LA FRASE

"POR AHORA NO ESTAMOS PIDIENDO AUTORIZACIÓN PARA QUE LA POLICÍA PUEDA USAR LA PICANA Y EL SUBMARINO, ANTES VAMOS A VER COMO FUNCIONAN LAS REFORMAS QUE PLANTEAMOS." (PABLO COCOCCIONI)
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lunes, 26 de febrero de 2018

UNIDAD: MÁS QUE CON QUIÉN, DISCUTAMOS PARA QUÉ (2º PARTE)


Cumpliendo con lo prometido acá, seguimos analizando el proceso de la unidad opositora desde la óptica del "para que" construirla; sugiriendo algunos ejes concretos para la discusión (no se ponga ansioso, compañero Abel, a veces hay que crear un poco de suspenso también).

A solo título de ayuda memoria, y sin pretender agotar la lista, nos parece imprescindible que el conjunto de la oposición mayoritaria (es decir, el peronismo y quienes fueron sus aliados en la experiencia kirchnerista) debatan que hacer con algunos problemas estructurales que tiene el país, la mayoría de ellos agravados por las políticas de Macri, y con los que deberá lidiar si le tocara ser gobierno; porque al fin y al cabo como bien apunta Abel, para eso es que se busca la unidad: para ganar las elecciones y ser gobierno.

Si se repasa la lista (reiteramos: parcial y provisoria) se advertirá que no casualmente permite decantar un proceso de unidad que, sin dejar de ser amplio e inclusivo, no pierda coherencia al punto de transformarse en un simple rejunte o amontonamiento; e incluso sin decirlo explícitamente, significará hacer un balance del ciclo kirchnerista con sus pros y sus contras, sus realizaciones concretas y sus tareas pendientes. Veamos:

* Que hacer con la deuda externa, que a la velocidad con la que el gobierno la está tomando se volvió a convertir en un condicionante estructural del desarrollo económico y del funcionamiento del Estado: ¿reestructuración de vencimientos, con quita como en los canjes del 2005 y 2010, investigación de las posibles condiciones fraudulentas de parte del endeudamiento?

* Como encarar el problema estructural de la restricción externa, agravado por todas las decisiones tomadas por el gobierno de “Cambiemos”: reimplantar los controles al movimiento del flujo de capitales especulativos, imponer o no restricciones al uso de las divisas con fines no productivos (ahorro, turismo) y con que mecanismos, eliminar las ventajas otorgadas a los exportadores para no liquidarlas en el país, que hacer con las retenciones y como utilizar el tipo de cambio para promover un desarrollo productivo diversificado, con base industrial.

* Discutir el siempre pendiente tema de un modelo industrial “posible” y autónomo, y -vinculado a lo anterior- que hacer con los sectores que demandan un flujo creciente de divisas que el país no tiene, como la industria automotriz o la electrónica.

* Reformular los esquemas normativos de la radicación de inversiones extranjeras y sus derivados (como los “contratos de participación pública privada”), fijando prioridades estratégicas, criterios para la repatriación de utilidades, zonas promovidas o excluidas; y en ese marco, como juega el propio Estado complementando al capital extranjero o supliéndolo, en ciertas franjas del desarrollo.

* Replantear el grado de apertura de la economía, restringiendo el vendaval de importaciones y tomando una clara postura en contra del acuerdo de libre comercio entre el MERCOSUR y la Unión Europea, u otros similares en gestación.

* Discutir el sistema financiero, su marco regulatorio que data de Martínez de Hoz y la dictadura, el rol del Banco Central (su presidente actual tiene mandato hasta el 2022) y su vinculación con las políticas económicas del gobierno; y el acceso al crédito para la producción y la vivienda: ¿qué hacer con la bomba de tiempo de los préstamos UVA, volver o no a una línea de crédito subsidiado a la producción y bajo qué condiciones?

* Definir un modelo de política energética en el contexto de un modelo de desarrollo, y que rol jugarán en ese aspecto YPF y los capitales extranjeros; como romper la trampa de la redolarización de las tarifas de los servicios públicos.

* Como revertir el deterioro producido por el macrismo en el sistema previsional y la ANSES, discutiendo su financiación sustentable sobre la base de sostenerlo con su actual tasa de cobertura (y como ampliarla en su caso) y su carácter público, solidario y de reparto.

* Como atacar la inflación, precisando sus causas para ver si hay al respecto un diagnóstico común; y en todo caso que hacer con la concentración económica y los procesos de formación de los precios.

* Sostener una política clara de ingresos de los sectores populares: recuperar la anterior movilidad jubilatoria y su financiación, defender las paritarias, reactivar el Consejo del Salario (aprovechando ambas instancias para discutir condiciones de trabajo sin el fantasma de la flexibilización), recuperar la paritaria nacional docente como fue concebida en la ley de financiamiento educativo.

* Discutir un modelo integral de salud en el que se determine la amplitud de la cobertura, la financiación y la contribución de todos los actores del sistema (el Estado, las prepagas, las obras sociales sindicales), sus responsabilidades y el rol regulador y director del Estado.

* Revertir los deterioros que está produciendo el macrismo en el apoyo a la investigación científica y técnica, y sus derivaciones que apuestan a generar un desarrollo nacional autónomo, como el plan satelital. 

* Poner un freno contundente al autoritarismo político terminando con el bochorno de la existencia de presos políticos (sin importar quienes sean), y no dejar ningún resquicio de duda respecto a que no se avalan ni el gatillo fácil ni las políticas de seguridad manoduristas con avasallamiento de garantías constitucionales, ni el involucramiento de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad interior. Encarara a fondo y en serio una reforma democratizadora de las fuerzas de seguridad, federales y provinciales.

* Sostener y profundizar las políticas de memoria, verdad y justicia, para frenar retrocesos como las masivas prisiones domiciliarias a los genocidas o la intentona de beneficiarlos con el 2 x 1. Impulsar el juzgamiento de los responsables civiles.

* Definir una clara política exterior independiente, guiada exclusivamente por la defensa del interés nacional, recuperando el protagonismo en los organismos de integración regional (UNASUR, CELAC) y abandonar el seguidismo de la política exterior de los Estados Unidos.

* Resolver como encarar la futura gobernabilidad frente a los enclaves del poder no electoral: la runfla judicial de Comodo Py, el mega concentrado Grupo Clarín, los nucleados en la AEA.

¿Qué profundizar la discusión de estas cuestiones terminará alejando a algunos posibles convergentes a la “unidad”?

Es muy posible, pero mejor ahora que nunca, de lo contrario lo que habrá bajo el rótulo de “unidad” será un amontonamiento confuso de lo heterogéneo (lo diverso o los matices son otra cosa), que más tarde que temprano terminará estallando; y si fuera estando en el gobierno, causando un daño mayor.

A menos que -replicando la experiencia de la Alianza, que se propuso hacer menemismo con prolijidad- se quiera construir la unidad de un “peronismo tolerable” que brinde garantía de que no se meterá con ciertas cosas, y que lo único que se propone es reemplazar a “Cambiemos” en la titularidad formal de la conducción del Estado.

domingo, 25 de febrero de 2018

UNIDAD: MÁS QUE CON QUIÉN, DISCUTAMOS PARA QUÉ (1º PARTE)



A esta altura del partido ya casi nadie discute que la fragmentación de la oposición es uno de los principales activos con que cuenta el gobierno de Macri para seguir imponiendo sus políticas, y ejercer el control de la agenda hasta donde se lo permite la realidad.

De esa constatación se sigue que se multipliquen los gestos por superar esa fragmentación avanzando en una idea de unidad opositora, en especial al interior del peronismo: desde el encuentro en la UMET días pasados hasta las recorridas y reuniones del “Coqui” Capitanich o Alberto Rodríguez Saá, pasando por los propios prolegómenos de la marcha del miércoles pasado, en éste caso dentro del sindicalismo no dialoguista con el gobierno.

Se habla mucha de la unidad, de su necesidad y de sus límites: con quien sí y con quien no. Se habla -obviamente- del “para que” de unirse: generar una alternativa electoral competitiva que en el 2019 pueda enfrentar a “Cambiemos”, con posibilidades de éxito. Los resultados de las elecciones de octubre pasado “ayudaron” a acelerar la discusión al respecto.

De lo que no se habla mucho es del contenido concreto de esa unidad, en términos de propuesta política, porque al fin y al cabo aun zanjando la discusión previsible sobre alianzas y candidaturas, la oposición tendrá que ofrecerle a los votantes un programa que exprese su visión sobre como resolver los problemas del país.

Y más allá del impacto de la derrota electoral del 2015 y los resultados de octubre pasado, lo cierto es que el espectro opositor -en especial el peronismo, como fuerza mayoritaria del mismo- está atravesando de muy diferentes formas la experiencia macrista: en enero del 2016 (al escaso mes de haber asumido Macri) escribíamos en ésta entrada ciertos disparadores de la discusión que se abría; y que entendemos que siguen teniendo plena vigencia.

Decíamos entonces: "Por estas horas en el peronismo muchos reclaman unidad, y se apela desde distintos sectores “no desangrarnos en disputas internas”: ¿un consejo prudente o un modo cómodo de evitar el debate interno y la autocrítica, mientras no se explica en que consiste tal “unidad”? Porque la cuestión es unidad para qué: ¿para bancar el ajuste criminal de Macri, y garantizarle “gobernabilidad”?

¿Para levantarle la mano en el Congreso al nuevo “Estatuto Legal del Coloniaje” que representan el Megacanje y la derogación de las leyes cerrojo para pagarles a los buitres todo lo que reclaman, y cash? ¿Para eso se hizo el esfuerzo de la campaña “puerta a puerta” en todo el país advirtiendo lo que se venía, para que cuando llegue -y sea mucho peor que lo anunciado- lo acompañemos?

Pensar que más de uno se da el lujo de criticar a la gente que (enfurecida, desorientada, buscando referencias y canalizar la bronca) se congrega a protestar en las plazas. El problema no es la gente que se congrega en las plazas, sino los dirigentes que no se asoman nunca por ellas, como si la pelea que se da desee allí les resultara ajena.

¿Creen que podrán sobrevivir al calor de la “pax macrista”, que además de “pax” no tiene nada?: se construye con telegramas de despido, tarifazos, represión a la protesta social y criminalización de la oposición política. ¿Cuánto creen algunos dirigentes del PJ que -no obstante su “prolijidad” y “buena conducta”- puede tardar en llegarles a ellos mismos la guadaña, si dejan de convenir a los propósitos del nuevo orden político que se está instalando en el país?

No hay ni puede haber otra unidad (del peronismo, del conjunto de la fuerzas populares, hayan o no confluido antes en la sigla del FPV) que para resistir el ajuste que está descargando impiadosamente el macrismo. Resistir, sí, aunque a alguno el nombre le parezca grandilocuente, o irrespetuoso con la historia, por aquello de la Resistencia Peronista.

El modo en el que el bloque de poder que gobierna la Argentina (a través del títere que colocaron en la Rosada, legitimado por el voto popular) está desplegando su proyecto no admite dudas, ni medias tintas; porque ellos no las tienen: avanzan decididamente a reconfigurar la Argentina del mejor modo para sus propios intereses, que no son los nuestros.

Frente a eso, no se trata sólo de ser “oposición” sino de articular los esfuerzos políticos y sociales necesarios para evitar -dentro del marco de la democracia y sus instituciones- que los daños que ya están causando el macrismo y sus políticas en el tejido social y productivo, sean irreparables. Porque por si alguno no lo recuerda, para eso votamos el 48,66 %, más de 12 millones de personas: para que no pasara lo que está sucediendo en el país.

Si el peronismo -en tanto fuerza principal del FPV, e identidad política histórica de la clase trabajadora argentina, agredida principal de las políticas de Macri- va a jugar a eso, más le vale no hacer las internas, y dejar que la cancelen la personería electoral.

Porque cuando todo explote (y no hace falta ser pitoniso para adivinar que explotará, tarde o temprano) la gente va a querer encontrar alternativas en el cuarto oscuro, en lugar de tener que volver a meter en el sobre (si es que para entonces no impera ya la “boleta electrónica”) una feta de salame."

Asusta ver que no solo el panorama no ha cambiado desde entonces, sino que ha empeorado; agudizando la necesidad de una discusión profunda para establecer de que hablamos cuando hablamos de unidad, y por sobre todas las cosas, para que la queremos.

En una segunda entrada -que prometemos será en breve- sugeriremos algunos aspectos concretos de esa discusión, que nos parecen relevantes.  

miércoles, 6 de diciembre de 2017

NO NOS ECHEMOS LA SUERTE ENTRE GITANOS


Conforme se acercaba la jura de los nuevos legisladores electos en las dos Cámaras del Congreso, empezó el desfile de notas en los medios sobre las posibles divisiones, alineamientos, reacomodamientos, interbloques y similares; algo que es parte del folklore legislativo, más en un sistema político profundamente fragmentado como el nuestro, y muchas veces con propósitos bastante prosaicos: tener un bloque propio posibilita estar en mejores para acceder a becas, subsidios, contratos, lugares en las comisiones y cosas por el estilo. Hasta allí, nada demasiado novedoso, ni para horrorizarse.

Sin embargo en las actuales circunstancias de dispersión opositora y firme avance del gobierno con su agenda, todos los focos están puesto hacia el interior del peronismo, en sus diferentes versiones: leemos por ejemplo acá en Infobae que los gobernadores (o algunos de ellos) piensan armar un bloque en Diputados en espejo con el que comanda Pichetto en el Senado, en el que revistaría “Sanguchito” Bossio, en lo que sería -nos cuentan- “una apuesta a futuro”. No hay remate.

La misma nota da cuenta de que los diputados del Movimiento Evita “...no quieren quedar pegados a las órdenes de la ex presidente Cristina Kirchner, que tendrá en el santafesino Agustín Rossi -nuevo presidente del bloque Frente para la Victoria-PJ- al hombre de confianza en la Cámara baja. Tampoco pretenden quedar atrapados en el esquema donde los gobernadores marcarán el camino a seguir. El objetivo será coordinar un pequeño armado de centroizquierda con desencantados del kirchnerismo y espacios políticos como Libres del Sur.”. Tampoco hay remate en este caso.

Además de lo reseñado, tenemos al massismo sin Massa (que ya no estará en la Cámara, a la que iba más bien poco) en descomposición; porque ya se le desprendieron sus aliados del “cordobesismo” de De La Sota y Schiaretti, para evitar cualquier duda al respecto, y acompañar las reformas propuestas por el gobierno, algunas pactadas con los gobernadores.

Al bloque de la “liga de gobernadores” (otra criatura mitológica del universo peronista, a la que en el fondo nadie le tiene miedo ni toma en serio, comenzando por Macri y su gobierno) se sumaría el único diputado que logró colar Randazzo; que en su carrera política oscila entre los pucheritos por internas negadas, y los largos silencios sobre graves asuntos públicos, que no serían tan graves como para requerir de su atención, al parecer. Fase ésta que estaría transitando ahora, luego de breves declaraciones fustigando la reforma previsional aprobada por el Senado, que sus dos senadores (Teresita Luna y Abal Medina), aprobaron en un caso, y se abstuvieron en el otro. Un conductor del carajo, digamos.

En éste complejo mecano peronista hay lugar hasta para “monobloques” unipersonales como el de Alejandra rodenas, elegida acá en Santa Fe en una lista común con el “Chivo” Rossi que le ganó la interna, pero ya se sabe: sus resultados solo nos obligan a los kirchneristas, y cuando perdemos. La decisión de hacer ranchada aparte viene hasta acá explicada por el senador Traferri, porque parece que Rodenas no sabe hablar por ella misma, o no la dejan. Como sea, una anécdota que acaso culmine en que dentro de dos años llamen a votar al socialismo, o algo por el estilo; el tiempo dirá.

Todos los “desgajados” del tronco común peronista (si es que tal cosa sigue existiendo aun, y no ha ingresado también en los terrenos de la mitología) tienen algo en común: no quieren saber nada con nosotros, ni aceptar la conducción de Cristina ni la del “Chivo” en Diputados. 

Más allá de obvias diferencias ideológicas (de lo que se habla poco, porque no es de buen tono) en muchos casos, hay también una cobarde convalidación de la criminalización que ha hecho de nosotros el gobierno, a fuerza de carpetazos judiciales. Toman distancia de la mancha venenosa, se ponen a cubierto de que no los alcance el mani pulite y después le buscan la vuelta (más o menos de izquierda, centro o derecha) para justificarlo. Digamos todo.

Dicho eso, no discutamos “por qué se fueron” o ya no están con nosotros, ni por qué no quisieron ni quieren estar: más aun, concedámosles que tienen razón si eso los complace (al fin y al cabo, nosotros somos los únicos a los que se les reclama autocrítica); porque además todos tienen defectos o han cometido errores, y nosotros montones: de construcción política, de estrategias electorales, de gestión de gobierno, de conducción.

La cuestión es que hasta acá los que rompen con el kirchnerismo y se van (si estaban) o nos ponen bolilla negra, es para peor: no crecen, no desarrollan propuestas mas piolas que las nuestras o superadoras, no aportan a la construcción de alternativas opositoras. 

Repasen si quieren las “fracturas” del massismo, el Movimiento Evita y su saga randazzista (con escala en el Ministerio de Desarrollo Social del macrismo, para conseguir la "emergencia social" de la que ya nadie se acuerda) y hasta las más lejanas como la de las Liebres del Sur; que se fueron del kirchnerismo justo cuando echábamos a Jaime del gobierno (¿acaso disconformes con eso?) y lanzábamos la ley de medios o la AUH, para terminar aliándose con Carrió, Aguad, Pino Solanas, Binner, Stolbizer o Prat Gay; o con todos ellos juntos, que es peor.

Ni hablemos del “peronismo paladar negro” presunto portador de los genes originales del movimiento creado por Perón: así como en los gobiernos de Cristina cada ruptura fue el prefacio a una nueva agachada (con el campo, con Clarín en la disputa por la ley de medios), desde diciembre del 2015 para acá es para bancar cosas del gobierno, una y otra vez, y sobran los ejemplos: el blanqueo de capitales, el saqueo del fondo de la ANSES, el acuerdo con los buitres, los contratos de “participación pública privada”, la reforma a la ley del mercado de capitales y más cerca en el tiempo, el pacto fiscal y la poda en las jubilaciones. ¿Entrará la reforma laboral también en el inventario?

Sin perjuicio de eso, los culpables de todo, los obligados al cilicio y los pasos al costado “porque ya cumplieron su ciclo” somos nosotros: culpables de la división y dispersión opositora porque somos sectarios (aunque no le pusimos bolilla negra a nadie, pero todos nos la asignan a nosotros), del “bajo techo del peronismo” (cuyos demás candidatos que cuestionan a Cristina no mueven el amperímetro), de la falta de nuevos liderazgos alternativos “porque Cristina los tapona”, y coso. Sobre todo coso. 

La “pesada herencia” por otros medios. Falta que nos culpen a nosotros de como terminan votando en el Congreso, generalmente a favor del gobierno.

Nosotros por el contrario y por lo menos desde acá, no vamos a hacer cuestión de cómo se forman los bloques en el Congreso, ni quien los conduce, ni como se llaman, sino exclusivamente de cómo votan: si lo hacen en contra de lo que propone Macri (que generalmente es en perjuicio de los sectores populares, los más débiles y en consecuencia, los más necesitados de la política y de los que se autoproclaman peronistas), bienvenidos. No importa en que bloque estén, ni como se llamen, ni quien los conduzca, ni con que fundamentos lo justifiquen.

Pero por contrapartida si votan a favor, les pedimos por favor que ni se gasten en explicarlo, y menos en pelar el peronómetro, porque se lo pueden colar por donde ya saben: por donde se pasaron en el Senado la ley de movilidad previsional sancionada por el gobierno de Cristina para votar una fórmula de ajuste que les podará nueve puntos de sus salarios a los jubilados y pensionados, y a los beneficiarios de la AUH. 

Si nos dicen en que parte de las 20 verdades se puede fundamentar eso, se agradecerá. Mientras tanto y como diría Perón, no nos vamos a andar echando la suerte entre gitanos.

lunes, 22 de mayo de 2017

¿EN EL PERONISMO TODOS QUIEREN GANARLE A MACRI?


Contra lo que suele nuestra costumbre habitual de no incursionar en otros distritos, nos metemos en la elección bonaerense porque es la única que en el panorama actual tiene la virtualidad de convertirse en un ensayo de elección nacional, por su volumen electoral y por los protagonistas que jugarán directa o indirectamente allí (Macri, Vidal, Scioli, CFK, Massa,).

Y en el caso del peronismo, porque queda claro que los tironeos previos al cierre de listas y la delimitación del espacio (con lo que quede adentro y afuera) son también un ensayo general de las internas de cara al 2019; tanto que pareciera que algunos ven las elecciones de ésta año más como una disputa por el liderazgo interno de cara al futuro, que como una posibilidad concreta de ponerle freno electoral al programa de Macri.

A esta altura de los acontecimientos queda más que claro que en la discusión en torno a la candidatura (aun no anunciada por ella misma, como debe ser) de Cristina pareciera que hay muchos dirigentes del peronismo que prefieren perder con Macri éste año (no pocos de los mismos que acusaban de eso a CFK en el 2015), antes de que la que gane sea ella, y reclame conducir el espacio de cara al próximo turno presidencial.

Hasta donde se sabe y en público (porque si vamos a comprar operaciones armadas a través de los medios sería cuestión de nunca acabar) Cristina no le puso bolilla negra a nadie, y por el contrario cada vez que pudo llamó a la más amplia unidad para enfrentar a “Cambiemos”.

Sin embargo el gesto no tuvo reciprocidad: abundan los que quieren jubilarla, sea que lo digan de frente manteca (como Urtubey, Bossio, o Pichetto), sea que propongan “sacarla para protegerla” y que no juegue en ésta (el Chino Navarro), o que hablen de la necesidad de una “renovación” que todavía no se sabe muy bien en que consiste (Abal Medina, Randazzo), pero que se intuye que consiste esencialmente en correrla a Cristina. Con sus mas y sus menos, todas versiones remixadas del “hay que estar contra Perón, para salvar a Perón y el peronismo” de Vandor; pero adaptado al kirchnerismo.

Subyace en todos esos planteos el reciclado de una idea que se reveló errónea ya en el 2015, cuando se decía que “los votos son del espacio”, restándole importancia a la encarnación concreta de las propuestas políticas en las candidaturas elegidas, con los resultados conocidos; y sin que esto se entienda como un intento de explicación mono-causal de la derrota: nada más lejos de nuestra opinión.

Una derrota tras la cual muchos en el peronismo (incluyendo al sindicalismo nucleado en la CGT) empezaron a moverse en base a una certeza: como consecuencia del resultado el kirchnerismo implosionaría, y CFK pasaría al recuerdo, agobiada por la persecución judicial que la obligaba a recorrer juzgados en infinidad de causas.

Basta sondear un poco la base electoral del FPV/PJ para advertir que ese supuesto se reveló falso, y por eso han fracasado hasta acá los intentos de construir el “post kirchnerismo”; sean los ensayados por los que quieren dar por clausurado el ciclo K como una “anomalía” que no debe volver a repetirse para retornar a un “peronismo racional” que aporte a la gobernabilidad (Pichetto, la mayoría del bloque del Senado y los gobernadores, la CGT), sea que se le baje el precio a la valoración de la experiencia kirchnerista; caracterizándola como un proceso insuficiente que se quedó a mitad de camino por no encarar reformas estructurales más profundas (el “segundo tomo” de Taiana y el Movimiento Evita).

Con los hechos a la vista queda claro que -sin juzgar moralmente las intenciones de nadie, que no es eso territorio del análisis político- se tomaron decisiones estrictamente pragmáticas sobre la base de un supuesto que se revelaría falso, y luego se las intentó justificar teóricamente, con argumentos más o menos ingeniosos; como el de la “funcionalidad” de la candidatura de Cristina a los planes del macrismo.

Como si con otros candidatos el gobierno (que no tiene resultados de gestión para exhibir) no va a intentar desarrollar una campaña electoral cruzada por clivajes políticos y no económicos, o como si llevando de candidatos a ex jefes de gabinete, ministros o legisladores prominentes del kirchnerismo (Alberto Fernández, Randazzo, Julián Domínguez) el aparato duranbarbista va a desperdiciar la oportunidad de discutir el pasado, en lugar de hablar del presente. El razonamiento es lindero con el pensamiento mágico.

Mientras Macri avanzaba a paso decidido destrozando el país y la “pesada herencia recibida” con sus políticas, y Cristina era acosada por el grupo de tareas de Comodoro Py, unos aportaban desde el Congreso y las gobernaciones provinciales a la consolidación de políticas imprescindibles para que causara esos destrozos (arreglo con los fondos buitres, blanqueo de capitales, endeudamiento, levantamiento del “cepo”, desguace del fondo de ANSES, “participación pública-privada”, integración de la Corte, designación de Sturzenegger en el Banco Central); y otros se ofrecían para gerenciar la pobreza y el inevitable costo social del modelo (la CGT, el Evita), negociando con el gobierno roles, espacios y recursos para eso.

Mientras otros (como Randazzo) preferían mantenerse al margen de todo y en silencio, sea por miedo a los carpetazos (que sufrió hasta un incombustible como Scioli, apenas ensayó críticas al gobierno), sea por la especulación de que fuera Cristina y los que salieron a enfrentar al gobierno desde el principio los que absorbieran las descargas más fulminantes, las que lanzaba un gobierno recién asumido y aun no desgastado por los fracasos de gestión. 

Otra vez: sin reproches “morales”, sino con necesarios señalamientos políticos para entender el contexto en el que se dieron las cosas, y para que nadie se sorprenda si se constata que Cristina conserva vigencia y potencia electoral en la base social del peronismo.

La necesidad de una autocrítica (de la gestión de gobierno y de la conducción de la campaña electoral presidencial), la discusión sobre una mayor horizontalidad o verticalismo en la toma de decisiones (empezando sobre todo por las candidaturas), el nuevo mapa de poder del peronismo (forzosa y necesariamente distinto al de los años kirchneristas) son cuestiones ciertas que deben abordarse. Pero nada de eso quita que no se puede pasar directo al postre, sin haber comido el plato principal: articular cuanto antes posible una estrategia política capaz de frenar a Macri en las elecciones de éste año; para evitar que profundice el destrozo social, económico y político que está ejecutando.

Y para lograr ese objetivo (primordial, en tanto más cercano y condición de posibilidad de todos los demás) es menester armar una oferta electoral competitiva, lo cual incluye por cierto que todos (recalcamos: todos) asuman que hay figuras y dirigentes que son piantavotos, más allá de la simpatía que puedan despertarle a cada uno. 

En ese trace y dando por sentado que todas las ambiciones personales son legítimas (en tanto sumen al conjunto, y no se conviertan en una hoguera de vanidades, como bien precisó Máximo Kirchner), no deja de ser positivo que Randazzo juegue por adentro, y le succione dirigentes al massismo. Habrá que ver si además logra succionarle votos, y recordar que si se pide competir en las PASO, hay que aceptar los resultados y ponerle el cuerpo a la campaña del espacio en el que se participa hasta el final, aunque uno no gane.

Sin embargo, más relevante aun para el análisis es la cuestión de que ese armado competitivo no puede excluir a Cristina (como candidata si así lo decide y nos parece a nosotros que es imprescindible, o apoyando a los candidatos, o protagonizando la campaña), por la simple y sencilla razón de que es -por lejos- la dirigente con mayor volumen electoral de la oposición en su conjunto: excediendo ya largamente al peronismo o al dispositivo político que gobernó hasta diciembre del 2015: la vigencia de Cristina es signo no solo de la falta de liderazgos alternativos en el PJ, sino del ocaso progresivo e indisimulable de la ancha avenida del medio de Massa.

Y lo es tanto por contraste de su gestión de gobierno (con todos sus aciertos y errores puestos en la balanza) con la actual, como porque no se la puede asociar con condescendencia o apoyo a ninguna de las medidas que tomó el gobierno de Macri desde que asumió, con efectos desastrosos para el empleo, la producción, los derechos, el salario y el consumo de los argentinos.

El “después” (el 2019, el liderazgo futuro del peronismo, las candidaturas presidenciales para entonces) están hoy por hoy tan lejos en el nivel de urgencias como está cualquiera de los que quiere condicionar o jubilar a Cristina de su estatura política, su volumen electoral y su ascendiente sobre la base electoral del FPV/PJ. De Cristina, enfatizamos: nadie está planteando acá que compren el kirchnerismo completo por bulto cerrado.

El sueño de algunos que vivieron toda su vida colgados de las listas del FPV para llegar adonde llegaron de ganarle a Macri sin Cristina para luego dar vuelta la página del kirchnerismo y de CFK apoyados en “votos propios”, puede volvérseles rápidamente una pesadilla cuando comprueben que muchas veces en política -como decía Calderón de La Barca- los sueños, sueños son. Así como es razonable tomar prevenciones de antemano con ciertos “piantavotos” no hay margen para experimentos que terminen confirmando las sospechas de que se nos escaparon otros; y solo los descubrimos (o confirmamos las sospechas previas) al abrirse las urnas

Cuanto más rápido metabolice estas cuestiones buena parte de la dirigencia del peronismo que parece no estar dispuesta a hacerlo, mejores serán las chances de construir una alternativa opositora eficaz. Eso si realmente quieren ganar, o a menos que no quieran y busquen su lugar al sol de una larga pax macrista, como pasa acá en Santa Fe con buena parte del peronismo provincial en relación al socialismo, desde el 2007.

martes, 16 de mayo de 2017

TACHE LO QUE NO CORRESPONDA, AGREGUE LO QUE HAGA FALTA



No haber puesto a todos los jueces y camaristas  federales en comisión, tras rajar a los de la mayoría automática menemista en la Corte. Haber puesto a Lorenzetti y Highton de Nolasco en la Corte.

Haber aguantado tantos años a Nisman, dándole guita y estructura y secundando sus disparates, sin que produjera ningún resultado en la investigación de la causa AMIA. El memorándum con Irán.

No haber rajado antes a Stiuso, metiendo mano en los servicios. Haberse peleado con Stiuso, metiendo mano en los servicios.

No encarar una reforma a fondo y en serio de las fuerzas de seguridad, luego de haber creado de cero una, con la PSA.

Arreglar con Clarín y darles la prórroga de las licencias y la fusión de los cables. Pelearnos con Clarín, menear el tema de los hijos de Ernestina y  Papel Prensa, y hacer aprobar la ley de medios.

No haber ido a Clarín y TN con una topadora para barrer todo. Poner demasiado tiempo toda la energía en la pelea con Clarín, distrayéndonos de otras cosas.

No haber ido a fondo contra los formadores de precios, o los que tenían posición dominante en sectores críticos de la economía. Patotearlos con Moreno. Bancarlo tanto tiempo a Moreno. Dejarlo ir del gobierno.

No haber hecho una reforma tributaria, ni haber reformado la ley de entidades financieras de la dictadura. No haber baja aun más el empleo en negro.

La “argentinización” de YPF con Eskenazy. No haber expropiado el 100 % de YPF.

El desaguisado del Indec, haber designado a Jaime y rajarlo solo a la mitad del kirchnerismo, tenerla a Débora Giorgi como ministra de Industria hasta el final. Nombrar a Ocaña en Salud, en lugar de Ginés.

Haberlo tenido a Redrado en el Banco Central, y no haberlo echado antes. El culebrón de las reservas y el autoacuartelamiento de Redrado.

Arreglar con los intendentes del conurbano después del triunfo de Cristina contra Chiche Duhalde en el 2005. Dejarlos de lado para que se fueran con Massa, o jueguen a dos puntas en el 2013.

Poner de vicepresidentes a Cobos, que nos traicionó; y a Boudou, que fue demasiado obsecuente.

Sacar la resolución 125, sin medir la reacción del campo. No haber puesto el IAPI, para controlar todo el comercio exterior.

Haber puesto el “cepo” y no haberlo levantado antes, para que la gente pudiera comprar dólares. Devaluar en el 2014 y levantar el cepo, para que compraran dólares los que jamás nos iban a votar.

No haber aumentado antes las tarifas, justo después de ganar con el 54 %; o sea haciendo lo que ahora la criticamos a Macri.

No haber modificado la ley de inversiones extranjeras, ni haber denunciado el tratado que reconoce la jurisdicción del CIADI.

Pedirles a los cacerolos que formen un partido y ganen las elecciones. Llevarlo a Insaurralde de candidato, o insistir tantas veces con  Filmus.

No permitir la interna presidencial en el 2015, dejando que Randazzo compitiera. Permitir la interna en la provincia de Buenos Aires, llevando a Aníbal de candidato, para que encima ganara.

Haberlo tenido a Massa como Jefe de Gabinete, sabiendo que reportaba a la embajada. No haber intentado contenerlo a Massa, apostando a que no rompiera en el 2013.

Llevarlo de candidato a Scioli. Limarlo a Scioli en la campaña, apostando a que ganara Macri.

Armar Unidos y Organizados. Desarmar Unidos y Organizados.

No haberle ganado de mano a Magneto poniéndole nosotros guita a Lanata, para que hiciera lo que siempre hizo, hasta que lo compraron: pegarle a Clarín. No tener nuestro propio Durán Barba.

Haberse peleado con Bergoglio. Haberse amigado con el Papa, y dejarlo que metiera cuchara en el nuevo Código Civil y Comercial.

Haber puesto a Kicillof como ministro. No haberlo puesto antes.

Rajarlo a Baseotto, sin haber derogado tras cartón el concordato con el Vaticano para el obispado castrense.

Haberle permitido un montón de negocios a Moyano durante varios años. Pelearse con Moyano y no poner sindicalistas en las listas. No haberse propuesto nunca seriamente contar con fuerza propia en el sindicalismo.

Priorizar a la Cámpora en las listas, porque son obsecuentes. Poner en las listas tipos que a la primera de cambio te traicionan como el “Cachi” Martínez, Pichetto o Bossio; o hacen ranchada aparte, como el Evita.

Ponerla a Highton de Nolasco en la Corte, para que terminara votando el "2 x 1". Ponerlo a Lorenzetti, para que terminara votándolo en contra.

Sí, ya sabemos: muchas de las proposiciones son contradictorias entre sí. Pero así de complejas suelen ser las “autocríticas”.

Tanto que nosotros ni siquiera emitimos opinión al respecto: estamos abiertos a todas las sugerencias, aunque con algunas no estemos para nada de acuerdo.

¿Estaría más o menos completa la lista, o falta algo? En tal caso, ver abajo:

(Espacio en blanco para completar por el lector)

Bueno, listo, ahora demos vuelta la página y pasemos a lo importante: como hacemos de ahora en más para frenar a Macri, y volver al gobierno.

lunes, 8 de mayo de 2017

LOS RIESGOS DE COGOBERNAR


El bochornoso fallo de la Corte Suprema de Justicia concediendo el beneficio del “2 x 1” a un condenado por delitos de lesa humanidad (construido con el voto decisivo de los dos jueces designados en el actual gobierno), pone otra vez en el tapete la estrategia de un sector del peronismo de “aportar a la gobernabilidad” de la gestión de Mauricio Macri; y que con sus votos posibilitó la nueva integración del tribunal .

Ese sector (que podría situarse en el Senado, y encarnarse en las figuras de Pichetto y Abal Medina) osciló entre la idea de una “oposición racional y responsable que no se opone a todo porque sí como loquitos” (Abal Medina dixit), hasta el extremo de sugerir al oficialismo un pacto de acuerdos amplios, en una suerte de cogobierno entre la Casa Rosada y parte del Congreso.

Pichetto ha sido justamente el máximo defensor de esa teoría, que presupone a su vez un consenso básico sobre puntos centrales del programa político y económico del oficialismo: dar por concluido el ciclo del kirchnerismo como una anomalía que debe ser dejada atrás para retornar al “peronismo racional”, “volver al mundo” (acuerdo con los fondos buitres, blanqueo de capitales, apertura a las inversiones, ciclo de endeudamiento), “normalizar” la economía (tarifazos, levantamiento del cepo).

Por eso no es casual que todas las iniciativas de Macri que apuntaban en ese sentido tuvieran el acompañamiento de éste sector en el Congreso.   

A cambio de esa donación voluntaria de gobernabilidad, no pidieron mucho hasta acá: acaso ofrecerse como gestores de alguna gestión que los gobernadores peronistas no pudieran resolver por sí solos en la Rosada, y la “emergencia social” votada a fines del año pasado, que aun hoy sigue en los papeles, sin traducirse en nada concreto.

En ese trance coincidieron con algunos que reclamaban “autocrítica” al kirchnerismo por haber perdido las elecciones (como la conducción nacional del Movimiento Evita), intentando todos mostrar que podían construir el post kirchnerismo, prescindiendo de Cristina y del núcleo duro de sus apoyos políticos.

A juzgar por los resultados, no lo estarían consiguiendo: el fallo que abre la puerta de la jaula a los genocidas (contra el cual algunos de ellos ahora reaccionan escandalizados) fue posible gracias a los dos jueces que Macri intentó colar por la ventana del decreto dentro de la Corte, pero que luego fueron ampliamente ratificados al discutirse sus pliegos en el Senado; pese a las objeciones públicas de los organismos de derechos humanos a ambos candidatos precisamente -entre otras cuestiones- por sus posturas en las temáticas de derechos humanos.

Parafraseando a otro senador de acá (que también votó los dos pliegos, el de Rosatti y el de Rosenkrantz) ni Pichetto ni Abal Medina ni -ya que estamos, agreguémoslo- Perotti ni ninguno de los que levantaron la mano pueden alegar que a ellos no les avisaron.

Porque además no es el de los nuevos ministros de la Corte el único caso en el que levantaron la mano para aprobarle pliegos a Macri, sin contar las veces en que lo hicieron para aprobar leyes nefastas; como el acuerdo con los fondos buitres, el blanqueo de capitales o la “asociación público-privada”; que posibilitaron -respectivamente- el inicio de un nuevo ciclo de endeudamiento, el saqueo progresivo del Fondo de Garantía de la ANSES y la generación de nichos de negocios para los amigos del poder, del país y del extranjero; en desmedro de la producción y el trabajo nacionales.

Lo propio hicieron con el pliego de Federico Sturzenegger para la presidencia del Banco Central, o los de Gustavo Arribas y Silvia Madjalani para la AFI; de modo que son políticamente corresponsables de las desastrosas gestiones del gobierno de “Cambiemos”, en ambos casos; irrresponsable endeudamiento cuasi fiscal con el festival de LEBAC's, política de asfixia financiera a la producción con tasas inverosímiles, bicicleta para los capitales golondrinas y montaje de una estructura descontrolada de espionaje a opositores, incluida.

Tan comprometidos están algunos (como Pichetto) con la idea del “cogobierno” que tienen fondeados los pliegos del resto del directorio de Central, para negociar lugares allí para ese sector de la oposición; una idea que -si prosperara- solo los haría más copartícipes aun del desastre que están generando Macri y su gobierno. 

sábado, 6 de mayo de 2017

VAMOS A TENER QUE VOLVER, NOMÁS

lunes, 6 de marzo de 2017

SEAMOS BUENOS ENTRE NOSOTROS, DISCUTAMOS DE POLÍTICA


Desde que Julio Blank en su columna de ayer en Clarín puso con todas las letras que Florencio Randazzo competirá contra Cristina en la interna bonaerense, se dispararon todo tipo de análisis y especulaciones: si es cierto o se trata de una operación del Grupo hacia el interior del peronismo, si eso significa que es "su" candidato (lo cual significaría que Massa tiene el boleto picado como recambio de Macri), y existe también la posibilidad de que sea una "apretada" al propio Randazzo para que se define; o una tapa de Clarín lanzada en la previa de una semana muy difícil para el gobierno para ponernos a todos a discutir de otra cosa (en cuyo caso lo estarían logrando ampliamente), en lugar del paro docente, la marcha de la CGT o el paro de mujeres. 

En todo caso si no fuera cierta la especie, es el propio Randazzo el que debe salir a desmentirlo, pero partamos de la base de que lo sea, porque además hay distintos sectores del PJ bonaerense (Julián Domínguez, el Movimiento Evita, algunos intendentes) que están agitando su candidatura; e intentemos analizar las reacciones que la noticia está generando hacia el interior del FPV.

Sería muy fácil responder emocionalmente puteándolo a Randazzo por la decisión, confrontándolo con sus propios antecedentes inmediatos: sabido es que en las elecciones del 2015 declinó ser candidato a gobernador de la provincia por la que ahora competiría, luego de que Cristina lo bajara de la PASO presidencial, y se auto-marginó de la campaña; razón por la cual muchos (entre ellos algunos que ahora lo apoyan) lo sindicaron -y muy posiblemente con razón- como uno de los responsables de la derrota.

Lo curioso del caso radica en que muchos de los que lo puteaban entonces por obstinarse en su candidatura mientras en el PJ "dirigencial" crecían los apoyos a Scioli ahora lo bancarían; y muchos de los que se enojaron con Cristina porque lo bajó de la pelea (algunos de los cuales devinieron más "randazzistas" que kirchneristas), ahora lo putean.

No vamos a ser nosotros los que descartemos despectivamente (como hacen muchos cuando dicen por ejemplo que el kirchnerismo es "una minoría intensa") la dimensión emocional en la política, y la identificación con un proyecto político o un liderazgo, desde ese lugar: sin la dimensión emocional no hubiese existido el 17 de octubre del 45' con la trascendencia histórica que tuvo (aunque la decisión de los trabajadores de jugarse por Perón fuera perfectamente racional, y consistente con sus intereses objetivos), ni la resistencia peronista, ni el "luche y vuelve". Y sin el componente emocional Evita no hubiera sido Evita, tal como pasó a la historia. 

Sucede que para que las decisiones políticas sean eficaces para el conjunto, lo emocional debe dar paso a lo racional, cuando las circunstancias lo exigen, y vamos a un ejemplo cercano: mañana la CGT despertará de su letargo para marchar con los gremios industriales en contra de la política de apertura de importaciones del gobierno de Macri, que se está llevando puestos miles de empresas y puestos de trabajo a lo largo y a lo ancho del país.

¿El triunvirato que conduce a la central obrera y los que los pusieron allí son unos impresentables? No caben dudas al respecto. ¿Y qué hay que hacer entonces mañana? Marchar junto a los trabajadores por supuesto, y sin dudarlo; porque son ellos y sus representantes los que se movilizan, para defender sus intereses. Esa es la única respuesta "racional" posible y por eso Cristina instó a darla, acompañando el reclamo; aun cuando a Schmid le moleste y lo haya hecho saber; en una respuesta "emocional" que privilegió las viejas inquinas, a la necesaria unidad de acción ante los nuevos problemas que se dan en la coyuntura.

Trasladado el ejemplo a las elecciones que se vienen, lo contrario sería detenerse indefinidamente en el análisis de lo que pasó en la elección del 2015, en la que además mientras algunos cuestionaban que no se habilitara la interna para el tramo presidencial, otros objetaban que se lo hubiera hecho para resolver la candidatura a gobernador; y hasta hubo quien -sin ponerse colorado- cuestionó las dos cosas al mismo tiempo.

Y si nos ponemos a hilar fino y repasamos los apoyos que va recolectando Randazzo al interior del PJ, veremos que muchos que sostenían hace dos años que el ex ministro debía declinar su candidatura porque "el peronismo realmente existente" (gobernadores, intendentes, la CGT) se había jugado por Scioli hoy lo levantan como candidato para que enfrente a Cristina en una interna; pese a que no caben dudas (para el que lo quiera ver) sobre quien es la candidata natural del espacio para el peronista común, de a pie, de la calle. Y en forma creciente también (encuestas mediante) para "el peronismo realmente existente", como los intendentes.

Pero para que no se enojen los amigos bonaerenses porque nos metemos en terreno ajeno (que termina siendo propio, porque en la PBA se disputará la batalla decisiva de las elecciones de éste año); vamos a hacer un breve recordatorio de lo que pasó acá en Santa Fe en dos elecciones, para que se vea que en todos lados se cuecen habas, y en nuestra casa a calderadas.

En las elecciones provinciales del 2007 hubo internas (en Santa Fe las PASO existen desde el 2004) y Agustín Rossi enfrentó al que era el candidato "del peronismo realmente existente" (Reutemann, Obeid, los intendentes, senadores provinciales), que era Rafael Bielsa. El "Chivo" perdió pero le puso el hombro a la campaña del ganador (esto reconocido en público por el propio Bielsa) como el primero de los militantes, aunque no alcanzó para evitar la derrota ante el Frente Progresista. 

En el 2011 volvieron a darse las PASO esta vez con 4 candidatos (Rossi, Bielsa, Perotti y Mercier: sí, el peronismo santafesino "realmente existente" tuvo lugar hasta para un liberal, ex ministro de la dictadura). Esta vez le tocó ganar al "Chivo", pero a la hora de la general terminó tercero, y buen parte de los votos de la interna del FPV fueron a parar a Del Sel; al que la gran mayoría de los senadores del PJ (que apoyaron en la interna a los candidatos perdedores) le hicieron campaña bajo cuerda en sus departamentos. Algo parecido a lo que -dicen- hicieron algunos intendentes del conurbano en las elecciones bonaerenses a gobernador del 2015, en perjuicio de Aníbal.

Más allá de las mezquindades políticas de corto vuelo para cuidar la quintita propia, las razones de las diferencias eran políticas en el sentido propio del término: la idea de provincia que se quería poner en juego (se vio muy claro en el conflicto del campo), y para qué se quería llegar al gobierno. Quizás el problema de fondo radique ahora entonces en que no todos estemos tan de acuerdo como parece en la necesidad de ganarle a Macri para frenarlo, o en la precisa caracterización de su gobierno. 

De lo contrario no se entiende que se objete la candidatura de Cristina porque "es funcional al macrismo", como si sobraran los candidatos para reemplazarla, con la garantía de ganarle a "Cambiemos"; cuando lo único realmente funcional a Macri es que gane las elecciones. A menos que lo que se pretenda es que Cristina haga como Perón con Frondizi, y transfiera sus votos a un "elegido" (por otros, no por ella), marginándose de la campaña. O sea "no me la banco a Cristina, pero necesito sus votos". Si esa es la intención, hay que blanquearla y listo.

Nosotros (como muchos) creemos que el liderazgo de Cristina en la base peronista es indiscutible, y si es así ¿que mejor oportunidad que una interna para demostrarlo?. Y si Randazzo fuera el candidato de Clarín ¿qué mejor que ganarle en esas condiciones, y marcarle la cancha al grupo?

Como sea, bienvenida la interna si se produce (no está de más recordar que las PASO obligatoria fueron puestas por el kirchnerismo, contra el voto de los que hoy gobiernan), porque siempre serán preferibles a que los que dicen que tienen mejores candidatos o propuestas para ganarle a Macri rompan, y vayan por afuera; sea aportando a la colectora del PRO que está armando Vidal en torno a Duhalde, o jugando con Massa. Pero eso sí: ir a la interna supone para todos el compromiso de respetar los resultados, no sea cosa que termine pasando como en los ejemplos que dimos de Santa Fe, y de la interna bonaerense a gobernador del 2015.

Y antes que nada, discutir para que se quiere ser candidato, y para que se "arma" algo: si es para oponerse a Macri y sus políticas, o para favorecerlo creando un "peronismo amigable" que facilite las cosas para él y la transición al "post kirchnerismo" de la que hablan los que denigran todo el tiempo al "populismo"; y no están solamente en las filas de "Cambiemos".

O lo que es lo mismo, definir si vamos a seguir eternamente girando en torno a los pedidos de "autocrítica" (de los otros) y el revisionismo histórico sobre las causas de la derrota en el 2015, mientras Macri y su banda se llevan puesto el país, o vamos a hacer algo al respecto. Si hay acuerdo en que lo segundo es lo más importante, lo demás es secundario, y si no hay acuerdo en eso, es bueno que se dirima como debe ser en política en democracia: con el voto de la gente, pero sin andar echándonos la suerte entre gitanos, como decía Perón.

El liderazgo del peronismo, las candidaturas del 2019 e incluso el balance crítico de la experiencia kirchnerista están tan lejos de las prioridades actuales como la tierra de la luna, porque primero está lo primero: frenar a Macri ya, antes de que siga haciendo más daño del que ya hizo.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

CUANDO UNO NO QUIERE, DOS NO PELEAN


El destino final del proyecto que impulsaba cambios en Ganancias es a esta altura anecdótico, aunque todo parece indicar que marcha rumbo a dormir el sueño de los justos, sin que Macri deba soportar siquiera el costo político de vetarlo: en éste contexto llamar a un "diálogo multisectorial" para discutirlo es posponerlo con fecha incierta, muy posiblemente hasta el final del mandato de "Cambiemos". O al menos esa es la intención manifiesta del gobierno.

El debate en sí mismo es risible por donde se lo mire, y no se lo puede tomar en serio: el argumento del desfinanciamiento del Estado llega al final de un año pródigo en jubileos impositivos para los sectores más concentrados, sin ningún beneficio en contrapartida. A su turno el campo, las mineras y las grandes empresas industriales exportadoras no solo no sumaron puestos de trabajo, sino que despidieron personal, sin que nada se los impidiera.

Por estas mismas horas el Senado que ayer cajoneó los cambios en Ganancias se apresta a aprobar la ley del "emprendedorismo" (otra chinche presidencial) que también consagra rebajas de impuestos coparticipables, sin que a ningún gobernador le preocupe que le desfonden sus cuentas. Como tampoco les preocupó demasiado ni a ellos ni a los senadores que el presidente-empresario modificara por decreto la ley del blanqueo (que también eliminó impuestos coparticipables) para que su viejo pudiera acomodar los papeles.

Hace poco días el Senado (con el voto de buena parte del bloque del FPV/PJ) aprobó el pliego de Sturzenegger, el peor presidente del Banco Central desde la recuperación democrática; que pagó intereses por LEBAC's por más de 7000 millones de dólares, y sostuvo una política de tasas de interés que no hace sino acentuar la recesión, provocando la caída de la recaudación no solo de los impuestos coparticipables, sino de los gravámenes provinciales como Ingresos Brutos, que dependen del nivel de actividad.

El proyecto de Ganancias quedó frizzado en medio de las amenazas explícitas de los empresarios de la AEA de despedir gente si prosperaba, y la apelación de Paolo Rocca (rápidamente atendida en el Congreso) a que no se peleen el gobierno y la oposición porque el país no lo resiste; lo que es lo mismo que decir que la Argentina no resiste la democracia.

Por contraste, los doberman de peluche de la CGT (que le hicieron cinco paros a Cristina por Ganancias) apenas musitaron una queja, y hoy mismo el Senado votará los cambios a la ley de ART, que ellos consensuaron con el gobierno, en perjuicio de los trabajadores. Con esa diferencia de garra para jugar el partido, no es difícil vaticinar el resultado.

Mientras tanto la actividad económica se cae a pedazos, no hay ningún indicador que dé medianamente bien, el segundo semestre pasó de largo, no se ve la luz al final del túnel ni tampoco el fondo del pozo. En ese contexto, buena parte de la oposición (en especial y con mayor responsabilidad, del peronismo) a través del bloque del PJ en el Senado dice que en Ganancias va a votar lo que digan los gobernadores, en las ART lo que diga la CGT, y en cualquier caso, lo que diga Macri; porque está muy claro que.no tiene ganas ni vocación para confrontar en serio con él, su gobierno y lo que representa. Y como dicen en el boxeo, si uno no quiere, dos no pelean.

Y eso ciñéndonos exclusivamente a los aspectos económicos y sociales, no entremos a considerar las muestras crecientes de autoritarismo político que hacen de éste gobierno el de peor calidad democrática desde que salimos de la dictadura, y por lejos. En cualquier país serio el feudo jujeño del sátrapa Morales habría sido intervenido hace meses (las razones constitucionales para hacerlo sobran), pero la cuestión es hoy improponible siquiera en el Congreso; además de que Macri ni siquiera la considera, por supuesto.

La discusión sobre Ganancias la instaló Massa, al que muchos (Pichetto el primero, pero no el único) quieren uncir el carro del peronismo, pero bastó que los corriera Macri con el fantasma de Cristina y el kirchnerismo, para que dieran muestras de no ser portadores de la plaga; y volvieran a serle funcionales. En el camino, lo dejaron a Massa y su cartita más en ridículo aun de lo que se puso solo con el texto, y la puesta en escena.

¿No les gusta Cristina? bueno, al menos nosotros podemos vivir con eso, pero generen algo alternativo; en lugar de seguir cumpliendo el triste papel de grupo soporte de un proyecto político que está haciendo mierda el país, cualquiera sea el ángulo desde el que se lo quiera mirar. 

Cabe preguntarse que dirán ahora los que piden autocrítica (a Cristina, básicamente) y celebraron efusivamente la amplitud del acuerdo opositor en Diputados, que tal parece no sirvió para nada. Y qué decir de los gobernadores peronistas, ninguneados hace días como señores feudales clientelares y fraudulentos por rechazar el voto electrónico; y hoy convocados a salvar la patria de la irresponsabilidad de la oposición que quiere que el gobierno cumpla una promesa suya de campaña, y ni tanto. 

La amenaza de Macri de no vetar la ley para hacerles pagar a ellos todo el costo político de "la desfinanciación del Estado" restringiéndoles los fondos para la obra pública es inverosímil; cuando esa obra pública es el palo mayor al cual se aferra el gobierno para no naufragar junto con la economía: si la retacea no tiene posibilidad alguna de reactivación (y aun así es dudoso que pueda lograrla, y en que medida), y sin ella marcha de frente a una derrota electoral en el 2017; y hacia el final de su ciclo.

Es como si buena parte del peronismo hubiera comprado por bulto cerrado el libreto de Durán Barba que lo supone a Macri (en términos de popularidad) como blindado a su propia torpeza, e invulnerable a las cagadas a repetición de su gobierno.

Lo cual nos pone antes dos posibilidades, no necesariamente excluyentes: o son dadores voluntarios de gobernabilidad porque suponen que sin su aporte el gobierno se cae sólo, por el propio peso de sus errores; o están de acuerdo con el rumbo y el modelo de país que expresa Macri, algo que en algunos casos (como el de Urtubey, compitiendo en obsecuencia con Marcos Peña) es bastante evidente.

En cualquier caso estamos ante una opción política suicida para el país, para la democracia y para el peronismo, aun si se la mira desde una óptica estrictamente pragmática, en términos de perspectivas electorales.

Para el país, porque contribuye a darle sustentabilidad a un modelo de exclusión política, social y económica que irá dejando el camino cada vez más víctimas, para la democracia porque obstruye la posibilidad de generar una alternativa real de recambio dentro del propio sistema, y para el peronismo porque si no rectifica el rumbo lo dejará asociado a lo peor de su historia; cuando en los tiempos del menemato tuvo la responsabilidad de que en su nombre se gestionaran políticas mellizas de las que hoy están destruyendo el país.