LA FRASE

"POR AHORA NO ESTAMOS PIDIENDO AUTORIZACIÓN PARA QUE LA POLICÍA PUEDA USAR LA PICANA Y EL SUBMARINO, ANTES VAMOS A VER COMO FUNCIONAN LAS REFORMAS QUE PLANTEAMOS." (PABLO COCOCCIONI)
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martes, 28 de abril de 2026

¿DESPUÉS VEMOS?

 

Conforme la crisis del gobierno de Milei se profundiza, toda la Argentina visible se pone en modo electoral: el círculo rojo (lejano a la más mínima posibilidad de autocrítica por haber apoyado otro experimento fallido) empieza a diseñar estrategias para salvar el modelo, reemplazando a sus circunstanciales ejecutores. Y la oposición intuye que más tarde o más temprano el creciente malestar social tendrá su reflejo en las urnas, y mucho se empiezan a peinar para la foto de los carteles de campaña.

El propio gobierno ensaya una huida hacia adelante y mientras sostiene a rajatabla un plan económico inviable, propone discutir una reforma electoral -en sí mismo absurda y anti-política- como si se vivieran tiempos normales, y la próxima elección fuera a transcurrir en paz social y normalidad política. Ninguno parece registrar la gravedad de la crisis (más allá del recuento diario de las calamidades resultantes del modelo en curso de ejecución), y del vaciamiento último de sentido de un sistema democrático en el que la mitad de los empadronados eligen no ir a votar.

Lo que no es más que otro síntoma de que también en el plano estrictamente institucional, la anormalidad es la regla en un país al que ingresan tropas extranjeras sin autorización del Congreso, el presidente nos embarca en una guerra internacional ajena basándose exclusivamente en sus propias convicciones personales y sin medir los riesgos de implicarse, y la justicia es un chiste siniestro, que tanto cajonea causas sensibles para el gobierno o el poder económico (como los hechos de corrupción o el DNU 70) y canjea impúdicamente favores con el gobierno para sostener sus medidas violatorias de la Constitución (como la reforma laboral), como profundiza la persecución contra Cristina buscando rematar sus bienes y los de sus familia, agilizar nuevos proceso judiciales absurdos en su contra, archiva toda investigación sobre los reales promotores y financistas del atentado en su contra, o sostiene payasadas como la causa de los cuadernos, contra las propias evidencias del proceso. 

Y éste último aspecto (la situación de CFK) es el que -deliberadamente- aparece ausente del debate político, porque se lo quiere silenciar como si todos asintieran que de eso no se habla, y no debe hablarse. Que lo hagan los gorilas y el poder económico, que orquestaron la condena y proscripción de Cristina en salvaguarda de sus propios intereses vaya y pase, pero que lo hagan los peronistas (o parte de ellos) es inaceptable: si como dice Bianco en modo sofista la que está proscripta es Cristina pero no el peronismo, ¿Qué peronismo es el que va a elecciones y para qué?

¿No decía acaso eso mismo con otras palabras en sus tiempos el vandorismo, para adaptarse -y resignarse- a la proscripción del líder, proponiendo construir un peronismo sin Perón? Y no se trata de propugnar la abstención electoral -que sería funcional a un régimen cuyo ensayo volvió a fracasar-, sino de darle un sentido profundo a la contienda política y al voto ciudadano, que vaya más allá de la liturgia electoral y que recupere el sentido reparador del hecho democrático.

No hablar de la condena y proscripción de Cristina y no convertirlo en uno de los ejes principales de la campaña es -en un punto- consentir la validez de su exclusión arbitraria, aunque se diga lo contrario, y  aceptar las condiciones impuestas por el régimen para dar la disputa política en el país. Es como si Perón hubiera aceptado el GAN de Lanusse. 

Si a esto le sumamos que la prioridad parece ser -como sugiere Bianco-  "poner un presidente y ver que pasa", ¿Qué diferenciaría al peronismo de Dante Gebel, o por qué la gente pensaría que algún forro de ensayo como él no debería ser precisamente ese presidente? Si "no hay que hablar de candidatos" mientras se los instala, y hay que hablar de organización para ganar una elección, pero no de un programa para gobernar el país si se la gana, ¿No fue precisamente eso el "Frente de Todos", que ya sabemos a donde condujo?

El peronismo (Cristina incluida) ya ensayó jugar con las reglas del régimen, o intentar componerse con él: eso y no otra cosa expresaron las sucesivas candidaturas de Scioli, Alberto y Massa; y todos podemos recordar como nos fue, ganando o perdiendo las elecciones, ¿Por qué nos iria distinto ahora?. No hablar de la situación de Cristina ni hacer de eso bandera de campaña y reclamo preponderante es -aunque no se lo diga con todas las letras- decirle al régimen que se entendió el mensaje aleccionador, dándole seguridades de que -en caso de volver a ser gobierno- no se harán locuras ni se afectarán sus intereses; tanto como volver a caer en la estrategia de hacerle guiños a un electorado que no nos votaría nunca, bajo ninguna circunstancia, y por contraste callar algo que es sensible para la base electoral propia: ambas cosas ya se hicieron, y nunca funcionaron.

Podrá decirse que el peronismo (como eje vertebral de la oposición al ensayo libertario, con chances concretas de desplazarlo del poder institucional vía elecciones) tiene la responsabilidad fundamental de asumir la representación política de las víctimas del modelo, y ofrecerles una propuesta concreta que los enamore, y es cierto. Tan cierto como que, desde que empezó la persecución en contra de Cristina con toda las bocas de fuego (mediáticas, políticas, judiciales y hasta las balas que no salieron de Sabbag Montiel) empeoraron todos los indicadores económicos y sociales, y los intereses de esos mismos sectores que hoy son víctimas de Milei se vieron ostensiblemente perjudicados, en un proceso tan continuado y sostenido como la ofensiva contra CFK.

De allí que hablar de una cosa (los efectos del modelo) y no la otra (la situación de Cristina), es disociar elementos que están inescindiblemente unidos en términos políticos concretos, no dar cuenta cabal de como ha sido el proceso real y encarar la salida a la crisis y la necesaria reconstrucción desde un enfoque erróneo: el país que viene (mal que nos pese) hay que empezarlo desde el país que nos dejan, lo que incluye la condena y exclusión política de Cristina.

¿Cómo vamos a generar credibilidad en torno a la idea de que somos capaces de lidiar con esas dificultades objetivas, si no somos capaces de plantear con todas las letras la injusticia de la situación que padece Cristina? ¿Cómo confiar en que se generarán el consenso social y la potencia política necesarios  para reparar las innumerables injusticias que atraviesan el cuerpo social, si se elige callar una de las más grandes?

Eso sin considerar que el silencio sobre la situación de CFK o su escisión -como si fuera posible- de los ejes de la campaña electoral que se avecina es un modo de naturalizar -por omisión- su exclusión, y concederle al aparato judicial (en tanto guardián de los intereses del poder económico) su facultad de veto y vigilancia sobre los límites y el sentido de la democracia en el país. Tuits relacionados:

jueves, 16 de abril de 2026

PARE DE SUFRIR

 

Como le pasó a Macri en 2017, el triunfo en las elecciones legislativas de medio término fue para Milei un fruto envenenado, que no pudo disfrutar: reforzó su representación en el Congreso (para ponerse a salvo de un eventual juicio político) y en ese marco logró imponer reformas (como la laboral o la ley de glaciares) que son parte de un consenso que lo excede y representa los intereses del poder económico; pero al mismo tiempo asiste a la debacle de su modelo económico, y a la caída vertical de su imagen pública y el deterioro acelerado de su futuro político.

Tanto, que hasta Macri se anima a plantearle competencia amagando con una posible candidatura presidencial, y el círculo rojo empieza a buscarle posibles reemplazantes para salvar los resultados del experimento que favorecen a sus intereses, y ponerlos a resguardo de una derrota electoral de la derecha en 2027. 

Conforme la imagen del presidente y su gobierno se derriten y los efectos de la motosierra se vuelven ya intolerables para la inmensa mayoría de los argentinos en su vida cotidiana (inflación, crisis del transporte, recortes en la cobertura de salud), todo el sistema político se pone en modo electoral, y su preocupación principal pasan a ser las elecciones, que están -en términos políticos y sociales- a años luz, y habrá que ver si se hacen, y en que contexto. Que seguramente será de crisis, y de prueba para un entramado institucional que no está dando respuestas acordes a la magnitud del desafío.

Si las elecciones del año que viene son importantes, más importante aun es que las fuerzas que adversan al gobierno empiecen a hablarle a la sociedad definiendo y proponiendo un programa político, económico y social para salir de la tierra arrasada que dejará este penoso experimento con seres vivos; que solo puede traerle más desgracias al pueblo argentino, y no tiene más nada para ofrecerle salvo sufrimiento.

En ese marco y con el fracaso a la vista del que está en curso, el país no resiste ya más experimentos de outsiders de la política sean un banquero como Brito, un "emprendedor exitoso" como Galperín, o un pastor carismático como Gebel; que serían más de lo mismo que ya ha fracasado: ¿O acaso no representó precisamente eso Milei con su discurso "anti casta" y su nula trayectoria previa en los partidos y la política?

Que el círculo rojo trate de conseguir otro muñeco intercambiable con el que practicar ventriloquía en el sentido de la defensa de sus intereses, vaya y pase: no sería más que otra muestra de su inveterada miopía política y chatura conceptual, que es una desgracia para el país. Pero que buena parte de la política ande en la misma, a la búsqueda del "famoso" salvador presuntamente incontaminado y novedoso, es directamente suicida: de la grave crisis que atraviesa el país se sale con más y mejor política, no con menos, o peor, sacándola de la ecuación.

Más intolerable aun es que tales experimentos se hagan en nombre del peronismo, o utilizándolo como vehículo: si bien bajo ciertas circunstancias el movimiento creado por Perón puede ser -como decía Cooke- un gigante invertebrado y torpe, hay que desterrar de su seno esa idea de que es una estructura porosa y esponjosa, capaz de absorber todo o peor aun, de ser absorbido por cualquier ensayo "acorde a los climas de época". Si el problema es de conducción y liderazgo, el peronismo lo tiene en la persona de Cristina, y no es opinión nuestra, sino simple constatación de un fenómeno social que se verifica en la base de sus votantes. 

Y si el problema es de candidaturas, que se lo prive de una eventual de ella es consecuencia del despliegue del dispositivo represivo del gorilismo que hizo blanco en su persona por lo que es y por lo que representa -dato que no puede obviarse en ningún análisis sin pecar de fraudulento-, y no porque haya sido superada su gravitación por alguien más, por peso propio. De hecho, todos los que cuestionaron ese liderazgo y esa conducción en público terminaron fichando para el régimen y alineándose con sus intereses, con tanta más vehemencia cuantos más duros fueron sus cuestionamientos a Cristina: si algún despistado no ha advertido hasta acá la correlación, es un problema suyo. 

Claro que en estas condiciones políticas, con éste gobierno y este sistema judicial, Cristina no podrá ser candidata; pero eso no caduca su gravitación política -al punto de creer que se puede orquestar una salida al actual oprobio sin su concurso-, y constituye más bien el primer desafío en todo proceso de construcción de una alternativa política a la actual situación: los que quieran sumarse a ella deberían asumir públicamente el rechazo de la proscripción y condena judicial de Cristina, y comprometerse del mismo modo a resolver su situación en un nuevo gobierno, más allá incluso de su propia opinión personal al respecto: lo que está en juego no es la persona de quien fuera dos veces presidenta de la nación por mandato popular, sino la legitimidad misma del proceso democrático en el país.  

Hace pocos días decía con razón Axel Kicillof que no se trata solamente de ganar una elección, sino de estar en condiciones de ejecutar un programa, en el caso de llegar al gobierno. Es tan cierto como que la idea de un "frente anti Milei" (definido más por la oposición al actual gobierno que por un programa de reparación nacional compartido), es la forma más segura para crear las condiciones para repetir el fracaso del "Frente de Todos".

No es que la elección ya esté ganada ni mucho menos, pero de ese aspecto del problema se está ocupando Milei con más eficacia que cualquier armado opositor, excepto que éste -concentrado en disputas de segundo orden- no tome el toro por las astas asumiendo la verdadera dimensión del problema; que es estar decidido a aplicar las medidas drásticas que habrá que tomar desde el primer día (empezando por borrar de un plumazo y sin concesiones las iniquidades del régimen como la ley bases, el RIGI o la reforma laboral) y la vocación de representar a quienes hoy sienten que carecen de toda representación, tanto que ni siquiera se están tomando la molestia de ir a votar.

Para representar los intereses de los que siempre salen ganando sobran las figuritas, desde las que ya tuvieron su oportunidad como Macri o Bullrich, hasta las que se vendieron como nuevas y se ajaron con el uso como Milei, o las que vienen con el rótulo de nuevas sin estrenar, como Brito, Galperín o el pastor Gebel.

viernes, 3 de abril de 2026

¿ESTÁN PENSANDO EN USAR EL HELICÓPTERO?

 

Leemos en La Política Online: "El gobierno de Javier Milei analiza la posibilidad de adelantar las elecciones presidenciales para mayo del año próximo. La decisión está muy vinculada al análisis económico y el debate interno en el máximo nivel no está saldado. Los optimistas creen que hay que mantener la fecha de octubre porque en ese momento la economía ya habrá "pegado la vuelta" del actual ajuste y estará generando empleo y consumo.".

"Los que empujan el adelantamiento creen que el año que viene se agravará la desconfianza del mercado ante la posibilidad que Milei no reelija y esto volverá a disparar el riesgo país como pasó entre septiembre y octubre del año pasado. Esto aumentaría las dificultades para fondearse que ya está sufriendo el equipo económico, como se vio en la licitación de deuda de este lunes. La Argentina debe enfrentar el año que viene pagos de deuda externa por USD 28.000 millones y despejar las dudas sobre la reelección de Milei lo antes posible -estiman- les permitiría comprimir el riesgo país y volver a los mercados voluntarios de deuda.".

Más allá de la verosimilitud de la nota, es como mínimo raro que un gobierno que transmite en público un discurso triunfalista y festeja logros que no son propios (como el fallo por la expropiación de YPF) o éxitos de política pública que solo existen en su imaginación (como la baja de la pobreza, o la caída de la inflación...para arriba), si algo se puede esperar de una gestión presidida (al menos formalmente) por Milei, son delirios.

Y sin que sea un límite que los haya contenido antes de hacer disparates, viene bien recordar lo que dispone la Constitución Nacional en su artículo 95, sobre la elección del presidente y vicepresidente de la Nación: "La elección se efectuará dentro de los dos meses anteriores a la conclusión del mandato del Presidente en ejercicio.". (las comillas son del texto y las negritas siempre nuestras)

Y lo ratifica -como no podía ser de otra manera- la Ley 19945 (Código Electoral Nacional) en su artículo 148: "El Presidente y Vicepresidente de la Nación serán elegidos simultánea y directamente por el pueblo de la Nación, con arreglo al sistema de doble vuelta, a cuyo fin el territorio nacional constituye un único distrito. La convocatoria deberá hacerse con una anticipación no menor de noventa (90) días y deberá celebrarse dentro de los dos (2) meses anteriores a la conclusión del mandato del Presidente y Vicepresidente en ejercicio. La convocatoria comprenderá la eventual segunda vuelta, de conformidad con lo dispuesto por el artículo siguiente.".

Claro que alguien podría alegar que Milei podría apelar a dictar un DNU (decreto de necesidad y urgencia), en cuyo caso cabe recordar que la materia electoral es una de las que están expresamente excluidas de sus alcances por el artículo 99 inciso 3) de la Constitución: "El Poder Ejecutivo no podrá en ningún caso bajo pena de nulidad absoluta e insanable, emitir disposiciones de carácter legislativo. Solamente cuando circunstancias excepcionales hicieran imposible seguir los trámites ordinarios previstos por esta Constitución para la sanción de las leyes, y no se trate de normas que regulen materia penal, tributaria, electoral o de régimen de los partidos políticos, podrá dictar decretos por razones de necesidad y urgencia, los que serán decididos en acuerdo general de ministros que deberán refrendarlos, conjuntamente con el jefe de gabinete de ministros.".

Se habla también de eliminar las PASO (Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias), pero amén de que ni aun haciéndolo se podría ir contra lo que dispone la Constitución sobre las elecciones presidenciales, la Ley 26571 que las instituyó con las modificaciones de la Ley 27781 del año pasado que incorporó la boleta única, dice en su artículo 20: "La convocatoria a elecciones primarias la realizará el Poder Ejecutivo nacional con una antelación no menor a los noventa (90) días previos a su realización. Las elecciones previstas en el artículo anterior deben celebrarse el primer domingo de agosto del año en que se celebren las elecciones generales previstas en el artículo 53 del Código Electoral Nacional.".

Es decir que todo lo inherente al cronograma electoral está determinado por la Constitución y la ley electoral, y sobre ninguna de ellas puede el presidente disponer en contrario. Incluso eliminando las PASO, por las cláusulas constitucionales. A menos que Milei esté pensando en rajarse antes y poner en marcha el helicóptero por los techos de la Casa Rosada cuando el el plan económico termine de explotar, o tema que finalmente -y cansados de sus desquicios- lo destituyan por juicio político.

Pero ni aun en ese caso podría adelantar las elecciones: la Ley 20972 de acefalía presidencial modificada en 2002 por la Ley 25716 señala en su artículo 1°: "En caso de acefalía por falta de Presidente y Vicepresidente de la Nación, el Poder Ejecutivo será desempeñado transitoriamente en primer lugar por el Presidente Provisorio del Senado, en segundo lugar por el Presidente de la Cámara de Diputados y a falta de éstos, por el Presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, hasta tanto el Congreso reunido en Asamblea, haga la designación a que se refiere el artículo 88 de la Constitución Nacional."

O sea: si los cargos de presidente y vice quedan vacantes (lo que supone que si se van a rajar, tienen que ponerse de acuerdo con Villarruel), hay Asamblea Legislativa para elegir presidente provisional (como pasó con Duhalde en 2002); y aquí cobra interés el artículo 4 de la misma ley de acefalía, modificado en el 2002: "La determinación recaerá en un funcionario que reúna los requisitos del artículo 89 de la Constitución Nacional, y desempeñe alguno de los siguientes mandatos populares electivos: Senador Nacional, Diputado Nacional o Gobernador de Provincia. En caso de existir Presidente y Vicepresidente de la Nación electos, éstos asumirán los cargos acéfalos.".

Electos dice, o sea que ya se tendrían que haber realizado las elecciones, en los plazos establecidos por la Constitución y la ley, no antes. Como sea, alguien debería explicar como pasamos tan rápido de la "gira de la gratitud" por todo el país y el sueño de la reelección que se daba por descontada, a ensayar piruetas institucionales para adelantarse al estallido. Ese es el dato relevante. 

Tuits relacionados: 

miércoles, 5 de noviembre de 2025

EL DEDO Y LA LUNA

 

Como si no hubiéramos visto demasiadas cosas antes de las elecciones, vinieron más después; como por ejemplo el presidente convocando a la Rosada a 20 gobernadores para tantear su apoyo a las reformas estructurales que piensa impulsar, comenzando por la laboral; para a los dos días de la juntada, rajar del gabinete a los funcionarios que presentó en la reunión como interlocutores privilegiados de su gobierno con los gobernadores. El pacto del 70 % del que hablaba Larreta revisitado, con expresa exclusión del kirchnerismo y todo sector del peronismo considerado no asimilable. 

Las exclusiones en un punto son lógicas (de allí que no se entienden algunas quejas por haber sido marginados del convite): si se piensa impulsar una reforma laboral que tiene como eje central el recorte brutal de los derechos a los trabajadores (actuales y futuros), hay que empezar por marginar de la discusión a lo que ha sido su tradicional canal de expresión política. Y al mismo tiempo, como el drama del proyecto neoliberal en la Argentina ha sido siempre conseguir estabilizarse y lograr consenso social extendido en el tiempo, también se trata de reconfigurar un peronismo a la medida del régimen, con la inestimable cooperación de algunos "compañeros".

Cosa que es todo menos novedosa, de allí que no deba sorprender que la referencia de Toto Caputo respecto a como debería reorganizarse el peronismo (depurándose del kirchnerismo) se parezca de modo escalofriante a lo que planteaba Videla en plena dictadura bajo el eufemismo de la "democratización" del movimiento fundado por Perón, y a lo que por estos mismos días dijo Sáenz, el gobernador de Salta; preocupado por sacarse de encima a Cristina, Máximo y la Cámpora, para acto seguido elogiar los cambios en el gabinete de Milei, y reprenderlo a Macri por sus críticas, como si fuera más libertario que el propio presidente.   

En el documento que sacó pocos días después de las elecciones, Cristina dejaba planteadas dos alertas: el riesgo de fragmentación del peronismo y el campo nacional y popular y los intentos de cooptación de sus dirigentes, y la renovación de la persecución judicial orquestada desde el poder económico contra aquellos dirigentes que no renunciaran a defender los intereses populares. Desde entonces (y apenas pasaron días, menos de una semana), los gobernadores de Tucumán y Catamarca dejaron entrever que apoyarán la reforma laboral que impulsa el gobierno, y le plantaron a Kicillof una denuncia penal por presunto vaciamiento del IOMA, la obra social de los estatales bonaerenses.
 
Mientras tanto, buena parte del peronismo sigue en la luna, y mirando el dedo, discutiendo cual debería ser el mecanismo para armar las listas cuando faltan dos años para la próxima elección nacional, no se sabe y ni siquiera se intuye si para entonces subsistirá el mecanismo de las PASO (que ya no se aplicó en las de éste año), o los candidatos deberán ser elegidos por los partidos, mediante internas tradicionales donde solo votan sus afiliados. Ni hablar que no sabemos que país (o sus despojos) quedará para entonces. 

Dicho esto porque hasta acá las críticas a Cristina son precisamente por esas cuestiones: como elige a los candidatos que conforman las listas, o cuan sectaria es ella, la Cámpora o Máximo. No se han escuchado -al menos hasta acá- que se planteen diferencias programáticas, o sobre el modelo que el peronismo propondrá al país. Cosas sobre las que (por otra parte) CFK viene pidiendo sentarse a discutir, en todos los tonos posibles y desde 2020 y en pleno gobierno del FDT; hasta ahora sin mayores resultados ni correspondencia, dentro y fuera del peronismo.

Se le cuestiona a Cristina el dedo que eligió a Scioli y Massa (cuando se perdió) y el dedo con Alberto, cuando se ganó; con lo cual lo primero que se podría decir es que si la crítica es esa, se pone en entredicho la del sectarismo: si algo tienen en común los tres, es que ninguno era de su círculo íntimo, ni de la Cámpora, ni nada parecido. Tampoco queda claro si la crítica apunta al elegido o al resultado, es decir como plantear que si hubiera elegido a otros en lugar de Scioli en 2015 o Massa en 2023 (cuando además Grabois planteó su candidatura en el marco de las PASO), los resultados de las elecciones hubieran sido distintos.

El gobierno de Alberto (el peor error de Cristina en toda su trayectoria política) y la fallida experiencia del FDT son un buen ejemplo de como no alcanza con discutir métodos de armado de las listas y selección de los candidatos, si se deja pendiente o se barre bajo la alfombra la necesaria discusión del proyecto de país que se les quiere proponer a los argentinos: la "unidad hasta que duela" que se construyó entonces salteándose ese paso terminó en que la unidad nos dolió más que nada a los que lo votamos, y a nuestra base electoral; y las consecuencias (Milei incluido) las estamos pagando hasta hoy, porque nos las factura la sociedad.
 
Lo que supone que el problema del peronismo y de las fuerzas del campo nacional y popular es bastante más complejo que una cuestión de dedos: para modernizaciones cosméticas ya tuvimos en los 80' la renovación peronista, que terminó en el menemismo y proveyéndole cuadros de gobierno como Grosso, Manzano o De La Sota. El propio Menem venía de allí, y no fue puesto por el dedo: accedió a la candidatura presidencial ganándole una interna a Cafiero, y luego fue dos veces elegido como presidente por los argentinos.

Y en los últimos 30 años (es decir desde que en 1995 Menem obtuvo su reelección, en nombre del PJ), el peronismo nunca pudo ganar una elección presidencial, salvo que el nombre de Cristina (que no podrá ser candidata a nada en 2027) estuviera en la fórmula; lo que marca que el problema no es de dedos o sectarismos (al menos no solo ni principalmente de eso), sino de volúmenes políticos. Como dice Cristina en su documento citando a Churchill, para comprender la política es necesario haber leído la historia, y en éste caso estamos hablando de la más o menos reciente, no es necesario remontarse al congreso de Tucumán; a menos que se quiera ir por el atajo fácil de echarle también a ella la culpa de que en 30 años no hayan surgido otros liderazgos en el peronismo, capaces de construir "electorabilidad" entre los argentinos. 

El peronismo pierde elecciones cuando en lugar de mirar para afuera (es decir, a la sociedad, empezando por los millones de argentinos que dejaron directamente de ir a votar porque descreen e la democracia) se la pasa mirando todo el tiempo para adentro, para la interna minúscula de dedos, candidatos y listas, y pasándose facturas. Ahora (como se dijo antes, con las próximas elecciones a dos años vista) las prioridades son otras: resistir la segunda etapa de reformas del régimen colonial que nos gobierna, y empezar a discutir un modelo alternativo para plantearles a los argentinos, para que nos vuelvan a elegir.

Cuando se salde esa discusión, se podrá hablar de candidaturas y métodos, y no al revés. De lo contrario -como se dijo en un momento, aunque en otro sentido- el candidato será el proyecto, como pasó con Scioli, Alberto y Massa; tres apuestas del peronismo (no solo de Cristina, aunque ahora algunos reversionen la historia) a la conciliación con un régimen que nos quiere presos, muertos o desaparecidos. Un modo -más que un dedo- de construcción política que solo pudo conducir (como condujo) a la derrota electoral dos veces, y a la de decepción en el gobierno que germinó nuevas derrotas, la restante.

Lo que no deja de sorprender es que en éste contexto (que comprende la actualidad y la historia reciente) muchos en el peronismo (coincidiendo en esto con la línea política del régimen y sus expresiones políticas, económicas y mediáticas) supongan que el problema es Cristina. Tuits relacionados:

martes, 28 de octubre de 2025

A VER SI SE ENTIENDE

 

* Aunque ya hay quienes están queriendo verle dotes de armadora política a Karina Milei, mientras del otro lado se están pasando facturas por haberle errado con la estrategia o no ponerse al hombro la campaña, la realidad es que si algo deja en claro el triunfo de LLA el domingo es que hay que -como mínimo- relativizar la incidencia de las estrategias electorales y el márketing político, y de la política estructural (dirigentes, aparatos) sobre las preferencias electorales de los ciudadanos: se impuso en la mayor parte del país -por segunda vez en dos años, en elecciones nacionales- una fuerza política que no tiene gobernadores propios, ni siquiera intendentes o presidentes comunales. Evidentemente hay otros factores en juego.

* Muchos -inclusive en el peronismo- quisieron replicar la estrategia de manipular emociones de los electores, en lugar de intentar comunicar ideas: pasamos otra campaña en que no se dijo nada en concreto de lo que se iba a hacer con el país, ni como hacerlo. Se habla mucho y en concreto, no se dice nada, y lo que podría funcionar para ellos y para su núcleo fiel de votantes, no necesariamente funciona igual para nosotros; en la búsqueda de esos electores "sueltos", que en la mayoría de los casos ni siquiera se sienten movilizados para ir a votar.

* La suspensión de las PASO y la implementación de la boleta única no hicieron más que profundizar el proceso de despartidización de la democracia, yendo cada vez más hacia una democracia de candidatos (en la organización de la oferta electoral) que una de partidos o fuerzas en pugna, con trayectorias ideológicas nítidamente diferenciadas. Esta dinámica contrasta con la permanencia y profundización de la polarización en la sociedad real que se expresa políticamente. Por otro lado es incoherente poner el mayor peso de las decisiones electorales de los ciudadanos en lo que hacen o dejan de hacer las estructuras políticas, mientras se da luz verde a reglas de juego que no hacen más que debilitarlas.

* La fragmentación creciente del sistema político y de la oferta electoral, así como la fragilidad, vaciamiento y labilidad de las estructuras partidarias no solo son funcionales a la captura de la representación política por el poder económico, sino que tienen consecuencias institucionales: se habla de construir consensos, cuando en realidad de lo que se trata es de consagrar a través de las instituciones reformas socialmente dañinas, aprovechando los resquicios de esa fragmentación, que dan lugar a microemprendimientos políticos a veces personales, y filibusterismos varios. Cosa que por otro lado veremos con mayor frecuencia de acá en adelante.

* Se confunde la agenda de temas que deben plantearse por razones de convicción política y de justicia, con lo que circunstancialmente puede tener o no rédito electoral, según se interprete desde gasesoas elucubraciones como los "climas de época". Pasaba en su momento con la política de derechos humanos, pasa hoy con la detención y proscripción de Cristina o el enfeudamiento colonial del país al extranjero: hay banderas que hay que sostenerlas porque son justas y necesarias para construir un país en serio, y no medirlas con la vara especulativa del rédito electoral.

* Conectado a lo anterior, al peronismo frente a una nueva derrota lo volverá a acechar el fantasma del camaleonismo ideológico para "remar con la corriente", y bajo el pretexto de adaptarse a los tiempos que corren, bajar banderas y asumir como propias las del enemigo. Pasó en otros momentos de nuestra historia y podría volver a pasar, omitiendo que si algo dejan en claro las elecciones del domingo es que el país no peronista no vota copias, teniendo a la mano los originales.

* Del mismo modo que decimos que hay que matizar o poner en su justo contexto la incidencia de las ingenierías electorales o publicitarias en las campañas y el voto ciudadano, hay que hacer lo propio con las candidaturas: más allá de gustos personales tengamos en claro que el oficialismo ganó con candidatos horribles y desacreditados por distintos motivos; y está por verse que el peronismo haya perdido por los que presentó en cada distrito, o sobre todo, que a esa pura y exclusiva causal obedezca que no logre convocar a votarlo a los que no concurrieron directamente a votar.

* Transcurrida otra elección en la que el ausentismo electoral estuvo cómodamente por encima del 30 % del padrón de los habilitados para votar y viendo además que nadie padece consecuencia alguna por ello, hay que asumir que en la Argentina el voto se ha vuelto, en los hechos, voluntario; y pensar estrategias políticas para ese nuevo cuadro de situación. Más difícil que atraer el voto indeciso, es atraer el del que está decidido a no votar.

lunes, 27 de octubre de 2025

AL GRAN PUEBLO ARGENTINO ¿SALUD MENTAL?

 

El gobierno obtuvo un claro y contundente triunfo en las elecciones de ayer a lo largo y a lo ancho del país, del que ellos mismos deben ser los primeros sorprendidos: recordemos que hasta el día mismo del comicio disputaban con la justicia electoral el modo de difundir los resultados, para tratar de mostrarlos del que más favorable les resultaba, y disimular posibles derrotas. Aunque se pasaron por ya saben donde lo que decidió la Cámara Nacional Electoral, el artilugio no les resultó necesario, o pasó desapercibido en el contexto de los cómputos finales. Como sorprendido debe estar también el círculo rojo, que se había apurado a armar la rueda de auxilio de LLA (Provincias Unidas), que debutó con un fracaso estrepitoso.

Y aunque alguna vez se haya discutido al respecto en nuestra historia política, las victorias sí dan derechos, y Milei seguramente los ejercerá: las consecuencias inmediatas de lo que ayer votaron los argentinos se harán sentir en breve, en políticas concretas, que por otro lado ya fueron anunciadas: reforma laboral flexibilizadora, reforma previsional con la posible vuelta de las AFJP o algún sistema similar, reforma tributaria favorable a las fracciones más concentradas del capital y profundización del alineamiento internacional incondicional con los Estados Unidos e Israel. O al menos, esa será la intención del gobierno, con números más auspiciosos en el Congreso para conseguir imponer su agenda, y habrá que ver con que grado de resistencia social: los números de ayer no ayudan al optimismo en ese aspecto.

Y la reflexión no es menor: el resultado de las elecciones no agrega nada a la absoluta insustentabilidad intrínseca del modelo de valorización financiera y fuga en curso en términos económicos y sociales, pero si le aporta un fuerte espaldarazo de sustentabilidad política; que habrá que ver como lo administran los que mandan, más allá de Milei. Macri también tuvo su  cuarto de hora electoral, y a las pocas semanas estaba pidiéndole la escupidera al FMI, como preludio del fracaso de su intento de reelección.
 
Nadie puede alegar ignorancia ni desconocimiento ni mucho menos engaño sobre lo que estaba en juego el domingo: esta debe haber sido la campaña electoral más clarificadora de todas en más de un sentido, y todas las cartas estuvieron arriba de la mesa todo el tiempo, así como la grosera intromisión extranjera (yanqui) en nuestros asuntos internos, indicándonos por quien teníamos que votar. Y un buen número de argentinos decidió hacerles caso. Tan claro todo como la crueldad explícita del gobierno y los resultados concretos de sus políticas que a esta altura nadie puede ignorar, y que muchos parecen compartir: basta de análisis complejos, complacientes y exculpatorios con las decisiones ciudadanas que se toman en ese contexto, sin medir las consecuencias.  

Aunque el gobierno prometa cambios de estilo o posibles aperturas dialoguistas, no cederá en un punto central, ahora revalidado en las urnas: su programa económico, social y político para reformular la Argentina en un sentido regresivo, colonial, injusto y excluyente. De hecho puesto en esa tarea le será -a partir de ahora- mas fácil conseguir aliados, y no más difícil: aunque falten los números finos de la composición de las Cámaras del Congreso a partir de diciembre, es seguro que el resultado electoral -como mínimo- enviará al cajón los temas pendientes de la agenda opositora actual (derogación del DNU 70, reforma del régimen de control de los DNUS, cumplimiento de las leyes votadas, vetadas e insistidas, investigar los hechos de corrupción del gobierno); para algunos de los cuales ya era complejo sumar voluntades antes de que hablaran las urnas.

Todo parece indicar que Milei ha logrado con creces no solo conseguir el tercio de bancas necesarias para blindar cualquier veto presidencial a iniciativas legislativas que no sean de su agrado, sino que está más cerca de lo que nunca estuvo de poder imponer su agenda propia en el Congreso: los que no se le pararon de manos antes, cuando se desconocía su cotización real (como los legisladores que responden a "Provincias Unidas"), no lo harán ahora, cuando se sabe con certeza que -medidos en votos- son muy baratos. Menos con todo el círculo rojo local y el propio gobierno de los EEUU manejando directamente las riendas del gobierno de LLA.

El otro dato relevante de la elección es que más de 12 millones de argentinos decidieron directamente no ir a votar, expresando de de ese modo que no creen que la política tenga que ver o influya en sus vidas cotidianas, o peor aún, que pueda aportar la solución a los problemas que los aquejan. Y porque siempre se puede estar peor, la elección bonaerense demostraría -comparada con los comicios provinciales de septiembre- que si creció en algo la participación, el beneficiado fue Milei, no el peronismo.

Lo que significa que entre las muchas dificultades que tenemos que vencer para volver a ser una opción concreta de poder, está claro que la principal es que tenemos un techo electoral que nos cuesta cada vez más romper, porque no logramos interpelar a los desencantados con los resultados de la democracia. Antes de discutir liderazgos, conducciones, candidaturas y estrategias electorales hay que empezar a discutir un proyecto, y el modo de que éste seduzca, en especial a esos sectores.

Si no se atiende a ese punto crucial, no tiene demasiado sentido desgarrarse en autocríticas lacerantes, pases de facturas internos, análisis de estrategias o alquimias electorales e incluso cuestiones de candidatos, aunque está claro que hay trayectorias concluidas, y figuras gastadas: reducir el problema a estas cuestiones, es empequeñecer el análisis y asegurarse de errarle al vizcachazo. Aunque si se hace necesario recordar las condiciones democráticamente anómalas en las que el peronismo tuvo que afrontar esta elección: con su líder y máxima autoridad partidaria presa y proscripta, y -esto ya por errores propios- sin poder siquiera armar no ya una estrategia unificada, sino una lista única con la misma denominación, en todo el país. 

Tampoco vale -y por más que cundan el pesimismo y el desencanto con el modo en el que votaron los argentinos- simplemente sentarse a esperar que todo estalle, sin hacer nada: sería una deserción de nuestros deberes democráticos, y retacearle a nuestro dañado sistema de representación el concurso del principal punto de acumulación (que desvencijado y todo) le queda a las fuerzas sociales, económicas, políticas y culturales que aun resisten la definitiva enajenación colonial del país. 

Con los resultados del domingo (que quizás en otro momento sigamos analizando, lo mismo que en particular en Santa Fe) estamos como estábamos cuando Macri ganó las legislativas del 2017, pero sin la certeza -nunca la hay del todo en política- de volver a construir otro 2019; precisamente -entre otras cosas- por lo que vino después de aquel. Lo que no podemos ni debemos dejar de hacer, es volver a intentarlo. Tuits relacionados:

viernes, 24 de octubre de 2025

LLEGÓ LA VEDA

 

lunes, 13 de octubre de 2025

LO ATAMO' CON ALAMBRE

 

El bizarro y patético show de Milei y el vodevil electoral de la conformación de la lista de LLA en la provincia de Buenos Aires no deberían distraernos del marco general de la grave situación que atraviesa el país: al gravísimo cuadro social y productivo que han provocado las políticas del gobierno hay que sumarle las señales inequívocas del agotamiento de un plan económico destinado al fracaso desde su mismo inicio. En todo caso la alienación mental del presidente y su abstracción de la realidad (como la de sus valedores) lo único que hacen es agravar el panorama.

Desde la contundente derrota en la PBA el pasado 7 de septiembre el gobierno viene actuando como si las urnas no se hubieran abierto ni se hubieran contado los votos, dando el resultado que dio la elección. De hecho el propio Milei en su discurso del decadente espectáculo del lunes pasado pretendió bajarle el precio, y convencer (y convencerse) de que pueden revertir la derrota cuando todo (hasta la conducta del propio oficialismo) denota que saben que eso es imposible, y que es muy probable que incluso se profundice el 26 de octubre.

Pero los que manejan a Milei y verdaderamente mandan en el país también siguen en la suya como si nada: ahí andan los del Coloquio de IDEA reciclando por enésima su misma cantinela de siempre (reforma laboral, ajuste, privatizaciones, reformas tributaria pro capital y previsional privatizadora), como si esas propuestas apolilladas ya no hubieran sido castigadas en las urnas, o fracasado cada vez que se intentaron. 

Y los popes de la AEA guardan silencio cómplice frente al penoso espectáculo del narco-gobierno y su presidente cosplayer mientras -sabedores en lo  íntimo de que no le queda mucho hilo en el carretel- tratan de sacarle cuantas ventajas puedan con a su mano muerta, como lo acaban de conseguir Paolo Rocca (Techint) y Madanes Quintanilla (Aluar) con la eliminación de las retenciones a las exportaciones de acero y aluminio; una medida que por cierto significa que el gobierno sabe que los Estados Unidos no eliminarán los altísimos aranceles que ha impuesto a las importaciones de esos productos. 

Caputo y todo el gabinete económico están hace más de una semana en Yanquilandia y no se sabe cuando y si volverán al país, que están negociando y que entregarán a cambio de una asistencia financiera para sostener con respirador el modelo, algo que suena cada vez más improbable no solo por las dificultades que enfrenta el gobierno argentino, sino porque el propio Trump no la tiene fácil en el plano interno; con revueltas ciudadanas contra sus políticas migratorias, pedidos de impeachment (juicio político) en el Congreso y rebelión creciente en su propia base electoral y la estructura política republicana por las ventajas comparativas de que gozan los exportadores argentinos de productos primarios (que son competidores de los farmers yanquis) para colocar sus productos en el mercado chino; y porque le sacaron la ficha a su Secretario del Tesoro Scott Bessent, más interesado en tirarles un salvavidas a Milei y Caputo para cuidarle los garbanzos de sus tenencias de bonos de la deuda a su ¿ex? empleador Robert Citrone, que en garantizar el apoyo a un aliado estratégico de los intereses yanquis en la región, como dice.

El estado de alienación de las clases dominantes es tal que Milei se sienta a negociar con Macri la conformación y la agenda del gobierno para el día después de las elecciones, como si fuera seguro que ese día fuera a llegar a existir, y después del resultado de las urnas siguiera habiendo gobierno. Peor aun: desde Trump y su gobierno (que prometen que apoyarán a Milei si LLA gana las elecciones) hasta el FMI que le pide conseguir apoyos políticos para las reformas "estructurales" a un gobierno al que todos (hasta la oposición hasta ayer colaboracionista)  se le animan y se le paran de manos, todos fingen demencia como si el presidente gozara de fortaleza y estuviera en la cima de su popularidad y legitimidad social.

Tanto es así que el FMI le pide pide acumular reservas (para lo cual tendría que devaluar ya, de un plumazo, a días de una elección) a un gobierno que las rifa a diario para sobrevivir hasta el 26 O sin que todo le termine de estallar en las manos antes, y le pide garantizar y ampliar la gobernabilidad para imponer reformas socialmente intragables, cuando ese mismo gobierno ni siquiera puede sostener los vetos del presidente frente a las leyes que sanciona el Congreso. O pide que la gente acompañe una rebaja sustancial de sus ya disminuidos salarios y jubilaciones.

Claro que la situación también da una ventana de oportunidad para vivos como Macri, que medran en las crisis, y aprovechó la desesperación de Milei por conseguir nexos confiables  en Comodoro Py para conseguir zafar él y su hermana de ir presos, para que le habiliten negocios que le interesan como la hidrovía, los peajes de las rutas nacionales o la concesión del puerto de Buenos Aires. Pero eso no lo convierte en el arquitecto de una salida institucional, ni muchos menos; sino apenas en otro Haylen Davis o Fred Machado que anda a la pesca de negocios facilitados por un gobierno y un presidente permeables a lo turbio.

Que no hay salida a la crisis con éste gobierno, este presidente, sus planes y sus apoyos, y que la salida que le proponen (profundizar las reformas regresivas pendientes) solo agravará la crisis, es algo que todos saben, hasta quienes lo proponen. Que otros no se animen a decirlo con todas las letras por temor a ser cargados con el sambenito de golpistas es otra cuestión, pero no alcanza para modificar los datos duros de la realidad.

La jugada que está en marcha (y a la que hay que derrotar) es esterilizar de antemano el voto ciudadano, transmitiendo la idea de que vote lo que vote la gente, hay cosas que sí o sí deben hacerse. Ya se va construyendo un discurso tendiente a promover la apatía ciudadana que se reconduzca en abstención electoral (para lo cual el decadente espectáculo que da Milei contribuye de un modo decisivo) y consecuentemente le reste legitimidad  y fuerza política a un triunfo opositor.

Para derrotar esa trampa hay que llenar las urnas de votos, y acelerar los tiempos en el Congreso con la agenda pendiente: reformar la ley que reglamenta el trámite de los DNU y decretos delegados, volver a plantear la derogación del DNU 70/23 (aceptando que ambas cosas son difíciles porque hay sectores de la oposición que colaboran con el gobierno) y la investigación de todos los ilícitos que salpican al gobierno, el presidente y sus funcionarios, al par que exigir el estricto cumplimiento de las leyes votadas e insistidas por el Congreso, salteando los vetos de Milei.

No por golpistas, sino todo lo contrario: cuando la hecatombe sobrevenga (y sobrevendrá) tiene que quedar vigente en el país algún vestigio de institucionalidad y alguna parte (o poder) de la Constitución en pie. De lo contrario los que hasta acá sostuvieron a Milei dentro y fuera del país y ahora empezaron discretamente a soltarle la mano y tomar distancia se van a a llevar puesto al país y lo que aun queda de él, con nosotros adentro. Tuits relacionados:

miércoles, 17 de septiembre de 2025

"LO PEOR YA PASÓ"

 

El gobierno (en alianza con el PRO) perdió por casi 14 puntos las elecciones en la PBA, donde está el 38 % del padrón nacional. La primera respuesta concreta de Milei a la derrota fue vetar las leyes de financiamiento universitario, emergencia pediátrica y en residencias médicas y reparto proporcional de los ATN sancionadas por el Congreso; y empezar a repartir estos últimos discrecionalmente para blindar los vetos cuando sean tratados en las Cámaras.

Apenas horas después del urnazo bonaerense el círculo rojo (por medio de la pluma de Morales Solá en La Nación) empezó a hablar abiertamente de que Milei podría no terminar su mandato, y agitar el fantasma de la sucesión presidencial; mientras Clarín (el house organ de la AEA) empezaba a operar abiertamente en la interna del peronismo para secuestrar el triunfo de Kicillof y apropiárselo como el instrumento para terminar definitivamente con Cristina y el kirchnerismo. Señal inequívoca ésta última de que han percibido que otro experimento gorila fracasó, y que es al interior del peronismo donde se dará la disputa decisiva en adelante.

Desde que se abrieron las urnas bonaerenses el dólar subió hasta tocar el techo de la banda y se derrumbaron los bonos y los ADR´s mientras subía el riesgo país, enterrando los sueños del gobierno de volver a los mercados de deuda. Y todo eso sucedió (y sucede) mientras aun no han tenido lugar las elecciones de octubre en todo el país, que podrían propinarle otra derrota al experimento libertario.

Experimento que no llegó siquiera a la fase que alcanzó Macri en 2017, con un triunfo en las legislativas de medio término que le permitió impulsar las reformas laboral y previsional, antes de chocar la calesita y tener que acudir al FMI. Menos de una década después, parecemos estar en el mismo punto: el gobierno esperaba ganar las elecciones para impulsar las reformas a las que se comprometió con el FMI (que generan resistencias sociales y políticas hoy como entonces), y desde el Fondo advierten que esas reformas requieren de consenso políticos amplios y son el presupuesto necesario para que el país crezca: lo primero es imposible por definición, y lo segundo falso de toda falsedad, como se ha empeñado en demostrarlo una y otra vez la experiencia histórica.

El círculo rojo local (cuyo núcleo de coincidencias básicas es exactamente el mismo que el del FMI y el propio Milei, con las reformas laboral y previsional al tope de la lista de demandas) no está dando ninguna señal de modificar su idea de país, sino en todo caso lo que está buscando en la política son  nuevos ejecutores, y ya los encontró: ahí anda el rejunte de gobernadores de Seita también conocido como "Provincias Unidas" proponiendo -para sorpresa de nadie- las reformas laboral, tributaria y previsional.

En ese contexto Milei grabó y difundió su desangelada cadena nacional del lunes, que de antemano se sabía no tenía (ni tuvo nunca) la posibilidad de mover el amperímetro, o modificar el escenario: están gastados el discurso y su enunciador, que no puede ofrecer novedades (ni lo hizo), ni prometer futuro, que lo hizo, pero ya nadie le cree. La enésima reiteración de la promesa neoliberal del derrame ya no parece ser creída, ni siquiera por los fieles más convencidos.

Y lo mismo sucede con el presupuesto 2026, sus proyecciones y sus cálculos: parece un caza-bobos destinado a distraer la atención del Congreso y descomprimir el ambiente en el que han de tratarse los últimos vetos de Milei, que un proyecto a ser aprobado y mucho menos aplicado, aunque su aprobación sea una exigencia del FMI, lo cual da una pista cierta de su contenido: profundizar el ajuste de la motosierra (contra el mensaje de las urnas) y de mínima, consolidar el ajuste regresivo ya realizado en estos dos años, en desmedro de los salarios, las jubilaciones y las políticas de protección e igualación social.   

Lo que viene en el Congreso -más que la discusión inútil de un presupuesto condenado a no salir- es el intento de ratificación de las leyes vetadas por Milei (que tendrá que sortear la Banelco de los ATN repartidos a dedo entre los "comprables"), el nuevo régimen legal de los DNU y (alguna vez habrá que volverlo a intentar, quizás después de las elecciones), la derogación definitiva del DNU 70/23.

Para el peronismo, la oportunidad de recuperar la confianza de la sociedad argentina como para conferirle nuevamente la responsabilidad de conducir sus destinos podría llegar antes de que a su interior se hayan zanjado cuestiones elementales que van más allá de liderazgos circunstanciales o permanentes: la acción política para revertir la condena y proscripción de Cristina (a la que acaban de impedirle votar, como si con eso bastara para suprimirla como sujeto político) y -en especial- el diseño del programa de un futuro gobierno; en el que la defensa de los derechos laborales construidos desde el primer peronismo debe ocupar un lugar esencial, más allá incluso del entreguismo de las cúpulas sindicales y la ceguera conceptual del empresariado, hasta aquel al cual podría rotularse de "nacional".

Defenderlos es defender el mismo sentido histórico del movimiento fundado por Perón, la suerte de los trabajadores y la de la Argentina en su conjunto; y en sentido inverso, retroceder en su custodia o resignarlos es condenar al país a seguir perdiendo tejido productivo, posibilidades de desarrollo integrado e inclusivo, y condenarlo a ser una neo-colonia con economía de plantación o enclave, y salarios pauperizados al nivel de los países más pobres del Tercer Mundo. Porque ese en esencia es el proyecto en el que coinciden el establishment económico nacional e internacional, y sus amanuenses en el campo de la política.

Además de trabajar para consolidar en octubre el triunfo que empezó a vislumbrarse en PBA hace unos días, hay que trabajar con mirada de mediano plazo en la organización de la fuerza propia, las definiciones programáticas y las estrategias de representación política de las demandas sociales, para darle sentido a futuras victorias; y no esterilizarlas en una propuesta chirle que se conforme con administrar la crisis, como pasó en el 2019. Tuits relacionados: