LA FRASE

"POR AHORA NO ESTAMOS PIDIENDO AUTORIZACIÓN PARA QUE LA POLICÍA PUEDA USAR LA PICANA Y EL SUBMARINO, ANTES VAMOS A VER COMO FUNCIONAN LAS REFORMAS QUE PLANTEAMOS." (PABLO COCOCCIONI)
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viernes, 27 de febrero de 2026

UN PAÍS NORMAL

 

Con apenas horas de diferencia, el CEO de YPF y el presidente de la CAME coincidieron en sus declaraciones: los cierres de empresas con su secuela de despidos y pérdida de fuentes de trabajo que se están sucediendo a lo largo y a lo ancho del país son los costos inevitables que hay que pagar para convertirnos en un país normal. Cosa que al parecer antes requiere tocar fondo en todos los planos: algo así como "cuanto peor, mejor".

Si lo hubiera dicho Myriam Bregman o algún otro dirigente de la izquierda los acusarían de golpistas y les armarían alguna causa judicial, pero como lo dicen corifeos de nuestra autopercibida élite empresarial pasa casi desapercibido, o se toma por válido el argumento; como si tal barbaridad ya no se hubiera dicho antes en nuestra historia, y los resultados no fueran los mismos, siempre que se aplicaron estas mismas políticas que hoy padecemos.

Y hablando de argumentos repetidos: desde 1976 para acá se nos dice que los planes económicos de la derecha (en sus diversas encarnaciones) son sólidos, pero es necesario alcanzar ciertos consensos políticos en torno a ellos para que puedan estabilizarse y lograr los frutos esperados (siempre que nos pongamos de acuerdo en cuales son). El "riesgo" no serían entonces las propias políticas económicas insustentables desde todo punto de vista, sino el "ruido político": las elecciones, las protestas sociales, el sindicalismo. La democracia, en definitiva.

Pues bien, desde ese punto de vista podría decirse que Milei disfruta de su propia pax: revalidó apoyo social en las elecciones de medio término, los respaldos de los grandes sellos empresarios a su gestión (como acaba de pasar con el G6) son explícitos (si no lo hicieran serían ingratos: gobierna para ellos), los medios hegemónicos (justo los que para él no son ensobrados) lo aplauden y replican al pie de la letra el discurso oficial, enfrenta al peor sindicalismo de la historia que dejó pasar la reforma laboral casi sin resistencia, la principal dirigente opositora (y presidenta a su vez del principal partido de oposición) está presa, proscripta y vigilada por la justicia en sus movimientos y declaraciones.

El peronismo está desarticulado y dividido y hasta apareció una fracción con peluca que se suma a la amplia coalición pan-oficialista; que controla con comodidad ambas Cámaras del Congreso y excluyó a la principal fuerza opositora de los cargos directivos y las comisiones; mientras ya están gastando a cuenta de que podrán armar una Corte Suprema a su medida. Y el resto del Poder Perjudicial (como pasa siempre) olfatea el clima de época y los ayuda a él, su hermana y sus funcionarios de zafar de las consecuencias de sus descuidismos varios, que perpetran mientras destrozan y entregan el país, o lo que queda de él.

Buena parte de los rectores de las universidades nacionales (los ligados a la UCR) negociaron bajo cuerda con el gobierno una nueva ley de financiamiento mucho más modesta que la que Milei se niega a cumplir aun mediando orden judicial, el Banco Central compra reservas, el dólar permaneció un buen tiempo más o menos estable y pareciera que todo está andando joya y acorde al plan, pero el riesgo país sigue estando por arriba del nivel que dispararía nuevo endeudamiento, las acciones y los bonos se desploman, y los cierres de empresas y despidos se multiplican, aunque ya hemos visto que esto último -según nos dicen- serían daños colaterales inevitables del éxito del modelo.

Pero sin embargo se mueve: lejos de la aparente calma por los reacomodamientos en la superestructura, el Congreso pintado de distintos tonos de violeta se sustenta en el ausentismo electoral de la mitad del padrón (registro récord desde la vuelta a la democracia), el voto de buena parte de los que concurrieron a las urnas ha sido traicionado en su sentido y los conflictos laborales son tan focalizados (por la crisis de la dirigencia sindical incapaz de conducirlos) como extendidos, porque la realidad "real" empieza a golpear donde más duele: bolsillo, empleo, salarios, inflación, despidos, cierres, recesión.

Y los agredidos por las políticas de Milei y su gobierno (simples ejecutores de una cruel venganza clasista) son como los personajes de la obra de Pirandello, que estaban en busca de un autor: no podemos saber hoy cuando se producirá la reacción, ni cuan extendida será ni -sobre todo- quien acertará a canalizarla y conducirla. Pero de algo podemos estar seguros: si no hay canales de expresión política (lo que explica la abstención electoral) ni sindical o a través de los movimientos sociales (otros desaparecidos en democracia) no significa que no la habrá. 

Nuestra historia es pródiga en ejemplos al respecto -en otros tiempos- de lo que era un país normal; que no es uno donde la mitad no vota, solo el 10 % vive más o menos bien, y se despliega un modelo económico que no tiene respuestas -ni empleo, ni progreso, ni perspectivas de futuro, ni inclusión- para las dos terceras partes de sus habitantes, como mínimo. Tuits relacionados:

miércoles, 14 de agosto de 2024

Y MIENTRAS TANTO...

 

Mientras nos entretienen con los escándalos conyugales de Alberto, y nos prometen nuevos videos en los que se hace el pito duro, pasaron cosas. Como por ejemplo:

* El martes pasado se publicaba en el Boletín Oficial el Decreto 699, por el cual se declaraba servicio público "las actividades de dragado, redragado, mantenimiento, señalización, balizamiento y control hidrológico de las vías navegables de jurisdicción nacional.", para acto seguido disolver el órgano de control de la llamada hidrovía, creado por el Decreto 556/21 (en el que tenían participación las provincias ribereñas) y abrir un nuevo proceso de privatización; lo que se concretó luego mediante el Decreto 709, publicado el viernes pasado en el Boletín Oficial.

El decreto descarta la alternativa del canal Magdalena en perjuicio de la provincia de Buenos Aires y en beneficio de los intereses del puerto de Montevideo, y el único que protestó -al menos en público- fue Axel Kicillof, porque advirtió que la iniciativa va en contra de los intereses estratégicos de la nación, y además es parte de la política de asfixia en todos los frente de la provincia que gobierna, como ya se vio con la decisión de no localizar la planta de GNL de YPF en Bahía Blanca.

* Se siguen sumando envíos al exterior de remesas de las divisas en oro del Banco Central, y pedidos de informes de Sergio Palazzo y la Asociación Bancaria al BCRA, sin respuesta. Todo indica que las operaciones han violado la carta orgánica del banco, y que Caputo no puede dar cuenta de ellas serían parte de una negociación ruinosa con bancos y fondos de inversión para obtener un "repo" que recomponga las reservas.

* El gobernador de Santa Cruz -uno de los "dialoguistas" que apoyó la ley bases- reclama por el virtual abandono por parte de YPF de la explotación petrolera en su provincia, con la consecuente merma de ingresos por regalías. Al mismo tiempo el derretimiento de la nieve inunda la sala de máquinas de la represa Cepernic (una de las que se estaban construyendo con financiamiento chino), y el abandono de la obra por el gobierno nacional tras su paralización total provocaría que los destrozos sean imposibles de reparar, frustrando así la concreción de una obra clave para el desarrollo del país.

La estrategia de YPF es consistente además con lo que está haciendo en Neuquén, malvendiendo concesiones a precios viles en distintos yacimientos, para que lo aprovechen algunos vivillos como Javier Iguacel (el ex director de Vialidad Nacional y luego secretario de Energía de Macri), que se quedó con algunos a través de una empresa fantasma (acaso del propio Macri), creada después de que se abriera la licitación.  

* Este lunes se publicó en el Boletín Oficial el Decreto 718, por el cual se prorrogan por un año a título precario las concesiones para operar las represas del Comahue (Cerros Colorados, El Chocón-Arroyito, Alicurá y Piedra del Águila) a las empresas privadas que actualmente las operan, y se vuelve a llamar a licitación para transferir su operación a manos privadas, por 30 años. Una de las beneficiarias es Central Puerto SA, de la familia Caputo y en la que el Toto de la Champions conserva acciones.

* El mismo día se publicó el Decreto 713, por el cual se reglamentan diferentes aspectos de la ley bases, como el régimen de concesiones de obra pública y servicios públicos (lo que incluye el peaje en las rutas nacionales), la renegociación y rescisión de los contratos públicos en ejecución (con excepción, casualmente, de los de concesión de servicios públicos) y los acuerdos transaccionales para poner fin a litigios administrativos o judiciales en los que el Estado nacional sea parte.

Precisamente éste último punto es el que le interesó personalmente a Mauricio Macri (al punto de conversarlo personalmente con Milei en una charla que tuvieron en Olivos) para poder finalmente zafar de pagarle al Estado la deuda que mantiene desde hace años por la fallida concesión del Correo, y evitar así la quiebra de SOCMA. Claro que solo con malicia propia de un delincuente como él se puede interpretar que las nuevas normas aplican al caso, que se trata de un concurso de acreedores, y que su propuesta (consistente en auto-condonarse el 98,8 % de la deuda) sería beneficiosa para los intereses del Estado nacional.

* El mismo Decreto 713 reglamenta un régimen de "iniciativa privada", reflota los nefastos -y fallidos- contratos de "participación pública-privada" creados por la Ley 27328 aprobada durante el gobierno de Macri, y declara expresamente que en todos esos casos -incluyendo los procesos de privatización para conceder la explotación de obras o servicios públicos- no rigen ni la Ley 21499 de expropiaciones, ni la Ley 269944 de medidas cautelares judiciales contra el Estado; además de contemplar la posibilidad de que -por acuerdo de partes- se prorrogue la jurisdicción en tribunales extranjeros, para resolver eventuales litigios.

Es decir, se ha legislado la absoluta indefensión del Estado nacional frente a los intereses privados, desconociendo además una herramienta contemplada en la Constitución Nacional como la expropiación. Pensemos además que aun falta reglamentar el oprobioso RIGI.

* Mientras tanto el Congreso nacional -que permanece en Narnia, ajeno a todas éstas cuestiones- se apresta a discutir en Diputados la declaración de la educación como servicio esencial, en lo que constituye una burda reglamentación del derecho de huelga de los docentes hasta suprimirlo, que se da de patadas con los convenios de la OIT firmados por la Argentina. Eso, mientras los docentes universitarios e investigadores comienzan un plan de lucha en defensa de sus licuados (o tronchados por la motosierra de Milei) salarios. 

Todo esto ocurre mientras se siguen conociendo indicadores tenebrosos de la recesión económica (la industria en todos sus bloques profundiza la caída) y de su impacto en el empleo y los salarios; y no hay el meno indicio de la anunciada "recuperación en V". Si no es un plan sistemática de saqueo, entrega, hambre y empobrecimiento, se le parece bastante.

jueves, 4 de julio de 2024

LA PERPLEJIDAD DE LOS IDIOTAS

 

Un autodenominado plan de estabilización resulta ser un ajuste salvaje, que transfiere ingresos de los sectores asalariados y los jubilados a los más concentrados de la economía, provocando una profunda recesión que hace caer el nivel de actividad mientras destruye salarios y puestos de trabajo.

La recesión provoca la caída de la recaudación y compromete el objetivo de alcanzar el equilibrio o superávit fiscal, como una frazada corta que destapa los pies si cubre la cabeza. Los malabares financieros para generar un ancla cambiaria a la inflación (que nos venden como un fenómeno exclusivamente monetario) terminan explotando por la falta de dólares, que retacean los que los tienen que son los que dicen apoyar el experimento: los fondos de inversión, los bancos, los exportadores.

La inversión se desploma por más concesiones y regalos que se prometan al capital, porque el capital es miedoso y -sobre todo- no es zonzo, y no va a enterrar plata en una economía que se cae a pedazos, más allá de manotear algún activo interesante que les resulta barato, o a precio de ganga. 

Se empieza por una devaluación porque "el tipo de cambio real estaba atrasado", y se termina apelando a una tablita cambiaria para intentar contener las presiones devaluatorias realimentadas por la inflación que -en lugar de contener- se llevó a las nubes liberando precios y tarifas. Hasta que un día no queda más remedio que volver a devaluar, todo termina de explotar por los aires y hay que volver a empezar, en medio de los escombros.

Los que alguna vez Alfredo Zaiat llamó brokers de negocios disfrazados de analistas económicos expresan su perplejidad porque las ideas que siempre pregonaron como la única solución para todos los problemas del país no están funcionando en la realidad, y le empiezan a echar la culpa a la realidad, que se les resiste. Y empiezan a desmarcarse del experimento, sobre la base de que en realidad esas ideas se desvirtuaron en su aplicación, o el gobierno no tuvo la decisión de ir a fondo con las políticas de shock, sin gradualismos inconducentes. 

Todo esto sucede pese a que se hace todo lo que el capanga económico de turno dice que hay que hacer para sacar al país adelante y dar certidumbre a los mercados: pagar la deuda, privatizar cosas, achicar el Estado, reducir salarios, entregar recursos naturales, otorgar poderes extraordinarios, despedir empleados públicos, enajenar el patrimonio nacional. Nada calma a los inestables dioses del mercado.

En líneas generales -palabras más, palabras menos- esa es la situación actual de la economía argentina bajo la conducción del Messi de las finanzas, en la presidencia del experto en hacer crecer la economía con o sin dinero, que tenía 30.000 palos verdes en un celular. Cositorto era más digno, o al menos no estafó a tanta gente.

Lo mismo se podría decir -con los matices de cada caso- de los "planes de estabilización" de Martínez de Hoz y Cavallo (con Menem y De La Rúa), y con el más reciente experimento macrista. En todos los casos se formularon las debidas advertencias del caso, que fueron no solo desoídas, sino desacreditadas como casi expresiones de terraplanismo económico, o algo por el estilo. O perseguidas con todo el despliegue del aparato represivo del Estado. 

Y todo estos experimentos -en términos económicos- no terminan explotando por la resistencia social o la oposición política, sino por el fuego amigo: los empresarios apoyan pero remarcan y no invierten, los fondos del exterior les palmean la espalda pero no la traen, el campo aplaude pero se sienta sobre los silos bolsa esperando la devaluación, y los bancos...son los bancos: como hemos comprobado en nuestra historia, es más posible que caiga un presidente, a que quiebre alguno.

La particularidad de éste caso (o lo que lo diferencia de los anteriores experimentos similares) es que más de 14 millones de argentinos lo creyeron viable y lo acompañaron con su voto, pese a todas las advertencias en contrario. Y lo votaron además sobre la idea de quien encarnaba estas viejas ideas era lo nuevo, que venía a terminar con la casta; que -como empiezan a comprobar algunos con asombro- resultaron ser los trabajadores, los jubilados, los científicos, los estudiantes universitarios.

Todo indica que el experimento con seres vivos que ensayan Milei y su pandilla de lunáticos y vividores está más cerca de su fin que de su perduración, y crece la perplejidad entre los que lo creyeron viable, o hicieron como que lo creían, para hacer sus negocios. El tema es que nos va a salir carísima la perplejidad de los idiotas, y la de los vivillos. 

Tuits relacionados:

martes, 6 de abril de 2021

NO NOS DEJEMOS ROBAR LA REBELDÍA

 


El artículo de Álvaro Ruiz en El Destape al cual corresponde la imagen de apertura (completo acá) resulta propicio para reflexionar sobre un aspecto que ha sido puntualizado en otros lugares, y refleja un fenómeno que no es privativo de la Argentina: como las derechas se han adueñado de las "rebeldías" políticas y sociales, trastocando el sentido profundo del debate político.

Es decir, las fuerzas políticas creadas para defender el status quo y los intereses creados en torno a las diferentes formas del privilegio, en sociedades injustas y desiguales, se ofrecen a su vez para ser el vehículo por el cual canalizar las disconformidades -a veces difusas y confusas- que ese mismo status genera, por su carácter excluyente.

El fenómeno no es nuevo: ya lo vimos en Argentina cuando el "partido de los intereses creados" se denominó a sí mismo "Cambiemos", y se apropió de las banderas del cambio, con éxito electoral. Tuvieron que pasar cuatro años de otro experimento neoliberal fracasado -por las mismas exactas razones que fracasaron los anteriores- para que aprendiéramos por las malas que las cosas no eran como ellos las pintaban.  

Sin embargo, la pandemia crea hoy otro contexto favorable para que intenten reincidir en el experimento, para lo cual cuentan además en su plenitud con los medios masivos de comunicación como el principal dispositivo de construcción de sentido social; y manipulación de la indignación ciudadana.

La propagación del virus modifica escenarios e invierte prioridades (al menos debería hacerlo), obligando a jerarquizar algunos valores, en detrimento de otros. Pero como suele pasar frente a estos esquemas diseñados por la derecha para definir los términos del debate o la confrontación política, las fuerzas populares -en especial cuando gobiernan- retroceden o no se deciden a avanzar, autolimitando culposamente su propia legitimidad ganada en las urnas, para ejercer el poder. Al menos esa es la experiencia argentina actual.

A las previsibles resistencias que genera en todo tiempo la tensión entre capitalismo y democracia, y la resistencia cerril de los intereses concentrados a cualquier iniciativa que pueda afectar sus privilegios, se suma el complejo de los que gobierno de que los acusen de avanzar en la implantación de regímenes autoritarios, violatorios de las libertades públicas.

Esto es particularmente notorio en el caso de la administración de la pandemia, y las medidas que deben tomarse para evitar o reducir los contagios; y se pudo ver con claridad en el caso de Formosa: no importan los serios riesgos que se corran si no se toman medidas oportunas y a tiempo, siempre habrá alguien que "cree sentido" para no tomarlas con argumentos especiosos, que sin embargo se terminan imponiendo -en el circuito de la toma de decisiones- sobre lo que dicta el sentido común, los riesgos reales y las cosas trascendentes que están en juego.   

Lo mismo vale para los indicadores sociales, preexistentes a la pandemia, pero empeorados por ésta: apenas se conocieron los alarmantes índices de pobreza en el país, los que la aumentaron exponencialmente durante su reciente mandato se apuraron a cargarlos en la cuenta del actual gobierno, como si ellos no hubieran tenido nada que ver; con la misma soltura con la que se opusieron y se siguen oponiendo al denominado impuesto a las grandes fortunas. Es decir, hay que combatir la pobreza, pero sin ocuparse de sus causas reales, que son -en sociedades injustas y desiguales- los que acumulan demasiada riqueza.

Con la misma soltura se quejan de la inflación, al tiempo que se oponen a cualquier medida que sería necesaria para frenarla, sin apelar a las recetas de la ortodoxia: aumento de retenciones, cupos a la exportación, controles de precios, o similares. Es una permanente trampa de pensamiento mágico en la cual plantean el problema y obstruyen a su vez las soluciones, de la que el gobierno no parece saber como salir, porque se encierra sólo en la aceptación resignada de premisas errónea; que son el discurso y el programa político del adversario al que derrotó en elecciones, y no el propio.

Un ejemplo: poco ayuda Martín Guzmán diciendo que la economía ya no soporta más cierres de actividades, en una definición que parece de política  económica y termina siendo en la práctica de política sanitaria; porque achica sustancialmente el margen de maniobra de lo que, para enfrentar la nueva ola de contagios, puede hacer Carla Vizzotti, además de acelerar el operativo de vacunación.

Cuando en definitivas lo que sucede es que se termina aceptando la extorsión de los dueños del capital que no vacilan en cobrarse -pandemia y contagios mediante - su libra de carne humana, para sostener sus ganancias; a cambio de la promesa vana de sostener empleos (que no necesariamente salarios) pero pidiéndole al mismo tiempo al Estado que no les ponga trabas legales para despedir, con el argumento -falso de toda falsedad, siempre- que de ese modo se facilitará la creación de nuevos empleos.

Eso sin contar con la derrota conceptual que supone negarse a cerrar actividades por razones sanitarias más que obvias, y compensar los efectos de las medidas con asistencia estatal como en su momento fue el IFE; para que cierren las cuentas fiscales en pleno proceso de renegociación con el FMI. Sin reparar en que, sin adoptar las medidas que la emergencia sanitaria impone, se le deja la puerta abierta al "muertismo, que ha sido desde siempre la principal estrategia política y electoral de las derechas; expertas en explotar sensibilidades volcánicas, y malhumores sociales difusos no tanto en sus causas, como en sus destinatarios.

jueves, 14 de enero de 2021

10 CERTEZAS Y 1 DUDA

 


Certeza 1: Lo más poderoso y concentrado del empresariado argentino, nucleado en sellos como la AEA o el Foro de Convergencia Empresarial no solo no está dispuesto a consensuar ninguna política con el gobierno, sino que ha asumido una actitud francamente hostil hacia él: ha cuestionado explícitamente casi todas y cada una de sus medidas, no ensayó la más mínima autocrítica respecto a su respaldo rotundo al macrismo y lejos de ello, sigue reclamando hoy aplicar las políticas que fracasaron rotundamente entonces hoy, y cada vez que se ensayaron.

Certeza 2: Además opera hacia el interior de la coalición oficialista para desprender a Cristina de Alberto -con la anuencia o vista gorda de algunos dentro del propio gobierno-, mediante el recurso de anatemizar como "kirchnerista" cualquier iniciativa o idea que afecta sus intereses, para forzar al presidente a retroceder si la ha tomado, o a desistir de hacerlo si aun no lo ha hecho; o a salir a desmentir que no piensa hacerlo: expropiación de Vicentín, supuesta estatización del sistema de salud, ley de medios, etc.

Certeza 3: el campo privilegiado se encuentra otra vez, como en el 2008, frente a una coyuntura alcista de los commodities que espera capitalizar reteniendo para sí todas las ganancias posibles, en un contexto de dificultades en el comercio mundial por la pandemia, pero que impacta menos en las transacciones de alimentos. Por eso brega por la reducción de retenciones y la eliminación de cualquier regulación a restricción del comercio exterior, con todos los medios a su alcance. Y todos son, literalmente, todos.

Certeza $: ambos sectores precedentemente mencionados (que en realidad son uno) abogan por la más completa y absoluta libertad de precios, y al mismo tiempo por acelerar la devaluación del peso, con la excusa de que la inflación -que generan ellos- carcome su "competitividad" (léase tasa de ganancia). El 2021 será otro año de intentos de tensionar el mercado cambiario, reteniendo divisas y reclamando eliminación o flexibilización de los controles cambiarios, y al movimiento de capitales.

Certeza 5: el FMI "bueno" puede que suavice sus modales, pero sigue siendo siempre el mismo, y le debemos un montón de plata. Es difícil creer que, a la hora de renegociar los vencimientos del mega préstamos que le hicieron a Macri, no insistan con las famosas "reformas estructurales" (¿laboral, previsional, impositiva?) 

Certeza 6: los medios hegemónicos (Clarín, La Nación, Infobae) seguirán en guerra abierta, sistemática y declarada contra el gobierno, disparándole fuego graneado todos los días. Para ello no se detienen ni se detendrán ni siquiera ante la pandemia y sus consecuencias, o el plan de vacunación, en una conducta rayana en lo criminal, y claramente atentatoria contra la salud pública. Son el mascarón de proa visible del poder económico, y cumplen la función de "intelectualidad orgánica" de la oposición, y en función de eso actúan.

Certeza 7: la oposición institucional mayoritaria nucleada en "Juntos por el Cambio" sigue en las mismas coordenadas ideológicas y premisas del 2003 a la fecha, las que antes sostuvieron por su lado y en conjunto la Coalición Cívica, la UCR y el PRO, y las que tradujeron en su gobierno de 2015-2019, del que por cierto no han hecho tampoco la más mínima autocrítica. De la UCR esperamos aun hoy la autocrítica del gobierno de De La Rúa, así que imaginemos el resto.

Certeza 8: se opusieron sistemáticamente a todas las iniciativas del gobierno, y lo seguirán haciendo, como un reflejo automático: días pasados sacaron un comunicado rechazando un "toque de queda" que nadie había dispuesto, y que finalmente nadie terminó disponiendo. Criticaron la vacuna, y la presunta -luego desmentida- decisión de darle una sola dosis a más población, y así todo el tiempo. No hay allí nada siquiera parecido a una "oposición razonable" con la que soñaron el presidente y el gobierno, y en los temas centrales están todos de acuerdo, sin disidencias relevantes. Tampoco hay en consecuencia la más mínima posibilidad de consensuar nada con ellos a menos que -como ocurre con el empresariado más poderoso- se haga exacta y precisamente lo que ellos quieran.   

Certeza 9: El Poder Judicial federal en su conjunto, con la Corte Suprema y los jueces de Comodoro Py a la cabeza, seguirán defendiendo con uñas y dientes sus propios privilegios, los de los sectores más privilegiados, en especial del poder económico; y el mecanismo del "lawfare" con el que disciplinan y amenazan a la clase política en su conjunto, en especial a los que de ella se atrevan a avanzar en determinadas cuestiones. Poseen la llave para validar o no cualquier política gubernamental (desde el impuesto a las grandes fortunas a la revisión de las tarifas) y han dado sobradas muestras de que la utilizarán, sin contemplaciones ni pruritos.

Certeza 10: En las elecciones de éste año se plebiscitará la gestión de gobierno, y el reparto del poder político e institucional para el segundo tramo del mandato de Alberto Fernández. Para que el oficialismo obtenga buenos resultados que lo revalidan y fortalezcan, es crucial que la economía se recupere, que esa recuperación sea sostenida y que se note en los bolsillos de los sectores de ingresos fijos, y en su nivel de vida. Para eso y como lo marcó Cristina en La Plata, hay un solo camino: alinear precios, tarifas, salarios y jubilaciones, para que los dos últimos recuperen aunque sea en parte el poder adquisitivo perdido durante el macrismo y el año pasado.

Duda 1: Son varias, pero en realidad las podemos resumir en una sola: qué pensamos hacer nosotros, desde el gobierno, al respecto, con cada una de esas certezas.

martes, 10 de noviembre de 2020

¿ESTÁ TODO BIEN, O ESTÁ TODO MAL?

 

Advertencia: este no es un post sobre economía, sino sobre política.  Ayer nomás decíamos acá que la derecha enfrenta (acá y en todos lados) el dilema de legitimarse por vía electoral ejecutando políticas que atienden exclusivamente los intereses de los sectores más poderosos de la sociedad, que por definición son minoritarios.

El mismo dilema enfrentamos nosotros, aunque no seamos de derecha: en condiciones de democracia abierta, es necesario revalidar la legitimidad de origen con la de ejercicio, y para eso hay que juntar votos y ganar elecciones; cosa parala cual no suele haber nada mejor que ejecutar políticas públicas que mejoren las condiciones materiales y objetivas de existencia del mayor número posible de personas.

En ese contexto, en breve entraremos en período de efervescencia electoral (que no mermará aunque existiera consenso en suspender las PASO), de cara a unos comicios parlamentarios de medio término que definirán el contexto político en el que el gobierno de Alberto Fernández transitará la segunda parte de su mandato: si fortalecido por un triunfo, o con dificultades mayores porque los resultados no son los esperados. 

La foto de hoy -es una percepción, no tenemos encuestas a la mano- es que el principal activo político del gobierno es la descomposición de la principal oposición, que ha cerrado su discurso y sus prácticas sobre el núcleo duro de sus votantes, mientras enfrenta una cada vez más indisimulable disputa por el liderazgo. No parece estar hoy -reiteramos: hoy- en condiciones de ofrecerse a la sociedad como una alternativa potable.

Pero decíamos también en la entrada anterior comentada que las derechas trabajan sobre las insatisfacciones sociales con un discurso anti-política, y vaya si hay espacio para ambas cosas en un país como el nuestro que viene de cuatro de cinco años (tres de los cuatro de Macri y éste, por la pandemia) con la economía cayendo y destruyendo a su paso actividad, empleos, salarios y consumo, Lograr que la economía se recupere y empiece a dar buenas noticias es entonces para el gobierno un imperativo de primer orden, por razones de estricta necesidad electoral y supervivencia política.

Y en ese sentido una visión optimista de la cosa podría enfatizar que hay renglones o rubros de la actividad que empiezan a reactivarse, que la recaudación hace dos meses que viene creciendo en términos reales y que el gobierno parece -recalcamos: parece- estar controlando la corrida cambiaria, lo cual no es un dato menor: una abrupta devaluación hoy no solo sepultaría toda posibilidad de recuperación de la economía, sino que generaría un ingrediente explosivo para la estabilidad del gobierno en sí.

Que para contener la corrida se haya debido apelar a medidas que en otros contextos no serían del agrado del "paladar negro" del voto propio (como emitir deuda atada al dólar para permitirles salir de sus tenencias en pesos a los fondos de inversión traídos por el macrismo y con capacidad de daño para presionar sobre el dólar), sería un tema menor si se viera que al mismo tiempo se analizan estrategias para recomponer ingresos; pero viendo la parte medio vacía del vaso, hay cosas que preocupan.

Como por ejemplo que horas después de que el Jefe de Gabinete dijera que en la Argentina no hay más lugar para el ajuste, su segunda, Cecilia Todesca, diga que es necesario aumentar las tarifas: el reportaje completo, con otras definiciones más interesantes, acá en La Nación. Porque si hay cosas (precios de la economía) que "tienen" que aumentar, podríamos pensar en varias que vienen antes, como los salarios o las jubilaciones; cuyo índice de movilidad sigue sin ver la luz.

Sobre los salarios, a lo ya dicho sobre el insuficiente aumento del Salario Mínimo Vital y Móvil, recomendamos leer todo esto de Magdalena Rúa en "El Cohete a la luna". Como se señala allí, los salarios llevan años perdiendo contra la inflación y mermando su poder adquisitivo, y de allí provienen el estancamiento y la recesión prolongada de la economía en su conjunto: está apagado o funcionando a bajo régimen de vueltas el principal motor de la demanda agregada, que explica por sí misma el 70 % del funcionamiento de la economía.

Si es verdad como se señala acá en la nota de La Política Online a la que corresponde el tuit de apertura, que el gobierno enfrenta el dilema de hierro de ceder a las presiones devaluatorias o frenarlas aceptando un mayor ajuste de las cuentas públicas (de allí la demora en la definición del índice de ajuste de las prestaciones previsionales, y la cuestión de las tarifas) en el marco del posible acuerdo con el FMI, estaremos en problemas.

Porque nadie desconoce que con una corrida cambiaria en curso, en medio de una pandemia y una prolongada recesión, debe procurarse una mínima estabilización de las variables macroeconómicas. Pero sin una estrategia de recomposición de ingresos de los sectores más vulnerables y de los que dependen en general de ingresos fijos y son los que empujan el consumo, la demanda y la actividad, el panorama a futuro se torna incierto, y no solo en términos estrictamente económicos: nadie (o casi nadie) vota pensando en el superávit fiscal, o el saneamiento de las cuentas públicas, De hecho, esa estrecha visión de los problemas principales del país cosechó el año pasado alrededor del 1 % de los votos.     

jueves, 15 de octubre de 2020

METAMOS UNA MANO

 

Se puede entender -entender, no justificar- que el gobierno no tome ninguna medida contra los que marcha contra la cuarentena que no existe, ni exija el cumplimiento de los protocolos establecidos para las actividades habilitadas, dejando que se escapen los contagios: se requiere un nivel de fortaleza política para ejercer la legítima coerción estatal para hacer cumplir las normas de la que el Estado en todos sus niveles (nación, provincia, municipios) hoy carece; así como tampoco existe un consenso interpartidario y entre los diferentes niveles para avanzar en esa dirección. 

Habrá que cargar entonces con las consecuencias de haber dejado librada la evolución de la pandemia a la responsabilidad individual; a la que tantas veces se ha apelado en vano en estos meses, luego de haber fracasado antes en la apelación a la responsabilidad social. Una derrota cultural, con consecuencias funestas.

Menos comprensible (y justificable) es salir en auxilio financiero del desastroso gobierno radical de Mendoza, que hace semanas planteaba separarse de la Argentina, y alardea cada vez que puede de que desconocerá las medidas restrictivas contenidas en el DNU nacional, aunque la situación sanitaria de la provincia esté al borde del colapso. Como ejemplo para las demás administraciones, es pésimo: se les está indicando que la desobediencia altanera y caprichosa es el mejor camino para recibir ayuda. Ni hablemos del deterioro del concepto de la autoridad del Estado nacional.

Pero antes, durante y después de la pandemia, hay una agenda por fuera de ella, que nunca se termina de abordar: el listado de grandes fugadores de divisas durante el macrismo que elaboró el Banco Central parece haber sido hecho para una investigación del CONICET, y no se tradujo en insumo para ninguna política pública concreta. Los propios bancos -que proporcionaron la plataforma para la fuga masiva- se dieron el lujo de sabotear concienzudamente todos los planes de asistencia financiera del gobierno a los sectores productivos golpeados por la pandemia, y por eso hubo que pasar al ATP; sin que la rebelión les costara nada.

Como tampoco les costó nada a los empresarios como Paolo Rocca y el grupo Techint haber despedido trabajadores en contra del DNU que lo prohibía expresamente, o a las empresas de servicios públicos privatizados seguir mandando facturas con aumentos pese a que otro DNU congela las tarifas, y el presidente prometió ocuparse del asunto.

No hay más noticias de la revisión de los ñoquis VIP enquistados por el macrismo a lo largo y a lo ancho del Estado al despedirse del gobierno, y ya ni siquiera se le ocurre a nadie pedir que Macri o algún funcionario suyo vaya preso, porque bien sabemos que depende de una justicia que siguen controlando ellos; y cuya principal preocupación es defender sus privilegios.

El impuesto a las grandes fortunas tan criticado por tanta gente que no lo tendría que pagar (así como tantos criticaron la expropiación de Vicentín que no los afectaba, hasta lograr que el gobierno desistiera de ella) se ha transformado en un mito urbano, de cuya existencia misma no se puede tener certeza. 

Formadores de precios (en especial en alimentos y rubros esenciales de la canasta familiar) siguen haciendo su agosto sin que la gran mayoría sepa quien está a cargo de la Secretaría de Comercio o si siquiera está cubierta, que suerte tuvo la promocionada ley de góndolas o que otra solución a la inflación de alimentos hay a la vista que no sea deprimir la demanda.

Pero la inacción más preocupante, es la que tiene que ver con la falta de articulación de medidas que recompongan los destrozos del macrismo, en términos distributivos: desde que se conocieron las preocupantes cifras de la pobreza y la indigencia en el primer semestre para acá, se sigue cavilando si pagar o no una cuarta cuota de los10.000 pesos del IFE o si la ayuda se extenderá más allá, el Salario Mínimo se ajustará por debajo de la inflación y en tres cuotas de acá a marzo, el promedio de las paritarias que cerraron está por debajo de la inflación después de cuatro años de retroceso del poder adquisitivo con el macrismo, y sigue pendiente de definición el mecanismo de ajuste de las jubilaciones y la AUH.

Cualquiera de esas cuestiones -elijan ustedes la que más les guste- tiene infinitamente más interés en términos no solo de construir una sociedad más justa e inclusiva, sino de proyección a futuro y supervivencia política del gobierno del "Frente de Todos", que Macri, sus disparates guionados, los eructos comunicacionales de los medios, o las marchas periódicas del psiquiátrico gorila. No nos distraigamos con la comparsa, y prestemos atención a lo que hacen los dueños del corso. 

Con cada retroceso y cada vacilación, con cada tema urgente que no se aborda o se lo hace tarde, mal y como a desgano, se dejan jirones de la legitimidad ganada en las urnas. Y con cada insolencia de los poderosos que se tolera, se dejan nichos intactos de poderes alternos ensoberdecidos, y más decididos que antes a conspirar contra el gobierno: ahí sigue el intento de forzar una devaluación brutal, protagonizado por el bloque devaluatorio, que no liquida las exportaciones sin pagar consecuencias; y el pequeño sector social que tiene excedentes en pesos para volcar a los dólares bursátiles y el "blue", para generar más expectativas de una corrección abrupta del tipo de cambio, de previsibles consecuencias sociales nefastas.

Venimos cobrando (el gobierno, su base electoral, la gran mayoría de los argentinos) duro y parejo; y va siendo tiempo de meter alguna mano, antes del nocaut. Y que no sea un puñetazo en la mesa en un programa de televisión, queriendo dar muestras de reafirmar la autoridad. Todavía se está a tiempo; y no estaría mal tener algo concreto para festejar los 75 años de peronismo el 17 de octubre. Tuit relacionado: 

martes, 6 de octubre de 2020

DEL DICHO AL HECHO...

 

Al gobierno de Alberto le está pasando lo que le pasó a Néstor Kirchner en su momento: le corren el arco todos los días con los "deberes" que tiene que hacer, para "generar confianza en los mercados". En aquel entonces la secuencia era acordar primero un programa de ajuste con el FMI, y luego arreglar con los acreedores privados la deuda en default; hoy se ha invertido: primero se le exigió el cierre con los bonistas, y ahora viene el FMI.

En ambos casos las exigencias se plantean y plantearon como pre-requisitos imprescindibles para sacar la economía del estancamiento y hacerla crecer, y en ambos casos las exigencias vienen con otras adicionales: ajuste del gasto público, reforma laboral flexibilizadora, "señales de precios" a las distintas fracciones del capital para alentar inversiones, aperturas y desregulaciones varias: comercio exterior, sistema financiero, flujo de capitales.

Nunca -ni antes ni ahora- importó que fueran precisamente ese paquete de medidas (generalmente recomendadas por el FMI, o directamente acordadas con él) las que provocaron, una y otra vez, las peores crisis económicas del país; la última de ellas durante el macrismo: los apologistas del paquete neoliberal se levantan del porrazo, miran para todos lados para asegurarse de que no los vieron, se sacuden el polvo y silban bajito un rato, para seguir con la misma cantinela de siempre.

En ese contexto de indulto mediático (y ojalá que no social) a ideas fracasadas cada vez que se pusieron en práctica, acá y en todos lados, no podemos menos que celebrar las palabras de Martín Guzmán rechazando la necesidad de un ajuste tradicional vía recorte del gasto público, así como de una reforma laboral: por extraño que parezca y si uno repasa los medios, lo suyo es contracultural; aun cuando la visión que expone es la que se impuso en las urnas el año pasado.

No pasó aun un año del doloroso ejemplo práctico que demostró el macrismo, del fracaso en serie de las premisas centrales del dogma neoliberal: la inflación es un problema exclusivamente monetario y se resuelve dejando de emitir moneda, hay que resolver el déficit fiscal (en pesos) como principal problema del país y para eso hay que endeudarse (en dólares), hay que generar estímulos a la oferta para atraer inversiones, generando aperturas estas vienen solas aunque no haya demanda que satisfacer, el crecimiento conducido por la oferta derramada en bienestar y redistribución del ingreso; y otras paparruchadas por el estilo. Todas, una tras otra, desmentidas por la realidad y por los datos duros de la economía.

Sin embargo, el ministro y el gobierno que parecen tener todo tan claro en lo conceptual, están muy por detrás de el marco teórico, en los hechos concretos: es tan cierto como que el ajuste del gasto público es contraproducente en medio de una recesión, como que el gobierno no ha reajustado el valor del IFE, y ni siquiera ha definido si habrá una cuarta cuota del mismo, aunque siga la pandemia. O que el proyecto de Presupuesto 2021  remitido al Congreso no brinda pautas sobre el mecanismo que se aplicará para actualizar las jubilaciones, pensiones y asignaciones familiares, que representan la mitad del gasto público total del Estado nacional.

Es tan veraz que el país no necesita una reforma laboral para salir adelante, como que este año los salarios terminarán perdiendo contra la inflación, las paritarias están frizzadas y recién ayer se conoció la demorada convocatoria al Consejo del Salario, para reajustar el Mínimo, Vital y Móvil en una cifra que no ha trascendido, pero nada indica que vaya a ser importante, o permita recomponer ingresos.

En la negociación con los acreedores privados Guzmán trazó un sendero realista de reducción del déficit fiscal para converger en años hacia el equilibrio de las cuentas públicas, haciendo hincapié además en que para lograrlo se deben recomponer los ingresos del Estado, más que reducir sus gastos. Sin embargo, el reciente paquete de medidas anunciadas para seducir a los exportadores a liquidar divisas comprende rebaja o eliminación de retenciones, es decir una reducción de la presión tributaria sobre los sectores con mayor capacidad contributiva.

Aun cuando las medidas lograran el objetivo de aumentar la oferta de dólares genuinos con la que atender -entre otras necesidades- los pagos de la deuda, esa reducción de ingresos del fisco se traduce en un aumento del déficit, o en una reducción de las funciones del Estado, o un poco de ambas cosas. Nadie discute que para crecer, es necesario estimular la oferta de determinados bienes, servicios o sectores industriales, sobre todo si tienen capacidad de generar divisas genuinas. Lo que está borroso, por no decir ausente, son los estímulos al consumo y la demanda agregada, que explican lagran mayoría de un posible crecimiento. 

El gobierno ha tenido hasta acá éxito en financiarse en pesos en el mercado local de capitales, y eso siempre es mejor que tomar deuda en el exterior, en divisas. Pero mejor aun es, si de buscar la solvencia fiscal se trata, hacerlo gravando a los que pueden pagar más; con lo que la prometida reforma tributaria se vuelve una herramienta imprescindible de la política económica a futuro. Tuit relacionado: 

En éste panorama uno se pregunta hasta que punto el gobierno, que parece tener una visión rupturista con el pasado inmediato en lo conceptual de su programa (lo que en definitivas le dio el triunfo electoral del año pasado) está dispuesto a pasar del dicho al hecho, y no quedar entrampado de la misma lógica que le quieren imponer. Vaya como necesario complemento de estas reflexiones el editorial de Roberto Navarro en El Destape que figura abajo, que plantea con crudeza los dilemas que enfrentan Alberto Fernández y el gobierno del "Frente de Todos". Tuit relacionado:

 

jueves, 3 de septiembre de 2020

ES CUESTIÓN DE SUERTE NOMÁS


Aun en plena pandemia y con los números de contagios y muertes en alza, o precisamente por eso, el gobierno da señales de empezar a diseñar la economía "del día después"; también a partir del arreglo con los acreedores externos por el pago de la deuda heredada.

Y aunque más no fuera por un rebote estadístico desde el fondo del pozo de la crisis, la economía empezará a repuntar, el asunto es como, en que dirección y ayudada o conducida por qué medidas diseñadas o ejecutadas desde el mismo gobierno. Eso al menos es lo que entendemos los que pensamos que los gobiernos tienen algo que hacer al respecto.

Después están los chantas cultores del pensamiento mágico (como Pablo Wende en ésta nota de Infobraden), que suponen que todo corresponde al dominio de las fuerzas de la naturaleza, o fuerzas arcanas ocultas: cuando gobiernan los populismos se les alinean los planetas ("hay viento de cola"), y las condiciones objetivas (la suerte, bah) los favorecen para crecer, sin mayor esfuerzo. Incluso esos populismos desperdician esas condiciones favorables con políticas equivocadas, según ese relato.

Y por el contrario cuando gobierna el neoliberalismo (como nos pasásta hace apenas ocho meses con Macri), el viento es de frente, "volvemos al mundo" y ese mundo nos es hostil y nos juega en contra, o peor aun: la culpa la tenemos nosotros, que por un extraño sortilegio no somos capaces como sociedad de ir a su encuentro y aprovecharlo.

En ese mundo mágico no existen las teorías económicas, ni los diseños de políticas públicas, o en todo caso hay una sola teoría "racional" y lógica, y un único set de herramientas de política económica que todos los gobiernos, en todos los tiempos y en todas las latitudes, deben aplicar; sin importar cuáles sean los contextos en los que se deben desenvolver.

La pregunta sería entonces por qué esas políticas -a la inversa de lo esperado- nunca funcionan, y allí las explicaciones ingresan en el terreno de lo bizarro, o se apela siempre a la misma excusa: fallaron los ejecutores, los encargados de implementarlas; sea porque no estaban realmente convencidos de llevarlas a fondo (la falacia del "gradualismo" que pospone reformas estructurales imprescindibles), o porque -oh, sorpresa: la sociedad está viva y se mueve- la aplicación de esas políticas encuentra en un punto resistencias, porque lesiona intereses, recorta derechos, reduce consumos, empeora condiciones objetivas y materiales de existencia.

Si así expuesto el pensamiento económico dominante en nuestros medios de comunicación y por traslación, en el debate público en el país, luce absurdo y casi idiota, es porque lo es. O porque trata de tomarnos por idiotas a todos.

lunes, 10 de agosto de 2020

COMPLETAR EL TRASPASO


Hace hoy exactamente ocho meses, la Argentina tuvo el traspaso del mando presidencial ordenado en términos protocolares que no tuvo en el 2015, pero a diferencia de entonces, el nuevo gobierno recibió una sí que pesada herencia económica, social e institucional; que la pandemia no hizo sino agravar. Y los efectos desastrosos de la pandemia sobre la economía se superpusieron a la devastación macrista, con los resultados conocidos.

El gobierno manejó con criterio hasta donde pudo la crisis sanitaria, pero terminó cediendo a las presiones del poder económico, al contacto venenoso con la oposición "responsable" en lo discursivo pero muy irresponsable en términos estrictamente sanitarios (el "amigo" Horacio) y al cansancio social frente a la cuarentena, en especial en el AMBA. Arbitró mecanismos de compensación social del paráte económico que se podrían señalar como insuficientes, pero sin los cuales se hubiera producido un estallido social, y un colapso aun mayor de la actividad y el empleo: en un balance global, hay que cargarle en su haber eso, junto con las muertes evitadas por el aislamiento temprano, frente al avance implacable del virus.

En medio de eso y con todos los pronósticos agoreros (y operaciones de todo tipo) en contra, cerró el acuerdo por la deuda con los acreedores externos, de un modo que cosechó apoyos incluso en la oposición (salvo alguna que otra excepción) y en el establishment económico. Claro que a la hora de definir como pagar la deuda reestructurada, y con el aporte de cuáles sectores sociales, los senderos se bifurcan: los responsables en todo los planos (político, económico, mediático, exterior) del desastre macrista ya están reclamando a esos fines sacrificios y ajustes, que harán otros, no ellos. 

El bloque opositor se desgrana políticamente entre la fuga de Macri (más por el aburrimiento que lo acompañó en todo lo que hizo, desde las empresas familiares a la presidencia, pasando por Boca y la jefatura de gobierno porteña, que por temores a consecuencias judiciales de sus múltiples fechorías), la progresiva instalación de Larreta como su sucesor (proceso favorecido por el gobierno nacional, de modo conciente o no) y los disparates del "bolsonarismo" en germen: un puñado de dirigente mayormente sin votos ni sentido de la responsabilidad, que corre detrás de las demandas de los sectores más psicóticos de la sociedad, más que ofrecerles un canal de expresión política. 

Sin embargo, la coalición social, económica y mediática que en su momento instó a vertebrar "Cambiemos" y alcanzó el poder institucional para gobernar a través de Macri conserva toda su fortaleza: la pandemia no le hizo -en términos comparativos- más daños que los que le causó el macrismo, y en términos comparativos, muy pocos comparados con los padecimientos del grueso de la sociedad argentina. Cuesta encontrar medidas del gobierno que, en estos ocho meses, hayan lesionado objetivamente sus intereses; lo cual si no bastara para poner de manifiesto ciertas vacilaciones presidenciales, revela en que medida tienen capacidad de bloquear las iniciativas más transformadoras planteadas desde el gobierno o sectores del "Frente de Todos"; como la expropiación de Vicentín, o el impuesto a las grandes fortunas.

Tanto es así que ese bloque tiene además la capacidad de instalar los temas del debate político en el país, o los términos de la discusión sobre cualquier cosa: así logró a través de la AEA que la conducción de la CGT suscribiera su tradicional pliego de demandas, y que la reforma judicial planteada por el gobierno (sean cuales sean sus méritos o posibles resultados concretos) se presente como un simple intento de garantizarle impunidad a Cristina en las causas judiciales en las que la involucraron. Y la pata judicial de ese mismo bloque ya está dando sobradas muestras de estar dispuesta a defender con uñas y dientes los resortes de poder de controla, para seguir con la práctica del "law fare", cuando lo crea necesario.

Por otro lado el frente oficialista se muestra compacto, pero no homogéneo o exento de disidencias, que por ahora y por suerte se procesan al interior. Sin embargo, hay ciertas ansiedades de protagonismo futuro que parecen dificultosas de contener o disimular, como es el caso de Sergio Massa. Cristina sigue siendo la garante de la construcción política oficial, y del rumbo del gobierno; y jugó todo el peso de su volumen político en apoyo a Martín Guzmán para cerrar la negociación de la deuda. Pero es sabido lo que se dice de los garantes: no se puede abusar de ellos, acudiendo a pedirles ayuda a cada rato.

Sin vacuna conocida y probada con éxito, la pandemia no tiene salida a la vista, y con ella  debe persistir alguna forma de cuarentena o restricción de actividades: ya están a la vista los resultados de ciertas flexibilizaciones, no sustentadas en criterios estrictamente epidemiológicos, que hace rato están en segundo plano. En ese aspecto, el AMBA y dentro de él la CABA, marcaron el rumbo, por peso específico en la actividad económica y en la demografía del país, y también por concentración del poder mediático y económico: así creció en los contagios y los diseminó hacia el resto del país, que ha retrocedido en los indicadores desde el mejor momento. Como resolverlo, es una ecuación difícil, que integra varios componentes.

El arreglo de la deuda es condición necesaria pero no suficiente para el despegue: en plena pandemia y con violaciones disimuladas o explícitas de la cuarentena, resurgen las disputas políticas y la puja distributiva; hay pedidos que demandan ser atendidos rápido con todo el peso del poder de los sectores que están detrás de ellos (ya está en danza un aumento de combustibles y tarifas); mientras que otros son puestos en espera, como la reanudación de las paritarias, o la situación de los jubilados. 

Para salir del fondo de la crisis, el Estado tendrá que ser activo, lo que supone discutir como se financiará, descartada la deuda: aunque hay un incipiente proceso de pesificación del financiamiento, por mucho tiempo no tendrá acceso a los mercados de capitales, y los gastos del gobierno son en pesos, no en dólares, pero estos se necesitan para pagar la deuda. La emisión es una alternativa pero, aunque uno no adhiera a los postulados monetaristas, no puede ser la única o la principal. Por ende, no queda otro camino que los impuestos. Y ahí renace la discusión de la puja distributiva, y las correlaciones de fuerzas: cuales impuestos, y quien los paga.

Por otro lado, las relaciones de fuerzas en políticas no son estáticas sino dinámicas, se construyen en el tiempo, y para eso son necesarias medidas que atiendan intereses puntuales y concretos: el tercio psiquiátrico antiperonista de la sociedad argentina expresa en términos electorales un núcleo duro de voto con claros tintes ideológicos, poco permeable a las estrategias de seducción. Y el voto fluctuante -en especial de las clases medias urbanas- se mueve al compás de la situación económica, por lo que es un error dejarse fijar agenda por sus presuntas preferencias en otros asuntos: arreglando la economía, viene por añadidura.

Y al voto propio se lo atiende, gobernando a favor de sus intereses, porque además da la causalidad que, de acuerdo con nuestro particular modelo productivo sustentado en el dinamismo del consumo interno (más allá de ciertos voluntarismos "exportadores"), fortalecer esos intereses con políticas de empleo y salario, tiene la virtud de dinamizar al conjunto de la economía, y eso a la larga o a la corta, redunda en beneficios electorales. Aunque optar por esa vía exija afectar intereses, porque como dicen: en la vida hay que elegir. 

Hay quienes plantean al gobierno de Alberto Fernández como de transición tras el desastre macrista, la cuestión sería entonces de transición hacia donde, o hacia qué. La resolución de la deuda primero, y la pandemia después, pusieron al gobierno en espera, en muchos aspectos; y ello incluso fue subrayado por la comunicación oficial. Resuelto el arreglo de la primera, y sin salida a la vista para la segunda, se acerca el momento en el que el gobierno deberá decidirse a completar el traspaso del mando, y avanzar decididamente hacia el post macrismo, apoyándose en las alianzas sociales consecuentes.

jueves, 25 de junio de 2020

EMPANTANADOS

miércoles, 4 de diciembre de 2019

NI ESO ANDUVO


Desde los tiempos del primer peronismo, una de las críticas recurrentes a su política económica es que, como todo populismo, apuesta todo al consumo para mejorar la situación presente de los sectores que constituyen su base electoral, sacrificando la inversión y las bases sólidas para crecer por mucho tiempo, en forma consistente.  

No importa que el propio Perón haya cambiado la orientación de la política económica en el Segundo Plan Quinquenal en un giro “desarrollista” antes de que el desarrollismo existiera como tendencia política en el país, y apostara a la inversión y el desarrollo de la industria pesada de base. Tampoco importa que los principales emprendimientos y proyectos en esa dirección hayan sido planeados y puestos en ejecución en gobiernos peronistas (incluyendo a los de Néstor y Cristina), porque el gorila, se sabe, es inmune a los libros de historia, o los reescribe a su gusto.

Lo cierto es que el gobierno de Macri llegó bajo esa lectura histórica, y bajo las premisas ideológicas del neoliberalismo “ofertista”, que plantea siempre sacrificar consumo y bienestar presente (de los sectores populares, claro está), para supuestamente sentar las bases de un crecimiento futuro más firme y duradero. Todos conocemos o recordamos ese esquivo fantasma como “teoría del derrame”, y en estos años tuvo otros alias: “bases firmes y duraderas”, “segundo semestre”, “brotes verdes”, y un largo etcétera.

Con ese fin, o al menos con esa justificación, como siempre que gobierna el neoliberalismo, se le conceden al capital nacional y extranjero todo tipo de beneficios, franquicias, exenciones, privilegios o tratamientos preferenciales: otra vez, podemos listar el levantamiento del "cepo", el blanqueo más generoso de la historia argentina, los contratos PPP (“participación pública privada”), el régimen especial para las energéticas y las energías renovables, los tarifazos (“sendero de precios a la industria”), las rebajas de aportes patronales o contribuciones sociales, los acuerdos sectoriales de flexibilización laboral tendientes a forzar salarios a la baja, y precarización de las condiciones de trabajo, las normas contra “la industria del juicio laboral”. En fin, nada nuevo bajo el sol, o que no se haya ensayado antes, con los resultados por todos conocidos, ahora y siempre.

Al cabo de sus cuatro años de mandato, Macri deja el poder con una serie de indicadores económicos y sociales desastrosos, por donde se lo mire, incluso haciendo retroceder al país en aquellas cuestiones que para el neoliberalismo son fetiches, como la inflación o el incremento de la inversión productivo: vemos en ésta nota de Diario Bae a la cual corresponde la imagen de apertura (enlace) que las cifras en ese renglón de su gobierno son también calamitosas: la inversión registró una caída de 4,5% interanual para octubre según Ferreres, y arrastra otra de 11,4% en los primeros 10 meses de 2019.

En septiembre, el Instituto de Trabajo y Economía de la Fundación Germán Abdala (ITE-FGA) midió otro desplome de 10,8% interanual, y señaló que de mantenerse en ese nivel los últimos tres meses del año, la inversión caería en torno al 14% en 2019, dejando un nivel 10% menor al de diciembre de 2015. La semana pasada el Indec informó que las inversiones productivas extranjeras cayeron 37,1% durante el primer semestre del 2019, en comparación con el mismo período del año pasado: US$3.573 contra US$5.680 millones, respectivamente.

El gasto en bienes de capital se encuentra en los niveles más bajos desde la crisis subprime en 2009, la inversión en equipo durable de producción nacional acumula 23 meses de caídas consecutivas, lideradas por la siderurgia y los químicos y plásticos, mientras que el equipo durable de producción importado lleva 17 meses consecutivos de recesión. Las importaciones de bienes de capital están alcanzando niveles mínimos históricos y la actividad de la construcción presenta 13 meses consecutivos de caída, registrando en septiembre un descenso de 8,5% anual. Si la construcción se mantuviese constante en los niveles observados hoy, el gobierno dejaría un nivel 7,5% menor al de 2015”.La inversión representa una porción cada vez menor dentro del PBI. Pasó de 19,6% en 2015 a 16,5% en 2019, según los datos del Indec.

Mayor demostración empírica del absoluto fracaso conceptual y práctico de las ideas neoliberales (dicho esto porque los "libertarios" cuestionan su ejecución, para salvar al modelo), imposible de conseguir, incluso bajo sus propios términos. Y mayor destrucción del entramado productivo provocada por los que venían a "reconvertir las industrias no competitivas" para replicar el modelo australiano, tampoco.

Ni hablar si al asunto se lo analiza desde la perspectiva  de un proyecto de desarrollo integrado con alta densidad del entramado industrial, capaz de diversificar exportaciones y generar divisas: cuatro años de macrismo nos han dejado la mitad de la capacidad instalada ociosa, y un mercado interno (que con el consumo apuntala la inversión, y no al revés, como sostiene el neoliberalismo) destrozado, que urge recomponer. No se entiende donde Macri y su gobierno ven las "bases firmes para el crecimiento" de las que tanto hablan.