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jueves, 1 de enero de 2015

Había muchos trípodes y municipales...

...pero lo importante ocurría minutos antes en un autobús abarrotado de gentes variopintas ateridas de ese frío de Madrid cuyo fino aire mata a un hombre y no atraviesa un candil.
Me ofreció asiento pero decliné su invitación mientras quedé como el rey pasmado mirándola sin lugar al disimulo, hasta que no pude aguantar mas y en un arranque de bravo pregunté: 

- ¿No te lo han dicho nunca?
- Sí, alguna vez.
- Es que te pareces un montón.
- Ya.

Leve sonrisa de satisfacción y gesto femenino de engañosa timidez, supongo. Coquetería sí, mucho mejor.

Cautivo y desarbolado(¹),  aun acerté a articular y vocalizar correctamente: 

- ¿Y si te pido un autógrafo?, firmas con su nombre y yo me voy tan contento ¿eso cuanto vale?
- Nada, para usted es gratis, pero me bajo ya.
- ¿Y si la firma es tuya?
- Me quedo aquí, ¿me dejan pasar?
Otro día dije entre alelado y atolondrado, al tiempo que para mis adentros añadía un "hasta luego Michelle", mientras mis ojos seguían su caminar que se perdía abriéndose paso a codazos entre el populacho.

Igualita a la Pefeiffer oigan. Casi entro en shock y de no ir a la última parada, seguro se me habría pasado la mía y terminado en un hospital de campaña con un sanitario del Samur haciéndome una RCP. (²).

El sucedido sucedió tal cual lo escribo.

(¹) En su cuarta acepción según la RAE.
(²) Reanimación cardiopulmonar. Es lo que tiene que tu ex-pareja sea médico, que aprendes mucho quieras o no y terminas hablando como uno de ellos. Además de todos los que me han visto en los últimos años.