LA FRASE

"POR AHORA NO ESTAMOS PIDIENDO AUTORIZACIÓN PARA QUE LA POLICÍA PUEDA USAR LA PICANA Y EL SUBMARINO, ANTES VAMOS A VER COMO FUNCIONAN LAS REFORMAS QUE PLANTEAMOS." (PABLO COCOCCIONI)
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viernes, 27 de febrero de 2026

UN PAÍS NORMAL

 

Con apenas horas de diferencia, el CEO de YPF y el presidente de la CAME coincidieron en sus declaraciones: los cierres de empresas con su secuela de despidos y pérdida de fuentes de trabajo que se están sucediendo a lo largo y a lo ancho del país son los costos inevitables que hay que pagar para convertirnos en un país normal. Cosa que al parecer antes requiere tocar fondo en todos los planos: algo así como "cuanto peor, mejor".

Si lo hubiera dicho Myriam Bregman o algún otro dirigente de la izquierda los acusarían de golpistas y les armarían alguna causa judicial, pero como lo dicen corifeos de nuestra autopercibida élite empresarial pasa casi desapercibido, o se toma por válido el argumento; como si tal barbaridad ya no se hubiera dicho antes en nuestra historia, y los resultados no fueran los mismos, siempre que se aplicaron estas mismas políticas que hoy padecemos.

Y hablando de argumentos repetidos: desde 1976 para acá se nos dice que los planes económicos de la derecha (en sus diversas encarnaciones) son sólidos, pero es necesario alcanzar ciertos consensos políticos en torno a ellos para que puedan estabilizarse y lograr los frutos esperados (siempre que nos pongamos de acuerdo en cuales son). El "riesgo" no serían entonces las propias políticas económicas insustentables desde todo punto de vista, sino el "ruido político": las elecciones, las protestas sociales, el sindicalismo. La democracia, en definitiva.

Pues bien, desde ese punto de vista podría decirse que Milei disfruta de su propia pax: revalidó apoyo social en las elecciones de medio término, los respaldos de los grandes sellos empresarios a su gestión (como acaba de pasar con el G6) son explícitos (si no lo hicieran serían ingratos: gobierna para ellos), los medios hegemónicos (justo los que para él no son ensobrados) lo aplauden y replican al pie de la letra el discurso oficial, enfrenta al peor sindicalismo de la historia que dejó pasar la reforma laboral casi sin resistencia, la principal dirigente opositora (y presidenta a su vez del principal partido de oposición) está presa, proscripta y vigilada por la justicia en sus movimientos y declaraciones.

El peronismo está desarticulado y dividido y hasta apareció una fracción con peluca que se suma a la amplia coalición pan-oficialista; que controla con comodidad ambas Cámaras del Congreso y excluyó a la principal fuerza opositora de los cargos directivos y las comisiones; mientras ya están gastando a cuenta de que podrán armar una Corte Suprema a su medida. Y el resto del Poder Perjudicial (como pasa siempre) olfatea el clima de época y los ayuda a él, su hermana y sus funcionarios de zafar de las consecuencias de sus descuidismos varios, que perpetran mientras destrozan y entregan el país, o lo que queda de él.

Buena parte de los rectores de las universidades nacionales (los ligados a la UCR) negociaron bajo cuerda con el gobierno una nueva ley de financiamiento mucho más modesta que la que Milei se niega a cumplir aun mediando orden judicial, el Banco Central compra reservas, el dólar permaneció un buen tiempo más o menos estable y pareciera que todo está andando joya y acorde al plan, pero el riesgo país sigue estando por arriba del nivel que dispararía nuevo endeudamiento, las acciones y los bonos se desploman, y los cierres de empresas y despidos se multiplican, aunque ya hemos visto que esto último -según nos dicen- serían daños colaterales inevitables del éxito del modelo.

Pero sin embargo se mueve: lejos de la aparente calma por los reacomodamientos en la superestructura, el Congreso pintado de distintos tonos de violeta se sustenta en el ausentismo electoral de la mitad del padrón (registro récord desde la vuelta a la democracia), el voto de buena parte de los que concurrieron a las urnas ha sido traicionado en su sentido y los conflictos laborales son tan focalizados (por la crisis de la dirigencia sindical incapaz de conducirlos) como extendidos, porque la realidad "real" empieza a golpear donde más duele: bolsillo, empleo, salarios, inflación, despidos, cierres, recesión.

Y los agredidos por las políticas de Milei y su gobierno (simples ejecutores de una cruel venganza clasista) son como los personajes de la obra de Pirandello, que estaban en busca de un autor: no podemos saber hoy cuando se producirá la reacción, ni cuan extendida será ni -sobre todo- quien acertará a canalizarla y conducirla. Pero de algo podemos estar seguros: si no hay canales de expresión política (lo que explica la abstención electoral) ni sindical o a través de los movimientos sociales (otros desaparecidos en democracia) no significa que no la habrá. 

Nuestra historia es pródiga en ejemplos al respecto -en otros tiempos- de lo que era un país normal; que no es uno donde la mitad no vota, solo el 10 % vive más o menos bien, y se despliega un modelo económico que no tiene respuestas -ni empleo, ni progreso, ni perspectivas de futuro, ni inclusión- para las dos terceras partes de sus habitantes, como mínimo. Tuits relacionados:

viernes, 30 de mayo de 2025

¿CUÁL ES EL LÍMITE?

 

Los jubilados reclaman en vano aumento en sus magros haberes, y la única respuesta del gobierno es desplegar semanalmente un demencial show represivo que se solaza en apalearlos, gasearlos y arrastrarlos de los pelos por las calles. Los científicos denuncian el vaciamiento terminal del sistema nacional de investigación mientras los médicos del hospital Garrahan advierten que uno de los mayores efectores de salud pública del país y modelo de referencia regional está al borde del cierre por asfixia presupuestaria.

El gobierno lanza un insólito comunicado cuestionando la eficacia de las vacunas, que comienza por decir que el ¿ministro? de Salud se reunió con el secretario del área de Donald Trump, como si la nueva "política sanitaria oficial" hubiera sido dictada directamente por el emisario imperial. Las personas discapacitadas, sus familias y los prestadores de servicios que los atienden protestan porque no se les garantiza que puedan seguir recibiendo sus tratamientos.

Se denuncia un plan de espionaje oficial contra opositores políticos y sociales, y contra cualquiera que disienta con las políticas del gobierno, que lanza sus hordas digitales contra aquel que (como Darín) esboce la más mínima crítica. Las universidades nacionales manifiestan que de seguir el recorte presupuestario no podrán seguir funcionando, y el gobierno obstruye cualquier iniciativa legislativa para mejorar su situación.

El gobierno modifica por DNU y sin participación del Congreso la política migratoria con argumentos falaces, ridículos y xenófobos, mientras promueve la progresiva conversión del país en un narcoestado en el que los fondos de origen dudoso puedan circular sin inconvenientes. Caputo sigue endeudando al país en dólares y se acaba de fumar los primeros desembolsos del préstamo del FMI en cuestión de semanas, mientras las reservas del Banco Central se siguen yendo por la canaleta de la fuga de capitales.

Las empresas evalúan endeudarse para pagar el aguinaldo así como las personas y las familias se endeudan para pagar el supermercado o llegar a fin de mes, mientras todos los días leemos sobre despidos, suspensiones y puestos de trabajo en riesgo. El gobierno quiere exhibir logros en la lucha contra la inflación, pero la gente común siente que el sueldo -si lo tiene y lo percibe en forma más o menos regular- no le alcanza para casi nada.

Todos esos hechos -y muchos más que seguramente se escapan al racconto- suceden a diario, se solapan y superponen entre sí casi sin solución de continuidad, frente a una sociedad adormecida que parece haber naturalizado que las cosas son así, y lo seguirán siendo por mucho tiempo. Y no es que no haya protestas -muchas veces invisibilizadas por la prensa del régimen-, sino que todas parecen caer en saco roto frente a un gobierno ciego y sordo, y no alcanzan a coordinarse partiendo de la comprensión de un hecho sencillo y elemental: aunque difieran entre sí, todas son originadas por un mismo modelo político, económico social y cultural, que le ha declarado la guerra al país y al pueblo argentino.

Un ejército de ocupación que llegó a gobernar el país por las urnas para saquearlo y extraerle todos sus recursos, dejándolo sin nada a cambio: obsérvese que el presidente y su gobierno ya ni siquiera prometen paraísos venturosos futuros, limitándose a solazarse por el éxito de su experimento con seres vivos, y soñando con volver a revalidarlo en las urnas. 

Y no hay solución a la vista: mientras se multiplican las protestas sindicales, la CGT dice que no hay clima social para un nuevo paro, y el último que hizo hace semanas pasó desapercibido por completo, en buena medida por el desprestigio de una dirigencia sindical que degradó la significación social de la sigla histórica que agrupaba a las organizaciones sindicales de los trabajadores argentinos, tras años de traiciones, reculadas y complacencias mientras las políticas económicas se llevaban puestos empleos y salarios que sucedieron a los cinco paros generales a Cristina por Ganancias.

Los movimientos sociales, sus protestas, cortes y piquetes son un recuerdo sepia del pasado, domados por el protocolo de Bullrich y la amenaza del carpetazo judicial, justo cuando el hambre golpe a la puerta de millones de argentinos y la asistencia social del Estado sería más necesaria que nunca, pero es escasa y se retacea deliberadamente. El Congreso no mueve el amperímetro y ni siquiera alcanza a ser la caja de resonancia eficaz de los reclamos sociales, paralizado por las disensiones opositoras (allí sigue prevaleciendo escaparle a la mancha venenosa de coincidir con el kirchnerismo antes que enfrentar al régimen libertario) y la complicidad de los opositores que actúan en los hechos como oficialistas.

Y tampoco las elecciones parecen ser la respuesta, para millones de argentinos -cada vez son más- que ni siquiera van a votar, porque no sienten que haciéndolo cambien algo. En este estado de cosas cabe preguntarse si no queda más que resignarse a que las cosas sean así y no se pueden modificar hasta que los argentinos volvamos a elegir presidente dentro de dos años y medio -solo de pensarlo dan escalofríos-, o cuál será el límite que la sociedad argentina juzgue como intolerable de traspasar (resulta difícil imaginarlo, dado lo vivido en éste año y medio), o la chispa que encienda el incendio, si es que la habrá. Porque brasas sobran. 

jueves, 20 de marzo de 2025

CERTEZAS

 

sábado, 15 de marzo de 2025

GANAR LA CALLE

 

En noviembre del año pasado y a propósito de la condena contra Cristina, decíamos en ésta entrada (cuya lectura íntegra nos permitimos recomendar, por ser de estricta actualidad): "Imaginemos por un momento como se las gastaría un poder económico que ha hecho de las instituciones y la república simples herramientas al servicio de sus intereses, si la política decidiera ir más a fondo en otras cuestiones, en las que ciertamente habrá que avanzar algún día si queremos profundizar esto que llamamos democracia, o hacer que el nombre tenga algo del sentido que perdió hace rato.".

"Porque pese a que sostenemos periódicamente el ritual de las elecciones, cada día va perdiendo un poco de su sentido profundo. Este contexto de ininterrumpida degradación institucional y democrática -en el que el vaciamiento y la parálisis del Congreso son uno de los puntales esenciales del régimen- debe iluminar también la hoja de ruta de un futuro gobierno, al menos si es uno que corresponda a la tradición nacional, popular y democrática, o se reivindica como parte de ella.".

"Después del experimento con seres vivos que está asolando a la Argentina hay que volver al gobierno por las urnas -no hay otro modo-, pero no basta con organizar una arquitectura electoral eficiente y esperar que el desgaste del régimen haga el resto: hay que darle ya, desde el llano, otro significado al voto futuro que le vamos a pedir a la ciudadanía. Que no es otro que su sentido real, el que nunca debió perder: cambiar las cosas en serio, para transformar una realidad injusta y lacerante para millones de compatriotas.".

"La propuesta no está exenta de riesgos, claro está, pero se trata de tensionar positivamente a la democracia en busca de su sentido profundo, para detener su progresivo vaciamiento y su prostitución que la está convirtiendo en un significante vacío, desprovisto de sentido, que termina generando engendros como Milei. No podemos seguir jugando a que: a que hay democracia, a que tenemos instituciones, a que rige la Constitución, a que nos preocupan la pobreza o la desigualdad, a que seguimos siendo un país soberano, o con los atributos de tal. Hay que intentar algo distinto y alguien tiene que hacerlo, por nosotros, por el país, por su futuro y el de la inmensa mayoría de sus habitantes.".

Dijimos también en su momento que el atentado contra Cristina (y sobre todo las reacciones posteriores de buena parte del arco político y del sistema judicial) habían dejado claro que no estaba tan extendido y generalizado como pensábamos el consenso democrático respecto a la erradicación de la violencia (incluida la supresión física del adversario). El despliegue represivo actual del gobierno de Milei (un presidente elegido por el voto que no cree en la democracia) para frenar la protesta social contra su gobierno es simplemente la confirmación de que tal suposición sobre la amplitud de ese consenso era errada.

Lo mismo sucede -se nos ocurre- con los presuntos beneficios que se pensó acarrearía a la estabilización de las instituciones democráticas que la derecha argentina se reconvirtiera en clave electoral con eficiencia y en condiciones competitivas. Por esos días podemos comprobar cuan ciertas son las convicciones democráticas y republicanas de esa derecha en sus encarnaciones partidarias, y -sobre todo- en su expresión de poder económico. 

Desde que disputan con chances de ganar las elecciones (inclinando la cancha a través de la colonización de la subjetividad de los electores a través de los dispositivos de construcción de sentido que controlan), solo les interesa que el voto cuente cuando ganan ellos, y sin importar por cuanto. Cuando eso sucede, desaparecen las preocupaciones por limitar al poder o controlarlo, y no hay contrapoderes que valgan, ni los medios o el periodismo, ni mucho menos la justicia: los nuevos valores que hay que garantizar a cualquier precio son la gobernabilidad y, como siempre, los negocios.

Aunque para ello sea necesario reprimir. De allí que cuando se dice que los planes económicos de ajuste no cierran sin represión, no se trata de una consigna vacía o efectista: no se pueden disociar ambas cosas porque la experiencia histórica concreta enseña que siempre van indisolublemente unidas, y desconocerlo es no solo equivocar el análisis, sino falsear la realidad.

Lo que nos lleva al rol político que hoy cumplen las fuerzas de seguridad, parangonable al que tuvieron como actores decisivos las fuerzas armadas en las dictaduras. "El control de la calle" de la calle es para nuestra derecha un asunto de primer orden, porque supone demostrar fortaleza y la capacidad de repeler cualquier desafío contra su poder y sus políticas, y toda transigencia al respecto sería mal vista por los factores del poder económico local y externo, de cuyo apoyo dependen de modo decisivo planes económicos como el actual que son insostenibles a largo plazo; medidos incluso en términos estrictamente capitalistas, no hablemos va de su sustentabilidad política, social o ambiental. 

De allí que la democratización y el efectivo control político sobre las fuerzas de seguridad (una de las principales tareas pendientes de nuestra larga construcción democrática) sea asunto de primera urgencia para el futuro gobierno; tanto como una profunda reorganización de las fuerzas políticas populares, que no puede prescindir de la movilización, hacia su interior y en contacto con la sociedad: si en la calle (y en las rutas, si es necesario) la derecha defiende sus privilegios, es allí donde hay que ir a arrancárselos; sin dejar de usar al mismo tiempo todos los recursos institucionales legítimos de los que se disponga.

No esperar pasivamente a que la sociedad se defienda a sí misma, como las hinchadas salieron en defensa de los jubilados, porque sería el equivalente a esperar que la solidaridad social supla la ausencia del Estado en las catástrofes.

No alcanza -como dijimos antes- con una arquitectura electoral eficiente o seductora, hay que desarrollar una propuesta política y económica viable y consistente. Y ejecutarla requiere de un espesor de consenso social en torno a ella que hoy no existe, y nadie está buscando. No hay tarea más urgente, ni siquiera los reordenamientos partidarios, las alianzas o frentes electorales, y mucho menos las candidaturas a cualquier cargo.

jueves, 13 de marzo de 2025

FUERZAS DEL ORDEN

 

domingo, 2 de febrero de 2025

PARA QUE REINE EN EL PUEBLO EL AMOR Y LA IGUALDAD

Tal como lo indicaba en los días previos, la marcha anti-fascista disparada por los exabruptos de Milei en el foro de Davos fue contundente, masiva y plural: desde las movilizaciones en defensa de la universidad pública que no se veía una expresión de rechazo al gobierno de tanta magnitud.

La referencia no es casual: ambas comenzaron siendo (y fueron esencialmente) expresiones de repudio y resistencia de la sociedad civil y de sus organizaciones. Lo que alguien llamó alguna vez "las organizaciones libres del pueblo".

Con acompañamiento de la política, como debe ser: en la semana se decía que ésta debía ponerse al costado porque era el momento del protagonismo de la sociedad civil, de mirar a los costados (a nuestros congéneres de a pie) y no tanto hacia arriba, a la dirigencia política, sindical o social.

Sin ser del todo incorrecta -en nuestra opinión- la idea, acaso la gravedad de la hora exija de la conjunción de ambas cosas: menos "o" y más "y", porque no sobra ninguna voluntad para sumarla a la lucha contra el experimento de crueldad sobre seres vivos que se intenta llevar a cabo en el país.

Decíamos nosotros hace poco en esta entrada: "...hay que dar todas las luchas que sean necesarias, en todos los frentes y sumarse a las que den todos los que enfrenten a este experimento de crueldad social. ". Acompañar, contener, encabezar, protagonizar las protestas, movilizaciones y reclamos sociales: todos los verbos sirven.

Si la sociedad exige avanzar hacia formas mayores de justicia, inclusión y diversidad, habrá que acompañar, y si parte de ella (incluso una no menor) responde a los cantos de sirena del discurso oficial y acompaña propuestas de exclusión, discriminación y desigualdad, habrá que ponerse en contra y explicar por qué, que de eso se trata la política: la combinación precisa entre conducir, inspirar e interpretar. 

Como ayer, habrá que estar donde haga falta estar para defender derechos amenazados, porque haciéndolo también estaremos reivindicando nuestros gobiernos, que los reconocieron. Como pasó con la defensa de la universidad gratuita, la educación pública o las políticas de memoria, verdad y justicia.

Sin reclamar paternidades pero con el enorme mérito de haberles puesto el peso de la política y el Estado a todas esas legítimas luchas sociales para que coronaran en logros que hoy se ven amenazados por la ofensiva de la derecha en el poder.

Y no se trata de poner una agenda por encima de la otra, o excluir a una para poder seguir la otra: hay que defender los derechos de los colectivos que ayer gestaron la movilización, tanto como los derechos de los trabajadores o el sistema jubilatorio público, universal y de reparto, logros todos que ya son patrimonio común de la sociedad argentina; mal que les pese a muchos, en especial al gobierno. 

Comprendiendo y haciendo comprender que de este presente de oprobio solo nos han de sacar la unidad, la solidaridad y la organización, y que el día que cada uno se movilice por lo que le toca a él pero también por lo que le toca al otro aunque a él no lo afecte directamente ("La Patria es el otro", dijo alguien) sin especulaciones ni cálculos electoralista, el régimen tendrá los días contados.

Tuits relacionados:

Tuit recontrarelacionado: 

domingo, 26 de mayo de 2024

VEINTICINCOS

 

Aquel 25 de mayo hace 21 años el país empezaba a encontrar la salida de una de las crisis más grandes de su historia, de la mano de un tipo hasta hace poco desconocido para muchos, pero que supo resumir las esperanzas de un pueblo golpeado, y empezar a cumplirlas. No había sido el más votado y le negaron el balotaje tirándole el país en llamas por cabeza, pero lejos de tomarlo como una debilidad, lo asumió como un desafío.

Solo había prometido en campaña construir un país normal, y el día de su asunción, no dejar sus convicciones en la puerta de entrada de la Casa Rosada, y vaya si cumplió, desde el primero hasta el último día de su gobierno, del que se fue siendo más popular que cuando había llegado, por una sencilla razón: les había mejorado la vida a millones de personas.

Un tipo que demostró estar a la altura de las circunstancias y nunca se envaneció de su rol ni se creyó un líder mesiánico: decía que él y los que integraban su gobierno eran simples pasantes de la historia, hombres comunes cumpliendo circunstancialmente responsabilidades especiales e importantes. 

Repudió la represión de la protesta social y nunca la ejerció cuando le tocó afrontar conflictos, porque pensaba que había que ir a sus causas, en lugar de concentrarse en sus efectos, y comprendió que la gente no cortaba rutas ni calles por deporte ni por falta de algo mejor para hacer. A los dos días de haber asumido como presidente, estaba viajando a Entre Ríos para resolver una prolongada huelga docente, del único modo que correspondía: resolviendo los reclamos.

Combatió la idea extendida por entonces (y aun hoy) en la política argentina de mostrarse fuerte con los débiles y débil con los fuertes, para mostrar autoridad; y no prometió una revolución, pero generó el inicio del proceso que produjo los cambios más profundos a favor del pueblo argentino, en estos 40 años de democracia.

Por todo eso -y muchas cosas más- se ganó un lugar en la historia, que no se lo podrán sacar, a menos que la reescriban, como acostumbran hacer.   


Este 25 de mayo, el de ayer, encuentra al país sumido en una profunda crisis, cuya magnitud -todo lo indica- se profundizará si seguimos por el rumbo que llevamos,  y estamos en manos del tipo que la produjo, agravando todos los problemas existentes sin resolver ni uno solo, y creando muchos otros.

Que llegó elegido por millones de votos en un balotaje en el que aglutinó sus propios votos -los de los que vieron en él el canal para expresar su insatisfacción con los resultados de la democracia-, y los de los que coinciden con ellos en un punto esencial: dar por concluido el ciclo iniciado aquel 25 de mayo del 2003, y si nos vamos más atrás, el 17 de octubre de 1945.

Un tipo que -a su modo- supo concitar esperanzas, pero sobre todo, resentimientos, odios y frustraciones, tanto que hizo campaña con una motosierra, y se lo festejaban: lo votaron esperando que la usara, pero contra otros. Alguien que también tiene -claro está- sus convicciones, pero si no le sirven (como Groucho Marx), enseguida encuentra otras. O que si las sostiene, más que convicciones son alucinaciones teóricas sin anclaje en el mundo real, u obsesiones enfermizas. 

Que eligió desde el primer día de su gobierno como sus enemigos y blancos principales del despliegue del aparato represivo estatal, o todo el que represente cualquier forma de organización social para defender derechos, o reclamarlos; a los que anatemizó como el principal problema el país junto con lo que denominó "la casta". Gasesoa denominación que no incluye -por ejemplo- al que huyó como rata de aquel balotaje del 2003, que homenajeó como prócer colocando su busto en la Casa Rosada, ni a muchos de los mismos protagonistas del desastre concluido en el 2001, pero iniciado en los 90', que son funcionarios de su gobierno.

Un león hervíboro, que saca pecho en las redes sociales pero se rodea de policías y militares para andar por la calle; y ha hecho más viajes al extranjero que al interior del país que gobierna (ni hablemos si hay un conflicto, o desastres naturales), desde que es presidente. Un león que nunca hinca sus dientes en los poderosos de verdad, cuyos intereses concretos sirve con esmero y dedicación; tanto que está empeñado en entregarles el país llave en mano, de un modo que nunca lo podamos recuperar para el conjunto de los argentinos.

Que está convencido de ser un enviado de las fuerzas del cielo para cumplir una misión salvífica combatiendo a los espíritus del mal y cosas así; y que en los pocos (largos) meses que lleva en el gobierno, se ha ganado con creces un lugar en antología del ridículo, como pocas veces se ha visto en alguien que se calzara el traje de presidente. Que le queda grande por todos lados. 

viernes, 10 de mayo de 2024

NOS SOBRAN LOS MOTIVOS

La CGT decretó el paro general de ayer con más de un mes e anticipación, muy posiblemente siguiendo aquella máxima de Vandor de "golpear primero para negociar después". Pero en todo ese tiempo no encontró interlocución en un gobierno que no solo no entiende sino que odia al mundo del trabajo y más si es formal y sindicalizado, tanto como odia a los pobres y las organizaciones sociales.

De hecho es muy posible que hoy, el día después del masivo y contundente paro, el gobierno ensaye alguna explicación imbécil del tipo "el principio de revelación" o algo por el estilo: un paro contundente demostraría -en la inverosímil lógica presidencial- que la casta defiende con saña sus privilegios y por ende les daría la razón, del mismo modo que un paro con menos acatamiento también les daría la razón, demostrando la falta de representatividad de la dirigencia de la CGT.

Como sea y para no perder el tiempo en disputas estériles con gente que razona de ese modo (que es lo mismo que no razonar), cabe consignar que en cinco meses de gobierno Javier Milei acumula dos paros generales rotundos contra su gobierno y sus políticas, decididos por la dirigencia de la CGT más complaciente y cuestionada de la historia: hay ahí un dato duro de la realidad que algo está queriendo decir, a un gobierno que no lo quiere escuchar.

Un gobierno que es tan sordo y ciego al clamor de la realidad que explota cotidianamente por fuera de sus ensoñaciones donde los salarios le ganan a la inflación, que salió a decir que no comprende cuáles son las razones del paro -en un sentido eso es cierto: no las comprenden- o que éste carece de ellas, cuando en realidad sobran los motivos para parar el país, que es el modo más contundente de intentar parar las políticas de desastre de Milei. Tanto, que otra vez el paro de la CGT (como el de enero) catalizó detrás suyo toda la oposición social al modelo imperante.

Y el paro no agota las protestas, del mismo modo que lo hay que preguntarse no es por qué se para, sino porque no se para más, y por más tiempo; con los indicadores reales de la economía (producción, nivel de actividad, ventas, recaudación impositiva, salarios, empleo) cayéndose a pedazos en una recesión ya instalada, que marcha cómodamente hacia un profunda depresión. Tan profunda como el aislamiento de Milei de la realidad.

Hoy mismo por ejemplo marcharán al Congreso las Pymes en protesta por el régimen de incentivo a las grandes inversiones contenido en la ley bases, de modo tardío, porque el que Cristina denominó con acierto "nuevo estatuto legal del coloniaje" ya atravesó con éxito y amplia mayoría la Cámara de Diputados. 

Una vez más, como en buena parte de nuestra historia, la cuestionada -y con razón- dirigencia sindical que representa a los trabajadores, vio con claridad los riesgos que entrañan las políticas de Milei, antes que una dirigencia empresaria -incluida la de la propia UIA- que se dejó seducir por la reforma laboral, sin advertir que las cuchillas del gobierno se afilaban también para ellos.

Del mismo modo que pasó con el paro de enero (que precipitó el rechazo del mega DNU en el Senado), el paro de ayer debe inscribirse en un contexto más amplio de enfrentamiento decidido al avance libertario, y debería proveer la plataforma social para una masiva movilización al Congreso para presionar a los senadores y que no le dan sanción definitiva al oprobio de la ley bases: a un gobierno que avanza sin contemplaciones y se jacta de no retroceder, hay que redoblarle la apuesta, hasta que entienda.    

O que aprenda la lección de que la historia argentina no empezó cuando ellos llegaron, enancados en la insatisfacción democrática de vastos sectores de la sociedad con las opciones tradicionales, y que hay muchos argentinos dispuestos a defender lo que les llevó décadas conquistar, y no resignarlo sin dar pelea.

miércoles, 24 de abril de 2024

Y AL QUE NO LE GUSTA, SE JODE

 

Multitudinaria, gigantesca, colosal. Transversal, federal, de una punta a la otra del país. Heterógenea, plural, participativa y sin aparateadas. Demostrativa de que que no todo está perdido, que hay voluntad de lucha, y mientras la haya futuro y hay esperanza. Solo se trata de canalizarla, o de sumarse a ella con humildad.

También demostrativa de que no es cierto que los pibes están todos en la boludez, que marchar y poner el cuerpo en la calle en defensa de lo que se cree correcto no es una pérdida de tiempo, y que la sociedad argentina no va a aceptar mansamente que la despojen de sus derechos ni de sus conquistas.

Todo eso -y más- fue la marcha de ayer en todo el país en defensa de la universidad y la educación pública frente a la motosierra criminal de Milei. Un soplo de esperanza en un presente de agobio cotidiano.

Un hito más en un largo camino que ha de seguir con los actos del Día del Trabajador y con el paro general convocado por la CGT para el 9 de mayo; y con todas las movilizaciones que haya que hacer en defensa de los derechos amenazados o vulnerados por el plan económico de un gobierno nefasto, que le ha declarado la guerra a la mayoría del pueblo argentino. 

Gobierno cuyo presidente -en creciente proceso de pérdida de contacto con la realidad- creyó en su soberbia que con la insólita y bizarra cadena nacional del día previo desinflaría la convocatoria, y no hizo más que fortalecerla y multiplicarla.

Que fue sorprendido por el crecimiento de la convocatoria y solo acertó a intentar deslegitimarla por todos los medios, sin éxito. En realidad no por todos: lo que nunca se puede esperar de éste gobierno es que desactive la protesta social, resolviendo los problemas que la generan, y él mismo creó.

Por eso poco importan sus argumentos para deslegitimar éste y cualquier otro reclamo, porque donde haya una necesidad y ya no exista un derecho (porque se lo vulnera, amenaza o desconoce), deberá haber una reacción de la sociedad. Con sus dirigentes a la cabeza, o con el otro modo que todos sabemos.

Porque la extraordinaria respuesta de ayer del pueblo argentino -o por lo menos de la parte de él que no se resigna a ser la gallina desplumada que no grita- es también un llamado de atención a esa dirigencia dormida, especuladora o directamente cobarde; y a las instituciones formales que no atinan a dar respuesta a la angustia y los reclamos populares. 

Para que se pongan de una buena vez a la altura de las circunstancias, o se corran a un costado y dejen que otros tomen la posta. Tuits relacionados:

jueves, 25 de enero de 2024

EL PALACIO Y LA CALLE

 

En la madrugada del día del paro general de la CGT el gobierno logró en Diputados dictamen favorable para el proyecto de "ley ómnibus", con la imprescindible ayuda de la oposición "dialoguista" (en especial la UCR, los cordobeses y lo que quedó del bloque de Pichetto) y la borocoteada de los peronistas tucumanos que responden al gobernador Jaldo.

Los oficialistas confesos y culposos firmaron -literalmente, no es una metáfora- un dictamen en blanco, cuyo texto solo se conocería horas después, e incluso con contenidos distintos según quien lo tuviera: una guasada solo comparable a la del "diputrucho" que en los 90' habilitó la ley de privatización de Gas del Estado. Groserías institucionales y remate a precio vil de los bienes públicos, asuntos que van siempre de la mano.

El paro se hizo sentir en la actividad, pero más aun en las calles, que es donde los argentinos nos hacemos oír para defender nuestros derechos en 1810, en 1945 o en el 2001. Una lección que los nenes caprichosos que nos gobiernan por encargo de otros caprichosos mucho más poderosos de ellos deberán aprender, por las buenas o por las malas; por más protocolos absurdos con los que quieran encapsular la protesta social, o legislación represiva que ensayen para criminalizarla.

Las organizaciones sociales, en especial los sindicatos y las centrales del movimiento obrero organizado, han tomado la delantera en la oposición al avance privatizador y ajustador del gobierno, y es de esperar que de inmediato la política se ponga a la altura, en especial aquella que ostenta representaciones institucionales. 

Hasta acá los gobernadores (con honrosas excepciones como Kicillof) y los partidos políticos y han dejado mucho que desear al respecto, y la crisis también impactará allí, promoviendo acaso nuevos liderazgos, y acotando otros o partiendo aguas: en breve, quedará claro que lo único irracional frente a éste gobierno es apoyarlo, no oponérsele.

El mismo día del paro y horas después de que terminara la movilización, se supo que el gobierno pospuso para la semana que viene el tratamiento de la ley en Diputados: para los que sostienen que movilizarse y luchar no sirve de nada o no cambia las cosas, por lo menos un dato para repensarlo.

Es cierto que el gobierno poco se ayuda con extorsiones a cielo abierto como la de Caputo a los gobernadores, tanto como que los planes de gobierno -y la ley ómnibus lo es, y más que eso, un plan de negocios- se imponen o fracasan según el clima social y el contexto les sean o no propicios.

Pues bien, de eso se trata esto, acá y ahora: de seguir incrementando la presión social que ayer encontró una válvula de escape en el paro de la CGT, para impedir la aprobación de la ley, tumbar el DNU y marcarle un límite al avance de la derecha económica, viabilizado por sus gestores políticos.   

Como dijo alguien alguna vez, "cuando la patria está en peligro, todo está permitido, excepto no defenderla".

martes, 23 de enero de 2024

DE A UNO NOS COCINAN

 

Hay un error de enfoque muy extendido en el posicionamiento opositor frente a la ofensiva del gobierno de Milei a través del DNU y la ley ómnibus: suponer que se los puede juzgar -y en consecuencia tratar- como cualquier otro proyecto emanado de un gobierno democrático en los últimos cuarenta años, y entrar en el análisis pormenorizado artículo por artículo, como si se pudiera encontrar alguno rescatable, o hubiese algunos más horribles o dañinos que otros.

Cuando en realidad estamos ante el gobierno menos democrático (en el discurso y en la acción) y más autoritario de todos cuantos fueron electos desde 1983 (lo que incluye al de Macri, que no es poco decir), y que intenta ejecutar un plan integral de saqueo del país, y de cercenamiento sistemático de los derechos de la mayoría de su población; para hacernos retroceder a los tiempos de la colonia, o convertirnos en una factoría de intereses extranjeros, con un modelo económico de plantación.

De ello se deriva que cada uno (los legisladores opositores en el Congreso, el sindicalismo, los gobernadores, los inquilinos, los científicos, el mundo de la cultura, los ambientalistas) va por la suya planteando sus reivindicaciones -en su mayoría legítimas-, sin entender que su suerte está inexorablemente atada a la del conjunto social.

Y no es cuestión de ponerse a discutir que cosas son prioritarias para defender y cuáles no, aunque ciertamente unas lo sean más que otras, y cada uno pueda hacer su propio orden al respecto; sino simplemente de intentar caracterizar correctamente a que nos estamos enfrentando, y en consecuencia cual sea la estrategia más eficaz para ponerle freno antes de que sea tarde.

De éste error de enfoque -y de no poca dosis de cobardía política- surgen hechos como que hoy se esté hablando más del aumento de las retenciones a los exportadores, que del hachazo a las jubilaciones, la mutilación de la legislación laboral o el remate de las empresas públicas. 

La voracidad insaciable del "círculo rojo" del poder económico los ha puesto a Milei y a su gobierno en la arriesgada estrategia de jugarse un pleno en el casino apostando a que el DNU y la ley salgan sin cambios tal y como fueron pensados, o haciendo cambios cosméticos que no afecten su esencia, y sin un "Plan B" si eso falla. 

Si la apuesta sale mal, a la crisis económica y social ya en marcha se le agregaría una crisis institucional, cuya responsabilidad quieren descargar en los hombros de la oposición extorsionándola para que apoye las reformas, cuando los culpables serán exclusivamente ellos, por plantear de modo autoritario en una sociedad (o al menos sus núcleos más activos) acostumbrada a movilizarse en defensa de sus derechos 

Del otro lado no se ha acertado aun en una estrategia única de oposición a la ofensiva de la derecha, y acaso el paro de la CGT podría ser el disparador de ella: todo aquel que tenga un motivo para protestar y oponerse al DNU y la ley ómnibus debería no solo adherir a la medida, sino poner el cuerpo en la calle en las movilizaciones para visibilizar su reclamo; sin importar su filiación política, a quien haya votado en las últimas elecciones, o cual sea su opinión sobre el sindicalismo y los paros en general, o sobre la dirigencia de la central obrera en particular.

De lo contrario estaremos todos discutiendo por la mirilla de la cerradura de nuestra preocupación particular si el Estado debe financiar la cultura o la investigación científica, el sistema jubilatorio, la propiedad de las empresas públicas o la legislación laboral como si fueran asuntos separados, y no blancos identificados en conjunto para ser destruidos, en el marco de una misma ofensiva.

O dicho de otro, si salimos (y protestamos, y cuestionamos, y pedimos cambios en las reformas) de a uno en función del propio interés particular amenazado, nos va a pasar lo que les pasa a las hormigas cuando salen en fila del hormiguero, y alguien las espera afuera con la pava de agua caliente: nos van a cocinar. 

sábado, 16 de septiembre de 2023

¿AVANZA LA LIBERTAD O LA IMPUNIDAD?

 

Leíamos en la semana en ésta nota de La Nación que Patricia Bullrich envió una carta a los miembros de las Fuerzas Armadas en la que -entre otras cosas- promete "una solución justa" para los condenados en causas por delitos de lesa humanidad cometidos durante la dictadura.

Entre sus párrafos más sobresalientes podemos leer: "Compartimos desde hace mucho tiempo una misma vocación que es la grandeza de nuestra Patria y el orden en nuestro querido país”, se lee al comienzo de la misiva. Cualquiera podría repetir estas palabras, pero en el caso de ustedes y en el mío propio ya fueron probadas en la fragua de la vida y en el cumplimiento del deber en la función pública y el servicio a la comunidad. Porque después de todo eso es lo probidad, el valor probado en la conducta de quién lo sostiene”, remarca Bullrich.".

"Todos son conscientes de mi defensa del orden frente al caos y de los efectivos de las Fuerzas de Seguridad contra los embates de los falsificadores de derechos humanos cuando fui ministra de Seguridad de la Nación”, dice el texto en el cual la candidata de JxC remarca: “Hablamos un mismo idioma”.". 

Lo primero que uno podría preguntarse es por qué Bullrich dirige una carta por ese tema a los actuales integrantes de las fuerzas armadas, la mayoría de los cuáles no participaron personalmente en la represión ilegal de la dictadura, ni están involucrados en causas judiciales por violaciones a los derechos humanos cometidas en ése contexto. Se podrá decir que en el caso de los militares hay lazos de afinidad ideológica y hasta familiar entre el personal en actividad, los retirados y los sometidos a procesos o condenados en ellos.

Sin embargo eso no basta para explicar el sentido de la carta de Bullrich, que más bien hay que buscarlo en sus propios términos: Bullrich les está diciendo que los necesita de su lado para imponer el orden, y cuenta con ellos porque les ha demostrado que no los abandona. En rigor, lo dijo textualmente en el caso de los policías de gatillo fácil como Chocobar, o de los gendarmes implicados en el caso Maldonado, a los que prometió "no tirar por la ventana", y cumplió.

Es el mismo mensaje -nefasto- que transmite acá Pullaro cuando dijo que había gente que iba a tener que pedirles disculpas a los policías juzgados por la desaparición y muerte de Franco Casco: los tipos se ofrecen como abogados de todo el que porte un uniforme y un arma provistos por el Estado (poco importan sus funciones o el color del uniforme), a cambio de que cuando los necesiten, puedan contar con ellos.

De allí que no sorprenda que estén planteando involucrar a las FFAA en la seguridad interior, o dando señales claras de consentir (si no propiciar) la violencia institucional para garantizar un supuesto orden, aun al precio de retroceder en una de las conquistas morales y jurídicas más importantes de nuestra democracia y por la cual es reconocida en el mundo, como fue el juzgamiento de los responsables de los crímenes de la dictadura.    

Lo que nos están diciendo -en todos los idiomas y por todos los medios posibles- tanto ellos como Milei es que se viene un tiempo de palos y represión, y no precisamente para los que delinquen, sino para los que protesten, o salgan a defender sus derechos. O sea que se viene un tiempo en que habrá motivos para protestar, o derechos que estarán en riesgo.

Que es precisamente lo que decíamos hace unos días en ésta entrada, a propósito del acto apologista de la dictadura (porque decirle negacionista es faltar a la verdad, y bajarle el precio) de Victoria Villarruel, la cantidata a vice de "La Libertad Avanza": "Ellos (Milei, Villarruel, los negacionistas y apologistas de la dictadura) van más allá de postular el olvido o la "memoria completa": van por la reivindicación de la dictadura, sus métodos y sus resultados, y no es casual: nos están diciendo que llegado el caso y si lo creyeran necesario, lo volverían a hacer.

Y es allí cuando la cuestión se vuelve de acuciante actualidad política y social, y se mete en el corazón de la disputa política y electoral. Porque en el fenómeno Milei -como en la dictadura del 76'- la visión ideológica, el modelo político, los límites que están dispuestos a traspasar y el proyecto económico son una sola y misma cosa, en la que todos los primeros son funcionales a la implementación del último.".