LA FRASE

"POR AHORA NO ESTAMOS PIDIENDO AUTORIZACIÓN PARA QUE LA POLICÍA PUEDA USAR LA PICANA Y EL SUBMARINO, ANTES VAMOS A VER COMO FUNCIONAN LAS REFORMAS QUE PLANTEAMOS." (PABLO COCOCCIONI)
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viernes, 7 de marzo de 2025

OTRA ESTAFA PIRAMIDAL

 

jueves, 12 de septiembre de 2024

ESTRATEGIAS

 

Unión por la Patria tiene un bloque de 99 diputados en el Congreso nacional, cuando son necesarios 130 para tener quórum propio y poder sesionar imponiendo temario. En el Senado cuenta con 33 bancas sobre un total de 72, lo que supone que está a 4 del quórum propio, y la misma posibilidad.

De esto se sigue que el peronismo/kirchnerismo no puede por sí solo y sin tejer alianzas, avanzar con una agenda propia en ambas Cámaras, o ponerle freno a las iniciativas del gobierno nacional, salvo que alguna oportuna ausencia se lo permita, y siempre que previamente haya quórum para sesionar.

Lo sucedido con el veto de Milei al módico aumento a los jubilados en la Cámara de Diputados marca un hito que se suman a otros, que van marcando los límites: la semana anterior los radicales habían hecho fracasar la sesión del Senado en la que se debía tratar el aumento del financiamiento del sistema universitario y científico, y el DNU 70 (rechazado en el Senado) sigue sin tratarse en Diputados y así subsiste, constituyéndose en la piedra angular de la gobernabilidad (y los estropicios) del gobierno de LLA.

Tampoco pudo UxP ampliar las alianzas parlamentarias para frenar la ley bases y el RIGI por las deserciones y colaboraciones de la "oposición dialoguista", y ni que hablar el delirante planteo de algunos para impulsar el juicio político de Milei, que exige según la Constitución una mayoría calificada igual a la que ahora no se pudo reunir para rechazar el veto al aumento a los jubilados.

Precisamente ese proyecto -sancionado con el apoyo de la UCR, y siguiendo sus ideas- y lo que pasó en su momento con el financiamiento universitario (cuando la conducción radical de la UBA negoció mejoras por su lado, y abandonó al resto del sistema), marcan los límites de la estrategia seguida hasta acá, al menos en cuanto a resultados concretos. Los radicales incluso boicotean el tratamiento en el Senado del rechazo a los fondos reservados parala SIDE, en espejo con lo que apuntado para el caso del DNU 70 en Diputados.

No se trata de propiciar un abandono del Congreso por el peronismo/kirchnerismo representado por UxP ni la renuncia masiva a las bancas que se obtuvieron por el voto popular, para ser clara oposición a este gobierno. Tampoco de reducir su estrategia política a la simple testimonialidad, la denuncia o la crítica indignadas en el recinto y las redes sociales, y no mucho más.

Sin embargo, el cuadro de situación reclama reflexiones, y acciones en consecuencia, no solo por una cuestión de autoestima, sino  también como derivación de las cifras que arrojó el voto popular, y por respeto a lo que la ciudadanía votó. También marca las condiciones reales de los posibles acuerdos a futuro del peronismo/kirchnerismo con otras fuerzas políticas, cuando la crisis se agudice. Y lo hará. 

En el caso del aumento a los jubilados (como también había pasado con el presupuesto universitario), el peronismo/kirchnerismo termina secundando las posiciones de la UCR (con un proyecto que, en el caso de los jubilados, terminaron elogiando Carlos Rodríguez y Melconián, como para juzgar sus bondades), sin hacer valer nunca ni sus propios proyectos, ni sus números en la composición de ambas Cámaras. Números que -por cierto- también fueron en su momento ignorados a la hora de designar las autoridades de las Cámaras, o repartir las comisiones.

Entre los opositores "dialoguistas" cualquier acercamiento al peronismo/kirchnerismo es estigmatizado como una mancha venenosa, y para criticar al gobierno siempre se apela a la muletilla de decir que es igual al kirchnerismo o peor, o replica sus comportamientos: estamos a nada de que a los kirchneristas nos pongan un cartel, o nos cosan una estrella en la ropa.

Y nuestros dirigentes no pocas veces parecen aceptarlo, prestándose a ser furgón de cola de una UCR decadente y patética, que supone que "ayudando" al gobierno sin contaminarse en contexto con nosotros, y disfrazándose en lo discursivo de opositora en cualquier lado menos a la hora de las votaciones en el Congreso, se constituirá en la alternativa natural al fracaso del experimento libertario.

Lo que está pasando con nuestros representantes en las discusiones en el Congreso es parte de la deriva política del peronismo/kirchnerismo apuntada acá, aun cuando -a diferencia de la experiencia macrista- no haya habido desprendimientos en los bloques parlamentarios, ni deserciones masivas del rol opositor. 

La hoja de ruta está clarísima, al menos en nuestra opinión: asumirnos sin complejos como la oposición real y concreta a éste gobierno, con el que nada tenemos que pactar: ni leyes, ni pliegos, ni cargos ni nada. Todo lo demás es complicidad, y suicidio en términos políticos. Y si no asumimos esas premisas tan claras de un modo rotundo, no podemos siquiera pensar en construir una alternativa política para salir de éste desastre.

Y asumir también -sin complejos y con orgullo- nuestra propia historia, la del peronismo del 45', la de la proscripción y la resistencia, y también -como no- como parte de esa tradición, la experiencia kirchnerista del 2003 al 2015 que nos llevó a ganar cuatro de cinco elecciones presidenciales, hasta la derrota del 2019. No somos nosotros los que más cuentas tenemos que saldar con nuestro pasado, como para aceptar mansamente que nos estén señalando con el dedo todo el tiempo. 

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viernes, 5 de abril de 2024

¿Y AHORA, QUIÉN PODRÁ DEFENDERNOS?

 

El ajuste impiadoso del plan motosierra de Milei se desparrama sobre la sociedad argentina como una mancha de aceite, provocando distintas reacciones, todas negativas: hay vastos sectores de esa sociedad que contemplan el espectáculo con la indiferencia del que lo siente ajeno, o algo que les sucede a los otros pero no les va a pasar ellos: "el ajustado es el otro".

Hay un núcleo -no menor- que disfruta del dolor ajeno, y celebra que el desquiciado esté cumpliendo sus promesas de campaña, acaso suponiendo también que a ellos no les va a tocar, o que si les pasa, están dispuesto a soportar las consecuencias. O al menos eso creen. En esa mayoría silenciosa reposa la seguridad de la derecha gobernante en que su plan draconiano aún goza del suficiente consenso social como para profundizarlo. 

Y por último estamos los que no lo votamos, los que advertimos que esto iba a pasar y no podemos hoy -a la vista de las predicciones cumplidas- conformarnos con decir que teníamos razón, o desearles que se jodan por votar como votaron. Porque nos estamos jodiendo casi todos: hay una minoría -la de siempre- que no solo la está pasando muy bien, sino que nos alecciona sobre la inevitabilidad del dolor ajeno (nunca el de ellos) para llegar a un inasible futuro venturoso.

A esos, a nosotros, nos invade desde e1 10 de diciembre del año pasado una tremenda sensación de desamparo y orfandad política: no sentimos que nadie nos defienda, ni nos represente, ni nos exprese. O casi nadie: hay por allí ejemplos individuales de dignidad en medio de la tragedia (gobernadores como Kicillof, Insfrán o Quintela, algunos dirigentes sindicales), que no hacen más que reforzar por contraste la sensación de desamparo absoluto.

El paro general de la CGT del 24 de enero, el freno a la ley ómnibus en su primer intento, el rechazo al DNU en el Senado o los actos del Día de la Memoria en todo el país fueron -en el contexto- islas en un océano de mansedumbre y quietud de una oposición adormilada, que le facilita al régimen avanzar en su guerra relámpago contra los empleos, los salarios, los derechos y la dignidad de la mayoría de los argentinos. Y si no veamos los guiños que le están haciendo desde el Senado a la postulación de Lijo para la Corte, mientras no hay ningún movimiento en Diputados para completar el rechazo al DNU: 

Una oposición corrida con el espantajo del golpe de Estado, que le tema a ser apostrofada como "el club del helicóptero", o que espera pasivamente suponiendo que nada le toca hacer, porque el plan del gobierno lleva en sí mismo los genes de su propia destrucción: el régimen -en esa lectura- terminaría implosionando por sus propias e insalvables contradicciones, antes que por la resistencia que se le oponga. El problema de trosquearla pensando "cuanto peor, mejor", son las vidas -en todo sentido- que van quedando en el medio.

Otra interpretación posible -y ciertamente más inquietante- es que en el fondo, buena parte de esa oposición comparte con Milei la necesidad inevitable del ajuste, y prefiere que él haga el trabajo sucio y pague los costos consecuentes, para dejar en un futuro -que hoy parece muy lejano- el camino allanado para arrancar de cero con ciertas "asimetrías" corregidas. Y desde un piso (de salarios, de consumo, de derechos) mucho más bajo, que haga que cualquier avance mínimo desde ese subsuelo pueda parecer satisfactorio.

Esta última idea, que solo puede ser disuadida con acciones concretas, categóricas y contundentes de enfrentamiento y resistencia a las medidas regresivas del gobierno, no es muy ajena a las premisas que presidieron el programa económico del último gobierno del "Frente de Todos" en las gestiones de Guzmán y Kulfas. Algo así como hacer de Milei el Remes Lenicov de un futuro gobierno del "peronismo postkirchnerista".

Lo triste sería que el propio kirchnerismo termine comprando ese libreto, porque sería otro giro tacticista y conciliador como los de 2015, 2019 y 2023, que nos trajeron hasta acá. Tan triste como la pasividad de buena parte de la sociedad argentina frente al toque a degüello que implica el plan del gobierno, que incluso está amenazando su propio cuello.

Porque como dijo Cristina aquel 9 de diciembre de 2015, "va a pasar lo que ustedes quieran que pase". Y se puede querer sin querer, con solo no actuar cuando es necesario. 

sábado, 1 de abril de 2023

A LLORAR A LA IGLESIA

 

Sobre el escandalete de la abortada sesión del Senado del jueves, leemos en La Política Online: "Algunos (temas), como los pliegos judiciales y la ley para prevenir la violencia infantil habían sido incluidos en pedidos de sesión de los federales para el miércoles y JxC para el jueves, que fueron ignorados por la presidenta del Senado Claudia Ledesma, quien reemplaza a Cristina Kirchner en la conducción. La vice debe ocupar el Poder Ejecutivo por el viaje de Alberto Fernández.".

"El resto del temario definido por el Frente de Todos incluía la ley de alcoholemia cero (prohíbe beber una gota de alcohol en rutas nacionales), el certificado de discapacidad (Cud) permanente, la eliminación de la fe de vida para jubilados, la ley de cardiopatías congénitas y el reconocimiento de lengua de señas.".

"Todos tuvieron respaldo de la oposición cuando se trataron en diputados (el Cud permanente fue impulsado por Evolución radical) o hasta tenían la autoría de senadores de JxC, como la fe de vida, que tiene la rúbrica del radical Antonio Rodas y de Juan Carlos Romero. Además, el temario incluyó la ley de rebaja de tarifas eléctricas promovido por el entrerriano Edgardo Kueider, uno de los oficialistas que se fue del Frente de Todos.".

"Pero la pelea por el dominio de la Cámara alta se impuso en la agenda por sobre cualquier otro tema. Y en una reunión del interbloque de JxC, antes del mediodía, coordinada por Alfredo Cornejo, se decidió pedir que se voten solamente los pliegos judiciales y la ley para prevenir maltrato infantil, conocida como Lucio, en homenaje a Lucio Dupuy, el niño de 5 años asesinado por la madre y su pareja. Pidieron que el resto del temario se trate el 13 de abril, una forma de mostrar que Cristina perdió el control del Senado, sin perder el compromiso con los temas en cuestión. Lo planteó en el recinto Cornejo, abucheado por familiares de víctimas de accidentes de tránsito, ubicados estratégicamente en las gradas por el oficialismo para meter presión. Las organizaciones que piden por la lengua de señas esperaban afuera.".

Pasando en limpio: tal como pasó en Diputados, se buscó en el Senado romper la parálisis del Congreso con una "agenda blanda", de temas en los que se supone que no debería haber conflictos ni posiciones enfrentadas. Muchos de esos temas, de iniciativa o autoría de legisladores de la oposición, o votados a favor por ella en Diputados.

Pero nada bastó: los que dicen todo el tiempo que la política tiene que "enfocarse en los problemas que le preocupan a la gente" priorizaron la pequeñez de demostrar "que Cristina perdió el control del Senado": de gente pequeña (mental y moralmente) solo se pueden esperar cosas pequeñas. De allí que sea inútil desgañitarse buscando consensos con ellos.

Sin embargo, una cosa no quita la otra : desde el mismo jueves en que fracasó la sesión, por las redes sociales se puede ver el desfile del lamento nuestro, porque somos los buenos y ellos los malos, y circulan los listados de las cosas que no se pudieron tratar por su miserabilidad, y las personas o colectivos afectados. Pero eso no basta, así no se hace política ni se ganan elecciones: si verdaderamente queremos resolver los problemas de la sociedad, hay que ocuparse de ellos, no del vedetismo opositor.

Y como decíamos a propósito de la moratoria previsional, en lugar de llorar sobre la leche derramada, a usar la lapicera, meter DNU y a otra cosa. A ver si algún juez se atreve después a voltear un decreto sobre el certificado de discapacidad, las cardiopatías congénitas, la lengua de señas o la alcoholemia cero. Porque tampoco estamos hablando de reponer la ley de medios (aunque perfectamente se podría), nacionalizar la banca o el comercio exterior. 

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miércoles, 23 de noviembre de 2022

DIÁLOGO Y CONSENSO

 

En su discurso del otro día en La Plata Cristina volvió a plantear la necesidad de alcanzar consensos en el marco del diálogo entre las diferentes fuerzas políticas, para recomponer el pato democrático quebrado con el atentado en su contra. Vinculó así ambas cosas e hizo bien: la escalada de violencia política que terminó en el intento de magnicidio se dio en un contexto en el que parece imposible arribar a algún nivel de acuerdo entre los actores del sistema político, sobre al menos algunos de los problemas del país, y sus posibles soluciones.

Ya antes, cuando fue al plenario de delegados de la UOM, había dicho exactamente lo mismo, y en ese momento dijimos nosotros acá: "CFK dejó en claro que está dispuesta a dialogar, pero la pregunta es con quiénes: ¿con los que quisieron asesinarla, los que los financiaron, los que los protegen en la justicia o los que los blindan en los medios? ¿Otra vez con sectores de la "burguesía nacional", ese unicornio azul que se le perdió al peronismo hace décadas, y que también se apropia con voracidad de las "rentas inesperadas" en detrimento de los salarios de los trabajadores? ¿O con el gobierno del presidente que no le atiende el teléfono y no le hace caso ni siquiera para detener los aumentos de las prepagas?".

No se trata entonces de que propongamos que Cristina ensaye un giro discursivo vindicativo hacia el "5 por 1" o algo por el estilo, sino de indagar acerca de las posibilidades reales de entablar y diálogo, y como consecuencia de él, arribar a ciertos consensos. E indagarse al respecto supone preguntarse con quiénes se dialogaría, porque la agenda (es decir, sobre qué dialogar) la vino perfilando Cristina en sus intervenciones: la economía dual o bimonetaria, los recursos naturales, el sistema de salud, las políticas sociales, la distribución del ingreso, el modelo de desarrollo, la organización y el funcionamiento de la justicia, la correlación entre precios, salarios y tarifas, entre otras cuestiones.

Como se ve, temario sobre, pero interlocutores faltan. Al menos alguno o algunos que estén dispuestos a recoger el guante que lanza CFK, dejar de lado los prejuicios o el ojo puesto en el electorado propio que les reclama profundizar la grieta, y asumir el riesgo de acordar, o al menos intentar hacerlo.

En los años previos y posteriores a la experiencia kirchnerista hubo diálogos en la Argentina, y si no fueron explícitos, lo que hubo fueron consensos, más que nada en las políticas de ajuste; casi siempre al amparo de los planes de estabilización del FMI. Hoy pasa algo parecido: en un gobierno sacudido por críticas de adentro y de afuera de todo tipo, nadie del "afuera" (es decir de la oposición) parece estar proponiendo en serio otra hoja de ruta que no sea la tradicional del ajuste: en palabras de Macri, ellos mismos están diciendo que si vuelven, van a hacer lo mismo que antes, pero más rápido.

Y en términos sociales, pudo verse con las reacciones al atentado contra Cristina primero, y con la muerte de Hebe después, que la "grieta" vino para quedarse, que buena parte de los argentinos odia, que muchos (como señalamos acá) no creen en el compromiso democrático, y que la principal dirigencia opositora responde a los deseos y las aspiraciones de esa base electoral. 

Tanto que, aun pensando en su fuero íntimo que sería conveniente sentarse a dialogar con nosotros, muchos de sus dirigentes se abstienen de hacerlo, para no perder votos. Y el radicalismo alfonsinista "socialdemócrata", con raíces populares -en el que muchos en el kirchnerismo creen como el peronismo cree en el unicornio azul de la burguesía nacional- son los padres, por si alguno aun no se dio cuenta. Ni hablemos si se habla de dialogar con la UCR con fotos del abrazo entre Perón y Balbín.

Está claro entonces -al menos en nuestra opinión- que con la principal oposición, encarnada en "Juntos por el Cambio", no hay muchas posibilidades de dialogar, ni tampoco con la izquierda, que parece dispuesta a poner por delante de cualquier cosa "el narcicismo de las pequeñas diferencias" que se pudo ver en las expresiones de sus principales dirigentes a partir de la muerte de Hebe de Bonafini.

Esto último que no se entienda como una crítica a lo que son legítimas posiciones políticas (la izquierda por ejemplo siempre planteó desconocer la deuda y no pagarla) cualquiera sea la opinión que se tenga sobre ellas, sino un señalamiento de otra definición política, ésta sí objetable: la testimonialidad práctica de no comprometerse jamás en la búsqueda de acuerdos, ni siquiera con aquellos con los que se pueden tener puntos de coincidencia, con tal de preservar la presunta pureza ideológica químicamente pura, que no existe nunca en la realidad. 

Por ese camino es difícil que una fuerza política crezca, gane elecciones y llegue a ejercer el poder (sola o aliada con fuerzas similares), y cuando la táctica se reitera sistemáticamente, cabe legítimamente preguntarse si realmente lo desea, o piensa la política en términos de pasatiempo para superar el ocio. Pro eso es un problema de la izquierda, que tendrán que resolverlo ellos, si lo ven como problema.

Lo dicho antes para la "derecha social" y su representación política respecto a las posibilidades de diálogo, vale para la "derecha económica", representada por los principales grupos empresarios del país: ¿cuánta vocación de diálogo real hay allí, cuanta predisposición a resignar posiciones y ceder intereses, como para que un eventual diálogo no se transforme simplemente -como pasa siempre- en hacer lo que ellos quieren?  

¿Con quiénes entonces, se podría dialogar y arribar a acuerdos? Para empezar, con el propio gobierno y dentro del "Frente de Todos", para que las críticas y advertencias sobre el rumbo equivocado no caigan en saco roto como pasó antes de las elecciones legislativas del año pasado. Y si se concluye en que tampoco ahí hay chances reales de diálogo y acuerdos, mejor sería dejar de hablar del tema, para no seguir perdiendo el tiempo. Tuit relacionado:

miércoles, 16 de noviembre de 2022

NO PASA NADA

 

Algún observador extranjero poco avisado podría mirar los medios y las redes sociales y sacar la conclusión de que en la Argentina -como decimos acá- "no pasa nada", o al menos nada realmente importante. Porque todo el tiempo estamos discutiendo pelotudeces, o cosas que, si son serias, se abordan desde el costado de la pelotudez.

Pasamos del episodio Cerrutti con las piedras por los muertos del COVID a la ministra de Trabajo explicando (palabras más, palabras menos) que piensa hacer huevo durante un mes porque hay un mundial de fútbol; pero la idiotez no es patrimonio exclusivo de los funcionarios del gobierno: recordemos que veníamos de Juez diciendo en la mesa de la embajadora cultural de Binner que la democracia en realidad es una poronga que no le mejoró la vida a nadie, y ahora lo tenemos a Macri diciendo -desde su absoluta indigencia intelectual e inimputabilidad moral- que los alemanes son una raza superior que dan pelea hasta el final.

No interesa acá diseccionar cada episodio para determinar contextos, sentidos posibles de lo que se dijo, justificaciones o condenas: lo que sí interesa es señalar los términos de chatura y mediocridad en que está planteada la discusión política en la Argentina, o para ser más precisos, la discusión entre los protagonistas de la política. Porque en el fondo de política no se discute nada.

En un gobierno que lidia -en buena medida por sus propias torpezas e inacciones- con una inflación anual que roza el 100% se entiende que ese mismo gobierno no hable de economía, pero no se entiende tanto que no lo haga la oposición. O por lo menos que no pase del registro de la indignación, que es el dominante en la discusión pública, para encender las emociones del auditorio, en la misma medida en que se apaga su razonamiento.

Una interpretación posible es que así como el gobierno no parece saber como resolver el problema (o peor aun, lo sabe pero no está dispuesto a hacerlo porque supone afectar intereses poderosos), la oposición aplicaría una receta que ya se ha ensayado muchas veces en el país, y solo agravó las cosas; y no es de buen tono que sean ellos mismos los que lo recuerden en público.

Del mismo modo de vez en cuando algún opositor denuncia que el gobierno ejecuta un ajuste en ciertas áreas del Estado, hasta que alguien le avisa que no debe levantar la perdiz porque les está facilitando la tarea futura haciendo el trabajo sucio por ellos, y se llama de inmediato a silencio; pasando de pantalla al próximo escándalo mediático o en las redes por los dichos de alguien, poco importa de que lado de la grieta: lo importante es mantener la discusión en el registro de la superficialidad, y la indignación impostada.

Lo dicho en relación con la inflación respecto al modo como el tema se discute en el país, aplica para muchas otras cosas: la administración de justicia, la pobreza, la distribución del ingreso, el mundo del trabajo y la informalidad laboral, el control de los recursos estratégicos, el rol del Estado, la educación, las políticas sociales o la política exterior. Y lo enunciado no agota la lista, cualquiera puede hacer por sí mismo la comprobación.

Todo es abordado en un registro mas típico de los programas de chimentos de la farándula (incluso en los debates en el Congreso, las escasas veces que funciona), que de una discusión política en serio de la cual la sociedad pueda sacar provecho, a la hora de definir sus opciones electorales. Otra vez: no parece que sea casual, o que solo responda a la escasa envergadura (intelectual, política) de la mayor parte de los protagonistas de los cruces públicos. 

Rascando un poco la superficie del fenómeno, se nos ocurre que en realidad, buena parte de la dirigencia política argentina (el famoso "consenso del 70%" del que hablaba Larreta) juega a pelearse en público, mientras en el fondo comparte más ideas de las que expresan, o por lo menos comparten la idea de que hay cosas con las que mejor no meterse, soluciones que ni siquiera pueden ser intentadas, intereses creados que no deben ser afectados.

Acaso la única excepción (o por lo menos la más importante) sea Cristina, y de allí no solo la atención que concitan sus apariciones en público o sus palabras (como en el acto de mañana), sino que hasta se dediquen a analizar sus silencios, tratando de meterla en el mismo barro de la insustancialidad con el que lidiamos a diario, para quitarle potencia política.

lunes, 26 de septiembre de 2022

AL FINAL LA VIDA SIGUE IGUAL

 

Todos podemos tener nuestra propia composición de lugar de cuáles hubieran sido las consecuencias si el atentado contra Cristina hubiera tenido éxito, pero algo es seguro: el país hubiera entrado en una espiral de conmoción política e institucional de imprevisibles alcances. Sin embargo, que Sabag Montiel no haya conseguido su propósito no significa -o no debería significar- que todo siga igual como si nada hubiera pasado, menos cuando de los avances de la investigación se van conociendo detalles que dan por tierra con las teorías del "lobo solitario", o los "loquitos sueltos".

Sin embargo, si nos atenemos a los titulares de los medios e incluso a la actividad política en los lugares institucionales donde ésta se desarrolla (la Casa Rosada, los ministerios, el Congreso) pareciera que el 1° de septiembre hubiera sido un día más, sin consecuencias en los posteriores.

Empezando por la situación de la propia Cristina, que sigue padeciendo en carne propia la persecución judicial como si gobernara Macri, materializada en un juicio bochornoso que muestra el grado de podredumbre al que llegó la justicia en nuestro país. Podredumbre frente a la cual el gobierno no hizo nada, y ya ni siquiera amaga: el proyecto para ampliar el número de miembros de la Corte tuvo su origen en los gobernadores peronistas, y tampoco es seguro su destino final; pero de la limitadísima reforma judicial que el gobierno planteó en su momento y duerme en los cajones de la Cámara de Diputados, ya ni el presidente ni su ministro de Justicia comentarista -como casi todos- en las redes sociales, hablan ya.

Siguiendo con la oposición, que pasó de minimizar el atentado a ponerlo bajo sospecha como algo armado, para acto seguido echarle la culpa a Cristina por generar violencia, palabras, palabras menos. Eso, y rechazar de plano cualquier intento de diálogo político del gobierno -que ni siquiera llegó a formalizarlo-, tanto como rechazan hacerse cargo de los evidentes vínculos de la "banda de los copitos" con legisladores y dirigentes de JxC, o de su responsabilidad en la generación de un clima de intolerancia que es caldo de cultivo para la violencia política: si alguien pensó que el intento de magnicidio abriría allí un espacio para la reflexión, se equivocó de cabo a rabo.

Y continuando con el gobierno, que sigue como si nada en la misma nube de pedos en que estaba antes del atentado, como si la posibilidad cierta de que mataran a la principal electora, referente política y arquitecta de la coalición oficialista no lo afectar, o fuera algo con lo que no tenga nada que ver, ni siquiera en las responsabilidades más obvias y elementales, como garantizarle su seguridad. Quizás muchos no repararon en esa parte del alegato de Cristina ante los jueces, pero dijo sentirse desprotegida, como viviendo bajo estado de sitio, y eso es responsabilidad del presidente y sus funcionarios.

Ni hablemos del rumbo de la economía, en lo que el envió inicial de la llegada de Massa se fue diluyendo entre concesiones a las distintas fracciones del capital con gestos "ofertistas" (desde el dólar soja hasta la promesa presidencial a la petrolera de "reglas de juego estables" en Houston), gestos de alineamiento con los Estados Unidos e indicadores macroeconómicos que pueden ser positivos (como la baja en el desempleo), que conviven con otros catastróficos; como una cada vez más desigual distribución del ingreso, y una inflación que no baja del 6 % mensual, e incluso es alimentada por medidas oficiales como los aumentos de tarifas, telefonía fija y móvil o servicios de internet que se oficializaron el viernes.

Al "dólar soja" le siguieron la reculada en la suba de tasas de interés a los productores que retenían cosecha, y en la restricción para la compra de dólares al tipo de cambio oficial, al mismo sujeto político y económico: pruebas de un gobierno que no parece registrar que sus apoyos electorales fueron otros, a los que se debe en primer lugar. En éste contexto, hasta el mismo movimiento gestado por un grupo de gobernadores para suspender las PASO nacionales del año que viene parece más la aceptación resignada de una derrota electoral que se entiende irreversible, que una estrategia ganadora, o para reducir daños.

O también se puede leer que ninguno de ellos tiene aspiraciones presidenciales ni de impulsar o un candidato propio, porque saben -o entienden - que no hay chances de que el peronismo vuelva a ganar para seguir siendo gobierno, y serían un desgaste inútil. En cualquier caso, si al peronismo de la derrota (conceptual, por la apelación sistemática al posibilismo y la "correlación de fuerzas", actitudinal, por la predisposición a hacer concesiones a quienes jamás nos votarían) que nos gobierna le suma un peronismo "institucional" que no juega a ganar y ni siquiera leyó el mensaje que arrojaba la movilización popular en defensa de Cristina, el panorama es difícil, por no decir sombrío.

Porque la oposición seguirá en lo suyo, donde tiene sus propios quilombos para definir liderazgos, alianzas y candidaturas; pero si de éste lado no se percibe un rumbo claro, acorde a los deseos de la mayoría de los votantes del FDT y de los que podrían volver a votarlo, y la decisión de transitarlo pase lo que pase y cueste lo que cueste (rumbo que nunca podrá ser hacerle el trabajo sucio a la derecha, no al menos si se quiere ganar una elección), es más o menos como si los disparos de Sabag Montiel hubieran salido.

miércoles, 21 de septiembre de 2022

DIÁLOGO DE SORDOS

 

Menos de una semana atrás, decíamos en ésta entrada: "...la violencia política en el país fue en ascenso, hasta culminar (en el sentido de la gravedad, no del fin de los episodios violentos) en el intento de asesinato de Cristina, y en nuevas amenazas de muerte contra ella. Eso, mientras la oposición niega de mil y una formas la gravedad de los hechos (intentando cuidar su quinta de votos psiquiátricos), y los medios -con Clarín a la cabeza- siguen alentando la violencia, mientras niegan toda responsabilidad en su generación, y en la proliferación de los discursos de odio.".

De allí para acá, la cosa siguió igual, o peor: el propio Macri apareció en televisión diciendo que Cristina había "sobreactuado" después del atentado, y que de ningún modo se le podían dar a éste connotaciones políticas, porque era obra de "algunos loquitos sueltos"; pasando por alto las evidencias recogidas en la causa -cuya jueza y fiscal lejos están de poder ser tildados de kirchneristas- de los vínculos de los perpetradores con los servicios de inteligencia, dirigentes de su partido y hasta la embajada de EEUU, vía sus abogados.

Eso sin contar con que está diciendo -para que nadie luego alegue ignorancia- lo que piensa hacer si vuelve al gobierno, con la protesta social: bala, y a otra cosa. Del mismo modo que otros dirigentes de su espacio como Vidal o Larreta proponen una reforma laboral flexibilizadora que arrase con los derechos de los trabajadores, que con el kirchnerismo no se puede dialogar y hasta criminalizar la protesta social (Carolina Losada).

En ese contexto y como sucede con la "política líquida" de nuestros tiempos, se empieza a instalar en los medios la posibilidad de una cumbre Cristina-Macri, como para sondear las reacciones. Algunos van más allá, y plantean que parte de la componenda sería garantizar la imunidad judicial de Cristina, como si a Macri le interesara prescindir de su principal herramienta para erosionarla electoralmente, o fuera a admitir que la justicia no es independiente sino que es el brazo togado de la derecha política.

Menos que menos puede pensarse que un pacto así se hiciera bajo condición de reciprocidad: ¿por qué creería Macri que el kirchnerismo le puede garantizar impunidad en las causas que él tiene en la justicia, si se viene ocupando de asegurársela por sus propios medios, desde los tiempos de la Corte menemista que lo hizo zafar de ir preso por contrabandista?

Y finalmente, la inverosimilitud (por falta de sustrato material, de necesidad) del presunto pacto derivado del presunto diálogo deviene de otra cuestión que planteábamos hace unos días en la misma entrada linkeada más arriba: si el gobierno del FDT viene aplicando el ajuste que aplicaría la derecha si gobernara, ¿cuál sería la utilidad para ésta de aceptar -como consecuencia de un diálogo político entre oficialismo y oposición- compartir públicamente los costos sociales y políticos derivados de él?

El diálogo del que se habla entonces es inviable, a menos que se produjera lo que nunca ocurrió: que la derecha aceptara revisar sus propias opiniones y políticas tradicionales, sobre los modos de distribuir los costos y las cargas de la crisis, entre los diferentes sectores sociales, con énfasis en la capacidad de cada uno de soportarlos. Dicho de otro modo, sería lo mismo que pedirle que se suiciden yendo en contra de sus propios intereses, algo que -al parecer- sólo somos capaces de hacer nosotros, ya que ellos tomaron nota del error que cometieron cuando concedieron el voto secreto con la ley Sáenz Peña en 1912, para no volverlo a repetir. 

Eso sin contar con que, previo a acordar nada con la oposición, habría en ése caso que dar la discusión hacia el interior del propio oficialismo (discusión que debe darse de todas formas) respecto a la hoja de ruta del gobierno, y del FDT, de acá a las elecciones del año que viene: ¿hay voluntad real de disputarlas -lo que supone un cambio sustancial de políticas-, o ya nos resignamos a perderlas, y se trata simplemente de llegar al final del mandato a como dé lugar, sin garantía alguna de lograrlo si se persiste en éste rumbo?

lunes, 11 de julio de 2022

PRISIONEROS

 

Al momento de subir estas líneas, no se conocen expresiones de repudio de ningún dirigente opositor de "Juntos por el Cambio"  a la simpática instalación de una guillotina en la Plaza de Mayo en la manifestación del sábado pasado, ni a los pedidos de fusilamientos o deportaciones de kirchneristas. La verdad, no sorprende el silencio: tampoco se habían desmarcado en su momento de la colocación de bolsas mortuorias en las rejas de la Casa rosada, ni de las pancartas que mostraban a Cristina colgada de una horca.

Y no lo hacen por una razón muy sencilla: temen perder votos en esos sectores que se movilizan, a manos de otras opciones de derecha como los "liberotarios" Espert o Milei, caídos en desgracia en los últimos tiempos. Se trata entonces de una dirigencia política cuyo margen de maniobra discursivo y táctico está recudido, atenazada como ésta entre la prédica de los medios hegemónicos -que son su "intelectualidad orgánica"-, y los exabruptos de gente que no está bien de la cabeza, y ameritaría algún enfoque más cercano a la salud mental, que a la política. 

Son prisioneros de monstruos que ha alimentado con su prédica diaria, y ahora no saben como volver a meterlos en la jaula, y todo indica que tampoco quieren. Gente que -por ejemplo- el sábado propugnaba degüellos y fusilamientos como la solución a los problemas del país, como si todo eso (y más) no se hubiera intentado ya en nuestra convulsionada historia, con los resultados conocidos. Lo cual revela de su parte una ignorancia que coexiste con la mistificación histórica, de resultas de la cual los violentos somos nosotros, y no ellos.

Lo mismo sucede con las apelaciones al "diálogo y consenso": cuando hace poco se supo que Melconián había hablado con Cristina poco menos que lo crucificaron, y el ex presidente del Banco Nación durante el gobierno de Macri se vio forzado a aclarar que lo hacía para ver si lograba hacer cambiar de ideas en materia económica a la vicepresidenta: porque Dios libre y guarde que cierta gente acepte revisar sus certezas, ni siquiera contra la evidencia de los reiterados fracasos derivados de la aplicación de sus ideas.

En éste contexto, el presidente en Tucumán apeló en su discurso a la unidad nacional, y Cristina en El Calafate -en sintonía con sus últimas apariciones- viene planteando la necesidad de debatir a fondo el problema del carácter bimonetario de nuestra economía, y como salir de ese dilema. La pregunta que habría que hacerse, en tal caso, es con quienes se busca la unidad nacional, y con quiénes se debate el modelo económico del país.

Seguramente que no con los que prometen guillotinas, fusilamientos o deportaciones: esa gente no quiere unirse con nosotros bajo ningún concepto, y más bien si pudiera, separaría nuestras cabezas de nuestros cuerpos. Son el sustrato social transgeneracional de todas las dictaduras, enfermos del virus del antiperonismo: ahí anda Brandoni proclamando que su deseo es no morirse sin vernos desaparecer. ¿Hay algún posible punto de contacto con gente así, que claramente odia el país en el que viven, y a buena parte de su gente y sus opciones electorales, desde hace décadas? Parece difícil.

La primera unidad que tiene que construir entonces el gobierno, es con el propio "Frente de Todos", y no puede ser de otro modo que poniendo en marcha el programa electoral votado en 2019, no el de los adversarios. Y la principal discusión tiene que ser hacia adentro y con la propia base social y electoral, para ver como retomar la senda que nos permite recuperar los millones de votos que perdimos, con medidas concretas.

viernes, 11 de marzo de 2022

DIÁLOGO Y CONSENSO

 

Al momento de subir estas líneas, el acuerdo del gobierno con el FMI se encaminaba a su aprobación en la Cámara de Diputados con un amplio apoyo, incluyendo los votos de buena parte de la oposición. Según  dicen, ayudó a eso que el gobierno cediera a los reclamos de "Juntos por el Cambio" para separar la refinanciación de la deuda, de las medidas de política económica que son consecuencia del acuerdo para esa refinanciación, que no es reprogramación: los vencimientos siguen siendo los mismos, y se cancelarán con nuevos desembolsos, de un nuevo préstamo, que después habrá que pagar.

La oposición logró así desentenderse de la responsabilidad política por el ajuste que el gobierno deberá instrumentar, aunque ellos pidieran uno mayor, reformas estructurales incluidas. No debería sorprender esa conducta en quienes vienen intentando desprenderse de su responsabilidad por la deuda original, incluso la parte de esa responsabilidad que tiene implicancias penales, y se dirime en causas judiciales en trámite. A propósito de esto: es imposible no ver en el acuerdo -al que se llega por las negociaciones lideradas por Massa con su socio jujeño Morales- un indulto a Macri, aunque se lo niegue.

Esa negativa no disuade las dudas que despiertan los discursos en el debate parlamentario (con escasas menciones a la responsabilidad macrista, con el antecedente del raje de diputados del PRO de la sesión inaugural del Congreso a la vista), ni la actitud  de los jueces de Comodoro Py que, si dormían las causas antes, con mayor razón lo harán ahora; olfateadores de climas políticos como ninguno, frente al acuerdo entre oficialismo y oposición para aprobar el acuerdo. 

El "vamos a votar el acuerdo con la nariz tapada pero dejando en claro quienes fueron los responsables de la deuda" quedó atrás, limitado a la nariz tapada (de algunos, otros audaces siguen intentando explicarnos que es un rosario de maravillas y posibilidades), reemplazado por el "demos vuelta la página y que la historia juzgue lo que hizo cada uno", de un por estas horas olvidado discurso presidencial, que cobra nuevo sentido a la luz de las circunstancias.

Nada indica que el acuerdo no vaya a tener tránsito favorable en el Senado, o que aun en la eventualidad que naufragara allí -por la resistencia del kirchnerismo-, el presidente lo termine aprobando por decreto: habrá acuerdo a como de lugar, porque hay mucho en juego; sin que esto signifique validar la extorsión a que se nos somete planteando la disyuntiva "acuerdo o caos".

Ahora bien: sería un muy grosero error (uno más, de una larga lista) de parte del gobierno confundir los amplios apoyos que cosecha el acuerdo en el Congreso, los empresarios y hasta parte del sindicalismo, con lo que pasa en la base de la sociedad. Una sociedad que viene de votar en su contra, retaceándole seis millones de votos respecto a la cosecha que la fórmula del FDT obtuvo en 2019, y que está preocupada por temas mucho más acuciantes, como el precio de los alimentos, o llegar a fin de mes, sin ir más lejos.

No sería la primera vez en nuestra historia que "la Argentina visible y audible" que ocupa la agenda de los medios alcanza puntos de acuerdo amplios, que producen consecuencias que luego son rechazadas por la mayoría de la sociedad, haciendo que esos acuerdos se les vuelvan en contra a sus firmantes, en forma de discurso anti-político: en estas condiciones, el "que se vayan todos" está tan a la vuelta de la esquina como una nueva crisis económica; y el gobierno se ha dado (lo sepa o no) una praxis que no hizo sino fortalecer esa posibilidad, rompiendo el contrato electoral con sus votantes, aunque muchos de sus integrantes no parezcan tomar nota de ello.

Los cuestionamientos del kirchnerismo (en boca de Cristina, de Máximo y de muchos otros dirigentes) a la política económica y a la forma en que se negoció la deuda con el FMI vienen así no solo a expresar las disidencias al interior de la coalición oficialista en un tema nodal o a intentar preservar capital político, electoral y simbólico en riesgo (alguien lo tiene que hacer, al fin y al cabo, dentro del FDT), sino a evitar que la sociedad caiga en la anomia política, por carecer vastos sectores de ella, de quien exprese sus intereses.

Como sugeríamos en entradas anteriores, el tratamiento legislativo del acuerdo hizo aflorar -con una naturalidad que desnuda afinidades visibles más allá de la "grieta"- el funcionamiento en acto de "la Argentina del 70 %", la Moncloa criolla de la que hablaba Larreta. Y si los pactos tejidos en estas horas fueron cocinados al calor de la coyuntura y para encaminar una brasa caliente como la deuda con el FMI, sus consecuencias se proyectarán a largo plazo, como si hubieran sido pensados con esa perspectiva.

Para la próxima vez que los argentinos vayamos a las urnas, ya el acuerdo con el Fondo no estará en la agenda, pero sus consecuencias serán cosa cotidiana, y habrá que ver entonces -con el razonable pesimismo que aconsejan los precedentes históricos- cuantos de los amplios consensos alcanzados hoy se sostienen, cuantos de los acordantes se despegan de lo que por éstas horas están apoyando, y quien queda legitimado para expresar políticamente el descontento. No sea cosa que después alguno se sorprenda, como pasó en las elecciones del año pasado. Otros tuits relacionados:

miércoles, 2 de marzo de 2022

ÚLTIMAS FUNCIONES DEL CIRCO

 


El del 1° de marzo del año que viene será el último discurso de Alberto Fernández inaugurando las sesiones del Congreso durante su mandato, y acaecerá en pleno clima electoral. Con el papelón opositor de ayer a la vista, habría que pensar si no conviene que el presidente envíe su discurso escrito y se ahorre (y nos ahorre), a menos que sea posible leerlo en vivo, sin asistencia de opositores: si se tienen que enojar, que lo hagan con fundamentos, y se eviten levantarse temprano para ir a la sesión.

Asistimos ayer a un episodio más del bochorno de la tele-política, pensada más para impactar en los medios y las redes sociales, que para cumplir con las formalidades institucionales, o incidir sobre la realidad, transformándola. Entre eso y la obsesión enfermiza que opositores, medios a los cuales responden y tributan (y sin los que no podrían tener existencia política, directamente), y su electorado/audiencia cautivos tienen con Cristina, ya aburren. Cansan. Hartan.

Razón por la cual hay que saltearse la página de la indignación fácil, y dedicarse a los asuntos importantes, para los cuales no se puede contar con la oposición, en ningún sentido: ni para debatirlos con argumentos y de buena, ni mucho menos para encontrarles solución.

Hace trece meses atrás, decíamos en ésta entrada: "Oposición aparte, es más productivo discutir, entre nosotros, que pensamos hacer con los alarmantes indicadores de pobreza y de regresión en la distribución del ingreso; o que medidas tomar para contener la inflación, en especial en los alimentos y demás consumos sensibles para los sectores populares. Lejos de eso, estamos hablando de volver a aumentar tarifas, acabamos de autorizar un nuevo aumento a las prepagas, y clavamos uno o dos aumentos de combustibles por mes.".

"Discutamos entre nosotros por qué no estamos cumpliendo las promesas electorales de preferir a los jubilados por sobre los bancos, a los que les estamos pagando 80.000 millones de pesos mensuales por intereses de las LELIQ´s; o cual es el apuro por cerrar un acuerdo con el FMI, y cuáles serían las consecuencias de hacerlo.".

"Planteemos hacia adentro por qué el "impuesto a las grandes fortunas" no es permanente, y a los pocos privilegiados que lo deben pagar les dimos prórrogas y planes de cuotas para hacerlo, o si además de aliviar las cargas por Ganancias a los salarios más altos y a las Pymes, no debemos incrementarla para las grandes empresas, y financiar así transferencias a los sectores más golpeados por la crisis.". 

"Planteemos que medidas concretas -no sarasa- podemos tomar ya, para recomponer los ingresos de los sectores populares (jubilados, beneficiarios de planes sociales, trabajadores informales y buena parte de los formalizados), de donde saldrán los recursos para financiarlas, pongamos en quiénes van a pagar la crisis actual, y la deuda heredada.".  

"Hablemos sobre flexibilizar o no los controles en el acceso a las divisas y el comercio exterior, sus costos y beneficios en términos sociales; que hacer con la hidrovía y por qué el Estado no la puede administrar por sí misma, como es que renegamos de la concentración mediática pero no reponemos la ley de medios, ni tumbamos la fusión entre Cablevisión y Telecom; y seguimos poniendo pauta publicitaria en Clarín, La Nación o Infobae. Discutamos todo eso en lugar de discutir con la oposición psicótica si la tierra es redonda o plana, las vacunas protegen del virus o no, las provincias pueden comprarlas o no.". 

Como para que se vea que las cosas no han cambiado mucho, pese al transcurso del tiempo, salvo el pequeño detalle de que en el medio perdimos una elección y con ella, el control del Congreso y la iniciativa política; aunque esto último dependa más de lo que decidamos hacer nosotros, que de lo que haga o deje de hacer la oposición.

Concentrados entonces en lo importante, pasó el discurso del presidente del Congreso y seguimos sin saber, realmente, en que consiste el acuerdo con el FMI y a que nos compromete: ayer Alberto dijo algunas cosas sueltas sobre lo que no implicaría (poniendo en juego su credibilidad si las cosas no son como las enunció), pero ninguna sobre lo que sí implica, ni cuando llega al Congreso, ni cuando se termina cerrando. De hecho, al decir que los aumentos de tarifas estarán por debajo de los aumentos de salarios está reconociendo que serán mayores al 20 % anunciado, y contenido en el presupuesto fallido rechazado por la oposición.

Lo que no se alcanza a ver es la hoja de ruta de acá hasta el final del mandato, y las instancias al interior de la coalición oficialista en las que esa hoja de ruta se someterá a debate; porque es obvio que hay al respecto miradas contrapuestas al interior del FDT, y no solo sobre el acuerdo con el FMI: hace poco veíamos acá como el conflicto en Ucrania expuso diferencias en el oficialismo sobre la política exterior, la inserción de la Argentina en el mundo y -en proyección- el modelo político, económico y social para empezar a salir de la crisis heredada del macrismo.

Es posible que para algunos sea difícil resistir la tentación del facilismo de reducir la política a la indignación en las redes y los medios por las payasadas opositoras, y circunscribir a eso la agenda y el debate políticos. Pero si los circos no tienen espectadores, tienen que suspender las funciones, y levantar la carpa para irse a otro lado. Tuits relacionados: