LA FRASE

"POR AHORA NO ESTAMOS PIDIENDO AUTORIZACIÓN PARA QUE LA POLICÍA PUEDA USAR LA PICANA Y EL SUBMARINO, ANTES VAMOS A VER COMO FUNCIONAN LAS REFORMAS QUE PLANTEAMOS." (PABLO COCOCCIONI)
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viernes, 23 de enero de 2026

ESCASA DENSIDAD

 

Hace casi siete años atrás, cuando ya se hablaba de la inminencia de la firma del acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea citábamos nosotros en ésta entrada a Aldo Ferrer en su obra "El capitalismo argentino": "El orden global proporciona un marco de referencia para el desarrollo de cada país. Pero la forma de inserción en su contexto externo depende, en primer lugar, de factores endógenos, propios de la realidad interna del mismo país. La historia del desarrollo económico de los países puede relatarse en torno a la calidad de las respuestas a los desafíos y oportunidades de la cambiante globalización a lo largo del tiempo. ¿Cuáles son entonces los factores endógenos que determinan aquellas respuestas? ¿Qué circunstancias conducen al éxito, vale decir, a su desarrollo? El análisis comparado de casos exitosos contribuye a responder tales interrogantes.".

"Los liderazgos promovieron relaciones no subordinadas de sus países con el resto del mundo, y en el caso de aquellos que se convirtieron en grandes potencias, relaciones dominantes. Las ideas económicas fundantes de la política económica de los países exitosos nunca estuvieron subordinadas al liderazgo intelectual de países más adelantados y poderosos que ellos mismos. Respondieron siempre a visiones autocentradas del comportamiento del sistema internacional y del desarrollo nacional. Cuando estos países aceptaron teorías concebidas en los centros, lo hicieron adecuándolas al propio interés. Fueron visiones y enfoques funcionales a la puesta en marcha de procesos de acumulación en sentido amplio, fundados en la movilización de los recursos propios disponibles.".

"Concibieron las empresas y préstamos extranjeros como subsidiarios del proceso de acumulación asentado en la preservación del dominio de las actividades más rentables y fuente principal de la ampliación de la capacidad productiva. El Estado fue el instrumento esencial para poner en práctica las ideas del desarrollo nacional y la vinculación soberana con el contexto externo. En virtud de las circunstancias propias de cada caso y cada época, el Estado intervino todo lo que hizo falta, raramente más de lo necesario, para regular los mercados, abrir o cerrar la economía e impulsar, orientando el crédito interno y por múltiples otras vías, las actividades consideradas prioritarias. El Estado fue un protagonista principal, con mayor o menor grado de vinculación con la actividad privada según los casos, en el desarrollo de los sistemas nacionales de ciencia y tecnología para promover la innovación y la incorporación de los conocimientos importados en el propio acervo.".

Era la víspera de la elección que significaría el triunfo del "Frente de Todos" y el fracaso del intento de Macri de conseguir su reelección, y agregábamos nosotros de nuestra cosecha a lo dicho por Ferrer: "Sin embargo y vista la cuestión desde la óptica de la idea de "densidad nacional" de la que habla Ferrer, subsisten los interrogantes, por cuanto el método democrático salda en una sociedad las diferencias entre sus integrantes sobre quienes deben conducir políticamente sus destinos, pero el rumbo de estos depende decisivamente de actores no institucionales, que no suelen ser afectos a aceptar el pronunciamiento de las urnas, sin más; porque juegan su propio partido, que no es necesariamente el de las grandes mayorías nacionales, y la mayor parte de las veces, suele ser el exactamente contrario.". 

"La deserción estruendosa -al menos hasta acá- de buena parte de nuestra élite económica al compromiso de hacer oír en forma clara y decidida su voz frente al avance de un modelo que fortalecería la inserción periférica y dependiente en el proceso globalizador nos está diciendo que estamos muy lejos de alcanzar esa necesaria "densidad nacional", aunque logremos desalojar del poder por las urnas al experimento neoliberal; cuyas consecuencias -podemos aseverarlo con certeza hoy- condicionarán gravemente nuestro futuro.".

Años después y cuando la puesta en marcha del acuerdo depende más de los propios europeos que de nuestro gobierno y los demás del Mercosur, estamos en el mismo punto: pese a que se viene hablando del tema hace tres décadas, algunos parecen haber descubierto de que se trata recién ahora, y que los puede perjudicar. Y por algunos nos referimos -fundamentalmente- a ciertos sectores de la dirigencia empresarial que por lo general aplauden acríticamente todo lo que signifique "vincularnos al mundo", sin medir las consecuencias.

No se trata de postular (cosa que por otra parte sería imposible) que el país se cierre por completo o reniegue de participar del comercio internacional o el intercambio con otros países: justamente lo que el autor del concepto "vivir con lo nuestro" propone como reflexión es que esa participación y esos intercambios se hagan sobre bases que consulten el interés nacional, que subsume también al de las propias empresas y empresarios. No aceptando incondicionalmente las reglas que imponen lo poderosos aunque algunos de ellos (como lo europeos) estén por estos días renegando de las imposiciones unilaterales de alguien más poderoso que ellos, como los Estados Unidos.

Como pasó y se advirtió cuando el gobierno anunció un acuerdo de libre comercio con la potencia dominante en el hemisferio, se advirtió desde diferentes sectores que la asimetría de sus términos significaba grandes riesgos para el entramado productivo e industrial del país, y dudosos beneficios -que no compensaban a los primeros- para el sector agropecuario. Con el acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea viene pasando lo mismo, pero hace 30 años; aunque algunos recién ahora parezcan estar enterándose.

De hecho, en todos estos años hicieron más -sin proponérselo, claro- por la defensa de nuestros intereses nacionales los industriales brasileños o los agricultores europeos, oponiéndose sistemáticamente a la firma del acuerdo, porque en un punto los perjudicaba, que toda nuestra presunta élite económica. Más aun, en estos momentos es la presión del sector primario en Europa el que logró forzar una nueva demora al proceso que llevaría a que el tratado entre en vigencia, al conseguir que el Parlamento europeo lo remita para su análisis al Tribunal de Justicia de la Unión Europea; mientras acá Milei incluye su ratificación en el temario de extraordinarias del Congreso.

El episodio -que como dijimos supone una discusión que atravesó tres décadas- pone una vez más en evidencia que uno de los mayores dramas del país y que tiene incidencia directa en nuestros fracasos colectivos es la total mediocridad conceptual y miopía analítica de nuestra élite empresarial que carece no ya de una idea de país que trascienda la de una granja, sino hasta de un modelo de acumulación capitalista capaz de convertirnos en potencia o en una nación respetable. 

En el momento en el que todos los días vienen a imponernos versiones remixadas del pacto Roca-Runciman nuestra presunta clase dirigente empresarial -con escasísimas excepciones- está más preocupada por conseguir que se apruebe una reforma laboral esclavista que terminará de deprimir aun más los ya pauperizados salarios de los trabajadores, y completar el proceso de entrega del mercado interno a la producción de otros países; algo que ningún país que se precie de serio haría. Tuis relacionados:

viernes, 13 de septiembre de 2019

LA VUELTA AL MUNDO


Una de las banderas fundamentales de la campaña de "Cambiemos" en 2015 fue la necesidad de que la Argentina "volviera al mundo", y rompiera el aislamiento al que supuestamente la había condenado el kirchnerismo, "que solo mantiene relaciones fluidas con Irán y Venezuela".

"Volver al mundo" (sospechábamos por entonces, y pudimos confirmar en el gobierno de Macri) era reconectar al país con los mercados financieros internacionales por el canal de la deuda, para financiar un modelo de valorización financiera y fuga de capitales. "Mundo" eran "los mercados", y "los mercados" son Europa, Estados Unidos, Japón, y no mucho más.

La gestión de la política exterior estaría guiada -nos prometieron- por el más estricto profesionalismo, despojado de cualquier anteojera ideológica, poniendo como meta convertir al país "en el supermercado del mundo", y logrando que llegara al país "la lluvia de inversiones" atraída por la confianza que generaba el nuevo gobierno, por su sola asunción.

El fracaso en este renglón fue estrepitoso como, en general, en todos los rubros de la administración Macri que no estén directamente vinculados a la valorización financiera para la fuga, la destrucción del salario real y la precarización de la fuerza de trabajo, o la rapiña de los negocios de la runfla gobernante.

De modo que, como en todos los demás aspectos de su gobierno, en materia de política exterior y relaciones del país con el resto del mundo, Macri le dejará a su sucesor una pesada herencia, compleja para revertir. Y ahora que ya está de salida, es bueno puntualizar algunas de las aristas más controversiales de esa herencia, porque -entendemos- se proyectan con fuerza gravitante sobre el rumbo de la futura administración del país.

Para comenzar y al principio mismo de su gobierno, Macri rifó el amplísimo apoyo internacional cosechado por Cristina y Héctor Timmerman en la ONU en la pelea contra los fondos buitres, defendiendo el derecho de los Estados soberanos de reestructurar su deuda pública en condiciones compatibles con el crecimiento y la inclusión social.

Capitulando en toda la línea con Paul Singer y otros buitres similares (cuyo nómina total aun desconocemos) Macri no solo reintrodujo al país en un ciclo pernicioso de endeudamiento que condiciona seriamente su futuro, sino que sentó un pésimo precedente que dificultará gravemente en el futuro todo nuevo intento de reestructurar la gravosa deuda que deja como legado.

También nos introdujo de lleno en la lógica de las "relaciones carnales" con Estados Unidos (dando una vuelta de campana sobre su apoyo explícito a Hillary Clinton en la elección que ganó Trump), sin obtener a cambio siquiera contraprestaciones comerciales significativas: ahí están todavía el biodiésel, las exportaciones de carne, los famosos limones o los tubos de acero sin costura como los ejemplos más conocidos, pero no los únicos.

Y el alineamiento incondicional con los EEUU y sus objetivos de política exterior tuvo otras consecuencias: la lamentable posición asumida por el gobierno argentino en relación a Venezuela (convertida burdamente en tópico obsesivo de la discusión política interna) y el gobierno títere de Guaidó, y la reformulación de la doctrina de defensa nacional y el rol de las Fuerzas Armadas, para adaptarlas a la doctrina de las "nuevas amenazas" diseñada por el Comando Sur del ejército norteamericano.

A lo expuesto podríamos agregar el involucramiento en el conflicto del Oriente Medio secundando las posturas de Estados Unidos a Israel, con la absurda decisión de incluir como organización terrorista a Hezbollah, a la que ni siquiera la ONU considera así; y es una fracción política que integra el gobierno del Líbano, país con el que mantenemos relaciones diplomáticas y comerciales.

El caso Venezuela fue, a su vez, una etapa más de un proceso sostenido de destrucción de las instituciones de la integración regional como el Mercosur o la Unasur; que culminó con la firma del acuerdo de libre comercio con la Unión Europea en condiciones gravosas para el país y la región, y con la descarada intromisión abierta del fascista Bolsonaro en la política interna de la Argentina, a favor de la reelección de Macri: una devolución de favores por el rápido reconocimiento del gobierno argentino al golpe parlamentario contra Dilma Rousseff, y su silencio estruendoso ante la prisión de Lula, silencio que se reitera ahora, en la agresión contra Bachelet reivindicando a la dictadura de Pinochet.

El gobierno de Macri también cargará con el dudoso honor de ser el que (contrariando el mandato constitucional) abandonó la causa Malvinas y el reclamo de soberanía, para entablar también "relaciones carnales" a cambio de nada con el Reino Unido, al que incluso llegó a darle injerencia en los procesos de reequipamiento de nuestras Fuerzas Armadas, en otra bochornosa claudicación de soberanía; completada más tarde con adjudicaciones de áreas petroleras a compañías británicas, en el Mar Argentino.

Lejos de la sobriedad y el profesionalismo prometidos en campaña, y por el contrario, alineados bajo los más estrictos parámetros ideológicos de alineamiento con las directrices de política exterior de los Estados Unidos, el gobierno de Macri no dejó chapucería internacional por hacer, incluyendo roces con China y Rusia, cuyas inversiones e intereses en el país cuestionó por el solo hecho de haberse gestado durante el kirchnerismo; para acto seguido salir a mendigarles apoyo financiero, cuando fracasaron todas su otras alternativas.

Y para concluir, pero no menos importante: Macri también será recordado como el presidente que trajo de nuevo al FMI al país, embarcándonos en el préstamo más grande de nuestra historia y de la de ellos, estructurado como un gigantesco y desembozado aporte de campaña a su reelección, objetivo en el que también ha fracasado; legando para el futuro no solo la deuda de 57.000 millones de dólares que deberá afrontar el próximo gobierno, sino su reinstalada capacidad de injerencia en el diseño de nuestra política económica, con todo lo que eso significa.

Encima coronó el fracaso con un default en ciernes que convierte a su gobierno (y al país con él) en un paria a los ojos de aquellos a los que dirigió todos sus esfuerzos de seducción: en meses después de que las calificadores de riesgo le dieran la distinción de considerar a la Argentina como "mercado emergente", el mismo sistema de "validación de calidad" calificó a la deuda argentina en "default selectivo" primero, para quitarle la condición de "emergente" después. Mejor imagen gráfica de su rotundo fracaso, medido en sus propios términos de éxito, imposible de conseguir.

lunes, 1 de julio de 2019

DENSIDAD NACIONAL


"El orden global proporciona un marco de referencia para el desarrollo de cada país. Pero la forma de inserción en su contexto externo depende, en primer lugar, de factores endógenos, propios de la realidad interna del mismo país. La historia del desarrollo económico de los países puede relatarse en torno a la calidad de las respuestas a los desafíos y oportunidades de la cambiante globalización a lo largo del tiempo. ¿Cuáles son entonces los factores endógenos que determinan aquellas respuestas? ¿Qué circunstancias conducen al éxito, vale decir, a su desarrollo?

"El análisis comparado de casos exitosos contribuye a responder tales interrogantes. La muestra abarca dos épocas distintas de la globalización y países muy diferentes por la dimensión de su territorio y población, disponibilidad de recursos naturales, tradición cultural y organización política. Sin embargo, en todos los casos se verifica la existencia de condiciones endógenas, internas, necesarias, que resultaron decisivas para que esos países generaran progreso técnico y lo difundieran e integraran en su tejido productivo y social; vale decir, para poner en marcha procesos de acumulación en sentido amplio, inherentes al desarrollo. Este conjunto de circunstancias endógenas, insustituibles y necesarias al desarrollo pueden resumirse en el concepto de densidad nacional."

"En los casos exitosos, la totalidad o mayoría de la población participó en el proceso de transformación y crecimiento y en la distribución de sus frutos. Esos países no registraron fracturas abismales en la sociedad fundadas en causas étnicas o religiosas, ni en diferencias extremas en la distribución de la riqueza y el ingreso. En todos los casos, la mayor parte de la población participó de las oportunidades abiertas por el desarrollo. Los países considerados en la muestra contaron con liderazgos empresarios y sociales que gestaron y ampliaron su poder por medio de la acumulación fundada en el ahorro y los recursos propios, y de la preservación del dominio de la explotación de los recursos naturales y las principales cadenas de agregación de valor. Los núcleos dinámicos del desarrollo en cada etapa fueron reservados para empresas nacionales o sujetas a marcos regulatorios que integraban a las filiales de empresas extranjeras al proceso de desarrollo endógeno.

"Los liderazgos promovieron relaciones no subordinadas de sus países con el resto del mundo, y en el caso de aquellos que se convirtieron en grandes potencias, relaciones dominantes. Las ideas económicas fundantes de la política económica de los países exitosos nunca estuvieron subordinadas al liderazgo intelectual de países más adelantados y poderosos que ellos mismos. Respondieron siempre a visiones autocentradas del comportamiento del sistema internacional y del desarrollo nacional. Cuando estos países aceptaron teorías concebidas en los centros, lo hicieron adecuándolas al propio interés. Fueron visiones y enfoques funcionales a la puesta en marcha de procesos de acumulación en sentido amplio, fundados en la movilización de los recursos propios disponibles."

"Concibieron las empresas y préstamos extranjeros como subsidiarios del proceso de acumulación asentado en la preservación del dominio de las actividades más rentables y fuente principal de la ampliación de la capacidad productiva. El Estado fue el instrumento esencial para poner en práctica las ideas del desarrollo nacional y la vinculación soberana con el contexto externo. En virtud de las circunstancias propias de cada caso y cada época, el Estado intervino todo lo que hizo falta, raramente más de lo necesario, para regular los mercados, abrir o cerrar la economía e impulsar, orientando el crédito interno y por múltiples otras vías, las actividades consideradas prioritarias. El Estado fue un protagonista principal, con mayor o menor grado de vinculación con la actividad privada según los casos, en el desarrollo de los sistemas nacionales de ciencia y tecnología para promover la innovación y la incorporación de los conocimientos importados en el propio acervo.

"La complejidad creciente de la actividad económica amplió y diversificó la demanda de tecnología, que fue atendida en gran medida por la propia oferta de bienes complejos y conocimientos. La elevación de los niveles educativos y la promoción de la ciencia y la tecnología fueron objetivos importantes en la acción pública de los países exitosos, mientras el propio desarrollo multiplicaba los incentivos para que el sector privado llevara adelante sus propias actividades de investigación y desarrollo. En ningún caso se instalaron desequilibrios sistémicos, como un exagerado nivel de endeudamiento externo de largo plazo.

"La globalización pone a prueba la densidad nacional de los países. En la actualidad, se acrecentó la intensidad de las fuerzas globalizadoras y se fortalecieron las reglas del juego diseñadas por los países centrales. La calidad de las respuestas a los desafíos y oportunidades de la globalización resulta así más decisiva aún que en el pasado para determinar el éxito o el fracaso. Tales respuestas siguen dependiendo, en primer lugar, de las condiciones internas, endógenas, de cada país en aspectos críticos como la integración social, el comportamiento de los liderazgos y la estabilidad del marco institucional y político."

Los párrafos entrecomillados corresponden a reflexiones de Aldo Ferrer en su obra "El capitalismo argentino", que vio la luz en 1998, en los estertores del menemismo; y vuelven sobre ideas suyas volcadas a lo largo de toda su vida, con una actualidad impactante hoy -al menos en nuestra opinión- cuando el país se desayuna con la noticia de la firma de un acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y el Mercosur, cuyos detalles son poco conocidos, y cuyas consecuencias podrían ser decisivas para el desarrollo futuro del país. Un acuerdo respecto al cual hay poco conocimiento y debate social, y respecto del que salvo una parte de la dirigencia Pyme el resto de las organizaciones empresariales guardan silencio, no se oponen de plano o hasta celebran; aun cuando es notorio que puede ir en contra de sus propios intereses, de sector y de clase.

Hace más de un año atrás, en marzo del año pasado, es decir antes de que comenzara el derrumbe del modelo macrista de valorización financiera, que llevó al gobierno a acudir al FMI, decíamos nosotros en esta entrada: "Es decir, en paralelo a la reconfiguración del campo estrictamente político (alianzas electorales y candidaturas) se producen los movimientos al interior del bloque económico dominante, que inciden en aquel, o determinan el contexto en el que esa reconfiguración se produce: mientras el alineamiento de algunas fracciones del capital (las patronales del campo, los bancos, las empresas multinacionales con negocios en el país) con la posibilidad de prolongación de la experiencia macrista es muy clara, los grandes grupos económicos “nacionales” (las comillas son para suavizar la expresión, atento a la diversificación de sus intereses al plano mundial) como Techint, Arcor o Acindar están “desensillando hasta que aclare”, y no descartan opciones opositoras. 

Ahora bien, esa estrategia se superpone a su vez con una necesidad objetiva de la oposición: para cobrar volumen, necesita anclar apoyos sociales además de seducir voluntades electorales; y para alumbrar una perspectiva de futuro, tiene que diseñar una propuesta que involucre de un modo central un modelo de desarrollo productivo integral, diversificado y moderno; que desplace al de la valorización financiera en curso y garantice la inclusión social, y una más justa distribución de la riqueza, sobre bases sustentables.
De lo contrario así como el neoliberalismo parece auto-condenado a repetir sus propios fracasos, una nueva experiencia nacional-popular podría verse (en caso de volver al gobierno) chocar otra vez con los mismos límites que antes tuvo: la restricción externa (el rasgo estructural más marcado de nuestra economía a través del tiempo) y las limitaciones de un modelo productivo desequilibrado, por falta de una efectiva y completa integración del tejido industrial propio, no dependiente de las inversiones del capital extranjero; y capaz de generar divisas para el país en lugar de demandarlas.
Dicho de otro modo: mientras el poder económico (o al menos una parte muy importante de él) trata de meter su cuña en el entramado político opositor para garantizarse la defensa de sus intereses más allá de posibles alternancias electorales, la oposición con aspiraciones (y posibilidades) de ser gobierno debe intentar a su vez meter su propia cuña hacia las fracciones del capital, articulando alianzas con al menos una parte de las mismas; claro que sobre el marco antes señalado al hablar del modelo productivo, y sus consecuencias sociales, y preservando al mismo tiempo el espacio de la autonomía de la política como representación de los intereses generales.
Desde luego que esto supone volver sobre la recurrente cuestión de la “burguesía nacional”, ese unicornio azul perseguido por el peronismo desde sus tiempos fundacionales, y su integración a un proyecto de país que supere los estrechos límites de la granja colonial, hoy resemantizados como “supermercado del mundo”. Pero volver al tópico en un país, una economía, una sociedad y -sobre todo- un mundo empresarial muy diferente a aquellos con los cuales tuvo que lidiar Perón; con presencia gravitante del capital transnacional, y con empresarios que diversifican sus inversiones de la industria al modelo de agronegocios o las mil y una formas de la especulación financiera, por los múltiples vericuetos posibles que incluyen -pero no agotan- los paraísos fiscales, las sociedades pantalla y las cuentas off shore. Un enorme desafío para la construcción opositora, al nivel de los que plantean resolver disputas internas, dejar de lado viejas querellas y construir una unidad posible, sobre bases firmes y acuerdos políticos; que trasciendan los amontonamientos electorales."
Más de un año después, nos encontramos transitando el tramo final de una campaña electoral en la que las opciones con posibilidades reales de acceder al gobierno (y con él a un pequeña parte del poder, como siempre remarca Cristina) ya están definidas, y el proceso de armado de la arquitectura política que desemboca en las urnas concluyó; pero sigue transcurriendo por detrás y por debajo el armado (conciente o no) de las coaliciones sociales que en definitiva han de confrontar en las elecciones de agosto y octubre.
Por la dinámica propia del proceso electoral que exige definiciones, una de ellas terminará imponiéndose por una mayor suma de voluntades, que apunten en la misma dirección. Esas voluntades aunadas supondrían en teoría una visión más o menos compartida del modelo de desarrollo del país, y su posible despliegue futuro; lo que incluye por supuesto definiciones sobre cuáles sean los motores de ese desarrollo, y como se repartirán sus frutos, si los hay.
Sin embargo y vista la cuestión desde la óptica de la idea de "densidad nacional" de la que habla Ferrer, subsisten los interrogantes, por cuanto el método democrático salda en una sociedad las diferencias entre sus integrantes sobre quienes deben conducir políticamente sus destinos, pero el rumbo de estos depende decisivamente de actores no institucionales, que no suelen ser afectos a aceptar el pronunciamiento de las urnas, sin más; porque juegan su propio partido, que no es necesariamente el de las grandes mayorías nacionales, y la mayor parte de las veces, suele ser el exactamente contrario. 
La deserción estruendosa -al menos hasta acá- de buena parte de nuestra élite económica al compromiso de hacer oír en forma clara y decidida su voz frente al avance de un modelo que fortalecería la inserción periférica y dependiente en el proceso globalizador nos está diciendo que estamos muy lejos de alcanzar esa necesaria "densidad nacional", aunque logremos desalojar del poder por las urnas al experimento neoliberal; cuyas consecuencias -podemos aseverarlo con certeza hoy- condicionarán gravemente nuestro futuro. De ello se sigue que muy probablemente las fuerzas nacionales y populares se vean sometidas al mismo desafío que afrontan desde 1945: sustituirlas en ese rol con la dirección del Estado y el apoyo de los trabajadores organizados, claro en condiciones notoriamente más desfavorables que entonces.

sábado, 29 de junio de 2019

RECHAZO ABSOLUTO


Hace un año y medio atrás y a propósito de la insistencia del gobierno de Macri en negociar un acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea, decíamos nosotros en esta entrada: "Así las cosas, cabría preguntarse cuáles son las razones de tanta insistencia del gobierno de “Cambiemos” en promover un acuerdo respecto al cual la contraparte no parece tener el mismo entusiasmo por cerrarlo, máxime cuando los presuntos beneficios que de él obtendríamos nosotros (incrementar nuestras exportaciones de productos primarios y alguna otra por allí) a otra por allí) ni siquiera están aseguradas. 

Porque por otro lado los beneficios que la Unión Europea obtendría de cerrarse el acuerdo encierran grandes riesgos para nuestra economía, en especial para el sector industrial: supone la total eliminación de los aranceles externos y la apertura de nuestro mercado interno a una producción que además de ser más competitiva, es excedente porque no pueden colocarla en sus propios países.

Y supone también (tanto como lo significaba en su momento el ingreso al ALCA rechazado por Néstor Kirchner, Chávez y Lula) la apertura de las compras y contratos gubernamentales a los proveedores europeos (eliminando cualquier vestigio de “compre nacional”, o algo por el estilo), la más amplia protección de patentes y privilegios de invención (lo que entraña mayor pago de royalties aun que los actuales) y eventuales avances privatizadores en el campo de la educación y la salud. 

Entre otros temas la negociación abarca medidas sanitarias y fitosanitarias; telecomunicaciones; comercio electrónico; propiedad intelectual; medicamentos comerciales, textiles y vestido; pequeñas y medianas empresas; transparencia y anticorrupción; solución de controversias; desplazamiento de empresas del Estado y modificación de regímenes licitatorios; regulaciones ambientales y laborales; derechos de los consumidores; derechos digitales; circulación de capitales y desregulación de servicios financieros.

Como así también supone aumentar los factores de extranjerización y falta de control sobre resortes claves de nuestra estructura económica que ya existen por otros medios; como los tratados bilaterales de protección de inversiones (TBI), la ley de inversiones extranjeras y la desregulación total del flujo de capitales y del uso de las divisas, sin mencionar los que el gobierno de Macri específicamente añadió al cuadro, como los contratos de “participación pública privada” (PPP) y el fenomenal endeudamiento externo con cesión de la jurisdicción y ley argentina para las emisiones de deuda. 

Que el gobierno se haya manejado en una cuestión tan trascendental con el más absoluto secretismo (nadie conoce a ciencia cierta la letra chica del acuerdo que se está negociando) no debería asombrar, tanto como el hecho de que la dirigencia política, empresarial y sindical  esté en la palmera respecto al tema; ignorándolo o por lo menos sin dar muestras claras de tenerlo en agenda."

18 meses después y cuando el gobierno festeja eufórico en medio de la campaña electoral la firma del acuerdo político (para cerrar los estrictamente económicos aun falta bastante), las cosas siguen igual: pese a su gravedad inusitada el tema está ausente de la agenda pública dominante, no es parte de los temas de campaña y ni siquiera hay miras de discutirlo en el Congreso; el ámbito natural establecido por la Constitución para estos casos, e imprescindible además para que entre en vigencia y obligue jurídicamente al país: en esta materia no hay DNU que valga, ni poderes implícitos del presidente como (mal) interpretaron para sortear al Congreso en el arreglo del stand by con el FMI.

La maniobra lleva el sello "Cambiemos" y Macri de principio a fin: absoluto secretismo de las tratativas, ignorancia y desconocimiento social de sus graves implicancias, compromisos leoninos para el país asumidos a sus espaldas, claudicaciones severas en la defensa del interés nacional y seguramente también, negocios que favorecerán los intereses y los bolsillos de la runfla gobernante, comenzando por el propio presidente.

Precisamente el apuro en cerrar el acuerdo a como de lugar a meses de dejar el poder dice bastante sobre las perspectivas reales de Macri de ser reelecto, mucho más que cualquier encuesta: el hijo del calabrés se está preparando para volver del otro lado del mostrador (del que en realidad nunca se fue) más rico y con mas negocios obtenidos al amparo del Estado, que antes de llegar a la Rosada. Va en la misma línea de las bochornosas renegociaciones de las concesiones de las autopistas y rutas con peaje, y de la apresurada entrega de las centrales térmicas a los amigos, socios y testaferros del poder, a precio vil. 

Pero sobre el acuerdo Mercosur-UE decíamos en éste otro posteo: "Habrá que pensar entonces que el conspicuo representante de nuestra burguesía rentista, prebendaria, evasora, fugadora serial y fuertemente vinculada al capital extranjero (europeo en su mayoría) que funge circunstancialmente como presidente, no ha de vacilar en entregar nuestra industria nacional en una mesa de negociación, a cambio de algún bife más o menos colocado en los restaurantes europeos por sus socios preferentes del campo privilegiado; a los que él mismo pertenece por haber diversificado las inversiones familiares hacia el sector, por razones de rentabilidad y de status social. 

De paso y en beneficio de la lógica intrínseca del modelo económico puesto en marcha en el país hace algo más de dos años, unos puntos más de desempleo causados por la apertura indiscriminada de la economía pueden ser muy funcionales -como agente disciplinador- a la lógica de continuar deprimiendo el salario real, para aumentar la rentabilidad del capital.". No se podía esperar otra cosa de los herederos y continuadores de la Década Infame y el pacto Roca Runciman. 

La pelota está ahora en el campo de la oposición, y no es momento para tibiezas: tanto sus representantes con responsabilidades institucionales en el Congreso, como quiene sean candidatos, deben exigir de inmediato las explicaciones del caso, la comparencia del canciller Faurie a explicar los detalles y alcances del acuerdo y los compromisos asumidos, y adelantar desde ya su más absoluto y contundente rechazo al mismo; por atentar contra el interés nacional, el trabajo, la producción, el desarrollo industrial y hasta científico tecnológico del país; recalcando la advertencia elemental que establecen las normas constitucionales al respecto: sin ratificación legislativa no rige, simplemente no existe para el país, ni puede obligarlo jurídicamente, y debe ser desconocido si se intenta llevarlo adelante sin ese recaudo. Tuits relacionados:

jueves, 6 de diciembre de 2018

LA CARROZA SE CONVIRTIÓ EN CALABAZA



No pasaron 72 horas desde que el último jefe de Estado extranjero dejó el país después de la cumbre del G20, y aterrizamos en la realidad: volvió a subir el dólar, se disparó el riesgo país, y se desplomaron los bonos de deuda y los ADRS de las empresas argentinas en Wall Street.

No conforme con que Macrón le cerrara a Macri en la cara la puerta de un acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y el MERCOSUR, se supo que la UE volverá a subir los aranceles a las exportaciones argentinas de biodiésel; con lo cual éstas perderían el único mercado que les queda: pese a las promesas de Trump de eliminar los altísimos aranceles que le impuso al producto para su ingreso a los Estados Unidos, estos siguen firmes.

Con lo cual las plantas procesadoras están todas paralizadas, y se temen que empiecen con despidos; y esa parálisis suma a la caída en picada de la industria (junto con la construcción), el consumo y las ventas (de inmuebles, autos, motos, electrodomésticos e incluso artículos de consumo masivo)

Moody’s critica la política del Banco Central porque tendrá efectos devastadores en el nivel de actividad (ya se sabe que la industria acumula seis meses de caída estrepitosa), y pide profundizar el ajuste, y eliminar el único control de capitales que existe: el encajecito que aprobó hace poco el BCRA a los bancos, para los préstamos en dólares que reciban del extranjero.

Los supuestos avances para distender la guerra comercial entre Estados Unidos y China (que algún apresurado obsecuente de acá se animó a atribuir a la pericia de Macri como mediador) están por verse, los chinos no confirman ningún acuerdo, y Trump alardea tuitiando que, o se someten a sus dictados, o les sube los aranceles.

Como resultado, se desploma Wall Street y las bolsas internacionales, y no son pocos los que advierten que estaríamos a las puertas de otra crisis internacional de proporciones; frente a la cual (advierten incluso economistas del palo del gobierno) la Argentina está particularmente desprotegida, por medidas de Macri y su administración.

Para colmo, Carrió se la para de manos a Bullrich y su “doctrina Chocobar”, aunque hasta acá el fascismo del gobierno no le preocupaba: señal de que empieza a calentar motores para rajarse del barco oficialista, o que pega para negociar.

También Carrió (y en cierta medida la UCR) se oponen al proyecto de ley para permitir el aporte de las empresas al financiamiento de las campañas de los partidos políticos que envió Macri a extraordinarias, por una razón muy sencilla, que nada tiene que ver con la honestidas y la transparencia: si prosperara, en la interna de “Cambiemos” perderían 1000 a 1 con el PRO en la disponibilidad de recursos. Por suerte, Mass,a Bossio y Pichetto acudirían en auxilio de Macri y el gobierno, aportando los votos que sus aliados le niegan: ellos también están ávidos por pasar la gorra electoral.

También por discrepancias en la coalición oficialista estaría a punto de naufragar el “proyecto anti barras bravas” con el que nuestro presi ojitos de cielo quiso salir del papelonazo del Ríver-Boca mudado a Madrid; mismo destino que correría su anunciado proyecto sobre alquileres, que “se olvidó” de incluir en extraordinarias: cuando se de cuenta seguro lo enmienda, él no es de andar faltando a su palabra así como así.

Eso sí: lo que no correría peligro es el proyecto sobre Papel Prensa que presentaron “Sanguchito” Bossio y Marco Lavagna a la medida (y a pedido) de Clarín y La Nación, porque obviamente que el oficialismo lo acompañará: nada mejor que colaborar con la impresión del diario de Irigoyen, que permite leer buenas noticias que te levantan el ánimo cuando te das cuenta que la carroza del G20 se transformó de nuevo en la calabaza de la dura y áspera realidad cotidiana. Tuit relacionado:

domingo, 28 de enero de 2018

LAS PENAS SON DE NOSOTROS, LAS VAQUITAS SON AJENAS


Ni el más fanático de los votantes de "Cambiemos" sería capaz de mencionar dos o tres éxitos concretos conseguidos por el gobierno de Macri en su política exterior en casi 26 meses de gestión, por la simple y sencilla razón de que no los hay, incluso dentro de los propio objetivos que esta administración se trazó desde un comienzo.

Excluyendo -claro está- el "retorno al mundo" por el canal del acceso a los mercados de deuda, luego de zanjado el conflicto con los fondos buitres a través de una rendición incondicional a sus demandas, y sin el más mínimo atisbo de defensa del interés nacional. Con las facilidades otorgadas por el gobierno de Macri a los movimientos de capitales especulativos (casi 9 de cada 10 dólares ingresados al país como inversión son "de portafolio", en tendencia constante desde diciembre de 2015), bueno sería que no hubieran llegado, o que su gobierno hubiera tenido dificultades para conseguir financiamiento. Demás está decir que ese "éxito" es una enorme derrota para el país, porque crea un condicionante estructural (la creciente deuda) que el kirchnerismo había dejado en niveles controlables, y agudiza los desequilibrios inherentes al modelo económico, haciéndolo más vulnerable a los shocks externos. 

Es tal el grado de improvisación y chapucería de la lectura macrista del "mundo" (que de eso se trata el post) que ni siquiera parecen dar muestras de revisar su estrategia cuando -por ejemplo- la Reserva Federal de EEUU viene subiendo lenta pero persistentemente sus tasas de referencias; encareciendo el endeudamiento futuro y dificultando la renegociación (roll over) del ya contraído, a tasas razonables. Este último punto es crucial cuando ya empiezan a sonar las alarmas por el canal de deuda, como el caso del posible default primero anunciado y luego desmentido de Chubut.

Pero volvamos a la política exterior del gobierno de Macri, y sus magros (nulos) resultados, conclusión absolutamente aplicable a su reciente gira por Rusia, el Foro de Davos y Francia: el gobierno que -en teoría- venía a recuperar el profesionalismo en el manejo de las relaciones exteriores acumula una torpeza tras la otra, fruto de una obcecación ideológica con ciertas cuestiones; como el alineamiento con la posición de Estados Unidos en el caso Venezuela, o la creencia en un "comercio libre" que no existe, porque simplemente nunca existió tal cual lo imaginan.

Si bien las idioteces presidenciales (como su exhumación de la zoncera de que "los argentinos descendemos de los barcos" para justificar el acuerdo de libre comercio con la Unión Europea) son la comidilla frecuente por acá, lo más preocupante es advertir que en política exterior el país no tiene rumbo, ni siquiera uno apendicular de cierto esquema geopolítico o estratégico. Porque de hecho el "mundo" en el que Macri quiere insertarnos es el que con más firmeza (no exenta de cierta cortesía, claro, se trata de gente educada) lo rechaza: ahí están los limones, el biodiésel y el fallido acuerdo UE-Mercosur para comprobarlo.

Asistimos así a la paradoja de que un presidente que se mueve en el plano interno en un permanente "Truman Show" en el que ni siquiera una visita al Mercado Central en La Matanza se deja librada al azar y se organiza con una cuidada puesta en escena, pero que parece librado cuando sale del país a su propia inspiración que -como está comprobado, no es demasiada-, y tarde o temprano termina cayendo en burradas memorables, o en chistes idiotas sobre fútbol que nadie entiende, y mucho menos festeja; pero que él insiste en hacer, una y otra vez, ajeno a todo.

Alguien podrá decir que por el contrario, se trata de una estrategia perfectamente trazada y seguida a pie juntillas (la misma polémica de siempre, digamos) para distraernos de los asuntos esenciales, y para consumo interno de su electorado cautivo. Puede ser, pero sería raro que un gobierno que está compuesto y expresa a esos sectores sociales que viven más pendientes de "como nos ven desde afuera" que como nos vemos a nosotros mismos, privilegie la imagen interna al papelón internacional.   

La chapucería que rodea las salidas de Macri al exterior (y sus contactos con mandatarios extranjeros acá) queda evidenciada en el notable desconocimiento que tiene del peso relativo que tiene nuestro país en el mundo, y por carácter transitivo, su propia figura. Si los medios obsecuentes del poder construyen la imagen del "presidente líder del Mercosur y ejemplo para América Latina" es peligroso que el propio Macri la compre, porque es seguro que en el exterior nadie lo hará; como ha podido comprobar él mismo en carne propia varias veces, incluyendo su última gira.  

Solo desde esa profunda ignorancia del propio rol y peso específico se le puede ocurrir a alguien plantearle a Putin (uno de los hombres más poderosos del mundo) cualquier cuestionamiento respecto a su política en relación a un tercer país (Venezuela), con el que no tenemos fronteras comunes, conflictos limítrofes, disputas territoriales o comerciales y no hay en consecuencia ningún interés nacional directo que lo justifique.

Y no se le puede dar ese nombre al alineamiento ideológico y obsecuente de nuestro gobierno con la política exterior de los Estados Unidos (lejos de corregirlo, ahí salió en espejo con el Departamento de Estado a decir que no reconocerá el resultado de las elecciones convocadas en Venezuela, luego de pedir que se hicieran); como tampoco a la absurda toma de postura ímplicita (y a veces explícita) a favor de Israel en el conflicto de Oriente Medio. Para peor, terminó reconociendo que a su planteo sobre Venezuela Putin le respondió sin hacer el menor comentario, simplemente porque tuvo la delicadeza de no decirle en la cara que no le daba la talla para cuestionar la política exterior de Rusia.

Lo mismo puede decirse del notorio fracaso (uno más y van) de Macri en su intento de lograr que Macrón diera luz verde al acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea, cuando en los días previos a su llegada a París los medios franceses reflejaban los compromisos públicos asumidos por su presidente con los lobbies agropecuarios (de agricultores y ganaderos), para defenderlos de la introducción de productos primarios argentinos, brasileños y del bloque regional en general.

Cualquier estudiante de economía o ciencias políticas más o menos avanzado sabe que un presidente francés, en trance de disputar con la canciller alemana Angela Merkel el liderazgo de la UE y con sus propias urgencias electorales internas, no podía proceder de otro modo; pero al parecer Macri lo ignora, o se lo contaron y no lo creyó, pensando que con su magnetismo y seducción personal o el encanto de la primera dama conseguiría su objetivo.

Si éste último fuera el caso (es decir, si el presidente estuviera correctamente asesorado por nuestro servicio exterior, y decidiera hacer lo que le place, como si estuviera en sus empresas), la cosa sería mucho peor, porque si al hombre hay algo que no le sobra, son talentos para moverse con autonomía, y confiando en su propio juicio.

Pero mucho más preocupantes que los derrapes presidenciales son las posibles consecuencias para el país de -por ejemplo- su insistencia en cerrar el acuerdo de libre comercio con la Unión Europea, para lo cual -según se cuenta- ha venido cediendo posiciones junto a Témer en cuanto a los sectores comprendidos en la apertura, y la velocidad con la que se llevaría adelante la misma si el acuerdo se concreta. Se ha dicho muchas veces que si el acuerdo no se ha concretado hasta ahora, ha sido más por la resistencia del poderoso lobby agropecuario europeo, que por los reparos de los gobiernos de Argentina y Brasil; con lo cual Macrón  ha hecho más -sin quererlo- por defender a la industria nacional, que el propio Macri.

Si las perspectivas del acuerdo (al fin y al cabo lo importante en todo esto, para superar las discusiones sobre las papaluradas presidenciales, o el look de la primera dama) para nuestro entramado productivo e industrial son las que se pueden vislumbrar (sombrías en términos de empleo), es evidente que tampoco en éste caso es el interés nacional lo que guía los movimientos de Macri.

Habrá que pensar entonces que el conspicuo representante de nuestra burguesía rentista, prebendaria, evasora, fugadora serial y fuertemente vinculada al capital extranjero (europeo en su mayoría) que funge circunstancialmente como presidente, no ha de vacilar en entregar nuestra industria nacional en una mesa de negociación, a cambio de algún bife más o menos colocado en los restaurantes europeos por sus socios preferentes del campo privilegiado; a los que él mismo pertenece por haber diversificado las inversiones familiares hacia el sector, por razones de rentabilidad y de status social.

De paso y en beneficio de la lógica intrínseca del modelo económico puesto en marcha en el país hace algo más de dos años, unos puntos más de desempleo causados por la apertura indiscriminada de la economía pueden ser muy funcionales -como agente disciplinador- a la lógica de continuar deprimiendo el salario real, para aumentar la rentabilidad del capital.

sábado, 2 de diciembre de 2017

LE PONEMOS MÁS GARRA NOSOTROS QUE ELLOS


Desde el primer día del gobierno de Mauricio Macri del presidente para abajo, nos vienen anunciando con bombos y platillos que sería inminente la firma del acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y el MERCOSUR; del cual la Argentina gobernada por “Cambiemos” y el Brasil de Michel Temer son los principales impulsores.

Más incluso que los propios europeos, que en cuanta ocasión han podido, dejaron en claro que faltaba mucho terreno por transitar para llegar al acuerdo, especialmente por el lado de la apertura de los mercados europeos a nuestra producción primaria (las carnes por ejemplo) y sus derivados, como los biocombustibles.

La propia Angela Merkel se lo dijo a Macri en persona no una, sino dos veces: cuando él fue a Alemania, y cuando ella vino acá. Ahora sabemos que Francia (el otro socio principal de la UE) se ha sumado a las reticencias alemanas, con los mismos argumentos: el lobby del sector agropecuario de sus respectivos países es muy fuerte y con gran peso electoral, como para que cualquier gobierno europeo lo ignore. Solo los rudimentarios “emprendedores” que nos gobiernan pueden desconocer esa cuestión.

Así las cosas, cabría preguntarse cuáles son las razones de tanta insistencia del gobierno de “Cambiemos” en promover un acuerdo respecto al cual la contraparte no parece tener el mismo entusiasmo por cerrarlo, máxime cuando los presuntos beneficios que de él obtendríamos nosotros (incrementar nuestras exportaciones de productos primarios y alguna otra por allí) ni siquiera están aseguradas.

Porque por otro lado los beneficios que la Unión Europea obtendría de cerrarse el acuerdo encierran grandes riesgos para nuestra economía, en especial para el sector industrial: supone la total eliminación de los aranceles externos y la apertura de nuestro mercado interno a una producción que además de ser más competitiva, es excedente porque no pueden colocarla en sus propios países.

Y supone también (tanto como lo significaba en su momento el ingreso al ALCA rechazado por Néstor Kirchner, Chávez y Lula) la apertura de las compras y contratos gubernamentales a los proveedores europeos (eliminando cualquier vestigio de “compre nacional”, o algo por el estilo), la más amplia protección de patentes y privilegios de invención (lo que entraña mayor pago de royalties aun que los actuales) y eventuales avances privatizadores en el campo de la educación y la salud.

Entre otros temas la negociación abarca medidas sanitarias y fitosanitarias; telecomunicaciones; comercio electrónico; propiedad intelectual; medicamentos comerciales, textiles y vestido; pequeñas y medianas empresas; transparencia y anticorrupción; solución de controversias; desplazamiento de empresas del Estado y modificación de regímenes licitatorios; regulaciones ambientales y laborales; derechos de los consumidores; derechos digitales; circulación de capitales y desregulación de servicios financieros.

Como así también supone aumentar los factores de extranjerización y falta de control sobre resortes claves de nuestra estructura económica que ya existen por otros medios; como los tratados bilaterales de protección de inversiones (TBI), la ley de inversiones extranjeras y la desregulación total del flujo de capitales y del uso de las divisas, sin mencionar los que el gobierno de Macri específicamente añadió al cuadro, como los contratos de “participación pública privada” (PPP) y el fenomenal endeudamiento externo con cesión de la jurisdicción y ley argentina para las emisiones de deuda.

Pese a todo eso, la semana pasada el propio Marcos Peña ratificó ante la cúpula de la UIA la intención del gobierno de ir a fondo para concretar el acuerdo, y reiteró una vez más el pronóstico de que su firma sería inminente; en una economía que viene sufriendo en estos dos años el combo explosivo de la apertura de las importaciones, la suba de las tarifas, un nivel astronómico de las tasas de interés y la merma del consumo interno, por lo ataques al salario y las jubilaciones.

Una economía en la que además se sigue destruyendo tejido industrial y puestos de trabajo en el sector, como se ve acá; pese a los anuncios de “brotes verdes”; cosa que si el acuerdo prospera, solo podrá empeorar.

Que el gobierno se haya manejado en una cuestión tan trascendental con el más absoluto secretismo (nadie conoce a ciencia cierta la letra chica del acuerdo que se está negociando) no debería asombrar, tanto como el hecho de que la dirigencia política, empresarial y sindical  esté en la palmera respecto al tema; ignorándolo o por lo menos sin dar muestras claras de tenerlo en agenda. 

Con algunas excepciones: acá algunas personalidades (incluso del mundo de la política) se expresan en contra, rechazan prcisamente el secreto que envuelve a las negociaciones e invitan a adherirse al documento que rechaza el acuerdo. Si finalmente las prevenciones europeas (que son las que hoy lo están trabando, como dijimos) son vencidas y éste se termina concretando, después será demasiado tarde para lágrimas.

miércoles, 6 de marzo de 2013

DESPUÉS DE CHÁVEZ


Decir que la desaparición física de un líder político de la estatura de Hugo Chávez provoca un vacío difícil (si no imposible) de llenar, es una constatación de lo obvio.

Lo que no es tan sencillo es hacer previsiones a futuro sobre la evolución del panorama político, tanto en lo específico de la situación interna de Venezuela, como en las proyecciones que la muerte de Chávez tiene hacia todo el contexto de América Latina; y por que no, hacia el resto del mundo: su figura trascendió largamente los límites del continente, en términos de gravitación y referencia política.

En tanto encarnó un liderazgo fuertemente carismático, le caben al caso venezolano a partir de la falta de Chávez, todas las teorizaciones que se han hecho al respecto, en especial sobre los populismos latinoamericanos; sobre todo las dudas que plantea la subsistencia del proyecto político que ese liderazgo encarnaba, o en todo caso cuanto habrá de continuidad, y cuanto de cambio.

Sin embargo en ese aspecto (el de la previsión a futuro) también fue Chávez un líder excepcional, permanentemente preocupado por sentar bases firmes de organización política para el proceso de la revolución bolivariana en Venezuela, tanto como por aportar su contribución (importante, se diría decisiva) a la consolidación del proceso de integración de América Latina.

En lo específicamente interno de su país, desde la sanción de la nueva Constitución bolivariana hasta el empeño puesto en la construcción de una organización política basada en el protagonismo popular, Chávez vio claro la necesidad de institucionalizar las conquistas alcanzadas, como un modo de garantizarlas más allá de las alternancias propias del ciclo político.

Los que se pierden en los detalles (como las discusiones por la reelección presidencial) suelen perder de vista estos elementos, esenciales para comprender el proceso del chavismo en su total dimensión; y para poner en contexto el propio liderazgo de Chávez, y la importancia de las transformaciones estructurales que introdujo en Venezuela.

Contribuyó de ese modo a fortalecer un proceso político más allá de su propia persona, aunque la estatura política de su figura se evidencia ahora, cuando su ausencia es irreversible; y el procesamiento político de esa ausencia será un factor de no pocas tensiones, incluso hacia el interior del PSUV. 

A medida que su enfermedad avanzaba, esto lo vio claro el propio Chávez, quien puso todo su empeño personal (más allá incluso de lo que la prudencia humana aconsejaba) en llegar a las elecciones del 7 de octubre; para enfrentar a la coalición opositora encabezada por Capriles, y relegitimar una vez más, en las urnas, el proceso de la revolución bolivariana.

Elecciones en las que hizo permanentemente hincapié en los riesgos que el resultado electoral entrañaba para las mejoras sociales y económicas conseguidas en los años de la revolución bolivariana, precisamente para concientizar a sus beneficiarios sobre la naturaleza del proceso: algo que no estaba ni está definitivamente consolidado, ni mucho menos.

Del mismo modo, la nominación expresa de Maduro como su sucesor (y por esa razón, hoy seguro candidato del PSUV en las nuevas elecciones presidenciales) procuró subordinar las discusiones internas y -si se quiere- las legítimas aspiraciones personales, al objetivo del conjunto: garantizar el triunfo, y la continuidad de los cambios. Una lección de liderazgo político, en toda su dimensión.

Las expectativas que suscitó la coalición opositora encabezada por Capriles (que hasta llevaron a algunos a pensar en una derrota de Chávez) se desvanecieron el día mismo del comicio conocidos los resultados; y la diáspora de las fuerzas antichavistas se profundizó aceleradamente, primero en las elecciones estaduales de diciembre pasado, y luego en la actitud a tomar ante la ausencia del presidente, y el proceso institucional de su sucesión.

Sin embargo, sería un error subestimar la capacidad de acción de la oposición, no tanto de cara al proceso electoral que se avecina (que nos animamos a decir arrojará un nuevo triunfo contundente del PSUV, cuya militancia se verá galvanizada por la pérdida del conductor), como al futuro del panorama político venezolano.

Y es que, de un modo consistente con las formas de actuación política de la derecha contemporánea en toda América Latina, la legitimación electoral de los procesos populares no es para ellos algo a tener demasiado en cuenta: al fin y al cabo, cuentan con los resortes de los poderes económicos y mediáticos (que son en esencia lo mismo) para socavar y desestabilizar; y han demostrado con creces su escaso apego a las reglas de juego de la democracia; máxime cuando se sienten alentados por al menos parte de las estructuras reales del poder de los EEUU.

Precisamente por estos días estaban sufriendo los venezolanos de a pie (con el desabastecimiento y la especulación con el precio de los alimentos y artículos de primera necesidad) las consecuencias de un modo de accionar en política por fuera de los cauces electorales; hecho que enaltece aun más el liderazgo de Chávez, que vio desde siempre clara la necesidad de recuperar capacidades estatales de arbitrio en la economía; del mismo modo que la recuperación del control estatal de la enorme renta petrolera le posibilitó los recursos para su vasto programa de reformas sociales. 

Nos resta -para redondear este análisis- considerar las probables consecuencias de la muerte de Chávez hacia afuera de Venezuela, para la consolidación del proceso de integración de América Latina.

El contundente rechazo al ALCA en la cumbre de Mar del Plata del 2005, el lanzamiento del ALBA y la Unasur, la ampliación de los miembros del Mercosur y su definida orientación como alianza política con proyecciones de complementación económica, y la creación de la CELAC como estructura pensada para reemplazar a la decrépita OEA (al fin y al cabo, una supervivencia de la Guerra Fría), y romper el aislamiento a Cuba en el propio continente, son todas iniciativas históricas, trascendentes y estructurales: ninguna de ellas hubiera sido posible sin Hugo Chávez.

Sin su inspiración, su claridad ideológica, su empeño personal; consistente esto último con el modelo de las "diplomacias presidenciales"  puesto en marcha en América Latina en la primera década del siglo XXI.

Claro que esa impronta personal de los líderes latinoamericanos, que muchas veces actuó como puente para salvar las distancias históricas entre sus países, es también una potencial debilidad del proceso en el largo plazo; en la medida en que los compromisos políticos no se institucionalicen, y  se traduzcan en realizaciones concretas y tangibles, para cada uno de sus pueblos.

Allí también el legado de Chávez los compromete a todos de cara al futuro, para garantizar la continuidad y la profundización de un proceso de integración que no estará exento de tensiones y acechanzas.