A raíz de las tomas de terrenos en Guernica primero, más algún episodio similar con los mapuches en el sur y ahora el culebrón de los Etchevehere y Grabois, la derecha mediática y política está tratando de instalar como primer tema del debate público el "a guardar las escrituras que se viene el comunismo". Es decir, una supuesta ofensiva sobre la propiedad privada, que si no es planificada por el gobierno, por lo menos sería consentida por él.
La movida es astuta porque trabaja sobre los prejuicios de un sector de la población -ya con tendencia a adversar a éste gobierno y al peronismo, en general- que se siente de ese modo amenazado, y tiende a empatizar con los que tienen realmente más propiedades que defender, que un monoambiente o un terrenito.
No es más que otro episodio de la saga que intenta mostrar al gobierno mucho más "a la izquierda" de lo que realmente está y quiere estar, con la finalidad de generar un estado de opinión que lo disuada de avanzar concretamente en políticas de sentido progresivo; estrategia que funcionó exitosamente (para ellos) en el caso Vicentín, cuando fue el propio presidente el que señaló que desistió de la expropiación por las críticas recibidas.
En la Argentina nunca estuvo en discusión el concepto de la propiedad privada individual, y mucho menos gobernó alguna vez el comunismo o cosa parecida, aboliéndola o socializando los medios de producción. La expresión jurídica más alta de poder popular en nuestra historia (la Constitución peronista de 1949) era muy clara al respecto.
Decía su artículo 38: "La propiedad privada tiene una función social y, en consecuencia, estará sometida a las obligaciones que establezca la ley con fines, de bien común. Incumbe al Estado fiscalizar la distribución y la utilización del campo e intervenir con el objeto desarrollar e incrementar su rendimiento en interés de la comunidad, y procurar a cada labriego o familia labriega la posibilidad de convertirse en propietario de la tierra que cultiva. La expropiación por causa de utilidad pública o interés general debe ser calificada por ley y previamente indemnizada.".
Es decir, aun adhiriendo al concepto (originado en la doctrina social de la Iglesia) de la función social de la propiedad privada, la reconocía expresamente, y reproducía la regulación de la expropiación que ya existía en la Constitución original de 1853, hoy repuesta: previa calificación de utilidad pública por ley, y previa indemnización. Nadie está discutiendo seriamente hoy esas premisas, ni siquiera los que ocupan terrenos, o Grabois: por el contrario, aspiran precisamente a ser propietarios.
La última vez que la propiedad privada fue escandalosamente violada en el país, gobernaba la derecha (no el peronismo), la violación fue perpetrada por los bancos y no por el Estado, y ejecutada por uno de los númenes intelectuales de la derecha económica como Cavallo. Se llamó "corralito" y significó prohibirle a la gente usar su propio dinero, y en forma de "corralón", disponer de sus ahorros. Claro que por entonces nadie habló del fantasma comunista.
No pisemos el palito de un conflicto del que somos ajenos (el puterío familiar de los Etchevehere), ni dejemos que nos tomen la parte (Grabois, más allá de sus buenas intenciones) por el todo (el "Frente de Todos"). Ocupémenos sí, (como dijimos acá) del problema del acceso al suelo y a la vivienda propia con políticas públicas integrales desde el Estado, inyectando recursos, garantizando servicios, dignificando. Ya, ayer. No con aventuras individuales o grupales, por más nobles propósitos que las inspiren.
Si algo tenemos que aprender de Néstor y el kirchnerismo, es que las luchas sociales coronan en logros cuando consiguen que la política y el Estado les pongan encima todo el peso de su respaldo institucional; y si no que lo digan los organismos de derechos humanos y su larga pelea por memoria, verdad y justicia.
Mientras tanto, no entremos en disputas imaginarias en las que nos quieren hacer entrar, agitando espantajos que no existen, para su propia conveniencia. Y evitemos las trampas que nos van tendiendo, como el agite trosco en Guernica, para tener que terminar desalojando y que los que esperaban represión, tuvieran represión que recriminarnos; y los que pedían represión y respeto a la propiedad privada frente a las usurpaciones, ahora se muestran preocupados por las familias pobres que quedan en la calle: hay que ser un poco más vivos. Tuits relacionados:
A lo mejor el silencio significa "No quiero entrar a discutir pelotudeces planteadas por boludos que no pueden explicar el gobierno desastroso que hicieron, o apoyaron". https://t.co/fpcSj1FjDZ
— La Corriente K (@lacorrientek) October 28, 2020
Siempre clara Hebe https://t.co/ysFp1qOPiD
— La Corriente K (@lacorrientek) October 28, 2020
Desalojan en el conurbano y los troscos hacen cortes en Capital. Para que los medios lo repliquen. Los mismos medios que hasta hoy a la mañana pedían reprimir. Y los mismos troscos que vienen diciendo hace días que iban a reprimir, mientras saboteaban cualquier acuerdo.
— La Corriente K (@lacorrientek) October 29, 2020
A los troscos les importan un choto los pobres. Los usan como carne de cañón de sus trabajos de extensión para Sociales.
— La Corriente K (@lacorrientek) October 29, 2020
Pónganse de acuerdo: vivíamos bajo un régimen burgués que reprime en defensa del capital y la propiedad privada, o bajo una dictadura comunista que confisca bienes sin indemnización. Las dos cosas juntas, imposible.
— La Corriente K (@lacorrientek) October 29, 2020
Esto es todo lo que querían. Los pobres? Extras de la comparsa. Buscan anécdotas para las peñas de Sociales. https://t.co/FQTaCiEgAf
— La Corriente K (@lacorrientek) October 29, 2020
El Cuervo Larroque estuvo meses en Guernica. Otros comentan hoy indignados por la represión. Y mañana siguen con lo suyo. Esa es la diferencia.
— La Corriente K (@lacorrientek) October 29, 2020
...faltan el respeto en su dignidad tanto como el que los reprime salvajemente. Cuando ustedes vuelven a cortar el obelisco con otros carteles, los de la semana o el momento, ellos siguen con su vida de mierda. Pero para entonces dejaron de importarles.
— La Corriente K (@lacorrientek) October 29, 2020
En los 70' la utopía era hacer el hospital de niños en el Sheraton. De algún modo rescataba la dignidad de los hogares de la Fundación. Ahora algunos alientan tomas en baldíos sin luz, asfalto, agua ni cloacas.
— La Corriente K (@lacorrientek) October 29, 2020