¿Serán concientes los que por estas horas cierran filas en defensa de Fayt que están protagonizando un papelón bochornoso, que amenaza con agigantarse a medida que pasan las horas y el "ausente" no aparece, para explicarnos a todos con su propia voz que está bien, lúcido y en condiciones de ejercer plenamente sus funciones, desalentando de ese modo cualquier especulación en contrario?
Vivimos por estas horas en torno a Fayt un verdadero sainete con ribetes de tragicomedia, cuando lo que está en discusión acá es simplemente si alguien que ejerce una función pública importante (nada menos que miembro de la Corte Suprema de Justicia) está o no en condiciones de hacerlo.
En un país en el que aun hoy se le reclama a la presidenta su título de abogada, o se tejieron todo tipo de especulaciones sobre su salud física y mental, y algunos comunicadores sociales como Nelson Castro ejercen la tele-medicina diagnosticando a distancia, mientras nos advierten con gesto adusto y severo que la salud de los funcionarios es un asunto de interés público del primer orden, parece que está mal preguntarse por la salud de un anciano de 97 años, al que no se lo ve en público desde hace tiempo; y no concurre normalmente a su despacho desde hace bastante.
De hecho, en el acuerdo de la Corte de esta semana tampoco estuvo presente (con lo cual el tribunal funciona de hecho con 3 de los 5 miembros que dispone la ley), y el "comunicado" por el cual ratificaron la re re re reelección de Lorenzetti no lleva firma alguna, acaso para evitar repetir la truchada del acuerdo por el que la aprobaron.
Ni uno sólo de todos los "indignados" con las notas de Horacio Verbitsky sobre el tema han desmentido una coma de lo que él publicó sobre Fayt, y el primero que debió hacerlo -el propio Fayt- con el simple expediente de aparecer y hablar en público (¿en éste caso no corre el "queremos preguntar"?) no lo hace; no sabemos si porque no quiere, pero todo indica o autoriza a suponer que porque no puede.
Era patético ver ayer a los medios decir "dijo Fayt" tal o cual cosa, cuando en realidad el que hablaba y decía era su "abogado", Jorge Rizzo, lo cual nos lleva a una disgresión: ¿por qué tiene un abogado el "maestro del derecho" (Carrió dixit) Fayt, si hasta lo que sabemos, no está acusado o imputado de delito alguno del que deba defenderse, y ni siquiera existe iniciado formalmente un procedimiento de juicio político en su contra?
¿Será que está ganando tiempo en hacer el sucesorio, o lo designaron curador de Fayt y no nos avisaron que se estaba tramitando su curatela?
¿O acaso será porque Fayt no puede explicar por sí mismo -y no precisamente por desconocimiento jurídico- cuál es su situación real?
Eso sin contar que a nadie parece escandalizarle el hecho de que el mismo Rizzo sea quien promovió -en representación del Colegio de Abogados porteño- la acción por la cual la Corte Suprema de Justicia (con el voto concurrente de Fayt) declaró en el 2013 la reforma al Consejo de la Magistratura impulsada por el gobierno nacional; lo que los coloca a los dos (a Fayt y a Rizzo) en el filo del prevaricato (convirtiéndose en jueces y parte); si no desde el punto de vista estricto del Código Penal, desde las más elementales normas de decoro, en estos días de "cansancio moral".
Con absoluto desprecio por la realidad y la inteligencia de sus lectores, decía Clarín ayer que el gobierno buscaba provocar una vacante en la Corte, cuando ya existe una desde hace meses por la renuncia de Zaffaroni, y la oposición se ha juramentado en público a no cubrirla, sea cual sea el postulante que el gobierno proponga para integrar el tribunal.
¿Tan categórico juramento no valdría acaso si lo que estuviese en discusión fuese la vacante de Fayt?
Hoy ambos hermanitos de Papel Prensa repiten a coro en sus tapas que el gobierno "embiste" para lograr que Fayt deje la Corte, a la cual no pisa hace rato; sin que nadie haya desmentido tampoco las versiones que dan cuenta que hace más tiempo aun que no escribe sus propios votos en los fallos del tribunal.
Imaginemos por un momento el mismo cuadro de situación, pero con el gobierno sosteniendo al geronte en su cargo a como dé lugar, para que forme una "mayoría automática" que lo sustente con sus fallos: ¿cuál sería entonces la reacción del conglomerado mediático hegemónico, y de la dirigencia opositora? No alcanzarían los empleados del Congreso para recibir los pedidos de juicio político.
Todos los que hoy forman un impresentable scrum en defensa de lo indefendible en torno a Fayt (medios, dirigentes opositores) son cómplices de los enjuagues de Lorenzetti, el anticipado y múltiple re re re re reelecto, con transitorio "cansancio moral"; incluyendo la casi segura comisión del delito de falsedad ideológica de instrumento público previsto en el artículo 293 del Código Penal, en el acta de su reelección. (holis ¿algún fiscal presente que tome cartas en el asunto, sobre todo teniendo en cuenta esto?).
Lo que nos lleva a preguntarnos a esta altura -en un sentido retórico- a que intereses concretos responde el sostenimiento de la momia en su cargo, contra toda racionalidad y sin exigirle ni siquiera -como en los secuestros- una "prueba de vida".