LA FRASE

"POR AHORA NO ESTAMOS PIDIENDO AUTORIZACIÓN PARA QUE LA POLICÍA PUEDA USAR LA PICANA Y EL SUBMARINO, ANTES VAMOS A VER COMO FUNCIONAN LAS REFORMAS QUE PLANTEAMOS." (PABLO COCOCCIONI)
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martes, 19 de noviembre de 2024

AGENDA 1030

 

Perón decía que la verdadera política era la política exterior, y de un extraño modo, Milei parece darle la razón: desde que asumió el gobierno está proyectando a escala planetaria en los diferentes foros internacionales, las idioteces que configuran su discurso político y su pensamiento, si es que se lo puede llamar así.

Sin que digan nada los que otrora protestaban por la presunta partidización de la Cancillería en manos de la Cámpora en manos de Cristina, el presidente ha emprendido una cruzada contra lo que él llama "globalismo", que no serían otra cosa que los organismos multilaterales de los que el país es parte, y la Agenda 2030 de la ONU, un conjunto de objetivos y buenas intenciones que reemplazaron a la agenda del milenio, como metas deseables de la comunidad internacional. 

Disgresión: tampoco ninguno de ellos se ha pronunciado hasta acá sobre el propósito públicamente explícito del gobierno de hacer purgas ideológicas entre el personal del servicio diplomático, para garantizar que nadie adopte "agendas enemigas", en la guerra contra enemigos invisibles en la que -al parecer- Milei embarcó al país; con un oscurantismo digno de los tiempos medievales. 

Volvemos: una vez decidido ese rumbo de deriva, todo lo que se puede esperar de la política exterior del gobierno que padecemos son papelones, y en eso han superado las expectativas: en 11 meses de gestión Milei el país ha abandonado los reclamos por Malvinas, ha respaldado el bloqueo a Cuba en soledad junto a Estados Unidos e Israel (nuestra delegación votó en contra, pero eso le costó el puesto a Mondino), ha retirado la delegación de la cumbre de cambio climático, y ha votado en contra de las políticas compensatorias de género y de la prevención de la violencia contra mujeres y niñas, y del reconocimiento de los derechos de los pueblos originarios, exabruptos en los que quedó en soledad mundial, violando además un claro mandato constitucional; como lo hizo con el reclamo de Malvinas.

Si la intención de Milei con esas decisiones es plantar bandera y dejar sentada una postura ideológica, lo ha conseguido: hoy la Argentina está quedando crecientemente aislada del mundo y empieza a ser identificada como un enclave de ideas estrafalarias, atrasadas e impracticables, tal como nuestro gobierno las plantea. La agenda del 1030, o algo por el estilo.

Pero no se trata simplemente de una disputa teórica, sin mayores alcances prácticos: de la mano de la extravagante política exterior de Milei hemos roto una tradición centenaria de no involucrarnos en conflictos externos apostando a la solución pacífica de controversias, simplemente por hacer seguidismo de la política exterior de Estados Unidos e Israel en Gaza y Ucrania, pese a sostener como muy posible sufrir en territorio nacional un nuevo atentado terrorista como los de la embajada de Israel y la AMIA; y pese también a apoyar posturas que son contradictorias con las bases jurídicas de nuestro reclamo de soberanía en Malvinas.

Y los caprichos de Milei han sido además nocivos para el interés nacional: ha provocado con su torpeza conflictos diplomáticos innecesarios con Brasil, España, Rusia y China, que están entre nuestros principales socios comerciales y destino de nuestras exportaciones; mientras declinó la invitación para que el país ingrese a los BRICS justo cuando el grupo amplía sus miembros, acreciente su influencia en el tablero internacional, y hasta el electo presidente de EEUU Donald Trump plantea dialogar con esos países.

Eso sin contar que el "globalifóbico" Milei que -junto con su vicepresidenta- hace una parodia de nacionalismo para -supuestamente- evitar injerencias foráneas en el diseño de las políticas nacionales, adhiere sin reservas a la verdadera globalización (que es la financiera), entrega en bandeja los recursos naturales del país a través del RIGI de la ley bases, y sostiene fluidos vínculos con el FMI, que es la única institución multilateral que al parecer no molesta.

Los dislates de la política exterior de Milei no son otra cosa que consecuencia y proyección del modelo que despliega fronteras adentro, con los resultados que están a la vista. Y parte de la obra de reparación futura, cuando esta pesadilla termine, es la reconstrucción de la imagen y los vínculos de la Argentina con el mundo, convenciendo a las demás naciones que los argentinos somos mejores que la pandilla de lunáticos que circunstancialmente nos gobierna. Tuit relacionado:

miércoles, 22 de mayo de 2024

EL TEMA ES QUE ES PRESIDENTE

 

Si algo no vamos a hacer acá es rasgarnos las vestiduras por el conflicto diplomático que provocó Milei con España, o para salir en defensa de Pedro Sánchez y su mujer. Menos con los problemas graves que hay en estos momentos en el país, por ejemplo lo que está pasando en Misiones.

El episodio, sin embargo, permite algunas reflexiones sobre las cosas que pueden pasar cuando un desquiciado como Milei llega a ocupar funciones tan importantes. Un tipo con claros y evidentes trastornos de salud mental- no es necesario ser psicólogo para advertirlo-, con conflictos personales no resueltos y resentimientos oscuros, sobre los que suma un marco teórico de ideas apolilladas y absurdas para explicar el mundo, que a él se le ocurren -en su alucinación- la única racionalidad posible.

No se trata de que el presidente no se pelee con ningún gobierno o mandatario extranjero, sino que si lo hace, sea por defender los intereses del país: si Milei hubiera discutido con el premier español en defensa de nuestra soberanía o recursos naturales, hubiera merecido nuestro apoyo. 

Pero si la tirria nos traslada acá las peleítas de su club de fachos con ideas tan apolilladas como las de él, la cosa pasa a importarnos tres belines. O si está proponiendo por iniciativa propia -aunque no haya sido su gobierno el que escribió el proyecto, claramente- un régimen de beneficios para grandes inversiones en el que les está regalando nuestros recursos naturales, y concediéndoles incluso más beneficios de los que jamás pidieron, o pensaron obtener.

Concederle -como hacen algunos- cierta racionalidad a sus acciones sobre la base de que lo el tipo en realidad quiere es convertirse en una especie de líder y gurú internacional de la derecha es dar por el pito más que lo que el pito vale; desconociendo en el camino el peso real que nuestro país tiene en el contexto internacional.

Lo que si es importante es advertir que Milei se pelea con Sánchez (como antes lo hizo con Lula, Petro o López Obrador) por las mismas razones por las que dice que los salarios le están ganando a la inflación, o que el país está a las puertas de su recuperación económica: porque está total y absolutamente desquiciado, y ninguno del coro de paniaguados que lo rodea (en el gobierno y en los medios) se atreve a decírselo de frente, con todas las letras.

Y también -y sobre todo- porque estar loco y hacer locuras, hasta acá, le viene saliendo gratis: no tiene siquiera un pedido formal de juicio político presentado por los legisladores en el Congreso nacional, aunque ha venido acumulando más de una causa para que proceda, desde que comenzó su mandato.

Más y peor que eso: pese a que da todo el tiempo evidentes muestras de no estar en sus cabales, hay una parte importante de la política que ahora mismo, en estos momentos, está pensando seriamente en concederle facultades extraordinarias, asumiendo atribuciones propias del Congreso, para hacer casi literalmente lo que le plazca. 

Milei sigue siendo todo el tiempo el personaje border que compuso (o es) para sobresalir en las redes y los medios y desde allí saltar a la política, donde sigue actuando como si fuera un panelista de la tele. Y alguien podría decir -no sin razón- ¿por qué habría de cambiar, si mal no le ha ido?

El problema es que el tipo no es panelista televisivo aunque se comporte como tal: es nada más ni nada menos que el presidente de la república, elegido por casi 15 millones de votos en el balotaje, por cuatro años. En los que -de seguir por éste rumbo- no va a dejar un país, sino tierra arrasada.

Y a propósito de sus votantes: un día -no sabemos si antes de cumplir su mandato, o cuando lo concluya- Milei se irá, y ya no será presidente. Pero nos quedarán esos millones de argentinos que volverán a votar en las siguientes elecciones, y que votaron esto, cuando ya era esto: nadie puede decir que el tipo los engañó, o que disimulaba los aspectos más controversiales de su personalidad y sus ideas. Que son todos. 

Y nos quedarán también los intereses concretos, puros y duros que están detrás de Milei, que es solo un instrumento. Al que sostienen pese a sus evidentes disparates, porque les conviene y mientras les convenga. Para poder rajarlo de un voleo en el orto cuando ya no les sirva, y echarle la culpa del fracaso, como si ellos no hubieran tenido nada que ver.

Hace poco decíamos en ésta entrada:"...al final no era tan así que les daba "vergüenza como nos ven en el mundo", o lo que podían pensar afuera. Desde el presidente a los embajadores pasando por la impresentable canciller suman un o varios papelones diarios y nos han hecho pelear con todo el mundo, excepto Estados Unidos, el Reino Unido, Israel y Ucrania; o sea todos los que votan siempre en nuestra contra en la ONU por el tema Malvinas. Y les chupa un huevo.". A propósito: en esos temas (la guerra en Ucrania, el conflicto en Gaza) Pedro Sánchez y el gobierno español piensan exactamente lo mismo que Milei; por si algún despistado se embandera en su defensa. 

Tuits relacionados:

sábado, 26 de agosto de 2023

"ESTAMOS AISLADOS DEL MUNDO"

 

Habrá que desistir de la idea de esperar una derecha menos bruta y primitiva, y aceptar que para ser de derecha, hay que ser burro. No hay otra parece, y la reacción de la oposición al ingreso del país al BRICS parece confirmarlo.

Tan brutos son, que ni siquiera consultan los propios intereses de la clase a la que aspiran a representar políticamente: hoy, la vieja consigna oligárquica de "comprar a quien nos compra" (pensada para los tiempos en los que el país se diseñó y ejecutó como la granja colonial de Inglaterra), implicaría llevarse de maravillas con China, y no renegar de que se fortalezca la relación con ellos.

Todo el tiempo nos dicen a nosotros que tenemos una visión ideologizada del mundo, que nos lleva a aislarnos y así dejamos pasar oportunidades de insertarnos en él, para mejorar nuestra posición relativa. Nosotros somos los "provincianos" de mirada comarcal, y ellos los ciudadanos del mundo.

Pero si se los raspa un poco -como con esto del BRICS- se les saca la ficha: el "mundo" al que quieren que entremos no es "todo el mundo", sino una parte bien específica (Estados Unidos, Europa excluidos los ex países del área socialista, e Israel), a las que nos quieren sumar como comparsa por intereses geopolíticos que no son los nuestros, sino los de ellos.

Recordemos por un instante al tarado de Macri, orgulloso de haber organizado una cena de gala y una velada en el Colón para los miembros del G20, o cerrando en 5 minutos y sin preguntarle a nadie un préstamo por 57.000 palos verdes con el FMI porque "el mundo confía en nosotros".

Aun para aquella vieja oligarquía para la cual el país no traspasaba los límites de la tranquera de la estancia, había una idea (colonial, distorsionada, pequeña, pero idea al fin) de país, que en estos farabutes ha desaparecido por completo: se asumen sin complejos como infantería política y mediática de la embajada, muñecos que se dan vuelta a cada paso para mirar al ventrílocuo en busca de letra, apuntadores que le digan que decir, cuando enojarse o cuando apoyar alguna causa.

Ahora amenazan con que, si llegan al gobierno, van a dar marcha atrás con el ingreso del país a los BRICS, o no van a comerciar con China o Brasil (los dos principales destinos comerciales de nuestras exportaciones), "porque son países comunistas". Con lo cual lo único que hacen es quedar en ridículo por burros, y de paso dejarnos en ridículo a todos, como país.

Los argentinos podremos tener muchos problemas y defectos, y buena parte de lo que nos pasa es también culpa nuestra. Pero a la hora de definir quienes queremos que nos gobiernen, deberíamos apuntar un poco más alto, porque nos merecemos algo mejor que estos impresentables.

viernes, 16 de septiembre de 2022

EL AMIGO AMERICANO

 

Un par de días atrás, decíamos en ésta entrada: "Tampoco es materia de debate -no al menos con profundidad, y por parte de actores políticos relevantes- que el modelo productivo de inserción apendicular del país en el mundo como proveedores de alimentos y energía sea el único posible, o el alineamiento internacional con los dictados de la política exterior yanqui: así como Dujovne y Macri nos quisieron convencer que estábamos ante un "nuevo y bueno FMI" (algo en lo que en su momento reincidió Guzmán, con los resultados conocidos), hoy parece que debemos celebrar que estamos ante el Claver Carone bueno, que en 2019 admitió ser parte de la operación ante el FMI para financiar el fallido intento de reelección de Macri que deberemos pagar todos, y hoy aporta financiamiento del BID -después de haberlo negado semanas antes- porque "tenemos una política económica consistente".".

Todos tenemos en claro que ya no estamos en 1945, en los tiempos de "Braden o Perón", más que nada porque no está Perón, y el peronismo se vuelve por momentos irreconocible. Pero Braden (o aspirantes a serlo) sobran, desde Claver Carone hasta el embajador Stanley; que tiene un protagonismo actual en la política interna de la Argentina que ni Terence Todman alcanzó en su momento: en el oficialismo y la oposición todos -quien más, quien menos- tienen su foto con él, Cristina incluida. Claro que en ése eso y por obvias razones de peso político y cargo institucional, el embajador jugó de visitante yendo al Senado.   

Que los dirigentes políticos y funcionarios de un país tengan contactos y reuniones con el embajador de un país con el cual mantienen relaciones diplomáticas es la cosa más normal del mundo es tan cierto, como que, cuando ese embajador es el de los Estados Unidos, esos contactos tiene otra connotación. Ni hablar si ese país es la Argentina, a la vista de los antecedentes históricos citados, y lo que ha sido tradicionalmente la relación entre ambos países.

Lo que en todo caso nos hace poner la lupa en esos contactos y en los que -por ejemplo- sostuvo Sergio Massa en su reciente gira por el país del norte, es el contexto político nacional, regional e internacional, marcado por la pesada herencia que dejó el gobierno de Macri -entre otras cuestiones- por el elevado endeudamiento contraído con el FMI y los mercados de capitales, la tensión internacional creada por el conflicto en Ucrania y sus consecuencias, y los procesos políticos y electorales en curso en la región.

Hablábamos antes de Claver Carone, el ex funcionario de la administración Trump que conduce el BID -primer norteamericano en el cargo, en muchos años- habiéndose impuesto al ex funcionario de Alberto, Gustavo Béliz, en la pelea por el cargo. Como es poco probable suponer que Claver Carone y los Estados Unidos y su gobierno hayan cambiado de opinión, la única conclusión posible es que los que cambiamos fuimos nosotros, y no precisamente para bien.

También anduvo por acá la jefe del Comando Sur del Ejército de los EEUU (que se reunió con Cristina), opinando sobre asuntos de nuestra política interna con la soltura que les da no tanto su fortaleza -que la tienen- como nuestra debilidad. Con la misma soltura con la que el embajador Stanley llamó a nuestra clase política a formar "ya, ahora", sin esperar a las elecciones del año que viene, una coalición. Y no, no le estaba hablando a la oposición, o al menos no solo a ella. Como diría Mirtha: como te ven, te tratan.

Pero ya que estamos citando, recordemos a Jauretche, que decía "Si malo es el gringo que nos compra, peor es el criollo que nos vende". O dicho de otro modo: el problema no es lo que hacen ellos -que al fin y al cabo velan por sus propios intereses-, sino lo que hacemos nosotros, o lo que les dejamos hacer.

Todos estos hechos transcurren -como dijimos- en un contexto internacional en el que suben los precios de la energía y los alimentos, porque la guerra en Ucrania entorpece su abastecimiento, y la Argentina puede proveer ambos. Claro que lo ideal es que lo hiciera bajo sus propias condiciones -y no las impuestas por otros, por razones estratégicas que nos son ajenas-, y para beneficio del conjunto de su sociedad, y no de un pequeño grupo que acumula rentabilidad, mientras nos importa inflación.

Y también en un contexto en el que el país -bajo los auspicios de Rusia y China, potencias en competencia con los Estados Unidos y con creciente peso en la región- peticiona ingresar a los BRIC's; y los propios EEUU le advierten a Bolsonaro que no intente una aventura golpista en caso de perder las elecciones, en un claro gesto dirigido más a Lula -su posible vencedor- que a soltarle la mano al candidato de la derecha brasileña.

Con Boric, con Petro, con el gobierno de Alberto Fernández y con el posible y aun no electo de Lula, la administración Biden pareciera haber dejado de lado por un momento la política del garrote, para ensayar la de la seducción, suponiendo que de ese modo contrarresta la influencia de China y Rusia -en estricto orden de importancia- en la región. Pero otra vez: esa es su estrategia, que puede o no constituir para nosotros una ventana de oportunidad. 

La discusión pendiente es si se la aprovecha, y para qué: no puede ser para terminar el proceso más vulnerables si no menos, con mayores márgenes de autonomía para decidir por nosotros mismos nuestro propio destino, y no para simplemente seguir el que han decidido otros. Ni más ni menos que lo que votamos en 2019, por decir algo. 

sábado, 11 de junio de 2022

ES POR ACÁ

 

Alguna vez hemos dicho acá que, hasta los desbarrancos posteriores a la invasión rusa a Ucrania, la política exterior estaba entre los aspectos menos criticables de la gestión de Alberto Fernández. Con las dificultades propias de un contexto internacional complejo y las tensiones internas en el "Frente de Todos", se supo mantener las líneas tradicionales de política exterior del país, al menos en tiempos democráticos.

Y el discurso del presidente en la cumbre de las América se inscribe en esa línea, recuperando el sendero correcto: condena a la exclusión de Cuba, Venezuela y Nicaragua, a las sanciones y bloqueos contra las dos primeras, a la ingerencia política de la OEA en los asuntos internos de países como Bolivia (haciendo mención a la participación de sus autoridades en el golpe contra Evo), al copamiento por Estados Unidos del BID que siempre fue presidido por latinoamericanos y al rediseño del principal organismo multilateral regional en línea con los intereses de la región, abandonando el unilateralismo en pro de las políticas dictadas por la potencia continental hegemónica. Hasta hizo referencia a la intromisión política de la administración Trump para que el FMI otorgara un mega préstamo a Macri, en condiciones irrregulares.

Incluso el intento discursivo de Alberto de separar a Biden y la actual administración yanqui de lo que son designios y objetivos estratégicos permanentes de los Estados Unidos, más que una lectura inocente de la realidad, se puede interpretar como un guiño al actual gobierno del país del norte, para comprometerlo en la dirección de distender tensiones en la región, originadas en sus movimientos y directrices. Hasta allí, nada que criticar, al menos en las líneas generales del discurso.

Un dato no menor es que Alberto dijo lo que dijo donde lo dijo, acompañado en la delegación oficial por Massa, Béliz y Argüello, funcionarios de su gobierno con claras terminalidades en las distintas agencias y enclaves políticos de los Estados Unidos. En éste sentido y aunque la política exterior no puede pensarse basada en los conflictos políticos internos -o al menos no exclusiva o prioritariamente desde allí-, el discurso significó también una señal hacia adentro de la coalición oficialista, en especial a los sectores de ésta más críticos con las decisiones del gobierno.

Dicho todo esto, un discurso es un discurso y no acciones concretas de gobierno, ni siquiera en política exterior (aunque preanuncie un rumbo), ni menos aun en la política interna: en Los Ángeles Alberto usó el micrófono, no la lapicera. Y las decisiones que ésta materializa siguen pendientes como antes de la cumbre.

En todo caso sí cabe señalar que, sin abrigar expectativas desmedidas (más de una vez desmentidas por un presidente titubeante y un gobierno dominado por funcionarios relatores de la realidad que les toca transformar), el discurso del presidente en la cumbre se inscribe en la misma línea que el pedido de renuncia a Kulfas: tal parece que ha advertido que no hay tiempo para seguir dilatando determinadas decisiones, o para ser más precisos, indecisiones.

Y que si la actual coalición de gobierno aspira a mantenerse para las próximas elecciones presidenciales, y afrontarlas con alguna chance competitiva, las políticas de su gobierno deben dar cabida a todas las expresiones internas, en especial a las mayoritarias en términos de volumen electoral; no solo las que corresponden al círculo cercano de confianza del presidente, sus propias convicciones personales o los consejos de lobbistas calificados por sus contactos. 

lunes, 7 de febrero de 2022

COMPLEJIDADES EXTERIORES

 

Cuando el gobierno de Alberto Fernández no tenía todavía un mes de iniciado, decíamos nosotros en ésta entrada: "Mucho tiempo antes de que siquiera se conociera el término "globalización", Perón decía que la verdadera política de un país era su política exterior: tan así de importante consideraba el modo en el que el país se relacionaba con el mundo, y las posturas que adoptaba en el contexto internacional.".

"Siendo a su vez la Argentina un país ubicado en lo que los Estados Unidos han considerado siempre su área de influencia primaria (el "patio trasero"), no es de extrañar que la relación bilateral que lleva ya 200 años haya atravesado por todos los estados, que van desde el alineamiento automático e incondicional, hasta el conflicto abierto o la hostilidad; de modo que eso no es ninguna novedad.".

"Se ha dicho también que esto es así porque los Estados Unidos no pueden "descuidar" América Latina frente a la creciente presencia e influencia en la región de China (en mayor medida) y Rusia (con un protagonismo menor, pero no desdeñable). Lo cierto es que por los objetivos que se ha trazado la política exterior del imperio (funcionando más que nunca en ese modo), y por los medios que emplea para conseguirlos, es un factor de tensión allí donde intervenga, y América Latina no es la excepción. De modo que la máxima de Perón aplica como nunca a nuestra situación, e impone al gobierno argentino la prudencia y la inteligencia para moverse en un estrecho desfiladero, para tutelar los intereses nacionales en juego, sin perder de vista el tablero completo.".

"Por otro lado, el gobierno argentino deberá enfrentar, más temprano que tarde, una reestructuración de su deuda externa con los bonistas privados, y una renegociación del acuerdo con el FMI concluido durante el gobierno de Macri, y en ambos casos el apoyo de la administración Trump puede ser decisivo: en el caso del Fondo por su peso en las decisiones del buró, y en relación con los bonistas, porque de acuerdo con los prospectos de emisión de deuda, cualquier contienda derivada del proceso de reestructuración se ventilará en los tribunales de los Estados Unidos, y ya se vio lo que pasó con los causas que llevaba Griesa durante el mandato de Cristina, por la actitud que asumió Obama.".

Andando los meses, ambas negociaciones (con los bonistas privados y con el FMI) se vinieron encima nomás, y condicionaron en parte la política exterior del gobierno. Solo en parte: la política exterior -en tanto prolongación de la política interna más allá de las fronteras propias- es también un territorio en disputa al interior de la coalición oficialista, como lo es todo el rumbo general del gobierno.

Sin embargo, es de destacar que, pese al predominio que los "pro yanquis" como Massa o Béliz tienen en el sistema de toma de decisiones presidencial, Alberto haya decidido mantener relaciones privilegiadas con Rusia y China, a despecho de algún ceño fruncido en la potencia regional; o de alguna explicación inverosímil, como que los chinos exigían que arregláramos con el FMI, para recién entonces invertir acá. Y con alguna sobreactuación discursiva innecesaria como sus dichos frente a Putin, quien podría darle clases de discreción y enseñarle que hay cosas que se hacen, pero no se dicen; o en palabras de Perón, que a la gallina hay que desplumarla sin que grite.

Los vínculos comerciales y políticos con dos potencias como Rusia y China no difieren en sustancia de los que podemos tener con otra como los Estados Unidos: el diferente peso específico de los actores involucrados en cada caso hace que siempre esté latente el fantasma de intercambios desparejos, con desproporción de cargas y beneficios para las partes involucradas: en estos asuntos nadie hace beneficencia, o si lo hace, la termina pagando caro.

De modo que es obvio que, haciendo negocios y acuerdos con nosotros, rusos y chinos buscan, antes que nada y sobre todo,  su propio beneficio como lo hacen también los yanquis; aunque en éste caso la propaganda opositora y el pregón de los medios hegemónicos (que desde los tiempos de Braden tributan a la embajada) nos quiera convencer que lo hacen por amor a la libertad y los principios y valores de la democracia.

En el caso de China, la "ruta de la seda" es el nombre que ha tomado el plan orquestado desde Beijing para extender su influencia en áreas en las que ésta se viene incrementando desde hace mucho tiempo, compitiendo con los acuerdos trans-Pacífico impulsados por los Estados Unidos. En un mundo pluripolar, nadie debiera sorprenderse por la competencia entre Estados poderosos por ganar mercados y zonas de influencia. El desafío para países como el nuestro, con nuestro grado de desarrollo y peso en el contexto internacional, es moverse entre los gigantes sin ser aplastado, consiguiendo en el camino las mayores ventajas posibles. 

Un ejemplo: chinos y rusos son también miembros del FMI, y manejan sus asuntos en el mundo de las finanzas globales y con sus reglas. Sin embargo, han sido más astutos que sus competidores  yanquis para financiar con generosidad proyectos de infraestructura para el desarrollo en los países de América Latina, de los que también esperan obtener beneficios: hay allí una oportunidad para nosotros, para conseguir dólares que tengan un destino más productivo que la fuga de capitales; sin exigencias -al menos visibles- de alineamiento incondicional en asuntos de política exterior, quizás simplemente porque no somos su "patio trasero".

Pero vengan de donde vengan las inversiones o la ayuda extranjera, no escapan a la necesidad de definir antes un modelo de desarrollo nacional, basado en primer lugar en nuestras capacidades propias y en nuestra autodeterminación política sin condicionamientos; en el que esa ayuda que viene de afuera complemente y potencie el esfuerzo nacional, y no lo frustre ni nos desangre, llevándose más de lo que pone. 

Como reza un dicho, no se trata de cambiar de collar, sino de dejar de ser perro: en otros tiempos, el primer peronismo desmontó la "relación asociativa especial" construida por la oligarquía argentina con el imperio británico, sin reemplazarla (como pretendían entonces algunos de los voceros de esa oligarquía, como  Pinedo) por otra similar con la nueva potencia mundial predominante, que eran los Estados Unidos. Perón eligió construir un camino de soberanía política e independencia económica, sin abandonar una mirada pragmática con la que sostenía relaciones con todos los países del mundo que quisieran tenerlas con nosotros, desde un plano de respeto.

Regla que vale para cualquiera con el que entablemos relaciones en busca de cooperación; lo mismo que la necesidad de repensar la arquitectura jurídica en que esas inversiones se concretan, para que no se conviertan en un factor de potenciación de la dependencia, más que de promoción del desarrollo. Recordar al respecto la triste experiencia de la ley de inversiones extranjeras (diseñada por Martínez de Hoz, empeorada por Menem), la prórroga de jurisdicción en tribunales extranjeros, la adhesión al CIADI o los TBI (Tratados Bilaterales de Inversión) diseñados en el menemato para remachar, aun más, las cadenas de la dependencia.

viernes, 13 de septiembre de 2019

LA VUELTA AL MUNDO


Una de las banderas fundamentales de la campaña de "Cambiemos" en 2015 fue la necesidad de que la Argentina "volviera al mundo", y rompiera el aislamiento al que supuestamente la había condenado el kirchnerismo, "que solo mantiene relaciones fluidas con Irán y Venezuela".

"Volver al mundo" (sospechábamos por entonces, y pudimos confirmar en el gobierno de Macri) era reconectar al país con los mercados financieros internacionales por el canal de la deuda, para financiar un modelo de valorización financiera y fuga de capitales. "Mundo" eran "los mercados", y "los mercados" son Europa, Estados Unidos, Japón, y no mucho más.

La gestión de la política exterior estaría guiada -nos prometieron- por el más estricto profesionalismo, despojado de cualquier anteojera ideológica, poniendo como meta convertir al país "en el supermercado del mundo", y logrando que llegara al país "la lluvia de inversiones" atraída por la confianza que generaba el nuevo gobierno, por su sola asunción.

El fracaso en este renglón fue estrepitoso como, en general, en todos los rubros de la administración Macri que no estén directamente vinculados a la valorización financiera para la fuga, la destrucción del salario real y la precarización de la fuerza de trabajo, o la rapiña de los negocios de la runfla gobernante.

De modo que, como en todos los demás aspectos de su gobierno, en materia de política exterior y relaciones del país con el resto del mundo, Macri le dejará a su sucesor una pesada herencia, compleja para revertir. Y ahora que ya está de salida, es bueno puntualizar algunas de las aristas más controversiales de esa herencia, porque -entendemos- se proyectan con fuerza gravitante sobre el rumbo de la futura administración del país.

Para comenzar y al principio mismo de su gobierno, Macri rifó el amplísimo apoyo internacional cosechado por Cristina y Héctor Timmerman en la ONU en la pelea contra los fondos buitres, defendiendo el derecho de los Estados soberanos de reestructurar su deuda pública en condiciones compatibles con el crecimiento y la inclusión social.

Capitulando en toda la línea con Paul Singer y otros buitres similares (cuyo nómina total aun desconocemos) Macri no solo reintrodujo al país en un ciclo pernicioso de endeudamiento que condiciona seriamente su futuro, sino que sentó un pésimo precedente que dificultará gravemente en el futuro todo nuevo intento de reestructurar la gravosa deuda que deja como legado.

También nos introdujo de lleno en la lógica de las "relaciones carnales" con Estados Unidos (dando una vuelta de campana sobre su apoyo explícito a Hillary Clinton en la elección que ganó Trump), sin obtener a cambio siquiera contraprestaciones comerciales significativas: ahí están todavía el biodiésel, las exportaciones de carne, los famosos limones o los tubos de acero sin costura como los ejemplos más conocidos, pero no los únicos.

Y el alineamiento incondicional con los EEUU y sus objetivos de política exterior tuvo otras consecuencias: la lamentable posición asumida por el gobierno argentino en relación a Venezuela (convertida burdamente en tópico obsesivo de la discusión política interna) y el gobierno títere de Guaidó, y la reformulación de la doctrina de defensa nacional y el rol de las Fuerzas Armadas, para adaptarlas a la doctrina de las "nuevas amenazas" diseñada por el Comando Sur del ejército norteamericano.

A lo expuesto podríamos agregar el involucramiento en el conflicto del Oriente Medio secundando las posturas de Estados Unidos a Israel, con la absurda decisión de incluir como organización terrorista a Hezbollah, a la que ni siquiera la ONU considera así; y es una fracción política que integra el gobierno del Líbano, país con el que mantenemos relaciones diplomáticas y comerciales.

El caso Venezuela fue, a su vez, una etapa más de un proceso sostenido de destrucción de las instituciones de la integración regional como el Mercosur o la Unasur; que culminó con la firma del acuerdo de libre comercio con la Unión Europea en condiciones gravosas para el país y la región, y con la descarada intromisión abierta del fascista Bolsonaro en la política interna de la Argentina, a favor de la reelección de Macri: una devolución de favores por el rápido reconocimiento del gobierno argentino al golpe parlamentario contra Dilma Rousseff, y su silencio estruendoso ante la prisión de Lula, silencio que se reitera ahora, en la agresión contra Bachelet reivindicando a la dictadura de Pinochet.

El gobierno de Macri también cargará con el dudoso honor de ser el que (contrariando el mandato constitucional) abandonó la causa Malvinas y el reclamo de soberanía, para entablar también "relaciones carnales" a cambio de nada con el Reino Unido, al que incluso llegó a darle injerencia en los procesos de reequipamiento de nuestras Fuerzas Armadas, en otra bochornosa claudicación de soberanía; completada más tarde con adjudicaciones de áreas petroleras a compañías británicas, en el Mar Argentino.

Lejos de la sobriedad y el profesionalismo prometidos en campaña, y por el contrario, alineados bajo los más estrictos parámetros ideológicos de alineamiento con las directrices de política exterior de los Estados Unidos, el gobierno de Macri no dejó chapucería internacional por hacer, incluyendo roces con China y Rusia, cuyas inversiones e intereses en el país cuestionó por el solo hecho de haberse gestado durante el kirchnerismo; para acto seguido salir a mendigarles apoyo financiero, cuando fracasaron todas su otras alternativas.

Y para concluir, pero no menos importante: Macri también será recordado como el presidente que trajo de nuevo al FMI al país, embarcándonos en el préstamo más grande de nuestra historia y de la de ellos, estructurado como un gigantesco y desembozado aporte de campaña a su reelección, objetivo en el que también ha fracasado; legando para el futuro no solo la deuda de 57.000 millones de dólares que deberá afrontar el próximo gobierno, sino su reinstalada capacidad de injerencia en el diseño de nuestra política económica, con todo lo que eso significa.

Encima coronó el fracaso con un default en ciernes que convierte a su gobierno (y al país con él) en un paria a los ojos de aquellos a los que dirigió todos sus esfuerzos de seducción: en meses después de que las calificadores de riesgo le dieran la distinción de considerar a la Argentina como "mercado emergente", el mismo sistema de "validación de calidad" calificó a la deuda argentina en "default selectivo" primero, para quitarle la condición de "emergente" después. Mejor imagen gráfica de su rotundo fracaso, medido en sus propios términos de éxito, imposible de conseguir.

martes, 29 de marzo de 2016

LA PESADA HERENCIA RECIBIDA


En lo que constituye un fuerte avance jurídico en materia de reafirmación de los derechos soberanos de la Argentina sobre los espacios marítimos y sus recursos en el Atlántico Sur, la Comisión de Límites de la Plataforma Continental (CLPC) -un grupo de expertos internacionales que funciona en las Naciones Unidas- adoptó por consenso (sin votos en contra) las recomendaciones sobre la presentación argentina del límite exterior de su plataforma continental. Reconoció, así, la existencia de una disputa de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido en la zona de las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur.

El organismo de la ONU es uno de los que fueron creados para la aplicación de la Convención Internacional sobre el Derecho del Mar aprobada en Montego Bay (Jamaica) en 1982, que comenzó a regir en 1994 al alcanzar las 60 ratificaciones de países firmantes; y su pronunciamiento es un enorme éxito diplomático para la Argentina, comparable a la Resolución 2065 (1965) de la Asamblea General; que reconoció la existencia de una situación colonial en Malvinas, y una disputa por la soberanía de las islas entre nuestro país y el Reino Unido, que instó a zanjar por la vía de las negociaciones diplomáticas.

La presentación argentina fue realizada en abril de 2009 como la culminación de un largo trabajo comenzado en 1997 con la sanción de la Ley 24.815, que creó la Comisión Nacional del Límite Exterior de la Plataforma Continental (CONAPLA); como organismo responsable de realizar todos los trabajos inherentes a formular la propuesta de nuestro país sobre delimitación exterior de su plataforma continental; propuesta que ahora aceptó el organismo de la ONU, incluyendo el área continental, islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y Antártida Argentina. 

La superficie comprendida en la demarcación presentada, entre las 200 millas marinas y el límite exterior, es de 1.700.000 km2, equivalente a cerca del 48% del territorio emergido de la República Argentina, que se suman a los casi 4.800.000 km2 comprendidos entre las líneas de base y las 200 millas marinas; y el comité de expertos de la ONU reconoció el caso de nuestro país como un leading case, pues fue el primero en el que se utilizaron todos los elementos permitidos por las normas vigentes de la forma más favorable para el país.

Por si alguno cree que la actual administración del país tiene algún mérito en el pronunciamiento, baste recordar que la presentación final (en base a la cual se produjo el dictamen) la hizo el gobierno de Cristina en abril del 2009 (ver acá la nota original en La Nación), e involucraba más de 30 tomos de documentos y material de base digital, cosa que en apenas 100 días es algo difícil de lograr:


Y si alguno piensa que la resolución de la ONU está vinculada a la visita de Obama al país y a que con el gobierno de Macri "nos reinsertamos en el mundo", más errado estará aun: los Estados Unidos son uno de los pocos países del mundo que ni siquiera firmaron la Convención del Derecho del Mar, pese a que fueron el primer Estado en reclamar derechos soberanos sobre su plataforma continental, en 1945 con la llamada doctrina Truman. La Argentina lo haría solo un año después, durante el primer gobierno de Perón.
En la imagen de abajo pueden ver en gris a los países que no firmaron la convención, y en verde claro a los que sí lo hicieron, pero aun no la ratificaron: 

La Argentina completó su presentación en abril del 2009, dos semanas antes del plazo previsto por la ONU para que los Estados firmantes de la Convención lo hicieran. Tal vez los memoriosos recuerden el detalle, porque hubo por entonces una profusa campaña de mails y a través de las redes sociales denunciando la presunta inacción del gobierno de Cristina, que nos haría perder definitivamente todos nuestros derechos.
Que los EEUU no hayan firmado la Convención no es para sorprenderse, en tanto es uno de los Estados con más bajo registro de firma y ratificación de instrumentos jurídicos multilaterales en el marco del sistema de la ONU; y su política exterior es una de las amenazas más serias para la consolidación del multilateralismo.
De hecho, la semana pasada al presentar su escrito como "amicus curiae" en favor de la Argentina ante la Corte de Apelaciones de Distrito de Nueva York -que debe tratar las apelaciones interpuestas por los fondos buitres contra la decisión de Griesa de desbloquear los pagos a los acreedores que ingresaron a los canjes de deuda- (ver el escerito completo acá, vale la pena) sostuvo que "Los mandatos también dieron lugar a una proliferación de propuestas problemáticas en Naciones Unidas y otros foros internacionales de modificar el actual sistema de resolución de la deuda soberana, incluyendo un intento de crear un mecanismo de resolución de la deuda soberana basado en tratados..".
Se refiere, claro está, a la resolución aprobada el año pasado por la Asamblea General de la ONU por 136 votos a favor y 6 en contra (entre ellos, el de los EEUU) sobre los principios que han de regir la elaboración de una convención internacional sobre reestructuración de las deudas soberanas; que luego el Congreso argentino incorporada a nuestro régimen jurídico interno con carácter de orden público, mediante la Ley 27.207 sancionada también el año pasado, y que el gobierno de Macri dejó olímpicamente de lado en su negociación con los fondos buitres.
Lanzado a un feroz relanzamiento de las relaciones carnales con la principal potencia del mundo (que avasalla permanentemente con sus políticas imperialistas el multilateralismo expresado en la ONU), y con el único antecedente -en poco más de 100 días de gestión- sobre el tema Malvinas (que Macri ni siquiera mencionó en sus entrevistas con Cameron y Obama) de haber disuelto la secretaría creada en la cancillería por Cristina para tratarlo especialmente, que el gobierno de "Cambiemos" tratara de apropiarse de éste éxito diplomático del país (de vital importancia justamente para el reclamo de soberanía sobre las islas) sería poco menos que patético.

viernes, 12 de septiembre de 2014

LANZAN EL "ÍNDICE DE AISLAMIENTO DEL MUNDO"


La laboriosidad de los medios para difundir "estadísticas" o "indicadores" de todo tipo que indican que el país se va a la mierda, que estallará en pedazos en cuestión de horas y todos moriremos, no deja de sorprender.

En la tarea ocupan un lugar destacado los "indicadores" que nos comparan con otros países, o que sirven para demostrar (invariablemente) que somos el auténtico culo del mundo, y hay pocos o ninguno peor que nosotros: que el "Indice de la miseria en el mundo" del Instituto CATO, que el "Indice de corrupción" de "Transparency International", y así podríamos seguir.

Lo importante es demostrar que somos feos, sucios y malos, por culpa del kirchnerismo; aunque ocurran hechos objetivos -como la votación del martes pasado en la ONU- que lo desmientan, no dejarán de intentarlo, porque además tienen públicos: por una tara cultural muy arraigada, para muchos argentinos es importante "como nos ven en el mundo"; y para confiar en nuestras propias capacidades, necesitan que sean validadas desde afuera.

En ese contexto, leemos hoy en Clarín: un informe de la inestimable consultora de ocasión. Una disgresión necesaria sobre el tal Elizondo, convertido de un tiempo a esta parte en habitual proveedor de este tipo de sanatas para Clarín, La Nación y demás medios opositores: el hombre sangra por la herida contra el kirchnerismo desde que en febrero del 2010 siendo canciller Taiana, fue eyectado de su cargo de Director Ejecutivo de la Fundación Exportar; un emprendimiento mixto entre el Estado nacional y los sectores privados vinculados a la exportación. 

Otra "cajita feliz" heredada del menemismo, donde el Estado pone plata y los negocios los hacen los privados, como el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (ver acá); en cuyo Consejo de Administración aparecen nenes de pecho como Héctor Méndez, que es el presidente (la nómina completa, acá).

Como sea, si nos vamos a fijar en los conflictos de un país a partir de las disputas por temas comerciales en la OMC, seamos serios y hablemos de todos, y todo el tiempo; porque son instancias creadas especialmente para esos fines; y así como hay países que nos denuncian a nosotros (por medidas aduaneras o de otro tipo para restringir importaciones) nosotros los denunciamos a ellos, por el cierre de sus mercados a ciertos productos (EEUU al limón y el acero por caso), o prácticas de subsidios o dúmping (la Unión Europea y los subsidios a la producción agrícola, las restricciones al biodiesel). Lo dice el propio artículo, pero Clarín cuenta con que la gran parte de sus lectores no pasa del título.

Y nadie se asombra ni se desgarra las vestiduras, es parte de las reglas de juego del comercio internacional y de los intereses de los países, que a veces son coincidentes y a veces contrapuestos.

Tanto como que hace unos días se recibió en la cancillería argentina un insólito planteo de los países de la Unión Europea porque el país pensaba en aumentar sus ventas a Rusia, a partir de la oportunidad que ofrecían las sanciones comerciales de la UE por el conflicto en Ucrania.

Así como hay conflictos que enfrenta el país y no los genera el gobierno, como por ejemplo los reclamos de Monsanto y otras empresas en los tribunales europeos porque nuestros productores agropecuarios no pagan royalties por las semillas; curiosamente omitido en la recopilación del amigo Elizondo.    

Para que quede más claro aun que todas estas cuestiones son parte de una gran sanata, veamos el párrafo final de la nota de Clarín: "Aunque algunos (conflictos) se solucionaron, estuvieron los juicios internacionales ante el CIADI, el tribunal de arbitraje de conflictos comerciales del Banco Mundial. Y siempre presente, el reclamo de las Malvinas al Reino Unido, que Cristina y David Cameron subieron de tono en 2012, al cumplirse 30 años la guerra de 1982.". (las negritas son nuestras)

O sea que para Clarín el conflicto por Malvinas lo habría generado la crispación del kirchnerismo, más o menos.