LA FRASE

"POR AHORA NO ESTAMOS PIDIENDO AUTORIZACIÓN PARA QUE LA POLICÍA PUEDA USAR LA PICANA Y EL SUBMARINO, ANTES VAMOS A VER COMO FUNCIONAN LAS REFORMAS QUE PLANTEAMOS." (PABLO COCOCCIONI)
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lunes, 20 de octubre de 2025

EL PARTIDO DEL BALOTAJE

 

El balotaje o segunda vuelta en las elecciones presidenciales no es un invento argentino, pero entre nosotros tiene un origen histórico bien concreto: lo introdujo Lanusse en su Estatuto Fundamental que reformó en 1972 la Constitución vigente (la de 1853 con todas sus reformas menos la de 1949), para que rigiera en las elecciones que se terminaron realizando el 11 de marzo de 1973; en las que por primera vez en 18 años iba a participar el peronismo, aunque sin Perón como candidato.

El contexto en el que el "Cano" diseñó la maniobra era el fracaso del GAN (Gran Acuerdo Nacional), su intento de comprometer a Perón y al peronismo en una salida política continuista de la dictadura, lo que derivó en una salida electoral empujada por un clima de creciente conflictividad social y política desde el Cordobazo y el crecimiento del accionar de las organizaciones armadas. El objetivo del balotaje era claro: aglutinar en esa instancia todos los votos de las fuerzas políticas anti-peronistas que individualmente no alcanzaban volumen, para frenar el retorno del peronismo al gobierno.

La maniobra fracasó porque aun sin Perón como candidato, el FREJULI con Cámpora rozó el 50 % de los votos y frente a la contundencia del resultado, Balbín y la UCR declinaron participar en la segunda vuelta, anticipándose a una segura derrota que no haría más que reforzar la legitimidad del triunfo peronista: cualquier parecido con Menem frente a Néstor Kirchner en 2003, no es casualidad. 

Más acá en el tiempo y hasta hoy lo introduce Alfonsín en el marco de las negociaciones del pacto de Olivos que concluirían en la reforma constitucional de 1994, y exactamente con el mismo propósito que Lanusse: cerrarle el paso a un triunfo electoral del peronismo, por entonces en su encarnación menemista. Menem -que habrá sido cualquier cosa menos zonzo- advirtió el peligro que implicaba introducirlo en la Constitución con la fórmula clásica (para ganar es necesario obtener la mitad más uno de los votos válidos afirmativos): en las elecciones que lo llevaron a la presidencia en 1989 y después del descalabro del gobierno radical hiperinflación incluida, Angeloz obtuvo el 38 % de los votos, lo que implicaba que el polo anti-peronista de la sociedad era una fuerza a respetar.

De allí que haya pactado introducir el balotaje pero con la fórmula atemperada con la que lo conocemos hasta hoy, y que no le fue necesaria en su segunda candidatura (1995), porque logró captar (y espantar, pero en menor medida) votos de los dos lados de la grieta que divide a los argentinos desde 1945; e incluso es posible que -con su primer gobierno a la vista- haya tenido más votos gorilas, que peronistas. Una excepcionalidad que no se volvería a repetir, tanto que en 2003 el propio Menem intentó recrearla y tuvo que bajarse -justamente- del balotaje con Kirchner, frente a lo que era una segura derrota estruendosa. 

Por razones que no es del caso analizar ahora y mal que nos pese, el polo anti-peronista de la sociedad es a priori más competitivo en términos electorales, porque hay más gorilas que peronistas (no es casual que el anti-peronismo haya ganado los dos únicos balotajes habidos hasta acá en nuestra historia); pero en cada elección se fracciona y dispersa porque todos quieren ser el instrumento de la aniquilación definitiva del peronismo, que es a lo que ha quedado reducido progresivamente su programa político desde 1945 para acá.

El peronismo nació enfrentando a una coalición de fuerzas políticas y sociales (la Unión Democrática) que lo único que tenían en común entre sí era oponérsele, y les ganó (aun cuando Perón no era entonces lo que fue después) siendo fiel a sí mismo, es decir asumiendo en plenitud el desafío de representar los intereses de los que lo habían elegido como vía de expresión política, frente al fracaso de los partidos tradicionales. 

Si en las elecciones que vinieron después hasta el golpe que lo derrocó en 1955 fue aumentando invariablemente su legitimidad, las razones hay que buscarlas en su desempeño en los gobiernos de Perón, que son las mismas razones por las que la Argentina gorila los mantuvo proscriptos (a ambos, Perón y el peronismo) durante 18 años, sin permitir elecciones realmente democráticas en el país. El objetivo era el mismo que luego trataría de conseguir Lanusse introduciendo el balotaje: impedir que el peronismo volviera a gobernar la Argentina; como si hubieran dicho "No vuelven más, porque nosotros nos vamos a asegurar de que así sea".  

La enseñanza que deja la historia es muy clara: cuando el peronismo (tantas veces acusado de ser puro pragmatismo vacío de ideología en busca del poder, a veces con razón) es fiel a sí mismo gana claro; como pasó con Cristina en la fórmula presidencial en 2007 (después del gobierno de Néstor) en 2011 (después de su propio gobierno) y en 2019, después del desastroso gobierno de Macri. A la inversa, cuando el peronismo duda y busca un perfil componedor -en sus programas y en sus candidatos-, pierde: pasó en 2015 con Scioli (cuando Cristina no podía ser reelecta), y volvió a pasar en 2023 con Massa, después del fallido gobierno de Alberto, que fue en si mismo otro fracaso intento conciliador con la Argentina gorila. 

Vienen a cuento estas reflexiones por lo que está pasando en estos momentos en el país, y que es -en nuestra opinión- bastante obvio: conforme se desinfla aceleradamente el polo libertario del anti-peronismo ante el fracaso estrepitoso del gobierno de Milei, empiezan a inflar rápidamente el polo "republicano"; desde la embajada (como en 1945) y el poder económico local, como cuando el presidente de la UIA Luis Colombo firmaba los cheques para costear la campaña de la "Unión Democrática". Recrean el partido del balotaje, para volver a cerrarle el paso al peronismo, como hicieron antes Lanusse y Alfonsín.

Ya vieron que las colectoras por afuera para restarle votos al peronismo pueden no alcanzar (como pasó con Lavagna en 2019 para impedir el triunfo del "Frente de Todos") no alcanzan o no quieren correr riesgos, por si falla lo que consiguieron con Schiaretti en 2023, restándole a Massa los votos que le hubieran permitido ganar en primera vuelta. Por eso ahora intentan recrear la transversalidad que consiguió Menem en 1995, metiendo al peronismo anti-peronista de Córdoba (parte del partido SOCMA conducido por Macri) adentro de la nueva Unión Democrática denominada "Provincias Unidas", junto con electrones sueltos como Randazzo: por escasos que estos anden de votos, no están los tiempos como para andar desperdiciando ninguno.  

Para el peronismo el retorno al poder no será sencillo, pero tiene una condición esencial, como cada vez que ganó desde 1945: ser fiel a sí mismo, en los sectores sociales a representar políticamente, en el programa a someter al voto popular, en el liderazgo y en las candidaturas; en ese orden y no al revés. Aun así no hay garantías de ganar (nunca las hay en política), y menos en las condiciones de excepcionalidad anti-democrática que crea la proscripción de Cristina. Pero sin eso no hay chances. 

Tuits relacionados: 

sábado, 5 de abril de 2025

HAZ LO QUE YO DIGO...

 

viernes, 10 de enero de 2025

LA MARCHA DE LA LIBERTAD

 

viernes, 20 de septiembre de 2024

PAPÁ NOEL Y LOS REYES MAGOS

 

La semana pasada y con apenas diferencia de horas, la Cámara de Diputados de la Nación convalidaba el veto de Milei al aumento para los jubilados nacionales, y la Cámara de Diputados de la provincia completaba la sanción de la reforma previsional propuesta por Pullaro, que recorta haberes y derechos a los jubilados provinciales. En el primer caso fue decisiva la transfugueada de diputados de la UCR que habían votado a favor del aumento, y en el segundo, de la presidenta de la Cámara y los diputados socialistas que -además de votar a favor- clausuraron el debate y trampearon la votación.

A la perplejidad de algunos con la conducta de la UCR primero, le sucedió la perplejidad de otros con la actuación del socialismo, después. No queda otra que pensar que se trata de gente que no ha leído de historia argentina, o lo ha hecho por las fuentes incorrectas, o no la entendió.

No es la primera vez que pasa -de hecho para algunos, incluso compañeros, parece ser una costumbre- que cada vez que la UCR y sus dirigentes convalidan políticas nefatas para el pueblo argentino, digan que están traicionando la tradición histórica del partido, el legado de Alfonsín o paparuleadas semejantes.

Como si la UCR no fuera esencialmente lo que es hoy desde el derrocamiento de Yrigoyen en 1930 (con el apoyo de un sector del radicalismo), y más precisamente desde 1945, cuando orquestó  la Unión Democrática contra el naciente peronismo. No obstante toda la evidencia histórica disponible, hay gente que prefiere seguir creyendo que existe cosa tal como un radicalismo popular, defensor de la república, la democracia y las instituciones, y de los intereses de los sectores populares.

Su ingenuidad -por ser leves- no es distinta de los que piensan que el socialismo santafesino (que hegemoniza el partido a nivel nacional) es una fuerza progresista (lo que sea que signifique eso), popular y transformadora, y no otra de las colectoras del voto conservador y gorila. Como si no bastaran las ya lejanas agachadas de Palacios (que apoyó los golpes de 1930 y 1955 contra los dos grandes movimientos populares argentinos) o Ghioldi (que integró la Junta Consultiva y aplaudió los fusilamientos del 56'), embajadores ambos de sendos procesos dictatoriales, están las más cercanas y frescas en la memoria de Binner, Lifschitz o Bonfatti.

Los socialistas santafesinos no están secuestrados contra su voluntad y pidiendo ser rescatados dentro de "Unidos Para Cambiar Santa Fe": se trata simplemente de la enésima formulación (en éste caso en escala provincial) de la Unión Democrática -de la que también fueron parte en 1945- como antes lo fueron la Alianza Santafesina y el Frente Progresista. En política uno está donde quiere estar, y si el posicionamiento es exitoso en términos electorales, significa que está donde sus electores potenciales quieren que esté.

Si hubiera que arriesgar alguna hipótesis, diríamos que estas "perplejidades" frente a las agachadas radicales y socialistas de parte de algunos de los nuestros no son más que complejos de inferioridad cultural y deseos aspiracionales de "calzar" en ciertos ambientes donde tales especímenes abundan, y dan la pauta, o ejercen algún tipo de mandarinato: los tribunales, la cultura, la universidad y sus facultades. 

En ese sentido, tener amigos (o relaciones con) radicales y socialistas y entenderse con ellos es un consumo cultural y social de ciertas clases medias como ir al cine o el teatro, o a comer afuera. Un consumo que no se quiere dejar o perder, asumiendo que son gorilas, y siempre lo fueron, o un núcleo de relaciones sociales que hay que mantener para no ser estigmatizado en ciertos ambientes, como el club o el colegio de los chicos. 

Subyace en ello siempre -aunque no plenamente consciente- la idea del fin del peronismo como expresión política con capacidad de contenerlo a uno, y el deseo (a veces reprimido, otras explícito) de emprender el salto hacia nuevas experiencias, supuestamente progresistas y superadoras: si hasta Pino Solanas, con su trayectoria, sucumbió al encanto de la idea.

Pero ocurre que -también como constante histórica- cada vez que el peronismo es más "peronista" (como en sus orígenes, o en los gobiernos kirchneristas de Néstor y Cristina), siempre encuentra a radicales y socialistas en la vereda de enfrente combatiéndolo duramente, y nunca dispuestos a caminar juntos. Y desde Manuel Ugarte y Arturo Jauretche hasta Jorge Rivas o Leopoldo Moreau, si algún socialista o radical intenta el camino contrario, los demás lo empiezan a tratar inmediatamente como leproso.   

Así que gente a aceptar las cosas como son, y no esperar peras del olmo: el radicalismo republicano es Papá Noel, y el socialismo progresista, los Reyes Magos. Es decir, cosas en las que uno cree hasta que crece, y descubre que son los padres. Tuit relacionado:

sábado, 6 de julio de 2024

FALSEADORES

 

Tal como lo marca la imagen de apertura, esta semana se conoció que el gobierno de Pullaro despidió a 50 trabajadores de Aguas Santafesinas, de un total de 144 que venían desempeñándose como contratados y fueron pasados a planta en el último tramo de la gestión de Perotti. Se suman así a los más de 600 despidos ya dispuestos por el gobierno provincial en otras áreas, y a la no renovación de los contratos de 165 trabajadores precarizados en el área de Minoridad, conocida también esta semana.

Si bien los argumentos para los despidos en ASSA fueron más o menos los mismos con los que pretendieron justificar despidos en otras áreas del Estado, en éste caso en particular uno llamó la atención: el presunto sobredimensionamiento de la planta, cuando los pases a plantea representan el 10 % de una empresa que con algo más de 1400 empleados, tiene que prestar los servicios de agua potable y cloacas en las 15 ciudades más pobladas de la provincia, donde viven más de dos tercios de sus habitantes.

Y la misma empresa para la cual esta misma semana el gobierno de Pullaro obtuvo de la Legislatura provincial la declaración de emergencia, a los fines de poder aumentar las tarifas cuanto se le ocurra -con el argumento del déficit de la empresa- y sin la intervención previa del ENRESS. Es decir, Pullaro nos está diciendo -sin decirlo- que con un 10 % menos de sus empleados pero con mayores tarifas, ASSA será más eficiente para prestar sus servicios, tercerizando em empresas privadas los servicios y tareas que prestaban los empleados despedidos, cosa que tampoco se dice.

En la misma semana y hablando del déficit de la Caja de Jubilaciones, el gobernador dijo que había que modificar el régimen previsional de los empleados públicos provinciales, para terminar con algunos privilegios, y porque no puede ser que al déficit lo paguen los quiosqueros. No precisó -ni le preguntaron- a que privilegios se refería, o porqué no lo pagan los exportadores, o el campo privilegiado.

Dijo el gobernador que de lo contrario -si no se reforma el régimen jubilatorio- se vería forzado a transferir la Caja, pero no dijo (y nadie se lo preguntó) a quién se la transferiría en tal caso, dado que no puede pensarse que sea a la Nación, que ni siquiera está transfiriendo desde ANSES las partidas para financiar el déficit, según el convenio firmado en su momento entre las partes. ¿Acaso el gobernador está pensando en un esquema de jubilación privada o capitalización al estilo de lo que fueron las AFJP?

Al finalizar la reunión de gobernadores de la Región Centro, Pullaro hizo el reclamo a la nación por los fondos para la Caja, con lo cual justificó el contrato con el estudio de Cassagne para hacer un juicio que ya estaba en trámite en el gobierno anterior. Sin embargo, mientras decía eso con un "hasta acá llegamos", se apresuró a decir que lo contaran para la firma del Pacto de Mayo (en julio), y celebró la sanción de la ley bases porque -entre otros argumentos- el nuevo texto del RIGI favorece a las empresas santafesinas. Cosa que los empresarios e industriales santafesinos desmienten.

Es el de Pullaro un gobierno habituado desde el principio de su gestión a falsear deliberadamente los términos del debate, para disfrazar sus objetivos reales: los tarifazos en la EPE se justificaron con una auditoría de 15 páginas que ni siquiera se fundamentaba, y presuntos hechos de corrupción que jamás se explicitaron. Algo parecido pasó con Vialidad Provincial: se deslizó por los medios afines que se hacía una auditoría, que había irregularidades y nada, pero mientras tanto se paralizó la obra vial.

Los más de 600 despidos de trabajadores contratados pasados a planta en el gobierno de Perotti se justificaron en presuntas irregularidades de los nombramientos -que nunca se demostraron- o en que se trataba de ex funcionarios políticos a la gestión que entraron por la ventana en planta permanente, de lo que tampoco se conoció un solo caso. Y los serios recortes prestacionales del IAPOS (que pasó a depender del Ministerio de Economía) se fundaron en que en apenas un trimestre (el primero del mandato de Pullaro había pasado de tener superávit en 2023, a tener déficit...por culpa de la gestión anterior. 

Volvió el fideicomiso de la autopista Santa Fe-Rosario a cargo de BMR con argumentos inverosímiles y contradictorios, para no decir que es un quiosquito montado para sostener otro quiosco flojito de papeles, como el Banco Municipal de Rosario. Y volvió también el presentismo docente con estadísticas falsas sobre ausentismo y licencias, para no decir que se trata de un plus rompe huelgas, en línea con la postura de la UCR y sus socios como el PRO de declarar a la educación "servicio esencial" para limitar ese derecho, hasta casi hacerlo desaparecer.

Lo cual a su vez sirve para tomar a los docentes como el caso testigo para disciplinar al conjunto de los gremios estatales para que acepten paritarias a la baja, función que también cumplen los despidos ya efectuados y la amenaza de otros nuevos siempre latente (tres veces prorrogaron el plazo de la comisión creada por decreto de Pullaro para analizar los pases a planta de la gestión de Perotti): es poner a los trabajadores y sus organizaciones a elegir entre mejorar sus salarios, o conservar sus empleos.

La pregunta sería por qué una coalición de todo el arco del antiperonismo que ganó en forma amplia y contundente las elecciones siente que tiene la necesidad de mentir y falsear todo el tiempo los términos del debate para llevar adelante políticas que -sin dudas- son compartidas por buena parte de su electorado, y que además van absolutamente en línea con las que ejecuta el gobierno nacional de Milei; e incluso en algunos aspectos -como los despidos en el Estado y el otorgamiento de facultades extraordinarias al Ejecutivo- son predecesoras de éstas. 

O dicho de otro modo, por qué un gobernador que intenta proyectar una imagen de fortaleza y de tipo firme y decidido, no tiene los huevos de llamar a las cosas por su nombre y bancarse lo que hace, en lugar de mentir o falsear los términos del debate todo el tiempo. 

sábado, 29 de junio de 2024

TRES EMPANADAS

 

Esta semana Pullaro fue a la Casa Rosada para firmar con el jefe de gabinete Francos el convenio por el cual la provincia asume algunas de las obras públicas nacionales paralizadas en la provincia (eran unas 189, pero muchas nunca serán terminadas porque nadie se hace cargo), y la nación se compromete a terminar apenas unas 25 del total de 214 que estaban en marcha. Disgresión: Pullaro dijo al asumir que el corte de la obra pública nacional en las provincias decidido por Milei no afectaba a Santa Fe, porque casi no había obras nacionales en marcha en su territorio.

Siguiendo este enlace a El Litoral pueden acceder al texto del convenio y al detalle de las obras a cargo de cada parte, y allí podrán ver que de las 25 obras que la nación se compromete a continuar, 16 son trabajos menores de bacheo en rutas nacionales, la mayoría de ellas las que convergen en los puertos del sur provincial por donde se sacan las exportaciones del complejo agropecuario. 

Nada se dice del Plan Circunvalar (que quedó definitivamente en el olvido e inconcluso), y las otras obras que continuaría la nación (incluyendo en ellas los arreglos menores y el puente Bailey en el puente Santa Fe-Santo Tomé) quedan sujetas al ajuste presupuestario nacional: Francos les dijo en la reunión que los créditos presupuestarios asignados a esos fines en el presupuesto 2025 (éste año la mayoría seguirán paradas) serán exactamente los mismos que en el presupuesto 2023 (último de Alberto Fernández), obviamente depreciados en términos reales por la inflación acumulada.

La pregunta entonces sería que celebran el gobernador y sus funcionarios, cuando con esos datos y esos términos del acuerdo que firmaron, vaya uno a saber cuando se terminarán esas obras que la nación acepta continuar financiando: muy seguramente no dentro del término de los mandatos de Milei y del propio Pullaro. Tres empanadas en versión obra pública, sería.

A cambio de esas migajas, Pullaro aportó los votos de sus diputados (ya había aportado los de los dos senadores radicales por Santa Fe) para la sanción definitiva de la ley bases (el gobernador dijo incluso que la nueva versión del RIGI favorecía a la industria santafesina, contra la opinión de los propios industriales) y el paquete fiscal, incluyendo la rebaja de Bienes Personales a los millonarios más ricos del país, y la reposición de Ganancias para un tramo de los trabajadores registrados que estaban exentos.
 
Se hizo tiempo Pullaro para pedirle al Banco Central -y conseguirlo- que elimine las restricciones para el acceso al crédito bancario a los sojeros y exportadores que retienen parte de la cosecha (y de las divisas) en espera de poder forzar una devaluación, que seguramente conseguirán, más tarde o más temprano.

Y en los ratos libres que le deja su función de lobbista de las cerealeras, se hizo tiempo para instrumentar un tarifazo de luz y otro de agua (propicia la declaración de emergencia en la Legislatura para tener manos libres en la materia), como podrán comprobarlo los santafesinos cuando lleguen las facturas. 

Dicen que al interior de "Unidos para Cambiar Santa Fe" (la Unión Democrática que gobierna la provincia) hay discusiones y negociaciones para sumar a sus filas a La Libertad Avanza, lo que sería simplemente refrendar en los papeles lo que viene funcionando de hecho: el radicalismo y sus socios en la coalición (en especial el PRO) vienen funcionando en la práctica como parte del oficialismo ampliado en el orden nacional.

Y el socialismo (que votó con sus diputados en contra del DNU y la ley bases creyendo que así salva la ropa) sigue formando parte de una gestión provincial que repite en sus grandes líneas (y en las pequeñas también) los lineamientos políticos y económicos de la gestión nacional. O al menos no se supo que sus dirigentes renunciaran a los cargos en los que los designó Pullaro, en disconformidad con el apoyo explícito del gobernador al experimento libertario de Javier Milei que está destruyendo el país.

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viernes, 27 de enero de 2023

SE QUEDARON EN EL 45'

 

"Los contactos de Larreta -nos cuentan- sorprendieron a Lifschitz en uno de sus pasatiempos favoritos (el otro es jugar al TEG desde la Legislatura, imaginando que aun es gobernador de Santa Fe), desde hace años: charlar sobre "la construcción de una alternativa progresista"con Margarita Stolbizery Tumini. Debe ser porque ya ni Lavagna le atiende el teléfono. Que Larreta confluya con los socialistas santafesinos o con el socialismo en general no debería sorprender: ya lo hicieron en la Alianza que nos legara el gobierno de De La Rúa, y lo hace hoy en la CABA con el socialista "made in USA", Roy Cortina.". 

"Aun con una elección legislativa (en la que el voto se suele fragmentar habitualmente) por delante, es evidente que la dinámica polarizadora domina y dominará el panorama nacional, con réplica en las provincias: si hay acercamientos de Larreta al socialismo, debiera pensarse que los podría hacer con el PRO local con miras a la elección provincial del 2023; teniendo a la vista que la división del voto antiperonista hace 15 meses atrás facilitó el triunfo del peronismo en Santa Fe, y su regreso al gobierno tras 12 años de administraciones del Frente Progresista.".

"Siendo como es el más liberal de un socialismo liberal como el santafesino, Lifschitz no debería tener demasiados remilgos en coincidir con Larreta: después de todo su "mono-diputado" en el Congreso nacional (Enrique Estévez) comparte bloque con Graciela Camaño, y tanto el socialismo como los "progresismo sueltos" que suelen satelizarlo hicieron campaña por Urtubey vicepresidente.".

"Es que desde 1945 el autodenominado "progresismo" argentino vive condenado a repetir el mismo drama: el peronismo les "roba" agenda, pero ellos no le pueden disputar votos, porque se nutren de la misma clientela gorila y antiperonista de la UCR, la UCD, Cavallo o el PRO, tales las sucesivas encarnaciones electorales de la derecha liberal más o menos asumida en el país.".

"Pero además de todo eso, partido provincial como es por su peso electoral específico (y con riesgo de convertirse en municipal, como el PDP), para el socialismo una convergencia con el PRO en la figura de Larreta, le supondría retomar los contactos en Santa Fe para -como se dijo- rearmar la versión local de la "Unión Democrática" que acá ya conociéramos como "Alianza Santafesina"; la precursora de la Alianza nacional que terminó en helicóptero, y del "Frente Progresista Cívico y Social" en deconstrucción.".

"Y allí se encuentran con dos inconvenientes adicionales: los radicales santafesinos (divididos desde 2015 entre socios minoritarios del PRO en el gobierno nacional, y damas de compañía del socialismo en el gobierno provincial) creen que ha llegado su turno de conducir la oposición provincial al peronismo; mientras que el partido de los amarillos en la provincia no está mayormente conformado -como en la CABA- con requechos sueltos del PJ y la UCR (aunque los hay) sino con fachos bolsonaristas puros y duros, como Federico Angelini y Roy López Molina.".

"Después de haber hecho campaña por Urtubey hace apenas un año como se dijo, les resultaría difícil a los socialistas santafesinos explicarle a su base electoral "progre" tal alianza, mientras dicen que están enfrentando al gobierno de Perotti porque representa "el menemismo privatizador de los 90'" y cosas por el estilo. Quizás deban apelar al viejo y querido gorilismo antiperonista, sin demasiadas pretensiones dialécticas." (Párrafos tomados de éste posteo de septiembre de 2020, cuando aun vivía Lifschitz)

"Y como siempre pasa con nuestro "progresismo" vernáculo (del cual el socialismo santafesino es una de las muestras más representativas), la colada como vagón de cola en el nuevo tren antiperonista provincial viene disfrazada de los "acuerdos programáticos", no sea cosa que alguien piense que se trata simplemente de escaparle a la irrelevancia, en busca de salvar algunos conchabos.".

"En un punto, después de haber apoyado como candidatas presidenciales a Carrió (2007) y Stolbizer (2015), y haber acompañado en el 2019 una fórmula integrada por Lavagna y Urtubey, que terminen aliados con el PRO -con el que votaron casi todo en común en el Congreso entre 2003 y 2015- , casi que es hasta lógico y natural.". (Párrafos sacados de éste otro posteo, de febrero de 2022)

En fin, cualquiera pasa por sabio cuando tiene que tratar con gente tan previsible. Tuits relacionados: 

domingo, 27 de febrero de 2022

BRADEN O PERÓN

 


En la semana se cumplieron 76 años del primer triunfo electoral de Perón, derrotando a los candidatos de la Unión Democrática. La historia es conocida: la campaña electoral transcurrió sobre el telón de fondo de la injerencia directa y desembozada del embajador yanqui Spruille Braden, apoyando a los candidatos de los partidos tradicionales que se enfrentaron al naciente peronismo.

De lo cual -como se sabe- Perón sacó provecho con astucia, para plantear el dilema que enfrentaban los argentinos en los términos en los que había que plantearlo: "Braden o Perón" era la disyuntiva de hierro entre construir una patria que fuera capaz de forjar por sí misma su propio destino, o continuar condenados a seguir siendo una colonia, cuyos destinos decidían otros; poco importaba si en Londres (como había sido hasta entonces), o en Washington, como parecían querer algunos, y hoy todavía quieren muchos.

El aniversario se ha cumplido en un contexto muy especial, marcado por el conflicto entre Rusia y Ucrania, en el cual la Unión Democrática de estos tiempos ("Juntos por el Cambio") y algún que otro despistado (o inescrupuloso), incluso del campo propio, quieren empujar al gobierno del FDT a un alineamiento incondicional con los Estados Unidos, mostrando por momentos más decisión que estos mismos, en meterse en la guerra en curso.

En el mismo contexto, el gobierno sigue intentando cerrar la negociación con el FMI para renegociar la deuda que nos legara Macri, con un acuerdo cuyos términos aun se desconocen y no aterrizó por el Congreso -porque no se ha firmado- y que motivó la renuncia de Máximo Kirchner a la presidencia del bloque de diputados, por disconformidad con la negociación. Como hemos dicho, esa renuncia tuvo muchas más repercusiones -incluso al interior del oficialismo nacional- que la postura de Sergio Massa sobre el conflicto en Ucrania, que fue mucho más allá y más lejos que el diplomático comunicado oficial. De hecho, cuesta diferenciar los dichos de Massa al respecto, de los de las principales figuras de la oposición.

El sentimiento anti-norteamericano siempre estuvo muy arraigado entre los argentinos o al menos en la mayoría de ellos, porque es justo decir que otros muchos preferirían que volvieran las "relaciones carnales". Pero desde aquellos meses de 1945 y 1946 en los que se planteó el dilema "Braden o Perón", ese sentimiento es constitutivo del "gen" peronista, porque además está ligado a las banderas fundacionales del peronismo, que hoy son propiedad del campo nacional y popular.

Banderas que además suponen un programa de gobierno, en el que cada paradigma es condición de posibilidad de la existencia de los demás: con el peronismo, el pueblo argentino recuperó su soberanía política tras largos años de fraude, y al hacerlo pudo conquistar su independencia económica, lo que a su vez les dio las bases de sustentación materiales, para construir la justicia social.

El dilema, planteado en esos términos, sigue estando tan vigente hoy como entonces. De hecho, cuando Néstor Kirchner (de quien también se cumplió un aniversario esta semana) canceló totalmente la deuda con el FMI (el mismo al cual Perón no quiso entrar, porque visionariamente sabía lo que representaba) y desendeudó al país con los acreedores privados estaba recuperando la plena soberanía política, para ganar grados de independencia económica, que le permitieran avanzar en un sendero de reconstrucción de la justicia social.

Como se dijo hace poco acá, cuando se anunció el principio de acuerdo con el Fondo: "...políticas como la ley de financiamiento educativo (que llevó la inversión en educación y ciencia al 6 % del PBI), las moratorias previsionales, el Conectar Igualdad, la eliminación de las AFJP, la movilidad jubilatoria, el Programa Procrear, las líneas de crédito productivo obligatorio por la reforma de la carta orgánica del Banco Central, Ahora 12 o la recuperación de YPF no hubieran sido lisa y llanamente posibles, bajo la tutela y supervisión permanente de los técnicos del FMI.".

Si algo han demostrado las reacciones frente al conflicto en Ucrania es que la oposición sigue estando donde estaba en 1945: del lado de Braden, y de su brazo. La discusión, entonces, es hacia adentro: ¿siguen estando todos los que conforman el Frente de Todos de acuerdo con aquellas banderas históricas, y en todo caso la discusión es sobre los métodos, las estrategias o los instrumentos para alcanzarlas o las adaptaciones que exigen los tiempos modernos, que no son los de entonces?

¿O por el contrario hay quienes piensan que ha llegado el tiempo de arriarlas, y sostener otras, como ya ha pasado antes en el peronismo, durante el menemato? Tuits relacionados:   

jueves, 10 de febrero de 2022

EL PLAN ES QUE NO VUELVA A GANAR EL PERONISMO

 

Apenas tres días después del triunfo de Omar Perotti en las elecciones a gobernador del 2019, decíamos acá sobre la situación en que quedaba el socialismo: "Datos que marcan una línea continua de declive electoral, político y de espacios de representación de un partido que nació municipal porteño, habilitó una sucursal municipal santafesina con éxito para proyectarse a la provincia durante algunos años, que desperdició sin poder afianzarse territorialmente en Santa Fe (a lo largo y a lo ancho de su territorio), ni mucho menos proyectarse a nivel nacional como una fuerza en condiciones de terciar en la disputa con alguna chance más o menos cercana de éxito.". 

"Salvo cambios sustanciales de mediano plazo que no se avizoran en el presente (entre ellos, remover a la gerontocracia que conduce el partido como un club de bochas, sin demasiada discusión interna, aunque no exento de puteríos), tienen cantado el mismo destino del Partido Demócrata Progresista: una lenta pero paulatina extinción.".

Y muy lejos no anduvimos, aunque por supuesto no se podía prever entonces el fallecimiento de Miguel Lifschitz, el único candidato taquillero electoralmente que les quedaba. En las elecciones nacionales del año pasado anduvieron en el 10 u 11 % de los votos, obtuvieron una sola banca de diputados (la de Mónica Fein) y sus dos diputados en el Congreso nacional (no tienen senadores) armaron un bloque de buscas junto con Graciela Camaño y Randazzo.

En éste contexto, que reaparezca Bonfatti (único candidato "electorable" que les queda, machucado y todo por la derrota frente a Perotti), y empiece a blanquear los contactos con el PRO para armar un gran frente antiperonista de cara a las elecciones del 2023, no puede sorprender: se trata simplemente de reiniciar el camino de la vieja Alianza Santafesina de los 90' con Usandizaga y Natale, y si nos queremos ir más atrás, de la Unión Democrática del 45'.

Por supuesto que en éste caso -como en esos antecedentes- el socialismo ya no será la locomotora como lo fue en la fenecida (aunque no tenga formalmente certificado de defunción) experiencia del Frente Progresista, por obvias razones de decaimiento electoral.

En todo caso lo que están sopesando en el partido de la rosa son sus chances de mantener algunas bancas en la Legislatura provincial, donde el recambio del año que viene pondrá fin a la experiencia del "Festilindo" legislativo en el que llevan ya dos años, viviendo la ficción de un gobierno paralelo al de Perotti, muestra de que no han logrado superar y asumir que perdieron las elecciones.

Y como siempre pasa con nuestro "progresismo" vernáculo (del cual el socialismo santafesino es una de las muestras más representativas), la colada como vagón de cola en el nuevo tren antiperonista provincial viene disfrazada de los "acuerdos programáticos", no sea cosa que alguien piense que se trata simplemente de escaparle a la irrelevancia, en busca de salvar algunos conchabos.

En un punto, después de haber apoyado como candidatas presidenciales a Carrió (2007) y Stolbizer (2015), y haber acompañado en el 2019 una fórmula integrada por Lavagna y Urtubey, que terminen aliados con el PRO -con el que votaron casi todo en común en el Congreso entre 2003 y 2015- , casi que es hasta lógico y natural.

Mientras tanto -es decir, mientras la oposición al peronismo provincial se junta en un gran frente con todas las vertientes del gorilismo local-, en el peronismo algunos viven en una Narnia en la que, por extraño que parezca, perder ampliamente una elección interna te fortalece para plantear "renunciamientos históricos" vaya uno a saber que, y cuestionamientos gaseosos -habiendo tantos concretos para hacer- a la gestión del gobierno provincial; también -digamos todo- para generar una cortina de humo que encubra la movida de haber pasado del "Equipo Cristina", al "Equipo Alberto".

miércoles, 24 de febrero de 2021

75 AÑOS DE PERONISMO

 


Un día como hoy pero de 1946, la fórmula Perón-Quijano derrotaba al binomio Tamborini-Mosca de la Unión Democrática por una diferencia de algo más de 280.000 votos, y el entonces coronel se convertía por primera vez en presidente constitucional de los argentinos; que lo volverían a elegir para el cargo dos veces más, honor que hasta acá nadie más ha logrado alcanzar.

Hasta acá es historia más o menos conocida, lo que quizá no sea tan difundido es que, de acuerdo con las tecnologías disponibles para la época, el escrutinio demoró casi seis semanas, hasta el 6 de abril del mismo año en que se conocieron los resultados finales, y se tuvo la certeza definitiva del triunfo de Perón.

Mientras tanto, el país seguía el progreso de los cómputos con la misma tensión que presidió la campaña electoral, y al principio lo primeros distritos escrutados arrojaban una ventaja para los candidatos de la Unión Democrática, lo que parecía confirmar los pronósticos más generalizados que circulaban por entonces.

Los principales diarios de la época (incluso el recientemente lanzado Clarín) daban por descontado que Tamborini sería el próximo presidente de los argentinos. El diario de Noble lo puso -blanqueando así sus preferencias de modo abierto- en su edición del día de la elección

La "Argentina visible y audible" de la que hablaba "Pepe" Rosa no podía concebir otro resultado posible de los comicios, y seguía ignorando -como si no hubiera ocurrido- la movilización popular del 17 de octubre de 1945, cuando el "subsuelo de la patria sublevada" -expresión que inmortalizó Scalabrini Ortíz- se hizo presente en la plaza, reclamando su lugar en la historia.

Perón hizo lo contrario, y por eso las cosas fueron como fueron: tras su sorpresa inicial por la movilización popular que lo rescató de la cárcel y lo devolvió al centro de la escena (sorpresa que consta en su propia correspondencia de esos días, aunque luego él la minimizaría en "Conducción Política"), quienes estuvieron con él durante la campaña electoral y en los días posteriores a la elección son contestes en afirmar que nunca dudó del triunfo. 

El 17 de octubre le demostró que no había arado en el mar, y como los baqueanos expertos, puso el oído en la tierra, para sentir que ese clamor de abajo que hizo temblar el suelo de la Argentina oligárquica se iba a transformar en una avalancha de votos.   

Los grandes diarios, las principales entidades empresarias, la prensa internacional, las embajadas, el Foerign Office y el Departamento de Estado apostaban a la victoria de la Unión Democrática: sabido es que el embajador yanqui Spruille Braden fue el virtual jefe de campaña de la alianza antiperonista. Incluso los "locales" eran más optimistas que los propios diplomáticos extranjeros -cautos en sus informes reservados a sus superiores- sobre el resultado de la elección.

Pocos días antes de ella y aunque Braden ya no estaba en la Argentina, el Departamento de Estado dio a conocer un informe que se popularizó como el "Libro Azul", un libelo en el que trataba de dejar pegado a Perón con el nazismo derrotado en Europa, que fue el eje bajo el cual la oposición al coronel desarrolló toda su campaña. Perón vio la oportunidad, y no la dejó pasar: la antinomía "Braden o Perón" marcó desde entonces el eje real sobre el cual los argentinos irían a las urnas.

Del escueto relato hasta aquí realizado, surgen no pocas similitudes con la campaña electoral del 2019, que culminara con el triunfo en primera vuelta del "Frente de Todos". Por ejemplo, el "Libro Azul" de estos tiempos fue la abierta intercesión de Trump para que el FMI habilitara al gobierno de Macri un préstamo gigantesco, en condiciones contrarias a sus propios estatutos, para financiar su intento de reelección. Ni hablemos ya del rol de los grandes medios, o de las principales corporaciones empresarias.

La historia, entonces, nos aporta lecciones para lidiar con los problemas actuales, aunque los tiempos son distintos: no está Perón, sin ir más lejos, y vaya si eso hace diferencia. Sin embargo, como en 1946, el camino sigue pasando por silenciar los oídos a la Argentina "visible y audible", y volver a ponerlos en el pueblo, como hizo él. Por ese camino siempre será más difícil equivocarse.

lunes, 28 de septiembre de 2020

EL MECANO DE BRADEN

 

Falta un montón para las elecciones, y Dios sabe como llegaremos para entonces, pandemia y crisis económica mediante. Pero aunque sea por zoom, ya hay contactos para perfilar la oferta electoral del año que viene, como de los que da cuenta esta nota de La Política Online a la que corresponde el tuit de apertura; que habla de acercamientos de Larreta para sondearlo a Lifschitz, y sumar al menos una parte del socialismo a su proyecto presidencial.   

Larreta es el niño mimado del momento, y cada vez disimula menos sus ambiciones, del mismo modo que los medios que lo quieren instalar -sobre todo Clarín- intentan disimular menos el intento. El propio hecho de saturarnos con notas sobre la presunta interna opositora y las discusiones sobre el rol de Macri o el reemplazo o no de su "liderazgo" tienen el propósito de generar la sensación de que la oposición se ensancha, y ocupa buena parte del escenario político; o más de la que realmente ocupa.

Un propósito al que no pocas veces contribuyen los medios "del palo" hablándonos de una inexistente división entre  "halcones y palomas" en el bando macrista", y que a su vez es contrapesada con la obsesión de los medios opositores al gobierno nacional con Cristina, que no hace más que aumentar su centralidad política.

Los contactos de Larreta -nos cuentan- sorprendieron a Lifschitz en uno de sus pasatiempos favoritos (el otro es jugar al TEG desde la Legislatura, imaginando que aun es gobernador de Santa Fe), desde hace años: charlar sobre "la construcción de una alternativa progresista"con Margarita Stolbizery Tumini. Debe ser porque ya ni Lavagna le atiende el teléfono. Que Larreta confluya con los socialistas santafesinos o con el socialismo en general no debería sorprender: ya lo hicieron en la Alianza que nos legara el gobierno de De La Rúa, y lo hace hoy en la CABA con el socialista "made in USA", Roy Cortina.

Mientras el oficialismo nacional y provincial afronta las dificultades de la doble crisis (la heredada de Macri y la provocada por la pandemia) sin fisuras visibles en la coalición que lo llevó al gobierno, y sobre todo sin la que todos esperan -entre Alberto y Cristina- la oposición se parece a un mecano en el que las piezas sueltas no terminan de encastrar, y abundan las figuritas sueltas.

El ancho mundo de "los peronismos" parece mayormente contenido en el "Frente de Todos", mientras quedan buhoneros transhumantes que venden dosis de peronismo al mejor postor (como Pichetto, Monzó, Yoma, Puerta, Guelar y todos los nostálgicos del menemismo), o dan rienda suelta a despechos personales midiendo con el peronómetro al gobierno; como Moreno.

Para complejizar aun más el panorama opositor, los "libertarios" amagan construir un canal natural (o varios) de dispersión de voto de derecha, antiperonista, con figuras como Milei o López Murphy cuyas chances electorales -por más menguadas que sean- no pueden sino ser funcionales al gobierno, al que no le disputan votos.

Aun con una elección legislativa (en la que el voto se suele fragmentar habitualmente) por delante, es evidente que la dinámica polarizadora domina y dominará el panorama nacional, con réplica en las provincias: si hay acercamientos de Larreta al socialismo, debiera pensarse que los podría hacer con el PRO local con miras a la elección provincial del 2023; teniendo a la vista que la división del voto antiperonista hace 15 meses atrás facilitó el triunfo del peronismo en Santa Fe, y su regreso al gobierno tras 12 años de administraciones del Frente Progresista.     

Siendo como es el más liberal de un socialismo liberal como el santafesino, Lifschitz no debería tener demasiados remilgos en coincidir con Larreta: después de todo su "mono-diputado" en el Congreso nacional (Enrique Estévez) comparte bloque con Graciela Camaño, y tanto el socialismo como los "progresismo sueltos" que suelen satelizarlo hicieron campaña por Urtubey vicepresidente.

Es que desde 1945 el autodenominado "progresismo" argentino vive condenado a repetir el mismo drama: el peronismo les "roba" agenda, pero ellos no le pueden disputar votos, porque se nutren de la misma clientela gorila y antiperonista de la UCR, la UCD, Cavallo o el PRO, tales las sucesivas encarnaciones electorales de la derecha liberal más o menos asumida en el país.

Ese "progresismo" solo pudo crecer pero hasta cierto punto, cuando el peronismo estaba en crisis de identidad y dejaba de ser peronismo para convertirse en su opuesto, como pasó con el menemismo. E incluso entonces, no pudo acumular lo necesario para liderar porque al voto peronista desencantado lo captó el Frepaso de Chacho Alvarez (del cual fueron parte), y a todos los terminó hegemonizando el voto gorila expresado en De La Rúa.

Cuando el peronismo vuelve a sus orígenes -como pasó con Néstor y Cristina- ellos retroceden al exacto mismo punto del 45', cuando terminaron en la Unión Democrática bajo los auspicios de Braden: ponérsele enfrente haciendo como que "se tapan la nariz" para "salvar la república y las instituciones", o algo por el estilo; cuando en rigor de lo que se trata es de no seguir perdiendo electores cada vez más escasos (que no les perdonarían una alianza con el odiado peronismo), y tratar de obturar el retorno del movimiento creado por Perón al poder. La candidatura de Lavagna que apoyaron el año pasado fue una variante de ésta última estrategia, en el formato de una "tercera vía" a todas luces inviables, en un escenario electoral marcadamente dominado por la polarización.

Pero además de todo eso, partido provincial como es por su peso electoral específico (y con riesgo de convertirse en municipal, como el PDP), para el socialismo una convergencia con el PRO en la figura de Larreta, le supondría retomar los contactos en Santa Fe para -como se dijo- rearmar la versión local de la "Unión Democrática" que acá ya conociéramos como "Alianza Santafesina"; la precursora de la Alianza nacional que terminó en helicóptero, y del "Frente Progresista Cívico y Social" en deconstrucción.

Y allí se encuentran con dos inconvenientes adicionales: los radicales santafesinos (divididos desde 2015 entre socios minoritarios del PRO en el gobierno nacional, y damas de compañía del socialismo en el gobierno provincial) creen que ha llegado su turno de conducir la oposición provincial al peronismo; mientras que el partido de los amarillos en la provincia no está mayormente conformado -como en la CABA- con requechos sueltos del PJ y la UCR (aunque los hay) sino con fachos bolsonaristas puros y duros, como Federico Angelini y Roy López Molina.

Después de haber hecho campaña por Urtubey hace apenas un año como se dijo, les resultaría difícil a los socialistas santafesinos explicarle a su base electoral "progre" tal alianza, mientras dicen que están enfrentando al gobierno de Perotti porque representa "el menemismo privatizador de los 90'" y cosas por el estilo. Quizás deban apelar al viejo y querido gorilismo antiperonista, sin demasiadas pretensiones dialécticas.

Pensar que hace solo cinco años (cuando el peronismo era derrotado por Macri en el balotaje, y Lifschitz enhebraba el tercer triunfo socialista al hilo en la provincia) muchos "analistas" decían que se le habrían innumerables posibilidades al partido de la rosa, que vivía "una crisis de crecimiento", y hasta se hablaba de una postulación presidencial del entonces gobernador y actual presidente de la Cámara de Diputados provincial. Hoy volvieron al 45': ser apenas una pieza, y ni siquiera la más importante, del mecanismo bradenista que se arma cada cuatro años.

martes, 24 de febrero de 2015

69 AÑOS DESPUÉS, LA DISYUNTIVA SIGUE SIENDO LA MISMA


"Hoy me siento obligado más que nunca, y yo que jamás en mi campaña he prometido nada, hoy juro, ante este solemne pueblo, que no he de descansar de día ni de noche para hacerlos felices en la medida de nuestras fuerzas. Llevamos hoy como siempre el signo de nuestra causa. Somos y seguiremos siendo descamisados para que no olvidemos jamás nuestra obligación con ese pueblo también descamisado que espera y siente como nosotros. Por eso, desde esta ya memorable Plaza de la República, abrazo sobre mi corazón a todos los descamisados de la Patria que, como nosotros, en esta hora jubilosa, estarán dando gracias a Dios de que nos haya templado el corazón y aclarado la inteligencia para ofrecer la vida a la Nación, en el trabajo, en la paz y en lo fructífero que un hombre tiene en su alma y en su cuerpo.  

(Del discurso de Juan D. Perón con motivo del triunfo electoral del 24 de febrero de 1946) "

A lo largo de todos estos años el peronismo ha ido cambiando, y vaya si lo hizo.

Hasta llegó a enterrar sus propias banderas y abandonarlas, para abrazar las del enemigo.

Sin embargo, cada que vez que supo ser fiel a sí mismo, se convirtió en el canal de expresión política de las grandes mayorías populares; que vieron en él a la fuerza capaz de defender y sostener sus intereses.

Ellos en cambio, los herederos de Braden y la Unión Democrática, siempre permanecieron y permanecen fieles a su esencia, tratando de imponer el mismo modelo de país para pocos; aun en contra de la voluntad de la mayoría del pueblo argentino. 

Entonces también marchaban "en defensa de la libertad y la Constitución", y pedían que gobernaran los jueces, bajo la batuta del embajador yanqui; y trataban de armar -a como dé lugar- un rejuntado para ganarnos.

69 años después, "casas más casas menos, igualito a mi Santiago" como decía el paisano, siguen por la misma huella.

A lo mejor sea su inesperada contribución para recordanos que nosotros no debemos dejar la nuestra.

jueves, 7 de febrero de 2013

EL BRADENISMO SIGUE GANANDO ADEPTOS


Leemos acá al Julio Jorge Nelson de la república perdida alfonsinista; Luis Gregorich, transitando un tópico socorrido de los últimos tiempos: la necesidad de una (inviable) alianza de toda la oposición contra el kirchnerismo, con la patriótica finalidad de erradicar del país a la bestia populista.

Tan socorrido que hace poco menos de un mes lo transitaba acá el inefable Rogelio, apelando a que las fuerzas morales de la república dejaran de lado nimiedades tales como ponerse se acuerdo en un programa concreto de gobierno, que se pueda llevar a la práctica si ganaran las elecciones; con tal de responder al llamado de la historia.

Dice Gregorich (como si hubiera leído a Alaniz): "Cuando falta el carisma, no hay modo de fabricarlo, aunque una sustantiva exposición mediática modera las carencias. Y si la cultura de las individualidades no aporta, hay que darle lugar a la cultura de la coalición. En este contexto, frente a una poderosa y desprejuiciada coalición oficialista, lo más desafortunado resultan frases del tipo de "Mi límite es Macri?". Ningún dirigente opositor democrático, y menos el que aporta tropa propia, puede ser considerado un límite."

Es decir, reneguemos del carisma como medio de vinculación política no tanto porque sea malo o irracional, sino porque no tenemos ningún candidato medianamente carismático para ganar una elección usando recurso; y dado que los populistas se amontonan por conveniencia, hagamos nosotros lo mismo, con tal de ganarles, que es lo único que importa.

Y si para eso tenemos que subir al tren a impresentables (como Macri), pero que suman votos, hagámoslo: todo un manifiesto de realismo político, disfrazado de seudo academicismo. 

Cualquier puntero tradicional de la política opera con la misma lógica, sin tantas pretensiones intelectuales.

Sigue Gregorich: "El populismo latinoamericano tiene las mismas fronteras ideológicas que su detestada socialdemocracia (mejor distribución de la riqueza, aunque sin cambios estructurales en la sociedad). Es más gritón y prefiere las movilizaciones al consenso, y se somete religiosamente a líderes carismáticos, con lo cual reincide en la tradición del caudillismo continental.

Mientras la socialdemocracia tradicional suele estar conducida por profesionales de clase media, los caudillos populistas pueden provenir de cualquier estrato social. Lo demuestra el entramado reciente de jefaturas populistas latinoamericanas, en las que no han faltado ni millonarios rentísticos ni militares de carrera ni sindicalistas ni ex guerrilleros francamente aburguesados."

Es decir entonces que una categoría políticamente central y recurrente en los análisis de ésta gente (que a partir de ella poco menos que explica toda la realidad) como el famoso populismo, queda reducida a una simple cuestión de buenos modales;o al origen social de los dirigentes.

Punto en el cual pertenecer a la clase media purifica al parecer; en una vuelta de tuerca de aquélla creencia que deposita en la clase media la suma de las virtudes: la laboriosidad, el progreso como exclusivo resultado del esfuerzo individual, la familia "normalmente constituida" e incluso (en algunos sectores más sensibilizados políticamente), cierto rescate de bienes públicos proveídos por el Estado, como la educación o la salud.

Algo que ya era viejo en 1945 (porque no alcanzaba a explicar el país real), y quedó definitivamente atrás a partir de las profundas fracturas sociales que vivió la Argentina desde el 76' para acá; de resultas de las cuales la clase media ensanchó o encogió su volumen al vaivén de los cambios económicos y sociales, mientras entraban en crisis muchos de sus valores, y lo que había sido en muchos de sus integrantes una identidad definida (el anti peronismo) viró lisa y llanamente al autoritarismo pre político.

Con la paradoja de que, dentro de esa misma clase media, en aquéllos sectores que vieron con simpatía la experiencia alfonsinista -de la que Gregorich fue parte como funcionario- porque rescataba además ciertos valores (como la defensa de los derechos humanos), no son pocos los que adhirieron al kirchnerismo; mientras él propone ensanchar los límites de una eventual Unión Democrática modelo 2013-2015 para incluir a Macri; que expresa los nuevos valores dominantes en vastos sectores de la clase media: la exclusión, el desprecio por lo público, la escuela privada o la prepaga como salvataje individual de la crisis del Estado de bienestar, instrumentada por las políticas de la dictadura y el menemismo.      

Constata Gregorich: "A pesar de la mala gestión económica del Gobierno, con dilapidación de recursos, cepo cambiario, falta de inversión, pereza en proyectos de infraestructura (largo plazo en general), y graves errores en transportes y energía, la oposición no supo transmitir un contramensaje a la población. Binner quedó golpeado por la crisis narcopolicial de Rosario; Macri gastó mucho tiempo en (no) viajar en subte, y los radicales, ya se sabe, son buena gente, pero tienen sus límites. Ni Barletta, ni Cobos, ni Sanz, ni Ricardo Alfonsín han ido ganando el consenso que necesitan. Lilita Carrió, de gran temple ético, despreció por completo las estrategias políticas. Y eso se paga.".

Es decir los radicales son "buena gente" (¿incluso Barletta, Aguad, De La Rúa o Mathov?) pero inútiles, algo que implícitamente también serían Macri (incapaz de gestionar el subte) o Binner (responsable de la crisis narcopolicial de Rosario); y Carrió tiene un problema: es demasiado buena para estar en política, que es justo lo que ella misma cree, para seguir intentándolo pese al desprecio ciudadano expresado electoralmente; al que por supuesto, ni siquiera toma en cuenta.

¿Desde dónde entonces y con quiénes nos propone este nuevo cultor del bradenismo una nueva Unión Democrática como el presunto remedio a los males del país?

Despojado de empaques culturosos, queda claro que sólo desde el más rancio y tradicional anti-peronismo; que se obstina tanto en permanecer entre nosotros, como el peronismo; con sus complejidades, sus contradicciones y sus incoherencias.