-Da un beso a tu madre, hijo.
Me dejé llevar por una recomendación, cierto instinto, animosidad, buena voluntad y me dispuse a ver La Aldea Maldita, según más de uno la obra cumbre del cine mudo español.
No sé si será la mejor obra, pero sí puedo garantizar que la película, en riguroso blanco y negro, nada de tintes, me sorprendió muy gratamente.
Una película dura, seca, rotunda y sobre todo pura. El ritmo de la película es alto, sin altibajos, nos presenta la época de 1930, costumbres, honor, crítica social, todo de forma directa sin nada superfluo. El campo castellano, la religión, el honor, la hidalguía, el cariño, el amor y el perdón, la crueldad, desfilan implacables.
Una atmósfera agobiante, en algunos momentos irrespirable y mucha tensión, sentía como si la película me golpease.
La película empieza alegre incrustando en los intertítulos los títulos de crédito de los actores, Juan, Acacia, Lucas, el abuelo Martín, … los instantes previos a la tormenta.
Hasta que el pedrisco arrasa la expectativas agrícolas y de futuro de la aldea de Luján cerniéndose el fantasma del hambre, acompañado de un predominio, de forma dramática, del tono oscuro.
- Maldigo la tierra que nos convierte en esclavos
El periódico se encarga de mostrar que es el tercer año y se empieza a conocer a la aldea como la aldea maldita.
Resulta curioso también la forma de mostrarnos información no sólo mediante intertítulos , cartas, la prensa e incluso un mapa. También una pintada sobre una puerta por parte de la muchedumbre nos indica que esa puerta es la del usurero de la aldea.
La escena del éxodo, la marcha de carretas, resulta espectacular, el encuentro con la mujer, la escena en el viejo castillo entre la mujer que quiere partir y el abuelo invidente que le impide que se lleve el niño, pues igual, aunque aquí quizás es cuando resulta menos creíble la excelente actuación de Carmen Viance (Acacia), por lo menos a mi parecer. La dilapidación, una pasada.
El avance del personaje hacia el objetivo de la cámara, de frente para luego alejarse de espaldas, tanto Juan cuando la tormenta se ha desencadenado como la Acacia en la escena de los niños contribuye a elevar aún más el tono dramático, ya de por sí alto. Tono dramático acentuado por los contrastes continuos, derrota de Juan por el pedrisco frente a la alegria y ternura cantando la nana por la Acacia, pobreza del pueblo-riqueza del usurero ... además de los contrastes aportados por la fotografía.
La banda sonora, impresionante, siempre ahí, te lleva en volandas, tremenda y decisiva, brutal.
Los actores, totalmente creíbles, Juan (Pedro Larrañaga) y su padre, el abuelo Martín (Víctor Pastor) y la Acacia (Carmen Viance) realizan un trabajo excepcional.
En París se realizó, ese mismo año, una versión con música y algunos diálogos, hacia allí partió Florian Rey pues en España era inviable realizarlo. Previamente el mismo Florián Rey intentó realizar una película hablada que resultó ser un rotundo fracaso técnico.
La copia sonorizada se perdió, una lástima pues las referencias sobre la misma son muy positivas.
La película sonorizada se estrenó en Madrid, en el cine San Miguel el 8 de diciembre de 1930.
Posteriormente en 1942 se realizó otra versión, también con el mismo nombre, La Aldea Maldita, pero no tuvo tanta repercusión.
La verdad, es que no sé cómo, pero sin querer me vi atrapado entre las emociones de los personajes de la película, hacía tiempo que no sentía una película como ésta.
A dormir va la rosa
de los rosales;
A dormir va este niño
porque es tarde.