LA FRASE

"POR AHORA NO ESTAMOS PIDIENDO AUTORIZACIÓN PARA QUE LA POLICÍA PUEDA USAR LA PICANA Y EL SUBMARINO, ANTES VAMOS A VER COMO FUNCIONAN LAS REFORMAS QUE PLANTEAMOS." (PABLO COCOCCIONI)
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lunes, 24 de noviembre de 2025

SIN GARANTÍAS

 

El día después de las elecciones de octubre, decíamos en ésta entrada: "...el resultado de las elecciones no agrega nada a la absoluta insustentabilidad intrínseca del modelo de valorización financiera y fuga en curso en términos económicos y sociales, pero si le aporta un fuerte espaldarazo de sustentabilidad política; que habrá que ver como lo administran los que mandan, más allá de Milei. Macri también tuvo su  cuarto de hora electoral, y a las pocas semanas estaba pidiéndole la escupidera al FMI, como preludio del fracaso de su intento de reelección.".

En el caso del experimento libertario, hay que agregarle el elemento de la absoluta dependencia no ya de los flujos de capitales del exterior (lo que es inherente al modelo mismo), sino de las decisiones que toma otro gobierno (el de Trump) por el cual el de Milei fue intervenido; gobierno extranjero que tiene que lidiar con sus propios problemas, y atender sus propios intereses.

Menos de un mes después y cuando en "los mercados" todo parecía ser una fiesta por haber despejado el "riesgo kuka" en Argentina, se supo en las últimas horas del jueves (sugestivamente en la previa de un fin de semana extra large sin operaciones bancarias, bursátiles o cambiarias) que el pool de bancos yanquis encabezados nada menos que por el JP Morgan declinó prestarle 20.000 palos verdes a Caputo para poder pagar los vencimientos de deuda que se suceden a partir de enero del año que viene.

La razón de la negativa es fácil de entender para cualquiera, incluso hasta los votantes de las fuerzas del cielo: no hay garantías de que el país pueda honrar esa deuda porque le faltan dólares, algo que justamente reconoció el propio Caputo días antes, y que fue lo que motivó el pedido del préstamo. En éste caso y ante el riesgo de provocar un crack financiero en su propio país, ni Donald Trump ni su gobierno intercedieron ante los bancos para destrabar el préstamo a sus aliados/lacayos regionales; lo cual podría marcar que para la administración yanqui la puerta del cementerio para Milei podría estar más cerca de lo previsto, o para ser más precisos, que la ayuda tiene límites. 

Cuando parecía -en la lectura del oficialismo, el círculo rojo y los medios hegemónicos- haber desaparecido la volatilidad económica retorna con toda su fuerza, y ello seguramente impactará en la volatilidad política y el destino de las reformas que Milei impulsa (por pedido del FMI, los EEUU y el círculo rojo y por convicción propia) en el Congreso: los que hasta el jueves buscaban su foto con Santilli o Adorni para comprometer su apoyo bien podrían subirse el precio, o desensillar hasta que aclare, o dicho de otro modo: por que le van a extender así nomás a Milei y Caputo un cheque en blanco que ni el JP Morgan quiso darles, y el que lo vio antes que todos fue Macri; que desde las elecciones no ha hecho más que intentar subirse su precio, y evitar que se le termine de desgranar el PRO.

El castillo de naipes financiero de Caputo es tan frágil que cualquiera que prestara atención lo podría ver: en menos de un mes pasó de afirmar que el dólar flotaba a decirles a los empresarios argentinos que era absurdo que le pidieran al gobierno pasar a un esquema de libre flotación cambiaria en éste contexto; y de sostener que iban a sobrar los dólares o que no era importante acumular reservas ni había que hacerlo a cualquier precio, a reconocer que no los tiene, al menos no en la cantidad suficiente para pagar los próximos vencimientos de deuda, sin ayudines de afuera: no se trataba entonces simplemente de hacer bajar el riesgo país, para habilitar la vuelta a los mercados voluntarios de deuda.

En fin, nada que no se supiera, pero el asunto es otro, y es que si éste gobierno y su modelo fracasan sería el tercero al hilo que defrauda las expectativas de los votantes, contando el de Macri (que al menos de la boca para afuera llegó prometiendo conservar lo bueno del kirchnerismo), y el de Alberto Fernández, que no hizo casi nada de lo que concitó la esperanza ciudadana en el "Frente de Todos".

Milei pasaría así de ser un resultado del desencanto democrático de vastos sectores de la ciudadanía, a ser un ejemplo del fenómeno que lo engendró, y otra apuesta fallida (y van) de nuestro círculo rojo, cuya miopía conceptual -al punto que apoya experiencias políticas que terminan afectando sus propios intereses- es una desgracia para el país. Con un agregado desesperanzador: la complicidad de buena parte del pueblo argentino, por acción (acompañando estos engendros electorales de la derecha), o por omisión, quedándose en su casa en lugar de ir a votar.

El ausentismo electoral es la otra cara de la moneda de las persecuciones y proscripciones políticas de opositores (centralmente de Cristina), y ambas contribuyen al vaciamiento de sentido de nuestras rutinas democráticas: si la democracia es solo cotillón electoral y cada vez más acotado, mientras la economía queda reducida a los malabares financieros para "calmar a los mercados" y ambos dominios quedan completamente escindidos entre sí (de modo que se intenta instalar la idea de que vote lo que vota la gente o incluso si decide no ir a votar, solo hay un rumbo económico posible, aunque sea desastroso), están dadas todas las condiciones para otra crisis, más profunda aun que la que transitamos.

En ese contexto la profundización del lawfare contra Cristina y el peronismo en general aun después de un triunfo electoral del gobierno tiene por objetivo preciso recrear las condiciones del 2001, del que dicen huir: obturar cualquier salida a la crisis por la vía política, en elecciones democráticas y de las que surja una legitimidad que pueda poner límites a la voracidad de todas las fracciones (nacionales y extranjeras) del capital, como pasó después del fracaso del gobierno de Macri.

Cuando la gente llega -como llegó en el 2001- al punto del hartazgo (y la decepción) en el que reclama que se vayan todos, se quedan ellos, los que siempre están y nunca van a elecciones, más fortalecidos frente a un poder político cada vez más débil, y con instituciones cada vez más desacreditadas. Sin embargo, por esa miopía conceptual que arrastra, nuestra élite económica parece no advertir los cambios de contexto, y los riesgos que para ellos mismos y sus intereses entraña que Milei y su gobierno le hayan cedido los comandos del país a Trump; riesgos que ya deja entrever el acuerdo comercial que se termina de negociar, y supone -de cerrarse definitivamente- compromisos que condicionan el desarrollo del país más allá incluso del estallido final de la burbuja financiera de Caputo.

martes, 23 de septiembre de 2025

LO VOLVIERON A HACER

 

El experimento anarcocapitalista encarnado en la grotesca figura de Javier Milei está oficialmente terminado, y solo resta oficializar su fecha de defunción, en lo que las próximas elecciones de octubre tienen un papel crucial. El tiempo formal que le quede de sobrevida no cambiará la conclusión: se trata de un modelo que nada tiene ya para ofrecerle a los argentinos, excepto mayor deuda a futuro y mayores niveles de pobreza y exclusión, ya en el presente.

Y no se trata de que lo digamos nosotros, que deseamos que efectivamente suceda que el neoliberalismo deje ya de joderle la vida a la inmensa mayoría de los argentinos: lo están diciendo los propios factores que lo entronizaron en el gobierno (que no en el poder), con el inestimable concurso de una buena parte del electorado.

A punto tal que las únicas noticias que nos proporciona el gobierno por estos días son alquimias financieras inverosímiles para tratar de sostener el dólar en un nivel que es dos veces y media la que en su momento estimó el propio Milei que tendría, pero que ahora nos quieren vender como su cotización razonable, para que nos explote en otra aun mayor antes de las elecciones, dando por descontado a su vez que después de las elecciones la devaluación será inevitable.

Desde el anuncio de un posible préstamo del tesoro yanqui hasta la suspensión transitoria por un mes de todas las retenciones a los agroexportadores para que liquiden los dólares embolsados (anuncios a su vez contradictorios entre sí) todo apunta a ese único y excluyente objetivo. Y a ese objetivo se orientan todas las acciones de un gobierno inescrupuloso, dispuesto a cualquier concesión, y cualquiera es literalmente eso: cualquiera; incluyendo nuestro recursos naturales o nuestra autonomía como país en la toma de decisiones de política exterior.

La moneda (y nuestros salarios y jubilaciones) se devalúan al mismo ritmo de la palabra presidencial y la confianza en el gobierno, incluso entre quienes lo votaron; pero lo trágico es que el ciclo de endeudamiento, valorización financiera y fuga se repite -con escalofriante similitud- por tercera vez en un cuarto de siglo, y por segunda vez en menos de una década. Y en éste caso, con los mismos ejecutantes al comando de la estafa.

Lo cual debería llamarnos a la reflexión como sociedad, y en especial para aquellos que -movidos por el sustancial y a veces excluyente propósito de impedir que gobierne el peronismo- vuelven a votar una y otra vez gobiernos que hunden al país en el abismo, y condicionan el futuro del país y de la mayoría de sus habitantes; para luego -lejos de hacer algo parecido a una autocrítica- echarle la culpa al peronismo que (supuestamente) impidió que esos gobiernos terminaran su mandato, o completaran más rápidamente su obra de destrucción.

Que decir del "círculo rojo" (es decir, nuestra presunta élite económica), que como ha pasado antes y todas las veces, insiste en promover (y hasta organizar o inventar) alianzas y estructuras políticas y candidaturas que lleven adelante el mismo plan, para después cuando ese plan (previsiblemente) fracasa -y cada vez más rápido, y cada vez con peores consecuencias- intentar despegarse diciendo que le problema no es el plan (tanto que tratan de que lo ejecute cualquiera que tome el relevo del gobierno, sin importar lo que haya votado la gente), sino sus circunstanciales ejecutantes.

Sobre éste tema de la responsabilidad de los detentadores del poder económico en el país posiblemente ampliemos en otra entrada, pero la repetición -sin solución de continuidad- de los comportamientos de los otros, nos lleva a interrogarnos por nuestros propios comportamientos: si nos toca volver al gobierno (y todo indica que la posibilidad es concreta), no podemos volver a reincidir en perdonarles la vida en lugar de hacerles pagar las consecuencias de su accionar; porque de lo contrario lo único que conseguiremos -como ha sucedido y está sucediendo otra vez- es que lo vuelvan a hacer, apenas tengan una nueva oportunidad. 

Para empezar ya, desde ahora, habría que decir fuerte y para que se escuche que se desconocerá todo endeudamiento contraído por este gobierno (y todo es todo, incluyendo el del FMI y un eventual préstamo del Tesoro de EEUU) que no sea discutido en el Congreso nacional, y que no se destine concreta e inexorablemente a financiar obras de infraestructura necesarias para el desarrollo del país.

Tampoco podemos insistir en tratar de complacer, tranquilizar o seducir a este "círculo rojo", como lo hemos hecho en vano muchas veces. Con los que se empeñan en votar, una y otra vez, en contra de sus propios intereses poco podemos hacer, pero contra los que mueven las palancas, es bastante.

Y habrá que hacerlo alguna vez, porque sin caer en exageraciones ni dramatismos innecesarios, la experiencia histórica demuestra que en romper ese círculo vicioso en eso se va el futuro de la democracia argentina y la subsistencia misma de la Argentina misma como país, al menos de uno de ser digno de llamarse tal. Tuits relacionados:

domingo, 14 de julio de 2024

EL DECRETO DE LOS REINCIDENTES SIN CONDENA

 

                                                                                   Por A.C.

El Gobierno de Milei porDecreto 602/2024, dispuso la emisión de $20 Billones en letras mediante las cuales transfiere la deuda del Banco Central al Tesoro. El nuevo instrumento se denomina “L e F i” (Letra Fiscal de Liquidez). 

Mediante éstas letras emitidas por el Tesoro, el Banco Central a cargo de Santiago Bausili , transfiere su deuda, que no desaparece, al Ministerio de Economía a cargo de Luis Caputo.

Los Sres. Bausili y Caputo resultan socios en la consultora Anker Latinoamericana, y se desempeñaron durante el gobierno de Macri como Secretario y Ministro de Finanzas respectivamente, resultando protagonistas de la toma de deuda más alta de toda la historia argentina.

Especialistas en tomar deuda y en negociaciones poco claras, en el caso del Sr. Bausili, fue procesado por el juez federal Casanello por negociaciones incompatibles con la función pública durante su paso por la Secretaría de Finanzas del gobierno de Macri. Desde el Estado facilitaba negocios al Deutsche Bank, banco donde se desempeñaba al asumir el cargo público. Pero cuando se anunció que Milei lo nombraría titular del Banco Central, en el tribunal de Comodoro Py revocaron rápidamente su procesamiento y archivaron la causa.

Por su parte para recordar el desempeño de don Caputo en la gestión de Macri, exi҃ste el informe de la Auditoría General de la Nación, informe aprobado por unanimidad y a cargo de la Comisión de Supervisión de la Deuda Pública. En ese trabajo se evaluó la gestión de las colocaciones de bonos en el mercado de Nueva York durante el período 2016-2018.  Durante ese período, con Caputo a cargo de la gestión, Argentina colocó un total de 18 nuevos bonos bajo ley extranjera, emisión equivalente al 64% del total de títulos de deuda externa, y por su magnitud, con un impacto similar al del préstamo récord del FMI tomado en el año 2018.

En síntesis, en dos años de gobierno macrista, Caputo emitió deuda con privados por más de 80.000 millones de dólares, incluyendo -recordemos- un bono a cien años. Esa monumental fortuna en deuda y en moneda extranjera, fue fugada del país a través de conocidos operadores y participación directa de don Caputo, a punto tal que el FMI le pidió a Macri que lo eyectara del cargo. En un país normal, con un poder judicial que aplicara la ley y la Constitución, Caputo estaría disfrutando de una larga estadía en el penal de Ezeiza.

Volviendo al actual Decreto 602 y ya destacados sus autores e intérpretes, es inevitable señalar los altos riesgos de ésta volátil maniobra que transfiere los pasivos del Banco Central al Tesoro. En primer término, señalemos que éstas letras se emiten para cubrir y/o financiar la deuda que el Estado mantiene con las entidades bancarias.  Invocan sus autores que con ésta norma, el Banco Central se ahorra el pago mensual mediante emisión de más de 700.000 millones de pesos para cubrir los intereses.  Pero esto es un infantilismo, porque esa deuda no desaparece,  y por lo tanto por estas nuevas letras que entrega el Tesoro a los Bancos, se deberá también pagar los intereses, solo que ahora se pagará a través del Tesoro en lugar de pagar el Banco Central.

Un pasamanos de deuda que no soluciona la situación de endeudamiento y que genera un riesgo concreto. Como quien paga es el Tesoro, es necesario que en cada vencimiento de las nuevas letras exista un superávit fiscal suficiente para cubrir los pagos. ¿Y si ese superávit no existiera? ¿Se va defaultear? Porque si se recurriera a la emisión de pesos vía Banco Central para pagar, estaríamos en el mismo punto que antes de dictar el decreto.

Y otro problema sería que para obtener el superávit necesario para cumplir con los Bancos, éste gobierno aumentara aún más el ajuste demencial que ya viene aplicando,  y que en solo siete meses ya produjo consecuencias desastrosas para la economía y para la gran mayoría de la población.

Por último, otro aspecto preocupante es que entre los pasivos remunerados que se transfieren del Banco Central al Tesoro, se encuentran los depósitos de los ahorristas, los plazos fijos en pesos, que hasta ahora tenían la garantía que ofrecía el Banco Central sobre esos depósitos. 

Ahora, éstos depósitos que son transferidos quedan expuestos a que el Tesoro caiga en default. Y esto no es ciencia ficción, porque ya ocurrió en el año 2019 durante el gobierno de Macri y la pésima gestión en economía  de Hernán Lacunza, cuando se declaró en default la deuda en pesos.

martes, 7 de julio de 2020

CUESTIONES DE SUSTENTABILIDAD


Si uno mirara simplemente las secciones de economía de los diarios desde ayer, pensaría que en el país está todo bárbaro: suben las acciones de las empresas argentinas, baja el riesgo país, hay clima de optimismo en la cúpula empresaria y el gobierno recibe apoyos a su propuesta de reestructuración de la deuda hasta de aliados insospechados, como "Toto" Caputo, el inventor del bono a 100 años.

Por supuesto nada de eso tiene que ver con una abrupta mejora de la economía real castigada por la pandemia, sino con que la última propuesta (¿última?) del gobierno a los acreedores externos fue mucho más benévola y amistosa de lo que pensaban "los mercados", sea que se considere el cronograma de pago de los intereses (que comenzaría en agosto del año que viene), la quita del capital (en promedio, de solo el 1,9 %) o el VPN (valor presente neto) de los cupones, medidos en dólares por cada 100 (53,5 %, en promedio).

Recordemos que cuando las tratativas empezaron (poco antes de que se declarara la pandemia) se hablaba de diferir los pagos de intereses hasta 2024 o 2025 (o sea, salteando todo el mandato de Alberto Fernández), de una quita del capital que primero iba a ser del 12 % y luego promedió en torno al 5 % cuando se formalizó, y un VPN del orden de los 37 dólares por 100. Visto así, queda claro que el tira y afloje del gobierno con los acreedores, fue mucho más afloje que tire; y aun así, está por verse si logra vencer la resistencia al acuerdo de los fondos más agresivos.

Aun cuando uno creyera que un arreglo por la deuda (en estos términos, más un "reperfilamiento" que una reestructuración en sentido estricto) es la llave para reactivar la economía -tal el consenso "del mercado"- la cuestión sigue siendo si ese arreglo es sustentable. De hecho, el propio gobierno hizo aprobar en el Congreso una ley "de sustentabilidad de la deuda".

Porque arreglar la deuda con los acreedores externos supone, en primer lugar, tener la capacidad de generar los dólares para pagarla, de eso se trata en definitivas la "sustentabilidad", en tiempos de crisis y restricción externa. Eso, sin contar lo dicho tantas veces acá en cuanto a otros efectos de un arreglo en el sector externo, si se lo toma como la señal de largada para un nuevo ciclo de endeudamiento público y privado (esto último explica la euforia de los sectores empresarios), y si este a su vez tiene por objetivo financiar el desarrollo, o la fuga de capitales.

Cuando el gobierno lanzó su oferta original, como dijimos, aun no estaba declarada la pandemia, y su oferta era mucho menos generosa que la que en definitivas terminaría haciendo para cerrar el acuerdo. Según quien lo calcule, los nuevos términos le exigirían al país en los años venideros entre 10.000 y 15.000 millones de dólares adicionales a los de la oferta original, en pago de intereses y eventuales vencimientos del capital, recursos que se sustraerán a otros usos más productivos.

Así las cosas, cabe que uno se pregunte como puede una oferta mucho más generosa que la original, ser "sustentable" post pandemia, con la economía cayendo a pique, y aun restando arreglar la voluminosa deuda con el FMI. Y el interrogante no es solo económico (es decir, cuales serán los pilares del crecimiento para poder pagar la deuda, cuando el coronavirus sea un recuerdo); sino fundamentalmente político.

Y eso es así porque la cuestión de la deuda fue parte sustancial del contrato electoral del "Frente de Todos" con sus votantes: en campaña contrapusimos los intereses de los jubilados a los de los bancos, y por eso en buena parte nos votaron. Y Cristina preguntaba insistentemente quienes iban a pagar una deuda que contrajeron pocos, para fugar capitales, pero que terminó pesando sobre las espaldas de todos.

La pregunta sigue en el aire y es pertinente, sobre todo porque el arreglo con los acreedores avanza a mayor velocidad -por ejemplo- que el anunciado impuesto a las grandes fortunas, que incluso parece haber entrado en zona de duda sobre su misma existencia. Con la última oferta formulada, el gobierno se aseguraría no empezar a pagar intereses hasta agosto del año que viene, justo cuando deberían realizarse las PASO de las elecciones legislativas.

Se supone -recalcamos: se supone- que eso debería darle un aire a la economía para respirar después de la pandemia, y empezar a salir del pozo. Pero aun cuando eso funcione, de acuerdo con el arreglo en ciernes, los pagos más pesados de intereses de la deuda "reestructurada" caerían en el tramo final del gobierno de Alberto Fernández, o sea cuando el "Frente de Todos" deba legitimar su permanencia en el gobierno, en las elecciones presidenciales.

Y si honrar los pagos de la deuda en 2022 y 2023 (algo que no estaba en los papeles, antes de la pandemia) supone detraer a esos fines recursos que podrían destinarse a otros, se comprenderá que el problema, sin dejar de ser económico, es sustancialmente político. Un problema que un gobierno jaqueado todo el tiempo por factores de naturaleza destituyente no puede darse el lujo de no resolver, o autogenerarse.

viernes, 19 de junio de 2020

LA PEOR MENTIRA ES UNA VERDAD A MEDIAS


El cierre de la negociación con los acreedores externos se viene prolongando una y otra vez, porque el gobierno no logra el acuerdo de la cantidad de ellos (o el porcentaje de sus acreencias) que necesita para que la propuesta no pueda ser saboteada por los fondos buitres que están a la pesca de títulos que pueden perder valor ante un posible default y que tienen espaldas para litigar en los tribunales del exterior, como pasó en anteriores oportunidades. Uno de los más notorios de ellos es BlackRock, vinculado además a innumerables negocios en el país y en el extranjero: a sus vínculos conocidos con SOCMA y las empresas del clan Macri, hay que sumarle su posible aterrizaje en Vicentín, por ejemplo, que fue otro de los factores que impulsó la expropiación.

Ahora, cuando todo indicaba que el gobierno había acercado posiciones con los acreedores y se cerraba el acuerdo, la cosa se empantanó: cuentan acá en La Política Online que "...para los nuevos bonos 2020, BlackRock quiere la letra chica de los bonos K y Guzmán quiere la letra chica de los bonos M. Repetir la indenture 2005 de los bonos K como exige el Grupo de acreedores Ad Hoc -bajo el liderazgo de BlackRock- equivale a garantizarse la permanente amenaza de los fondos buitre, pero además implica poner a la Argentina en una categoría estanca de país "de segunda" porque todos los demás países, desde el año 2014, emiten deuda con mecanismos más benevolentes para sortear crisis de deuda."

"Cuando en los años 2005 y 2010 el gobierno llevó a cabo el Canje anterior, les dio a los bonistas dos series de bonos, los Par y los Discount, con una letra chica estándar para la época y extremadamente dañina para el deudor. La forma del gobierno de mostrar un compromiso con los acreedores -a cambio de que ellos aceptaran una quita del 70%- era mediante estas cláusulas que volvían prácticamente imposible hacer una nueva reestructuración. Bajo esta normativa, el gobierno debe reunir la aprobación del 85% de las acreencias del total de los bonos elegibles con esta letra chica y además el 66,67% de cada una de las series. Si reúne esta exigente mayoría calificada, puede forzar al resto de los acreedores a canjear sus títulos compulsivamente y esta minoría pierde el derecho a litigar."

"Detrás de la idea de estas cláusulas se presupone que los Estados soberanos llegan a las crisis de deuda por irresponsabilidad fiscal propia y con estas cláusulas se les dan incentivos a los Estados a no defaultear, porque las probabilidades de conseguir el 85% de aprobación son bajas. En cambio, las probabilidades de ir a juicio y perder y terminar pagando todo -más punitorios- son altas. Más si estas se conjugan con cláusulas RUFO que dilatan en el tiempo la posibilidad de llegar a un acuerdo con los litigantes que no sea el mismo de los que entraron en el canje y con ventanas de tiempo amplias para litigar por el impago de capital o de intereses de 10 y 5 años respectivamente. Todo esto también forma parte de la "indenture 2005". En otras palabras, basta con que algún bonista reúna el 15% de los bonos elegibles con el "indenture 2005" y decida rechazar la oferta de Guzmán para que la reestructuración sobre estos bonos no llegue a buen puerto. Y tanto el grupo Ad Hoc de fondos acreedores que encabeza BlackRock como el grupo de los Bonistas del Canje superan cada uno ese 15% actualmente.". 

Es decir, lo que está pidiendo BlackRock -y esto no lo dice la nota- es para torpedear cualquier acuerdo, y seguir litigando en caso de default en los tribunales yanquis, en los que este tipo de fondos cuentan con todas las de ganar. Algo que por acá sospechábamos desde el principio, como diría el Chapulín Colorado. 

Lo otro que no dice la nota es que el kirchnerismo puso esas cláusulas en los canjes del 2005 y 2010 pero cumplió a rajatabla con el pago de los vencimientos de la deuda, mientras gobernó. Si es cierto que sin esas cláusulas nadie hubiera aceptado una quita que promediaba el 65 % del capital adeudado, en los canjes concluidos durante los gobiernos de Néstor y Cristina.

Cuando el macrismo se rindió incondicionalmente a los fondos buitres en el 2016, pagándoles sin quitas ni plazos de gracia, incluso más de lo que reclamaban, lo que no tenía fallo firme y hasta los honorarios de sus abogados, pudo "darse el lujo" de rebajar el porcentaje de aceptación para que funcionen las cláusulas de acción colectiva que obligan al conjunto de los bonistas a aceptar condiciones de reestructuración que cuentan con un aval de una mayoría de los acreedores, que por otro lado tampoco redujo tanto: en los prospectos de deuda emitidos en ese año para pagarles a los fondos buitres, las cláusulas de acción colectiva se disparan cuando una propuesta es aceptada por el 66 % de los bonistas, o del capital.

Plantear las condiciones establecidas en los canjes del 2005 y 2010 (con una quita del capital del 65 % promedio) para una propuesta en la que la quita del capital oscila entre el 5 % y nada, la poda está en los intereses y está en discusión cual es el VPN (valor presente neto) de cada título es, como dijo el ministro Guzmán, insostenible. O no tener ganas de arreglar, y buscar que se pudra todo para litigar.

Pero la nota tampoco cuenta que en el medio (es decir, entre los canjes del kirchnerismo y el arreglo de Macri con los fondos buitres) "pasaron cosas": como por ejemplo que en septiembre del 2015 la Asamblea General de la ONU aprobó lo que acá dimos en llamar "la doctrina Kirchner"; es decir los principios para reestructuración de deudas soberanas, destinados a limitar el margen de maniobra de los fondos especulativos, en caso de defaults o reestructuraciones soberanas de sus deuda por parte de los Estados.

Esos principios generales fueron luego incorporados por el Congreso nacional (a instancias de un proyecto enviado por Cristina) a nuestro orden jurídico con carácter de orden público, a través de la Ley 27207, en cuya votación los que luego serían oficialistas con "Cambiemos" (la UCR, el PRO  y la Coalición Cívica) se ausentaron; porque como decíamos acá, ya sabían que si llegaban al gobierno iban a pactar con los buitres en las condiciones que lo hicieron, y no querían comprometerse con un precedente que se les podía volver en contra.

Sin perjuicio de lo cual en octubre del 2018 (con el crédito externo ya cortado, un endeudamiento insostenible y gigantesco préstamo del FMI que lo hacía más insostenible aun), presentaron en el Congreso "...un proyecto para que los Estados elaboren en la ONU un marco internacional para la reestructuración de deudas soberanas, contra las maniobras especulativas de los fondos buitres y priorizando la atención de sus funciones esenciales, antes que el pago de las deudas con sus acreedores externos.".

lunes, 11 de mayo de 2020

NUESTRA REPUTACIÓN NOS PRECEDE


Contra el sentido común instalado por los medios, la realidad y nuestra historia marcan que los "populistas irresponsables que sacrifican el bienestar futuro por un provecho a corto plazo" terminan pagando las deudas que asumieron los "republicanos serios y responsables que sientan las bases para un crecimiento sólido, aun a costa de sacrificios presentes".

Y esta etapa que transita el país, con la pandemia como telón de fondo, no es la excepción: se piense lo que se piense al respecto, el gobierno lanzó una oferta de canje de deuda a los acreedores externos, que en su gran mayoría estos rechazaron, y se sigue negociando; y buena parte de esa deuda la contrajo el gobierno de Macri, sobre todo entre 2016 y 2018, sin contar el colosal préstamo del FMI, uno de los más grandes de su historia.

Mientras tanto, siguen corriendo los plazos para una posible oficialización del default que, de hecho, existe desde que en 2018 Macri decidió ir, justamente, al FMI. En ésta nota de El Destape a la que corresponde el intercambio tuitero de apertura Claudio Scaletta analiza con su habitual solvencia los efectos que un default "formal" podría tener sobre la economía, y allí nos remitimos.

Lo concreto es que el alto grado de rechazo de los acreedores a la propuesta del gobierno posiblemente no tenga tanto que ver con sus términos en sí (al final, resultó ser menos agresiva de lo que se pensaba), como con la intención real del gobierno de llegar al default, si no le quedara otro remedio.

En ese sentido el kirchnerismo carga en sus alforjas con el "mal antecedente" de haber sido en sus gobiernos, un pagador responsable de aquello a lo que se comprometió, en los canjes del 2005 y el 2010: precisamente la virtud de los dos estuvo en haber planteado una reestructuración agresiva, pero que permitió que la economía creciera, para poder -entre otras cosas- pagar la deuda.

Bajo esas mismas premisas el gobierno actual armó su propuesta, y sancionó la Ley 27544 de "sostenibilidad del pago de la deuda": como dice Scaletta, "La propuesta argentina es una pequeña quita de capital y regresar a tasas de interés razonables a fin de que los pagos se adapten a la capacidad de generación de divisas de la economía, pero los fondos insisten en profundizar el ajuste hasta “que duela”, como lo reconoció uno de los negociadores, y pagos iniciales con fondos del FMI. A esto se refieren los analistas a sueldo de los acreedores cuando escriben que el país debe mostrar “un plan económico consistente”, nada menos que al disparate de ajustar hasta en tiempos de pandemia.".

Es decir que ahora ya no se trata de un análisis técnico sobre la consistencia o conveniencia de la propuesta, sino de una estricta cuestión política, una lucha de voluntades contrapuestas entre los que quieren (dentro y fuera del país) que todos pongamos nuestra libra de carne en forma de ajuste, en plena pandemia, para que los acreedores cobren más; y la pretensión contraria del gobierno de evitarnos ese trance, y generar una propuesta sustentable económica, social y políticamente.

Pero en ese trance, hay otro antecedente inmediato que dificulta las cosas para que lo consiga, y en el cual también nuestra reputación (como país, no ya como gobierno) nos juega en contra, y es el ruinoso acuerdo (capitulación) firmado por Macri y su gobierno en abril de 2016 con los fondos buitres que representaban a menos del 7 % del total de la deuda no reestructurada en 2005 y 2010 (y los más importantes por su capacidad de presión, mucho menos que eso); por el cual aceptamos pagar incluso lo que no tenía sentencia firme, los honorarios de los abogados y aun hoy, más de cuatro años después, seguimos sin saber a quienes en definitiva les terminamos pagando.

Ese funesto antecedente cuenta como decisivo en los cálculos de los principales fondos inversores, a los que el gobierno les ofrece no cobrar ni capital ni intereses por tres años; más o menos el tiempo que les insumiría litigar con éxito en los tribunales yanquis (en su mayoría), y cobrar más que eso: la totalidad de sus deudas, con más los intereses y costas judiciales.

Lo que en aquel momento sostuvieron como advertencia (desoída) los que se (nos) oponían (mos) al acuerdo, hoy vuelve en forma de "acto propio" que constituyó un verdadero tiro en el pie; no solo porque dio el puntapié inicial a otro proceso de endeudamiento acelerado para financiar la fuga de capitales (un comportamiento estructural de nuestra economía, tanto como la restricción externa, de la cual es una de las fuentes principales), sino porque se estaba rifando el apoyo político cosechado por Cristina en la ONU, para reestructurar deudas soberanas sobre bases más sólidas. 

Y aquel error de entonces se proyecta al presente, convenciendo a los fondos inversores de que, si nos aprietan lo suficiente, terminaremos aflojando y pagando todo cash, cueste lo que cueste, y caiga quien caiga.

A menos -claro está- que el gobierno demuestre en serio que no descarta la opción del default (para lo cual no puede extender indefinidamente las negociaciones), o que no le preocupan tanto sus efectos en la economía, en el actual contexto. Es la única arma que le (nos) queda para meterles el miedo en el cuerpo, y forzarlos a negociar desde otro lugar, y no deberíamos desperdiciarla. 

sábado, 18 de abril de 2020

QUEREMOS PREGUNTAR


Cuando Alberto Fernández anunció esta semana la oferta de reestructuración de la deuda que el gobierno hará a los acreedores sinceró las cosas: el país está en default, aun cuando lo haya suavizado con el calificativo de "virtual: que el país no está en condiciones de afrontar el pago de sus compromisos externos en los términos originales en los que fueron pactados es una verdad de Perogrullo, que solo un necio puede ignorar. Un necio, o los que tengan intereses en cobrar puntualmente sus acreencias, sin quitas ni esperas.

Más allá de lo que se opine respecto a la oferta y a la oportunidad del momento en que se lanza (acá hemos dicho varias veces lo que pensamos al respecto, y a ello nos remitimos), lo cierto es que aceptación depende de un conjunto de variables, de las cuales las espaldas financieras de algunos acreedores para esperar y litigar en tribunales extranjeros, no son un dato menor.

Como en un eterno loop, el país está de vuelta frente a la misma situación en la que se encontró Néstor Kirchner en el 2005, sin declaración formal de default pero forzado a reestructurar su deuda, en un contexto mucho más difícil que entonces por el marco que crea la pandemia (agravando la ya grave crisis del sector externo y la economía en general, hereradaos del macrismo) y con un antecedente inmediato que juega en contra de las posiciones de dureza en ésta materia: el acuerdo firmado por el gobierno de Macri con los fondos buitres en 2016, en el cual el país aceptó pagar incluso más de lo que le reclamaban, o reclamos sin sentencia judicial favorable.

En aquel momento (y mucho después, hasta hoy) no pudimos saber a quienes realmente les estábamos pagando, con tasas fenomenales de retorno sobre la inversión original, o el valor real de los bonos; que muchos de ellos compraron a precio vil, esperando esa oportunidad.

En ese momento y durante todo el largo enfrentamiento de los gobiernos de Cristina con los fondos buitre (embargo de la fragata y respaldo mayoritario de la ONU incluidos) hubo voces que se alzaron en el país en defensa de los reclamos de los acreedores; con el argumento especioso de que se trataba de "inversores de buena fe que confiaron en el país".

Como por ejemplo Carlos Melconián de quien se supo con el transcurso del tiempo que era acreedor del país, por haber comprado bonos de la deuda. Ahora cuenta acá Ari Lijalad en El Destape que pasa lo mismo con el Grupo Clarín, pero en relación con bonos de la abultada deuda emitida durante el gobierno de Macri, en apenas dos años: entre el arreglo con los buitres en 2016, y la ida al FMI en 2018, cuando al macrismo se le cerraron los mercados privados de deuda, porque ya avizoraban que su modelo económico era insostenible.

Un modelo que además consistió -sustancialmente- en financiar vía el endeudamiento externo del país, la fuga de capitales de los mismos grupos económicos internos que se beneficiaron con el blanqueo, por ejemplo. Y que muy posiblemente sean los mismos que luego compraron deuda, o en estos días estuvieron agitando el "dólar bolsa", o despidiendo empleados, o reduciendo salarios, o negando créditos a las Pymes, u oponiéndose al impuesto a la riqueza.

Pero a diferencia del blanqueo, en los arreglos de la deuda pública no juega el secreto fiscal, ni debería jugar: los argentinos deberíamos tener el derecho a saber a quienes les ofrecimos pagarle su deuda en las condiciones ofertas por el gobierno, e incluso quienes rechazan ese ofrecimiento, porque quieren una mejor oferta, que tendría un efecto muy sencillo si el gobierno cediera: más sacrificios y sufrimientos para el pueblo argentino (si no presentes, seguramente futuros) para poder pagarles.

Y sería bueno saberlo para medir desde que lugar habla cada uno, precisamente por eso: para que no nos corran con la vaina del "periodismo independiente", o el "análisis económico racional" cuando simplemente hacen lobby de intereses creados, si es que no son esos mismos intereses.

En especial porque esta nueva reestructuración de su deuda a la que se enfrenta la Argentina comprende -como dijimos- al colosal endeudamiento contraído por el macrismo: es inevitable sentir que, aun con una rebaja sustancial de intereses y diferimiento de los plazos, una quita del capital de solo el 5 % se parece bastante a un indulto a ese endeudamiento desenfrenado, para financiar el saqueo.

Pese a lo cual es muy probable que la oferta sea rechazada, con la esperanza de poder mejorar...para los acreedores. De allí que es crucial en nuestra opinión saber a quienes nos enfrentamos, dentro y fuera del país, para ponerles nombres y apellidos a los que tienen algo más que rivalidad política o falta de comunión con el gobierno; son simplemente hijos de puta dispuestos a cobrarse su libra de carne en un mundo y un país sacudidos por el vendaval de la pandemia; y que nadie acierta con justeza a cuando y como saldrá de la encrucijada.

lunes, 30 de marzo de 2020

A GRANDES MALES, GRANDES REMEDIOS


Perdón por ser insistentes y reiterativos, pero no nos vamos a cansar de decirlo: estamos viviendo días excepcionales, que demandan del Estado y del gobierno respuestas excepcionales. La crisis del coronavirus crea enormes dificultades, pero al mismo tiempo abre una "ventana de oportunidad" para medidas audaces que no son un salto al vacío, sino que se imponen por el peso de la coyuntura.

Que el gobierno y el presidente vienen capeando con dignidad el temporal no caben dudas, y que eso genera un vasto consenso social en torno a la figura y la autoridad de Alberto Fernández tampoco. Lo acaba de confirmar prorrogando la cuarentena, pese a las presiones de los sectores del poder económico para que la levantara; priorizando la salud, sobre los negocios o la economía. 

Precisamente eso crea una plataforma firme en la cual pararse para tomar decisiones duras y drásticas; frente a los factores de poder que son más que "los vivos de siempre", y que no suelen medirse en sus planteos y exigencias, porque el presidente sea más o menos popular: decíamos el sábado acá a propósito de los despidos de Techint y la especulación de los remarcadores de precios y desabastecedores que "El gobierno ha demostrado hasta acá estar a la altura de los desafíos que plantea la emergencia sanitaria. Es hora de que tome nota de los otros desafíos que le están planteando y actúe en consecuencia, frente a la pandemia de hijos de puta.".


Mientras el gobierno se ha mostrado firme y decidido en tomar medidas que pueden resultar antipáticas pero son necesarias (como el "aislamiento social obligatorio"), no se puede decir lo mismo -al menos hasta acá, el discurso de anoche parece preanunciar una nueva etapa- de sus acciones para frenar otros comportamientos predatorios, o para alterar de un modo decisivo las prioridades en la asignación de los recursos del Estado con los que se venía manejando hasta que la crisis estalló.

Decíamos ayer acá que "El desafío entonces es para la política: no se trata solo de que los Estados gasten en forma contracíclica para superar la pandemia y torcer el rumbo de la recesión, y para eso emitan o tengan déficit. Eso sucede desde hace tiempo, en los propios países centrales que nos exigen al resto que no lo hagamos, por aquello de "haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago".

Se trata de encontrar el modo de ir más allá en la intervención pública (como no se hizo en los países centrales luego de la crisis financiera global del 2008), regulando, interviniendo de modo directo e incluso poniendo directamente bajo el control de los Estados, resortes fundamentales de la estructura económica. De lo contrario el virus pasará, o encontrarán la cura a la enfermedad, pero las estructuras económicas y sociales que crean las condiciones objetivas para que cause daño (por ejemplo desfinanciando la salud pública, o privatizando la seguridad social) quedarán intactas, hasta la nueva crisis.".


Y lo que está pasando es que un Estado exhausto y quebrado, que debe rascar en el fondo de la olla para comprar respiradores, o inyectar recursos al fondo de la pirámide social para que les llegue algo a aquellos a los que la crisis golpea con más fiereza en su existencia cotidiana, sigue gastando miles de millones de pesos en pagarles a los bancos los intereses de las LELIQS (en contra de las promesas de campaña del hoy presidente), o pagando puntualmene los intereses de los vencimientos de la deuda; cuando el default de la deuda global (no ya el de la Argentina) se impone como la única solución racional posible, para empezar a salir del fondo del pozo. 

Señalar estas cuestiones no implica cuestionar el liderazgo de AF, ni su capacidad para pilotear la crisis, sino por el contrario advertir que si no se abordan ciertas cuestiones, ésta se agravará, lejos de comenzar a resolverse. Paolo Rocca es simplemente el mascarón de proa del poder económico, que ha tomado sobre sí el rol de hacer punta y medir la respuesta del Estado, y si esta no es contundente y categórica, detrás de él vendrán los demás, a imitar su ejemplo.



Cuando las ideas del neoliberalismo están en crisis en todo el mundo al compás de la pandemia, es inadmisible tolerar que sus corifeos locales aparezcan ahora preocupados por la economía, el PBI, los empleos, la inflación o los salarios, como si nos hubieran dejado un país en marcha y creciendo, sin deudas ni retroceso en sus indicadores sociales; un paraíso en el cual aterrizó el coronavirus como un visitante inesperado e indeseado. Sobre nuestros silencios y vacilaciones se construye su avance insidioso, apostando al cansancio social por la alteración de la vida cotidiana que supone la crisis, más aun cuando se acaba de anunciar la prórroga de la cuarentena.

No hay margen para seguir tolerando que haya servicios públicos esenciales en manos de empresas privadas prebendarias, inescrupulosas y jamás dispuestas a invertir; ni un sistema financiero manejado por bancos apalancados en enormes márgenes de ganancias (aun con el recorte de tasas), que se resisten a implementar las líneas de crédito a tasas subsidiadas que se habilitaron por la emergencia; como tampoco hay margen para que los formadores de precios sigan haciendo su agosto en medio de las necesidades apremiantes de la gente, sin ser duramente sancionados.

Es acá, es ahora, es oportuno y es necesario; cuando hasta la oposición (o buena parte de ella) admite que en tiempos de crisis, debe haber unidad de conducción para sortear los escollos; y cuando la imagen del presidente es altísima, y hasta los que no lo votaron lo apoyan. Después será tarde para lágrimas.


Una plaga, como el coronavirus, se puede comparar con una guerra, por los efectos que causa en la economía y en la sociedad: algún día termina, pero queda la tarea (y los costos) de reconstruir los daños que ha causado; y como repartir los esfuerzos que eso significa. Hay allí un terreno de disputa y de intereses encontrados, como siempre pasa en la política y la economía; y la presente crisis no será la excepción.

En el video de abajo (en especial en los primeros tres minutos, más o menos) uno que sabía algo de estos asuntos explica lo que pasa en esos casos, y como se puede salir del laberinto para que no te hagan pagar los platos rotos. Cambiando los tiempos y las situaciones (saquen guerra, pongan pandemia) los conceptos tienen plena vigencia:


jueves, 6 de febrero de 2020

DISPAREN SOBRE AXEL


Cuando se discutió en la legislatura bonaerense la reforma tributaria propuesta por Axel Kicillof, decíamos nosotros en esta entrada: " Por otro lado, el fenómeno Kicillof resulta en sí mismo interesante porque representa la irrupción de un dirigente nuevo, con condiciones innegables (aunque siempre cuestionadas o discutidas, desde el propio peronismo), magnetismo personal y caudal electoral propio, más allá de su innegable identificación con Cristina y el proceso kirchnerista. Rompió con el mito de que el kirchnerismo no podía "transferirle electorabilidad" a sus candidatos provinciales.

Y un dirigente con una gran proyección a futuro, en la medida en que logre realizar una buena gestión de gobierno en Buenos Aires, en circunstancias muy difíciles: la desastrosa gestión de Vidal le dejó tierra arrasada, con un endeudamiento descomunal, y una oposición fronteriza con el golpismo, dispuesta a sabotear la gestión desde el primer día, como lo comprueba el caso de la reforma tributaria.

(...) De otro lado, le pese a quien le pese, la cuestión tampoco puede ser analizada desde el ángulo mezquino de la interna futura, como sin dudas hacen algunos haciéndose bien los boludos mientras piensan para sus adentros "dejálo al rusito que se estrole peleando contra los molinos de viento, así sale de carrera un competidor peligroso". Negar que estas cosas existen tampoco ayuda a entender el panorama, porque hoy vienen por él, y mañana vendrán por vos, está en su naturaleza; como la fábula del escorpión y la rana.

En la provincia de Buenos Aires y en la gestión allí de Axel Kicillof, en las condiciones descriptas, se juega buena parte del éxito de la nueva experiencia política de signo nacional y popular inaugurada en el país el 10 de diciembre pasado. Bien harían todos los que tienen responsabilidades políticas importantes en la conducción de ella en tomar nota del asunto, más allá de la opinión personal que tengan sobre el gobernador de Buenos Aires, o la mayor o menor simpatía que les cause.".

Hoy, menos de un mes después, y a propósito del pago del primer vencimiento de la pesada deuda externa provincial, las reflexiones citadas cobran plena actualidad: es muy notorio ver los misiles de todo tipo que se tiran contra el gobernador de Buenos Aires desde los medios sponsoreados por los acreedores que quieren mejorar sus posiciones relativas de cara a una negociación que avirozan será dura, como desde las mismas trincheras mediáticas pero en éste caso con el claro objetivo político de limarlo a él, y por carácter transitivo a Cristina.

Quieren meter cizaña en su relación con el gobierno nacional, contraponiendo una supuesta divergencia de criterios con Guzmán en el manejo de la deuda, cuando en realidad la cosa es más compleja, o más sencilla si se quiere: Kicillof debió tensar al máximo la cuerda porque estaba apremiado por un vencimiento que le cayó antes, y porque quiso dar una señal al resto de los acreedores de cuáles serán las reglas de juego. Por eso el hecho relevante no es que terminó pagando el bono al fracasar la propuesta de reprogramación (bloqueada por un fondo inversor que tenía la mitad de la emisión), sino que anunció la reestructuración de la pesadísima deuda bonaerense, en su inmensa mayoría contraída de modo irresponsable durante la desastrosa gestión de María Eugenia Vidal.

De las mismas usinas mediáticas de las que salen las operaciones de "blanqueo" de Vidal (posible carta electoral futura del régimen) provienen las que atacan la figura del gobernador bonaerense, por las mismas razones. Incluso llegando al absurdo de cuestionar ahora el pago del bono, que hasta ayer reclamaban para evitar el default: a la hora de pegarle a Kicillof, la crítica tiene todos los climas.

El episodio -que se suma, reiteramos, a lo que pasó en la PBA con la reforma tributaria- es una lección de política, más que de economía: nos muestra quienes son los jugadores que están en el tablero, y como se mueven. Y la reflexión correcta no es, como plantea la mayoría de los medios, que el "impetuoso" Kicillof debería fijarse en como se mueve el "reflexivo" Guzmán (hasta ayer, también considerado "impetuoso" por esos mismos medios), sino al revés.

Porque lo concreto es que el gobierno nacional acaba de lanzar un canje voluntario de los bonos "reperfilados" que fue, digámoslo claro, un completo fracaso: tuvo apenas un 10 % de aceptación. Lo que está indicando cual es la reacción previsible de "los mercados", en momentos en los que el mismo gobierno se lanza a la renegociación de toda la deuda.

¿Supone esto un error de cálculo de Guzmán y su equipo, o una minimización de los inconvenientes reales que presenta el camino de arreglar el frente de la deuda? Posiblemente más de lo segundo que de lo primero, en un gobierno que hasta acá vino dando reiteradas señales de querer cumplir con sus compromisos (en realidad, los de gobiernos anteriores), con más voluntarismo que posibilidades.

Lo dijimos antes, lo repetimos ahora: más allá de las valoraciones políticas generales que exceden el problema de la deuda (y que son las que contextualizan las críticas y los ataques contra Kicillof), ése problema en sí mismo tiene condicionantes estructurales reales, que no se pueden ignorar; y que determinan que los gobiernos (el de la nación, el de la PBA, los de las demás provincias) no van a hacer lo que quieran, sino lo que puedan.

Y pagar toda la deuda (no un bono puntual), sin renegociarla con quitas en capital e intereses, ni reprogramaciones en los vencimientos, es absolutamente imposible, se lo diga o no con todas las letras. La restricción externa, agudizada gravemente por el macrismo y sus políticas, y el delicado cuadro socioeconómico sobre el que el gobierno intenta operar con instrumentos limitados (y autolimitaciones, digamos todo) han generado de hecho un escenario de default, que no cambia por el hecho de que el gobernador de Buenos Aires haya terminado pagando el bono íntegro, a su vencimiento. De hecho, eso es lo que está diciendo el propio Kicillof, al anunciar que lanza la reestructuración de la deuda global de la provincia.

Cuanto antes se metabolice (por el gobierno y por los mercados) ese dato incontrastable de la realidad, más rápido se podrá avanzar en la búsqueda de formas de acuerdo para salir del atolladero. Mientras tanto, siempre se estará expuesto a la capacidad de presión de un acreedor, o grupos de acreedores, para cobrar lo suyo y que el resto se arregle como pueda; incluyendo en el resto al conjunto del país que espera soluciones urgentes para los graves problemas económicos y sociales que padecen a diario muchos de sus habitantes.