LA FRASE

"POR AHORA NO ESTAMOS PIDIENDO AUTORIZACIÓN PARA QUE LA POLICÍA PUEDA USAR LA PICANA Y EL SUBMARINO, ANTES VAMOS A VER COMO FUNCIONAN LAS REFORMAS QUE PLANTEAMOS." (PABLO COCOCCIONI)
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miércoles, 26 de noviembre de 2025

SEAMOS PRECISOS

 

En política -como en todo- las cosas son lo que son, y no lo que uno cree que son, o lo que alguien dice que son. El concepto aplica para los gobiernos de derecha como el actual, respecto a los cuales de un tiempo a ésta parte se busca (desde algún lugar del análisis político) siempre lo novedoso o disruptivo, sin acentuar las continuidades históricas: los bloques sociales y económicos que apoyan y promueven esos proyectos políticos porque sus intereses se benefician con ellos, los objetivos precisos y concretos que esos proyectos persiguen, y como impactan en la realidad. 

Sin que deje de ser interesantes las razones por las que la gente vota un determinado proyecto (y siempre que existan modos confiables de establecerlo, y no simples especulaciones intelectuales), es mucho más relevante cuales son los intereses que prioriza con las políticas que ese proyecto ejecuta desde la conducción del Estado. Quedarse en que Milei logró conquistar el voto de los pibes de Rappi podrá servir para imaginar estrategias electorales futuras que reviertan ese hecho, pero no perder de vista que gobierna para Blackrock y los fondos buitres permite dimensionar más claramente la naturaleza del proceso, y sus resultados; y generar las estrategias necesarias para impedirlos.

Lo mismo sucede con las políticas de seguridad y defensa del gobierno, el giro en materia de derechos humanos, y sus posturas frente al legado de la dictadura y el consenso democrático: la evidencia histórica señala que, más allá de los discursos (y a veces ni ahí, recordemos que fue Macri el que empezó con lo del "curro de los derechos humanos"), cada vez que la derecha gobierna esa línea de pensamiento y acción va unida a política económicas de desregulación, apertura, destrucción de empleo y tejido industrial, valorización financiera y endeudamiento para financiar la fuga de capitales, como la sombra al cuerpo. 

Cuando se dice que ese tipo de políticas no cierran sin represión no se trata de un simple cliché ideológico, sino de una constatación empírica: sea en forma abierta (como sucede con éste gobierno desde sus inicios con la protesta social) o como amenaza implícita, como está sucediendo con las fuerzas armadas; cuyo rol además es siempre auxiliar respecto del proyecto político al cual sirven: brazo armado de la nación para la defensa de su soberanía e integridad territorial, o cuerpo auxiliar de nativos que sostiene el orden colonial, como es hoy en día.

Se trata siempre de comprometer políticamente a las agencias armadas del Estado más allá de su rol estrictamente profesional, en el alineamiento incondicional con determinados objetivos políticos que no son los del país en su conjunto, sino de un determinado grupo político, que actúa ostensiblemente como gestor de los intereses de poderes económicos, del país y del extranjero; mientras se disuade toda oposición posible, mediante el uso o la amenaza del uso de la fuerza, sin mayores restricciones.

Si muchos argentinos parecen compartir todo el combo (las políticas económicas y sociales y los mecanismos de disciplinamiento necesarios para asegurarlas) más allá de como sean atendidos por él sus propios intereses objetivos, significa ni más ni menos que hay un porcentaje (no menor) de la sociedad con el que no hay canales de comunicación ni encuentro posible, no al menos sin desfigurarnos tanto que nos terminemos convirtiendo en ellos. Significa (como se dijo acá) que hay que revisar conceptos en cuanto a la amplitud de ciertos consensos básicos, que dábamos por sentados. 

Pero también significa que que hay lugares adonde no llegan ni impactan ni alcanzan las revisiones ni las autocríticas, porque son impermeables a nuestra acción política, así como en otros puede ser efectiva: distinguir la diferencia para no desperdiciar esfuerzos donde son inútiles y ponerlos allí donde son necesarios, es crucial en la coyuntura.

Así como hay cosas con las que no hay que transigir ni siquiera con el pretexto de la necesidad de aggiornarse, como "el discurso para el mundo de las finanzas" que se reclama al peronismo, o la reforma laboral. Porque hoy, en el contexto actual y con las iniciativas concretas que el gobierno despliega en esos campos (se podrían citar otros) no hay encuentro ni contacto posible, que no suponga una pérdida: de derechos, de discurso o de credibilidad.

Porque el mundo financiero en el país es, efectivamente y más allá del rol teórico que se supone debe cumplir el crédito como dinamizador de la economía y el crecimiento, un nicho de la timba; y la única propuesta posible allí es regularlo desde el Estado, y fuertemente: con la derogación de la ley de entidades financieras de Martínez de Hoz que aun nos rige para imponer límites a la voracidad del mercado, con controles al flujo de capitales o al acceso y manejo de las divisas, con mecanismos (como fue en su momento la reforma de la carta orgánica del BCRA en el segundo gobierno de Cristina) que permitan canalizar el ahorro de los argentinos a la financiación de la inversión productiva para crecer.

Y porque el gobierno está planteando una reforma laboral flexibilizadora sustentada en la visión (falsa) de que el problema del país es que los trabajadores registrados tienen demasiados derechos, o que nuestro costo laboral es muy alto, y nos hace perder competitividad. Nunca saldrá de esa mirada un diseño de regulación laboral que permita ampliar (y no reducir) los derechos reconocidos a los trabajadores, y hacer que ellos alcancen a un número mayor de los miembros la fuerza laboral efectiva, o que genere más empleos dignos y bien remunerados, sino más bien todo lo contrario.

Tuits relacionados:

lunes, 7 de julio de 2025

BAJA INTENSIDAD

 

Cuando la última dictadura desplegaba su plan de represión genocida -y años después, cuando se pretendía juzgar sus consecuencias- era común escuchar muletillas como "por algo será, "en algo habrán andado", "si vos no andás en nada raro no te va a pasar nada" y similares. Eran las falsas seguridades a que muchos se aferraban en tiempos de horror, cuando la doctrina de la seguridad nacional dibujaba deliberadamente fronteras y figuras difusas, en las que cualquiera podía calzar, si al poder represivo así le placía: "subversivo", "terrorista" y similares.

Machando sobre esos mecanismos de defensa individuales, el discurso oficial hablaba entonces (como ahora lo hace Milei) de los "argentinos de bien" que nada tenían que temer y eran protegidos por el Estado, porque eran "derechos y humanos". Esa percepción consoladora de seguridad era siempre individual y llamaba (en conexión con el clima opresivo creado por el despliegue del terrorismo de Estado) a recluirse en uno mismo, en la intimidad del hogar, la familia y los afectos (y a veces ni eso, si estos estaban "contaminados"), para no pensar nunca en términos colectivos, juntarse con otros, organizarse y ganar las calles y el espacio público en resistencia al régimen.  

Ese era precisamente el objetivo buscado por el terrorismo de Estado, que al mismo tiempo proporcionaba una pseudo justificación moral al genocidio, como si el plan de exterminio fuera una herramienta de precisión con blancos prolijamente escogidos, del que uno podía escapar, de acuerdo con esas muletillas de que hablábamos: las víctimas del horror, en el fondo, algo habían hecho para merecer que se descargara sobre ellas. 

Con el tránsito de una cada vez más devaluada democracia en el medio, la etapa actual es la que más se le asemeja a aquellos tiempos, y de allí lo acertado de la calificación que hizo Cristina: son tiempos de miseria planificada y terrorismo de Estado de baja intensidad. Terminemos con los eufemismos y mistificaciones de los politólogos varios que siguen negando el carácter abiertamente fascista de Milei y su gobierno, simplemente porque llegó al poder mediante elecciones.

Y por esa tenebrosa similitud con los tiempos más oscuros, no debe extrañar que desde las usinas de la comunicación oficial (empezando por el propio presidente que es su principal enunciador) y la prensa del régimen se vuelvan a agitar en el debate político de modo irresponsable (pero no inocente) palabras como zurdos, subversivos o terroristas, y trazar analogías peligrosas. Porque allí también se puede ver (como en la dictadura) el efecto disciplinador que se busca con el discurso oficial, con los mismos fines que entonces: imponer sin resistencias un modelo económico y social de injusticia, desigualdad, saqueo y exclusión.

El terrorismo de Estado (el de la dictadura y el actual de baja intensidad) tiene siempre como finalidad ser funcional a un modelo económico contrario a los intereses de las grandes mayorías nacionales, tal como lo señalara Rodolfo Walsh en su célebre carta abierta a la junta, y como lo señaló Cristina ahora. 

En estos tiempos el terrorismo de Estado no es solo la criminalización de la protesta social y el adversario político, la persecución de opositores o la violencia institucional: el verdadero terrorismo de Estado (o sin Estado, o de supresión de él) de éste gobierno está en su política económica; y como pasaba en los tiempos de los crímenes de Videla con el plan de Martínez de Hoz, los exabruptos y violencias de todo tipo de Milei, su recua digital y sus funcionarios son tolerados, consentidos en silencio (si no fomentados), porque le sirven al poder económico.

Y como pasaba en la dictadura con las muletillas que algunos repetían como conjuros mágicos con los que se sentían a salvo del terrorismo de Estado, pasa hoy y desde los tiempos de la campaña electoral que llevó a Milei al gobierno, con la motosierra: muchos creen que esta funciona como un bisturí de precisión (lo que solo aplica con exactitud a los negocios privados derivados del retiro y desguace del Estado), y nunca los va a alcanzar, porque nada hicieron para merecerlo: de la patria es el otro pasamos al tiempo en que muchos votaron para que el ajustado es fuera otro.

En ese contexto cultural y así como en la dictadura muchos se acomodaban a la idea del discurso oficial para adivinar o intuir lo que no había que hacer para no tener problemas, hoy muchos creen (y la idea del discurso oficial es que lo crean) que pueden salvarse solos, que sus méritos o aptitudes los pondrán a salvo de la crisis, que la motosierra o sus efectos no los van a alcanzar (o peor aun, que era necesaria o es la única solución posible), que si se siguen levantando temprano para ir a trabajar sin chistar ni protestar por las condiciones en que lo hacen o el salario que perciben, conservarán su empleo (si es que lo tienen), o capearán el temporal hasta que vengan tiempos mejores.

Suelen creer también (porque así se los han dicho hasta el cansancio, por todos los medios) que el problema no son ellos ni su falta de contracción al trabajo, que hay otros que le están impidiendo crecer y que son -siempre- los que están igual o peores que ellos, y nunca los que están mejores, o la pasan bien, pero en serio y desde siempre. Porque el credo oficial es funcional a la astucia del capitalismo hoy en su fase anárquica, que es como la del demonio: hacernos creer que en realidad no existe, o no es el causante de todos los males. 

miércoles, 18 de junio de 2025

EL GRAN HERMANO DE BULLRICH


Tal como da cuenta la imagen de apertura, a tres semanas del vencimiento de las facultades extraordinarias que le concediera a Milei la ley bases y en uso de las mismas, el gobierno aprobó una reforma del estatuto y organización de la Policía Federal, mediante el Decreto 383 (completo acá en el Boletín Oficial). Se trata de un decreto delegado (no un DNU), sometido al mismo procedimiento de control a posteriori por el Congreso que establece la ley 26122 para los DNU´s.

El contexto no es menor, porque explica el sentido último de la medida: a horas de lo que será sin dudas una manifestación multitudinaria para acompañar a Cristina a Comodoro Py, la paranoia represiva de Patricia Bullrich dispara una medida que no resistiría ni un debate democrático en el parlamento, ni un control de razonabilidad para verificar su ajuste a la Constitución Nacional, y las libertades públicas que ella consagra.

Todo para intentar -torpemente- validar el "protocolo anti-piquetes" del gobierno, disuadir la protesta social, intentar amedrentar a quienes marcharán en defensa de Cristina e intentar disciplinar a la sociedad, como en los peores tiempos de las dictaduras. 

Y de paso, aplicar la motosierra en las fuerzas de seguridad: según el decreto los futuros reclutamientos para sumarse a la fuerza no podrán exceder la dotación que esta tiene a la fecha, la que será sucesivamente reducida en años venideros, y las economías que se produzcan por no cubrir las vacantes se destinará a financiar mejoras salariales a los policías que queden en las filas de la institución. O sea, la misma masa salarial, pero a repartir entre menos, a ver si así les mejoran el bolsillo, y los motivan para reprimir con más eficacia. 

Según el nuevo "estatuto" (hasta un nombre procesista buscaron) la PFA podrá en determinadas circunstancias y sin autorización judicial, "Recabar información y asegurar pruebas, con el fin de que luego sean presentadas al Ministerio Público o a los jueces competentes, para facilitar el inicio o la continuación de una investigación." (o sea salir en excursión de pesca, al voleo), o "Efectuar análisis criminal, de políticas de seguridad y de operatoria policial, lo cual no se encontrará alcanzado por la Ley de Inteligencia Nacional N° 25.520 y sus modificaciones, salvo disposición expresa de la autoridad competente." (es decir, no se aplicarán a la PFA las restricciones que establece esa ley para hacer tareas de inteligencia, no obstante que el propio decreto dice a posteriori en varios apartados que deberán respetarla en sus actividades). 

Podrán además los federales y sin orden judicial "Tener acceso a información y bases de datos públicas con el fin de llevar adelante, de manera justificada, tareas de investigación o de inteligencia criminal. A su vez, podrá solicitar el acceso a bases privadas.", detener a personas sin orden de juez competente por hasta diez (10 horas) cuando a su criterio "...existiesen circunstancias debidamente fundadas que hagan presumir que alguien hubiese cometido o pudiere cometer algún hecho delictivo y no acreditase fehacientemente su identidad,..." (así dicho, cualquiera podría ir preso si a los canas les resulta sospechoso), y "Registrar y calificar a las personas dedicadas habitualmente a una actividad que la policía debe reprimir." (Por ejemplo los jubilados que se reúnen todos los miércoles en el Congreso a reclamar mejoras en sus haberes de miseria)

Se amplían por el decreto las facultades de la Federal para "Contar con bases de datos y sistemas de información que sean necesarios para el cumplimiento de sus misiones y funciones...", "Realizar, sin necesidad de autorización judicial, tareas de prevención del delito en espacios públicos digitales, tales como redes sociales abiertas, sitios web públicos y otras fuentes abiertas, conforme a las pautas y principios rectores dictados para dichas actividades por la autoridad competente.", y realizar sin orden judicial "...requisas personales ...respecto de personas, inspeccionando los efectos que lleven consigo, así como el interior de los vehículos, aeronaves y embarcaciones de cualquier clase, ante la concurrencia de los siguientes supuestos: a. Que existan circunstancias previas que razonable y objetivamente permitan presumir que se ocultan cosas relacionadas con un delito. b. Que no fuere posible esperar la orden judicial ante el peligro cierto de que desaparezcan las pruebas que se intentan incautar. c. Que se practique en la vía pública o en lugares de acceso público y en el marco de operativos de prevención.".

Espiar, fichar, estigmatizar, detener: esas son las "nuevas funciones" de la Policía Federal, que son muy viejas, y conocidas, claro que no precisamente en tiempos de gobiernos democráticos. O no por lo menos validadas por normas de sus autoridades.

Con el mismo nivel de deliberada ambigüedad en los términos y supuestos de intervención así como en los "objetivos", "amenazas" e "hipótesis de conflicto"  que la "ley anti mafias" y otros horrores jurídicos perpetrados por éste gobierno, en medio de un contexto internacional crecientemente crítico en el que la irresponsable alineación internacional de Milei con el sionismo genocida de Netanyahu nos pone otra vez en el foco de posibles atentados terroristas, se torna imprescindible la necesaria revisión inmediata de estos desbordes autoritarios porque de lo contrario lo excepcional será permanente, desnaturalizando una democracia ya de por sí bastante desnaturalizada desde que Milei asumió el gobierno.

El nuevo bando dictatorial emitido por el presidente y su ministra provocadora denotan no tanto su fortaleza o la imagen que al respecto quieren transmitir, como el cagazo pampa que le tienen a la movilización popular. Y la irresponsabilidad de los "responsables" que le dieron la navaja a los monos, bajo el eufemismo de contribuir a darles herramientas de gobernabilidad. Tuits relacionados:

sábado, 7 de junio de 2025

PRESOS O MUERTOS

 

Los días posteriores al anuncio de Cristina de su candidatura en la provincia de Buenos Aires los medios hegemónicos redoblaron la presión sobre la Corte Suprema para que confirme su condena, la metan presa y quede impedida de presentarse a elecciones. En respuesta la Corte rechaza la recusación de Cristina contra Lorenzetti con el voto del propio recusado, y el juez que estaría encargado de ordenar su detención en caso de que la condena sea confirmada, visita las dependencias de la Policía Federal donde la detendrían.

Mientras Cristina hablaba en Corrientes, detenían ilegalmente sin orden judicial y por orden de Milei (dato confirmado por el jefe de la Federal) a Juan Grabois, por ocupar el edificio del Instituto de Investigaciones Históricas "Juan Domingo Perón", que Milei disolvió decreto violando incluso la propia ley bases, en la que estaba excluido. Los bienes del lugar fueron tirados en basurales (como los pulmotores y frazadas de la Fundación Eva Perón tras el golpe del 55'), pese a que el Partido Justicialista ofreció hacerse cargo de ellos, y al momento de subir estas líneas, Grabois sigue detenido.

En los días venideros se cumplirán nuevos aniversarios de los fusilamientos de junio del 56' tras la revolución de Valle, y del bombardeo a la Plaza de Mayo para matar a Perón en el 55', que le costó la vida a centenares de argentinos. La casa que Grabois tomó es lo que queda de la residencia presidencial donde Evita -cuyo cadáver robarían los libertadores- pasó sus últimos días, y que fuera dinamitada por la Fusiladora.

A Cristina la quieren poner presa, porque falló el intento de asesinarla, que les hubiera ahorrado trabajo. Desde el 55' para acá (e incluso antes), los gorilas han intentado todo contra el peronismo: fusilamientos, torturas, proscripciones, desapariciones, robo de bebés y suplantación de su identidad. Como dijo Cristina, nos quieren presos o muertos.

Y como hemos dicho otras veces, lo que nunca intentaron contra el peronismo -ni lo harán- fue hacerlo innecesario, eliminando las cusas que le dieron origen: por el contrario, desde hace 80 años (más incluso) su plan económico es hambrear a los argentinos y saquear el país en beneficio de sus intereses y los de sus amos extranjeros, y su plan político (desde que existe) es exterminar al peronismo, porque perciben que es el único que les pude impedir y hacerlo. Ayer con Perón, hoy con Cristina.

Cuando Casación confirmó la condena contra Cristina por la causa Vialidad, dijimos acá: "No podemos seguir jugando a que: a que hay democracia, a que tenemos instituciones, a que rige la Constitución, a que nos preocupan la pobreza o la desigualdad, a que seguimos siendo un país soberano, o con los atributos de tal. Hay que intentar algo distinto y alguien tiene que hacerlo, por nosotros, por el país, por su futuro y el de la inmensa mayoría de sus habitantes.".

"Hay que dejar de llorar proscripciones y persecuciones -que existe, quien puede dudarlo-, y forzar al régimen a desnudarse, y verse obligado a instrumentarlas realmente para defender sus privilegios: ya no tiene sentido desconocer -o actuar como si lo hiciéramos- los liderazgos naturales instalados en el corazón de los argentinos y ofrecer sustitutos que no están a la altura del desafío, simplemente porque ellos y sus jueces dicen que Cristina no puede ser candidata. Y si no somos nosotros (solos o acompañados por otros que piensen más o menos parecido) los que lo intentamos, ¿Quién?"

Y en el último aniversario del golpe genocida, decíamos: "...el atentado contra Cristina (y sobre todo las reacciones posteriores de buena parte del arco político y del sistema judicial) habían dejado claro que no estaba tan extendido y generalizado como pensábamos el consenso democrático respecto a la erradicación de la violencia (incluida la supresión física del adversario). El despliegue represivo actual del gobierno de Milei (un presidente elegido por el voto que no cree en la democracia) para frenar la protesta social contra su gobierno es simplemente la confirmación de que tal suposición sobre la amplitud de ese consenso era errada.". 

No es contra Cristina, ni contra el peronismo (aun cuando sean sus blancos históricos y actuales): es contra la democracia. Tuits relacionados:

jueves, 20 de marzo de 2025

CERTEZAS

 

jueves, 13 de marzo de 2025

FUERZAS DEL ORDEN

 

jueves, 13 de junio de 2024

ES PREGUNTA


domingo, 26 de mayo de 2024

VEINTICINCOS

 

Aquel 25 de mayo hace 21 años el país empezaba a encontrar la salida de una de las crisis más grandes de su historia, de la mano de un tipo hasta hace poco desconocido para muchos, pero que supo resumir las esperanzas de un pueblo golpeado, y empezar a cumplirlas. No había sido el más votado y le negaron el balotaje tirándole el país en llamas por cabeza, pero lejos de tomarlo como una debilidad, lo asumió como un desafío.

Solo había prometido en campaña construir un país normal, y el día de su asunción, no dejar sus convicciones en la puerta de entrada de la Casa Rosada, y vaya si cumplió, desde el primero hasta el último día de su gobierno, del que se fue siendo más popular que cuando había llegado, por una sencilla razón: les había mejorado la vida a millones de personas.

Un tipo que demostró estar a la altura de las circunstancias y nunca se envaneció de su rol ni se creyó un líder mesiánico: decía que él y los que integraban su gobierno eran simples pasantes de la historia, hombres comunes cumpliendo circunstancialmente responsabilidades especiales e importantes. 

Repudió la represión de la protesta social y nunca la ejerció cuando le tocó afrontar conflictos, porque pensaba que había que ir a sus causas, en lugar de concentrarse en sus efectos, y comprendió que la gente no cortaba rutas ni calles por deporte ni por falta de algo mejor para hacer. A los dos días de haber asumido como presidente, estaba viajando a Entre Ríos para resolver una prolongada huelga docente, del único modo que correspondía: resolviendo los reclamos.

Combatió la idea extendida por entonces (y aun hoy) en la política argentina de mostrarse fuerte con los débiles y débil con los fuertes, para mostrar autoridad; y no prometió una revolución, pero generó el inicio del proceso que produjo los cambios más profundos a favor del pueblo argentino, en estos 40 años de democracia.

Por todo eso -y muchas cosas más- se ganó un lugar en la historia, que no se lo podrán sacar, a menos que la reescriban, como acostumbran hacer.   


Este 25 de mayo, el de ayer, encuentra al país sumido en una profunda crisis, cuya magnitud -todo lo indica- se profundizará si seguimos por el rumbo que llevamos,  y estamos en manos del tipo que la produjo, agravando todos los problemas existentes sin resolver ni uno solo, y creando muchos otros.

Que llegó elegido por millones de votos en un balotaje en el que aglutinó sus propios votos -los de los que vieron en él el canal para expresar su insatisfacción con los resultados de la democracia-, y los de los que coinciden con ellos en un punto esencial: dar por concluido el ciclo iniciado aquel 25 de mayo del 2003, y si nos vamos más atrás, el 17 de octubre de 1945.

Un tipo que -a su modo- supo concitar esperanzas, pero sobre todo, resentimientos, odios y frustraciones, tanto que hizo campaña con una motosierra, y se lo festejaban: lo votaron esperando que la usara, pero contra otros. Alguien que también tiene -claro está- sus convicciones, pero si no le sirven (como Groucho Marx), enseguida encuentra otras. O que si las sostiene, más que convicciones son alucinaciones teóricas sin anclaje en el mundo real, u obsesiones enfermizas. 

Que eligió desde el primer día de su gobierno como sus enemigos y blancos principales del despliegue del aparato represivo estatal, o todo el que represente cualquier forma de organización social para defender derechos, o reclamarlos; a los que anatemizó como el principal problema el país junto con lo que denominó "la casta". Gasesoa denominación que no incluye -por ejemplo- al que huyó como rata de aquel balotaje del 2003, que homenajeó como prócer colocando su busto en la Casa Rosada, ni a muchos de los mismos protagonistas del desastre concluido en el 2001, pero iniciado en los 90', que son funcionarios de su gobierno.

Un león hervíboro, que saca pecho en las redes sociales pero se rodea de policías y militares para andar por la calle; y ha hecho más viajes al extranjero que al interior del país que gobierna (ni hablemos si hay un conflicto, o desastres naturales), desde que es presidente. Un león que nunca hinca sus dientes en los poderosos de verdad, cuyos intereses concretos sirve con esmero y dedicación; tanto que está empeñado en entregarles el país llave en mano, de un modo que nunca lo podamos recuperar para el conjunto de los argentinos.

Que está convencido de ser un enviado de las fuerzas del cielo para cumplir una misión salvífica combatiendo a los espíritus del mal y cosas así; y que en los pocos (largos) meses que lleva en el gobierno, se ha ganado con creces un lugar en antología del ridículo, como pocas veces se ha visto en alguien que se calzara el traje de presidente. Que le queda grande por todos lados. 

lunes, 1 de enero de 2024

NO HABÍA QUE COMPLICARLA TANTO

 

En la campaña electoral abundaron las explicaciones sesudas y complicadas del fenómeno Milei: que la frustración y el desencanto democráticos, que la apropiación por la ultraderecha del disconformismo social y la bandera de larebeldía, que la crisis de representación, y muchas cosas más. Puede que todo eso sea cierto y no es del caso discutirlo ahora, pero lo cierto es que explica -como mucho- el 30 % de votos que obtuvo Milei en la primera vuelta (casi calcado de su porcentaje en las PASO), y con eso solo no le alcanzaba para llegar a ser presidente.

Dicho de otro modo: sin la imprescindible transfusión de votos gorilas que recibió en masa en el balotaje (más allá incluso de los tibios reparos de algunos sectores de la dirigencia de "Juntos por el Cambio"), no llegaba jamás a la Casa Rosada, tanto así que Massa estuvo a menos de cuatro puntos de ganar en primer vuelta. De modo que por si alguna duda quedaba, la "casta" era en realidad el peronismo, y dentro de éste, el kirchnerismo.

Y hagamos acá un paréntesis: con ese porcentaje de la sociedad argentina (ese entre 25 y 30 % que migró de Bullrich y Larreta a Milei sin escalas, y que antes supo votar a Carrió, o a Macri: contra el peronismo lo mismo da cualquiera), no hay más nada que discutir ni ahora ni nunca, simplemente porque no están a la altura. No se debe discutir con ellos de economía o relaciones laborales, ni de corrupción y menos que menos de democracia, república, instituciones o libertades: si algo queda en claro por estas horas -y por si algún despistado no se había enterado aún- es que todas esas cosas les chupan realmente un huevo; como cada vez que celebraron un golpe de Estado simplemente porque le ponía fin a un gobierno del peronismo.

Otra cosas que no debería discutirse más es la "campaña del miedo", a menos que sea para admitir que nos quedamos cortos: las amenazas concretas, tangibles y reales a los derechos, la libertades y la misma existencia de la democracia que representan el gobierno de Milei y sus políticas son mucho más graves, rápidas y profundas que cualquier advertencia que pudiéramos haber hecho antes.

De allí que no haya que tener ningún tipo de dudas ni tapujos a la hora de caracterizar al gobierno como lo que es: un grupo comando de asalto del Estado y las instituciones democráticas que (amparados en el voto de una parte de la ciudadanía leído como un cheque en blanco o una patente de corso) están  apurados por vaciarlo para consumar sus negocios, mientas nos empobrecen a la mayoría para tener mano de obra barata y precarizada, con la amenaza (real, concreta, jurídica y física) de desplegar tanta violencia represiva fascista como consintamos, para doblegar cualquier protesta o resistencia.

Todo eso al servicio y como simple instrumento del poder económico, que aparece desnudo a la luz del día pegando el manotazo sobre cuanto bien común, mercado o negocio ande suelto, para capitalizar la espléndida oportunidad de maximizar sus beneficios. Como lo hicieron siempre, y en especial en las crisis cíclicas del país, en cuya generación estuvieron siempre porque es en las circunstancias de excepcionalidad política, social, económica e institucional cuando más medraron, y más beneficios obtuvieron.

No hay ni en el DNU ni en la ley ómnibus ni en ninguna de las iniciativas del gobierno ¿de Milei? que hasta ahora se han conocido -que en rigor, son el pliego de las demandas tradicionales del poder económico- ninguna idea o propuesta que no sea la simple rapiña, los negocios habilitados y garantidos por el Estado, la ganancia fácil y de corto vuelo pero creando privilegios difíciles de revertir en el futuro. No se busque (porque no los hay) objetivos superiores vinculados al desarrollo o la grandeza del país, cuyos recursos estratégicos, tierras, mares, minerales, fuentes de energía o desarrollos científicos son entregados al mejor postor, a plena luz del día.  

Valga un simple ejemplo para corroborarlo: la "ley ómnibus" que aterrizó en el Congreso propicia derogar el artículo 1 de la Ley 26741 de expropiación de YPF, que declara "de interés público nacional y como objetivo prioritario de la República Argentina el logro del autoabastecimiento de hidrocarburos, así como la exploración, explotación, industrialización, transporte y comercialización de hidrocarburos, a fin de garantizar el desarrollo económico con equidad social, la creación de empleo, el incremento de la competitividad de los diversos sectores económicos y el crecimiento equitativo y sustentable de las provincias y regiones.". En su reemplazo, modifica varios artículos de la Ley 17319 de hidrocarburos, y entre ellos su artículo 3, para hacerle decir que el régimen legal se dicta "teniendo como objetivos principales maximizar la renta obtenida de la explotación de los recursos...".

El de presidente de la nación es hoy un puesto más menor que nunca, en manos de un boludón que postea en las redes sociales como si estuviera en un viaje de egresados del secundario, al que no vacilarán en pegarle ellos mismos una patada en el culo cuando -en palabras de Magnetto- ya no les sirva, o se haya vuelto un estorbo. Incluso por algún vuelto de negocios frustrados y agarrándolo de su propia lengua, como cuando confiesa suelto de cuerpo y en cadena nacional que dicta normas a pedido de Ellon Musk o la embajada, o que lo llamaron del Chelsea para comprar clubes de fútbol argentinos.

Los argentinos asistimos -una vez más, como en 1955, 1976 o 2015- a una revancha de clase, que hasta ahora y no sabemos por cuanto tiempo, cuenta con el apoyo de parte de las clases perdedoras. Quizás porque la bomba racimo que significa el programa que ejecuta (y recalcamos: ejecuta) Milei no ha hecho sentir el peso de todos sus efectos letales sobre un vasto universo de damnificados concretos.

Trabajadores (formales o informales), cuentapropistas, monotributistas, jubilados, empleados públicos, inquilinos y  desde las pymes hasta las farmacias, pasando por las agencias de viajes y turismo, las provincias, las universidades o el sistema de investigación científica y desarrollo tecnológico, muchos de ellos están descubriendo (y si no lo hicieron, lo harán pronto) que la "casta" eran ellos; y otros tantos que votaron a Milei pensando "el ajustado es el otro", verán como caen también bajo los dientes de la motosierra, que por si no lo advirtieron antes, no es precisamente un símbolo de sutileza o "sintonía fina". 

Frente a eso y mal que les pese a algunos, la resistencia deberá vertebrarse junto a los restos que quedan como símbolos de organización social y política: la apolillada CGT (cuyos dirigentes, que hoy llaman a un paro general, firmaban documentos conjuntos con la AEA hace pocos meses), la CTA y los movimientos sociales, los desvencijados partidos políticos comenzando por el PJ (que sigue insólitamente presidido por Alberto Fernández) pero no excluyendo a otros, salvo -en nuestra modesta opinión- a una UCR de la que ya nada se puede esperar, salvo vergüenzas.

Porque tampoco es cuestión de creer que las cosas se resolverán simplemente caceroleando, o esperando que el 30 % que votó a Milei en primera vuelta aterrice del sueño de la dolarización, y decida terminar con el experimento por mano propia. Tuit relacionado:

sábado, 16 de septiembre de 2023

¿AVANZA LA LIBERTAD O LA IMPUNIDAD?

 

Leíamos en la semana en ésta nota de La Nación que Patricia Bullrich envió una carta a los miembros de las Fuerzas Armadas en la que -entre otras cosas- promete "una solución justa" para los condenados en causas por delitos de lesa humanidad cometidos durante la dictadura.

Entre sus párrafos más sobresalientes podemos leer: "Compartimos desde hace mucho tiempo una misma vocación que es la grandeza de nuestra Patria y el orden en nuestro querido país”, se lee al comienzo de la misiva. Cualquiera podría repetir estas palabras, pero en el caso de ustedes y en el mío propio ya fueron probadas en la fragua de la vida y en el cumplimiento del deber en la función pública y el servicio a la comunidad. Porque después de todo eso es lo probidad, el valor probado en la conducta de quién lo sostiene”, remarca Bullrich.".

"Todos son conscientes de mi defensa del orden frente al caos y de los efectivos de las Fuerzas de Seguridad contra los embates de los falsificadores de derechos humanos cuando fui ministra de Seguridad de la Nación”, dice el texto en el cual la candidata de JxC remarca: “Hablamos un mismo idioma”.". 

Lo primero que uno podría preguntarse es por qué Bullrich dirige una carta por ese tema a los actuales integrantes de las fuerzas armadas, la mayoría de los cuáles no participaron personalmente en la represión ilegal de la dictadura, ni están involucrados en causas judiciales por violaciones a los derechos humanos cometidas en ése contexto. Se podrá decir que en el caso de los militares hay lazos de afinidad ideológica y hasta familiar entre el personal en actividad, los retirados y los sometidos a procesos o condenados en ellos.

Sin embargo eso no basta para explicar el sentido de la carta de Bullrich, que más bien hay que buscarlo en sus propios términos: Bullrich les está diciendo que los necesita de su lado para imponer el orden, y cuenta con ellos porque les ha demostrado que no los abandona. En rigor, lo dijo textualmente en el caso de los policías de gatillo fácil como Chocobar, o de los gendarmes implicados en el caso Maldonado, a los que prometió "no tirar por la ventana", y cumplió.

Es el mismo mensaje -nefasto- que transmite acá Pullaro cuando dijo que había gente que iba a tener que pedirles disculpas a los policías juzgados por la desaparición y muerte de Franco Casco: los tipos se ofrecen como abogados de todo el que porte un uniforme y un arma provistos por el Estado (poco importan sus funciones o el color del uniforme), a cambio de que cuando los necesiten, puedan contar con ellos.

De allí que no sorprenda que estén planteando involucrar a las FFAA en la seguridad interior, o dando señales claras de consentir (si no propiciar) la violencia institucional para garantizar un supuesto orden, aun al precio de retroceder en una de las conquistas morales y jurídicas más importantes de nuestra democracia y por la cual es reconocida en el mundo, como fue el juzgamiento de los responsables de los crímenes de la dictadura.    

Lo que nos están diciendo -en todos los idiomas y por todos los medios posibles- tanto ellos como Milei es que se viene un tiempo de palos y represión, y no precisamente para los que delinquen, sino para los que protesten, o salgan a defender sus derechos. O sea que se viene un tiempo en que habrá motivos para protestar, o derechos que estarán en riesgo.

Que es precisamente lo que decíamos hace unos días en ésta entrada, a propósito del acto apologista de la dictadura (porque decirle negacionista es faltar a la verdad, y bajarle el precio) de Victoria Villarruel, la cantidata a vice de "La Libertad Avanza": "Ellos (Milei, Villarruel, los negacionistas y apologistas de la dictadura) van más allá de postular el olvido o la "memoria completa": van por la reivindicación de la dictadura, sus métodos y sus resultados, y no es casual: nos están diciendo que llegado el caso y si lo creyeran necesario, lo volverían a hacer.

Y es allí cuando la cuestión se vuelve de acuciante actualidad política y social, y se mete en el corazón de la disputa política y electoral. Porque en el fenómeno Milei -como en la dictadura del 76'- la visión ideológica, el modelo político, los límites que están dispuestos a traspasar y el proyecto económico son una sola y misma cosa, en la que todos los primeros son funcionales a la implementación del último.". 

viernes, 11 de agosto de 2023

NI HALCONES NI PALOMAS, LA MIERDA ES UNA SOLA

 

La campaña electoral más desangelada y carente de ideas que se recuerde en mucho tiempo termina en medio de un festival de caranchismo político con el dolor ajeno, lo que ya es una marca de origen de nuestra derecha vernácula; aquella que bien decía Rodolfo Walsh que estaba inclinada al asesinato. Pero eso sí: con la virtud de señalar siempre la violencia de los otros.  

En apenas 48 horas pasaron de traficar con la tragedia de la muerte de Morena, a cerrar filas en defensa de la desproporcionada violencia institucional de la policía porteña, que se terminó cobrando la vida de un manifestante en el obelisco. Porque a la hora de defender Chocobares no hay halcones ni palomas, sino solo buitres.

De hecho, el "moderado" Larreta eligió como su compañero de fórmula nada menos que a Gerardo Morales, el carcelero de Milagro Sala que instauró en Jujuy un Estado policial para la persecución y represión de toda disidencia política o social que amenace su poder, y sus negocios. Y lo eligió precisamente por eso: no tenemos pruebas, pero tampoco dudas al respecto.

El aval explícito de Larreta a sus canas por la muerte del manifestante se inscribe no solo en su necesidad de no perder votos en la disputa con Patricia Bullrich, sino a enviar al conjunto de la sociedad el mismo mensaje que bien podría suscribir la ex ministra de De La Rúa y Macri: si llegan al gobierno se vienen cambios, y al que no le gusten, se jode. Y si protesta, ya sabe lo que le espera.

Sin embargo, nada de todo esto es nuevo y sucede y se perpetúa porque estos discursos -y sobre todo éstas prácticas degradantes de la democracia- tienen consenso social, porque de lo contrario el laboratorio electoral de la derecha recalcularía sobre sus pasos, y probaría de nuevo por el lado de los globos, el clima festivo y el discurso del 2015 de "no te vamos a sacar nada de lo que tenés, solo vamos a mejorar lo que está mal".

Cabalgando sobre la base de hechos reales -como la inseguridad creciente, en especial en las grandes ciudades-, la derecha explota como lo hace siempre las más bajas pasiones humanas y las manipula en su exclusivo beneficio. Y es necesario hacer un esfuerzo mayúsculo para no perder la compostura discursiva y política y caer a su bajeza redoblando la apuesta de los disparates, sin dejar al mismo tiempo de empatizar con la gente común que sufre las consecuencias de la violencia (como la familia de Morena), y de darles las respuestas que se merecen en modo de políticas públicas eficaces para combatirla.   

En ese sentido, parece acertado lo que venía diciendo Massa (cultor en otros tiempos del discurso "manodurista" y las soluciones fáciles a la Giuliani) en sus spots de campaña en cuanto al "falso orden de la represión", y hasta un punto anticipó lo que terminó pasando ayer en el obelisco porteño: con policías bravas -con los débiles, con los pobres, con los que reclaman por sus derechos- que se sienten avaladas por un discurso insensato e irresponsable desde el poder político, es cuestión de contar los muertos, simplemente. Los actuales y los futuros. 

Porque hay además allí todo un discurso sobre la violencia y los violentos, al que si se lo rasga un poco, se descubre que en realidad para ésta gente no son ni los narcos ni los motochorros -aunque no se priven de presentarse como los adecuados para terminar con esas amenazas- sino los piqueteros, los trabajadores o los sindicatos. Tampoco, por supuesto, para ellos la violencia no está nunca en los delincuentes de guante blanco, en los lavadores de guita, ni en los fugadores de capitales; que son los que crean el caldo de cultivo de la desigualdad en el que crecen la violencia y el delito.  

Es que la idea es que para que el país supere su crisis es necesario hacer cambios, esos cambios suponen necesariamente recortes y privaciones de derechos y el que no lo entienda -y peor aun: el que no lo acepte, y decida hacer algo al respecto- atenta contra el conjunto, y debe ser aleccionado, incluso con violencia. Más aun: antes que nada con violencia, para que cunda el ejemplo.

Eso es lo que está queriendo decir Larreta, que es lo mismo que viene diciendo Bullrich, y es lo mismo que dicen Macri o Milei. Porque podrán discutir si el domingo están todos juntos o no en un "búnker" esperando los resultados, pero en esas cuestiones que para ellos son esenciales, siempre estuvieron de acuerdo.