LA FRASE

"POR AHORA NO ESTAMOS PIDIENDO AUTORIZACIÓN PARA QUE LA POLICÍA PUEDA USAR LA PICANA Y EL SUBMARINO, ANTES VAMOS A VER COMO FUNCIONAN LAS REFORMAS QUE PLANTEAMOS." (PABLO COCOCCIONI)
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viernes, 19 de julio de 2024

NEGACIONISMOS

 

Cuando en la Argentina se habla de negacionismo todos pensamos en los que cuestionan el número de desaparecidos en la última dictadura militar, o incluso que en el país haya habido un plan sistemático de violación de los derechos humanos ejecutado por el terrorismo de Estado.

Y sin embargo, existe desde antes, y lo que sucede con los bombardeos a la Plaza de Mayo y sus alrededores el 16 de junio de 1955 lo demuestra: ¿Cuántos argentinos saben exactamente que fue lo que pasó ese día, quiénes perpetraron el crimen, cuántas fueron sus víctimas o cual era el propósito último de los asesinos? 

Si muchos aun hoy lo desconocen es porque durante años fue ocultado y negado como si nunca hubiera sucedido, o peor aún: como un hecho más de nuestras convulsiones políticas. Recordemos a Halperín Donghi centrándose en la quema de algunas iglesias del centro porteño al historiar los sucesos de ese día para hacer apenas una referencia marginal a los bombardeos, que fueron su causa: su odio gorila le nubló hasta el juicio del historiador profesional que debe correlacionar los sucesos que analiza, conforme fueron sucediendo y se influyeron unos a otros.

El negacionismo de los crímenes de la dictadura va siempre unido a la apología del denominado Proceso como el cuerpo a la sombra, y el mensaje implícito -a veces brutalmente explícito- de los negacionistas es que las atrocidades estuvieron justificadas, y que llegado el caso, podrían volver a estarlo. Más que negar entonces, afirman: si pudieran y lo juzgaran necesario, lo volverían a hacer. Eso es lo que están diciendo -por ejemplo- los diputados que visitaron a Astiz, Donda, Suárez Mason y otros genocidas en la cárcel.

Con el negacionismo de los bombardeos del 55' pasa algo parecido, y por eso persiste, tanto cuando se insiste en considerar al cruel atentado contra la AMIA de hace 30 años como el mayor de la historia argentina (cuando en el 55' en la Plaza y sus alrededores murieron cinco veces más personas, y se intentó destruir la sede del gobierno y matar al presidente para ejecutar un golpe de Estado), o cuando se fecha el bautismo de fuego de la Fuerza Aérea en los combates en Malvinas, como si de ese modo se pudiera borrar el oprobio de quienes usaron las armas que se les confiaron, en contra de su propio pueblo indefenso. 

Se niegan aquellas bombas del 55' -como se negaron también los fusilamientos del 56', o se ocultó por años la tenebrosa historia del cadáver de Evita-porque en la matanza estaban implicados no solo sectores rebeldes de las fuerzas armadas, sino partidos políticos: uno de los aviones era tripulado por Zabala Ortíz, que a los pocos años sería canciller del gobierno de Illia; y pocos meses después cuando el gobierno de Perón fue derrocado, esos mismos partidos políticos aceptaron formar parte de la Junta Consultiva de la Fusiladora, y convalidar con su presencia la fraudulenta convención reformadora de la Constitución que vino después de la derogación del texto de 1949, por un bando militar. 

Ni los fusilamientos de Valle y sus camaradas, o los de los civiles masacrados en los basurales de José León Suárez los hicieron renunciar a esas canonjías, en disconformidad: la idea era entonces (y siguió siendo después) que se había acabado la leche de la clemencia, que la letra con sangre entra y que frente a la amenaza peronista, todo era admisible. Mucho antes de 1976, donde esa huella de sangre se profundizaría hasta límites desconocidos.

El negacionismo del atentado del 55' y de su magnitud es también negar eso, o pretender que se olvide, porque además les permite confundir sobre los orígenes de la violencia política que sacudió al país: así como Halperín Donghi se centraba en la quema de los templos y obviaba los bombardeos, años después se habló de las organizaciones armadas o el secuestro y muerte de Aramburu por Montoneros, como si antes no hubiese pasado lo que pasó: las bombas, los fusilamientos, las proscripciones y persecuciones. Una vez más: causas y efectos.   

Si alguien encuentra en estos olvidos -o negaciones- convenientes de la memoria colectiva algún hilo conductor con el discurso de los que se negaron a condenar el intento de asesinato contra Cristina, o lo relativizan como la ocurrencia de un puñado de loquitos sueltos, estará en lo cierto: es la misma pedagogía política que rompiendo el pacto democrático, sostiene -a veces sin decirlo, por cobardía más que por corrección política- que ciertas reglas no rigen para todos, o que algunos se merecen lo que les pasa.

Reconocer que los bombardeos a la Plaza de Mayo y sus alrededores fueron el mayor atentado terrorista de la historia argentina no significar negarles un ápice de piedad a las víctimas del atentado a la AMIA, ni dejar de acompañar a sus familiares en el reclamo de justicia. Por el contrario, permite reconocer cuan sinceros son algunos a la hora de condenar el terrorismo como metodología de acción política, o cuan comprometidos están con los valores del pacto democrático o los derechos humanos.

martes, 16 de abril de 2024

PONGAN FIN A LA LOCURA

 
Hace unos días decíamos en ésta entrada: "El poder real de Milei no viene de sus 15 millones de votos en el balotaje, ni de su magnetismo personal, ni de las alianzas que haya podido articular con la política, sino del poder económico nacional y extranjero del cual es un simple instrumento. Ese poder que redacta sus DNU y hasta dirige su mano para firmarlos aunque se contradiga abiertamente de un día para el otro, como acaba de pasar con los aumentos de las prepagas, la telefonía celular, la televisión por cable o internet.".

"La misma mano que habilita esos aumentos es la que niega la homologación de las paritarias que recomponen salario, y ninguna de ellas es la de Milei, aunque su firma figure al pie de los decretos. Y es a esas manos a la que la dirigencia de la CGT -como buena parte de la dirigencia política, incluida la de "Unión por la Patria"- teme realmente enfrentar, o cree que no puede: aun sin ser verbalizada en público, la teoría de la "correlación de fuerzas desfavorable" que presidió al gobierno fallido de Alberto Fernández, vuelve a imponerse a la hora de definir estrategias.".  

El razonamiento aplica perfectamente -incluso con mayor razón- para la absurda política exterior del gobierno, que consiste básicamente en un alineamiento incondicional con Estados Unidos e Israel (son palabras de Milei), en el marco de una afiebrada visión ideológica anclada en los tiempos de la Guerra Fría, y empeorada con lecturas bíblicas mal digeridas.

Ese eje de poder (e influencia) que mueve los hilos de la marioneta presidencial y le hace prometer la instalación de una base militar extranjera en territorio nacional, coquetear con la idea de enviar tropas a Ucrania o conformar un comité de crisis para analiza lo que pasa a 13.000 kilómetros de distancia, es el que amedrenta a la casi totalidad de la dirigencia opositora, que eligió por miedo y cálculo especulativo no condenar ni siquiera verbalmente la escalada de idioteces de Milei, que comprometen la imagen y la dignidad del país ante el mundo, sin ningún interés nacional en juego que lo justifique.

La Argentina tiene muchos y graves problemas que reclaman atención inmediata como para andar perdiendo el tiempo involucrándose en un conflicto que le es ajeno, al riesgo de sufrir represalias en su propio territorio: el grado de alienación del gobierno es tal que sindicando a Irán como responsable de los atentados a la embajada de Israel y la AMIA -lo que está muy lejos de haber sido establecido como verdad legal por la justicia argentina, como machaca la propaganda oficial-, no vacila en escalar en la confrontación verbal con ese país y al mismo tiempo, advertirnos que podemos volver a sufrir otro atentado. 

La misma advertencia que señalan con total irresponsabilidad el embajador israelí que asiste a las reuniones de gabinete, y las instituciones que dicen asumir la representatividad de la comunidad judía en el país. Los disparates de Milei nos han degradado como país al punto que no solo decidimos por nosotros mismos sino respondiendo a directivas ajenas en nuestros propios asuntos, sino que nos involucramos en asuntos ajenos con una dedicación que no le ponemos a las urgencias propias.

Y a éste gobierno desquiciado y a este presidente que demuestra transitar a diario todas las formas posibles de la locura (como olvidar cuando se gastaron ríos de tinta hablando de la presunta bipolaridad de Cristina), hay buena parte de la oposición política que está dispuesta a otorgarle facultades extraordinarias para disponer de la vida y hacienda de los argentinos. Con lo cual a ésta altura no cabe sino sindicarlos como cómplices o partícipes de la misma locura.

Si Milei sigue haciendo lo que hace y diciendo lo que dice, metiéndonos en los lugares en los que nos mete (con su política interna y exterior) no es solo porque quiere y se le antoja, sino porque puede y lo dejan. Por menos de la millonésima parte de sus disparates en tiempos de Cristina se reclamaba la renuncia de la presidenta y el llamado a elecciones, o su destitución.

Quizás también entonces porque se entendía que eso agradaba a los mismos titiriteros a los que hoy se les tiene miedo, y manejan a Milei. Tuits relacionados:

martes, 21 de enero de 2020

BUENOS SÍ, BUENUDOS NO


Todos los días nos enteramos de un nuevo caso de funcionario macrista atrincherado en su cargo, negándose a abandonarlo: el caso de Jorge Macri en la presidencia del BAPRO acaso sea el más difundido, pero no es el único.

Al parecer, lo mismo pasa en la Unidad de Información Financiera (UIF), donde el ex FMI Mariano Federici resiste, y se hace notar: como da cuenta el tuit de apertura, acaba de dictar (con mano muerta, porque está de salida) una resolución prorrogando por seis meses las sanciones contra Hezbollah, organización a la que el gobierno de Macri caratuló como terrorista, algo que ni siquiera hizo la ONU.

La medida, por supuesto, responde a las directivas estratégicas de los verdaderos mandantes de Federici: los gobiernos de los Estados Unidos e Israel, país que en unos días va a visitar Alberto Fernández. Por supuesto que la medida le "allanará" la visita y acaso le evite las previsibles presiones del premier israelí Netanyahu, pero ése no es el punto, o sí.

Cuando el gobierno de Macri -a instancias de la administración Trump- dictó la norma calificando a Hezbollah como una organización terrorista, el entonces candidato y hoy presidente Alberto Fernández la cuestionó, y con razón: no solo significaba apartarse del criterio sentado por las Naciones Unidas, sino hacer tomar partido al país en una disputa ancestral, cuando la Argentina mantiene relaciones diplomáticas, comerciales y culturales pacíficas con todas las partes involucradas; e incluso ha reconocido a los dos Estados: el de Israel (en el gobierno de Perón, siendo uno de los primeros países en hacerlo), y el palestino, en tiempos de Cristina éste último.

La decisión de Macri (refrendada luego por la UIF al imponer las sanciones que ahora prorroga) fue un peligroso exabrupto en un país que ha sufrido en su territorio dos atentados criminales aun no esclarecidos, presuntamente vinculados al conflicto en Oriente Medio.

El gobierno de Alberto comenzó el proceso de nominación del nuevo titular de la UIF; una creación del GAFI, para servir a los propósitos de política exterior de los EEUU, con la excusa de combatir el terrorismo o el lavado de dinero. En ese proceso, la impresentable de Elisa Carrió (agente free lance de la embajada) ha impugnado al propuesto, tras cuatro años de silencio mientras el organismo se convertía en parte central del dispositivo de persecución de los opositores políticos del gobierno de Macri.

En realidad el ahora "autónomo" Federici hizo bastante más que eso: mirar para otro lado mientras se consumaba el mayor blanqueo de capitales de la historia, sin obligación de traer los fondos al país y ampliado por decreto para que entren parientes (presidenciales y de vaya uno a saber cuantos más) que no estaban contemplados en la ley aprobada por el Congreso; y eximir de sanciones a los lavadores (estos sí comprobados) del HBSC, entidad de la que venía su segunda en el organismo, a la sazón sobrina de Macri. 

Sin desconocer que el gobierno debía cumplimentar los procedimientos establecidos en la Ley 25246 para reemplazar a Federici al frente del organismo, nada obstaba a que se le hubiera pedido la renuncia, apenas asumido Alberto; porque de lo contrario pasa lo que pasa: el tipo opera con agenda propia, y se jacta de tomar la decisión sin consultar con el gobierno, como si fuera un Estado dentro de otro, y lo que hace no impactara en la política exterior del país. 

Otro ejemplo de como la diferencia entre ser buenos y ser buenudos es aprovechada del otro lado de la grieta, donde no dan puntada sin hilo. 

miércoles, 1 de agosto de 2018

DIRECTIVAS DE AFUERA


Tal como se venía anunciando hace unos días y veíamos acá finalmente el gobierno complementó su reforma al rol de las Fuerzas Armadas aprobando la nueva “Directiva Política para la Defensa Nacional” mediante el Decreto 703 firmado por Macri y publicado ayer en el Boletín Oficial (completo acá).

Tal como se suponía, la nueva Directiva (que reemplaza a la aprobada por los Decretos 1714/09 y 2645/14 de Cristina, a los que deroga) impone un cambio sustancial al rol, la doctrina y las hipótesis de conflicto de nuestras Fuerzas Armadas, poniendo casi en un mismo plano de igual su función primordial (la defensa de la soberanía nacional, la integridad territorial del país y su capacidad de autodeterminación política ante ataques externos, con otras que hasta acá eran subsidiarias; como las tareas de apoyo a la seguridad interior en el marco de la Ley 24.059.

Para muestra de lo dicho, baste un botón: el decreto viene acompañado de un anexo de 40 fojas en el que se desarrolla la nueva “Directiva”, en el que solo se le dedican diecinueve (19) renglones al conflicto con el Reino Unido de Gran Bretaña por la soberanía sobre las islas Malvinas, mientras por contraste se mencionan doce (12) veces la problemática del narcotráfico, nueve (9) veces el terrorismo y ocho (8) veces la defensa del cyberespacio; y cuando se habla de Malvinas se señala que “La República Argentina mantiene su reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur y sus espacios marítimos e insulares” sin hacer la más mínima mención a la Cláusula Transitoria Primera de la Constitución Nacional.

Por el contrario, se dice que “La reciente mejora en la relación con el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte contribuye al logro de este objetivo nacional irrenunciable, ya que favorece un espacio de oportunidad para incrementar la cooperación bilateral y promueve el interés nacional de preservar y explotar los recursos naturales allí existentes.”; cuando en función del acuerdo firmado en 2016 lo que sucede es precisamente lo contrario., pues el Estado argentino renuncia incluso a aplicar las sanciones que contemplan las Leyes 26.659 (2011) y 26.915 (2013) para las empresas que los explotan con licencias otorgadas por los kélpers.

En los considerandos del decreto se hace derivar el cambio en las misiones primordiales de las Fuerzas Armadas de las promesas de campaña de Macri (“Que el Poder Ejecutivo Nacional ha establecido como objetivos transversales de su gestión de gobierno la lucha contra el narcotráfico, la reducción de la pobreza y la unión de los argentinos, por lo que su cumplimiento exige la colaboración de todas las áreas del Estado, conforme sus competencias y responsabilidades específicas.”), y se señala que las normas aprobadas por el kirchnerismo le imponían al instrumento militar de la defensa nacional “un conjunto de limitaciones doctrinarias”.

Para resolver ese problema, Macri adopta llave en mano la doctrina de las "nuevas amenazas" del Comando Sur del Pentágono, y así por ejemplo la Directiva afirma que el aumento de las capacidades militares de China y Rusia (no su creciente preponderancia económica) genera un contrapeso para el poder militar de los Estados Unidos; y lejos de condenar la ruptura al multilateralismo ocasionada por la doctrina de las “guerras preventivas” de la principal potencia mundial, pone la responsabilidad en “otros países” que no menciona, y señala que el proceso no es irreversible porque se han fortalecido instancias de cooperación internacional como la OCDE o el G20, como si esos “clubes de países ricos” pudieran reemplazar a la ONU en la solución de conflictos internacionales.

Hay varias alusiones veladas (sin precisarlas en un Estado concreto) a los Estados que alientan o favorecen el terrorismo, o “...están desarrollando medios cibernéticos para explotar las vulnerabilidades inherentes a los sistemas de comando, control, comunicaciones, inteligencia, vigilancia y reconocimiento.” (¿Rusia, según la denuncia del FBI la CIA sobre la última campaña presidencial yanqui?); y en el análisis de la situación regional el primer hecho que se menciona -y al que se le asigna un lugar destacado- es la situación de Venezuela, de la que se señala que “...afecta negativamente la estabilidad de la región, especialmente la de los países vecinos. Estos últimos enfrentan un creciente flujo de refugiados que impacta sobre las economías limítrofes; generando condiciones propicias para la criminalidad organizada y el narcotráfico, y produciendo un efecto derrame hacia el resto de la región que debilita su gobernanza.”. ¿Abren la puerta para involucrar a nuestras Fuerzas Armadas en una eventual invasión militar orquestada por EEUU? 

Luego de constatar la ausencia de conflictos militares en la región, la contrapone con “...el aumento de problemáticas de seguridad transnacional...tales como narcotráfico, lavado de dinero, tráfico de personas y eventualmente terrorismo.” (las negritas son nuestras), ante las que las Fuerzas Armadas deben intervenir, no obstante reconocer que “Las estrategias de lucha contra el narcotráfico son un objeto de debate en la región, particularmente en lo que respecta al modo en que debe abordarse el conflicto y a las agencias que deben intervenir en la prevención, conjuración e investigación de este fenómeno delictivo.”. No hay ninguna referencia puntual al fracaso de la militarización de la lucha contra el narcotráfico en Colombia o México, por ejemplo.

Otro tanto sucede con el terrorismo: el decreto señala que “En la actualidad, nuestra región no representaría un escenario de alta prioridad para la proyección y acción directa de organizaciones terroristas, en especial de aquellas asociadas al extremismo islámico. Sin embargo, los países de América del Sur colaboran estrechamente en el control de zonas calientes y puntos críticos; entre ellas la Triple Frontera entre la República Argentina, la República Federativa del Brasil y la República del Paraguay. La principal preocupación de seguridad en esta zona fronteriza refiere a los flujos de financiamiento para organizaciones vinculadas al terrorismo islámico, o bien en su rol como escala de tránsito y entrenamiento de células terroristas. Pese a la baja probabilidad de atentados terroristas en América del Sur, aún persisten en la región organizaciones políticas que han apelado a este tipo de tácticas en el pasado.”. (Otra vez las negritas son nuestras) Es decir, exactamente la misma justificación que vienen empleando los Estados Unidos para presionar para instalar una base militar en la zona.

Estos otros párrafos tienen claras reminiscencias de la doctrina de la seguridad nacional (las negritas son nuestras): “La falta de identificación de amenazas convencionales directas no implica que la República Argentina carezca de riesgos y desafíos para la Defensa Nacional. A diferencia de las amenazas -en las que se aprecian indicios de una voluntad de daño -, los riesgos constituyen situaciones cuya probable evolución podría afectar los intereses nacionales en materia de Defensa. Esta afectación puede responder a la explotación de vulnerabilidades propias, en particular las relacionadas a la vigilancia y control de los espacios soberanos, o al condicionamiento de la postura estratégica de la Nación en la arena internacional.

Las tendencias vinculadas a la transformación de las formas de la guerra y la combinación de formas tradicionales y no tradicionales de agresión representan un riesgo para los objetivos estratégicos de la Nación. La proliferación de este riesgo tiene un claro protagonismo en la agenda internacional y afecta la seguridad de todos los Estados del mundo. En este marco, la ocurrencia de un ataque contra los objetivos estratégicos de la República Argentina configura un problema de alto impacto potencial para la Defensa Nacional. El Sistema de Defensa Nacional debe planificar y proteger los objetivos estratégicos que puedan ser objeto de una agresión de origen externo.”. 

Lo curioso es que en ninguna parte de las 40 fojas de la “Directiva” se identifican ni los potenciales agresores, ni se enumera ninguno de los “objetivos estratégicos" que podrían atacar, sino que se los deja librado a la decisión del Presidente: ¿una explotación petrolera tomada en protesta por el recorte en las asignaciones familiares en la Patagonia, una central nuclear ídem, en protesta por los despidos?

El decreto plantea como objetivos centrales para las Fuerzas Armadas “El incremento de la participación en los organismos multilaterales en materia de defensa, principalmente en el marco de la Organización de los Estados Americanos (OEA), así como también en otras instancias de cooperación regional, hemisférica e internacional” y “El involucramiento activo en ejercicios y adiestramientos militares combinados con las Fuerzas Armadas de países aliados y amigos, conforme las prioridades estratégicas definidas por la política exterior argentina.”; lo que traducido significa: con las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos, y participar de la Junta Interamericana de Defensa; ese apéndice del Comando Sur del cual surgiera la tristemente célebre "Escuela de las Américas".

El decreto le encomienda al Ministerio de Defensa un plan de reestructuración de las Fuerzas Armadas adecuando “...el despliegue territorial a las necesidades de la actual coyuntura estratégica y las exigencias de su preparación para el empleo, abandonando el criterio de "ocupación territorial.”, para lo cual “...deberá elevar para consideración del Poder Ejecutivo Nacional un listado de instalaciones no necesarias desde el punto de vista de la Defensa Nacional. Las propuestas de cierre y/o apertura de instalaciones militares deberán ser acompañadas de un diagnóstico relativo a su impacto.”. Es decir que se vienen cierres de cuarteles, y venta de inmueble hoy afectados al uso de las Fuerzas Armadas, para favorecer negocios inmobiliarios.

También le encomienda a la cartera de Aguad “...deberá avanzar en la formulación de un plan de modernización institucional dirigido a racionalizar las estructuras administrativas y burocráticas de la jurisdicción.”, considerando las restricciones fiscales y puntualizando que “Las organizaciones y capacidades del Sistema de Defensa Nacional no involucradas en tareas prioritarias y responsabilidades en tiempo de paz deberán reducir sus estructuras de personal.”; lo cual anticipa nuevos despidos en el sector público.

Nada dice el decreto que pueda suponer algo parecido a un plan de desarrollo de las capacidades nacionales de producción para la defensa (armamentos, material bélico, equipamiento tecnológico), lo cual es totalmente compatible con un gobierno que viene desguazando Fabricaciones Militares, cerró FANAZUL o viene asfixiando financieramente a INVAP. Y no es un dato menor recordar que el Decreto 683 derogó la "Directiva de Organización y Funcionamiento de las Fuerzas Armadas" aprobada por el Decreto 1691/06 de Néstor Kirchner, sin reemplazarla por otra; a lo cual se suma que el mismo decreto de Macri excluyó al Estado Mayor Conjunto de toda intervención en el asesoramiento para la compra de material y equipamiento para las FFAA.

Sin esa otra "Directiva", queda al gobierno un amplísimo marco de discrecionalidad (en tanto reina la oscuridad) respecto a los criterios de organización específicamente operaciones del instrumento armado de la defensa (las FFAA), porque la orden dada al Ministerio de Defensa de proponer una nueva ley del personal militar que reemplace a la Ley 19.101 (1971) solo resuelve los aspectos escalafonarios del reclutamiento y la carrera del personal; no el funcionamiento de las fuerzas.  

Es además muy sugestivo (y peligroso) que en el marco de una "Directiva" que ensancha las tareas de las Fuerzas Armadas en materia de seguridad interior (a punto tal que ya no las considera "subsidiarias") solo se hagan genéricas y vagas referencias a la Ley 24.059, sin precisar -por ejemplo- que el artículo 32 de la misma dispone que el empleo de elementos de combate de las FFAA para "restablecer la seguridad interior" cuando el accionar de las fuerzas de seguridad fuera insuficiente a esos fines requiere la previa declaración del estado de sitio por el Congreso (si se trata de conmoción interior), o por el presidente con acuerdo del Senado si se trata de un ataque exterior, o el Congreso está en receso (Constitución Nacional, artículos 86 inciso 29) y 99 inciso 16)). Llegado el caso ¿nos pondrá Macri frente a los hechos consumados, aduciendo que la ley de seguridad intrior y la Constitución "tienen lagunas"? 

En síntesis y más allá del lógico rechazo que despertó el Decreto 683 al volver a involucrar activamente a las Fuerzas Armadas en la seguridad interior, la nueva “Directiva” supone delegar en los organismos militares de los Estados Unidos el accionar operativo de las mismas, tal y como el gobierno de Macri delegó en los tecnócratas del FMI la conducción de la economía a partir del acuerdo stand by; en otro intento de soltar lastre y licuar el poder institucional del gobierno y el presidente, para conseguir apoyos que le permitan remarla hasta diciembre de 2019.