LA FRASE

"POR AHORA NO ESTAMOS PIDIENDO AUTORIZACIÓN PARA QUE LA POLICÍA PUEDA USAR LA PICANA Y EL SUBMARINO, ANTES VAMOS A VER COMO FUNCIONAN LAS REFORMAS QUE PLANTEAMOS." (PABLO COCOCCIONI)
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viernes, 2 de enero de 2026

QUE ÉPOCA PARA DERRIBAR MITOS

 

No es un buen momento para derribar mitos: los chicos todavía están disfrutando de los regalos que les dejó Papá Noel en el arbolito y ya piensan en ponerles los zapatitos a los Reyes Magos, y hay muchos adultos que siguen esperando gestos de dignidad de la UCR, sus dirigentes y representantes legislativos.

Y se desilusionan -una y otra vez- con lo que entienden como traiciones, deslealtades a la tradición partidaria y los valores de la UCR, o apelan a la memoria de Yrigoyen, Illia y Alfonsín. Pasó hace unos días cuando el Senado terminó aprobando el presupuesto nacional con recortes feroces en educación, ciencia, tecnología y hasta la defensa nacional, y ha pasado antes, miles de veces.

Si hubiera que datar el momento histórico preciso en el cual la Unión Cívica Radical dejó de ser una fuerza política que expresara los intereses populares habría que remontarse a 1945, el surgimiento del peronismo y su decisión de entonces de formar la Unión Democrática, poniendo la fórmula presidencial. Y no les faltaría razón a quienes sostienen que fue incluso antes, cuando sus deserciones en la Década Infame generaron escisiones internas como FORJA primero, y el surgimiento precisamente del peronismo, después.

Los años transcurridos desde el gobierno de Alfonsín y las defraudaciones democráticas que fueron la regla desde entonces (con la excepción del ciclo kirchnerista) endulzan el recuerdo de la primavera alfonsinista, y les hacen olvidar a muchos no solo su turbulento final (con hiperinflación, saqueos y adelantamiento del mandato incluidos), sino su borrascoso principio; en el que la decisión histórica de juzgar a las juntas militares de la dictadura convivió con un gabinete plagado de feroces gorilas (Germán López, Roque Carranza, Tróccoli, Alconada Aramburú) y una ofensiva contra el sindicalismo al que identificaron como su principal enemigo, en lugar de los grandes grupos económicos.   

En el medio hubieron reculadas varias como la "economía de guerra" y el Plan Austral, las leyes de obediencia debida y punto final, o los acuerdos -reflejados en el gabinete- con los "capitanes de la industria" y lo peor del sindicalismo participativo y "dialoguista". En todo caso, la reflexión sería como habrán sido los radicales y el radicalismo posteriores al gobierno de Alfonsín, que hacen que muchos consideren a éste como la edad dorada de la fuerza política fundada por Alem e Yrigoyen.

Una fuerza política cuyo leit movit sustancial (la lucha por la pureza del sufragio) fue conquistado en 1912 para perderse en la Década Infame primero, y en la proscripción del peronismo desde 1955, después; y cuya capital político distintivo (compartido por el peronismo, e incluso más antiguo) era la disponibilidad de una amplia red de dirigentes, punteros y locales partidarios en toda la geografía nacional: un activo brutalmente devaluado en tiempos de política líquida, democracia de candidatos, algoritmos y redes sociales.

Lo cual marca una curiosidad: es frecuente criticar al peronismo y exigirle una urgente actualización a los tiempos, tomando nota de los cambios sociales, económicos y culturales habidos desde su nacimiento, pero casi nunca se le demanda lo mismo a la UCR, de la cual sin embargo se esperan cosas que no solo no puede dar, sino que la inmensa mayoría de sus dirigentes no quieren dar; porque más allá de lo que digan de la boca para afuera, hace rato ya que -en palabras de Yrigoyen- se asumen como un partido del régimen falaz y descreído, y no como era en sus orígenes, "la causa del pueblo".

De allí que es vana la esperanza de los Gatos Sylvestre de la sociedad que se horrorizan ante cada nueva supuesta traición radical a los ideales partidarios, porque no quieren ver una lealtad consecuente a un cambio del paradigma fundacional, que ya se avizoraba con claridad en 1945.

Y como es vana esa esperanza, son falsas las manifestaciones de "perplejidad"o disconformismo de algunos dirigentes o representantes de la UCR cuando se expresan sobre el modo en que votan sus legisladores en el Congreso, sean el nuevo presidente del partido a nivel nacional (Leonardo Chiarella, el intendente de Venado Tuerto), el rector de la UNR, el gobernador Pullaro quejándose de la falta de obras y el no pago de las deudas con los sistemas previsionales provinciales en el presupuesto nacional, o lo dirigentes de la Franja Morada haciendo como que se indignan por el desfinanciamiento de las universidades nacionales.

Si tanto les molestan esas actitudes de sus diputados, senadores y gobernadores (a los que votaron y les hicieron campaña, para que lleguen a donde están) nada les impide seguir el camino que hicieron Jauretche y los patriotas de Forja, o Leopoldo Moreau más acá: cancelar su ficha de afiliación a la UCR (porque ni siquiera hay signos de que quieran dar la pelea interna para que el partido retome lo que sería -según el mito- su cauce histórico), y emprender otros rumbos políticos.

sábado, 5 de abril de 2025

HAZ LO QUE YO DIGO...

 

miércoles, 5 de marzo de 2025

RADICALISMO BANCARIZADO

 


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sábado, 22 de febrero de 2025

ERA UNA JODA Y QUEDÓ

 

viernes, 20 de septiembre de 2024

PAPÁ NOEL Y LOS REYES MAGOS

 

La semana pasada y con apenas diferencia de horas, la Cámara de Diputados de la Nación convalidaba el veto de Milei al aumento para los jubilados nacionales, y la Cámara de Diputados de la provincia completaba la sanción de la reforma previsional propuesta por Pullaro, que recorta haberes y derechos a los jubilados provinciales. En el primer caso fue decisiva la transfugueada de diputados de la UCR que habían votado a favor del aumento, y en el segundo, de la presidenta de la Cámara y los diputados socialistas que -además de votar a favor- clausuraron el debate y trampearon la votación.

A la perplejidad de algunos con la conducta de la UCR primero, le sucedió la perplejidad de otros con la actuación del socialismo, después. No queda otra que pensar que se trata de gente que no ha leído de historia argentina, o lo ha hecho por las fuentes incorrectas, o no la entendió.

No es la primera vez que pasa -de hecho para algunos, incluso compañeros, parece ser una costumbre- que cada vez que la UCR y sus dirigentes convalidan políticas nefatas para el pueblo argentino, digan que están traicionando la tradición histórica del partido, el legado de Alfonsín o paparuleadas semejantes.

Como si la UCR no fuera esencialmente lo que es hoy desde el derrocamiento de Yrigoyen en 1930 (con el apoyo de un sector del radicalismo), y más precisamente desde 1945, cuando orquestó  la Unión Democrática contra el naciente peronismo. No obstante toda la evidencia histórica disponible, hay gente que prefiere seguir creyendo que existe cosa tal como un radicalismo popular, defensor de la república, la democracia y las instituciones, y de los intereses de los sectores populares.

Su ingenuidad -por ser leves- no es distinta de los que piensan que el socialismo santafesino (que hegemoniza el partido a nivel nacional) es una fuerza progresista (lo que sea que signifique eso), popular y transformadora, y no otra de las colectoras del voto conservador y gorila. Como si no bastaran las ya lejanas agachadas de Palacios (que apoyó los golpes de 1930 y 1955 contra los dos grandes movimientos populares argentinos) o Ghioldi (que integró la Junta Consultiva y aplaudió los fusilamientos del 56'), embajadores ambos de sendos procesos dictatoriales, están las más cercanas y frescas en la memoria de Binner, Lifschitz o Bonfatti.

Los socialistas santafesinos no están secuestrados contra su voluntad y pidiendo ser rescatados dentro de "Unidos Para Cambiar Santa Fe": se trata simplemente de la enésima formulación (en éste caso en escala provincial) de la Unión Democrática -de la que también fueron parte en 1945- como antes lo fueron la Alianza Santafesina y el Frente Progresista. En política uno está donde quiere estar, y si el posicionamiento es exitoso en términos electorales, significa que está donde sus electores potenciales quieren que esté.

Si hubiera que arriesgar alguna hipótesis, diríamos que estas "perplejidades" frente a las agachadas radicales y socialistas de parte de algunos de los nuestros no son más que complejos de inferioridad cultural y deseos aspiracionales de "calzar" en ciertos ambientes donde tales especímenes abundan, y dan la pauta, o ejercen algún tipo de mandarinato: los tribunales, la cultura, la universidad y sus facultades. 

En ese sentido, tener amigos (o relaciones con) radicales y socialistas y entenderse con ellos es un consumo cultural y social de ciertas clases medias como ir al cine o el teatro, o a comer afuera. Un consumo que no se quiere dejar o perder, asumiendo que son gorilas, y siempre lo fueron, o un núcleo de relaciones sociales que hay que mantener para no ser estigmatizado en ciertos ambientes, como el club o el colegio de los chicos. 

Subyace en ello siempre -aunque no plenamente consciente- la idea del fin del peronismo como expresión política con capacidad de contenerlo a uno, y el deseo (a veces reprimido, otras explícito) de emprender el salto hacia nuevas experiencias, supuestamente progresistas y superadoras: si hasta Pino Solanas, con su trayectoria, sucumbió al encanto de la idea.

Pero ocurre que -también como constante histórica- cada vez que el peronismo es más "peronista" (como en sus orígenes, o en los gobiernos kirchneristas de Néstor y Cristina), siempre encuentra a radicales y socialistas en la vereda de enfrente combatiéndolo duramente, y nunca dispuestos a caminar juntos. Y desde Manuel Ugarte y Arturo Jauretche hasta Jorge Rivas o Leopoldo Moreau, si algún socialista o radical intenta el camino contrario, los demás lo empiezan a tratar inmediatamente como leproso.   

Así que gente a aceptar las cosas como son, y no esperar peras del olmo: el radicalismo republicano es Papá Noel, y el socialismo progresista, los Reyes Magos. Es decir, cosas en las que uno cree hasta que crece, y descubre que son los padres. Tuit relacionado:

jueves, 6 de junio de 2024

CUENTAS SENCILLAS

 

La Libertad Avanza cuenta con 7 senadores propios, sobre un total de 72 miembros del cuerpo. En Diputados, su bancada es de 38 miembros sobre un total de 257 legisladores que componen la Cámara. 

Esa es la distribución del Congreso que surge del voto popular en la primera vuelta de las elecciones generales del año pasado, en las que Javier Milei obtuvo apenas el 30 % de los votos, y quedó a unos siete puntos porcentuales debajo de Sergio Massa y las listas de legisladores de "Unión por la Patria", que fue la fuerza más votada.

Datos que es preciso recordar, porque cuando se reclama un cheque en blanco a Milei para implementar sus políticas, se omite que los legisladores que llegaron al Congreso por el voto popular, tienen la misma legitimidad de origen que él, y fueron votados -muchos de ellos- para oponerse, no para gobernar.  

Está claro entonces que sin el apoyo (a esta altura colaboracionismo y casi co-gobierno) del PRO, la UCR y otras fuerzas políticas Milei no podría sacar nada del Congreso. De hecho, sin ese apoyo no hubiera logrado aprobar la ley bases en Diputados, ni estaría a punto de lograr su sanción definitiva en el Senado, aun con cambios.

Como tampoco hubiera logrado sostener la vigencia del DNU 70 (rechazado por amplia mayoría en el Senado), con el simple expediente de evitar dar quórum para tratarlo en el recinto. Sin la complicidad de esas otras fuerzas políticas tampoco hubiera logrado (en ambas cámaras) tergiversar la representación popular que surgía del voto ciudadano, en las comisiones de las Cámaras, incluida por ejemplo la que debe dictaminar sobre los DNU.

Esta semana en Diputados se logró el quórum y los votos para avanzar en una nueva fórmula de ajuste de los haberes de los jubilados, para que recuperaran algo del poder adquisitivo perdido en lo que va del gobierno de Milei. Fueron 160 votos de Unión por la Patria, la UCR, la Coalición Cívica y el bloque de Pichetto, contra solo72 por el rechazo de LLA y el PRO.

En la misma sesión y por la reculada radical, no se pudo tratar y aprobar la restitución del Fondo de Incentivo Docente y una ampliación del presupuesto para las universidades, algo en lo que en teoría los propios radicales decían estar de acuerdo. Tampoco se puede avanzar en la restitución de los subsidios al transporte de pasajeros para el interior del país, aunque intendentes de todos los colores políticos (incluyendo radicales o aliados) fueron a pedirlo al Congreso.

Milei ha dicho en todos los tonos posibles que vetará cualquier proyecto que atente contra el objetivo del déficit cero o el equilibrio fiscal, pero de acuerdo con el artículo 83 de la Constitución, ambas Cámaras pueden rechazar un veto presidencial con el voto de los dos tercios de sus miembros presentes.

La misma mayoría que exigen los artículos 52 y 59 de la Constitución para acusar al presidente en juicio político, y destituirlo de su cargo. Supngamos que a los radicales no les da la pera para llegar a esos extremos, por temor a ser tildados de golpistas, o algo por el estilo. El mismo complejo afecta a algunos de los nuestros, pese a que causales justificadas para aplicar el mecanismo constitucional, sobran.

Sin embargo, no deberían mostrar los mismos remilgos a la hora de rechazar un posible veto presidencial contra algún proyecto que ellos mismos -los radicales- hayan impulsado en el Congreso, como el de las jubilaciones. A menos que estén haciendo una pantomima, y no estén dispuestos a ir en serio.

O lo que es lo mismo, si al final del camino los jubilados siguen sin ver recompuestos aunque sea en parte sus ingresos, los docentes siguen sin cobrar el incentivo, las universidades sin ver reforzados sus presupuestos o el boleto de colectivo sigue sin ser subsidiado, no solo será culpa de Mieli, sino también de la UCR. 

Igual que si se aprueba la ley bases, contra la que algunos radicales (como Lousteu) no se cansan de despotricar, aunque luego la voten. De hecho, el propio Lousteau les está pidiendo a los senadores de Unión por la Patria que acompañen con su voto favorable algunos cambios, para evitar con una mayoría calificada que sean revertidos en Diputados, de acuerdo con lo que dispone el artículo 81 de la Constitución Nacional.

De modo que si Milei sigue adelante con su plan, sin obstáculos ni oposiciones en el Congreso y sin que prospere una agenda alternativa del ajuste, es también y sobre todo responsabilidad de la UCR y sus legisladores. Tanta como para decir que este gobierno, el que está destruyendo al país y sus habitantes, es ni más ni menos -en términos prácticos- que otro gobierno radical.

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viernes, 17 de mayo de 2024

PACTOS

 

Lamentablemente todo indica que lo que señalábamos acá como destino final de la ley bases (su aprobación) parece estar empezando a cumplirse: el sector de la UCR que aparecía como el más díscolo para prestar sus votos en el Senado a la iniciativa encabezado por Lousteau acaba de canjearlos por el plato de lentejas de un aumento del presupuesto a la UBA, cagándose de paso en la movilización popular en defensa de todas las universidades públicas.

Para ser fieles a la tradición partidaria, nunca faltarán razones que justifiquen una reculada radical: en Semana Santa Alfonsín clausuró los juicios a los genocidas frente al motín carapintada con el argumento de la democracia en riesgo por la asonada, del mismo modo que años después pretendería cohonestar el Pacto de Olivos por el que capituló ante Menem, en la defensa de las instituciones republicanas en peligro.

Y así podríamos remontarnos en el pasado para encontrar, por cada deserción radical, una justificación: los radicales encontraron motivos para participar de la Junta Consultiva de la Libertadora y de su ilegítima reforma constitucional de 1957, como después los encontraron para convalidar con su participación las fraudulentas elecciones con proscripción del 58' y el 63'. Antes de eso, Zabala Ortíz encontró motivos para justificar subirse a un avión de la Marina para ametrallar inocentes, y antes, Roque Carranza para poner bombas en el subte: a la hora de traicionar (o defraudar las expectativas de  algunos) a los radicales les sobran los motivos.

El radicalismo principista e intransigente que se rompía antes de doblarse y para el cual la palabra "pacto" era sinónimo de contubernio con el régimen falaz y descreído (en palabras de Yrigoyen) quedó atrás allá lejos y en el tiempo, y aun así, ese mismo radicalismo tuvo su Semana Trágica y sus fusilamientos de los obreros de la Patagonia. Hoy la UCR -toda, en su conjunto- busca a como dé lugar firmar el Pacto de Mayo propuesto por Milei, que no es sino la versión libertaria del pacto de Olivos. Pondrán reparos formales, harán como que canjean algo a cambio, pero lo terminarán firmando, si es que finalmente se firma y el psicópata de la Rosada no pierde interés en el tema, o cambia de opinión. 

Según se intenta explicar, la estrategia radical es evitar contribuir a un debilitamiento del gobierno que podría ser capitalizado por el kirchnerismo, para volver al poder, lo cual es bastante sintomático del estado actual de la UCR (y por el actual, entiéndase desde 1945): con tal de que no gobierne el peronismo, les da lo mismo cualquiera, por horrible que sea. Pese a esa constante histórica inconmovible, nunca faltan en el peronismo quienes esperan algo de los radicales: si hasta Perón cayó en esa, en el abrazo con Balbín.

El peronismo, por su lado, no estuvo exento en su historia de renuncios, deserciones y traiciones, pero como todo lo que hace -en un país en el que los dispositivos de construcción de sentido social siempre estuvieron  en manos del antiperonismo- gozan de muy mala prensa, y no les encuentran tan fácil como a los radicales, motivos para justificarlos: por culpa del peronismo y del fracaso del gobierno del "Frente de Todos" tenemos a Milei en la Rosada.

Pero culpa del peronismo, solo en parte: Patricia Bullrich salió tercera en la última elección presidencial a 10 puntos de distancia de Massa -lo que da una idea de la valoración social del gobierno de Macri- pero en el balotaje todos sus votos migraron al orate, dándole una victoria que de otro modo nunca podría haber obtenido.

En los 90' en nombre del peronismo y con sus votos se perpetró el menemismo, al que se homenajeó esta semana; pero el homenaje no lo hicieron ni las autoridades del PJ nacional ni la CGT, aunque ambas estructuras hayan sido entonces decisivas para que Menem hiciera lo que hizo, con sus silencios y complicidades. La reivindicación de sus estropicios la hizo el antiperonismo, lo que no deja de ser justo: gobernó con ellos, y para ellos. 

La razón de que así ocurriera el homenaje al riojano es muy sencilla: después del menemato y la crisis del 2001 pasó el kirchnerismo, vinieron Néstor y Cristina, y ya nadie pudo hacer en el peronismo apología del menemismo a cielo abierto: les quedó el atajo de ir por afuera a intentar generar "peronismos alternativos", que en realidad eran y son menemismos culposos. En esa andan Jaldo, Llaryora, Pichetto, Scioli y otros "dadores voluntarios de gobernabilidad".

Pero -para ser justos-. no es ésa la situación actual del grueso del peronismo: cualquiera sean las críticas justificadas que se le puedan hacer a la dirigencia nacional del PJ o a la CGT, desde que asumió Milei están donde deben estar: los bloques legislativos votando en contra las iniciativas del gobierno lesivas para el país y para los derechos de los trabajadores y de la mayoría de sus habitantes, la central sindical impugnando la reforma laboral flexibilizadora del DNU 70 en la justicia y convocando a dos paros generales con acatamiento masivo, en contra de las políticas de Milei. 

Se podrán cuestionar los modos, los tiempos, los ritmos, los discursos, pero esos son los hechos: la única oposición real y concreta al avance del plan de destrucción de Milei viene del peronismo y sus estructuras, y si bien es cierto que con el peronismo solo no alcanza, no es menos cierto que ninguno que quiere oponerse en serio a éste gobierno (sin vedettismos como la izquierda, y sin jugar a que se oponen cuando en realidad son parte del oficialismo ampliado, como la UCR), puede prescindir de él.

De allí la importancia que tiene la disputa a su interior (no precisamente por lugares en las listas de elecciones tan lejanas como la Luna), porque asistimos a un nuevo intento de construir un peronismo a la medida del régimen para institucionalizar el sistema de "un país, dos derechas" dando por sepultado al kirchnerismo; como en el 55' se intentó dar por concluido al peronismo original con el recuento globular del sistema D'Hont, la "reabsorción democrática" de sus votantes y los neoperonismos. 

En eso andan hoy los que quieren prometerle al establishment que le llevarán su versión del peronismo al nuevo pacto de Olivos (la Moncloa criolla), y contribuirán a darle estabilidad a futuro al sistema, con los votos traccionados por el escudito. Eso se disputa también en las elecciones internas convocadas por el Consejo Nacional del PJ para noviembre, y se dirime desde acá y hasta allá en las calles, y en la posición frente al gobierno. 

Hace unos cuantos años en pleno macrismo, y cuando la derecha también se soñaba -como ahora- hegemónica a largo plazo, decíamos acá: "De modo que el peronismo hoy, a 43 años de la partida física de Perón, sigue siendo el territorio en disputa por excelencia de la política argentina, y el que por su peso gravitacional en las tradiciones políticas de millones de argentinos -aunque nada garantiza que siempre será así- suele determinar hacia donde se inclina el fiel de la balanza; por acción deliberada o por omisión culpable. La disyuntiva entonces es muy clara, tan claro como Perón tuvo siempre el rumbo de su movimiento: o vamos hacia un peronismo que se proponga como alternativa política de ruptura y salida del nuevo experimento oligárquico en acelerada construcción, o marchamos otra vez a un peronismo que aporte todo su peso político y simbólico a la consolidación del régimen; y busque su lugar al sol dentro de él.".

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miércoles, 14 de febrero de 2024

PARTIDOS

 

Pasó con Macri y vuelve a pasar ahora con Milei: el ascenso al gobierno de una fuerza política distinto al peronismo o la UCR reactiva el debate sobre la subsistencia y el futuro de las dos grandes fuerzas políticas de la Argentina desde 1945. Aunque todos dan por muerto al bipartidismo -al menos como tradicionalmente se lo conoció-, todos miran al PJ y el radicalismo a la hora de buscar soportes de gobernabilidad de aquellos que llegan al poder sin una estructura partidaria desarrollada que los sustente.

Y no les falta razón: hay una generación (larga) de dirigentes peronistas y radicales que, desde el Pacto de Olivos para acá, entienden que esa es la principal -si no única- función de las fuerzas creadas por Yrigoyen y Perón: ser los garantes del orden establecido, más que los vehículos de posibles transformaciones de sentido progresivo, más acordes a las razones que les dieron origen a ambos en nuestra historia política. Pichetto y Rodrigo de Loredo corporizan hoy ese rol.

En el caso del peronismo (un territorio en permanente disputa, como lo definíamos años atrás acá) esa idea de convertirlo en el PRI argentino no fue mayormente disputada ni siquiera por el proceso de la renovación en los 80' (que se limitó a discutir las reglas de la competencia interna) hasta la irrupción del kirchnerismo en 2003: hemos dicho antes y lo reiteramos ahora que su irrupción en los primeros planos de la política nacional significó salvar al peronismo de convertirse en una federación de conservadurismos populares provinciales, sin destino ni proyecto nacional; volviéndolo a colocar en el carril de sus mejores tradiciones históricas.

De hecho es por esa razón que el kirchnerismo sigue siendo el sector dominante -en términos de votos, en la base social identificada políticamente con el PJ- del peronismo, y han fracasado cuantos intentos de "peronismo alternativo" se han ensayado; todos los cuáles -con sus más y sus menos- consistieron en hacer un peronismo cada vez menos peronista, o más amigable con el antiperonismo. Un peronismo que busca su lugar al sol del poder económico, digamos.

Por esa razón y si comparamos lo que pasó con el gobierno de Macri con lo que está pasando ahora, en el peronismo los "dadores voluntarios de gobernabilidad" quedaron reducidos a los que ya habían migrado a otros sellos partidarios o los armaron a esos fines (como Pichetto o Randazzo),o casos aislados de transfuguismo como los diputados tucumanos. A diferencia de lo que pasó en 2015 con los bloques legislativos del entonces Frente Para la Victoria, las bancadas de Unión por la Patria en ambas cámaras del Congreso se han mantenido -al menos hasta acá- macizas en su oposición frontal al gobierno de Milei.

Al mismo tiempo, la CGT que inauguraba la estatua de Perón con Macri y hasta le hacía guiños a la reforma laboral flexibilizadora contra la promesa de fondos para las obras sociales, acaba de lanzar un paro general contundente con movilización masiva en todo el país contra el DNU de Milei que la imponía (además de cuestionar el decretazo en la justicia), a apenas un mes y medio de comenzado su gobierno; asumiendo incluso el liderazgo opositor por encima de la estructura formal del PJ. 

Y no es que se hayan vuelto todos kirchneristas de golpe: se trata simplemente de mecanismos elementales de defensa de su propia base social de sustentación amenazada en sus derechos por la ofensiva frontal de una derecha política y -sobre todo- económica desbocada en la consecución de sus intereses. Por las mismas razones, el mismo camino se verán obligados a recorrer los gobernadores del PJ, muchos de los cuales (como Jaldo) hubieran sido gustosos dadores voluntarios de gobernabilidad.  

En el radicalismo la situación es distinta, porque no es -en éste sentido- un territorio en disputa, desde 1945, cuando uno de sus diputados llamó "aluvión zoológico" a las masas trabajadoras del naciente peronismo. Si queremos ser más generosos, desde el el fin de la primavera alfonsinista la UCR ratificó su identidad de derecha conservadora, principal representación electoral del gorilismo (en el cual había abrevado el propio Alfonsín) hasta que declinó ese rol en manos del PRO. 

La convención de Gualeguaychú de 2015 no fue más que la aceptación institucional de un hecho consumado: los dirigentes radicales -tras una década de furioso antikirchnerismo militante en el Congreso y en las urnas, conducidos de hecho por una ex UCR como Elisa Carrió- iban hacia donde antes habían ido sus votantes. 

Lo que vino después hasta estos días -en que se ofrecen a ser parte de la pata parlamentaria de soporte de la coalición que gobierna el país en nombre de la libertad pero por cuenta del poder económico- es historia conocida. Si Alfonsín (que bancó la llegada de Cavallo al gobierno de De La Rúa) viviera, tendría que resignarse no solo a que el país tenga gobiernos de derecha, sino a que esos gobiernos cuenten con el apoyo incondicional -a prueba de insultos y humillaciones- de la UCR, y a perder estrepitosamente una interna si planteara al interior del partido una mirada diferente- 

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miércoles, 22 de noviembre de 2023

ÚLTIMAS IMÁGENES DEL NAUFRAGIO

El 17 de octubre de éste año, decíamos nosotros en ésta entrada: "Curiosamente -o no tanto- en las elecciones que tendremos en 5 días el peronismo corre el riesgo de quedarse afuera de un eventual balotaje entre dos formulaciones del antiperonismo, a cual de ellas más gorila. Y si lo evita será para competir en una eventual segunda vuelta, teniendo que captar parte de ese voto "flotante" que cambia de un comicio al otro, y no pocos votos del antiperonismo: ¿Significa eso que la sociedad también está redefiniendo los límites de su propio gorilismo, o dicho de otro modo, cuanto de los "70 años de peronismo" está dispuesta a dejar atrás, y cuanto quiere conservar, aunque jamás admita que se lo debe al peronismo ?".

"Porque en éstas elecciones hemos retrocedido al punto en el que estamos discutiendo la educación pública gratuita (incluyendo a las universidades), la salud pública gratuita, la cobertura previsional solidaria y universal, los derechos de los trabajadores y -no explícitamente, pero sí en las consecuencias implícitas en los proyectos en pugna- la distribución del ingreso; y como consecuencia o suma de todo eso, cuan cohesionados, inclusivos, justos e integradores queremos ser como sociedad, y a que costo.".

"Las respuestas no son sencillas, o sí: si el domingo una mayoría de los argentinos decide que todo eso que el peronismo vino a instalar o profundizar en la Argentina para construir la sociedad más equitativa y con mayor movilidad social ascendente de Argentina merece ser conservado, recuperado o profundizado (ponga cada uno el verbo que le parezca, en el orden que lo crea), el peronismo podrá volver a ser mayoría ya no en un comicio circunstancial, sino en la sociedad, como identidad política mayoritaria de los argentinos.".

Pues bien, los resultados del balotaje despejaron los interrogantes: la mayoría de los argentinos decidió (lo sepa o no) convalidar con su voto el enésimo intento de liquidar la Argentina peronista; y así lo entendió el presidente electo, a juzgar por sus declaraciones inmediatamente posteriores al triunfo, en las que ratificó el "Plan Motosierra" que sus seguidores desmentían bajo el rótulo "campaña del miedo". Y esos resultados dejan a su vez algunas puntas preliminares para el análisis de lo que pasó, y -sobre todo- de lo que viene:

* El 54,11 % de Cristina en primera vuelta en 2011 se produjo luego (y pese) al conflicto con las patronales del campo por las retenciones móviles, a la disputa con el grupo Clarín por la ley de medios que provocó la profundización de la "grieta" con toda la potencia de sus bocas de fuego mediáticas, al atril y las cadenas nacionales. Simple y sencillamente, porque la economía funcionaba, crecía, generaba empleo y el salario alcanzaba, aun con inflación.

* Massa rebajó o congeló retenciones, habilitó dólares a pedido y a medida de los exportadores y no se peleó con nadie, o trató de no hacerlo. Perdió con un tipo que prometió aplicar la motosierra, y no dejó prácticamente sector social o colectivo de personas por agredir, ni exabrupto por cometer. Otra vez: es la economía, estúpido; uno canalizó la indignación de buena parte de la población contra el 140 % de inflación anual y los sueldos que no alcanzan, el otro era el ministro de Economía, en cuya gestión se dieron esos números.  

* Puestas en discusión la grieta de un lado, y la propuesta de un gobierno de unidad nacional del otro, ganó la motosierra. Porque la grieta no es política ni mediática, sino ante todo cultural y social, existe desde -por lo menos- 1995 (si no desde 1810, con distintos nombres), y los que están del lado de ella a los que les va relativamente mejor (aunque se autoperciban de otro modo), desean profundizarla, hasta convertirla en un abismo. Y el que no lo entienda a futuro, corre el riesgo de volver a perderse en el camino.

* La crisis de representación de la sociedad argentina es total, afecta transversalmente a todas las estructuras, y no solo a los partidos políticos: sindicatos, cámaras empresariales, credos religiosos, clubes de fútbol y de barrio, organizaciones culturales y otras instituciones convocaron a votar a Massa, o rechazaron hacer por Milei, y fueron desoídos por completo por sus presuntos representados. 

* El caso más palpable es el de la UCR, cuyos afiliados no hacen lo que sugieren o indican sus dirigentes, desde 2015, cuando prefirieron -por amplísimo margen- a Macri sobre Sanz en la interna de "Cambiemos"; y siempre eligen al candidato más gorila de la oferta disponible, que no es poca. Aunque ese candidato -como Milei- se haya cansado de insultarlos, el asunto es que es el que le podía ganar al peronismo; cuestión que termina prevaleciendo sobre toda otra consideración.

* El peronismo también quedó afectado por la derrota y por la crisis de representación, y lleno de interrogantes a futuro. Sin embargo, en el marasmo que dejó el estallido de la "insatisfacción democrática" y la fragmentación política, conservó un núcleo duro de votos: el casi 37 % de Massa en las generales, casi los mismos números de Scioli en la misma instancia del 2015; lo que implica que está a unos 8 puntos de ganar en primera vuelta, si la Argentina gorila entra en la disputa por quienes serán los que traten de sepultarlo -otra vez- en el 2027, o por despegarse del previsible desastre del gobierno de Milei, lo que ocurra primero. 

* La condición para lograrlo, es ser más peronismo que nunca, adaptando los lenguajes, los modos de organización y militancia, los liderazgos  y -como no- ampliando la agenda a los tiempos que corren, y las nuevas demandas sociales, en cuanto quieran realmente ser representadas y no se limiten a expresar la bronca o el berrinche, sin medir las consecuencias. Sin quedarse en la nostalgia de tiempos pasados, sino dándose una praxis política de volver a hacerlos posibles; para lo no será desdeñable la ayuda involuntaria de Milei y su gobierno, puesto que los gorilas cuando gobiernan suelen producir como efectos hacer surgir peronistas, toda vez que jamás se han planteado superar al peronismo, o hacerlo innecesario.

* Lo que es transversal a todas las fuerzas políticas que de algún modo u otro fueron derrotadas en la coyuntura -lo que incluye a la izquierda eternamente adolescente- es o debiera ser, la defensa irrestricta de la democracia como sistema de convivencia, frente a la previsible ofensiva de los nostálgicos de la dictadura, que ahora cuentan con respaldo político desde el Estado, logrado nada menos que con el voto ciudadano. 

* La coincidencia en esa pelea -que sin dudas se vendrá- y en la defensa del piso de derechos hasta acá conseguidos (piso que está bajo amenaza explícita del nuevo gobierno) requiere de gestos de grandeza, que se antepongan a cualquier otra consideración, o especulación electoral a futuro. Habrá que ver si la dirigencia (toda: política, social, empresarial, sindical) está a la altura del desafío.  

* Las bases (sociales, culturales, con sentido político aun renegando de la política) que encumbraron a Milei, son la semilla de su posible destrucción: la bronca, el odio, el resentimiento, la insatisfacción no pueden construir nada duradero a largo plazo, que demande sacrificios, ni que los soporte. Son pulsiones pasionales y volcánicas que exigen ser satisfechas con resultados inmediatos, y los exigirán de un gobierno que llega al poder enancado en una campaña en la que embruteció el debate político, cultivando el pensamiento mágico.

lunes, 30 de octubre de 2023

EL VOTO VERGONZANTE

 

En todas las elecciones hay "voto vergonzante": ese porcentaje del electorado que se les escapa a los encuestadores o figura como "No sabe-no contesta", ese que esquiva toda definición en las discusiones sobre política en la oficina, el trabajo o las reuniones familiares.

Los motivos pueden ser variados -como el destinatario del voto-, pero casi siempre tienen que ve con evitar el rechazo social en determinados ámbitos o círculos de relación, e incluso -como no- el temor a alguna represalia. En sus orígenes, el peronismo fue el "voto vergonzante" de muchos, y ninguna mayoría importante se ha construido sin ellos: en aquel impactante 54,11 % de Cristina en el 2011 seguramente lo hubo.

Es esa porción del voto que provoca en algunos la perplejidad por los resultados, porque se abren las urnas y el resultado no es el esperado, o si lo es, los guarismos impactan. En éstas elecciones pudo haber pasado en las PASO con el voto a Milei: más allá del activismo de los "libertarios" en las redes y en los medios, hubo muchos votos que fueron al candidato de LLA en lugares geográficos o sectores sociales inesperados, al menos para los manuales.

Y conste que no estamos hablando del voto "negado" -ése que nos lleva a decir "al final nadie lo votó, pero ganó-, que tuvieron en su momento Menem, De La Rúa o Macri; sobre todo con las consecuencias de su gobierno a la vista.

De cara al balotaje del 19 de noviembre, el papel del "voto vergonzante" puede llegar a cumplirlo el electorado de "Juntos por el Cambio" que se quedó sin candidato propio, en especial los radicales: es muy común por estos días ver y oír a dirigentes, afiliados o incluso simples simpatizantes de la UCR explicar por qué no van a votar a Milei abundando en razones para ellos, sin decir, en muchos casos, como van a votar o -sobre todo- evitando deliberadamente decir que lo van a votar a Massa.

En un punto se entiende: en la mayoría de los casos se trata de gente que lleva una vida hablando pestes del peronismo ante quien quiera escucharla, y que ha prometido no votarlo nunca. Para ellos, la opción que plantea el balotaje es un desgarramiento, por varias razones; no solo porque sus candidatos se quedaron afuera, sino porque sería admitir que la gente prefirió a alguien con evidentes problemas mentales, que a los candidatos que ellos le ofrecieron a la sociedad.

Si las contorsiones que están haciendo los que nos explican por qué van a votar a Milei luego de haberlo defenestrado de todas las formas posibles -de Patricia Bullrich para abajo- nos parecen risibles, no lo son menos la del gorilaje -en especial los radicales, el voto tradicional a la UCR- que no se animan a decir que van a terminar votando al candidato del peronismo, para evitar males mayores. Es gente rara, a la que le da vergüenza decir que van a hacer algo correcto, pero la hay, y no son pocos.

En definitivas, si lo hacen (es decir, si ya han decidido votar a Massa y lo harán, o se deciden a hacerlo de acá al día de la elección), sean bienvenidos, y por nuestra parte, no solo no tienen la necesidad de decirlo, sino que hasta pueden -si así lo desean- mantener el misterio, o la ficción del voto en blanco.

Hemos dicho antes acá que si los gorilas comprendieran el sentido profundo de la garantía del voto secreto y la soledad del cuarto oscuro (donde no te mira nadie de tu familia, ni ningún periodista de TN o La Nación +), que funciona de modo tal que ellos pueden votar al peronismo sin que nadie se entere, y sin que eso los convierta en peronistas o les impida putear en el futuro a ese mismo gobierno que votaron -sea para mantener la cordialidad en su núcleo de relaciones sociales, o una imagen que construyeron pacientemente por años-, como país nos habríamos ahorrado un montón de problemas.    

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miércoles, 27 de septiembre de 2023

LA FRAZADA CORTA


Uno puede entender que se viven horas desesperadas, más después de los resultados de las PASO que arrojaron el triunfo de Milei, y que ponen a la fórmula Massa-Rossi -por ahora- incluso fuera de la posibilidad del balotaje. De allí deviene la necesidad imperiosa de ir a buscar los votos que faltan para lograrlo, y tener una nueva chance de frenar el triunfo de la derecha.

Pero eso no implica apelar a cualquier estrategia, porque además nadie puede asegurar que cualquier estrategia sea válida y eficaz a esos fines, y no terminemos víctima del síndrome de la frazada corta: que los votos que se puedan conseguir por un lado, se pierdan por el otro.

Porque el primero desafío para Massa -que no es menor- es conservar todos los votos propios de UPP en las PASO (por ejemplo los de los que votaron por Grabois, y de ser posible, recuperar los millones de votos del "Frente de Todos" que se perdieron desde 2019, porque el gobierno de Alberto Fernández defraudó las expectativas, rompiendo con sus políticas el contrato electoral con sus votantes.

Allí estaba y sigue estando la principal cosecha de apoyos por recolectar para mejorar las chances de cara al 22 de octubre, y eso Massa pareciera haberlo entendido como se deduce de la batería de medidas económicas que se vinieron anunciando en estos días.

De hecho, los mayores esfuerzos deberían estar puestos en lograr que esos anuncios se concreten (por ejemplo la devolución del IVA, o los anuncios de ayer para trabajadores informales) y se sientan en el bolsillo de los argentinos antes de que vayan a las urnas; más que en empezar a lotear un futuro gobierno antes de haber ganado las elecciones. Es más productivo morderles electores usando reclamos que fueron suyos y hoy han abandonado (como la eliminación de Ganancias sobre los salarios más altos), que sacarse fotos que más que sumar, restan.

O anunciar posibles acuerdos cupulares que no garantizan migración automática de votos, o implícitas Moncloas criollas con los que adversaron durante los últimos 20 años las políticas públicas que llevaron a ganar tres de las últimas cuatro elecciones presidenciales en primera vuelta, a considerable distancia de los competidores, en cada caso.

Parafraseando al "Bambino" Veira, el problema acuciante que tenemos es que la base (electoral) no está, y tenemos que recuperarla. No espantarla con posibles acuerdos con los que están prometiendo exterminarla, o la anatemizan como "el" problema de la Argentina.

Estamos pasados de rosca en ese supuesto pragmatismo que hace apenas 45 días llamaba a silenciar las críticas internas a "Wado" De Pedro porque buscaba el apoyo de Barrionuevo, para terminar ahora puteándolo al impresentable gastronómico porque hace lo que hizo siempre (cagarse en todo) para ofrecerle apoyo y financiamiento para la campaña a Milei.

Este tipo de palazos de ciego nunca pueden terminar bien, ni en términos de cosecha estrictamente electoral -lo que se gana por un lado se pierde por el otro-, ni de coherencia y cohesión de un futuro gobierno, si se gana. Bastantes problemas tuvimos ya en éste mandato, y solo con una unidad entre los distintos sectores del "panperonismo", como para ir a sumar más trayendo a los de la vereda de enfrente, que por otro lado no dieron ninguna muestra de arrepentirse, ni de sus dichos, ni de sus hechos.

Y no se trata de ser sectarios ni excluyentes, sino realistas: larvas como Barrionuevo (o como Gerardo Morales o buena parte de la UCR) no cambian nunca, y atienden antes que nada su propio interés, que no es el nuestro. Tuit relacionado:       

lunes, 26 de junio de 2023

EL ESPEJO JUJEÑO

 

Es un lugar común transitado por estos días a ambos lados de "la grieta" decir que lo que está pasando en Jujuy es una muestra o ensayo de lo que podría pasar en el país a partir de diciembre, si la derecha explícita vuelve al gobierno: para "Juntos por el Cambio", una muestra de como el kirchnerismo empiojaría "el proceso de cambio" por no aceptar la derrota en las urnas. Y para nosotros, la muestra de los límites que está dispuesta a cruzar la derecha para avanzar con su agenda de ajuste.

Pero ésas no son las únicas enseñanzas que deja el caso jujeño. También es un claro ejemplo de lo que Cristina denominó la "insatisfacción democrática": en las elecciones de hace unas semanas donde Morales revalidó en las urnas su hegemonía (aun no siendo candidato) más del 40 % del padrón no concurrió a votar, fenómeno que se está repitiendo en otras provincias como Chaco, San Luis o Corrientes, y que marca a las claras que estamos a las puertas de una profunda crisis de representación. Ni hablemos después del modo en el que cerraron las listas.

Con el agravante de que lo que no se canaliza por las urnas, se termina intentando resolver en la calle a riesgo de que todo termine igual que siempre: los muertos suelen ser todos del mismo lado de la mecha. Claro que a la inversa también vale la rebelión: la protesta social (aun legítima) debe encauzarse más tarde o más temprano en propuestas organizativas y políticas capaces -en democracia- de producir las transformaciones necesarias para atender los reclamos.

Jujuy (y el litio) son también un claro ejemplo de como la discusión de un determinado modelo económico nunca puede girar en el vacío, ni escindirse de la discusión sobre como se reparten los beneficios y los costos que ese modelo genera: no se trata simplemente de plantear superar el simple extractivismo de recursos naturales agregándoles valor en origen (lo cual es correcto), sino de discutir como se apropia y distribuye socialmente la riqueza. Sin ir más lejos, "la" discusión pendiente para toda la Argentina. A menos que se crea que el "desarrollismo" se puede imponer a palos, tal como intentó Frondizi con el Plan Conintes.

La provincia de Morales es también un espejo en el que mirar  nuestra democracia a 40 años de haberla recuperado, y viéndolo, definir de que hablamos cuando hablamos de democracia: si es simplemente el ritual de celebrar elecciones de vez en cuando para elegir o renovar a las autoridades, o es algo más complejo y profundo. Porque democracia es también -por ejemplo- incluir, y hacer uso de la fuerza cuyo monopolio legítimo detenta el Estado, bajo ciertas premisas, límites y normas: el Estado no puede (volver a) convertirse en una banda parapolicial.

Además Jujuy nos muestra en acto como funciona la Moncloa criolla del 70 % que proclaman tipos como Larreta o Schiaretta, con el Frente de Renovador de Massa ("nuestro" candidato) integrado al dispositivo de gobierno de Morales desde sus orígenes, y el PJ jujeño convertido en oposición de su majestad y votándole todo (incluso la ahora cuestionada reforma constitucional), a espaldas de los reclamos sociales. Spoiler: los "consenso amplios" deben ser por abajo, en la sociedad, no simplemente por arriba, entre una dirigencia igual de irrepresentativa, aunque a algunos les vaya ocasionalmente bien en las elecciones.

Desprendido de lo anterior, el caso jujeño es también una enseñanza para el "peronismo amigable", que cree que existe cosa tal como el gorila "razonable", con el cual se puede conversar e incluso alcanzar acuerdos: a la hora de justificar los palazos de Morales, no hubo diferencias entre "halcones" y "palomas", y todos cerraron filas para defender lo indefendible. Al fin y al cabo, ésta haciendo lo que todos ellos creen que debe hacerse.    

Y para terminar: que sirva el ejemplo Morales para la próxima vez en que los "repúblicos" nos den discursos desde el púlpito sobre el respeto a las instituciones y a las libertades básicas de la ciudadanía. A esos, sopapo con la mano abierta, para que se espabilen. 

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