Por Kaña
El cierre de la candidatura
Scioli-Zannini para presidente y vice por el Frente para la Victoria
inquietando los espacios donde los que nos alineamos con esta gestión de
gobierno expresamos nuestros pareceres.
El lunes en Página 12 apareció ésta columna de opinión de Mempo Giardinelli con la que me tomaré el atrevimiento de
disentir.
Dice el compañero: “Es posible
pensar que, finalmente, la resolución de la candidatura presidencial del FpV
fue un ejercicio de peronismo puro y duro. O sea, el producto de una decisión
de la cima del poder, irreprochable y coherente desde el punto de vista de la
militancia más rigurosa, verbigracia esas decenas, quizá cientos de miles de
“soldados peronistas”, como se los llamaba hace años.
La decisión de la Presidenta
de consagrar como fórmula electoral a Daniel Scioli-Carlos Zannini para
sucederla es congruente con los intereses del poder y con su estilo de
conducción: firme, más bien secreto, indiscutible y en lo posible sorprendente
por inesperado. Todo lo cual se cumplió ahora a la perfección.
Y produjo por lo menos tres impactos evidentes:
Uno es el cacareo de los
medios concentrados, que una vez más quedaron dando pasos a contramano y
entonces se lanzaron a fabular, gritar y fogonear el resentimiento de sus
fieles lectores y televidentes. Obviamente los buitres del periodismo porteño
celebraron la digna decisión de Florencio Randazzo, aunque no por empatía sino
por oportunismo. Es la basura que comen y deponen, y Randazzo no tiene nada que
ver con eso. Fue sólo una excusa aprovechada por el caranchaje.
El segundo es el
alineamiento peronista “pata al suelo”, como se decía hace cuatro décadas. Es
decir: la militancia procede a la aceptación de lo decidido “arriba” sin
cuestionamientos ni críticas ni ideas propias. La decisión la toma el conductor
y las bases obedecen y actúan en consecuencia. Y si alguno se atreve a
cuestionar, es mal visto. Guste o no, cuando se es peronista la lealtad a la
conducción es un dogma. Lo sé y lo acepté hasta que fui uno de los firmantes
del documento de renuncia al PJ en 1985, cuando con una treintena de militantes
e intelectuales decidimos abandonar ese sello entre otras cosas porque no
veíamos posibilidades ciertas de renovación ni espacios para el pensamiento
crítico. Respetando rigurosamente el derrotero personal y político de cada
uno/a de aquellos compañeros, en mi caso, y no sin dolor, me refugié en la
literatura y el periodismo.
El tercero es la fenomenal discusión que desencadenó la
no aceptación por parte de Randazzo de ir como candidato a la gobernación
bonaerense.
Esta nota prefiere seguir de
largo frente a los dos primeros impactos y opta por detenerse en el tercero,
sobre todo por la obvia paradoja que plantea: las PASO son un excelente
instrumento democrático que figura entre los muchos méritos del kirchnerismo,
pero que el kirchnerismo no utiliza. Lo que es una pena, y sobre todo porque es
innegable que gran parte de la militancia y del electorado general que acompaña
al gobierno K se sentía más interpretado y mejor representado por Randazzo que
por Scioli.
Otro punto que muchos
piensan que debió tenerse en cuenta es que no es seguro –no puede serlo– que la
presencia en la fórmula de un kirchnerista de libro como Carlos Zannini
garantice mucho más que eso –su presencia– sobre todo en un sistema fuertemente
presidencialista como el que define nuestra Constitución nacional.”
La opinión trasunta una
desconsideración que veo injusta.
No comparto que la aceptación
de la resolución de Cristina en la coyuntura electoral sea irreflexiva. Muy por el contrario, analizada,
responde a una lógica que previene de negativas consecuencias que el resultado
de las PASO significaría (cuestión que no debe resultar ajena al análisis) como
corolario de una campaña con un tenor (ya anticipado por Randazzo en el discurso
con el que se paró para ese proceso). Los que nos ponemos el zayo de peronistas
“pata al suelo” o “soldados” podemos debatir esto y dar cuenta de por qué,
cuando pensábamos que votar a Randazzo en las PASO tenía un sentido, lo fue
perdiendo a la luz de un tablero en el que incidían otras cuestiones (y a las
que las reacciones finales no hacen más que confirmar como riesgosas).
El esquema blanco negro que se
plantea en el artículo no permite abarcar la realidad compleja en la que
resolución de la candidatura a presidente y vice se adoptó, ni los objetivos
que la podrían haber fundado. Es exagerado poner en un extremo de la tensión al
precandidato desplazado y que ello sintetice una disputa que hubiere alumbrado
una claridad ideológico-política definitiva.
La política no admite semejantes juicios definitivos, por el contrario
es el espacio de la opinión modulada, adpatada y adaptable.
Ahora, las razones propias para
entender lo que pasó y acompañarlo tienen que ver con un algo que no aparece en
su justa dimensión en el artículo del compañero: hay que ganar la elección
presidencial.
Hoy el candidato ideal (el
proyecto) encarna en una singularidad que genera inquietud. A esa inquietud la
resolución dada lo ancla en el protagonismo de otros actores que, en principio,
son portadores del sello de agua del kirchnerismo sin dobleces ni historia
anterior que los condene, y en nosostros, en tanto estemos dispuestos a
mantener el compromiso militante en este colectivo que tiene este presente y un
destino trazado.
El compañero se sitúa junto a
otros muchos “simples ciudadanos”. Con
ellos los militantes compartimos el mismo sueño.
El sueño que transitamos como
realidad se enfrenta a sus horas más difíciles. Continuidad y profundización vs
cambio y abandono. A la inclinación al aislamiento propia del compañero
intelectual (del que no renegamos y al que reivindicamos como conciencia
crítica) hay que inyectarle la tensión del aquí y ahora tal como está
planteado.
Todo voto es esperanza. Para
los militantes también. Veremos después si los ungidos están a la altura.
Nosotros asumimos de antemano que sostener lo hecho y hacer más seguirá siendo
motivo de conflicto, y que eso nos exige compromiso y militancia.
A aquellos que se sienten
comprendidos en el pensamiento del compañero me atrevo a decirles que si no les
alcanzan las razones que son buenas para mí, al repensar el voto no pierdan
de vista lo que está enfrente.