LA FRASE

"POR AHORA NO ESTAMOS PIDIENDO AUTORIZACIÓN PARA QUE LA POLICÍA PUEDA USAR LA PICANA Y EL SUBMARINO, ANTES VAMOS A VER COMO FUNCIONAN LAS REFORMAS QUE PLANTEAMOS." (PABLO COCOCCIONI)
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sábado, 2 de abril de 2022

PADRES Y MADRES DE LA DEMOCRACIA


Se cumplen 40 años de la recuperación de las Malvinas, luego de que esta semana se cumplieran 40 años de la marcha "Paz, pan y trabajo" protagonizada por la CGT encabezada por Saúl Ubaldini que, como expresión pública del clima social de hartazgo creciente con la dictadura, disparó la decisión de la junta de iniciar las operaciones sobre las islas.

Como en la semana también se cumplió un nuevo aniversario de la muerte de Raúl Alfonsín, se desató un debate (que se reitera todos los años, para ésta y otras fechas) sobre las "paternidades" de nuestra democracia recuperada en 1983. Huelga decir que la transición democrática que dejó atrás el ciclo de los gobiernos de facto iniciado en 1930 es una construcción colectiva, trabajosa en el tiempo  y no exenta de retrocesos.

Pero en el caso particular de nuestra transición -de la que el año que viene se cumplirán también 40 años- el derrumbe del régimen militar fue resultado de sus propias inviabilidades políticas y sociales, más que de una lucha sostenida y permanente de un vasta coalición social que lo terminara expulsando del poder. No se puede decir, entonces, que en nuestro caso y respecto a la dictadura del 76', se haya cumplido aquello de Cooke de que "los regímenes no caen, hay que voltearlos".

La pretensión de los dictadores de entonces -como los de todos los tiempos- fue, por supuesto, perpetuarse en el poder (la decisión Malvinas expresa precisamente eso), pero bien se ha dicho que las bayonetas sirve para todo, menos para sentarse sobre ellas; al menos de modo permanente. Cuando su modelo económico había ya fracasado de modo estruendoso mucho antes, el régimen militar se sostenía en buena medida por sus apoyos civiles (en especial del poder económico en cuyo beneficio se ejecutó el golpe), y en otra parte por el terror diseminado en la sociedad por un extendido aparato de represión de toda protesta social o política.

Si bien para esos meses del otoño de 1982 ya funcionaba la Multipartidaria y había convocado a una marcha multitudinaria a Plaza de Mayo en diciembre del año anterior, no parecía que los partidos políticos tuvieran la fuerza necesaria para obligar a la retirada del régimen militar y el llamado a elecciones para volver a la democracia. La movilización callejera del 30 de marzo aportó el músculo social que necesitaba el reclamo de la política, para desgastar al régimen y forzarlo a pensar en su salida: como leímos estos días en las redes sociales y a propósito de paternidades democráticas, sin Ubaldini no hubiera habido Alfonsín.  

Y en medio de todo eso -y como consecuencia de eso- un día como hoy, hace 40 años, Malvinas. La gesta que la dictadura soñó como el as en la manga para garantizarse su perpetuación, terminó siendo el disparador de su quiebre definitivo, ante el fracaso político y militar. En ese preciso y doloroso sentido, nuestros compatriotas que pagaron con sus vidas heroicamente entregadas el sueño etílico de un devaluado César, fueron también, "padres de la democracia". Sin embargo, durante muchos años de la vigencia de las instituciones democráticas, los ex combatientes (los caídos y los sobrevivientes) fueron -si se nos permite la expresión- "desaparecidos", porque una dirigencia política culposa cargaba injustadas en sus espaldas el error de ir a una guerra en las peores condiciones posibles, error del que ellos no fueron autores sino víctimas. 

Antes de Malvinas, otras, mujeres valientes de pañuelos blancos, fueron "madres" de esa misma democracia, acaso sin saberlo, cuando reclamaban por sus hijos y nietos, en medio de la indiferencia social, o el acompañamiento de sectores minoritarios. Con su ejemplo ético que es emblemático y conocido en el mundo entero, horadaron la credibilidad moral de una dictadura que invocaba los valores de Occidente, mientras los violaba sistemáticamente con el apoyo de las propias potencias occidentales, por acción u omisión. 

Sin embargo y por las mismas razones que la política y los partidos, por sí solos los organismos de derechos humanos carecían de la fuerza necesaria para -en las palabras de Cooke- voltear al régimen. Estas realidades históricas -que se nos vuelven hoy a la memoria en la forma que imponen las efemérides, máxime cuando se trata de cifras redondas- son las que subyacen en los orígenes  de nuestra reconquistada democracia, pero también en el espesor y fortaleza concretos que esta pudo alcanzar en casi cuatro décadas de vigencia: lo que faltó entonces, para desalojar antes al régimen, fue compensado solo en parte hasta hoy.

De hecho, hace poco y a propósito de un nuevo aniversario del golpe,  decíamos acá que "Así como el golpe fue instrumentado para clausurar, de una vez por todas, el ciclo de la Argentina peronista iniciado en 1945, luego de él se ejecutó un plan perfectamente orquestado para remodelar la sociedad argentina, su estructura, sus clases, su aparato productivo, su organización social y su historia de luchas; con alcances que perduran hasta hoy. Es común decir -con temple militante- que no nos han vencido, pero no es menos cierto que tampoco pudimos vencerlos, en ese aspecto.".

"Si bien somos ejemplo en el mundo -tras marchas y contramarchas- por el juzgamiento de las violaciones a los derechos humanos, en especial a los miembros de las fuerzas armadas y de seguridad, también debemos admitir que esos poderes fácticos que instrumentaron en su beneficio el terrorismo de Estado han atravesado estos años con su poder de fuego casi intacto, como lo podemos comprobar -sin ir más lejos- en cada crisis de deuda, en cada proceso de fuga de capitales o cada vez que vamos al supermercado.".

Hoy, cuando ese mismo poder "real" para el que se ejecutó el golpe que intentaba perpetuarse en el poder a través de Malvinas sigue mandando entre nosotros e imponiendo su poder de veto sobre las políticas de los gobierno democráticos que puedan lesionar sus intereses y privilegios, acaso debamos pensar que no se trata de contraponer luchas ni evocaciones, sino de sumarlas: la reivindicación ética de los derechos humanos y el reclamo de memoria, verdad y justicia, la pelea por el pan y el trabajo, y el reclamo por la afirmación de la soberanía, no solo limitada a la defensa de nuestra integridad territorial.

Y en esa sumatoria habremos encontrado un programa político, social y económico para darle un sentido profundo a nuestra democracia, y una coalición social y política lo suficientemente ancha y profunda como para poder ejecutarlo.     

viernes, 31 de marzo de 2017

ERA AYER


Era ayer. a los 35 años de aquélla histórica marcha de la CGT encabezada por Ubaldini que terminó en una brutal represión, y marcó el principio del fin de la dictadura.

En ese ayer la central histórica de los trabajadores argentinos se puso a la cabeza del reclamo no solo de los trabajadores, sino de la mayoría de la sociedad que llevaba ya seis años de represión política, violaciones sistemáticas de los derechos humanos y destrucción planificada del aparato productivo, el el empleo, los salarios y los derechos de los laburantes.

También entonces había burócratas sindicales "dialoguistas" y "negociadores" que conciliaban con la dictadura, entre ellos el más célebre, Triaca padre.

Era ayer el paro, como lo vieron claro las dos CTA y la Corriente Federal de los Trabajadores: en ese día, de ese modo (movilizando), en ese lugar: la plaza histórica, escenario de las más grandes epopeyas del pueblo argentino.

Era en ese marco, todos juntos, unidos en el reclamo, con el flamante "Movimiento Intersindical Saúl Ubaldini" estrenándose como debe ser, en la calle.

Era con el tono que tuvieron los clarísimos discursos del "Barba" Gutiérrez de la UOM (¿se entiende por qué en la CGT de los gordos no tiene más protagonismo?) y de Hugo Yasky.

Sin miedo al macarteo de un gobierno maccartista, ni a las acusaciones de golpistas y desestabilizadores: como dijo el "Barba", lo que desestabiliza al gobierno de Macri son sus propias políticas.

Ayer -como Ubaldini en el 82'- las dos CTA y los gremios de la CGT que acompañaron la marcha se hicieron cargo de su responsabilidad, asumiendo la representación del hartazgo social contras las mismas políticas económicas que combatía Ubaldini; replicadas con escalofriante similitud 35 años después.

Contra la reivindicación cada día menos disimulada del genocidio de la dictadura, y contra la política más anti obrera y anti sindical de que se tenga memoria desde el 83' para acá, conducida por el hijo de aquél sindicalista "dialoguista", como en un perfecto círculo histórico.

El paro era ayer pero los gordos de la CGT lo dejaron pasar y lo fijaron para despuiés, cuando ya no les quedaba más remedio; pero a su modo: sin movilizarse, sin ir a la plaza, sin decir con todas las letras que es contra el gobierno y sus políticas.

Le esquivaron el bulto a la fecha de ayer, para que no les dijeran que homologan al gobierno con la dictadura, cuando es el gobierno el que se empeña en parecérsele. Pero en realidad es porque no resisten el cotejo con Ubaldini, que si viviera lloraría pero de bronca; de verlos tan pusilánimes.

Las movilizaciones previas al paro del 6 de abril (incluida la de ayer) les marcaron la cancha, y todavía están a tiempo de hacer algo, para evitar que la ola se los lleve puestos.

Como dijeron Gutiérrez y Yasky, para que el paro sea el principio de algo más, y no una simple válvula de escape para aflojar tensiones, y seguir negociando con un gobierno que ya dejó claro que en lo central de su programa (cagar a los trabajadores) no está dispuesto a negociar. Y si no que les pregunten a los docentes.