LA FRASE

"POR AHORA NO ESTAMOS PIDIENDO AUTORIZACIÓN PARA QUE LA POLICÍA PUEDA USAR LA PICANA Y EL SUBMARINO, ANTES VAMOS A VER COMO FUNCIONAN LAS REFORMAS QUE PLANTEAMOS." (PABLO COCOCCIONI)
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lunes, 6 de octubre de 2025

CÍRCULO VICIOSO

 

Si hubiera que poner una fecha para la toma de distancia del "círculo rojo" compuesto por los principales grupos económicos del país respecto al gobierno de Milei, habría que decir que fue cuando se conocieron los resultados de las elecciones bonaerenses del pasado 7 de septiembre; aunque antes ya se venían viendo movimientos -nada sutiles, por cierto- que así lo indicaban, como el armado y lanzamiento de "Provincias Unidas" como recambio de la oferta electoral de la derecha, con el inocultable auspicio de la AEA.

La estrategia no es para nada novedosa: se trata simplemente de reflotar la idea -que reaparece cada vez que los modelos que esos grupos de presión y factores de poder apoyan eclosionan- de que el modelo es el correcto y funciona pero lo que falla es la realidad, o sus circunstanciales ejecutores; como fue en su momento Macri (al que se criticó y él se autocriticó por su "gradualismo") y ahora es Milei.

Y reflotar al mismo tiempo la idea -fruto más de la necesidad que de la convicción- de empezar a tantear puentes de contacto con el peronismo, pero siempre con una meta en mente: plantearle el mismo plan fracasado como el único racional y posible, como si en el medio no hubiera pasado nada. Como hemos dicho antes, nuestra derecha empresarial tras su forzada, fingida y poco creíble conversión democrática a la salida de la dictadura, insiste una y otra vez en aplicar un programa que más tarde o más temprano exige de la represión para imponerse y sostenerse, y desde esa idea base extorsiona a la sociedad y a la política.

En esa obstinada y cerril defensa de sus intereses -que resultan fortalecidos con cada crisis- hay que buscar el origen de todas nuestras convulsiones económicas y sociales, con repercusiones políticas e institucionales (y no al revés); y el fracaso ya irremontable del gobierno de Milei no será la excepción: como han hecho otras veces, ya se preparan ante el posible cambio de signo político del gobierno para volver, como si nada. A reclamar lo pendiente (como la reforma laboral), es decir a profundizar el desastre que causaron, o preparar el terreno para uno nuevo.

Así las cosas, es la política pensada en clave nacional, popular y democrática la que tiene que ponerles el palo en la rueda para interrumpir el círculo vicioso que nos conduce de crisis en crisis, y nos obliga a empezar al final de cada una de ellas, desde un piso más bajo de derechos, estándares de vida, cohesión social y densidad nacional. Y tenemos que hacerlo en defensa de la democracia y el voto popular, para que no queden vaciados en su legitimidad desde el primer día de gobierno, como sucedió en la fallida experiencia del "Frente de Todos", abonando así al desencanto democrático que nos trajo a Milei.

Mientras tanto ellos, el "círculo rojo", nuestra presunta élite económica, deberán ir -por una vez al menos- a la cola, a hacer (si les sale) algo de esa autocrítica que tanto le piden a la política, y en lugar de presionar a un gobierno elegido por el pueblo para imponerle su programa sin importar lo que gente haya votado, explicarles a sus accionistas por que los hicieron perder plata apoyando una y otra vez políticas que destruyeron el valor de sus empresas.

Con un gobierno puesto a gobernar aplicando el programa electoral consagrado en las urnas (que para eso lo votaron), ellos, los empresarios, deberán dedicarse a ser empresarios, más que lobbistas o aspirantes a conductores del país en las sombras, a los que nadie votó: generar empleos, pagar salarios dignos y en blanco, pagar impuestos y mirar los balances para ver como les va, antes de empezar a levantar el dedito admonitorio reclamando reformas.

Hace un tiempo ya, en el final de su segundo mandato, Cristina los invitó a debatir en público estas cuestiones (cuando hablaba de discutir con los titulares y no con los suplentes) pero sin generalidades abstractas y con los números en la mano. El desafío, por supuesto, no tuvo respuesta, porque no podría tenerla; por la simple y sencilla razón de que los que reclamaban cambios, se llenaban los bolsillos con las políticas que combatían y denostaban. 

En un futuro gobierno habrá que atenderlos, eventualmente, en un escritorio con dos cajones: uno para guardar bajo llave y sin abrir ni leer, todos los pliegos de demandas que seguramente llevarán (que por otro lado nada tienen de misteriosos porque son siempre los mismos), y con otro abierto para sacar de allí los documentos que ellos mismos y sus múltiples sellos de goma sacaron todos estos años transcurridos desde Martínez de Hoz para acá incluyendo a Milei, para apoyar enfáticamente los modelos económicos que nos llevaron al desastre. Eso, para empezar a hablar y refrescarles la memoria por si se olvidaron.

El desastre que deja Milei (y que no hará sino agrandarse cada minuto que permanezca en la Rosada, porque no hay posibilidad alguna de rectificaciones en éste contexto) exigirá del próximo gobierno algo más que administrar la crisis heredada, y estar dispuesto a tomar fuertes medidas que incluyan regulaciones necesarias e imprescindibles sobre la economía en general, y en particular en el comercio exterior, la administración de las divisas, las inversiones extranjeras, los movimientos de capitales o el sistema financiero. 

Todas esas medidas requerirán -necesariamente- afectar poderosos intereses que, como dijimos antes, están en la génesis de todas nuestras desgracias nacionales. Tendrá que ser un gobierno que deje de atajar pelotazos y pase a la ofensiva, sin escudarse en el pretexto de las correlaciones de fuerzas que ya se sabe que son desfavorables y lo seguirán siendo; pero que sin la fuerte decisión política de hacerse cargo de los problemas y poner lo que haya que poner para solucionarlos, jamás cambiarán. 

Y podemos saber hoy que ese rumbo no será compartido por el "círculo rojo" y lejos de ello, lo combatirán con todos los medios a su alcances. Pero no hay otro camino, si queremos no solo sostener y consolidar nuestra democracia, sino darle un sentido que vaya más allá del cotillón electoral. Tuit relacionado:

miércoles, 17 de septiembre de 2025

"LO PEOR YA PASÓ"

 

El gobierno (en alianza con el PRO) perdió por casi 14 puntos las elecciones en la PBA, donde está el 38 % del padrón nacional. La primera respuesta concreta de Milei a la derrota fue vetar las leyes de financiamiento universitario, emergencia pediátrica y en residencias médicas y reparto proporcional de los ATN sancionadas por el Congreso; y empezar a repartir estos últimos discrecionalmente para blindar los vetos cuando sean tratados en las Cámaras.

Apenas horas después del urnazo bonaerense el círculo rojo (por medio de la pluma de Morales Solá en La Nación) empezó a hablar abiertamente de que Milei podría no terminar su mandato, y agitar el fantasma de la sucesión presidencial; mientras Clarín (el house organ de la AEA) empezaba a operar abiertamente en la interna del peronismo para secuestrar el triunfo de Kicillof y apropiárselo como el instrumento para terminar definitivamente con Cristina y el kirchnerismo. Señal inequívoca ésta última de que han percibido que otro experimento gorila fracasó, y que es al interior del peronismo donde se dará la disputa decisiva en adelante.

Desde que se abrieron las urnas bonaerenses el dólar subió hasta tocar el techo de la banda y se derrumbaron los bonos y los ADR´s mientras subía el riesgo país, enterrando los sueños del gobierno de volver a los mercados de deuda. Y todo eso sucedió (y sucede) mientras aun no han tenido lugar las elecciones de octubre en todo el país, que podrían propinarle otra derrota al experimento libertario.

Experimento que no llegó siquiera a la fase que alcanzó Macri en 2017, con un triunfo en las legislativas de medio término que le permitió impulsar las reformas laboral y previsional, antes de chocar la calesita y tener que acudir al FMI. Menos de una década después, parecemos estar en el mismo punto: el gobierno esperaba ganar las elecciones para impulsar las reformas a las que se comprometió con el FMI (que generan resistencias sociales y políticas hoy como entonces), y desde el Fondo advierten que esas reformas requieren de consenso políticos amplios y son el presupuesto necesario para que el país crezca: lo primero es imposible por definición, y lo segundo falso de toda falsedad, como se ha empeñado en demostrarlo una y otra vez la experiencia histórica.

El círculo rojo local (cuyo núcleo de coincidencias básicas es exactamente el mismo que el del FMI y el propio Milei, con las reformas laboral y previsional al tope de la lista de demandas) no está dando ninguna señal de modificar su idea de país, sino en todo caso lo que está buscando en la política son  nuevos ejecutores, y ya los encontró: ahí anda el rejunte de gobernadores de Seita también conocido como "Provincias Unidas" proponiendo -para sorpresa de nadie- las reformas laboral, tributaria y previsional.

En ese contexto Milei grabó y difundió su desangelada cadena nacional del lunes, que de antemano se sabía no tenía (ni tuvo nunca) la posibilidad de mover el amperímetro, o modificar el escenario: están gastados el discurso y su enunciador, que no puede ofrecer novedades (ni lo hizo), ni prometer futuro, que lo hizo, pero ya nadie le cree. La enésima reiteración de la promesa neoliberal del derrame ya no parece ser creída, ni siquiera por los fieles más convencidos.

Y lo mismo sucede con el presupuesto 2026, sus proyecciones y sus cálculos: parece un caza-bobos destinado a distraer la atención del Congreso y descomprimir el ambiente en el que han de tratarse los últimos vetos de Milei, que un proyecto a ser aprobado y mucho menos aplicado, aunque su aprobación sea una exigencia del FMI, lo cual da una pista cierta de su contenido: profundizar el ajuste de la motosierra (contra el mensaje de las urnas) y de mínima, consolidar el ajuste regresivo ya realizado en estos dos años, en desmedro de los salarios, las jubilaciones y las políticas de protección e igualación social.   

Lo que viene en el Congreso -más que la discusión inútil de un presupuesto condenado a no salir- es el intento de ratificación de las leyes vetadas por Milei (que tendrá que sortear la Banelco de los ATN repartidos a dedo entre los "comprables"), el nuevo régimen legal de los DNU y (alguna vez habrá que volverlo a intentar, quizás después de las elecciones), la derogación definitiva del DNU 70/23.

Para el peronismo, la oportunidad de recuperar la confianza de la sociedad argentina como para conferirle nuevamente la responsabilidad de conducir sus destinos podría llegar antes de que a su interior se hayan zanjado cuestiones elementales que van más allá de liderazgos circunstanciales o permanentes: la acción política para revertir la condena y proscripción de Cristina (a la que acaban de impedirle votar, como si con eso bastara para suprimirla como sujeto político) y -en especial- el diseño del programa de un futuro gobierno; en el que la defensa de los derechos laborales construidos desde el primer peronismo debe ocupar un lugar esencial, más allá incluso del entreguismo de las cúpulas sindicales y la ceguera conceptual del empresariado, hasta aquel al cual podría rotularse de "nacional".

Defenderlos es defender el mismo sentido histórico del movimiento fundado por Perón, la suerte de los trabajadores y la de la Argentina en su conjunto; y en sentido inverso, retroceder en su custodia o resignarlos es condenar al país a seguir perdiendo tejido productivo, posibilidades de desarrollo integrado e inclusivo, y condenarlo a ser una neo-colonia con economía de plantación o enclave, y salarios pauperizados al nivel de los países más pobres del Tercer Mundo. Porque ese en esencia es el proyecto en el que coinciden el establishment económico nacional e internacional, y sus amanuenses en el campo de la política.

Además de trabajar para consolidar en octubre el triunfo que empezó a vislumbrarse en PBA hace unos días, hay que trabajar con mirada de mediano plazo en la organización de la fuerza propia, las definiciones programáticas y las estrategias de representación política de las demandas sociales, para darle sentido a futuras victorias; y no esterilizarlas en una propuesta chirle que se conforme con administrar la crisis, como pasó en el 2019. Tuits relacionados:

viernes, 5 de septiembre de 2025

EXPERIMENTO CONCLUIDO

 

lunes, 4 de agosto de 2025

RECORDATORIO

 

Las ridiculeces diarias de Milei con frecuencia nos hacen olvidar que en realidad es un personaje menor, que gobierna -si es que realmente lo hace- para y por otros, que son los que realmente mandan. Acá y en el extranjero: la embajada y la embajadita, la Am Cham y la AEA (Asociación Empresaria Argentina), que nuclea a los empresarios más poderosos del país.

Y la que a poco más de 10 días de iniciado el nuevo gobierno produjo el comunicado al que corresponde la imagen de apertura, en el que expresaba su entusiasmo con el plan económico que venía a desplegar, que llega hasta nuestros días con los resultados por todos conocidos.

Reparen en la fecha del comunicado: es la misma del DNU 70 rechazado por amplia mayoría por el Senado de la Nación, pero aún vigente porque el gobierno y la coalición oficialista ampliada que lo respalda en el Congreso se niegan a tratar en Diputados, para que no termine de caer.

El mismo que la Corte Suprema tiene fondeado en sus cajones hace más de un año sin tratar cuando es muy sencillo establecer que viola groseramente la Constitución, y que es la viga maestra de la gobernabilidad del experimento neoliberal con seres vivos, más incluso que la ley bases y las facultades extraordinarias que contenía y ya se vencieron. Como para que se entienda que a la hora de sostener los puntales del régimen, todos hacen su aporte.

Con poco pudor por disimular que lo escribieron ellos mismos, los popes de la AEA (ver las firmas al pie del documento y las caripelas en la imagen que cierra el post, sacada de su página web), celebran que por ese DNU se haya derogado la ley de abastecimiento y se hayan instrumentado otras reformas "liberalizadoras", entre otras cláusulas que una mano amiga (suya propia en rigor) introdujo con precisión quirúrgica para eliminar toda regulación o forma de intervención estatal que rozara sus intereses o privilegios.

También celebraban que el gobierno hiciera -en su opinión- un diagnóstico acertado de las causas de la decadencia nacional: el excesivo tamaño del Estado y el déficit en las cuentas públicas, en un clarísimo aval al plan de la motosierra que ya por entonces se empezaba a desplegar.

Por ese camino (ajuste del sector público, desregulación y disminución de las intervenciones estatales) nos decían que llegarían el crecimiento económico, la generación de empleo, el aumento de la inversión y de las exportaciones, en fin, el círculo virtuoso de la felicidad social. Por supuesto que está claro que eso no pasó, sino más bien todo lo contrario; como cada vez que se celebraron esas mismas políticas, y se pusieron en práctica en el país.

Llámense AEA, coloquios de IDEA, Foro de Convergencia Empresarial o el sello de goma que más le plazca al establishment. Tanto durante la dictadura militar como en el menemismo, con Macri o ahora con Milei, en dictaduras y en democracia. Para nuestra autopercibida élite económica hay un solo modo racional de hacer las cosas, que -oh casualidad- es el que más conviene a sus intereses, que pretenden siempre que sean identificados con los del país, y todos sus habitantes. 

Tengamos presente este recordatorio ahora, cuando se suceden a diario las señales de que -otra vez- el experimento con seres vivos que encarna Milei como mascarón de proa está próximo a implosionar, por su intrínseca inviabilidad en términos estrictamente económicos, como cada vez que se lo ensayó.

Porque cuando todo explote y vuele por los aires esta misma gente fingirá demencia, soltará lastre echándole las culpas a las excentricidades o el temperamento del payaso presidencial y su entorno, o -peor aun- dirá que el experimento fracasó por culpa de las resistencias del populismo que se niega a morir; y así se sacudirán el polvo de la ropa, y estarán dispuestos a reiniciar el ciclo, más allá de lo que gente vote.

Aprovechando la volada (como lo han hecho en todas las crisis) para forrarse los bolsillos y fugarla toda, porque otra cosa no saben hacer, y les chupa un huevo el destino del país, y con él, el de todos nosotros. A ver si esta vez aprendemos la lección, para no tratar de conseguir caerles bien o pedirles clemencia, que por otro lado jamás conseguiremos de ellos porque no está en su naturaleza.  

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viernes, 3 de mayo de 2024

VOTOS CALIFICADOS

Hubo un tiempo en la Argentina en que el principal paradigma de la acción política de quienes gobernaban el país era éste: "La verdadera democracia es aquella donde el gobierno hace lo que el pueblo quiere y defiende un solo interés: el del pueblo." La primera verdad peronista tenía un origen histórico concreto y preciso: el movimiento liderado por Perón venía a clausurar un oprobioso ciclo de fraude electoral, al que se apeló para facilitar la entrega del país bajo lo que se llamó el estatuto legal del coloniaje, y la miseria y empobrecimiento de su gente.

De allí que las tres banderas históricas del peronismo estaban, desde el inicio, fuertemente imbricadas entre sí como el propio Perón se ocupó de marcarlo muchas veces: para lograr la justicia social era necesario establecer la independencia económica, y para ambas cosas era imprescindible restablecer la soberanía política. La tensión siempre latente entre el capitalismo (que tiende a la desigualdad y la asimetría) y la democracia que concede a cada uno un voto para igualar las cargas en una sociedad, se resolvía por la vía democrática.

Claro que por eso pasó lo que pasó desde el 55' en adelante, y especialmente a partir del golpe del 76': el capitalismo corregía lo que conceptuaba como "vicios" de la democracia de modos cada día más violentos y aleccionadores a futuro. Y vaya si tuvo éxito: la restauración democrática parida en el 83' por la derrota en Malvinas vino condicionada desde el vamos a ir andando en puntas de pie, sabiendo de antemano que hay ciertos intereses consolidados que no se pueden tocar, y terrenos en los que es mejor no meterse, para evitar problemas.

Esa convivencia del régimen democrático formal con la forma particular que el capitalismo periférico dependiente asume en un país con el nuestro en tiempos de globalización (connivencia que se volvió absoluta durante el menemato, cuando incluso ciertas reformas drásticas fueron validadas por el voto ciudadano) no podía sino resultar a largo plazo en lo que resultó: una creciente insatisfacción social con los resultados de la democracia (que es casi lo mismo que decir con la democracia como sistema), que crecía al mismo tiempo y velocidad que crecían la pobreza, la exclusión y la desigualdad.

La excepción a ese cuadro fueron los años kirchneristas, en los que a partir de la lectura que hizo Néstor Kirchner de la implosión del modelo de la convertibilidad se inauguró un modo distinto de gobernabilidad a los ensayados hasta entonces, que logró estabilizar -aun en medio de convulsiones frecuentes- a un mismo proyecto político en la conducción del Estado durante tres mandatos presidenciales, algo que no registraba antecedentes en la historia argentina. 

En nuestra opinión, no ha sido debidamente analizada la convergencia en ese resultado de dos causas concurrentes: el estado de bonanza económica -con vaivenes, pero bonanza al fin- perceptible por la mayoría de los argentinos en su vida cotidiana, con la sensación en quienes votaban al kirchnerismo, de que el gobierno respetaba y honraba el mandato popular conferido en las urnas. En palabras de Cristina, no fue magia. En palabras de Perón, significaba cumplir nada más y nada menos que con la primera de las verdades peronistas.

Salteando el período de Macri -que precisamente por eso se vio forzado a hacer campaña prometiendo "mantener lo bueno y cambiar lo malo" del kirchnerismo para tener chances de ganar- la raíz del fracaso del Frente de Todos estuvo en la convergencia de los mismos factores, pero en sentido opuesto al kirchnerismo original: se deshonró el mandato popular gobernando para quienes no nos habían votado, y se eligió una gobernabilidad basada en el modo pactista que Néstor Kirchner abandonó cuando entró -con sus convicciones- por la puerta de la Casa Rosada. La propia elección de Alberto Fernández como candidato -y si nos apuran, la de Sergio Massa en 2023- estuvo presidida por esa lectura equivocada de todo el proceso. 

Y luego vino Milei, que llegó -como lo advirtió Cristina- montado sobre la insatisfacción democrática y como resultado de ella, pero también aupado en el balotaje por los votos del antiperonismo cerril, dato éste que suele dejarse de lado en la mayoría de los análisis; cuando en rigor se ha convertido en uno de los comportamientos más constantes (si no el más) de la sociología política de los argentinos. Disgresión: la diferencia entre Macri (que llegó como dijimos prometiendo "mejorar lo malo" del kirchnerismo) y Milei (que hacía campaña con la motosierra) son los gobiernos de Néstor y Cristina que precedieron al primero, y los del propio Macri y Alberto (con sus respectivos resultados en términos de salarios, empleos, consumos y expectativas sociales) que fueron su preludio.

Se podrá decir que estos tiempos de motosierra y licuadora que estamos viviendo son la consecuencia exacta de lo que votaron quienes votaron a Milei sin faltar a la verdad, pero tampoco sin contarla completa: por un lado sería más preciso decir que la gente siempre quiere lo mismo (vivir mejor), sin saber exactamente como conseguirlo, y sobre todo sin aprender de la enseñanza histórica que hay ciertas formas (económicas sobre todo) con las cuáles es imposible que todos (o la gran mayoría) estemos mejor, y tropieza una y otra vez con las mismas piedras.

Y por otro lado tampoco está tan claro que la gente haya votado ciertas cosas (como las contenidas en la ley bases que avanza con fórceps en el Congreso), que tienen beneficiarios muy concretos. ¿O acaso hubo en campaña manifestaciones populares pidiendo por la política de cielos abiertos, el régimen de incentivo a las grandes inversiones, la desregulación de las prepagas y todos los precios, los aumentos de tarifas o la libre exportación de los hidrocarburos por las petroleras, solo por citar los ejemplos más notorios?

Es muy notorio ver los balbuceos y contorsionismos verbales de los que apoyaron la ley en Diputados, ninguno de los cuáles puede señalar un solo beneficio concreto que surja de su sanción, para la mayoría de los argentinos. Tantas incoherencias -como las de Stolbizer o Randazzo- y silencios incómodos o discursos con abstracciones y generalidades tienen más que ver con que son simples marionetas de un poder oculto, que con otra cosa.

Acaso allí haya que buscar -y no en la política como tal, o en el tamaño del Estado o nivel del gasto público- el origen y la causa principal de todas nuestras inestabilidades económicas, que se traducen en crisis sociales con consecuencias políticas y hasta institucionales, como en el 89' o el 2001: en la voracidad predatoria de los principales grupos del poder económico que solo consienten la democracia en tanto sirva a sus intereses, que para ello y si es preciso tratarán de condicionar a los gobiernos y forzarlos a violar su mandato electoral, o directamente de colonizarlos (como pasó con Macri y sobre todo está ocurriendo con Milei) aprovechando sus debilidades en su beneficio; y en la postración de la política frente a ese avance.  

Si hay algo que reprocharle a la política antes que nada no es tanto que se comporte como casta, sino que dejó de hacer política, es decir de aspirar a representar intereses sociales -no sectoriales, ni ocultos aunque muy visibles- y si es necesario confrontar con otros intereses para ellos, asumir el costo. Ese comportamiento del sistema político en su conjunto solo puede derivar a futuro en nuevas insatisfacciones democráticas, y en éste contexto el "que se vayan todos" estará siempre a la vuelta de la esquina.

Si por intentar imponer un modelo de exclusión inviable para la mayoría de los argentinos fracasó Macri (con todo el poder que tenía detrás) que se soñó hegemónico a largo plazo, nada indica que no vaya a terminar chocando la calesita Milei, que por estos días también se está soñando hegemónico y perdurable. Se trata simplemente del problema político más perdurable de la historia argentina: la imposible hegemonía perdurable y consentida -en un esquema de democracia formal- de un modelo de capitalismo predatorio; menos cuando pretende montarse sobre el humor social de una insatisfacción democrática de la que es la principal causa, aunque haya tenido la astucia de permanecer oculto buscando otros (gobiernos, legisladores) que hagan el trabajo sucio por ellos.  

Es así como los argentinos tenemos -de nuevo, como si no aprendiéramos de nuestro propio pasado- un Congreso militarizado sesionando de espaldas a la calle y al pulso ciudadano, para sancionar leyes que solo benefician a un puñado, cuyos nombres se repiten una y otra vez, y siguen como la sombra al cuerpo a todas nuestras crisis, porque no solo las generan, sino que se benefician con ellas; sin importar que o a quienes haya votado la gente, y para que. Los verdaderos votos calificados, digamos.

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viernes, 9 de febrero de 2024

LOS GRANDES DERROTADOS

 

Durante la presentación de la llamada "ley ómnibus" (y antes el mega DNU) y su discusión en el Congreso permanecieron en las sombras, para que no se notara mucho que fueron ellos los que en realidad los redactaron. 

Porque nadie en su sano juicio puede pensar que el chimpancé drogado que se tuitea encima y funge el cargo de presidente fue el mentor intelectual de tamaños adefesios, aunque concuerde con su sentido.

Salvo algún exceso de entusiasmo con la UIA con la reforma laboral flexibilizadora planteada en el DNU, siguieron optando por la discreción hasta que la ley ómnibus fue aprobada en general en Diputados. 

Cuando vieron los números de la votación supusieron que estaba el gato en la bolsa y que sus presiones sobre el conjunto de la política para que la ley saliera habían tenido efecto, y se comunicaron encima (ver abajo imagen).  

Fueron por todo con la voracidad insaciable que los caracteriza, incluso al riesgo de provocar una crisis institucional que se lleve puesto un gobierno que es -sin dudas- suyo. Acaso porque suponen que otros gobiernos que les respondan -incluso aunque no los hayan apoyado- no les van a faltar, y en esto quizás no les falte la razón: hace tiempo que los contornos y límites de la política los imponen ellos y no los ciudadanos con su voto.

Pero no perdamos de vista la importancia del hecho de que con el cajoneo de la ley ómnibus, hayan sido ellos -no Milei ni su gobierno- los principales derrotados. 

Porque la ley expresaba la idea que ésta gente tiene del país: un coto de caza privado para sus negocios; a costa de lo que sea: la democracia, las instituciones, los derechos y las expectativas de la mayoría de los habitantes del país.

Veámosles las caras, conozcamos quienes son y como operan, porque con su prontuario a la vista, no parece gente que se tome con calma las derrotas, o acepte así nomás que le pongan freno a su ambición. Tienen herramientas muy poderosas para desquitarse, y las han usado cada vez que lo han creído convenientes. 

Aunque se lleven puesto todo en el camino. 


lunes, 1 de agosto de 2022

EL UNICORNIO AZUL DEL PERONISMO

 

Cuando Cristina contó en público lo que pasaba con las presiones del grupo Techint para acceder dólares al tipo de cambio oficial para importar al país caños de acero que ellos mismos fabrican en Brasil, decíamos en ésta entrada: "Cuando se discuten las posibles causas de la inflación, algunos ponen entre ellas a la concentración económica o los mercados imperfectos y otros -tanto desde la ortodoxia como desde la heterodoxia económicas- lo descartan, con el argumento en un caso de que la inflación es un fenómeno exclusivamente monetario, y en el otro de que la inflación es resultado de la puja distributiva.

Dejando de lado esa discusión, lo cierto es que la concentración económica -cuando es muy acentuada- le da a quien ostenta posición dominante en un determinado segmento del mercado el poder para imponer precios, condiciones de comercialización y demás condiciones. Como por ejemplo extorsionar al gobierno para que le entregue dólares al precio oficial, para importar de Brasil cosas que fabrican ellos mismos, como hace el grupo Techint con los tubos de acero que se usarán en el gasoducto de Vaca Muerta; obra crucial para el desarrollo del país, porque permitiría transportar los volúmenes de gas del yacimiento sea para el abastecimiento interno, como para las exportaciones que generan las divisas necesarias para sostener el crecimiento." .

Ahora, leemos La Política Online que en la licitación para construir el tramo más importante del gasoducto Néstor Kirchner se impondría un consorcio integrado por el Grupo Techint y SCDE, propiedad de Marcelo Mindlin, el ex Pampa Energía y uno de los empresarios más favorecidos con negocios en el gobierno de Macri. Para llegar a ese resultado, quedaron en el camino otros oferentes por diferentes motivos, y en la obra se invertirán 61.227 millones de pesos.

Recordemos que Techint también proveerá los caños del gasoducto, que es vital para poder exportar el fluido desde el yacimiento de Vaca Muerta, uno de cuyos principales explotadores es Tecpetrol, la petrolera...del Grupo Techint. Que como todas, se beneficia con los subsidios estatales para estimulr la producción de gas, o el "barril criollo" de petróleo cuando bajan los precios internacionales, y otras ayudas estatales solventadas (horror) ...con fondos públicos.

Se dirá que nada de todo esto es una novedad, que situaciones como éstas se reiteran desde hace décadas, e incluso se remontan al primer peronismo, y todo eso es cierto. Tanto como que estos mismos grupos económicos aprovecharon las dictaduras o los experimentos neoliberales como el menemismo o el gobierno de Macri para fortalecer su poder y sus negocios, medrando con todos los gobiernos.

Sin dejar por eso nunca de reclamar por un ajuste en el gasto público, la rebaja, exención o eliminación de impuestos, o la emisión monetaria que generaría inflación...siempre que no se dirija hacia sus bolsillos, claro. 

De hecho, Rocca es -junto con Magnetto- de los más influyentes popes empresarios de la influyente -ante el poder político- AEA, que todo el tiempo vive exigiendo ajustes al gasto público, reducción del Estado, eliminación de impuestos y regulaciones, baja en los subsidios y eliminación de los planes sociales. Es decir, el discurso hipócrita de siempre de nuestra fallida "burguesía nacional" (que de nacional tiene poco), que reclama tanta libertad (para sus negocios) como sea posible, y tanto Estado (para sus negocios también), como sea necesario.

Una lección que al peronismo -que siempre busca ese unicornio azul en su idea de acuerdo de clases para construir un país más justo- le cuesta aprender, desde sus orígenes. Y una piedra con la que vuelve a tropezar hoy, cuando incluso se puede intuir que en el mismo gesto de Cristina de correrse de la candidatura presidencial para elegir a Alberto Fernández en su lugar, existió la idea de tener puentes de diálogo con ese "círculo rojo" creyendo que podría haber puntos de acuerdo, para terminar aprendiendo por las malas que es un poco más difícil de lo previsto. Ni hablar que el experimento Massa tiene el mismo origen.     

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miércoles, 8 de junio de 2022

LADRÓNIMA

 

La Asociación Empresaria Argentina (AEA) que cumple 20 años, no es cualquier entidad patronal, ni surgió en cualquier contexto: nuclea a los empresarios más poderosos de país, que se juntaron en medio de las cenizas del incendio de la convertibilidad (en el marco de la cual prosperaron), para incidir políticamente de un modo más decisivo del que ya lo hacía cada uno de ellos, por sí solos.

De hecho, agrupa a los más poderosos sobrevivientes del naufragio del modelo instrumentado por Menem y Cavallo, como que todos ellos a título personal y sus empresas o grupos económicos figuran entre los principales fugadores de capitales que escaparon a tiempo de "corralitos" y "corralones", mientras el país se incendiaba y quedaba convulsionado por una de las peores crisis de su historia.  

Con solo decir que la cúpula de la entidad la integran tipos como Magnetto (Clarín), Paolo Rocca (Techint), Pagani (Arcor), Madanes Quintanilla (Aluar) o Braun (La Anónima), se advertirá que no se trata de una simple cámara empresaria de un sector, cuyos miembros se agrupan por ejemplo para discutir con su contraparte sindical en las paritarias (el seleccionado de garcas completo, acá). 

Por eso desde su misma fundación, la AEA se convirtió en un tribunal examinador de la política, ante la cual la mayor parte de ésta (con las solitarias excepciones de Néstor y Cristina) se cree en el deber de presentarse para dar cuentas de su actuación. Y ésta oportunidad, en la que cumplen 20 años de su creación, no fue la excepción, porque si bien Alberto Fernández no concurrió en persona, envió un mensaje grabado; en el que como viene pasando en sus dos años y medio de mandato, apeló a la comprensión de los empresarios para que colaboren en la solución de los problemas del país, y no mucho más.

En respuesta, el foro de AEA rechazó de plano el anunciado "impuesto a las rentas inesperadas" que aun no llegó al Congeso, tal como en su momento rechazó el llamado "impuesto a las grandes fortunas" aprobado en plena pandemia a instancias del kirchnerismo. Y previsiblemente también, por boca de Braun, el dueño de la cadena de supermercados "La Anónima", expresó con brutal sinceridad lo que hacen los empresarios más poderosos del país con el problema de la inflación: remarcar los precios todos los días, cosa que sabe cualquiera que vaya al supermercado.

Frente a esto, Cristina primero y Alberto después (como si actuara en respuesta a ella, y no a ellos) se expresaron indignados en las redes sociales, y nada más. Es decir, el presidente opina sobre el tema, como si no le correspondiera tomar cartas en el asunto, o no tuviera nada que hacer al respecto.

El gobierno ya ni siquiera amaga o amenaza con utilizar herramientas legales que tiene a la mano para contener los abusos empresarios en materia de aumentos de precios, como las leyes de abastecimiento o de defensa de la competencia; y todo indica que las cosas seguirán así, sin solución de continuidad: así como colocar a la Secretaría de Energía bajo la esfera del Ministerio de Economía que conduce Martín Guzmán evidencia que el propósito esencial era aumentar las tarifas y reducir los subsidios para que mejoren los números fiscales, el traspaso a la misma área de la Secretaría de Comercio de la cual se terminó alejando Roberto Feletti, tiene por propósito garantizar su más completa y absoluta inutilidad. En ambos casos, no tenemos pruebas, pero tampoco dudas.

Y antes que alguno diga que la inflación no se resuelve con controles de precios o aplicando la ley de abastecimiento porque es un fenómeno multicausal vinculado  la puja distributiva, un par de cuestiones: no estamos hablando de inflación sino de política y poder, en sentido crudo y duro. Y, al menos hasta acá, ciertas precisiones académicas sobre el fenómeno inflacionario si no son una teorización de la derrota a manos de las distintas fracciones del capital o una justificación de la impotencia política, se le parecen bastante.  

Desde los dichos de Braun (que sinceró brutalmente el comportamiento de su clase) a las reacciones del gobierno, nada nuevo bajo el sol: unos siguen haciendo lo que se les place porque pueden y los dejan, y cagándose de risa de todos nosotros, y hacen bien: en su lugar, nosotros también nos reiríamos.

Y los otros siguen comentando la realidad y haciendo como que se indignan o les importa, sin tomar nota que el año pasado se perdieron cuatro millones de votos y una elección -esencialmente- por éstas cuestiones, que por este camino se perderán inexorablemente las del año que viene, y lo más grave, que tampoco parece advertirse: si el poder se expresa en la capacidad de incidir la realidad más que en los roles o jerarquías formales, está claro que hoy, en la Argentina, tiene más poder la AEA que el Poder Ejecutivo Nacional, o que la política en su conjunto.

El poder de cagársenos de risa en la cara, por ejemplo, como hizo Braun. Tuits relacionados:

jueves, 3 de febrero de 2022

EL ABRAZO DEL OSO

 

Todo lo más granado (y por granado entiéndase grande e influyente) del empresariado nacional se apuró a manifestar su apoyo al acuerdo con el FMI, apenas se hizo el anuncio oficial. Empezando por la AEA (que nuclea a la élite del poder económico del país) y siguiendo por el Grupo de los 6 así lo hicieron, y ahora están reclamando que sea prontamente tratado y aprobado en el Congreso, como leemos acá en Infobraden.    

El párrafo precedente podría haber sido perfectamente escrito en cualquier momento de la historia de nuestro país desde 1956, salvo el interregno entre 2006 y 2018, en que Néstor Kirchner logró que los argentinos olvidáramos lo que era el FMI: no hubo acuerdo con el FMI que no fuera instado por nuestra clase dirigente empresarial, ni ninguno que no fuera celebrado en su momento como una buena noticia para el país, y para sus habitantes.

El recuerdo de lo que pasó con todos esos acuerdos debería bastar para ponernos en guardia frente a ciertos apoyos, y hacernos recordar que esa clase dirigente es corresponsable de todos y cada uno de los fracasos habidos cuando en el país se aplicaron política sugeridas por el FMI o pactadas con el mismo; fracasos que muchas veces fueron en contra de los propios intereses de esa clase, aunque por supuesto esos intereses no se vieran afectados en el mismo grado que el común de los mortales.

En éste caso, el rotundo apoyo y la presión que empiezan a ejercer sobre el Congreso y las fuerzas políticas en él representadas para que sea rápidamente aprobado un acuerdo cuyo texto final no se conoce (y ellos tampoco han visto, salvo que tengan acceso a fuentes privilegiadas, del gobierno o del FMI), lleva a preguntarse cuales son las razones de tanto entusiasmo.

No podría ser -en principio- la perspectiva de una reforma laboral flexibilizadora derivada del acuerdo, en principio porque desde el gobierno desmintieron rotundamente que se haya exigido tal cosa por parte del Fondo, o, para ser más precisos, convenido entre las partes. Además, la reforma laboral se viene haciendo de hecho desde hace cuatro años por lo menos, a fuerza de reducir drásticamente el salario promedio en dólares, que es lo que siempre persiguen las grandes fracciones del capital.

Lo mismo cabe para las posibles privatizaciones de activos públicos (y correlativos negocios privados), y no tanto respecto al aumento de tarifas de los servicios públicos, porque en éste punto hay discordancias entre el discurso del gobierno, y el del FMI. El entusiasmo debe venir por otro lado entonces.

Y a falta de elementos para arribar a otra conclusión, cabe pensar que es porque el acuerdo despejaría (recalcamos el potencial) el fantasma del default, por lo menos hasta la primera revisión trimestral de la economía por los técnicos del Fondo. Y no habiendo default, no existiría (otra vez se remarca el potencial) la necesidad de dictar disposiciones aun más restrictivas que las vigentes para acceder al mercado de divisas.

O dicho de otro modo: el acuerdo garantizaría la estatización de deuda privada que supone cargarle al conjunto de los argentinos el pago de una deuda contraída para que se puedan fugar capitales ante el colapso del modelo macrista; tanto como la continuidad del flujo de dólares "para los amigos", que deben girar dividendos, cancelar préstamos (o autopréstamos) en divisas y -porque hay costumbres que cuesta dejarlas, vio- seguir fugando capitales para que, como pasó los dos últimos años, por esas canaletas abiertas se vaya el abultado superávit comercial.

domingo, 26 de diciembre de 2021

APOLOGÍA DEL DELITO A CIELO ABIERTO

 

Tal como Daniel Funes de Rioja no es empresario, ni industrial, ni fabrica nada, con Jaime Campos pasa lo mismo. Los dos son, básicamente, lobbistas al servicio de la cúpula de las empresas y grupos económicos más importantes del país, agrupados en la UIA y en la AEA; algunas de ellas en ambos grupos de presión empresarial.

Es decir, cuando cualquier de ellos habla -aunque diga lo contrario- expresa a ese sector, no a las Pymes, ni a los pequeños y medianos comerciantes de barrio, o a los agricultores de la agricultura familiar. En ese rol, Campos vuelve en ésta nota en Clarín sobre uno de los tópicos más trillados del empresariado: la (presuntamente) excesiva presión fiscal, y su oposición frontal a toda forma de aumento de impuestos.

El contexto, por supuesto, son los recientes cambios introducidos en Diputados a Bienes Personales (que por cierto, son los que no están afectados al ciclo productivo), y el casi seguro nuevo pacto fiscal que firmaría el gobierno nacional con la mayoría de las provincias; que revertiría el instrumentado durante el gobierno de Macri y le permitiría a los gobiernos provinciales -entre otras medidas posibles- subir algunas alícuotas de Ingresos Brutos.

Los argumentos que ensaya Campos son siempre los mismos, que también se escucharon cuando se discutió el llamado "impuesto a las grandes fortunas", que tampoco afectaba a las empresas en sí, sino a los patrimonios de sus dueños: que así se desalienta la inversión y la creación de empleo, y -atención a esto- que se alientan la elusión y evasión impositivas.

Sobre lo primero, este mismo gobierno -al que acusan de "haber subido o creado (n) impuestos"- ha sido generoso en concesiones "ofertistas" a las distintas fracciones del capital, precisamente compartiendo esa mirada: para alentar las inversiones y crear empleo, hay que reducir o eliminar impuestos, o eliminar o rebajar contribuciones a la seguridad social. Siguiendo esa línea de razonamiento, si las personas aceptaran trabajar gratis y los empresarios no tuvieran que pagar ningún impuesto, la economía crecería como en ningún lugar del mundo, y desaparecería el desempleo.

Lo llamativo -por el nivel de impunidad discursiva- es lo segundo. La evasión impositiva es un delito, y Campos reconoce abiertamente que, si el Estado decida aumentar los impuestos (lo cual supone una discusión abierta en el Congreso y las legislaturas provinciales, entre los representantes elegidos por el pueblo), los empresarios desconocerían el mandato legal, y no los pagarían; simplemente porque ellos no están de acuerdo. Es decir, se creen por encima del resto de los mortales, que no tenemos más remedio que pagar los tributos que se definen, y por algo se llaman "impuestos".

Y la elusión es, o bien la capacidad de los grupos económicos más concentrados de ejercer lobby sobre los poderes públicos para garantizar que sus actividades no sean alcanzadas por un determinado impuesto o si lo son, gocen de exenciones; o el diseño y puesta en marcha de una compleja arquitectura jurídica, contable y financiera para no pagarlo, o pagar menos: creación de sociedades pantallas, triangulaciones, cuentas en paraísos fiscales: emparentado estrechamente con la evasión, tanto que es casi imposible distinguirlos, como se ve.

En ésta misma semana se conoció un informe del FMI sobre el mega-préstamo otorgado al gobierno de Macri, cuyo capítulo más relevante es aquel en el que reconocen abiertamente que el endeudamiento financió la fuga de capitales, lo cual -agregamos acá- no es ni fue nunca exclusivo de los inversores externos que ingresan capitales al país: antes bien, es una conducta estructural e inveterada de nuestra élite empresaria local, que expresa de ese modo su real compromiso con el desarrollo y la prosperidad del país.

Aun bajo el eufemismo de la "dolarización de excedentes que se destinan a la formación de activos externos" (que emplea cierta heterodoxia para no decir lisa y llanamente lo que es: fuga de capitales), buena parte de esos excedentes que se dolarizan y fugan, provienen de la evasión y elusión impositivas. es decir, dinero que se le resta al Estado (y por carácter transitivo, a la sociedad, a todos nosotros), que luego falta en obras de infraestructura que se postergan, hospitales que carecen de insumos, escuelas que se caen a pedazos y así podríamos seguir.

Todo eso mientras se exige -por parte de esos mismos sectores- un equilibrio en las cuentas fiscales que, negándole al Estado los recursos con que se financia, solo se puede conseguir por el lado del ajuste de sus gastos, lo que supone mucho más que privatizar activos, rebajar salarios y jubilaciones o despedir empleados públicos: implica, en definitiva, reducir su tamaño, achicar sus funciones y roles y quitarle peso específico, para que esos mismos grupos económicos puedan moverse a sus anchas; más de lo que ya lo hacen.

sábado, 19 de junio de 2021

LA ORGANIZACIÓN VENCE AL TIEMPO Y A LOS HOMBRES

 


Hace poco decíamos en ésta entrada: "...el bloque adversario está consolidado como tal más allá del nivel de puterío actual de su expresión dirigencial en sentido político partidario. Y está consolidado porque su conducción real (el poder económico) es inmune a los resultados electorales, y dispone de los medios (de producción y de construcción de sentido) para conducir las cosas a su conveniencia, todo el tiempo que media entre una elección y otra.

Frente a eso, nosotros solo tenemos las herramientas del Estado y de la política, y debemos emplearlas con inteligencia, y al mismo tiempo con coherencia: en el sentido para el que fuimos votados, para que la coalición social que se expresó en las urnas en agosto y octubre del 2019 perdure en el tiempo y se solidifique; y para que el bloque de poder que tenemos pierda gravitación y poder de daño, en la medida de lo posible. Si se sabe ver, las medidas que hay que tomar son las mismas, para conseguir ambas cosas.

Y allí es donde el gobierno parece acusar su mayor déficit, funcionando a dos velocidades: por un lado una morosidad ostensible en tomar medidas que afecten al poder real aun éstas permitan al mismo tiempo consultar los intereses de su propia base electoral (por ejemplo aumentar retenciones para desacoplar los precios internos de los internacionales, en especial de alimentos), o disminuir el poder de fuego del adversario (reponer la ley de medios, mutilada por DNU de Macri, por caso).".

Relacionado, leemos en La Política Online que desde el gobierno vinculan el proyecto presentado en la semana por  Guillermo Lipera (del Colegio de Abogados de la calle Montevideo e IDEA) para reformas en la justicia y el Consejo de la Magistratura, con la ofensiva de la nueva conducción de la UIA a cargo de Daniel Funes De Rioja.

La iniciativa es apoyada por la AmCham (la Cámara que agrupa a las empresas yanquis que operan en el país), el Foro de Convergencia Empresarial y la AEA; y tiene a disminuir la participación de los poderes electivos (en especial del Congreso) en el Consejo, especulando a su vez con que la Corte falle una causa que tiene dormida desde 2013, sobre la reforma aprobada durante el gobierno de Cristina. Es la respuesta a la frustrada reforma judicial del gobierno, y un intento del poder real por reforzar su control sobre el proceso de nominación de los jueces, y el Poder Judicial en general; como reaseguro de la defensa de sus intereses.

Pero el gobierno no puede quedarse en el comentario de las cosas, o atrapado en una puja de aparatos entre ese poder corporativo y los supremos cortesanos, que administran sus tiempos para conservar su influencia y poder de chantaje sobre la democracia y los poderes elegidos por el pueblo. Los movimientos del enemigo son sabidos, y en la medida de lo necesario, coordinados.

Cosa (coordinación y organización) que está faltando de éste lado: esta misma semana el ministro de Economía (de quien no se conocen en los últimos tiempos medidas concretas, sino ideas y conceptos más o menos felices, según las circunstancias) fue a rendir examen a un evento convocado por la misma novel conducción de la UIA, que apoya estos ensayos pseudo golpistas, o destinados a reforzar la injerencia del poder "real", en la misma medida en que se recorta el de las instituciones legítimas de la república, surgidas del voto popular.

A la necesidad de un plan económico de recomposición de ingresos de los sectores populares (vía lucha contra la inflación, y mejoras en los salarios y jubilaciones), se suma la de un plan político de todos los actores del FDT, que supere la mera perspectiva electoral, aunque la contenga. Hay que apostar a la organización y -en la medida que la pandemia lo permita- la movilización para frenar de cuajo estas maniobras; que como la nota indica, se originan no solo en el apetito irrefrenable de control del poder económico, sino en que se percibe la debilidad del gobierno, y se obra en consecuencia.   

lunes, 25 de enero de 2021

CRÍTICAS Y CRÍTICOS