LA FRASE

"POR AHORA NO ESTAMOS PIDIENDO AUTORIZACIÓN PARA QUE LA POLICÍA PUEDA USAR LA PICANA Y EL SUBMARINO, ANTES VAMOS A VER COMO FUNCIONAN LAS REFORMAS QUE PLANTEAMOS." (PABLO COCOCCIONI)
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jueves, 7 de mayo de 2020

HAGAMOS LA DIFERENCIA


Empecemos por lo más fácil: suscribimos en un 101 % lo que dice acá Alberto sobre la absoluta irresponsabilidad de los que piden levantar totalmente la cuarentena, y reanudar las actividades normalmente, sin tener en cuenta los riesgos que eso encierra; como se puede comprobar a diario con solo leer los diarios o ver la tele, en todo el mundo. Si lo dijeran solamente loquitos como Milei o Boggiano no sería un problema, pero cuando lo dicen -por ejemplo- los principales empresario del país nucleados en la AEA la cosa cambia, y se comprende el enojo presidencial: como dijo el presidente, están condenando a la muerta a miles de argentinos, sin decirlo. 

Lo que no supone -ni mucho menos- estar de acuerdo con todo lo que dijo AF ayer, empezando por la barbaridad de minimizar los efectos de la rebaja salarial del 25 % que el gobierno está homologando en trámite express cuando hay acuerdo entre los empresarios y los gremios, con el argumento de que los trabajadores tienen menos gastos, porque deben permanecer en sus casas, o no salen a comer afuera.

Y desde allí decimos que no tiene mucho sentido enojarse con los empresarios, si se va a ceder a todos sus planteos, o a tolerar lo que hagan, sin que les cueste nada. Hace poco y a propósito del Día del Trabajador, decíamos acá: "...el gobierno dictó un DNU que prohibió por 60 días los despidos y suspensiones por causa de fuerza mayor (por ejemplo la merma en las ventas y la facturación por la pandemia), pero que al día de hoy es letra muerta: los despidos y suspensiones siguen estando a la orden del día, sin que el propio gobierno haga nada para hacer cumplir su propia norma.

Peor aun: esta misma semana se conoció que la UIA y la cúpula de la CGT llegaron a un acuerdo por el cual, a cambio de evitar despidos, los trabajadores (o en todo caso los sindicalistas que dicen representarlos) aceptan una rebaja de hasta el 25 % de sus salarios; y el gobierno adelantó que homologará todo acuerdo que se mueva dentro de esas pautas, con la velocidad que no tuvo -por ejemplo- para aprobar el impuesto a las mayores fortunas, ya en el inicio de su mandato.

Nada de eso debería pasar en un gobierno peronista, o éste no lo debiera permitir, porque como dice la cuarta verdad, "no existe para el peronismo más que una clase de personas: las que trabajan". Tenemos un compromiso moral con todos los que nos votaron, de cumplir con la palabra empeñada en campaña, sin desconocer las enormes dificultades que se nos plantean, y la descarnada oposición que tenemos enfrente. Pero es bueno recordar, justo hoy, el día de los trabajadores, que nuestro primer compromiso es con ellos, y no podemos fallar en cumplirlo."

Y las cosas siguen igual, si no peores: los despidos y suspensiones están a la orden del día, sin que el gobierno se asegure siquiera que las empresas sigan el procedimiento preventivo de crisis que establece la Ley 24013 para acreditar fehacientemente (con sus balances y facturación) que no les queda más remedio que despedir; y por el contrario homologa automáticamente los acuerdos de reducción salarial, sin disponer simultáneamente -por ejemplo- que el Estado se hace cargo de pagar la parte restante del salario a los trabajadores. 

El área económica del gobierno y el propio presidente parecen presos de un discurso monetarista, y tienen miedo de prender la maquinita y emitir para inyectar dinero en el consumo y sostener una actividad que se cae a pedazos, efecto de la pandemia: nótese que no planteamos -como los irresponsables que sí lo hacen- levantar la cuarentena, sino tomar medidas concretas para contrarrestar sus efectos sobre el nivel de actividad. Pero tampoco inmolarse en el altar del equilibrio fiscal, cuando el propio gobierno dijo hace poco, al presentar la propuesta de reestructuración de la deuda, que esa no podía ser una meta a la que se subordine toda la política económica. 

Por otro lado y si se nos apuntara que los gastos del Estado tienen que tener financiamiento genuino, allí está la lentitud de tortuga con que avanza el impuesto a las grandes fortunas, contrastando con la velocidad express de las homologaciones de los acuerdos de reducción salarial: no basta con decir que una cosa corresponde al Congreso y la otra al poder administrador, para disipar la sospecha de que a ambas no las mueva la misma intensidad en la voluntad política.

Dejando de lado las Pymes que pueden tener problemas reales (a los que el Estado debe darles respuestas, ya, sin dilaciones ni trabas burocráticas absurdas), las grandes empresas le tomaron el tiempo al gobierno, al presidente, a sus funcionarios y a sus "advertencias": están haciendo literalmente lo que se les viene en gana, sin pagar ninguna consecuencia.

Comenzando por las propias empresas nucleadas en la AEA, como Arcor, Mercado Libre, Techint, Clarín y las de la COPAL: mientras mantienen o aun aumentan sus ventas y remarcan precios (por ejemplo de la telefonía celular o los productos alimenticios de consumo básico), despiden empleados, suspenden y recortan salarios, bicicletean en la Bolsa o con el dólar MEP o el contado con liqui y -como siempre- evaden y fugan. 

En ese contexto, es irrelevante (y si se quiere contraproducente) que vayan a Olivos a decirle al presidente y a guzmán que apoyan su propuesta de reestructuración de la deuda. Tan contraproducente, que en ese mismo marco la cúpula agrogarca habría hecho llegar una propuesta de "prestarle" al gobierno 5000 millones de dólares a cambio de un bono en dólares a 10 años, para que pague la deuda con el FMI, y a cambio les elimine las retenciones, y libere por completo las exportaciones: negocio ruinoso para el Estado por donde se lo mire, pero bien dice el dicho "como te ven, te tratan"; y todo indica que nos están viendo fáciles.

Se trata de una pulseada de poder que el gobierno viene perdiendo por goleada, y eso es una situación que no se puede prolongar demasiado en el tiempo, porque afecta la gobernabilidad. Y cuando eso sucede, no se arregla con guitarreadas presidenciales, ni pidiéndole a los chicos que te manden dibujitos por Twitter. 

La gente nos votó el año pasado porque confió en que éramos distintos que el macrismo. Viene siendo hora ya de que -en materia económica- apretemos el acelerador y hagamos más cosas concretas, y demostrarles a los que confiaron en nosotros, que no estaban equivocados. No basta con decir que somos distintos: hagamos la diferencia.

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martes, 26 de marzo de 2019

EL NEGOCIO DE LA GRIETA


La idea de una “tercera vía” por encima de la grieta entre kirchnerismo y antikirchnerismo cuyo principal exponente era Sergio Massa, se contraponía en parte con la idea del “post kirchnerismo” o “peronismo postkirchnerista” que alentaban ciertos sectores del PJ (gobernadores, el bloque del Senado, la CGT); hasta que terminaron convergiendo en “Alternativa Federal”, por el simple y senciilo hecho de que -contra todos sus pronósticos- Cristina sigue estando vigente, y el kirchnerismo no desapareció como pensaban.

El peronismo “perdonable” o “conversador” estuvo tres años buscando un candidato que midiera para competir con ella, hasta que apareció Lavagna, y Pichetto fue hacia allí entusiasmado no por sus números en las encuestas, ni por su sonrisa encantadora, ni su insuperable magnetismo, cualidades todas en las que no suele posar sus ojos el rionegrino.

Más bien lo impulsaron los apoyos “de peso” que el ex ministro traía consigo: Clarín (en retribución por los servicios prestados por su hijo presentando lo que sería la ley que refuerza el monopolio en las encuestas, y ante el derretimiento de Macri como opción, Techint, Arcor (Pagani lo llevó hace poco nada menos que a la Fundación Mediterránea, la cuna del cavallismo: lo que pueden dos balances negativos, tras décadas de juntarla con pala),  la AEA en suma, sectores de la UIA (sobre todo la COPAL). Es decir los representantes de las fracciones del capital cuyas empresas se ven perjudicadas con las políticas del macrismo, aunque lo de Clarín va por otro lado, y responde a su lógica de siempre, aquella que tan bien explicara Pirillo, el ex dueño de La Razón.

La idea de la candidatura de Lavagna es sencilla: instalarla para succionar votos “sueltos” del derretimiento de Macri y evitar que migren hacia Cristina impidiendo así que gane en primera vuelta, mientras relegan al presidente al tercer lugar para colarlo al Pálido en un balotaje contra Cristina, y una vez allí, ganarle con la suma de los votos del núcleo duro del macrismo.

Más allá de los mecanicismos que hay siempre en suponer que la sumatoria de dirigentes o apoyos “importantes” se traslada automáticamente a los votantes, la política es siempre representación de intereses, lo asuma o no; aunque lo disocie entre la etapa electoral y la del gobierno, asumiendo la representación de unos en una instancia, y gestionando la satisfacción de los otros, en la siguiente: consultar al respecto la experiencia de Menem en el 89’ con el “salariazo” y la “revolución productiva”, y más recientemente la de Macri en el 2015 con la “pobreza cero” y la “revolución de la alegría”.

Pero si se disocian ambos aspectos y una vez en el gobierno, sobrevendrán las tensiones, los desencantos u las crisis. Si uno mira quienes apoyan a Lavagna (y quienes se mueren por salir a hacerlo, como el “Coti” Nosiglia y buena parte de la UCR que quiere abandonar el Titanic de “Cambiemos”), tiene más o menos en claro para donde van: concretar de una buena vez la Moncloa fallida de los inicios del gobierno de Macri, reeditando el pacto del 2002 con el retorno al poder de los restos del bipartidismo con el apoyo de fracciones importantes del capital; con la idea de que si subís al bote a los que tienen el poder para hacerte saltar por los aires, te van a dejar gobernar tranquilo, en tanto gestiones sus intereses. Una nueva versión de la lección que aprendió Menem tras el fracaso de Alfonsín, con el plan Bungue y Born primero, y la convertibilidad y las privatizaciones, después. 

La pregunta entonces para el “lavagnismo” (más allá de encuestas y disquisiciones sobre estrategias y balotajes) es el para que se está armando como alternativa, y ahí empiezan los problemas: ¿acaso para dejar que todo explote finalmente por los aires (y si es antes del cambio de gobierno, mejor), que Macri haga el trabajo sucio de no contener más el dólar, y de ese modo licuar salarios, favorecer a los productores de bienes transables en desmedro de los que apuestan a la bicicleta financiera, generar el “salto exportador” de los que tienen escala (Techint, Arcor) y la reforma laboral por otros fines, sin pasar por el Congreso?

Todo indica que la cosa va más o menos por eso lado. Por eso Lavagna no puede acordar (ni lo intenta) con los sectores más combativos del sindicalismo que resisten al actual modelo (el moyanismo, la Corriente Federal, las CTA), sino con los que fueron uno de sus principales soportes con su inacción: Barrionuevo y la CGT de los “gordos”, o los “independientes”.

Pero como para los sectores populares que todo vuele por los aires antes del final del mandato de Macri no es una opción (porque en definitivas son los que siempre pagan los platos rotos de las disputas entre las distintas fracciones del capital), el dilema político argentino queda exactamente en el mismo punto que estaba antes de la aparición del hombre de las medidas: quien representa a los agredidos y excluidos por las políticas de Macri, fuera de las fracciones más importantes del capital que se han mencionado y promueven la candidatura Lavagna. 

Porque incluso en éste esquema con salarios deprimidos y depreciados en dólares, el alivio del “costo laboral” para las Pymes que viven del mercado interno es de muy relativa importancia, aunque bajaran las tarifas, un tema del que Lavagna habla poco y nada: ¿qué haría por ejemplo al respecto, bajarle la palanca de los subsidios a Tecpetrol (la petrolera de Techint que opera en Vaca Muerta), pesificar las tarifas del gas en boca de pozo o las de las distribuidoras donde el holding de Paolo Rocca tiene intereses y negocios?. ¿Qué piensa hacer con los formadores de precios que se apropian de niveles insólitos de rentabilidad, en especial en la producción y comercialización de alimentos básicos de la canasta familiar? 

La agudización de la crisis aumenta la polarización agostando la tercera vía, y condiciona estos experimentos, porque agranda la verdadera grieta: la de la desigualdad social y la distribución del ingreso, la grieta económica y social, que tiene consecuencias políticas, en las identidades, en las pertenencias, en las opciones electorales. Como las viene teniendo desde 1945, en un sentido u otro.

Y en esa línea, es poco lo que puede ofrecer Lavagna, por muchos y esplendentes que puedan parecer sus apoyos. Por el contrario, todo indica que su apuesta es a sostener esa grieta (sino a profundizarla), apostando por otra versión del “derrame” neoliberal, que es el “rebote”, del nivel de actividad desde el piso o subsuelo en el que la dejará el macrismo, con módicas posibilidades de recomponer empleos y salarios; pero siempre corriendo de atrás porque el “metro patrón” es el costo de los salarios en dólares, la verdadera herencia de Macri que para los apoyos reales de Lavagna no es pesada, sino todo lo contrario.

Desde ese ángulo de análisis, revisitemos al Lavagna que se fue del gobierno en 2005: quería planchar paritarias porque estaba fracasando en la lucha contra la inflación, quería eliminar subsidios y subir tarifas y hablaba de cartelización en la obra pública, pero no en la producción, distribución y comercialización de alimentos o bienes esenciales: recordemos su disgusto con los boicots de Kirchner a Coto y Shell, por ejemplo. 

Todo eso sin considerar la cuestión del poder, es decir la discusión sobre los intentos de la política por preservar su autonomía y eventualmente parársele de manos al poder económico, o limitarlo con regulaciones públicas y orientaciones de la política económica, básicamente de ingresos. El entusiasmo de cierto progresismo con el señor de las medias autoriza a pensar que nada de todo esto pasaría, de llegar al gobierno: no sea cosa de que por aventurarse en aguas procelosas, se echen a perder ciertos quioscos legislativos.

Sería interesante discutir estas cuestiones con los entusiastas de Lavagna (que antes lo fueron, sucesivamente, de Randazzo o Felipe Solá, y algunos incluso hasta de Massa, es decir. la agrupación "Cualquiera Menos Cristina"), mas interesante (mucho más) y productivo que los reales o presuntos errores del kirchnerismo en el gobierno o en la campaña electoral que llevaron al triunfo de Macri en 2015.  

domingo, 9 de diciembre de 2018

CÍRCULOS


Desde que comenzó la causa de la fotocopia de los cuadernos flota en el ambiente la duda respecto a quiénes fueron sus reales impulsores, y cual es el rol que juegan Macri y el gobierno en torno a ella. Como los objetivos iniciales fueron Cristina, el kirchnerismo y los ex funcionarios de sus gobiernos, parecían no existir mayores problemas para concluir que se trataba de una operación motorizada por el aparato mediático-judicial-de inteligencia del gobierno; para sacar de la cancha a la principal oposición política, o embarrarla de un modo tal que no pueda recuperarse electoralmente del daño inflingido.

Sin embargo, los arietes empleados (ex agentes de inteligencia, Bonadío, Stornelli, el diario La Nación y sus periodistas con vínculos con la embajada) sembraban el interrogante: se trataba de elementos que, si bien están vinculados al macrismo  o son funcionales a sus planes, reportan  a otros poderes y líneas de mando, incluso antes de que el experimento amarillo hiciera sus primeros pasos en política.

Cuando el dúo de juez y fiscal comenzaron a cerrar "acuerdos de colaboración" con los empresarios "arrepentidos" luego de que estos desfilaran por tribunales, y comenzaron a sonar nombres pesados con la perspectiva de terminar procesados o presos (Betnaza, Roggio, Paolo Rocca), la cosa pasó de castaño a oscuro; y empezó a parecer más claro -en nuestra opinión- que la mano venía por otro lado, y que en todo caso Macri y el gobierno trataron de capitalizar políticamente una cirscunstancia que no generaron; y que está por verse si pueden controlar.

Con el procesamiento y pedido de detención de Paolo Rocca (cuya estatura y peso como empresario es varias veces superior a la del propio Macri), parece quedar claro que operan en el caso fuerzas muy por fuera del control del presidente, en un proceso parecido al del "Lavajato" brasileño que sirvió para destruir la reputación (y el valor en bolsa) de grandes empresas como Odebrecht, JBS o Petrobras; y ponerlas a tiro de ganga de compradores extranjeros, básicamente, norteamericanos: no debe sorprender que los instrumentos judiciales utilizados en cada caso para la operación (el juez Moro allá, el impresentable Bonadío acá) sean personajes con fuertes vínculos con las embajadas yanquis en sus respectivos países, y con el sistema político, judicial y de inteligencia de los Estados Unidos. 

Por supuesto que la ofensiva tendiente a favorecer la "barata" de empresas que les pueden interesar a los capitales estadounidenses coincide con los objetivos geopolíticos y estratégicos de su gobierno  para debilitar (prácticas de "lawfare" mediante) a fuerzas denominadas "populistas"; que suponen que, llegadas al gobierno, gobernarían en sentido contrario a sus intereses, o díscolas a sus mandatos: la coincidencia no es casual, sino que por el contrario, es una constante de la política exterior de los EUU, durante décadas.

Pero hay otro costado del asunto, reforzado ahora por ejemplo por el procesamiento del banquero Jorge Brito en la causa Ciccone, y son las reacciones en el "círculo rojo" local ante la implicación de algunos de sus miembros conspicuos en el "Mani puliti" criollo: esta nota de La Política Online da cuenta de eso; y de los rezongos de la cúpula del empresariado local contra Macri y el gobierno, porque suponen que están detrás de las últimas decisiones judiciales que involucran a algunos popes del sector, como Rocca o Brito: le achacan a Macri que por lograr el rédito electoral de aparecer como combatiendo la corrupción "sin miramientos", está generando un clima de incertidumbre que agrava las dificultades para captar inversiones, y contribuye a destruir el valor de las empresas.

Como siempre, su cortedad de miras es proverbial: sin cuestionar que efectivamente al gobierno le convenga mostrarse como el abanderado de la lucha contra la corrupción (que le crean y le sirva electoralmente, es otra cosa), y sin negar tampoco que en los mercados el ruido judicial en torno a ciertos empresarios incide en la pérdida de valor de sus empresas (al fin y al cabo esa es la finalidad que se persigue con todo esto), eso puede ser cierto en el exterior, donde existen otro tipo de regulaciones; que al menos en los papeles formales deben cumplirse.

En el país, la explicación que ensaya el "círculo rojo" es sencilla y como tal, insuficiente, pero tranquilizadora: les evita tener que admitir que apoyaron un modelo económico que cada vez que se ha ensayado en el país (y ésta no es la excepción) termina yendo en contra de sus propios intereses de mediano y largo plazo, aunque en la coyuntura los favorezca, o genere la expectativa de que lo hará. Luis Pagani, de Arcor, por solo citar un ejemplo, no está siquiera mencionado en la causa de la fotocopia de los cuadernos; pero su empresa presenta por primer vez en su historia números en rojo, como resultado del combo de malas decisiones propias (alentadas por el gobierno, como endeudarse en dólares), y una política económica que deprime el consumo de sus productos (por el hachazo al salario), mientras le aumenta los costos de producción (por los tarifazos y el costo del financiamiento).

Para ponerlo sencillo: explicar un proceso que ha pasado de la fase de la guerra al salario y el empleo, a la de destrucción del capital y el valor de las empresas no es posible simplemente apelando a la idea de que Macri (habilitando la "cruzada contra la corrupción") ha traicionado a su clase; cuando es notorio que ha tratado de favorecerla desde el primer día de su gobierno, en todas y cada una de las medidas que ha tomado, o propuesto.

Más complejo (pero más real en cambio) es hacerse cargo de otra deserción histórica de nuestra élite a lo que se supone debió ser alguna forma de compromiso con el país y su desarrollo, con una mirada que -yendo más allá del propio ombligo- comprendiera que la vieja receta de maximizar ganancias extraordinarias a través de brutales cambios en los precios relativos (entre ellos y en primer lugar, el salario) para valorizarlas financieramente y fugarlas, no es sustentable ni en el mediano ni en el largo plazo.

Ahora, cuando la propia dinámica de funcionamiento de ese modelo se está llevando puestas a muchas de sus empresas, podría ser demasiado tarde para lágrimas; y lo mismo cabe para la ofensiva promovida desde el exterior para comprarlas por monedas: al fin y al cabo, ellos mismos aplaudieron fervorosamente que con la llegada de uno de los suyos al poder, "volviéramos al mundo". 

Bueno, así funciona ese mundo al que volvimos. Y en todo caso, no pocos de ellos cuestionan el precio (vil) al que podrían verse forzados a vender; porque abundan los ejemplos en nuestra fallida burguesía nacional de los que vendieron, fugaron y listo, si te he visto no me acuerdo, como cuenta acá Artemio.

lunes, 19 de noviembre de 2018

NI ACERO NI CARAMELOS



Es difícil de creer que Arcor, una de las más grandes empresas argentinas y con presencia en otros países, termine defaulteando su deuda corporativa, o no consiga reestructurarla. Tiene suficientes espaldas financieras como para sortear vencimientos, aunque sea en dólares.

Tampoco un balance en rojo-como el que acaba de presentar- los va a tumbar, aunque sea algo novedoso para ellos: sería la primera vez, en 70 años de trayectoria.

Pero endeudamiento en dólares aparte, lo que está estrechando sus habitualmente abultados números es -aun en un contexto de elevada inflación, en especial en materia de alimentos- un descomunal derrumbe del consumo, como consecuencia de las políticas económicas del gobierno de Macri: un 71 % de sus ingresos por facturación por ventas provienen del consumo de sus productos (en especial la línea de golosinas y galletitas) en el mercado interno.

Y cuando la gente hace malabares para llegar a fin de mes, o para pagar las boletas del gas o la luz, no hace falta ser un premio Nobel en Economía para darse cuenta que empieza a restringir otros gastos, por ejemplo los de las cosas que suele vender la empresa de Pagani. También, por supuesto, los tarifazos de luz y gas y la suba de las tasas de interés (que complica la cadena de pagos aun de las empresas de su tamaño) hicieron lo suyo para que el balance terminara en rojo. 

Todos elementos subyacentes a un modelo económico que apoyaron fervientemente, aunque ahora se quieran despegar; tal como les pasó antes con Cavallo, al que financiaron desde la Fundación Mediterránea.

Acaso al señor Pagani le harían falta menos documentos de la AEA y del Foro de Convergencia Empresarial reclamando por una economía de mercado con menos presencia del Estado, o menos Coloquios de IDEA en los que reclamar reformas laborales flexibilizadoras, y más charlas con el contador de la empresa, o con los quiosqueros y almaceneros que venden lo que fabrica, para averiguar quienes son sus principales clientes, y de qué depende que puedan mejorar las ventas.

El empresario cordobés y su emporio traen una vez más al tapete la discusión sobre la deserción histórica de nuestra famosa "burguesía nacional" (ese unicornio azul del peronismo, desde los tiempos de Miranda y Gelbard) a su compromiso con el país, y a largo plazo, incluso con sus propios intereses de clase. Aun cuando a estos los proteja mejor, diversificando sus inversiones, o simplemente extrayendo excedentes para fugarlos, tal la costumbre habitual del sector.

Que alguien que vende productos alimenticios, que en muchos casos son de primera necesidad pero en otros dependen de que la gente tenga "resto" para darse un gustito, no comprenda que no puede irle bien en sus negocios con políticas económicas que asfixian el mercado interno y destruyen la capacidad de consumo de los sectores populares degradando salarios y jubilaciones, y siga creyendo contra toda evidencia en la necesidad de reducir el gasto público o flexibilizar el mercado del trabajo como únicas soluciones para todo, es ciertamente algo merecedor del diván de un psicoanalista; mínimo.

Una autotitulada "élite" (que lo es por su poderío económico y capacidad de presión e influencia) que no es capaz de mirar más allá de su propio ombligo (aunque en el caso de Pagani la distancia sea un poco mayor hasta allí) para comprender el panorama general, es también un fracaso como país; patentizado hoy con niveles récord de caída de la producción industrial y capacidad instalada ociosa que afecta a todas las ramas de la producción fabril.

Porque el macrismo ha logrado (entre otros grandes éxitos) superar aquella célebre dicotomía que planteara uno de los "Chicago Boy's" del equipo de Martínez de Hoz: hoy en la Argentina es tan dificultoso fabricar caramelos, como acero. Tuit relacionado: