LA FRASE

"POR AHORA NO ESTAMOS PIDIENDO AUTORIZACIÓN PARA QUE LA POLICÍA PUEDA USAR LA PICANA Y EL SUBMARINO, ANTES VAMOS A VER COMO FUNCIONAN LAS REFORMAS QUE PLANTEAMOS." (PABLO COCOCCIONI)
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domingo, 29 de agosto de 2021

"CAMBIAMOS FUTURO POR PASADO"

 

Por si no recordaban el ¿fallido? al que refiere el título del post, va el video de apertura en el que Vidal lo pronunció, aquella noche en la que celebraba convertirse en gobernadora de la principal provincia argentina. La misma de cuya competencia electoral acaba de huir, para refugiarse en el más cómodo y accesible distrito porteño.

Pero tal parece que volvió recargada, con las mismas (viejas) propuestas de siempre, para hacer lo que dijo en supuesto fallido: pretender hacernos volver al pasado. No está claro si a la Argentina anterior a 1943, o a los tiempos de los inicios de la Revolución Industrial.

Los otros días en el famoso acto de las rascadas varias, presentó sus propuestas como si se candidateara a presidenta de la nación, y no simplemente a diputada nacional. Entre ellas, un plan para que los jóvenes accedan a su primer empleo, pero cobrando la mitad del Salario Mínimo Vital y Móvil, es decir la mitad de lo que el Estado, por ley, determina que se le pueda pagar a un trabajador en blanco, registrado en la seguridad social.

Como segundo en la lista la acompaña Martín Tetaz, el promotor de la estafa Ponzi conocida como créditos UVA, que en la misma línea de pensamiento (cavernícola) propuso que los menores de 14 podrían trabajar cobrando un sueldo de 20.000 pesos, que también está por debajo del SMVM; como si éste fuese altísimo, o estuviese fijado en euros o en dólares. Eso sin contar con que conforme lo explicado acá, para que la propuesta camine habría que modificar la Ley 26390 de prohibición del trabajo infantil, o violarla, cometiendo un delito: eso sí, no se les podrá negar coherencia en las propuestas.

Así de "moderna" es nuestra "nueva derecha moderna y democrática" de las que nos hablaba Natanson en sus ensoñaciones téoricas. De cuan democrática es ya dijimos algo acá ayer, a propósito de su ensordecedor silencio frente al atentado contra el diputado Arias en Corrientes.

Como ven, no hay grandes diferencias entre sus propuestas y las de cavernícolas como Milei o Espert: en todo caso a estos últimos es la rusticidad de sus modales predemocráticos, o la más rápida reivindicación de dictaduras y latrocinios varios como los de Cavallo los que los terminan colocando en esa posición. Los otros (como Vidal) piensan igual, pero están coacheados en ejercicios de corrección política para ocultarlo, ejercicios que a veces fallan y los dejan expuestos tal cual son; como con éstas insólitas propuestas.

Todos ellos, toda la derecha argentina, nos quiere hacer creer que una sociedad es más moderna y mira con más decisión al futuro cuando, entre otras, cosas, más flexibiliza su legislación laboral, y más recorta y degrada los derechos de los trabajadores. 

De hecho, esa idea (junto con la baja de impuestos y el recorte de funciones del Estado) es la viga maestra que une a las distintas fracciones del capital, sin distinciones, se trate de industriales o productores agropecuarios, mercado-internistas o exportadores; y al fin y al cabo todos estos payasos de la política son solo sus amanuenses electorales. No es casual que aparezcan estas propuestas retrógadas, justo cuando se plantea discutir la reducción de la jornada laboral, por ejemplo.

Sin embargo, la historia del país y del mundo demuestra que las cosas son exactamente al revés: cuando las sociedades evolucionaron hacia la modernidad y alcanzaron mayores niveles de desarrollo e integración social, fue cuando avanzaron en la protección de los trabajadores, y otros colectivos vulnerables como los niños, los jóvenes o las mujeres.

Piensen si no cuando hemos avanzado desde la explotación en jornadas laborales eternas de niños de 10 años en las minas de carbón hasta la prohibición del trabajo infantil, o desde el pago del jornal en especie a la imposición legal de un salario mínimo, por debajo del cual no se le pueda pagar a nadie por su trabajo. 

Se puede discutir -en un puro ejercicio teórico sin otro efecto que eso- cuan "nueva" o "vieja" es alguna expresión de la derecha política, acá y en todos lados. Lo que no está en discusión es que su programa política no tiene para ofrecernos nada en el futuro, salvo volver al pasado que hemos dejado atrás como sociedad, simplemente evolucionando.    

domingo, 29 de septiembre de 2019

UNA PREGUNTA, VARIAS RESPUESTAS


En la campaña antes de las PASO Alberto Fernández hizo hincapié en la situación de los jubilados, planteando la necesidad de que volvieran a tener cobertura total de los medicamentos a cargo del PAMI como hasta el 2015, y que se recompusieran sus haberes; retomando en éste caso la fórmula de ajuste que regía hasta diciembre de 2017.

Después, acaso como consecuencia de las repercusiones que generó en los mercados el triunfo contundente del "Frente de Todos" (o el desmoronamiento electoral de Macri, para ser más precisos), el foco pasó a estar puesto en enviar mensajes "tranquilizadores" respecto al pago de la deuda: fue cuando apareció la discusión sobre "reperfilamientos", "reestructuraciones", "renegociaciones" y otras re, la últimas de ellas, la "solución uruguaya". 

Se puede discutir en términos de discurso de campaña electoral si las prioridades son las correctas o no había que dejarse correr la vaina con ciertas cuestiones (considerando los antecedentes del kirchnerismo honrando las deuda contraídas por otros), pero así están planteadas las cosas; mientras Cristina insiste preguntando en sus apariciones públicas quien va a pagar las deudas que deja el macrismo, cosa que desde acá dijimos que era y es "la" pregunta que definirá el rumbo del próximo gobierno. 

Pregunta cuya respuesta muchos parecen dar por sentada, porque pasan directo al tópico de como se pagará: con o sin quita, con estiramiento de los plazos, canjeando bonos o no. Y la dan por respondida, en nuestra opinión, porque dan por sentado que la pagarán los mismos de siempre, como lo hace el inefable Martín Tetaz en el tuit de apertura: los jubilados, los trabajadores y demás sectores de ingresos más o menos fijos, con ajuste sobre sus salarios y sobre los recursos del Estado; para generar así los excedentes sociales que se destinen al pago de la deuda.  

Ni más ni menos que lo que se hizo hasta el 2003, y lo que se viene haciendo desde el 2015, con la sola excepción de la experiencia kichnerista; porque si bien es cierto que para pagar la deuda el Estado necesita recursos, y necesita generar un superávit fiscal que le permita hacerlo, esa idea (la del superávit fiscal) no puede transformarse en un fetiche a la cual se sacrifique el conjunto del modelo económico y en consecuencia, de su distribución social de las cargas. Porque el problema no es tanto contable (de saber de cuantos recursos vas a disponer para pagar cuantas deudas), sino económico, y sobre todo político.

Económico, porque si se insiste en la lógica del ajuste para generar excedentes y recursos para pagar la deuda, los resultados serán los mismos que está obteniendo el macrismo: el círculo vicioso de profundizar la recesión, la caída de la actividad, el empleo, los salarios, el consumo y al final, la recaudación con la que se esperan pagar los servicios de la deuda. Los ejemplos al respecto abundan en nuestra historia.

Y político, porque supondría que el macrismo y el núcleo de ideas que expresa habría sido derrotado en las urnas, para sobrevivir más allá del mandato de Macri, en las políticas desplegadas desde el Estado como si nada hubiera pasado, o los argentinos no hubiéramos votado. Es preciso recordar que fue justamente la profundización del ajuste a través de la reforma previsional de diciembre del 2017, lo que detonó la resistencia social al macrismo, y comenzó a marcar el punto inicial de su caída, incluso antes de haber ido a pedir la escupidera al FMI.

En un contexto diferente al actual (porque la deuda estaba en default y fue reestructurada con quita sustancial, y no teníamos tanta con el FMI), Néstor Kirchner salió del laberinto por arriba, invirtiendo las prioridades en la asignación de los recursos del Estado: el lugar que antes ocupaban los servicios de los deuda pasó a ocuparlo el gasto en seguridad social, a través de la recomposición progresiva de los haberes de jubilados y pensionados, y las leyes de inclusión jubilatoria.

Ya con Cristina en el gobierno, se profundizó el rumbo con la ley de movilidad primero, y la AUH después. La ley de movilidad de 2008 (cuya fórmula original diseñó Amado Boudou) incluía entre los elementos a tener en cuenta para ajustar los haberes no solo la evolución de los salarios de los trabajadores registrados (apuntando a sostener o aumentar la tasa de sustitución), sino la de los recursos de la ANSES, sean los propios de la seguridad social (aportes personales de los trabajadores y contribuciones patronales), como la parte de la recaudación impositiva específicamente afectada a la financiación de la seguridad social.

De ese modo los jubilados y pensionados (y luego los beneficiarios de la AUH) quedaban asociados al crecimiento de la economía, porque si los recursos de la ANSES crecían al compás del aumento en el nivel de actividad y empleo, eran tomados como elemento a tener en cuenta para el ajuste de los haberes, si lo hacían por encima de los aumentos salariales pactados en paritarias. De allí que nosotros decíamos por entonces que los pasivos tenían la mejor paritaria de todas.

Pero además de beneficiarse del crecimiento, lo generaban: las políticas de seguridad social que ejecutó el kirchnerismo, poniendo el énfasis primero en la tasa de cobertura del sistema y luego, en otra etapa, en la de sustitución, no solo tenían un imperativo de justicia para reparar los estragos causados en los noventa en términos de pérdida de empleo registrado: buscaban además alimentar uno de los motores de la demanda agregada (el consumo privado), mejorando el poder adquisitivo de los ingresos de sectores con alta propensión al consumo, que destinan la mayor parte de sus ingresos a ese fin.

De ese modo y tal como lo decía Néstor entonces, y lo repite hoy como un mantra Alberto Fernández, se puede pensar en pagar la deuda: si no crecemos, no hay modo. Y está vista que con las políticas "ofertistas" de ajuste tradicionales, no solo no se crece, sino que se pone en riesgo la capacidad de repago de la deuda. Por eso "la" pregunta de Cristina tiene al menos dos respuestas posibles, la que siempre se ensayó en el país (que está implícita en la pregunta de Tetaz), y la que intentó el kirchnerismo mientras fue gobierno: de la que se elija dependerá el curso de los años venideros. 

Nota relacionada 1. Nota relacionada 2.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

DECIR PELOTUDECES ES GRATIS. IR A LA UNIVERSIDAD TAMBIÉN, GRACIAS A PERÓN

lunes, 20 de noviembre de 2017

LA TEORÍA DEL DERRAME, EXPLICADA PARA NIÑOS


Arrancó con todo la redistribución del ingreso de la revolución de la alegría.

Acá dicen que el crecimiento real del año que viene será del 1 %, o sea que avísenles a los abuelos que vayan gastando a cuenta del 0,05 % que les va a tocar por encima de la inflación, pero sin excesos.

Ojo: la promoción no alcanza a los jubilados por la moratoria.