la habitación.
El otro hombre tenía que estar todo el tiempo boca arriba. Los dos charlaban durante horas. Hablaban de sus mujeres y sus familias, sus hogares, sus trabajos, su estancia en el servicio militar, donde habían estado de vacaciones , y cada tarde, cuando el hombre de la cama junto a la ventana podía sentarse, pasaba el tiempo describiendo a su vecino todas las cosas que podía ver desde la ventana.
El hombre de la otra cama empezó a desear que llegaran esas horas, en que su mundo se ensanchaba y cobraba vida con todas las actividades, colores del mundo exterior. La ventana daba a un parque con un precioso lago. Patos y cisnes jugaban en el agua, mientras los niños lo hacían con sus cometas. Los jóvenes enamorados paseaban de la mano, entre flores de todos los colores del arco iris.
Grandes árboles adornaban el paisaje, y se podía ver en la distancia una bella vista de la línea de la ciudad. El hombre de la ventana describía todo esto con un detalle exquisito, el del otro lado de la habitación cerraba los ojos e imaginaba la idílica escena. Una tarde calurosa, el hombre de la ventana describió un desfile que estaba pasando. Aunque el otro hombre no podía oír a la banda, podía verlo, con los ojos de su mente,exactamente como lo describía el hombre de la ventana con sus mágicas palabras.
Pasaron días y semanas. Una mañana, la enfermera de día entró con el agua para bañarles, encontrándose el cuerpo sin vida del hombre de la ventana, que había muerto plácidamente mientras dormía.
Se llenó de pesar y llamó a los ayudantes del hospital, para llevarse el cuerpo. Tan pronto como lo consideró apropiado, el otro hombre pidió ser trasladado a la cama al lado de la ventana. La enfermera le cambió encantada y, tras asegurarse de que estaba cómodo, salió de la habitación. Lentamente, y con dificultad, el hombre se irguió sobre el codo, para lanzar su primera mirada al mundo exterior; por fin tendría la alegría de verlo el mismo. Se esforzó para girarse despacio y mirar por la ventana al lado de la cama... y se encontró con una pared blanca.
El hombre preguntó a la enfermera que podría haber motivado a su compañero muerto para describir cosas tan maravillosas a través de la ventana. La enfermera le dijo que el hombre era ciego y que no habría podido ver ni la pared, y le indicó:"Quizás sólo quería animarle a usted"
Es una tremenda felicidad el hacer feliz a los demás, sea cual sea la propia situación. El dolor compartido es la mitad de pena, pero la felicidad, cuando se comparte, es doble. Si quiere sentirse rico, solo cuente todas las cosas que tiene y que el dinero no puede comprar. Hoy es un regalo, por eso se le llama el presente.
Jabo (cuento tomado de Internet. Se desconoce el autor)
miércoles, 21 de julio de 2010
la Suerte
Había una vez un campesino chino, pobre pero sabio, que trabajaba la tierra duramente con su hijo. Un día el hijo le dijo:
- ¡Padre, que desgracia! Se nos ha ido el caballo.
- ¿Por qué le llamas desgracia? - respondió el padre- veremos lo que trae el tiempo... A los pocos días el caballo regresó, acompañado de otro caballo.
- ¡Padre, que suerte! -exclamó esta vez el muchacho- nuestro caballo ha traído otro caballo.
- ¿Por qué le llamas suerte? -repuso el padre-. Veamos que nos trae el tiempo...En unos cuantos días más, el muchacho quiso montar el caballo nuevo, y éste, no acostumbrado al jinete, se encabritó y lo arrojó al suelo. El muchacho se rompió una pierna.
- ¡Padre, que desgracia! -exclamó ahora el muchacho-. !Me he roto la pierna!
Y el padre, retomando su experiencia y sabiduría, sentenció:
- ¿Por qué le llamas desgracia? Veamos lo que trae el tiempo...
El muchacho no se convencía de la filosofía del padre, sino que lloraba de dolor en su cama. Pocos días después pasaron por la aldea los enviados del rey buscando jóvenes para llevárselos a la guerra. Vinieron a la casa del anciano, pero como vieron al joven con su pierna entablillada, lo dejaron y siguieron de largo. El joven comprendió entonces que nunca hay que dar ni la desgracia ni la fortuna como absolutas, sino que siempre hay que darle tiempo al tiempo, para ver si algo es malo o bueno.
(cuento tomado de Internet, desconozco el autor)