LA FRASE

"POR AHORA NO ESTAMOS PIDIENDO AUTORIZACIÓN PARA QUE LA POLICÍA PUEDA USAR LA PICANA Y EL SUBMARINO, ANTES VAMOS A VER COMO FUNCIONAN LAS REFORMAS QUE PLANTEAMOS." (PABLO COCOCCIONI)
Mostrando entradas con la etiqueta Indec. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Indec. Mostrar todas las entradas

viernes, 6 de febrero de 2026

INDICADOR DEL FRACASO

 

El Índice de Precios al Consumidor (IPC) y, en general, los indicadores o estadísticas del INDEC nunca fueron un problema técnico, al menos no exclusivamente, y en ese plano la discusión no debería durar mucho: como se compone la Encuesta Permanente de Hogares de la que se extraen los consumos habituales de las familias, que ponderación tiene cada uno de los elementos considerados, y no mucho más. No parece algo que pueda discutirse por décadas, como pasa en la Argentina.

Y eso es porque ante todo es un problema político, vinculado a algo como la inflación, con lo que los argentinos convivimos hace décadas: era un problema político cuando el kirchnerismo intervino el INDEC en el gobierno de Néstor (ni hablar de en lo que se convirtió después), y cuando Macri inauguró su gobierno con un apagón estadístico de seis meses para intentar ocultar las consecuencias sociales de la mega devaluación y los brutales tarifazos con los que inició su gestión.

Por si hiciera falta más pruebas de que estamos un problema político y no técnico, recordemos que el propio Macri dijo entonces que sólo aceptaría ser juzgado por los indicadores de la pobreza con los que empezó y terminó su mandato, después de haber ejecutado ese acto mágico de desaparición estadística de la mitad del primer año de éste.

Marcos Lavagna -eyectado ahora de su cargo en el INDEC por Milei- no es un héroe, ni mucho menos; como no lo fue Todesca en el gobierno de Macri, cuando primero ejecutó el apagón estadístico funcional a la brutal transferencia de ingresos con que se inició, y luego jugó a que le interesaba garantizar la autonomía del organismos responsable de las estadísticas públicas. 

Lavagna recorrió el mismo camino: pega el portazo porque no lo dejan poner en marcha el nuevo IPC, pero antes aceptó toquetear políticamente casi todos los indicadores, como el estimador de la actividad económica (para no reconocer con todas las letras que la economía entró en recesión), los ingresos de los trabajadores informales (para hacer ver que le ganaron a la inflación), las cifras de evolución del empleo (para ocultar que lo que avanza es la precarización laboral) y el índice de pobreza (manipulación de la que Milei saca sus fantasiosas cifras sobre argentinos que la abandonaron). Y aceptó postergar la puesta en marcha del nuevo IPC hasta después de un año electoral, con Alberto y con éste gobierno.

Para todos los gobiernos los indicadores del INDEC (el IPC y otros similares no son estadísticas en sentido estricto, sino meros indicadores) son -como dijimos- un problema mucho más político que técnico, y el de Milei no es la excepción: lo que pasó no es tanto que la inflación estaba mal medida, sino que la política económica diseñada y ejecutada con el casi exclusivo propósito de disminuirla -sin importar los costos- fracasó estrepitosamente.

La saga del IPC y la salida de Lavagna son así otros datos más que vienen a confirmar el fracaso absoluto de la teoría monetarista de la secta austríaca de la cual Milei es devoto para explicar las causas de la inflación, y peor aun, para contenerla. Y el daño que las políticas desplegadas  a ese fin (sin éxito hasta acá) causaron a los sectores de ingresos fijos (asalariados, jubilados), aun medido por el índice cuestionado, es grande; y todo indica que si se lo revisa a la luz del nuevo indicador, es mayor: la certificación en números del fracaso social del experimento libertario. De hecho, el gobierno de Milei le puso un cepo a las paritarias no validando aumentos salariales por encima del IPC (trucho), y la mayoría terminaron cerrando por debajo de es marca dibujada por Lavagna.

Indicadores al margen y más allá de quien esté a cargo de su elaboración o cuáles sean las pautas técnicas que se utilicen, lo cierto es que hace siete meses que la inflación sigue subiendo y todo indica que lo va a seguir haciendo, por decisiones del gobierno; como los tarifazos, la quita de subsidios y la nueva política cambiaria de ajustar las bandas de flotación del tipo de cambio a la inflación. Ese es el estricto orden de los sucesos, y no al revés como pretenden el gobierno y los medios del régimen luego de su papelón con el IPC: que todo hasta allí venía bien y la cagaron haciendo ruido con la salida de Lavagna. 

Sin rezagos monetarios de la gestión anterior, sin riesgo kuka, ni electoral: el fracaso en la lucha contra la inflación (principal y casi único objetivo de la política económica) es todo de Milei, el autopercibido experto en hacer crecer la economía con y sin dinero. Y lo es como efecto deseado y buscado de la brutal transferencia de ingresos entre sectores que instrumenta su gobierno, para reconfigurar las relaciones de fuerzas al interior de la sociedad. Objetivo al que la reforma laboral trata de cristalizar para que no pueda ser modificado a largo plazo.

Y si algo deja claro el affaire Lavagna, IPC e INDEC no es tanto que deben revisarse pautas técnicas (algo que nadie discute ya hace tiempo), sino que además de haber perpetrado el crimen, lo que están intentando hacer ahora es borrar sus rastros; de allí que el nuevo indicador entró en el limbo de "se hará cuando lo consideremos conveniente".

Lo que no queda claro es si todo esto (la política económica, sus efectos sociales y el papelón del INDEC) afectará políticamente y en un futuro electoral a Milei y su experimento libertario: hay testimonios a diario de que entre su base social y electoral la adhesión al gobierno no requiere de certezas o argumentos (como aspectos de la gestión que puedan destacarse), sino más bien cuestión de fe. Como creer en los indicadores del INDEC.

lunes, 2 de abril de 2018

ESTADÍSTICAS CONFIABLES


Los dos tuits de apertura son -como se ve- de ayer: uno corresponde al editorial de La Nación sobre el INDEC, y el otro al anuncio de la renuncia "por problemas de salud" de su director técnico, días después de que se difundiera el último indicador sobre los niveles de pobreza en el país; en el que ni los propios votantes de Macri creen.

El renunciante había reemplazado a Graciela Bevacqua, una de las "víctimas" de la intervención kirchnerista que el macrismo vino a rescatar del ostracismo, para luego despedirla al mes de contratada, para decretar la "emergencia estadística"; nombre de fantasía que reemplazó el apagón de datos por seis meses, para luego ir reconstruyendo cada indicador (pobreza, IPC, desempleo, nivel de actividad) sin empalmar con las series anteriores, de modo de poder comparar.

Bevacaqua aterrizó (no bien despedida de su cargo por el actual gobierno) acá en Santa Fe con un contrato para asesorar al IPEC (Instituto Provincial de Estadística y Censos) en la confección del IPC provincial, que por convenio con el INDEC se hace con la misma metodología que el nacional; es decir tomando la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) de 2004-2005, en lugar de la más actualizada de 2013-2014.

Como sabemos, tal como hiciera Martínez De Hoz durante la dictadura al presentar un IPC "descarnado" excluyendo de la medición el precio de la carne para favorecer los aumentos de precios de su clase (la nucleada en la Sociedad Rural), al proceder de ese modo se subestima el peso de los servicios públicos en los gastos de los hogares; justo cuando el gobierno eliminó los subsidios y descargó los tarifazos.

El resultado no es neutro: la inflación oficial da más baja, y por ese índice se ajustan las jubilaciones, pensiones y la AUH, y a esa cifra pretende sujetar el gobierno la negociación salarial en las paritarias. 

También impacta en menos valores del CER (Coeficiente de Estabilización de Referencia), por el cual se ajusta la UVA (Unidad de Valor de Aquisición), la "idea estrella" del macrismo aplicada a los préstamos hipotecarios, que ya está empezando a dar dolores de cabeza a sus tomadores

O sea: da la casualidad que el nuevo IPC le sirve al gobierno para lograr los propósitos políticos de ajustar el gasto público, hacer retroceder los salarios reales, y cuidar a parte de su clientela electoral; mientras sigue fomentando un negocio para los bancos. Deben ser casualidades. 

Un IPC construido de ese modo (con baja indicencia de los servicios públicos en la estructura de gastos de los hoagres)  también es grato a los intereses del socialismo acá en la provincia, donde vienen descerrajando sin parar desde el 2007 aumentos todos los años en todos los servicios públicos que prestan o regulan, y de los que fijan las tarifas: luz, agua, peajes en la autopista y las rutas provinciales, y transporte de pasajeros interurbano.

Debe ser por eso que no se han oído críticas de la otrora cáustica Bevacqua al nuevo IPC, para el cual ahora colabora, desde la bota santafesina. O acaso estemos en presencia de otra casualidad.

Tampoco se le oyeron cuestionamientos al nuevo índice de pobreza, ni a los intentos oficiales del gobierno de Macri por disolver, desguazar o vaciar de contenido el INDEC, según cual de los tres proyectos que andan en danza en las oficinas del Poder Ejecutivo nacional termine prosperando.

Menos aun se oyeron críticas en ese sentido de Cynthia Pok, la experta en medir la pobreza despedida del INDEC en diciembre pasado, justo antes de que se dieran a conocer las nuevas mediciones de ese indicador. Ninguna de las dos salió a los medios a dar su versión de los hechos sobre su salida del organismo, tampoco en su momento.

No hay gente sensible preocupada por la destrucción de las estadísticas públicas al estilo Gustavo Noriega (con tres contratos en el Estado, está en la misma situación que Bevacqua: donde se come no se manicurea) o Claudio Lozano; ni se sabe de convocatorias públicas a abrazar el INDEC para defenderlo, o cosas por el estilo.

Todo lo cual nos indica -en una aproximación preliminar al tema, sin tener datos definitivos como para arribar a una conclusión contundente- que la preocupación por la credibilidad de las estadísticas públicas sería otro mito urbano; y en todo caso se trataba de una herramienta para socavar a los gobiernos kirchneristas, a cuya eficacia nosotros contribuimos poniendo nuestra parte por cierto, digamos todo.

O dicho en idioma técnico: la confiabilidad de las estadísticas públicas a la mayoría de la gente y a los otrora opositores y hoy gobierno (y a buena parte de sus votantes) les chupa bien un huevo.

viernes, 30 de marzo de 2018

CUANDO EL ADVERSARIO COMETE UN ERROR, NO HAY QUE INTERRUMPIRLO


Hace poco y a propósito de la difusión de las cifras oficiales sobre el crecimiento del PBI y la baja del desempleo, decíamos acá que el macrismo había devenido de la prometida "revolución de la alegría" a la instalada "revolución de las expectativas"; cuyo supuesto básico es que "...suponen (y suponen bien) que si logran instalar exitosamente la percepción social de que las cosas van bien e irán mejor en el futuro no solo crecerán las chances de “Cambiemos” y Macri de perpetuarse en el poder más allá del 2019, sino que irán venciendo las resistencias que se les interpongan en el camino hasta entonces; en el Congreso o en la calle, en la política, el sindicalismo o la protesta social.

En un país donde la mayoría crea que “vamos bien” habrá menos espacio para voces disidentes, para espacios de resistencia, para sindicatos que no quieren aceptar el cepo salarial en las paritarias; y será más difícil la construcción de una unidad opositora capaz de pelearle las elecciones al gobierno el año que viene."

En ese contexto hay que leer el anuncio de Macri sobre la baja de la pobreza en el último cuatrimestre del año pasado, en base a las cifras del INDEC, que no es nuestra intención discutir acá, ni tenemos la experticia técnica necesaria; o la de gente que sí la tiene y está cuestionando seriamente la consistencia de las cifras oficiales. En todo caso recomendamos leer ésto de Artemio para entender que, en realidad, las políticas económicas del gobierno de "Cambiemos" no están sacando a millones de argentinos de la pobreza, sino más bien todo lo contrario.

Tengamos en cuenta además que el "revisionismo estadístico" del INDEC no casualmente abarca determinados indicadores (como la evolución del empleo, la pobreza o el propio crecimiento general de la economía) que fueron robustos pilares del predominio político del peronismo en su modalidad kirchnerista entre 2003 y 2015, pues así sirve a los propósitos de deslegitimar en bloque esa experiencia política; lo cual en sí es revelador de otro dato: en la memoria histórica "corta" de muchos argentinos, sigue siendo no solo aquélla que obra como término de referencia para evaluar al macrismo, sino la única opción opositora disponible hoy, en lo inmediato. 

Y esto no es un juicio de valor ni un pronóstico a futuro, ni una propuesta de organización de la oferta opositora, sino simplemente una constatación empírica: si no fuera suficiente con el sambenito de la corrupción (el "se robaron todo" como muletilla para clausurar cualquier discusión política sobre el presente o el pasado inmediato, o como justificación polivalente de cualquier medida de ajuste impopular) para exorcizar al demonio kirchnerista (o peronista en su encarnación de tal, para ser más precisos), es necesario apelar a la ineficacia de su acción del gobierno, medida por sus resultados; para lo cual -si es necesario- habrá que "toquetear" estos.

Una discusión bizantina en la que nosotros -desde el punto de vista estrictamente político- no tenemos que entrar, por una razón muy sencilla: fue saldada por el pueblo argentino en las urnas de un modo muy contundente, en el 2007 y en el 2011; y de lo que se trata hoy es de organizarse para enfrentar al macrismo en el presente, y desplazarlo del poder en el futuro. 

Ahora bien, los datos anunciados por Macri y otros indicadores oficiales que se van conociendo se enuncian en un contexto, que encuentra dos dificultades: una es que es muy posible que, aun siendo ciertos los números que arrojan los informes oficiales, los supuestos que habrían determinado tal baja de la pobreza, sean irrepetibles en lo inmediato: en el período tomado en cuenta no hubo aumentos de tarifas, las jubilaciones y asignaciones crecían al ritmo de la fórmula de ajuste heredada del kirchnerismo y los salarios eran "nuevos" porque recién se estaban cerrando las negociaciones en las paritarias. O sea todo lo contrario de lo que viene pasando desde entonces.

La otra es que precisamente por esa razón los datos son conocidos en un contexto social que resiente aun más su credibilidad, aunque fueran técnicamente consistentes; y es allí donde el macrismo puede estar cometiendo un grosero error político (magnificado si, como todo indica, las cifras han sido manipuladas), y de ser así, como diría Napoleón, no hay que interrumpirlos, enzarzándonos en una discusión inútil. Las reacciones al anuncio en las redes sociales y aun en los medios del dispositivo hegemónico (ver tapa de Clarín en la imagen de apertura) estaría indicando que la cosa es así.

En nuestra opinión, lo que explica el apuro de Macri por difundir un indicador que no ignora es de los más cuestionables, pasa por la apremiante necesidad de buscarle una vuelta de tuerca al cambio de expectativas post electoral; para lo cual vienen apelando desde diciembre pasado a una y otra estrategia, sin mayores resultados: partieron de la sospecha de que se estaba agotando el recurso de la apelación a "la pesada herencia recibida",  para pasar por la certeza de que las elecciones de octubre pasado no habían sido -como supusieron- un cheque en blanco social para el ajuste, como lo demostró la resistencia a la reforma previsional.

Y los escándalos de corrupción que sacuden al propio gobierno achican más rápido aun el plafond político para seguir cumpliendo con el ritual neoliberal de apelar al sacrificio ciudadano con sus metáforas conexas (la luz al final del túnel, el segundo semestre, el crecimiento invisible), con la promesa de un futuro venturoso que siempre es pospuesto. 

Todo indica que ese plafond se agota incluso entre su propio electorado, sobre todo en éste; excepción hecha del "núcleo duro", claro está. Pero empezar a hablarles solo a los convencidos es un error en política, que nosotros hemos cometido en su momento, y bien caro que nos costó. Tampoco los interrumpamos entonces, en su empeño por cometerlo.

La necesidad imperiosa del gobierno de "mostrar" resultados ahora, a como dé lugar, lo enfrenta al riesgo de enfrentar la percepción social de las cosas con los indicadores oficiales; algo que también padeció el kirchnerismo, en términos de erosión de su credibilidad política.

A menos que la supuesta preocupación ciudadana por la credibilidad de las estadísticas públicos y su influencia en las opciones electorales sea otro mito urbano como la preocupación por la pobreza, la corrupción, la calidad institucional o la "grieta"; y en definitivas se termina votando por otras razones, en primer lugar las condiciones objetivas y materiales de existencia.

En cuyo caso lo que habrá que revisar no serán ya las metodologías con las que se construyen las estadísticas y los indicadores oficiales, sino ciertas interpretaciones extendidas respecto a las razones de la supremacía electoral (que no hegemonía social o cultural absoluta) del macrismo, que sería entonces tan extraño que hace que no lo afecten otros fenómenos que al resto de las fuerzas políticas sí, en especial cuando gobiernan.

viernes, 20 de enero de 2017

¿EL PRÓXIMO RAJE ES EL DE TODESCA?


Con la salida de Melconián del Banco Nación se siguen produciendo rajes en el gobierno presuntamente bajo la idea de “uniformar el estilo de gestión”, o en realidad eliminar toda posible disidencia sobre la marcha de la gestión, tal como pasó con Prat Gay e Isela Costantini.

Por otro lado vendría lo de Chaín en Obras Públicas: a alguno hay que echarle la culpa de la paralización de la inversión en infraestructura, y por esa razón Macri no vaciló en desprenderse de su otrora apuntador, previo hacerle hacer los deberes con el “hermano de la vida” Niky Caputo.

Ayer leíamos en Ambito Financiero que el ministro Triaca salió a cruzar las cifras del INDEC sobre puestos de trabajo perdidos en los tres primeros trimestres del 2016 (alrededor de 128.000, solo en el sector privado formal); diciendo que él “no tiene esos números”, y se maneja con las cifras del SIPA (Sistema Integrado Previsional Argentino).

Si bien en teoría tiene razón Triaca, también es cierto que no muestra los números del SIPA, y que ya el año pasado la pifió haciéndoe decir a Macri que el empleo crecía, cuando justamente esos números indicaban lo contrario.

Lo cierto es que al parecer la etapa del “sinceramiento” de las estadísticas públicas del INDEC podría estar llegando a su fin, sobre todo considerando que mientras el rumbo de la economía no cambie, el organismo solo será portador de malas noticias.

Al mismo tiempo ayer también salió publicado en el Boletín Oficial el Decreto 47 (completo acá), por el cual se modifican las responsabilidades y acciones a cargo de la Dirección Nacional de Cuentas Internacionales del INDEC.

En una parte de ellas se dice que le corresponde  esa Dirección “Realizar la estimación oficial de la Balanza de Pagos y sus componentes: cuenta corriente y cuenta capital y financiera.”, pero se suprimió del texto vigente (aprobado en su momento por el Decreto 1359/04) éste otro parrafito: “para el diagnóstico macroeconómico”.

Es decir que la Dirección de Cuentas Nacionales aportaba esa información al Ministerio de Economía (cuando existía) para que se formulara el diagnóstico del rumbo de la economía teniendo en cuenta el balance de pagos (las divisas que entran y salen del país) en base a todos los factores que lo determinan: ingresos por exportaciones, pago de importaciones, remisión de dividendos, formación de activos externos (fuga de capitales), ingreso de inversiones extranjeras directas, pago de los servicios de la deuda, nuevas colocaciones de deuda que generan ingreso de divisas, ingreso de divisas por el canal financiero (inversiones de portafolio).

Todos aspectos cruciales en cualquier modelo económico, más en uno como el actual que pone el acento en el comercio exterior, la apertura a la penetración de capitales, el re-endeudamiento y la valorización financieros como supuestos dinamizadores del crecimiento. En este punto del análisis es necesario decir que hay quienes sostienen que una de las causas de la salida de Melconián fueron sus críticas al alto nivel de endeudamiento y su sostenibilidad en el tiempo, claro que no por heterodoxo: él era partidario de forzar más el ajuste para reducir el déficit, en lugar de financiarlo con deuda.

Además de suprimir la parte señalada en las funciones de la Dirección de Cuentas Nacionales del INDEC, el decreto firmado por Macri las traslada al Banco Central, en estos términos: “El Banco Central de la República Argentina, en el marco de su competencia y de conformidad con lo dispuesto por el artículo 61 de la Ley N° 24.156, será el organismo encargado de realizar las proyecciones de las distintas cuentas del balance de pagos y de la posición de inversión internacional.”.

El artículo que se menciona de la ley de administración financiera es el que establece que previo a cualquier operación de crédito público que origine la constitución de deuda externa debe informar el Banco Central “sobre el impacto de la operación en el balance de pagos”; es decir como incidirán los pagos de ese nuevo endeudamiento en los sucesivos movimientos de divisas, en éste caso al exterior.

Si bien la cuestión está relacionada al balance de pagos, no así al diagnóstico macroeconómico que se deriva del análisis de la balanza de pagos; que fue lo que acaban de sacarle ¿al INDEC o al ex Ministerio de Economía, hoy desguazado en dos partes?

No está claro si los cambios son parte de un recorte progresivo de funciones de Todesca (en cuyo caso habría que sumarle el cuestionamiento de Triaca), o tienden a aumentar el poder y la ingerencia de Sturzenegger en el diseño de la política económica; o están sentando las bases para que desde el Banco Central (que viene disimulando en sus balances cambiarios la colosal fuga de capitales posibilitada por las medidas del gobierno, fundamentalmente el endeudamiento y la desregulación de la cuenta capital) se diga que el modelo de endeudamiento es sustentable a mediano y largo plazo, lo cual obviamente incide por ejemplo en las futuras operaciones de endeudamiento, y en el “humor de los mercados” locales.

En cualquier caso queda claro que al partirse en dos la cartera que manejaba Prat Gay, el nuevo ministerio a cargo de Caputo se limita a gestionar más deuda, sin importarle un comino la incidencia futura que tenga ese mayor endeudamiento en la economía en su conjunto.

domingo, 21 de febrero de 2016

¿Y LA GARANTÍA DE TRANSPARENCIA EN EL INDEC?


El Gobierno de Macri desplazó a la Directora del INDEC, Graciela Bevacqua, quien había sido nombrada y repuesta en su cargo por el PRO hace apenas dos meses.

Por todo motivo, adujeron en la resolución que la "limitó en sus funciones" que "...la gestión de la aludida funcionaria no ha dado respuesta satisfactoria a los requerimientos específicos, en orden a precisar el proceso de reordenamiento funcional y operativo a su cargo, así como al establecimiento de plazos razonables para la elaboración de los referidos índices, con la garantía de confiabilidad que requieren..."

¿Será por eso que los funcionarios del gobierno dejan trascender en los medios que "están arrepentidos de haberla convocado"?

Todesca, titular del organismo, quien será recordado como el autor de un apagón estadístico sin precedentes en la historia argentina, estuvo hace unos días, precisamente el 14 de enero, brindando una conferencia de prensa junto con Bevacqua. En la misma, ambos comunicaron la suspensión del calendario de difusión de los indicadores y justificaron despidos en el organismo basados en la declaración de emergencia estadística.

En la conferencia, afirmaron que no habría una medición oficial hasta junio de 2016 y que mientras tanto, se iban a utilizar como referencia las mediciones de los entes estadísticos de la ciudad de Buenos Aires y la provincia de San Luis. 

Como la Dirección General de Estadísticas y Censos de la Ciudad de Buenos Aires informó que en Enero de 2016 los precios subieron un 4,1 % , aún más que en Diciembre de 2015 cuando después de los anuncios de Macri  los precios subieron un 3,9 %,  al gobierno del PRO se le terminó la vocación de transparencia, porque si se confeccionaba un método de medición riguroso, la inflación de estos dos meses arrojaría un resultado aún mayor que el estruendoso 8% que muestra el índice confeccionado por la Dirección porteña; organismo al que Rodriguez Larreta conminó a diluir los números que arrojaban las mediciones. Lo mismo ocurrirá a futuro, con variables que muestran una proyección de la inflación alarmante. 

¿Y si Macri prueba despidiendo a los Directores de estadísticas de la ciudad de Buenos Aires y de la provincia de San Luis ? 

Aunque lo que necesitan urgente es un hábil maquillador. En una de esas, así se consigue parar la espiral inflacionaria que Macri desató con la devaluación de más del 50%, mientras sigue esperando las inversiones que no llegan, las liquidaciones de cereales que siguen en manos de las cerealeras, y el regreso de los dólares que los bancos fugan gracias a la liberación de los encajes.

sábado, 9 de enero de 2016

DISCUSIONES QUE YA NO HAY QUE DAR MÁS (I)

SE TERMINAN LAS MENTIRAS DEL INDEC



Como muletilla la repitieron hasta el hartazgo, y era una cruzada moralizadora que no podía esperar: con los de la Alianza PRO Cambiemos se terminaban las mentiras del INDEC, se reestablecía la autonomía del organismo y se transparentaban los índices y las estadísticas.

Para eso designaron a su frente a Jorge Todesca, un tipo con experiencia que ya había sido Viceministro de Economía y que desde su consultora daba su dictamen de inflación mensual, que era exhibido en el Congreso por estos impresentables hasta el correspondiente a octubre de 2015, último antes de asumir la gestión Macri


Este Todesca pasó de anunciar cuando asumió que "en dos semanas podía dar un índice de precios creíble pero provisorio" a declarar junto a Prat Gay "que no publicarían el dato de inflación hasta nuevo aviso", y que la medida regiría por lo menos un año.

Se declaraba así la emergencia (¿?) estadística que también le atribuía a Todesca facultades de designación de funcionarios y modificación de la estructura del INDEC, excepcionales.

Paralelamente Prat Gay avisaba cuáles eran las referencias del gobierno en relación a las paritarias en el sector privado: aumento vs empleos.

Hoy queda demostrado en qué consiste la "emergencia estadística": ni darle autarquía, ni transparentar los índices y las estadísticas, sino silenciarlo. La discusión sobre el INDEC, entonces, ya no es necesario darla más.








EL INDEC-TODESCA ECHO A 70 TRABAJADORES POR “COMO PIENSAN” EN TERMINOS POLITICOS

Despidos con persecución ideológica

Después de varios años de protestas por el desplazamiento de técnicos por no acompañar la gestión kirchnerista en el Indec, la administración macrista de Jorge Todesca elevó la apuesta y despidió a decenas, muchos de ellos por su ideología.

jueves, 5 de marzo de 2015

¿Y LA PARTE CUANDO DICE COMO CONTROLAR LA INFLACIÓN, CUÁNDO LLEGA?



Pobre Hermes, presentó un proyecto para que exista algo que ya existe, porque el Sistema Nacional de Estadísticas está desde 1968, cuando fue creado por la Ley 17.622; formado por el INDEC y los institutos provinciales de estadística y censos.

Alguien le tendría que explicar además -ya que está hablando de la medición de la inflación- que el índice de precios es eso: un indicador, no una estadística; que es algo que se forma con cierto grado de exactitud contando cosas, por cantidades.

Lo raro es que la provincia dejó de publicar hace tiempo ya su propio índice de precios, que además se elaboraba con la metodología aprobada por el INDEC: ver acá

Pero advirtamos que el simpático videíto habla de "controlar" la inflación, por lo que sería bueno que nos hubiera aportado alguna pista en ese sentido, además de como la mediría.

De lo contrario, es como sostener que el termómetro cura la fiebre.

Todo muy lindo con la frase hecha de "para resolver un problema hay que empezar por reconocerlo", pero en el fondo, es sanata.

Supongamos que el gobierno manda una ley al Congreso para adoptar como índice inflacionario el que elaboran todos los meses Pato Bullrich y un par de diputados opositores, promediando los de las "consultoras privadas"; y eso da una inflación de -ponéle- el 100 %.

El problema que seguís teniendo -agravado en ese caso- es como controlarla, para lo cual tenés que ensayar al menos una línea de cuáles creés vos que son las causas de la inflación, siendo sabido que son múltiples y dependen de la doctrina económica que se adopte.

Porque hete aquí que cuando el gobierno atacó el problema donde está (principal, no exclusivamente) que son los formadores de precios) reformando la ley de abastecimiento y las leyes de defensa del consumidor, estos muchachos votaron en contra

viernes, 21 de marzo de 2014

O SEA QUE MORENO TENÍA RAZÓN


Leemos en El Cronista: "Al difundirse el nuevo IPCNu, que marcó una inflación del 7,2% en el primer bimestre, el gobierno incurrirá en un mayor gasto para pagar los vencimientos de los bonos ajustados por CER. Después de ahorrarse unos u$s 500 millones por año, se estima que el Estado deberá afrontar unos u$s 400 millones en los próximos años. Sin embargo, tanto el ahorro como el mayor costo está relativizado porque la mayoría de estos títulos está en manos de ANSeS.
"“El CER pasa a computarse en base al nuevo IPCN, lo que elimina una fuente de distorsión en el pago de instrumentos de deuda pública que estuvo en el origen de la gradual exclusión financiera de Argentina a partir de febrero de 2007"”, indicó el último informe de Elypsis.".

Lo que confirma lo dicho acá: "Lo que implica que hay gente que gana plata (y mucha) con una inflación alta, además de -por supuesto- los empresarios que remarcan precios.

Y también que la disputa por la confección de los índices estaba lejos de ser exclusivamente una mera discusión académica, o un planteo principista sobre la credibilidad de las estadísticas públicas; algo que desde el gobierno se sostuvo desde un principio.

Cualquiera sea la opinión que se tenga sobre la oportunidad y los métodos con los que el gobierno decidió meter mano en el INDEC allá por el 2007 (incluso las más críticas), o la evaluación que se haga respecto al manejo político del asunto desde entonces y el costo que significó para el kirchnerismo (más en términos de imagen que de resultados electorales, como se comprobó en las presidenciales de 2007 y 2011), éste aspecto (el de los que se benefician más o menos según como da el numerito) no se debe perder de vista, a menos que se elija delibradamente ser ingenuo.".

Es curioso que en la nota hablen del supuesto perjuicio a "los futuros jubilados", como si todavía existiese el régimen de las AFJP.

Y curioso además porque los números del Fondo de Garantía de Sustentabilidad que maneja la ANSES arrojaron un aumento del 236 % entre diciembre del 2008 y el mismo mes del 2013, y una rentabilidad interanual 2012-2013 del 34,6 %; la más alta desde que existe: ver acá.

Pero más curioso todavía es que el artículo no se complete con el cálculo de los millones de dólares que el país se ahorró en pago de deudas indexadas por CER desde el 2007 hasta éste año.

viernes, 14 de febrero de 2014

ALGO DE ESO HABÍA, ENTONCES


Debutó el nuevo IPC del INDEC y se terminó (al menos por ahora) la polémica por la credibilidad de los números oficiales sobre la inflación.

Para el gobierno significa pasar de pantalla, desmontando un problema que erosionó su credibilidad, y una muletilla que empezaba todo discurso opositor sobre el problema de la inflación: "para resolver un problema hay que empezar por reconocerlo", y toda esa sanata que sabemos de memoria.

Por supuesto que sigue en pie el problema más grave que es hacer que la inflación baje, pero estuvimos años enteros discutiendo sobre el termómetro, y no sobre las causas de la fiebre.

Y en paralelo a la indiscutible responsabilidad que le cabe al gobierno de encarar el problema, va la de los opositores de aggiornar el libreto, porque a partir de hora -siguiendo con la misma imagen- tendrán que hablar más de la fiebre, y menos del termómetro: contarle a la gente que harían concretamente ellos para bajar la inflación.

O explicar como (cuando gobiernan) no toman medidas para subirla, como aumentar tarifas e impuestos (De La Sota, Macri, Binner en su hora, hoy Bonfatti, acá en la muni Corral; siguen firmas).  

Se termina también el curro de las mediciones de las "consultoras privadas", y el papelón mensual de Patricia Bullrich y compañía con su "Indice Congreso", que a partir de ahora deberán dedicarse a relevar el "cepo" publicitario o cuestiones por el estilo: imaginación no les falta para ampliar las fronteras del ridículo.

Pero hay un costado de todo este largo culebrón del INDEC (además de los quiosquitos internos que existían allí traficando información a esas mismas "consultoras privadas"); y es del que da cuenta la imagen de apertura, que corresponde a esta nota del Cronista de hoy, que anticipa que con seguridad en la apertura de la rueda de negocios de hoy los títulos públicos que ajustan por el índice inflacionario volarán con en su cotización.

Lo que implica que hay gente que gana plata (y mucha) con una inflación alta, además de -por supuesto- los empresarios que remarcan precios.

Y también que la disputa por la confección de los índices estaba lejos de ser exclusivamente una mera discusión académica, o un planteo principista sobre la credibilidad de las estadísticas públicas; algo que desde el gobierno se sostuvo desde un principio.

Cualquiera sea la opinión que se tenga sobre la oportunidad y los métodos con los que el gobierno decidió meter mano en el INDEC allá por el 2007 (incluso las más críticas), o la evaluación que se haga respecto al manejo político del asunto desde entonces y el costo que significó para el kirchnerismo (más en términos de imagen que de resultados electorales, como se comprobó en las presidenciales de 2007 y 2011), éste aspecto (el de los que se benefician más o menos según como da el numerito) no se debe perder de vista, a menos que se elija delibradamente ser ingenuo.

domingo, 17 de junio de 2012

DÁLE, HABLEMOS DE INFLACIÓN


Que la inflación es, por lejos, el principal problema económico de la Argentina, no caben dudas.

Que el gobierno hace mal en ignorarlo o -mejor dicho- no hablar del asunto, tampoco.

Pero lo llamativo del caso es que todo el mundo (desde los empresarios a los periodistas, pasando por toda la dirigencia política opositora) habla todo el tiempo de cuanto le preocupa la inflación; sin arriesgar la más mínima idea sobre cuáles serían sus causas, y no porque no las sepan.

Vemos en la imagen el extracto de las declaraciones de los dos cráneos que desde Santa Fe supimos proyectar a la Nación, Barletta y Binner: uno boludeando abrazando al Indec, el otro divagando sobre que la respuesta al problema de la inflación depende solamente "de la decisión del gobierno", como si Cristina sacara mañana un decreto prohibiendo la inflación, y listo.

Y no se trata acá de defender el modo como el Indec releva los índices de precios, ni la política oficial seguida hasta acá para atacar la inflación, léase acuerdos de precios de Moreno y demases.

No señor: se trata de exigir que -sobre un tema tan trascendente y que tanto tiene que ver con nuestra vida cotidiana- se plantee un debate serio y responsable, que nos permita identificar las causas del problema (y sus responsables, con nombre y apellido), para poder pensar en encarar las soluciones. 

Tomemos por caso la discusión sobre el Indec y las proyecciones de las "consultoras privadas"; ¿tiene sentido a ésta altura del partido seguir discutiendo eso, gastando horas de tiempo y energía en ver quien calcula más certeramente cuánto aumentan las cosas, en lugar de dedicarse a ver que se puede hacer para que no aumenten?

¿O acaso cuando los radicales -como Barletta- gobernaban en tiempos de Alfonsín y la inflación superaba el 6000 % anual a alguien le importaba una garcha si los índices de precios del Indec estaban bien o mal hechos?

Es como si hubiera en casa un enfermo volando de fiebre y en lugar de darle un antibiótico o llamar al médico, siguiéramos discutiendo si el termómetro funciona bien o mal.

Los críticos de las estimaciones del Indec (Barletta entre ellos) suelen decir "bueno, pero hay que empezar por reconocer que el problema existe para poder resolverlo": una pelotudez suprema, ¿qué pretenden, que mañana salga Cristina por cadena nacional a decir "es verdad, la inflación real es la que dice Melconián y está en el orden del 104 % anual"?

¿En qué cabeza cabe?, porque si de no reconocer problemas hablamos, ¿por qué razón los radicales se siguen presentando a elecciones presidenciales, para no perder el aporte del Estado a los partidos políticos?

Por no mencionar que a Barletta debería darle vergüenza hablar de esconder pobres debajo de la alfombra, cuando en su gestión municipal acá fue justamente eso lo que hizo cuatro años; como cuando quería disfrazar a los limpiavidrios y "trapitos" de promotores turísticos durante la Copa América.

Otro tanto se puede decir del brumoso pensamiento del Narosky de la política (el mayor creador de aforismo vacíos de sentido), y principal competidor en el rubro del rabino Berga: Hermes Binner.

¿Qué quiere decir con que la inflación la causa "la economía"?

Porque resulta que dentro de la economía cabemos todos: desde Techint hasta el jubilado que cobra la mínima, claro que con diferente participación en la generación de inflación.

Nosotros hace un tiempo acá (hablando del caso Papel Prensa) arriesgábamos algunas ideas sobre el tema que no nos pertenecen y son bastante conocidas: la estructura económica argentina tiene un altísimo grado de oligopolización, con grandes empresas formadoras de precios que tienen una posición dominante en el mercado, lo que les garantiza niveles astronómicos de rentabilidad, que se difunden de un modo directo o indirecto a todos los costos de esa misma estructura; y hace que los otros eslabones empresariales de la cadena quieran replicar sus niveles de rentabilidad (altísimos aun medidos en términos internacionales) y sus comportamientos depredatorios del mercado.  

En el posteo anterior al que referimos nos remitíamos a algunos datos que brinda Diego Rubinzal en su excelente libro " sobre historia económica argentina, y por allí hay que empezar a buscar, si no la única, la principal causa de la inflación en el país.   

Causa de la que ninguno de los "preocupados" por la inflación (entre los que, en el colmo del caradurismo, se autoincluyen los mismos empresarios que le dan con ganas a la remarcadora) habla nunca; y si no hagan la prueba: rastreen las declaraciones sobre el tema de cualquier editorialista de los grandes medios, o de cualquier dirirgente opositor con mediana presencia mediática, y nos cuentan si encuentran algo sobre el asunto.

Con lo que los que dicen que hay que hablar de inflación, hablan de cualquier cosa menos que de los que causan la inflación, y el asunto nos remite así a la lógica de construcción política de la mayoría de la dirigencia política argentina (excepción hecha del kirchnerismo, que también es remiso a hablar de inflación): donde se come no se manicurea.      

Porque se trata de gente que se ha enganchado en todos los lock outs desabastecedores de la Mesa de Enlace, no se pierde ninguna Expoagro, pide la eliminación o la baja de las retenciones o defendió hasta donde pudo los intereses de Clarín en Papel Prensa y en el mercado de la comunicación audiovisual; y hasta llegó a a plantear en el Congreso que no se admitiera a Venezuela en el Mercosur porque Chávez había expropiado Sidor, una empresa del grupo Techint. 

Gente que asiste escrupulosamente a los coloquios de Idea o las jornadas de la AEA; donde se reúnen religiosamente los mayores responsables de generar inflación en la Argentina. 

Gente a la que por eso cuesta creerle que habla en serio cuando dice que está preocupada por la inflación.

lunes, 11 de junio de 2012

CAMPAÑA NACIONAL POR EL SINCERAMIENTO DE LAS ESTADÍSTICAS OFICIALES


Desde este humilde blog lanzamos una campaña nacional para reclamar que las estadísticas y registros oficiales reflejen con fidelidad la realidad.

Por eso reclamamos:

1. Que en los catastros provinciales y municipales las propiedades rurales figuren por su verdadero valor de mercado, que éste sea actualizado por lo menos una vez al año y que en base a ese valor se liquide el impuesto inmobiliario.

2. Que en la Anses figuren registradas todas (absolutamente todas) las personas que trabajan en relación de dependencia en cualquier actividad, con sus correspondientes aportes a la seguridad social.

3. Que en los talonarios de facturas de todos los que se dedican a cualquier actividad (empresa, profesión liberal independiente, autónomos) figuren todas las ventas o servicios que hacen, por los montos exactos e íntregros que hayan percibido de sus clientes.

4. Que en los registros de sociedades por acciones y fundaciones figuren verdaderamente las personas que las integran, que hayan aportado los recursos para formarlas y que puedan demostrar fehacientemente de donde los sacaron.

5. Que en los registros de la AFSCA (tal como lo exige la ley de medios) figuren con nombre y apellido, aportes y participación accionaria todos los propietarios de todos los medios de comunicación audiovisual; y los montos de publicidad oficial y (sobre todo) privada que reciben.

6. Que los registros de deudores morosos al fisco nacional, provincial o municipal sean accesibles al público, y figuren todos los que deban impuestos, aunque sean ricos y famosos; sobre todo si son ricos y famosos.

7. Que en todas las escrituras públicas los escribanos y los compradores y vendedores de casas, departamentos, terrenos y campos hagan figurar el monto real por el que se hace la operación.

8. Que en las declaraciones juradas que se presentan ante la AFIP por los productores agropecuarios figure exactamente la cantidad de producción que tienen en existencia; y que permitan que los censen, así se puede terminar de una buena vez el Censo Nacional Agropecuario del 2008.

9. Que consten también en la AFIP declaradas todas las propiedades e inversiones que tienen los argentinos en el exterior, y que los que exportan lo hagan a lugares reales, y no triangulando a paraísos fiscales.

10. Que los exportadores e importadores declaren exactamente los montos de lo que compran y venden, sin sobre ni sub facturaciones.

11. Que figuren en las rendiciones de cuentas de los subsidios a la educación privada los importes reales que -por todo concepto- les cobran los colegios a los padres de los chicos, aunque tengan aporte del Estado para el pago de los sueldos. 

12. Que los concesionarios de servicios públicos que reciben subsidios del Estado declaren con fidelidad en que gastan esa plata que reciben.

No sabemos ustedes, pero nosotros con eso más o menos estaríamos; como para después empezar a reclamar por los números del Indec y patalear porque no podemos comprar dólares.  

miércoles, 6 de junio de 2012

NI PRESIONES NI ÍNDICE PROPIO


Ahora resulta que es el propio Sciara el que sale a decir lo que nosotros dijimos acá: era poco creíble que hubiera presiones del gobierno nacional para que el de la provincia no difundiera los índices de precios que confecciona el IPEC (Instituto Provincial de Estadística y Censos), porque de ser cierto los socialistas hubieran salido a jetonearlo a los cuatro vientos, haciéndose las víctimas como siempre.

Sin embargo las respuestas de Sciara a las preguntas del diario del Loco Lindo (que sólo en éste caso pregunta algo a un funcionario provincial, para direccionar las respuestas en críticas hacia Cristina) dejan un par de cosas en claro:

1. El índice de precios de Santa Fe lo calcula el INDEC, no el IPEC.

2. El modelo de cálculo del índice es del INDEC, no del IPEC.

3. La provincia no tiene un modelo propio para calcular un índice de precios.

O sea que todo lo que sanatearon Binner y demases en torno a éste tema es eso: pura sanata.

Y la diferencia en todo caso está en los puntos de recolección de muestras, o sea los comercios en dónde se va a preguntar o verificar los precios de los productos con los que se conforma el índice.

Que desde ya les apuntamos que el IPEC acá no pisa un almacén, supermercadito o despensa de barrio ni en pedo, y menos que menos van a alguna feria franca (de las pocas que dejó el exterminador Barletta), o al Mercado de Abasto; pero es otro tema del que se ocupará gente que sabe más que nosotros.

viernes, 3 de junio de 2011

CONSULTORAS PRIVADAS: EL CUENTO DE LA BUENA PIPA


Desde que empezó el cuestionamiento a los números del Indec sobre la evolución de los precios (el organismo oficial nunca midió la inflación, hay que aclararlo) se contrapone su credibilidad con las "estimaciones de consultoras privadas", que aprovecharon para hacer su agosto vendiendo información a los medios, que la compraban ávidos de dar malas noticias.

En realidad muchos traficaban con esa información desde antes de la intervención, y desde adentro del propio Indec; por eso se lo intervino. Pero ésa es otra historia.

Todos estos años nunca pudimos enterarnos como catzo elaboraban esos índices las famosos "consultoras privadas", con que criterio metodológico, amplitud de muestra o lo que fuere que permitiera evaluar su credibilidad: bastaba que difirieran de los elaborados por el Indec, y dieran una inflación más alta, y el propósito estaba cumplido.

Cuando Guillermo Moreno comenzó a aplicarles a esas consultoras multas por infracción a la Ley de Lealtad Comercial -luego de pedirles infructuosamente que explicaran como conformaban los números que difundían- pasamos de pantalla: los persuntamente serios "consultores privados" empezaron a decir que no hacían estimaciones de inflación, casi ninguno quiso exponer sus métodos (los que lo hicieron, revelaron que son unos chantas) y ahora llegamos a esto.

A ver si entienden: ahora esta gente dice que ellos no le dieron ninguna información sobre índices de precios a los diarios que los citaron como fuente (Clarín y La Nación), y en el caso de Melconián (un chanta entre los chantas), dice que él dio los datos, pero "a título personal", sin involucrar a la consultora. ¡Qué jugador!

Y aunque el gobierno haya cortado el curro que impactaba en la indexación de los bonos de la deuda externa (por eso la jodita que había adentro del Indec no salía gratis), cualquiera con conocimientos elementales de economía sabe que la inflación se compone (entre otros factores) de expectativas, alimentadas por lo que los actores económicos creen que sucederá. El famoso "remarco para cubrirme" que conocemos bien los argentinos.

Por eso al problema que supone la inflación real (y que nosotros no negamos) al impactar sobre los ingresos de los sectores de ingresos fijos, hay que sumarle este otro, surgido del cuentito de la buena pipa de las "consultoras privadas" y sus estudios apartentemente serios.

Tan serios que bastaron un par de multas de Moreno para que los dejaran de hacer, o negaran haber hecho los que difundieron antes.

Y para redondear el mamarracho, aparecen los impresentables del Grupo A a pedirles "que no bajen los brazos", vinculando el asunto con la libertad de expresión.

En realidad sería la libertad de decir boludeces.