LA FRASE

"POR AHORA NO ESTAMOS PIDIENDO AUTORIZACIÓN PARA QUE LA POLICÍA PUEDA USAR LA PICANA Y EL SUBMARINO, ANTES VAMOS A VER COMO FUNCIONAN LAS REFORMAS QUE PLANTEAMOS." (PABLO COCOCCIONI)
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viernes, 11 de enero de 2019

INDICADORES


De la cuenta de Twitter de Silvina Batakis (ex ministra de Economía de la PBA en el gobierno de Scioli) tomamos los tuits de apertura, que muestran en gráficos la evolución del coeficiente de Gini y el PBI per cápita en todos los gobiernos democráticos, desde 1983 a la fecha.

El primero de los cuadros muestra la evolución del Gini que, como sabemos, mide la desigualdad en la distribución del ingreso en una sociedad: cuando el coeficiente sube o aumenta el indicador, más desigual es esa sociedad entre quienes ganan más, y los que ganan menos.

A la inversa (o sea, cuando el indicador desciende, o es menor), tiene a ser más igual: se acorta la distancia entre los que más ganan, y los que menos ganan.

El segundo cuadro muestra la evolución del PBI per cápita, que se obtiene dividiendo el Producto Bruto Interno (es decir, el conjunto de la riqueza producida por un país), por su número de habitantes.

Permite medir cuanto crece o decrece la economía de un país, y como se correlaciona eso con su crecimiento poblacional.

Como pueden ver en los gráficos, en el primer caso los gobiernos de Néstor y Cristina fueron los únicos en los que el coeficiente de Gini disminuyó, o sea, que solo en ellos la sociedad argentina tendió a ser menos desigual. 

En los demás (incluyendo el de Macri) aumentó el índice, y por ende, la desigualdad.

Para el segundo indicador, la tendencia es la misma con la sola excepción de que en ese caso hay que agregar además el gobierno de Menem, donde el país crecía, pero se tornaba más desigual, como surge de comparar ambos indicadores para ese período.

Cada período se midió tomando como base el inmediato anterior, cosa perceptible en el tránsito del gobierno de Néstor (2003-2007) a los de Cristina (2007-2015), que arrancó de un "piso" más alto, sobre todo en cuanto al crecimiento.

Datos (no opinión) como para saldar los debates sobre cuáles fueron los mejores y peores gobiernos desde que recuperamos la democracia.

lunes, 22 de agosto de 2016

INFLACIÓN, SALARIOS Y DISTRIBUCIÓN DEL INGRESO


El cuadro de apertura se lo tomamos prestado al amigo Hernán Pablo de su muy recomendable blog y está exponiendo la relación entre la inflación (en color naranja) y los salarios (en azul), desde el 2000 hasta mayo de éste año.

Para despejar suspicacias, las cifras de la inflación no son del INDEC sino del estudio Bein (el mismo que está pronosticando un crecimiento del PBI del 5 % para el año que viene), y las de los salarios corresponden al RIPTE; es decir el promedio de los aumentos por paritarias de los trabajadores estables registrados en la seguridad social, que elabora el Ministerio de Trabajo de la nación.

Lo que el cuadro demuestra es que aun en un contexto de inflación persistente el kirchnerismo buscó atacar el problema por el lado de las políticas de ingresos, y los salarios de los trabajadores (al menos los registrados) le empataron o ganaron a la evolución de los precios, en prácticamente todo el período considerado; es decir que mantuvieron su poder adquisitivo, o lo mejoraron, lo cual es consistente con un proceso de crecimiento sostenido, sustentado en el mercado interno y el consumo popular.

El gráfico no registra a los asalariados informales (cuyos ingresos casi seguro estuvieron por debajo de los registrados) que son un tercio aproximadamente de la fuerza laboral, pero tampoco contabiliza a los jubilados y pensionados o beneficiarios de la AUH; que a través de los aumentos periódicos primero y la ley de movilidad después (en el caso de los jubilados y pensionados) estuvieron casi siempre por arriba del promedio de las paritarias, y por ende de la inflación. Algo parecido sucedió con el Salario Mínimo, Vital y Móvil (SMVM).

En la determinación de los niveles de inflación producidos en el período analizado hay que tener en cuenta otras políticas de ingresos indirecto sostenidas por el kirchnerismo, y hoy en trance de desaparición con el gobierno de “Cambiemos”.

Tal es el caso de las retenciones a las exportaciones de productos básicos de la canasta familiar (los denominados “bienes salarios”) que desacoplaron los precios internos de los que regían en el mercado internacional en una etapa de alza de los commodities.

Y por supuesto -de mayor actualidad- la política de subsidios a las tarifas de los servicios públicos esenciales (luz, gas, agua y transporte) que generaban mayores niveles de ingresos disponibles para otros consumos, esto sin excepción entre trabajadores formalizados o no, y de activos, pasivos o beneficiarios de programas sociales.

El cuadro también deja claro -como puntualiza Hernán- los efectos regresivos que tienen siempre sobre la distribución de los ingresos los shocks devaluatorios: pasó en 2002, volvió a pasar en 2014 y está pasando ahora, en versión corregida y aumentada; porque a la devaluación consecuencia de la salida del “cepo” le siguió la eliminación de las retenciones, y el progresivo desmantelamiento de la política de subsidios.

Además y bajo la amenaza del creciente desempleo, se pactaron paritarias a la baja en relación a la inflación, y el aumento por movilidad correspondiente a los jubilados y pensionados fue menor a la inflación real porque las políticas económicas de Macri afectaron los componentes de la fórmula.

Así como el gráfico de apertura muestra la evolución de precios y salarios durante todo el período kirchnerista y aun antes (desde la salida de la convertibilidad) el de abajo mide en un período más amplio (que abarca el menemismo) la variación del coeficiente de Gini, que mide la desigualdad entre los deciles de mayores y menores ingresos de la sociedad: como tantas veces se ha explicado, cuanto mayor sea el índice, más desigual será una sociedad y a la inversa, cuanto menor sea, más igualitaria será.

Si en el análisis en perspectiva de los procesos económicos y sociales lo que importan son las tendencias, el gráfico no podría ser más claro: durante el kirchnerismo el proceso de redistribución de ingresos en favor de los que menos tienen fue constante, con diferencia de intensidades en todo caso y según las coyunturas.

Ese aspecto nos parece -por lo menos a nosotros- crucial para juzgar un proyecto político, sea el que gobernó la Argentina hasta el 10 de diciembre pasado, o el que hoy lo hace. Lo demás -si no es puro cuento- tiene una relevancia bastante menor.


martes, 24 de septiembre de 2013

MEJOR REPARTO


Leemos en Página 12 de hoy: "La distribución del ingreso mostró una leve baja en el segundo trimestre en relación con el mismo período del año pasado. El coeficiente de Gini (que registra el grado de inequidad en la distribución del ingreso, siendo 1 el valor más desigual y 0 el de equidad absoluta) registró una caída de 0,418 a 0,414 en la medición para el ingreso per cápita familiar. Según el informe difundido ayer por el Indec, el 10 por ciento de la población con mayor nivel de ingreso promedio por miembro de la familia se hizo de 18.644 de pesos en el segundo trimestre, mientras que el 10 por ciento que más abajo está en esa escala recibió 1068 pesos. La diferencia entre ambos valores es de 17,5 veces. En el segundo trimestre de 2008, cuando comenzó la actual instancia de la crisis global, la citada brecha era de 24,3 veces.
En la medición de ingreso per cápita familiar, que registra el ingreso promedio por integrante del grupo familiar, el coeficiente de Gini cayó desde el segundo trimestre de 2004 de 0,513 a 0,414 este año. El 60 por ciento de esa mejora tuvo lugar hasta 2008, junto a las altas tasas de crecimiento, creación de empleo y recomposición salarial. De allí en más avanzó el 40 por ciento restante, en un contexto más complejo no sólo por el panorama internacional sino por el propio hecho de que la economía era más sólida y presentaba nuevas necesidades de inversión tanto del sector privado como del Estado para mejorar la productividad.
Si bien la equidad general, que mide el Gini, registró esa importante mejora, es más impactante la reducción de la desigualdad “entre puntas”. La brecha entre el 10 por ciento mejor ubicado en la escala de ingreso promedio por integrante de la familia y el 10 por ciento más pobre bajó de 60 veces en 2004 a 24 veces en 2008 hasta 17,5 en la actualidad. El dato de la brecha marca el grado de avance relativo de los más pobres con relación a los más favorecidos por la economía nacional. Hace un año, ese valor era de 18,2 veces.
Si se concentra el análisis sobre el universo de los ocupados, la brecha de ingresos entre el decil mejor pago y el de ingreso más bajo fue de 17,4 veces en el segundo trimestre. Es una diferencia similar al del ingreso total per cápita familiar. Sin embargo, el coeficiente de Gini entre los ocupados es de 0,377, lo que expresa que la desigualdad global en este segmento es menor a la de la población total. Eso implica que la condición de pertenecer al mercado laboral equilibra los niveles de ingresos. El Indec también estudia el ingreso familiar total de los hogares. En el segundo trimestre del año, la mitad de las familias que vive en el país recibió ingresos igual o inferiores a los 6 mil pesos.".
Más allá de la previsible crítica a la credibilidad de las cifras del INDEC, y del contexto político que tiñe todo intento de rescatar lo logrado en estos diez años con la ominosa sombra del fin de ciclo, lo que no puede discutirse es la direccionalidad del proceso y -de paso- el daño que causaron en el país las políticas del neoliberalismo; tanto grande como el esfuerzo que significa repararlo.
Tanto que el mismo artículo da cuenta de que, con las mejoras en la medición de la desigualdad por ingresos entre los distintos segmentos poblacionales del país en los últimos años, se está llegando recién a los indicadores de hace unos veinte años.
Pero incluso el propio período de la década kirchnerista (con datos como estos, sin dudas ganada) reconoce dos etapas: una de vigorosa expansión de la economía junto a la creación de empleo partiendo del piso de la crisis del 2001, y una segunda (desde el 2008 para acá) en el que la expansión del empleo se modera, o no acompaña el ritmo de crecimiento de la economía; y en contextos de crisis hay que articular desde el Estado políticas para sostener el empleo, y que no se destruyan puestos de trabajo.
Y es allí donde queda claro que se podrán cuestionar las cifras, pero no la direccionalidad del proceso abierto el 25 de mayo del 2003 hacia una sociedad más justa, equilibrada e inclusiva.
Del mismo modo que hay herramientas diseñadas o instrumentadas por el kirchnerismo que contribuyeron fuertemente a moderar la desigualdad (la reactivación de las paritarias y el Consejo del Salario, la inclusión previsional, la ley de movilidad jubilatoria, la AUH), el estudio deja claro que el principal igualador social sigue siendo el trabajo: entre los ocupados formales la mejora del coeficiente de Gini es más notable aun.
De allí que crear empleo, o sostenerlo en contextos de crisis, deben ser la clara prioridad de cualquier proyecto político que se precie de ser más o menos progresista o inclusivo; y en el caso del peronismo no es ni más ni menos que la fidelidad a su identidad histórica.
Al respecto es notable que en el país la desigualdad haya seguido disminuyendo desde el 2008, cuando todo el contexto económico mundial conspiraba contra ello.
Notable, pero no casual: sólo fue posible por la firme decisión política de instrumentar políticas contracíclicas que evitasen la destrucción de puestos de trabajo. 
Para el gobierno hubiera sido muy sencillo (sobre todo luego del impactante triunfo de Cristina en el 2011) emprender el camino de los ajustes para equilibrar ciertos aspectos de la macroeconomía, sin compromisos explícitos del sector privado de la economía de invertir para sostener el empleo.
Un camino que muchos todavía hoy (en un contexto de mayor debilidad política del oficialismo) siguen reclamando, por lo que los datos que aporta el informe tienen un gran valor pedagógico para ilustrar por donde va y no va la cosa; más allá de los resultados electorales.