LA FRASE
"POR AHORA NO ESTAMOS PIDIENDO AUTORIZACIÓN PARA QUE LA POLICÍA PUEDA USAR LA PICANA Y EL SUBMARINO, ANTES VAMOS A VER COMO FUNCIONAN LAS REFORMAS QUE PLANTEAMOS." (PABLO COCOCCIONI)
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miércoles, 10 de junio de 2015
viernes, 11 de abril de 2014
EL DÍA DESPUÉS
Antes del paro de ayer, analizábamos acá el contexto en el que se lanzó la protesta; y decíamos que (más allá de los reclamos puntuales de naturaleza sindical) "si (Barrionuevo y Miyano) muestran los dientes -exhibiendo presuntamente su capacidad de paralizar el país- también lo hacen hacia todo el que aspire a gobernar el país sucediendo a Cristina."; y la penosa conferencia de ayer a la tarde en la que hicieron el balance de la medida de fuerza, no hizo sino confirmarlo.
Una conferencia con la presencia de empresarios formalmente reconocidos como tales (Buzzi, en el círculo amarillo), y otros -como Barrionuevo o el propio Moyano- que lo son aunque se los reconozca públicamente como sindicalistas.
Un recorrido bizarro por disparates e incoherencias, que fueron desde Micheli mentando a Walsh, Tosco y Germán Abdala (diciendo que los primeros hubieran parado, y citando la opinión del último, en un paro apoyado por la Sociedad Rural); hasta el "Momo" Venegas compungido por los jóvenes y niños que pasan necesidades y reivindicando a "la gloriosa Juventud Sindical de los 70'", o Barrionuevo (dueño de un flamante casino) denunciando los negociados del juego y la corrupción; y la entrega de los recursos mineros.
Con Moyano como principal maestro de ceremonias, repartiendo bravuconadas a granel y repitiendo todos los lugares comunes del anti-kirchnerismo visceral (desde el "viento de cola" hasta la conducta en relación a los DDHH en la dictadura) no ya contra Cristina; sino incluyendo sin nombrarlo al propio Néstor: parece que ya enjugó las lágrimas del 2010, o eran de cocodrilo.
El problema con las bravuconadas es cuando terminan reemplazando al discurso político, porque entonces lo que podría ser firmeza en sostener determinadas convicciones, termina degenerando en simple matonismo barrabrava; y para peor, ostensiblemente misógino.
A fuer de ser sinceros, parecían pasados de merca los muchachos. Todos.
De paso: a la izquierda que puso el cuerpo en los piquetes, pretendiendo "diferenciarse" de la burocracia sindical, ayer Moyano y Barrionuevo les dejaron dejaron bien en claro como los consideran: forros, básicamente descartables.
Cuando un periodista le preguntó a Moyano qué medidas tendrías que tomar el gobierno en relación con sus reclamos para que se restableciera el diálogo, la respuesta (literal) fue "cualquiera, la que quieran, la que se les antoje": un reconocimiento mayor de que el paro busca cualquier cosa menos mejorar la situación de los trabajadores, imposible de conseguir.
El único momento de toda la conferencia en el que Moyano fue preciso en relación a los reclamos del paro, y en el que cuando habló demostró hacerlo con conocimiento cabal de causa, fue cuando se refirió a la plata de las obras sociales: todo un dato, y no menor, de lo que verdaderamente le preocupa. Para el que le interese el tema, acá y acá puede encontrar información.
Pero lo peor de todo lo escuchado ayer en la conferencia (coincidiendo con lo que señala acá Gerardo) fue constatar como los dirigentes sindicales replicaron las vigas maestras del pensamiento dominante en el empresariado argentino: el país tiene oportunidades excepcionales que desperdicia por las políticas del gobierno, "hay que abrir los mercados", hasta ahora nos vino ayudando la soja y el viento de cola; el gobierno no tiene ni tuvo nada que ver con el crecimiento, y hay que cambiar las políticas.
Allá en los momentos en los que Moyano despertaba cierta esperanza de un sindicalismo con discurso política y económicamente claro, supo rodearse precisamente de economistas y gente de reflexión que le daban consistencia a ese discurso; hoy pareciera salido de un seminario de Broda o Cachanosky.
Lo cual nos lleva a éste otro punto crucial que planteábamos antes del paro: "sigue siendo un desafío importante para el gobierno (para éste y para cualquiera que se proponga impulsar un proyecto transformador) buscar mecanismos de articulación con el fragmentado mundo sindical; para integrarlo a la conformación de un bloque político más sólido que apuntale su proyecto político.".
La pregunta (más importante incluso que saber como sigue la película después del paro) es como lograrlo con ésta dirigencia sindical.
miércoles, 9 de abril de 2014
SOBRE EL PARO DE MAÑANA
Decir que el paro de mañana es político es un lugar común, que poco aporta para comprender: todo paro es político; en tanto es un hecho de naturaleza política, que termina produciendo (lo busque o no) efectos políticos.
En todo caso lo que caracteriza al paro de mañana es su definido perfil opositor, dado que -en sustancia- está dirigido contra el gobierno; impugnando sus políticas pero mas aun, tratando de causarle daños en términos de legitimidad, y de su capacidad de sostener su agenda y conducir el proceso político.
Y si bien los objetivos que perseguirán sus (variados) gestores el día después se pueden intuir o conjeturar, no están del todo claros en términos de acumulación política concreta; precisamente por la variedad de apoyos que el paro concita; desde la izquierda a la Rural o la Federación Agraria, pasando por el moyanismo, la CTA Micheli o el fantasmal nucleamiento sindical de Barrionuevo
Los que convocaron originariamente la medida y los que se fueron prendiendo después parecen no tener problemas en coexistir, ni condicionaron su apoyo a la presencia o ausencia de los demás adherentes: ni a la izquierda le molesta coincidir en la acción con la burocracia sindical y viceversa; y ninguno de ellos se ruboriza por recibir adhesiones de patronales de las más reaccionarias que hay, como las que conforman la Mesa de Enlace.
Claro que no es menester hacer un esfuerzo mayúsculo de interpretación para advertir que de ese modo las posibilidades de acumular políticamente a futuro no lucen alentadoras; porque en algún momento ha de hacerse el necesario tránsito de la protesta, a la articulación de una propuesta.
¿O acaso si Moyano y compañía propusiesen nuevos impuestos para financiar la eliminación de Ganancias sobre los salarios más altos, o la restitución de los niveles de aportes patronales anteriores al 93' para solventar el aumento de emergencia a los jubilados o el 82 % móvil manrtendrían los apoyos patronales con que cuentan para el paro de mañana?
¿O acaso si Moyano y compañía propusiesen nuevos impuestos para financiar la eliminación de Ganancias sobre los salarios más altos, o la restitución de los niveles de aportes patronales anteriores al 93' para solventar el aumento de emergencia a los jubilados o el 82 % móvil manrtendrían los apoyos patronales con que cuentan para el paro de mañana?
El pliego de reclamos del paro luce tan difuso como los amplios apoyo que recoge; y se fue reescribiendo sobre la marcha: partiendo del impuesto a las Ganancias, el reclamo de aumentos salariales por la inflación o el 82 % móvil a los jubilados, hoy se habla de la inseguridad o el narcotráfico, al mismo tiempo que la plata de las obras sociales sindicales o la baja de los subsidios al gas y el agua.
Si se analizaran cada uno de los reclamos puntuales (al menos los que pueden tener componentes reivindicativos propios de un movimiento sindical como Ganancias, subsidios, asignaciones o aumentos salariales), no es difícil detectar inconsistencias entre ellos.
Así por ejemplo la CGT de Moyano denuncia la existencia de casi 4 millones de desempleados pero centra sus reclamos en la suba del mínimo no imponible de Ganancias; que hoy está por encima de los 15.000 pesos mensuales cuando el 75 % de los trabajadores formales gana en promedio menos de la mitad de esa cifra, al mismo tiempo que poco y nada dice sobre como resolver el problema de los uno de cada tres trabajadores con empleo no formalizado.
O plantea un modo práctico de desfinanciar al Estado mientras reclama el 82 % móvil para los jubilados (que trasladaría además a la pasividad la profunda desigualdad retributiva del mercado laboral); y reclama "paritarias libres", obviando el hecho concreto de que la gran mayoría de las organizaciones gremiales vienen cerrando sus acuerdos, con un ojo puesto en el salario y el otro en la preservación del nivel de empleo.
Habrá que ver después de todo esto cuanto por encima de lo que acordaron los metalúrgicos, bancarios, mercantiles, docentes y la construcción, terminan cerrando sus respectivas paritarias los camioneros de Moyano, los gastronómicos de Barrionuevo o los peones del "Momo" Venegas.
Por eso es más útil detenerse en el análisis del contexto político de un paro extraño, en el que se reclama por la inflación al gobierno, pero no a las empresas: Moyano apela con frecuencia a la metáfora de "la inflación del changuito", pero ni él ni sus aliados denuncian a los formadores de precios o a los especuladores con el dólar y la devaluación.
No es raro entonces que un paro de esas características (en el que además -a estar por el discurso sindical- pareciera por momentos que los empresarios quieren "paritarias libres", pero el gobierno no los deja) concite apoyos patronales.
Después de todo, el reclamo de Moyano y compañía por Ganancias les es indiferente a los empresarios en tanto la plata no saldría de su bolsillo sino del del Estado, y si mal no viene la cosa, les permitiría colar su reclamo de ajustar por inflación los balances de las empresas; para licuar carga impositiva.
Un paro que se presenta sin movilización, acto público ni discurso, como consecuencia de un sindicalismo que pretende disputar espacios de poder más que el espacio público; porque no logra articular un programa común que exponer allí, ni un liderazgo que todos los convocantes acepten: no olvidemos que se llega al paro en un escenario de creciente fragmentación gremial, con conflictos intrasindicales por representación de colectivos de trabajadores; aspecto en el cual el mismo Moyano ha tenido un protagonismo central en estos años, soplando afiliados a otras organizaciones gremiales.
La falta de acto público y discurso pretende además disimular el raquítico apoyo político (y aun social) de la medida, del mismo modo que el paro de transportes disimulará (al menos en teoría) las escasas adhesiones que concita entre muchos trabajadores de a pie; por no decir que las principales organizaciones sindicales del sector público y privado (al menos por cantidad de afiliados) no se han sumado a la medida.
La izquierda (que con su lógica particular se suma a lo que siempre detestó -la burocracia sindical- supuestamente para combatirlo) intentará movilizar y organizar piquetes puntuales, pero no está en condiciones de desmarcarse de la convocatoria moyano-barrionuevista, fijando otro día para hacer "su" propio paro: no sea cosa que los auspiciosos resultados que obtuvo en algunos distritos en las últimas elecciones se desvanezcan con un fracaso.
Como dato de color (signo de un desubique ya crónico) aporta la modalidad del piquete (símbolo de las luchas sociales de los excluidos de los 90', para ser visibilizados) a un paro que reclama rebajar la carga impositiva para el 6 o 7 % de los trabajadores ubicados en lo más alto de la pirámide retributiva.
Como dato de color (signo de un desubique ya crónico) aporta la modalidad del piquete (símbolo de las luchas sociales de los excluidos de los 90', para ser visibilizados) a un paro que reclama rebajar la carga impositiva para el 6 o 7 % de los trabajadores ubicados en lo más alto de la pirámide retributiva.
Por allí se le atribuye al paro (desde el propio kirchnerismo) una intencionalidad inserta en la lógica de acumulación de Massa y su Frente Renovador; algo que no está del todo claro: después de todo el propio Massa le escapó hace unos meses a la temida foto con Moyano y Barrionuevo, y si éstos muestran los dientes -exhibiendo presuntamente su capacidad de paralizar el país- también lo hacen hacia todo el que aspire a gobernar el país sucediendo a Cristina.
Hay también entonces en el paro de mañana una amenaza a futuro a cualquiera que (como Massa) quiera protagonizar ese futuro, sobre todo por parte de la fracción del sindicalismo peronista que lo motoriza: está reclamando un lugar en el nuevo dispositivo de poder; ése que Moyano perdió al enfrentarse con Cristina, que Barrionuevo nunca tuvo en los años kirchneristas, y que añora desde los tiempos del menemismo; justamente cuando se pulverizaron los derechos de los trabajadores.
Y es precisamente éste tópico (el de la búsqueda de un lugar político para el sindicalismo) el que plantea mayores interrogantes a futuro: la izquierda se suma a la protesta porque hasta acá ha venido acumulando políticamente desde su praxis sindical, pero no la protagoniza; y su crecimiento electoral parece tener próximo el techo.
Más allá de descontentos puntuales en algunos sectores que antes acompañaron electoralmente al kirchnerismo, el debate por la inseguridad parece dejar claro que -hoy por hoy- los que crecen políticamente en la Argentina o aspiran a hacerlo (a salvo el núcleo duro de adhesiones al gobierno), lo están haciendo por derecha.
A Moyano le sucede exactamente lo contrario que a la izquierda, y de allí su palpable y creciente desorientación: protagoniza la protesta, pero no puede acumular a partir de ella; porque podrá apelar a agudizar la dinámica de conflicto sindical (con una eficacia progresivamente mermada, en tanto no logre ampliar adhesiones dentro de la propia estructura del sindicalismo), pero es dudoso que eso le reditúe en algún crecimiento político; y aun que le permita sumar dentro de la propia interna sindical.
De hecho, desde que rompió lanzas con el kirchnerismo y se pasó con armas y bagajes a la oposición, no ha hecho sino perder terreno en esa dimensión; hasta dejar de ser un factor políticamente relevante. Y la posibilidad de acumular adhesiones de organizaciones sindicales que hoy no confrontan con el gobierno, dependerá más de la evolución de la economía y la dinámica del conflicto social, que de sus propios (y generalmente torpes) movimientos políticos.
Lo que no quita que sigue siendo un desafío importante para el gobierno (para éste y para cualquiera que se proponga impulsar un proyecto transformador) buscar mecanismos de articulación con el fragmentado mundo sindical; para integrarlo a la conformación de un bloque político más sólido que apuntale su proyecto político.
jueves, 6 de febrero de 2014
PROFESIÓN DE FE DEMOCRÁTICA
Vos los mirás y aparentemente los dos están hablando de lo mismo, pero diciendo cosas distintas; hasta contradictorias entre sí.
Incluso parece que Majul lo reta a Yoma; aunque lo transcribe ampliamente en su columna de hoy de La Nación (completa acá), sin ningún comentario salvo los que ven en la imagen, luego de un par de párrafos cuando el lector (mareado por su espantosa prosa) ya no asocia una cosa con la otra.
Y como se puede ver, lo que le preocupa en realidad a Majul no es la posibilidad de una crisis institucional; sino que el gobierno la use para victimizarse.
Esa (la victimización del gobierno) sería la mala noticia, no la ruptura del orden constitucional.
No son los únicos que coquetean en público con el tema del final anticipado del gobierno de Cristina: Barrionuevo (nada menos) dice que en realidad el gobierno quiere irse antes, y lo va a hacer.
A paso firme, y de un modo cada vez más perceptible, la crítica y la impugnación en bloque de los 10 años de kirchnerismo (¿dónde quedó aquél discurso de "rescatar lo bueno y corregir lo malo"?) van dejando aflorar en una escalada verbal constante, las pulsiones golpistas.
Sea sembrando la duda sobre si Cristina llega al fin de su mandato (como acá el impresentable de Pablo Micheli blanqueando su massismo); sea desarrollando denuncias sobre pactos y mafias para provocar un golpe desde el propio gobierno o el PJ, como la desquiciada chaqueña acá a partir de la indagatoria de Boudou.
Sea sembrando la duda sobre si Cristina llega al fin de su mandato (como acá el impresentable de Pablo Micheli blanqueando su massismo); sea desarrollando denuncias sobre pactos y mafias para provocar un golpe desde el propio gobierno o el PJ, como la desquiciada chaqueña acá a partir de la indagatoria de Boudou.
Como decíamos hace poco acá, los devora la impaciencia. Aunque tiren la piedra y escondan la mano, o le echen la culpa a otro, o digan que es ese otro el que está preparando el golpe.
Y como dice acá Gerardo, necesitan a como dé lugar, que el kirchnerismo termine lo peor posible.
Mientras tanto, se ocupan de dejar bien en claro (como lo hace Majul en su columna, o los radicales en su último documento) que no existe tal cosa como un intento de golpe de mercado; que sería así producto de nuestra imaginación.
Una muy funcional manera de indultar de antemano las maniobras desestabilizadoras que efectivamente existen; como ésta por ejemplo.
Que nosotros hayamos apuntado acá la necesidad de no refugiarse en esa comprobación para no hacer nada y quedarse cruzados de brazos lamentando los ataques, no significa que nos tomen por pelotudos.
Todo eso sí, aderezado con protestas de fe democrática, deseos de que Cristina termine su mandato y "predisposición a ayudar al gobierno, si se deja ayudar"; mientras instalan el tema en la agenda, pretendiendo naturalizarlo como si hablaran del tiempo.
jueves, 5 de diciembre de 2013
PIQUETES A LA JAPONESA, O ALGO POR EL ESTILO
Sobre las últimas movidas del piqueterismo del FAP rama Micheli (ah, no, cierto que ahora están afuera) leemos en el Boletín Oficial: "La medida -que originalmente se iba a cumplir en la puerta del Ministerio de Desarrollo Social de la Provincia, Avenida Freyre y Mendoza, la Estación Belgrano, el ingreso del Wall Mart, la Ruta N°1 Km 3, Avenida Facundo Zuviría y Azcuénaga (Frente al CIC Municipal), Avenida Blas Parera y Teniente Loza y Colastiné Sur- estaba prevista para reclamar al Gobierno de la Nación, la bajada de planes sociales para desocupados. Además, pretendía expresar quejas en torno a la inflación y el aumento en el precio de los elementos de la canasta familiar.
En un parte de prensa, los integrantes de la Multisectorial indican que la suspensión de la medida se debe a “la situación de gran complejidad social que se esta viviendo en diferentes partes del país”. A esto añaden “la predisposición al dialogo por parte del Subsecretario de Gestión Territorial del Ministerio de Desarrollo Social de la provincia, Marcelo Beltrán”. Por ello, confirman que “hasta principios de la próxima semana no se realizará ningún tipo de movilización”.
No obstante, afirman que seguirán “reclamando al Gobierno Nacional, que deje de discriminar a los santafesinos y que mande a la provincia los programas de empleo necesario para enfrentar esta situación”." (las negritas son nuestras)
Un reclamo raro, como direccionado: siempre dirigido contra el gobierno nacional, pero lo hacen en la puerta del Ministerio de Desarrollo Social de la provincia.
Casi como que desde ahí lo hubieran orquestado, o algo por el estilo.
¿Sería para agradecerle al funcionario que los atendió la predisposición al diálogo, aunque no les haya resuelto nada?
¿O sí se los resolvió, y no nos enteramos, porque no nos cuentan?
Porque a lo mejor el tipo implementó al toque algún programa social para resolver los problemas que planteaban, con una capacidad de respuesta impresionante.
Lo raro es que no hayan aprovechado para preguntarle por qué el presupuesto del Ministerio al cual pertenece es menor, año a año, y dentro de él, por qué son también menores las transferencias directas a los sectores sociales más vulnerables: si no lo sabía, para irse preparando para la semana que viene y ampliar las demandas; acá tienen data.
Pero lo más extraño es que amenazaron con piquetes por la falta de programas sociales y la inflación en productos básicos de la canasta familliar, para terminar levantándolos por "la situación de gran complejidad social que se vie en diferentes partes del país".
¿No son acaso situaciones como ésas las que determinan las protestas y piquetes, o nos perdimos algo?
Si no parece como los japoneses, que para protestar hacen huelga trabajando el doble.
Ojo: a lo mejor es una variante progresista de la protesta social, que uno no termina de entender.
viernes, 21 de diciembre de 2012
ROMANCE FUGAZ
Era previsible: el rotundo fracaso de la marcha del miércoles (por convocatoria, por contenido, por discurso) generó el pase de facturas entre los socios mal avenidos de un acuerdo destinado a fracasar a corto plazo.
Que vos no movilizaste como me prometiste, que vos prendés el peronómetro y me corrés a la izquierda, que no me pongás la marchita que tengo gorilas adentro y me hacen quilombo, que yo hablo al final y todo el tiempo que se me cante; en fin: un par de vedettongas entradas en carnes y venidas a menos, discutiendo por el lugar en el cartel del teatro de revistas.
La suma de dos que vienen desde hace tiempo en bajada y derrapando (sindicalmente hace rato, políticamente ni hablar) no puede nunca dar más que cero; y ahora en la tribuna de doctrina descubren que los separan las opciones de cada uno de cara a las elecciones del 2013: la cooperativa de Pymes progresista de Binner en el caso de Micheli, un partido todavía por gestar en el caso de Moyano.
El primero aportando a la estrategia de De Genaro-Lozano que (sigilosamente) están preparando otra voltereta como tantas, en el caso que los caguen en las listas, esta vez con la excusa de que descubrieron así de golpe, que Binner no es taaan revolucionario como creían.
El segundo tocando todos los timbres del peronismo, donde lo atienden y le dicen que no, que gracias, que sindicalismo pintavotos y con ínfulas políticas ya compraron, y no les hace falta por ahora.
Los dos apostaron a lo mismo: usar al otro para despegar, jactándose de reclutar apoyos más amplios; tragándose sapitos en el camino: uno, andar del brazo con la denostada burocracia sindical; el otro, lisonjéandose en público con lo que debe conceptuar en su fuero íntimo como troscaje.
Objetivos cortos, métodos chiquititos, logros microscópicos.
Ni Argentinazo, ni bomba nuclear, ni 17 de octubre, ni un trabajador presidente: un par de pedos de vieja mustios, tristes, que no movieron el amperímetro.
Y ni una sóla de las (discutibles) cuestiones estrictamente sindicales que plantearon resueltas, lo que era de manual: ¿eran necesarios tantos papelones perpetrados en conjunto para comprender algo que se sabe desde hace años, y que es que al kirchnerismo no le van a sacar nunca nada bajo presión?
Un triste balance de un emprendimiento destinado a fracasar desde el comienzo, que terminará como tenía que terminar: con cada uno de los dos protagonistas de este romance fugaz tomando paulatinamente distancia del otro, silbando bajito como para que no se note.
Como si se estuvieran yendo de un telo en el que estuvieron de trampa, deseando que nadie los vea juntos; y que si los vio, no se acuerde.
Aunque a lo mejor se despiden a todo gas, armando un poco de bardo.
Aunque a lo mejor se despiden a todo gas, armando un poco de bardo.
jueves, 20 de diciembre de 2012
NI FERNANDO NI ISABEL: CRISTINA
Por Raúl Degrossi
Desde que comenzó éste segundo
mandato de Cristina y -sobre todo- a partir de que los efectos de la crisis
económica internacional golpearon con más fuerza en el país circula (en los
medios, en las redes sociales, en el discurso asumido más o menos públicamente
por la dirigencia opositora) una pretensión de asimilar a Cristina con De La
Rúa; mientras que desde hace más tiempo y en especial en las usinas mediáticas
y sociales del gorilismo, se la compara con Isabel Perón: el propio Lanata lo
había hecho ya, a minutos de la muerte de Néstor Kirchner.
En ambos casos se juega con
sobreentendidos sociales que dan las coordenadas precisas del significado de la
comparación: por un lado, un presidente ungido con una importante mayoría
electoral que dilapida aceleradamente desde el gobierno, sustentado en una
coalición política que se resquebraja también con rapidez, con un
vicepresidente en el ojo de la tormenta por un escándalo de corrupción de
imprevisibles derivaciones institucionales, y el telón de fondo de una crisis
económica que -se profetiza con el pasado a la vista- no tendrá capacidad para
manejar.
Por el otro, una presidenta
vicaria de un poder heredado, a la que la viudez deja en estado de indefensión
política, recluida en una alienación conceptual para comprender la realidad,
rodeada de un círculo áulico de alcahuetes y adulones que la mantienen aislada
de lo que verdaderamente pasa; mientras a su alrededor crecen las pujas
políticas por hacerse del poder, y la economía amenaza estallar por los aires con
todas sus variables disparadas fuera de control.
Como se ve, para los que son
afectos a las comparaciones superficiales, la historia siempre las provee en
forma abundante como para convalidar un determinado discurso, y actuar en
consecuencia; lo que no implica -ni mucho menos- que la lectura sea correcta, o
tenga anclaje en la realidad: la diferencia no es menor, porque donde se
esperaba un nicho de crecimiento político, puede aparecer una serie increíble
de papelones; como de hecho viene sucediendo en la Argentina.
Y como ambos (De La Rúa e
Isabelita) terminaron abruptamente sus respectivos mandatos (asimilados incluso
visualmente en su eyección de la Rosada en helicóptero), la comparación
alimentó durante todo el año los sueños húmedos de los que no metabolizaron
nunca el 54,11 % de Cristina en octubre del año pasado; y mientras corrían los
meses de éste 2012 que termina, alentaban la esperanza de otro diciembre de
clímax político, con crisis institucional incluida.
Esa percepción alimentó tanto la
praxis política opositora (que en seguimiento de la línea editorial de los
grandes medios, auguró el inevitable fin del kirchnerismo), como la dinámica
del sindicalismo que adversa al gobierno nacional (conducido por Moyano y
Micheli); y -sobre todo- al multiforme y gaseoso colectivo social expresado en
los cacerolazos.
Que el gobierno de Isabel hubiera
terminado con un golpe militar al estilo tradicional, y el de De La Rúa con una
crisis institucional resuelta jugando con los límites del sistema constitucional
es una diferencia sutil, que no puede ser captada desde la rusticidad del
pensamiento de aquellos que, desde hace más de un año, se empeñan en negar lo
obvio: un triunfo electoral de la contundencia del obtenido por Cristina otorga
al que gana la legitimidad y la base política firme para imponer el rumbo del
país, e impone al que pierde una profunda introspección, para comprender
cabalmente lo que está pasando, y lo que ha hecho o interpretado mal.
Desde las apelaciones al
clientelismo y la “legitimidad segmentada” de Carrió en el 2007, hasta el
“efecto viudez” con el que se pretendió explicar el triunfo de Cristina el año
pasado, la oposición (mediática, social, política, sindical) persiste en
desconocer al kirchnerismo como hecho político, asumiéndolo como algo más que
un fenómeno pasajero: por esa vía, tendrán cada vez más mayores dificultades
para superarlo construyendo una alternativa viable para gobernar la Argentina.
Y la simplicidad de la
comparación de Cristina con Isabel y De La Rúa llevó a construir una galería
del ridículo, de la que será muy difícil volver: un sindicalismo peronista
-expresado en Moyano- cuestionando el liderazgo político de Cristina al
interior del propio peronismo, en el mejor registro de Vandor con el propio
Perón; sindicalismo para el cual la comparación con el gobierno de Isabel es más perjudicial
que para la propia Cristina.
Porque cuando Moyano enciende el
peronómetro para cuestionar al kirchnerismo (olvidando con frecuencia su
auditorio concreto, como ayer en la Plaza ante las columnas de los partidos de
izquierda) lo hace para recordar en clave maccartista a Rucci y a Perón
expulsando a los montoneros de la plaza (en lo que, errores aparte de la
conducción de las organizaciones armadas, implica en el contexto una
subrepticia reivindicación del baño de sangre posterior); pero obviando que la
dirigencia sindical de aquellos 70’ estrechó filas junto a Isabel y López Rega,
para terminar combatiendo al segundo, y soltándole la mano a la primera con la
borrada de Casildo Herreras, horas antes del golpe.
Y que decir de la dirigencia de
la UCR, que marchó ayer a la Plaza (o al menos prestó su apoyo a la
convocatoria) el mismo día en que, once años atrás, decidió desde el gobierno
declarar el estado de sitio y dar carta blanca a la represión de la protesta
que se cobró 39 muertos en todo el país: un olvido y un desprecio tan brutal de
símbolos tan poderosos dice bastante de lo que entienden los radicales por
autocrítica; y de lo poco (o nada) que han madurado políticamente desde que el
último presidente surgido de sus filas abandonó la Rosada antes de terminar su
mandato, dejando un país en llamas.
Los denunciantes y los gestores
de la ley Banelco, los que debían asumir la representatividad de las víctimas
de aquel diciembre trágico y los que fueron sus victimarios, se dieron ayer la
mano para confrontar con el gobierno que expresa al proyecto político que
clausuró la crisis, y por eso fue ampliamente revalidado en las urnas, en dos
oportunidades.
Un contrasentido tan grande como
el de los cacerolos (presentes también ayer en la Plaza, a través de parte de
los organizadores de la espontaneidad) que comparan a Cristina con De La Rúa y
le auguran el mismo final; obviando que a “Chupete” lo votaron para que
prolongara la ilusión de la convertibilidad, gestionando un menemismo prolijo y
sin corrupción, por lo menos ostentosamente visible.
En ambas comparaciones hay una
persistencia no ya en desconocer las condiciones políticas personales de
Cristina (lo que en sí es un grave error, cualquiera sea la postura que uno
termine adoptando frente al kirchnerismo), sino el hecho de que ella expresa un liderazgo,
un rumbo y un proyecto.
Un liderazgo que no está exento
de errores, un rumbo que puede tener marchas y contramarchas pero es claro y un
proyecto que está en permanente construcción; pero que cuentan con amplios apoyos
sociales, que se hicieron visibles el 9D.
La precariedad del discurso
opositor sustentado en comparar a Cristina con De La Rúa o Isabel, y la
persistencia en el error de seguir una línea de acción política consecuente con
esa idea, explica bastante el rotundo fracaso de la marcha de ayer, en términos
cuantitativos y -sobre todo- cualitativos; al menos si se la mide desde las
expectativas de los convocantes.
SINDICALISMO ECOLÓGICO Y AMBIENTALISTA
Otros que respetan escrupulosamente los canteros y los plantines.
Gracias a La otra por la imagen original.
Gracias a La otra por la imagen original.
sábado, 15 de diciembre de 2012
EL BUEN USO DEL IDIOMA
Antes decían "inflitrados", pero claro, de ahí a salir "a cazar zurdos y troscos" como decía Rucci, hay un sólo paso, que no conviene dar.
Sobre todo cuando andás del brazo con "Planchita" Micheli, que cree ser el protagonista del nuevo Argentinazo.
Por eso ahora hablan de "agentes exógenos", que es más cool.
Lo interesante es que, mientras Moyano alerta sobre probables incidentes en la marcha del miércoles que viene, desde el sector de Barrionuevo dicen que no hay motivos para que se produzcan, lo que implica que, como no hay elecciones a la vista, ellos no están pensando en quemar urnas.
Y que la marcha no circularía por la Avenida de Mayo, es decir que las vidrieras del Tortoni no corren peligro esta vez.
Hablando en serio, sean serios muchachos: esta nueva ronda a la Plaza la organizaron justo el día en que ardió todo en el 2001, con el vano intento de homologar a Cristina con De La Rúa, y éste país con aquél.
Y para disimular el rotundo fracaso del parito que hicieron el 20N, lo único que los puede salvar del papelón, es que haya quilombo, para hacerse las víctimas y decir que se reprime la protesta social.
Si hubiera un muerto, mejor aun: se pasaron todo el año tratando de tirarle un fiambre en una marcha al gobierno.
Pero hete aquí que pasaron los cacerolazos, y los únicos quilombos los armaron los caceroleros, y el gobierno no les tocó ni un pelo: pudieron manifestarse libremente en todo el país y hacer y decir lo que se les cantara.
Y lo mismo pasó con ustedes el 8N, por el contrario: los únicos incidentes los provocaron ustedes, apretando a los laburantes, para que no fueran a trabajar.
¿O no fue acaso el propio Micheli el que bancó esa idea, y el que dijo hace poco que, si el gobierno no los escuchaba, tendrían que tirar una bomba atómica?
Micheli cuyos aliados en la CTA y el FAP fueron justo los que protagonizaron los últimos quilombos, los piedrazos en la Casa de Tucumán; que la primera que los repudió fue Susana Trimarco, dejando en claro que a ella y a su lucha no la representaban.
Si sos dirigente sindical y no podés garantizar la seguridad de una marcha a la que convocás, o si está en peligro porque te juntás con semejantes boludos y con personajes como Barrionuevo, lo único que demostrás es que tenés el ego y las aspiraciones, más largas que tus capacidades de conducción.
Y que te está quedando grande no ya la aspiración política o la conducción de un pedacito de la CGT, sino hasta el sindicato de camioneros.
viernes, 14 de diciembre de 2012
AMÉMONOS
Alfonsín: "Dále sonso, animáte y dame un pico, que no están ni Ubaldini ni mi viejo para retarnos".
Lavagna: "Pero Ricardito, ¿vos viste como tiene el comedor este muchacho?"
Alfonsín: "Dále, negro turrito, no te hagás el difícil que me tenés persiguiéndote por todos lados y haciéndote rogar".
Micheli: "Yo le explico al chabón éste que Moyano se deja dar un pico, pero no adelante de la gente, y él insiste con hacerlo cuando está lleno de cámaras".
Venegas: "Si lo sabré yo, que cuando se van los otros de la CGT le parto la boca".
Buzzi: "Que papelón, y encima estoy viendo desde acá que para entrar al baño hay una cola de una cuadra".
Lavagna: "Y yo con el broli éste que me dieron, que no encuentro un canasto donde tirarlo".
Alfonsín: "Dále, negro turrito, no te hagás el difícil que me tenés persiguiéndote por todos lados y haciéndote rogar".
Micheli: "Yo le explico al chabón éste que Moyano se deja dar un pico, pero no adelante de la gente, y él insiste con hacerlo cuando está lleno de cámaras".
Venegas: "Si lo sabré yo, que cuando se van los otros de la CGT le parto la boca".
Buzzi: "Que papelón, y encima estoy viendo desde acá que para entrar al baño hay una cola de una cuadra".
Lavagna: "Y yo con el broli éste que me dieron, que no encuentro un canasto donde tirarlo".
martes, 20 de noviembre de 2012
EL CACEROPARO
Por Raúl Degrossi
¿Qué tienen de parecidos el paro
de hoy y los cacerolazos del 8N, en apariencia tan distintos?
La primera similitud es obvia:
son manifestaciones opositoras al gobierno nacional, que ganan la calle para
darle visibilidad a sus reclamos y -sobre todo- a los protagonistas de esos
reclamos; más o menos explícitos, unos dichos y otros ocultos;
probablemente más dichos que ocultos en el paro que en los cacerolazos:
Ganancias, asignaciones familiares, ART, obras sociales.
En los dos hay temas ausentes:
defensa de las fuentes de trabajo, combate al empleo en negro o la
precarización laboral; omisiones entendibles en la protesta cacerolera,
incomprensibles en el paro de hoy.
O que en todo caso lo ponen en
contexto, y recortan con más precisión que sector de los trabajadores se
moviliza, y por qué.
Entre lo que se dice, lo que no
se dice (pero se busca) y lo que se deja directamente de lado en cada caso, se
terminan delineando hechos con frontera borrosa (siempre difícil por otra parte
de establecer) entre la protesta social y el reclamo político; ambos legítimos
en democracia, pero con formas y canales distintos de procesamiento.
Ambos reclamos tienen como
disparadores (al menos visibles) medidas que el gobierno se vio forzado a tomar
por la crisis, como los controles cambiarios, las restricciones a las
importaciones, la no suba del mínimo no imponible de Ganancias o la no
universalización de las asignaciones familiares; aunque cada una de esas medidas se podría analizar y discutir desde muchos lugares, a favor o en contra.
Hechos que las protestas (la del
8N, la de hoy) descontextualizan por completo, en un punto central: la crisis
estrecha los márgenes de maniobra de la política económica, y los recursos de
los que el Estado puede echar mano para afrontarla, lo que lo obliga a fijar
prioridades.
Y está claro que esas prioridades
han sido preservar el empleo, y no resignar recursos para sostener las
políticas que apuntan a los sectores que están por debajo de la franja de
ingresos de los que protestaron el 8N, y de los que se movilizan hoy.
Hay también allí vínculos entre
una y otra protesta, más allá de las diferencias: el 8N las movilizaciones
fueron básicamente protagonizadas por sectores de la clase media y media-alta,
que en no pocos casos fueron objetivamente beneficiados por políticas del
kirchnerismo. De hecho, muchos de los cacerolos recuperaron su status
clasemediero a partir de la recuperación económica que el país evidenció desde
el 2003.
Los reclamos que hoy
motorizan la protesta sindical (suba del mínimo no imponible de Ganancias o
eliminación del impuesto, generalización de asignaciones familiares) son
sensibles a sectores de trabajadores que en muchos casos se han convertido en
estos años en clase media (o se han consolidado como tal, por sus pautas de
consumo y niveles de ingresos), como consecuencia de políticas impulsadas por el
kirchnerismo.
Algo de lo que el gobierno debe tomar nota, aunque más no sea para explicar cuáles son las prioridades que hoy determina el contexto de crisis.
Algo de lo que el gobierno debe tomar nota, aunque más no sea para explicar cuáles son las prioridades que hoy determina el contexto de crisis.
Del mismo modo que los
caceroleros no representan a la totalidad de la clase media (colectivo amplio y
heterogéneo si los hay), tampoco el paro de hoy representa o expresa al
conjunto de los trabajadores, ni siquiera (en uno y otro caso) a los que pueden
sentirse interpelados por los reclamos concretos (comprar dólares, no pagar
Ganancias).
Y la diferencia al respecto la
marca la lectura del contexto, es decir del marco general en el que las
protestas se insertan: aun dejando de lado a todos los sectores sociales del
país (que son la amplia mayoría) a los cuáles los pliegos reivindicativos de
ambas protestas (más o menos concreta una, más o menos gaseosa la otra) no los
interpelan porque no tienen nada que ver con su situación personal, están los
que sí podrían sentirse contenidos por los reclamos, pero no se suman a las protestas.
Y no lo hacen porque ven el
contexto político (la intención de desgastar al gobierno), y nos les interesa
sumar allí; mientras a la inversa hay otros (como los piqueteros de la
Corriente Clasista y Combativa reclamando por Ganancias, o la Sociedad Rural
adhiriendo al paro) a los que es justamente el contexto y la dirección política
de las protestas lo que los decide a adherir, y eventualmente protagonizarlas.
Por esa razón, al igual que con
los cacerolazos del 8N, con el paro de hoy se enganchan todos los que tienen en común que quieren sacarse de encima a Cristina (como apunta acá Gerardo): los medios
hegemónicos (que juegan su propio partido, y no crean las protestas, pero las
fogonean y aprovechan), los partidos y políticos opositores (con más o menos
disimulo, según el propio sentido del ridículo de cada uno, más que por una
introspección desde la coherencia política), las corporaciones patronales (como
la Mesa de Enlace) y las infaltables patrullas perdidas de la izquierda;
expertas en confundirse siempre.
Hasta se pueden encontrar
similitudes entre el paro y los cacerolazos en la cuestión de los liderazgos,
porque no tener ninguno visible (más allá de los que impulsaron, fogonearon y
organizaron las convocatorias) se termina pareciendo bastante a tener múltiples
liderazgos (como el paro de hoy); sobre todo si se lo mide desde la proyección
política de las protestas, y su capitalización a futuro.
Porque así como no me caben dudas
del carácter político del paro (lo que no es una descalificación, sino
una simple comprobación), apunto también que darle ese matiz implica avanzar en
ese terreno, en la construcción de alternativas al kirchnerismo; y allí la cosa
se complica para el sindicalismo, como se les complica a los cacerolos.
Lo que no implica que el paro de
hoy no tenga repercusiones a futuro, y en lo inmediato: hoy mismo todos se
enzarzarán en discusiones sobre sus alcances, la real adhesión (oscurecida por
la presencia de múltiples piquetes en todo el país) o las actitudes que el
gobierno va a tomar a partir de la protesta.
Que al igual que los cacerolazos,
contribuye a enrarecer el clima político a muchos meses de las elecciones (y
nada indica que eso cambie en lo sucesivo, antes bien tenderá a empeorar), y a pocos días del 7D; pero
a diferencia del 8N, puede poner al gobierno en contradicción con parte de su
propia base electoral.
En que medida, dependerá de cómo
evolucionen las cosas, y cual liderazgo sea más capaz de asumir la
representatividad de los trabajadores, que no hay que olvidar que tienen
reclamos específicos como tales, pero también votan, como cualquiera; y lo hicieron también en octubre del año pasado.
Algo que los sindicalistas
protestones de hoy (como los caceroleros indignados del 8N) deberían tomar
debidamente en cuenta.
lunes, 19 de noviembre de 2012
DE LA CONSTITUYENTE SOCIAL AL PARO CON BARRIONUEVO
Del manual de los extravíos políticos y sindicales, este muchacho debería redactar el prólogo: de la eterna preparación del "instrumento electoral" que habría de parir al Lula argentino (De Genaro), a un paro de la mano de Barrionuevo y el "Momo" Venegas.
Porque -dice- hay que "construir unidad de acción con todos los que estén dispuestos a luchar por los reclamos".
Como la Sociedad Rural, o el colorado De Narváez, sin ir más lejos:
Ya ni siquiera se puede decir que sean el instrumento sindical del conservadurismo liberal de Binner, o por lo menos, no sólo eso: son una patética muestra de delirio, propio de gente a la cual la planchita para el pelo le quemó los sesos.
Confluyendo una vez más con Buzzi y sus patrullas agrogarcas (que les harán mañana de fuerzas de choque), en una unidad indisoluble; que demuestra que su alineamiento con los reclamos de la Mesa de Enlace durante el conflicto de la 125, no fue casual.
Con el mismo nivel de profundidad analítica y conceptual de una Vilma Ripoll, o del PCR: ni Altamira llegó a tanto, y ya es mucho decir.
Duele ver para lo que ésta gente utiliza la herramienta sindical que supo construir un dirigente de la talla de Germán Abdala.
Colgados de las páginas de La Nación, convertido por éstas horas en Prensa Obrera.
La misma conjunción, el mismo cambalache de siempre en la historia argentina, cada vez que éstas sectas ombliguistas tuvieron que pararse ante un gobierno popular: siempre en contra, como siguiendo un destino fatal.
Y que no se diga que vienen de alguna experiencia revolucionaria previa, no señor.
¿O hay que recordar que bancaron a De La Rúa y el gobierno de la Alianza?
Mañana harán su paro, parito o paráte; tratando de mojarle la oreja al gobierno, al que pretenden endilgarle algún muerto o represión, para sacar chapa de víctimas y combativos.
Pero no hay que darles el gusto, que hagan lo que se les cante, para que queden expuestos como lo que son, sin el atajo de la victimización.
Unos terribles pelotudos, simplemente eso.
Que están a años luz del pensamiento de los laburantes comunes a los que dicen representar, y que creen que los mismos que hoy les dan pantalla y prensa, o respaldan sus pataleos, les van a dar el más mínimo tronco de bola el día de mañana, si llegan a ser gobierno.
domingo, 18 de noviembre de 2012
BINNER, EL SOCIALISMO Y EL PARO DEL MARTES
La columna de Roberto Caballero en Tiempo Argentino de hoy analiza -entre otras cuestiones- el paro convocado por la CTA de Micheli y la CGT de Moyano para éste martes, y nos permitimos extractar una parte que nos pareció interesante:
Como lo señala Caballero, el paro del martes es fogoneado por la pata sindical del FAP (De Genaro y Micheli), con el invalorable apoyo logístico en los cortes de ruta de otro aliado de Binner (y financista de sus campañas, con favores retribuidos desde el gobierno provincial, como el famoso caso del monumento al Grito de Alcorta): la Federación Agraria que conduce Eduardo Buzzi:
El paro tiene dos reclamos convocantes principales: la suba del mínimo no imponible de Ganancias (o la eliminación del impuesto en el caso de los trabajadores en relación de dependencia), y la generalización de las asignaciones familiares.
Y ahí empiezan los problemas, porque hasta donde sabemos, la Federación Agraria (que adhiere a la protesta y participará activamente) no es un gremio, ni nuclea a trabajadores, sino a patrones; y el impuesto a las Ganancias de la cuarta categoría lo pagan los trabajadores en blanco, que cobran por mes más de 5700 pesos si son solteros sin carga de familia, o 7900 si son casados con dos hijos; por citar los casos más emblemáticos.
Dejando de lado que es el patroncito y no el peón, ¿cuántos empleados en esas condiciones (en blanco, y ganando por arriba de ese nivel de sueldos) tendrán Buzzi y sus asociados en la FAA, como para movilizarse por ése motivo?
Y algo parecido (en términos de incoherencia) pasa con las asignaciones familiares: aunque muchos no se acuerden, Binner fue gobernador cuatro años, y por ende, patrón de los estatales santafesinos.
Durante esos cuatro años aumentó una sóla vez los valores de las asignaciones familiares (algunas) de las que cobran los empleados públicos provinciales, acá pueden ver el decreto:
Eso sí: dejó pasar tres de los cuatro años de su mandato para aumentarlas, y dos años después ni él ni Bonfatti volvieron a retocar los valores: Hasta hoy, no se sabe que Micheli o De Genaro se lo hayan reprochado a ninguno de los dos.
Y aun con los aumentos, los valores siguen siendo muy inferiores a los valores que rigen en la Nación (que los pueden ver acá): $ 340 por hijo (contra 112) o $ 1200 por hijo discapacitado (contra 448). Y si bien en la Nación varían con los ingresos del trabajador (a menos ingresos, más es el valor de las asignaciones) también aumentan por zonas geográficas, en beneficio del interior (NEA, NOA y Patagonia especialmente).
Por lo que se pudo saber hasta ahora en Santa Fe (acá lo cuenta Barricada) no adhieren al paro la mayoría de los gremios nucleados en la CTA (que responden al sector de Yasky), ni en la CGT (incluso algunos que están en el sector de Moyano no pararían).
Entre los que no paran están la mayoría de los que agrupan a los estatales provinciales y municipales, porque cuestionan el carácter puramente político del paro, en el sentido que es parte de una movidad opositora contra el gobierno nacional (en espejo con los cacerolazos del 8N); que utiliza como excusas o disparadores reclamos de ciertos sectores de trabajadores, los de mayores ingresos.
Lo curioso es que adhieren al paro (porque están en la CTA de Micheli) las delegaciones Rosario de ATE y AMSAFE (docentes provinciales); estos últimos lo harán movilizándose a la delegación Rosario del gobierno provincial, para reclamarle a Bonfatti la reapertura de las paritarias para discutir un incremento salarial.
Y para sumar más confusión (o no), en el anterior paro de la CTA contra el gobierno de Cristina, desde el gobierno provincial amagaron con descontarle el día a los empleados públicos provinciales que adhirieran; mientras los legisladores nacionales del socialismo (como Zabalza y Giustiniani) se levantaban de las sesiones de las Cámaras del Congreso, para participar del acto de Micheli en Plaza de Mayo.
Y encima, los radicales (que además son socios en Santa Fe de los socialistas en el gobierno provincial, y gobiernan muchas municipalidades y comunas) también anunciaron que se van a adherir al paro del martes.
Estás perfectamente claro que todo paro es político, pero en pocos casos como éste está absolutamente atravesado por una lógica extra sindical: pegarle al kirchnerismo como sea, incluso al precio de acumular incoherencias; tan grandes que son difíciles de disimular, hasta poniendo por delante reclamos de un sector de los trabajadores.
jueves, 11 de octubre de 2012
PEDIDO DE ACLARACIÓN
De entrada lo dejaron bien claro: el FAP apoyaba el paro de la CTA Micheli de ayer, junto con Moyano, Buzzi y toda la bocha.
Claro que reírse hoy de Marga por lo del paro de los gendarmes y prefectos no estaría bien (sobre todo porque dijo que el gobierno reprime: ¿con quiénes, con los gendarmes y prefectos que estaban de paro?), pero lo importante es eso: el FAP bancaba, y el paro era contra el gobierno de Cristina.
Por eso no es de extrañar que -tal como da cuenta Página 12- el senador Giustiniani estuviera en el palco principal en la Plaza:
Como tampoco es de extrañar que el diputado Zabalza se levantara de la sesión de la Cámara mientras se discutía el presupuesto nacional 2013 (al fin y al cabo, una banalidad, como dijo Lozano):
No faltará algún remilgado que lo critique a Zabalza porque él lo votó para que esté en el Congreso y se oponga, votando en contra todo lo que manda el gobierno (no como acá, que el kirchnerismo le votó a Bonfatti la reforma tributaria), y hasta reprochándole que le paga el sueldo con sus impuestos: hay gente que es así, difícil de conformar.
Pero lo importante es lo importante: el paro era contra el gobierno nacional, y los legisladores del FAP bancaron el paro, respondiendo al llamado de Micheli: "La Argentina necesita que todas las organizaciones pongan todo lo que hay que poner en la calle".
Y como el paro fue nacional (o sea: en todo el país), nos preguntábamos que onda acá en Santa Fe, en la patria liberada por el socialismo, y el tío Juan Carlos nos lo cuenta en Rosario 12, de donde extrajimos ésta perla:
¡Epa!, acá hubo una variante: el acto fue frente a la Casa Gris (sede del gobierno provincial), y los dardos de los oradores principales le apuntaron a otro tío: Jorge Hoffmann, de ATE provincial.
Que por si no lo saben, fue candidato a vicegobernador del "Chivo" Rossi en las elecciones provinciales del año pasado, es decir que hasta cierto punto hay lógica: se lo asocia con justicia, con el kirchnerismo y el gobierno nacional.
Y lo de que el paro fue "una parada ante el gobierno de Antonio Bonfatti" podría ser un pura especulación de Tizziani, o no:
Acá si que nos perdimos: el FAP apoyaba el paro de la CTA, y el socialismo integra el FAP, o sea apoyaba el paro.
Pero en la provincia (donde el socialismo integra el Frente Progresista Cívico y Social, con los radicales, el ARI-Coalición Cívica, el PDP y otros sellos menores) el gobierno provincial (conducido por el socialismo, a menos que Bonfatti se haya desafiliado ésta semana) les descontaría el día a los estatales que pararon adhiriendo al paro de la CTA.
Un poco confuso todo, así que si alguno tiene el "Manual para entender al FAP y el socialismo" y nos lo puede hacer llegar, se agradecerá.
Y aunque no tenga mucho que ver con el tema (o sí), para todos los que andan por ahí hablando al pedo del viaje de Micheli a Miami, acá Fontevecchia les bate la posta, como siempre:
Y aunque no tenga mucho que ver con el tema (o sí), para todos los que andan por ahí hablando al pedo del viaje de Micheli a Miami, acá Fontevecchia les bate la posta, como siempre:
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