LA FRASE

"POR AHORA NO ESTAMOS PIDIENDO AUTORIZACIÓN PARA QUE LA POLICÍA PUEDA USAR LA PICANA Y EL SUBMARINO, ANTES VAMOS A VER COMO FUNCIONAN LAS REFORMAS QUE PLANTEAMOS." (PABLO COCOCCIONI)
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domingo, 10 de septiembre de 2017

¿BENETTON Y LEWIS MANEJAN EL SENADO DE LA NACIÓN?


Tal como leemos acá en La Política Online, el Senado postergó el jueves pasado el tratamiento de la prórroga de la Ley 26.160, que suspendió los desalojos por vía administrativa o judicial contra los pueblos originarios de las tierras que tradicionalmente ocupaban.

En realidad, la prórroga de la ley tenía tratamiento previsto en el Senado para el 27 de éste mes, y lo que el oficialismo (que incluye obviamente a Pichetto) rechazó fue una moción de preferencia de Pino Solanas para adelantar el debate a ese día.

Digresión: un rato después de la captura de pantalla a la que corresponde la imagen de apertura, se ve que alguien les avisó que la Constitución no los denomina "indios", y corrigieron:


Pero volvamos al tema: en noviembre del 2006 el Congreso sancionó la Ley 26.160, cuyo artículo 1 declaró “la emergencia en materia de posesión y propiedad de las tierras que tradicionalmente ocupan las comunidades indígenas originarias del país, cuya personería jurídica haya sido inscripta en el Registro Nacional de Comunidades Indígenas u organismo provincial competente o aquellas preexistentes, por el término de 4 (cuatro) años.

Por el artículo 2 se suspendió durante el plazo de la emergencia declarada “la ejecución de sentencias, actos procesales o administrativos, cuyo objeto sea el desalojo o desocupación de las tierras contempladas en el artículo 1º.”, requiriendo que “La posesión debe ser actual, tradicional, pública y encontrarse fehacientemente acreditada.”.

Antes de que el plazo original se venciera, en diciembre del 2009 fue prorrogado por la Ley 26.554 por cuatro años, y lo mismo sucedió en octubre del 2013 por la Ley 26.894: prorrogó la emergencia y la suspensión de la ejecución de sentencias, actos procesales o administrativos que dispusieran desalojos hasta el 23 de noviembre de éste año, que es cuando se vence.

La vigencia o no de la ley no es ajena a la desaparición forzada de Santiago Maldonado: la escalada represiva contra las protestas del pueblo mapuche en la Patagonia, y la estigmatización de sus reclamos está directamente vinculada a los intereses de grandes terratenientes nacionales y extranjeros (como Lewis y Benetton) que desean desalojarlos de las tierras que ocupan.

Recordemos que el día posterior al operativo en la Pu Lof de Cushamen en el que desapareció Santiago, la Sociedad Rural de Chubut (como si estuviéramos en la década del 20’, en los tiempos de la Patagonia trágica) expresó su beneplácito por el desalojo, y por “la firme decisión de las autoridades de hacer cumplir la ley y defender la propiedad privada”; y que el jefe de gabinete de Patricia Bullrich, Pablo Nocetti, había estado de gira por los medios de la región anunciando que iban a hacer justamente eso; es decir reprimir, incluso encarcelar sin orden judicial.

El Estado argentino con Macri a la cabeza no es neutral en ésta disputa: desconociendo el espíritu que anima a la ley y sus prórrogas, se ha puesto decididamente del lado de los terratenientes nacionales y extranjeros contra los reclamos de los pueblos originarios y no solo en la Patagonia, y con los mapuches.


Y ya que estamos haciendo memoria, no está de más recordar que cuando en noviembre del 2006 se discutió lo que sería la Ley 26.160, tuvo 12 votos en contra, entre ellos los de los entonces diputados del PRO Esteban Bullrich (hoy candidato a senador por la PBA y apologista de la “campaña del desierto”), Federico Pinedo y Pablo Tonelli (el operador de Macri en el Consejo de la Magistratura), tal como pueden ver en el acta adjunta:


Pero hubo más: cuando en el 2009 se votó la primera prórroga de la ley hubo apenas 3 votos en contra (todos de diputados del Movimiento Popular Neuquino), pero numerosas ausencias, entre ellas las de los diputados del PRO.

Y en el 2013 cuando se aprobó la última prórroga, tuvo 191 votos a favor y ninguno en contra, pero también abundaron las ausencias, entre ellas las de 7 de los 11 diputados del PRO, y de muchos de sus aliados en “Cambiemos”, como Oscar Aguad (hoy ministro de Defensa), el diputado radical santacruceño Eduardo Costa, Elisa Carrió, el ex ministro Alfonso Prat Gay, el hoy embajador en España Ramón Puerta (que tiene en Misiones sus propios entuertos contra los pueblos originarios) y Margarita Stolbizer; algo así como una segunda marca del oficialismo.

Entre los ausentes del PRO (como pueden ver en el acta abajo) sobresalen Gladys González (la compañera de fórmula de Esteban Bullrich), la vicepresidenta Gabriela Michetti, el ministro de Trabajo Jorge Triaca, la diputada Cornelia Schmit Liermann (que a raíz del caso Maldonado le pidió al gobierno “tomar medidas para evitar la radicalización de los jóvenes") y repiten (esta vez absteniéndose) Pinedo y Tonelli.

Lo que se dice gente coherente en sus principios; a la que su reputación la precede, dato a tener en cuenta ahora que ofrecen "mejorar" la ley en lugar de solo prorrogarla.



lunes, 20 de febrero de 2012

LA PRÓXIMA QUE SE VIENE


Prepárense para verlo a Morales Solá con vincha, y a Van Der kooy contando que él le hace una ofrenda a la Pachamama todos los días antes de sentarse a escribir su columna; y a ver el seguramente horripilante video de famosos adhiriendo a la cruzada.

A ver entendámonos: no se trata acá de desconocer la secular postergación que sufren en nuestro país los pueblos originarios (que tiene más de 500 años, aunque la nota sugiere que comenzó con el kirchnerismo), ni de mirar para otro lado cuando se los reprime por manifestarse y reclamar por sus derechos. 

Específicamente en el caso de los qom de Formosa nosotros acá en su momento dijimos lo nuestro; y los conceptos son trasladables a todas las situaciones similares.

El punto es otro; y es que desde que los medios que manejan la agenda informativa de los argentinos han entendido que la mejor forma de horadar al gobierno de Cristina (o al menos eso piensan ellos) es correrlo por izquierda han abierto una especie de caja de Pandora, de la que todos los días sacan algo "nuevo" (entiéndase: nuevo para ellos, y para sus lectores, televidentes u oyentes).

Será el tema del ambientalismo o el de la minería, el espionaje político interno o ahora, los reclamos de los pueblos originarios.

Los temas están, existen, son reales, con los matices del caso; matices que sólo se pueden percibir si se los aborda en serio, y no con la lógica mass mediática que apunta a otra cosa, y por ende obtura ex profeso todo debate serio al respecto: el caso de la minería es el más paradigmático de lo que apuntamos, pero no el único.

El punto es el contexto político en que se insertan, que termina sobreponiéndose al tema en sí, en este caso el reclamo de los pueblos originarios.

Francamente ir a la ONU de la mano de Michelli y Alderete (o de una diputada que no se sabe si le interesa el tema, o simplemente está enojada porque la cagaron en las listas y quedó afuera), a decir que no se atienda el reclamo argentino de soberanía por Malvinas (en manos de una potencia que, de respetar a los pueblos originarios, sabe un toco) mientras el Estado argentino mantenga "colonizados" a sus pueblos originarios, es un papelón, un mamarracho, que termina desacreditando la causa que se dice defender.

Se diría que la idea fue sugerida por algún nabo onda Caparrós, que dice pavadas como que -mientras haya un pobre- es obsceno reclamar por las Malvinas, como bien marca acá Gerardo.    

Estamos grandecitos ya para este tipo de pavadas, o para acusar al gobierno de "cooptar" a las comunidades de pueblos originarios creando "indios K", como dice el artículo: cualquiera que conozca algo de las disputas internas entre muchas comunidades de pueblos originarios (sea para elegir sus propias autoridades, o sus representantes ante los organismos estatales con incumbencia en el tema), sabe que para introducir allí la división no es necesario que el Estado meta mano, se las arreglan bien sólos.

Hay muchos factores que concurren a eso, desde divergencias ascentrales entre las diferentes etnias y comunidades, hasta un rápido aprendizaje por los caciques y dirigentes de las comunidades de los peores vicios de la política de los "hombres blancos", por así decirlo.

Pero hay otro elemento en todo esto que no se puede perder de vista: desde el 2003 para acá si hay un signo del proceso político argentino, es la visibilización pública de minorías postergadas, con reclamos desatendidos, o con planteos que -si eran conocidos o visibles- no encontraban hasta entonces el cauce adecuado para plasmarse en realidad, en reivindicaciones logradas y concretas.

Así pasó con los reclamos por memoria, verdad y justicia por los crímenes de la dictadura, por la lucha por una comunicación democrática o por los derechos de las minorias sexuales: los que pudieron concretarse, lo fueron en el kirchnerismo, y por el apoyo del kirchnerismo.

Esta constatación no importa santificar al kirchnerismo o redimirlo de todos sus pecados y defectos (que son muchos) o de las endebleces de su construcción política, donde conviven sectores que expresan y buscan un cambio, con otros que son francamente conservadores y hasta reaccionarios.

Simplemente se trata de entender que, suponer que reclamos como los de los pueblos originarios pueden ser satisfechos asumiendo una postura abiertamente opositora a un gobierno elegido por el 54 % del pueblo argentino, de la mano de grupúsculos y sectas que vienen anunciando la conformación de lo nuevo (la gran herramientas política que hará la revolución) hace más de 20 años, y al calor de los medios hegemónicos que expresan a la verdadera derecha argentina (la que no necesita estructuras partidarias para tener poder), es entender poco del asunto, casi nada se diría. 

Porque defender los derechos de los pueblos originarios es una cosa, y hacer de comparsa indigenista de esta movida trosco-clarinista que corre los límites de lo políticamente bizarro día a día es otra, muy distinta.

La utilización política del indigenismo (no de los reclamos de los pueblos originarios, que son otra cosa) es, por otra parte, algo demasiado viejo ya para sorprender: desde Rousseau y Mariano Moreno para acá, es una práctica que tuvo muchos cultores, y siempre halló a su paso almas sensibles dispuestas a prenderse. 

Pero algo debe pasar en el medio (además de las formas de explotación), porque el indigenismo permanece, y la postergación de los pueblos originarios, también.

Casi como si el primero necesitara de la subsistencia de los segundos, para perdurar.