LA FRASE

"POR AHORA NO ESTAMOS PIDIENDO AUTORIZACIÓN PARA QUE LA POLICÍA PUEDA USAR LA PICANA Y EL SUBMARINO, ANTES VAMOS A VER COMO FUNCIONAN LAS REFORMAS QUE PLANTEAMOS." (PABLO COCOCCIONI)
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miércoles, 9 de mayo de 2018

DURÁN BARBA AL BANCO CENTRAL



Los 29 meses transcurridos del mandato de Macri comprueban cuan cierto es aquello de lo diferente que es estar en campaña de gobernar, más aun habiendo llegado al gobierno siendo oposición.

La eficacia de la maquinaria montada por Barba para leer el humor social (e influir en él, con el inestimable apoyo del complejo de medios hegemónicos), diseñar la campaña en consecuencia y ganar elecciones está fuera de discusión; pero arroja un fuerte contraste con la desastrosa gestión del gobierno, aun medida bajo sus propios términos de “éxito”, como lo comprueba la actual crisis cambiaria.

Dando por sentado que el gobierno está “haciendo lo que vino a hacer” (no seremos nosotros, que lo advertimos en campaña, los que neguemos los propósitos y prioridades centrales de Macri y “Cambiemos”), los niveles de chapucería con los que encaran problemas estructurales serios y previsibles bajo el modelo en curso no dejan de sorprender: la inflación no cede y tiene a espiralizarse, las inversiones esperadas no llegaron y las alentadas se están yendo, el rojo fiscal se agrava por los pagos del endeudamiento. 

Todo eso sin considerar las consecuencias sociales del modelo sobre el empleo, los salarios y el consumo, simplemente porque no entran entre las prioridades del plan sino para reducirlo, deprimirlo y plancharlo, respectivamente.

Basta ver las reacciones de lo economistas del mainstream y la cada vez más indisimuladas soltadas de mano de los hasta ayer incondicionales, o el fuego amigo de consultoras, calificadoras de riesgo y fondos de inversión, para advertir que las cosas no están resultando como fueron planeadas en el laboratorio; algo que si bien es común a los experimentos neoliberales en cuanto lugar del capitalismo periférico (y aun central) han sido ensayados, en el caso argentino lo que sorprende es la velocidad del deterioro.

En campaña y para ganar elecciones, cualquiera fuerza política necesita intuición, sutileza y capacidad de percepción para captar quiebres en las tendencias del comportamiento social, cambios, expectativas, humores coyunturales o más profundos, e incluso sutiles disociaciones entre los intereses concretos de cada sector, y sus percepciones subjetivas acerca de como cree que son las cosas.

Una vez en el gobierno, se trata de administrar intereses, arbitrar conflictos, determinar el espacio de autonomía de la política, conducir las lógicas corporativas, y perfeccionar las rutinas de gestión para poner en marcha aquello que se diseñó en la teoría; tomando nota de las rispideces de la realidad, que es problemática por definición.

Es de lógica elemental tomar nota (y la reflexión nos parece especialmente pertinente aplicada al gobierno de Macri) que todo aquello que se debe ocultar en campaña porque “pianta votos”, si se ejecuta desde el gobierno resta adhesiones, aunque no se vote: aquello de la víscera más sensible de la que hablaba Perón no será en estos tiempos la única razón que determina las opciones electorales o los apoyos políticos de una sociedad como antes, pero tampoco ha desaparecido por completo como factor determinante.

Por el contrario, todo indica que en la medida que las crisis se profundizan afectando más gravemente las condiciones objetivas y materiales de existencia, se vuelve otra vez -en razón de proporcionalidad directa a la velocidad y magnitud de aquellas- un elemento de primer orden en la configuración de las percepciones sociales, y sus proyecciones políticas y electorales.

Eso en la estricta teoría comprobada en el país y en todos lados en un sinnúmero de casos, pero en la práctica y desplegando un modelo de valorización financiera con las fragilidades que tiene el actual y han sido abundantemente descritpas, se hace más difícil aun, como lo comprueba la crisis actual, el sueño neoliberal de desplumar a la gallina sin que grite; y excluir el conflicto social mientras se crean las condiciones objetivas para que crezca y se reproduzca.

La crisis es económica, pero sobre todo es política: la denostación contra la “vieja política” que es el sello de agua del PRO y está en el corazón del discurso duranbarbista, oculta que hay cuestiones que solo la política (en el sentido más profundo y genuino del término) puede resolver, o intentar resolver. Ni nueva ni vieja, entonces, política, simplemente.

Si se ve en medio de la bruma, queda claro que Macri y su equipo están resolviendo todo a los bandazos, convocando para resolver una crisis económica provocada claramente por la desconfianza en la fragilidad del modelo y en la capacidad del gobierno para lidiar con los problemas, a los radicales y a Carrió; que representan en la memoria social la hiperinflación, el derrumbe de la convertibilidad, el mesianismo y la nula experiencia de administración, en ese orden.

O apelar a la eterna benevolencia del peronismo dialoguista (¿no se han cansado de decir acaso que es una máquina de perseguir el poder?) o del sindicalismo conciliador, obligado a representar los intereses de sus afiliados bajo pena de perder sus sillones: ¿no han dicho miles de veces que se aferran a los mismos desde hace años?

O -para redondear- apelar al consejo de Cavallo y al salvataje del FMI, cuando fue precisamente el haber seguido a pie juntillas su hoja de ruta lo que nos ha llevado hasta este punto en que estamos.

El mejor equipo de los últimos 50 años ha demostrado ser bastante chambón en economía (no para sus negocios y los del “círculo rojo ampliado”, sí para mantenerse a flote sin hacer olas), y por lo visto, también en política, aunque gane elecciones.

O precisamente por eso: a apenas seis meses de haberse revalidado en las urnas pese al ajuste descargado sobre buena parte de la sociedad argentina, están metidos en un quilombo del que no se pude vislumbrar si podrán salir. Acaso podrían probar convocando a Durán Barba para conducir el Banco Central.

Ni hablemos de las penosas escenas de absoluta desorientación discursiva, delirios paranoides y teorías conspirativas que estamos viendo por estas horas, que por sí solas ameritarían un post.

martes, 8 de mayo de 2018

HÁGANSE CARGO


Pasaron todas y cada una de las cosas que les advertimos que iban a pasar, e incluso antes y más graves: lo que ustedes llamaron en tono de burla "campaña del miedo" terminó siendo la tapa de los diarios, todos los días y aun en medio del blindaje, en estos dos años y medio.

No resolvieron absolutamente nada de lo que decían que estaba mal (como la inflación, la escasez de dólares o el déficit fiscal, ni hablemos de la pobreza o la corrupción), y lejos de eso, lo empeoraron.

Por contraste, hicieron mierda prolija y concienzudamente todo lo que estaba bien, empezando por lo que prometieron dejar como estaba porque "no nos iban a quitar nada de lo que tenés".

Empecinados en repetir la historia de sus propios fracasos, fueron cumpliendo todos y cada uno de los pasos necesarios para la receta del desastre perfecto: desregulación del mercado financiero, apertura indiscriminada de las importaciones, tarifazos brutales, ajuste y despidos en el Estado, eliminación de todos los controles al movimiento de capitales, acceso total de cualquiera y en cualquier condición a las divisas 

Y ahora, el retorno al FMI; con sus consejos que siempre que se pidieron, terminaron haciendo mierda el país, pero eso sí: evitando cuidadosamente hablar de "blindaje", y queriendo convencernos de que el Fondo cambió, ya no es el mismo de antes, el de siempre. 

Tengan por lo menos la decencia de no repetir la segunda parte exactamente igual que la primera, y evítennos el corralito, el estado de sitio, la represión y las muertes, si no es mucho pedir. 

Cuando las ratas empezaron a abandonar el barco (desde Mirtha Legrand a Tetaz, pasando por los econochantas de las consultoras), vuelven a flashear golpes de Estado y echarle la culpa de su propia incapacidad a la oposición; teniendo como tuvieron todo el poder disponible, y todo el "colaboracionismo" político y sindical que pudieron comprar, cooptar, extorsionar o convencer.

Después llegará el momento de la comprensión política, y la tarea de captar a los desencantados con éste gobierno, aunque hasta ayer nomás lo defendieran a capa y espada; echándole la culpa de todo a "la pesada herencia" y a que "se robaron todo, se robaron".

Ahora no, ahora háganse cargo de lo que votaron, porque lo supieran o no, era esto: no les pedimos un acto de contricción, ni carteles colgados colgados del cuello diciendo cosas como "Soy un boludo, yo lo voté", o algo por el estilo.

Eso sí: les vamos a pedir una pequeña, breve y simple reflexión, haciendo a un costado el odio que los ciega y los hace votar en contra de sus propios intereses, por lo menos una vez en la vida. 

Por una vez en la vida, ante la perspectiva concreta de tener el agua al cuello (si es que ya no los tapó), apaguen la tele y la radio, dejen el diario y piensen por ustedes mismos, sin zócalos ni editoriales, ni ayuda de ninguno de los que ahora están viendo como hacer para sacarle el culo a la jeringa, creyendo que nos vamos a olvidar de como aportaron para que este experimento horrible que está arrasando el país haya sido realidad.

Hagan la prueba, es liberador, aunque deprima. Demuestren que son capaces de sacar provecho de sus cagadas, y no tropezar con la misma piedra, una y otra vez. No parece mucho pedir, considerando lo que el gobierno al que eligieron les exige (nos exige a todos, en realidad) sin consultarlos y sin consultarnos a nosotros. 

Pero ahora, aunque estemos todos en el mismo bote (porque ahora es cuando comprueban en cuero propio que son lo que son, y no lo que creyeron ser cuando votaban como los que tienen todo resuelto) y nos jodamos todos por culpa de ustedes, por lo menos por unas horas o unos días déjennos el respiro de decirles: jódanse por boludos, háganse cargo de lo que consiguieron votando como el culo. 

martes, 20 de diciembre de 2016

¿TODO ESTÁ GUARDADO EN LA MEMORIA?



Hoy se cumplen 15 años de la salida anticipada del poder de De La Rúa, dejando para la historia aquella tristemente célebre postal del helicóptero despegando de la Rosada.

Dejaba atrás la peor crisis política, económica y social de la restauración democrática, y 39 muertos por la represión descontrolada en la Plaza de Mayo, y en otros puntos del país.

La Alianza, aquélla coalición orquestada desde el Grupo Clarín para darle una alternativa electoral a la fase final de su relación con el menemismo (al cual ya no tenían nada para sacarle, tras obtenido de él múltiples benficios) coronaba un fracaso descomunal; defraudando las expectativas de millones de argentinos que la votaron, muchos de ellos creyendo que se podía hacer "menemismo prolijo", es decir convertibilidad e ilusión primer mundista, pero sin corrupción.

Si alguien quiere encontrar en el cuadro descripto semejanzas con la situación actual y con el contexto en que se gestó "Cambiemos" y Mauricio Macri llegó al poder por el voto ciudadano, es porque las hay: un gobierno sustentado en buena medida en el voto de las clases medias que asocian su progreso a los propios méritos, y que muchas veces no tienen la capacidad de leer el contexto del país en el que viven y los tira para arriba o para abajo, más allá de su esfuerzo personal.

O no quieren verlo, y en realidad se sienten cómodos votando como votan, una y otra vez; sin reconocer jamás que se equivocan, y mucho menos mostrarse dispuestos a rectificarse; aunque ese gobierno los cague, como pasó con De La Rúa y los ahorros, y como está pasando con Macri con Ganancias y los tarifazos. 

Quizás sea porque han incorporado a su credo aquéllo de que la movilidad social ascendente es algo bueno, siempre que les toque a ellos, y la negrada no levante cabeza. Acaso porque suponen que compartiendo el mismo "corpus" de ideas con los que son garcas por linaje y billetera, pertenecerán de algún modo a ese círculo.

Los protagonistas del fracaso de la Alianza -que dejó el poder bajo el estruendo del "que se vayan todos" del que Néstor Kirchner rescató a los políticos argentinos- se reciclaron después, incluso muchos de ellos (hay que decirlo) en los gobiernos kirchneristas.

Y buena parte de ellos no solo no se fueron, sino que volvieron, y son otra vez gobierno, por el voto ciudadano: el núcleo duro de aquel experimento (centralmente la UCR y su herencia cultural, como Carrió y Stolbizer) hoy vuelven como si nada a ser parte de un proyecto político que repite y profundiza lo peor de las políticas del menemismo, y del gobierno de De La Rúa.

Y lejos de haber hecho "autocrítica" o el más mínimo acto de contrición por aquél fracaso (del cual además han logrado mantenerse impunes en la justicia, presionando a través de ese aguantadero que es el Consejo de la Magistratura) ese mismo núcleo duro trata de blanquearlo a De La Rúa paseándolo por los medios para que diga que a su gobierno lo volteó el peronismo; y advierta que a Macri le puede pasar lo mismo. La advertencia no hizo falta: ya lo estaban diciendo el propio Macri y los voceros del gobierno.

No se trata de que si volvieran al gobierno harían exactamente lo mismo que antes, sino que volvieron, y lo están haciendo: la UCR de Mathov y Mestre hoy estrecha filas en torno a Gerardo Morales ("orgullo radical", al decir del inefable Barletta) y su régimen de ignominia, banca la existencia de presos políticos y pide más espacio en el gobierno de los CEO's, a cuyo triunfo electoral hicieron su módico aporte.

Sturzenegger -segundo de Cavallo con De La Rúa, procesado por el Megacanje, luego salvado por la justicia adicta- maneja el Banco Central y endeuda al Estado en 7000 millones de dólares por intereses de las LEBAC's, mientras Elisa Carrió (la custodia de la moral republicana de los argentinos) propagandiza en el exterior el blanqueo de capitales, y justifica que Macri haya incluido por decreto en él a los familiares de los funcionarios, expresamente excluidos por ley del Congreso. 

Además se da el lujo de advertir que pueden haber muertos en diciembre, por culpa de protestas sociales provocadas por el kirchnerismo. Y en el colmo del cinismo, dice que los muertos de aquél diciembre se los tiraron a De La Rúa, para tumbarlo.. 

Margarita Stolbizer trasega los tribunales con denuncias contra Cristina y el gobierno anterior, mientas al presidente y su familia le encuentran todos los días una empresa off shore nueva, una cuenta oculta en algún paraíso fiscal, algún movimiento sospechoso de fondos; y no pasa una semana sin que conozcamos -pese al blindaje mediático- algún nuevo negociado de los funcionarios, familiares, amigos y empresarios próximos al poder.

Lombardi -el que lloraba emocionado en la Rosada cuando despegaba el helicóptero- funge de comisario político en los medios, y Darío Lopérfido (aquel de los jóvenes del Grupo Sushi de entonces), de vocero de Cecilia Pando; y provocador oficial. 

Para lograr que se aprueben sus proyectos cuando se traban en el Congreso, el gobierno está a nada de volver a pelar la Banelco, si es que ya no lo ha hecho. Y como ayer eran Branda y Cantarero, hoy son Pichetto y Massa., siempre hay alguno dispuesto a mostrarse comprensivo, por el precio conveniente.

Claro que no todo es igual que entonces: en esa época Moyano denunciaba la Banelco, hoy la usufructúa.

Pero si todas estas cosas volvieron a pasar en la Argentina (como si estuviéramos condenados a repetir fracasos) es porque hay profundos quiebres en nuestra memoria colectiva, zonas oscuras donde impera el concepto de que es mejor olvidar, y hacer borrón y cuenta nueva con el pasado. A menos, claro, que sea para dar rienda suelta al revanchismo y ajustar cuentas con el peronismo, en el mejor espíritu del 55'.

O tendremos que admitir acaso que (por decir poco) exageramos con aquélla consigna "Argentina, un país con buena gente", y hay muchos compatriotas que no olvidan sus errores y por eso los repiten: los recuerdan perfectamente, y obran en consecuencia con una escala de valores y una idea de país que es distinta a la nuestra; o para ser más precisos: que está en las antípodas.

Aunque nos quieran convencer de que votaron a Macri porque prometía "la pobreza cero" y "unir a los argentinos", y porque estaban hartos de la corrupción.

martes, 7 de enero de 2014

EL NUEVO MAPA POLÍTICO










 
Nestornautas hizo una profunda investigación, acerca del nuevo mapa político con vistas al 2015, y que se está tejiendo en las principales playas de la costa argentina y en Punta del Este.
 
 
1) PROARTEL: Es un conglomerado surgido de la huestes de Macri, con el auspicio de Arcor y Telefónica. Magnetto se opone porque dice tener la licencia del nombre.
 
2) IDEAS DEL SUR: Es una ocurrencia de Pino Solana, con el auspicio de Marcelo Tinelli. El inconveniente es que el nombre lo tienen mancillado.
 
3) POL-KA: Grupo kirchnerista aliado con el Partido Obrero de Lomas. Busca posicionarse detrás de la figura de Boudou.
 
4) MANDARINA: Es un desprendimiento de disidentes con Lilita Carrió, que quedó con los ortodoxos de Fanta.
 
5) CUATRO CABEZAS: Bajo la conducción de Duhalde, se suman deportistas y artistas (Ruggeri, Cacho Castaña -en recuperación-, y Luís Ventura)
 
6) LA CORNISA: Luís Majul los ha convocado, pero tienen miedo que su presencia los empuje. Allí confluyen Vicky con su concubino pelado, Stolbizer, Lozano y otros de "avanzada".
 
7) BARAKA: de fuerte influencia norteamericana. Pinedo la impulsaría yéndose del PRO.
 
8) YAVERÁS: Grupo amenazante que impulsan Quebracho, el PO y Castells.
 
9) MALACARA: Con la figura de Agustín Rossi, intentan convecer a Santos Biasatti para que sea la cara visible.
 
10) BLUE: Nuevo grupo sostenido por Melconián, Sturzenegger, Prat Gay, Redrado y otros.

sábado, 19 de octubre de 2013

MENOS QUE LA ALIANZA


Entre el caso Cabandié, la enfermedad de Cristina y los actos del 17 de octubre, pasó desapercibido que esta semana la Alianza 2.0 de socialistas y radicales (que como tal sólo existe en algunos distritos, como Santa Fe y la PBA) más socios menores como Liebres del Sur, presentó sus propuestas para una "CONADEP de la corrupción"; o algo por el estilo.

Podemos ver acá en Página 12 algunas de las propuestas, que van desde la derogación de la ley de blanqueo y suspensión del secreto fiscal, la modificación de la ley regulatoria de los Decretos de Necesidad y Urgencia y derogación de las facultades delegadas, hasta la implementación del sistema de boleta única para las elecciones nacionales y la reglamentación del lobby en el Congreso; entre otras cuestiones, como obligar a las candidatos a debatir en televisión en campaña, y al presidente y los funcionarios a dar conferencias de prensa.   

Nada nuevo, ni nada que ya no se haya planteado antes, por ellos y por otros, o por ellos mismos, en cada uno de los rejuntes que arman y desarman cada dos años, o poco más.

Si repasamos cada una de las propuestas nos sentimos transportados en el túnel del tiempo a la década del 90', cuando a partir de ideas como esas se pretendía confrontar al menemismo, como si el problema fundamental por entonces fuese combatir la corrupción; y no un modelo de país que dejaba a millones de argentinos fuera del trabajo, la salud, la jubilación o la vivienda; mientras se condicionaba el futuro económico y social del país por décadas.

Y no se trata de justificar la corrupción ni de exigir impunidad para nadie como canje por una presunta eficacia en el gobierno, sino de exigir a la dirigencia política (en especial a aquella que cree estar en mejores condiciones que el kirchnerismo para conducir los destinos del país) un mayor grado de madurez; para abordar en toda su complejidad los problemas más importantes que tiene la Argentina.

Problemas que, si todos y cada una de esas propuestas (años, pero presentadas como nuevas) se aprobaran e implementasen seguirían -con leves matices- estando presentes; y demandando soluciones, porque es una cuestión de proyectos de país y de lucha de poderes, y no de simples cruzadas moralizadoras.

Tomemos como ejemplo el gobierno de Macri en la CABA y concedamos por un momento que su administración sea un ejemplo de honradez administrativa, que ninguno de sus funcionarios se lleve siquiera una birome a su casa, y que al mismo tiempo fuera estrictamente respetuoso de todos los rituales republicanos.

Aun en ese caso, ¿el problema no seguiría siendo que expresa un modelo político de derecha, excluyente y desintegrador, con todo lo que eso significa respecto de la salud, la educación pública o del rol del Estado, no habría entonces nada que cuestionarle porque no roba y respeta la división de poderes? 

También se podría objetar (en un rango menor de importancia argumental, aunque no desdeñable) que este tipo de propuestas las lanzan determinadas fuerzas políticas cuando tienen la absoluta certeza de que jamás llegarán a ser gobierno; porque cuando efectivamente lo son, se conducen en sentido diametralmente opuesto.

Que es lo que pasa sin ir más lejos acá en Santa Fe con el Frente Progresista Cívico y Social que integran radicales, socialistas y sus aliados; que en medio de las protestas del más estricto republicanismo se han dado a una persistente tarea de cooptación y demolición de todos los organismos de control: el Consejo de la Magistratura, el Poder Judicial, el Tribunal de Cuentas, el ENRESS y hasta la misma Comisión Bicameral de Revisión de Cuentas de la Legislatura.   

No es casual que -como decíamos más arriba- la creencia en la virtualidad mágica de ciertas alquimias republicanas como solución mágica para todos los problemas haya surgido en el "oenegeísmo", fruto del mismo clima cultural de los 90': años de ocaso de la reflexión política (desde la academia y desde el propio sistema de partidos), en los que se demonizó al Estado en más de un sentido, y desde diferentes direcciones.

Cuando decimos Estado decimos gobierno, y más precisamente el Ejecutivo; porque es el que tiene a su cargo la gestión cotidiana de los grandes temas de un país, y concreta las decisiones que pueden rozar con los intereses del poder económico.

Mientras desde el neoliberalismo triunfante se execraba la intervención estatal con el argumento de la ineficiencia, el institucionalismo republicano ponía el foco en la corrupción; como si esta fuera intrínseca a la naturaleza misma del Estado: la derecha (económica y política) no podía entonces ni pudo ahora pedir mejor aliado para concretar sus planes que un "progresismo" tenue, que redujera a eso su programa político.

Por eso esta semana -por ejemplo- ovacionaron a Margarita Stolbizer en el coloquio de IDEA  cuando propuso tomar medidas para combatir la riqueza mal habida; pero sólo luego de que aclaró que se refería al patrimonio que los funcionarios no podían justificar, pero no a las ganancias de las empresas y los empresarios.  

Decíamos también más arriba que representan la Alianza 2.0 pero en rigor son menos que eso, porque la Alianza no cuestionaba a fondo el modelo de la Convertibilidad (por el contrario, De La Rúa ofrecía explícitamente hacer un menemismo prolijo); y esta versión remixada recurre al mismo programa político de entonces, a partir de homologar al kirchnerismo con los 90', desde el prisma de la corrupción.

Lo que desnuda un intento por tapar el sol con la mano, o hacer como si diez años convulsionados por debates cruciales y transformaciones profundas producidas en el país, no hubieran sucedido.

Y sobre todo tratar de que olvidemos que, cuando en estos años se plantearon políticas concretas para avanzar sobre deudas del menemismo (como las AFJP, la deuda externa, la concentración de los medios, o la privatización de Aerolíneas Argentinas) votaron en contra, o sabotearon sistemáticamente toda medida del gobierno que fuera en la dirección que ellos mismos sostenían antes.

Que en cada uno de esos casos (como en otros) existiera siempre frente a la iniciativa kirchnerista algún sector del poder económico que pugnaba por defender privilegios, no es simple casualidad: es la lógica consecuencia de un modus operandi de la política que llevan adelante ciertos sectores, que pone todos los problemas y los males del país exclusivamente en las rutinas de funcionamiento del sistema político y las instituciones; como si estas giraran en el vacío.

Ante lo que intuyen como un nuevo ciclo de menemismo remixado (con un peronismo que suponen girando hacia alguna variante de derecha) se empiezan a peinar para la foto; para ocupar el mismo rol que cumplieron en el original: pasar por progresistas y casi "de centroizquierda", en el cómodo rol de una oposicón que cuestiona todo, menos lo que realmente hay que cuestionar.

Y si por esos azares del destino electoral les tocara ser nuevamente gobierno, terminarían más o menos igual que en el 2001, y por las mismas causas: la profunda endeblez de una construcción política (sustentada en una más endeble aun concepción teórica) que no se plantea seriamente disputar el poder, con quien verdaderamente lo detenta; si no con exclusividad, en una porción importante.