LA FRASE

"POR AHORA NO ESTAMOS PIDIENDO AUTORIZACIÓN PARA QUE LA POLICÍA PUEDA USAR LA PICANA Y EL SUBMARINO, ANTES VAMOS A VER COMO FUNCIONAN LAS REFORMAS QUE PLANTEAMOS." (PABLO COCOCCIONI)
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lunes, 7 de febrero de 2022

COMPLEJIDADES EXTERIORES

 

Cuando el gobierno de Alberto Fernández no tenía todavía un mes de iniciado, decíamos nosotros en ésta entrada: "Mucho tiempo antes de que siquiera se conociera el término "globalización", Perón decía que la verdadera política de un país era su política exterior: tan así de importante consideraba el modo en el que el país se relacionaba con el mundo, y las posturas que adoptaba en el contexto internacional.".

"Siendo a su vez la Argentina un país ubicado en lo que los Estados Unidos han considerado siempre su área de influencia primaria (el "patio trasero"), no es de extrañar que la relación bilateral que lleva ya 200 años haya atravesado por todos los estados, que van desde el alineamiento automático e incondicional, hasta el conflicto abierto o la hostilidad; de modo que eso no es ninguna novedad.".

"Se ha dicho también que esto es así porque los Estados Unidos no pueden "descuidar" América Latina frente a la creciente presencia e influencia en la región de China (en mayor medida) y Rusia (con un protagonismo menor, pero no desdeñable). Lo cierto es que por los objetivos que se ha trazado la política exterior del imperio (funcionando más que nunca en ese modo), y por los medios que emplea para conseguirlos, es un factor de tensión allí donde intervenga, y América Latina no es la excepción. De modo que la máxima de Perón aplica como nunca a nuestra situación, e impone al gobierno argentino la prudencia y la inteligencia para moverse en un estrecho desfiladero, para tutelar los intereses nacionales en juego, sin perder de vista el tablero completo.".

"Por otro lado, el gobierno argentino deberá enfrentar, más temprano que tarde, una reestructuración de su deuda externa con los bonistas privados, y una renegociación del acuerdo con el FMI concluido durante el gobierno de Macri, y en ambos casos el apoyo de la administración Trump puede ser decisivo: en el caso del Fondo por su peso en las decisiones del buró, y en relación con los bonistas, porque de acuerdo con los prospectos de emisión de deuda, cualquier contienda derivada del proceso de reestructuración se ventilará en los tribunales de los Estados Unidos, y ya se vio lo que pasó con los causas que llevaba Griesa durante el mandato de Cristina, por la actitud que asumió Obama.".

Andando los meses, ambas negociaciones (con los bonistas privados y con el FMI) se vinieron encima nomás, y condicionaron en parte la política exterior del gobierno. Solo en parte: la política exterior -en tanto prolongación de la política interna más allá de las fronteras propias- es también un territorio en disputa al interior de la coalición oficialista, como lo es todo el rumbo general del gobierno.

Sin embargo, es de destacar que, pese al predominio que los "pro yanquis" como Massa o Béliz tienen en el sistema de toma de decisiones presidencial, Alberto haya decidido mantener relaciones privilegiadas con Rusia y China, a despecho de algún ceño fruncido en la potencia regional; o de alguna explicación inverosímil, como que los chinos exigían que arregláramos con el FMI, para recién entonces invertir acá. Y con alguna sobreactuación discursiva innecesaria como sus dichos frente a Putin, quien podría darle clases de discreción y enseñarle que hay cosas que se hacen, pero no se dicen; o en palabras de Perón, que a la gallina hay que desplumarla sin que grite.

Los vínculos comerciales y políticos con dos potencias como Rusia y China no difieren en sustancia de los que podemos tener con otra como los Estados Unidos: el diferente peso específico de los actores involucrados en cada caso hace que siempre esté latente el fantasma de intercambios desparejos, con desproporción de cargas y beneficios para las partes involucradas: en estos asuntos nadie hace beneficencia, o si lo hace, la termina pagando caro.

De modo que es obvio que, haciendo negocios y acuerdos con nosotros, rusos y chinos buscan, antes que nada y sobre todo,  su propio beneficio como lo hacen también los yanquis; aunque en éste caso la propaganda opositora y el pregón de los medios hegemónicos (que desde los tiempos de Braden tributan a la embajada) nos quiera convencer que lo hacen por amor a la libertad y los principios y valores de la democracia.

En el caso de China, la "ruta de la seda" es el nombre que ha tomado el plan orquestado desde Beijing para extender su influencia en áreas en las que ésta se viene incrementando desde hace mucho tiempo, compitiendo con los acuerdos trans-Pacífico impulsados por los Estados Unidos. En un mundo pluripolar, nadie debiera sorprenderse por la competencia entre Estados poderosos por ganar mercados y zonas de influencia. El desafío para países como el nuestro, con nuestro grado de desarrollo y peso en el contexto internacional, es moverse entre los gigantes sin ser aplastado, consiguiendo en el camino las mayores ventajas posibles. 

Un ejemplo: chinos y rusos son también miembros del FMI, y manejan sus asuntos en el mundo de las finanzas globales y con sus reglas. Sin embargo, han sido más astutos que sus competidores  yanquis para financiar con generosidad proyectos de infraestructura para el desarrollo en los países de América Latina, de los que también esperan obtener beneficios: hay allí una oportunidad para nosotros, para conseguir dólares que tengan un destino más productivo que la fuga de capitales; sin exigencias -al menos visibles- de alineamiento incondicional en asuntos de política exterior, quizás simplemente porque no somos su "patio trasero".

Pero vengan de donde vengan las inversiones o la ayuda extranjera, no escapan a la necesidad de definir antes un modelo de desarrollo nacional, basado en primer lugar en nuestras capacidades propias y en nuestra autodeterminación política sin condicionamientos; en el que esa ayuda que viene de afuera complemente y potencie el esfuerzo nacional, y no lo frustre ni nos desangre, llevándose más de lo que pone. 

Como reza un dicho, no se trata de cambiar de collar, sino de dejar de ser perro: en otros tiempos, el primer peronismo desmontó la "relación asociativa especial" construida por la oligarquía argentina con el imperio británico, sin reemplazarla (como pretendían entonces algunos de los voceros de esa oligarquía, como  Pinedo) por otra similar con la nueva potencia mundial predominante, que eran los Estados Unidos. Perón eligió construir un camino de soberanía política e independencia económica, sin abandonar una mirada pragmática con la que sostenía relaciones con todos los países del mundo que quisieran tenerlas con nosotros, desde un plano de respeto.

Regla que vale para cualquiera con el que entablemos relaciones en busca de cooperación; lo mismo que la necesidad de repensar la arquitectura jurídica en que esas inversiones se concretan, para que no se conviertan en un factor de potenciación de la dependencia, más que de promoción del desarrollo. Recordar al respecto la triste experiencia de la ley de inversiones extranjeras (diseñada por Martínez de Hoz, empeorada por Menem), la prórroga de jurisdicción en tribunales extranjeros, la adhesión al CIADI o los TBI (Tratados Bilaterales de Inversión) diseñados en el menemato para remachar, aun más, las cadenas de la dependencia.

viernes, 13 de septiembre de 2019

LA VUELTA AL MUNDO


Una de las banderas fundamentales de la campaña de "Cambiemos" en 2015 fue la necesidad de que la Argentina "volviera al mundo", y rompiera el aislamiento al que supuestamente la había condenado el kirchnerismo, "que solo mantiene relaciones fluidas con Irán y Venezuela".

"Volver al mundo" (sospechábamos por entonces, y pudimos confirmar en el gobierno de Macri) era reconectar al país con los mercados financieros internacionales por el canal de la deuda, para financiar un modelo de valorización financiera y fuga de capitales. "Mundo" eran "los mercados", y "los mercados" son Europa, Estados Unidos, Japón, y no mucho más.

La gestión de la política exterior estaría guiada -nos prometieron- por el más estricto profesionalismo, despojado de cualquier anteojera ideológica, poniendo como meta convertir al país "en el supermercado del mundo", y logrando que llegara al país "la lluvia de inversiones" atraída por la confianza que generaba el nuevo gobierno, por su sola asunción.

El fracaso en este renglón fue estrepitoso como, en general, en todos los rubros de la administración Macri que no estén directamente vinculados a la valorización financiera para la fuga, la destrucción del salario real y la precarización de la fuerza de trabajo, o la rapiña de los negocios de la runfla gobernante.

De modo que, como en todos los demás aspectos de su gobierno, en materia de política exterior y relaciones del país con el resto del mundo, Macri le dejará a su sucesor una pesada herencia, compleja para revertir. Y ahora que ya está de salida, es bueno puntualizar algunas de las aristas más controversiales de esa herencia, porque -entendemos- se proyectan con fuerza gravitante sobre el rumbo de la futura administración del país.

Para comenzar y al principio mismo de su gobierno, Macri rifó el amplísimo apoyo internacional cosechado por Cristina y Héctor Timmerman en la ONU en la pelea contra los fondos buitres, defendiendo el derecho de los Estados soberanos de reestructurar su deuda pública en condiciones compatibles con el crecimiento y la inclusión social.

Capitulando en toda la línea con Paul Singer y otros buitres similares (cuyo nómina total aun desconocemos) Macri no solo reintrodujo al país en un ciclo pernicioso de endeudamiento que condiciona seriamente su futuro, sino que sentó un pésimo precedente que dificultará gravemente en el futuro todo nuevo intento de reestructurar la gravosa deuda que deja como legado.

También nos introdujo de lleno en la lógica de las "relaciones carnales" con Estados Unidos (dando una vuelta de campana sobre su apoyo explícito a Hillary Clinton en la elección que ganó Trump), sin obtener a cambio siquiera contraprestaciones comerciales significativas: ahí están todavía el biodiésel, las exportaciones de carne, los famosos limones o los tubos de acero sin costura como los ejemplos más conocidos, pero no los únicos.

Y el alineamiento incondicional con los EEUU y sus objetivos de política exterior tuvo otras consecuencias: la lamentable posición asumida por el gobierno argentino en relación a Venezuela (convertida burdamente en tópico obsesivo de la discusión política interna) y el gobierno títere de Guaidó, y la reformulación de la doctrina de defensa nacional y el rol de las Fuerzas Armadas, para adaptarlas a la doctrina de las "nuevas amenazas" diseñada por el Comando Sur del ejército norteamericano.

A lo expuesto podríamos agregar el involucramiento en el conflicto del Oriente Medio secundando las posturas de Estados Unidos a Israel, con la absurda decisión de incluir como organización terrorista a Hezbollah, a la que ni siquiera la ONU considera así; y es una fracción política que integra el gobierno del Líbano, país con el que mantenemos relaciones diplomáticas y comerciales.

El caso Venezuela fue, a su vez, una etapa más de un proceso sostenido de destrucción de las instituciones de la integración regional como el Mercosur o la Unasur; que culminó con la firma del acuerdo de libre comercio con la Unión Europea en condiciones gravosas para el país y la región, y con la descarada intromisión abierta del fascista Bolsonaro en la política interna de la Argentina, a favor de la reelección de Macri: una devolución de favores por el rápido reconocimiento del gobierno argentino al golpe parlamentario contra Dilma Rousseff, y su silencio estruendoso ante la prisión de Lula, silencio que se reitera ahora, en la agresión contra Bachelet reivindicando a la dictadura de Pinochet.

El gobierno de Macri también cargará con el dudoso honor de ser el que (contrariando el mandato constitucional) abandonó la causa Malvinas y el reclamo de soberanía, para entablar también "relaciones carnales" a cambio de nada con el Reino Unido, al que incluso llegó a darle injerencia en los procesos de reequipamiento de nuestras Fuerzas Armadas, en otra bochornosa claudicación de soberanía; completada más tarde con adjudicaciones de áreas petroleras a compañías británicas, en el Mar Argentino.

Lejos de la sobriedad y el profesionalismo prometidos en campaña, y por el contrario, alineados bajo los más estrictos parámetros ideológicos de alineamiento con las directrices de política exterior de los Estados Unidos, el gobierno de Macri no dejó chapucería internacional por hacer, incluyendo roces con China y Rusia, cuyas inversiones e intereses en el país cuestionó por el solo hecho de haberse gestado durante el kirchnerismo; para acto seguido salir a mendigarles apoyo financiero, cuando fracasaron todas su otras alternativas.

Y para concluir, pero no menos importante: Macri también será recordado como el presidente que trajo de nuevo al FMI al país, embarcándonos en el préstamo más grande de nuestra historia y de la de ellos, estructurado como un gigantesco y desembozado aporte de campaña a su reelección, objetivo en el que también ha fracasado; legando para el futuro no solo la deuda de 57.000 millones de dólares que deberá afrontar el próximo gobierno, sino su reinstalada capacidad de injerencia en el diseño de nuestra política económica, con todo lo que eso significa.

Encima coronó el fracaso con un default en ciernes que convierte a su gobierno (y al país con él) en un paria a los ojos de aquellos a los que dirigió todos sus esfuerzos de seducción: en meses después de que las calificadores de riesgo le dieran la distinción de considerar a la Argentina como "mercado emergente", el mismo sistema de "validación de calidad" calificó a la deuda argentina en "default selectivo" primero, para quitarle la condición de "emergente" después. Mejor imagen gráfica de su rotundo fracaso, medido en sus propios términos de éxito, imposible de conseguir.

jueves, 6 de diciembre de 2018

LA CARROZA SE CONVIRTIÓ EN CALABAZA



No pasaron 72 horas desde que el último jefe de Estado extranjero dejó el país después de la cumbre del G20, y aterrizamos en la realidad: volvió a subir el dólar, se disparó el riesgo país, y se desplomaron los bonos de deuda y los ADRS de las empresas argentinas en Wall Street.

No conforme con que Macrón le cerrara a Macri en la cara la puerta de un acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y el MERCOSUR, se supo que la UE volverá a subir los aranceles a las exportaciones argentinas de biodiésel; con lo cual éstas perderían el único mercado que les queda: pese a las promesas de Trump de eliminar los altísimos aranceles que le impuso al producto para su ingreso a los Estados Unidos, estos siguen firmes.

Con lo cual las plantas procesadoras están todas paralizadas, y se temen que empiecen con despidos; y esa parálisis suma a la caída en picada de la industria (junto con la construcción), el consumo y las ventas (de inmuebles, autos, motos, electrodomésticos e incluso artículos de consumo masivo)

Moody’s critica la política del Banco Central porque tendrá efectos devastadores en el nivel de actividad (ya se sabe que la industria acumula seis meses de caída estrepitosa), y pide profundizar el ajuste, y eliminar el único control de capitales que existe: el encajecito que aprobó hace poco el BCRA a los bancos, para los préstamos en dólares que reciban del extranjero.

Los supuestos avances para distender la guerra comercial entre Estados Unidos y China (que algún apresurado obsecuente de acá se animó a atribuir a la pericia de Macri como mediador) están por verse, los chinos no confirman ningún acuerdo, y Trump alardea tuitiando que, o se someten a sus dictados, o les sube los aranceles.

Como resultado, se desploma Wall Street y las bolsas internacionales, y no son pocos los que advierten que estaríamos a las puertas de otra crisis internacional de proporciones; frente a la cual (advierten incluso economistas del palo del gobierno) la Argentina está particularmente desprotegida, por medidas de Macri y su administración.

Para colmo, Carrió se la para de manos a Bullrich y su “doctrina Chocobar”, aunque hasta acá el fascismo del gobierno no le preocupaba: señal de que empieza a calentar motores para rajarse del barco oficialista, o que pega para negociar.

También Carrió (y en cierta medida la UCR) se oponen al proyecto de ley para permitir el aporte de las empresas al financiamiento de las campañas de los partidos políticos que envió Macri a extraordinarias, por una razón muy sencilla, que nada tiene que ver con la honestidas y la transparencia: si prosperara, en la interna de “Cambiemos” perderían 1000 a 1 con el PRO en la disponibilidad de recursos. Por suerte, Mass,a Bossio y Pichetto acudirían en auxilio de Macri y el gobierno, aportando los votos que sus aliados le niegan: ellos también están ávidos por pasar la gorra electoral.

También por discrepancias en la coalición oficialista estaría a punto de naufragar el “proyecto anti barras bravas” con el que nuestro presi ojitos de cielo quiso salir del papelonazo del Ríver-Boca mudado a Madrid; mismo destino que correría su anunciado proyecto sobre alquileres, que “se olvidó” de incluir en extraordinarias: cuando se de cuenta seguro lo enmienda, él no es de andar faltando a su palabra así como así.

Eso sí: lo que no correría peligro es el proyecto sobre Papel Prensa que presentaron “Sanguchito” Bossio y Marco Lavagna a la medida (y a pedido) de Clarín y La Nación, porque obviamente que el oficialismo lo acompañará: nada mejor que colaborar con la impresión del diario de Irigoyen, que permite leer buenas noticias que te levantan el ánimo cuando te das cuenta que la carroza del G20 se transformó de nuevo en la calabaza de la dura y áspera realidad cotidiana. Tuit relacionado:

viernes, 30 de noviembre de 2018

NI SE NOTÓ

martes, 9 de octubre de 2018

DESTINATARIO EQUIVOCADO


Se perdió porque en realidad iba destinado a Franco Macri, al directorio de SOCMA.

Tuits relacionados:


viernes, 8 de junio de 2018

REVELACIONES ASOMBROSAS


Jodéme que el FMI bueno y cambiado de ahora pide ajuste, como pedía el de antes, el de siempre.

No te puedo creer, si hasta hace dos o tres días ojitos de cielo decía que no nos pedían nada, y que todas las medidas se le habían ocurrido a él.

Confiemos en que así sea, así rechaza cualquier insinuación de ajuste. ¿O no?


Lo parió, ya no se puede creer en nada: ¿o sea que no funcionó como pensaba el gobierno, y solo una pequeña porción del total de los jubilados usa la tarjeta de débito para sus compras para que le devuelvan el IVA?

¿Y encima buena parte del fracaso es porque el gobierno no se interesó en difundir la medida, así seguía recaudando impuestos de las compras de los pobres viejos?

Lo que se va a agrandar el rusito Kicillof cuando se entere, que terminó pasando justo lo que él dijo que iba a pasar cuando lo discutieron en el Congreso; quien lo aguanta ahora.


Así no se puede viejo, si le sabotean a nuestro presidente sus iniciativas más emblemáticas no hay gestión que aguante: justo cuando el Plan Belgrano era una locomotora indetenible, lo tienen que frenar porque no tendrá financiamiento.

¿Qué vamos a hacer ahora con los radicales que estaban a cargo de eso, habrá que ponerlos a cuidar submarinos o armarle los negocios a medida a Clarín? Claro, tampoco, porque en esas áreas ya están.

Encima tampoco arranca el Plan Patagonia, que tantas expectativas había despertado en la región. En fin, tendrán que esperar un tiempo para poder seguir calefaccionando las veredas.


¿Vos decís entonces que el problema con las reservas es que, además de estar bajando sin parar todos los días, no es una cosa así que las tenés a todas disponibles por si la necesitás para -ponéle- pagar los vencimientos de la deuda, o frenar una corrida del dólar?

¿Que casi las dos terceras partes de las reservas son deuda que hay que devolver, el swap de monedas con los chinos o los depósitos en dólares de los particulares en los bancos, y si se los chafan habría que volver al corralito?

¿Y todo porque los jeños que nos gobiernan desregularon los movimientos de capitales y eximieron a los exportadores de la obligación de liquidar divisas en el país, mientras nos endeudaban a lo pavote para financiar la fuga de capitales?

Cuando se entere Sturzenegger se cae de culo.


¿Estamos hablando del mismo swap de monedas que firmaron hace tres años los kukas planeros Vanoli y Kicillof con los chinos?

¿Ese mismo que Melconián decía que no servía para nada, porque eran papelitos de colores que no se podían contabilizar como reservas?

¿Y ahora les fueron a pedir más guita a los chinos, después de haber suspendido la construcción de las dos nuevas centrales nucleares que ellos iban a financiar?

Agradezcan que su paciencia es proverbial, sino nos mandaban una provincia de ellos a invadirnos, y reíte de las cadenas de supermercados que ya instalaron.


¿Y recién ahora se dieron cuenta que los sueldos aumentan una vez al año, máximo dos si las paritarias son con cláusula gatillo, y la indexación de los préstamos UVA se da todos los días en base al valor de la UVA que determina el Banco Central?

¿Y ahora tienen miedo que aumente la morosidad en el pago de las cuotas, porque representan cada vez un porcentaje mayor de los salarios?

¿Está enterado Tetaz de esto yo, el que se lo fue a contar tomó las precauciones del caso para que no tengamos que lamentar consecuencias indeseadas?

lunes, 19 de diciembre de 2016

PELIGRO CHINO


Con escasa atención de los medios y de buena parte de la dirigencia política, se está desarrollando la discusión del reconocimiento o no de la Organización Mundial del Comercio (OMC) a China como economía de mercado; porque finaliza el período de transición tras el acta de adhesión del gigante asiático a la organización en 2001.

Todos los países miembros de la OMC (y entre ellos la Argentina) se verán forzados en breve a definir la postura al respecto en la votación que se avecina, y en nuestro caso el gobierno anticipó por boca de Cabrera (ministro de la Producción) que el voto sería negativo, en una postura coordinada con Brasil y respondiendo a las presiones de la UIA en general, y del gigante Techint en particular.

La cuestión reviste suma trascendencia por cuanto que los chinos sean o no considerados una economía de mercado bajo las reglas de la OMC determina las medidas que los países miembros pueden tomar contra sus exportaciones para proteger sus economías, como por ejemplo cuestionar o no sus costos de producción (si fuera una economía de mercado deberían darlos por válidos); y a su vez la decisión también impacta en nuestro modelo de desarrollo tanto por las restricciones históricas del mismo (la debilidad del proceso de sustitución de importaciones), como por las necesidades actuales de un gobierno que confió en la “lluvia de inversiones” y se vio forzado a esperar el monzón asiático; sin dejar de considerar que China es un importante destino de nuestra exportaciones agropecuarias, uno de los motores clave del modelo particular de desarrollo que intenta poner en marcha el gobierno de Macri.

Además de esas complejidades (que son las del mundo real, aunque no quizás del que imaginaban en “Cambiemos” para “volver) se suman las propias del contexto internacional: los chinos (la principal economía del mundo) se asoman a la posibilidad de una eventual crisis, su moneda se viene debilitando frente al dólar estadounidense con mucha mayor velocidad desde el triunfo de Trump, están padeciendo pérdida de sus reservas en divisas (lo que los ha forzado a establecer un “cepo” cambiario y limitar los giros de dividendos al exterior de las multinacionales que operan en China), y sus exportaciones a los EEUU están en su nivel más bajo desde el 2009 (tendencia que posiblemente se agrave por las medidas de la nueva administración yanqui); razón por la cual necesitan imperiosamente reemplazar mercados de destino para esa producción excedente que no pueden colocar allí.

En ese marco la Argentina vino administrando el ingreso de los productos importados de China al país en el marco del Decreto 1859/04 dictado por Néstor Kirchner, que establece un sistema de salvaguardas en el marco de las normas de la OMC y de las conclusiones de su Ronda Uruguay (aprobadas aquí por la Ley 24.425); con ciertas “flexibilidades” heterodoxas que quienes hoy gobiernan cuestionaron cuando eran oposición, por contravenir precisamente las normas de la organización matriz.

Según el artículo 1 del decreto, esas medidas de salvaguarda de la producción nacional podrán aplicarse cuando ... productos de origen de la República Popular China están siendo importados en tal cantidad y en condiciones tales que causen o amenacen causar una desorganización de mercado para los productores nacionales de productos similares o directamente competidores.”.

El propio decreto establece en su artículo 2 cuando se considera que existe “desorganización de mercado”: ....cuando las importaciones originarias de la República Popular China de un producto similar o directamente competidor al elaborado por la rama de producción nacional estén aumentando rápidamente, en términos absolutos o relativos, de forma que sea una causa importante de daño grave o amenaza de daño grave para la rama de producción nacional. La determinación de existencia de desorganización de mercado deberá basarse en factores objetivos, entre ellos, el volumen de las importaciones, el efecto de las importaciones sobre los precios de artículos similares o directamente competidores y el efecto de esas importaciones sobre la rama de producción nacional que produce productos similares o directamente competidores.

Los mecanismos de salvaguarda pueden funcionar dispuestos de oficio por el propio gobierno, o a pedido de sectores empresariales internos afectados por las importaciones chinas; y pueden consistir (de acuerdo al artículo 19 del decreto) en restricciones de carácter cuantitativo (fijar cupos o cuotas de importación), aumentar los derechos de importación (fijando derechos anti dúmping) o “Cualquier otra medida que disponga la Autoridad de Aplicación tendiente al retiro de concesiones o a la limitación de las importaciones.”.

Del mismo modo si bien las medidas denominadas “de salvaguarda definitiva” deben limitarse (según el artículo 20 del decreto) “...al período necesario para prevenir o reparar la desorganización del mercado para los productores nacionales de productos similares o directamente competidores que sufran un daño o amenaza de daño.”que no puede exceder de 3 años, también se contempla (artículo 23) la adopción de medidas provisionales “...en circunstancias críticas, en las que cualquier demora entrañaría un perjuicio difícilmente reparable,...”, y la posibilidad de prorrogar la medida “... siempre que se determine que la misma sigue siendo necesaria para impedir o remediar la perturbación del funcionamiento del mercado.”; lo cual deja un margen de discrecionalidad para administrar el comercio exterior proveniente de China, pero que –reiteramos- quienes hoy gobiernan cuestionaban en otros casos, por vulnerar las normas de la OMC.

Hablábamos antes de la posibilidad de que la presión importadora china con riesgo de daño para nuestra industria y producción se intensifique como consecuencia del giro en la política exterior de los EEUU, y el eventual cierre de su economía a las importaciones del gigante asiático. Pues bien, conviene en ese caso recordar que el artículo 25 del decreto de Kirchner permite la aplicación de las medidas de salvaguarda cuando se verifique una “desviación importante de comercio”, como consecuencia de “...una medida adoptada por la República Popular China u otro país miembro de la Organización Mundial de Comercio y aplicada a determinado producto originario de la República Popular China para impedir o remediar la perturbación del funcionamiento del mercado de ese miembro de la citada Organización,...”.

Así expuesto más o menos de que va el problema, no dejan de ser interesantes los contrastes y contradicciones que denota, y las complejidades del funcionamiento real del “mundo” que revela, a saber:

* La discusión sobre cómo y cuanto “abrirnos al mundo”, que Macri y su gobierno pretendieron dar por saldada, cuando es cada vez más evidente que hicieron una pésima lectura de cómo funciona éste realmente; y dentro de ello que pasa con la OMC, sus mecanismos de regulación del comercio exterior y lo que verdaderamente pasa allí con los países industrializados, que son los que más quejas reciben por adoptar prácticas restrictivas del comercio internacional.

* El mayor país comunista del mundo reclama ser reconocido plenamente como una economía de mercado, einterpela entre otros a un gobierno como el nuestro; que hasta el triunfo de Donald Trump en las elecciones de EEUU venía apostando fuertemente a los tratados de libre comercio impulsados por Obama y Hillary Clinton (TTP, TPP), justamente para contener la influencia de China en América Latina y el Pacífico.

* En ese trance, el gobierno de Macri y el de su par brasileño Temer vienen tejiendo una alianza para destruir concienzudamente el MERCOSUR cuando se plantean cuestiones como el pedido chino a la OMC que tornan más imperioso adoptar estrategias y posturas comunes, y fortalecer el bloque regional.

* Las presiones al gobierno para negarle a China el status de economía de mercado en la OMC vienen tanto de las Pymes (claro que con diferente poder de fuego) como de gigantes industriales como el holding Techint; con la diferencia de que en el segundo caso se protegen nichos muy específicos de negocios (como los tubos de acero sin costura), orientados a la exportación pero con posiciones monopólicas o ampliamente dominantes del mercado interno, que le permiten dolarizar los precios mientras tiene subsidiados los costos (como la energía); sin que el gobierno le exija a la multinacional de Paolo Rocca nada a cambio por apoyarla en sus demandas contra la penetración china.

* La cuestión china desnuda como pocas la incoherencia conceptual de un empresariado voraz y poco propenso a la inversión, que le reclama al Estado que intervenga para protegerlo de la competencia de productos del gigante asiático; al que le niega la condición de economía de mercado -entre otros aspectos- por pagar salarios de miseria; mientras en el mercado interno se queja de los altos costos laborales, y reclama “reglas de juego claras”, que consisten básicamente en retraer la participación estatal en la economía, y toda forma de regulación pública de las fuerzas del mercado.  

* El gobierno que vive abjurando de la “pesada herencia” se vio forzado a apelar (a pedido de los sectores empresarios, y en contra de sus propias convicciones que lo llevaron a abrir indiscriminadamente las importaciones) a lo largo del año de gestión de “Cambiemos” a los mecanismos de salvaguarda de la producción nacional heredados del kirchnerismo; aunque hasta sectores sensibles que ya han experimentado daños posiblemente irreparables. Como dato de color, acaban de establecer derechos antidúmping para la importación de globos chinos: ¿aplican acaso el “compre argentino” para un insumo crítico para la gestión de gobierno?

* Los sectores industriales que ya se están viendo como más afectados por las importaciones en general y las chinas en particular (lo que se denomina "sensibles") son los que el mismo gobierno definió en su plan de "reconversión productiva" como sujetos a "reconversión laboral" (es decir, que serán subsidiados para que despidan gente) y a una "apertura gradual"; porque se los da por "inviables". 

* Se ha dicho tanto sobre la necesidad de “construir políticas de Estado a largo plazo” a través del “diálogo y el consenso” para que el gobierno termine decidiendo en soledad y sin consultar a la oposición sobre un tema de tanta trascendencia para el país; que además encara una decisión crucial para su futuro habiendo disminuido considerablemente por las decisiones del gobierno de Macri (como la “vuelta a los mercados de capitales” y al ciclo de endeudamiento, o la destrucción del bloque regional) la “densidad nacional” de la que hablaba Aldo Ferrer.

domingo, 11 de septiembre de 2016

ESCUPIDERA AMARILLA


Entre lo cambios que aportó el gobierno de Macri iniciado en diciembre del año pasado entraban -supuestamente- las relaciones con China: supuesta “volver al mundo” no implicaba relacionarse con el país más poblado del mundo, la segunda (o primera, según quien lo mida) economía mundial y, destino principal de buena parte de nuestra exportaciones agropecuarias.

Una política exterior que se preciaba de “dejar de lado las ideologías” las aplicaba estrictamente, y desde una relanzamiento de las “relaciones carnales” con EEUU enfriaba los contactos con el gigante asiático y ponía bajo la lupa los acuerdos comerciales y de inversión firmados por el kirchnerismo con él.

Sin embargo las cosas cambian con el tiempo, y éste caso no fue la excepción: el swap de monedas firmado por el Banco Central argentino con su par chino en el gobierno de Cristina que los economistas de Cambiemos desacreditaban en campaña “porque eran solo papelitos que no se pueden contabilizar en las reservas” sirvió para el levantamiento del cepo, tanto que el gobierno de Macri lo amplió a 10.000 millones de dólares (más de tres veces lo acordado con el kirchnerismo), disparando la cláusula gatillo que lo convierte de un pase de monedas en una operación de endeudamiento, que hay que devolver con intereses.

Y hubo más: allá por diciembre del 2015 un Macri recién estrenado como presidente dejaba trascender que evaluaba suspender losproyectos de construcción de dos grandes represas en Santa Cruz, bajo las sospechas de corrupción en las que su gobierno envolvió a toda la obra pública del kirchnerismo, y por considerar elevado el costo de 46.000 millones de pesos que insumirían los proyectos.

Las obras habían sido utilizadas por el aparato de propaganda clarinista -con Lanata a la cabeza- como “uno de los casos más escandalosos de la corrupción k”, y del vasallaje del país ante China, junto con la base aeroespacial de Neuquen, desde la cual -nos dijeron- los chinos podrían lanzar misiles a Estados Unidos.

Sobre el tema, leíamos en El Cronista días pasados: “La decisión de habilitar la construcción de las represas hidroeléctricas de Santa Cruz, Néstor Kirchner y Jorge Cepernic, está por sumar un nuevo capítulo. El viaje a China, la intención de encaminar la relación con el gigante asiático y una readecuación del contrato; hicieron que en los próximos días la administración Cambiemos anunciará la puesta en marcha de la construcción de las dos represas en el sur del país.

La adenda -que es una modificación del contrato original sin necesidad de suscribir uno nuevo- implica que el proyecto contará con menos turbinas -pasa de las 11 originales a ocho-, por lo que la represa Kirchner que tenía previsto seis turbinas finalmente estará equipada con cinco y la Cepernic se reducirá de cinco a tres. Este cambio implicará una modificación en la cantidad de generación de energía, que pasará de las 1760 MW que iba a generar originalmente a 1290 MW de potencia.

La adenda también sirvió para fijar los nuevos costos y plazos. Luego de una evaluación de costos y de la aplicación del Decreto 691 sobre Redeterminación de Precios, el costo de la obra pasó de los u$s 7000 millones originales a u$s 4500 millones. En lo referido al plazo de concreción de la obra se paso de 66 a 80 meses. ” (las negritas son nuestras)

Repasemos entonces: las represas que no se iban a hacer se harán, pero más chicas, con menor capacidad de generación de energía, menor inversión en dólares por parte de los chinos (que aportan el financiamiento) y más plazo para ejecutar las obras, que apuntan a sumar a la oferta disponible de generación de energía, algo que -según el gobierno- es una de sus preocupaciones centrales.

Y por si todo eso fuera poco, más caras: la nota dice que los costos bajaron de 7000 millones de dólares a 4500 (bueno sería que además de ser menor la obra, costará más), pero lo que no dice es que en agosto del 2012 (cuando Cristina anunció las represas) el dólar estaba a $ 4,60, y por ende las obras costaban 32.200 millones de pesos; y ahora (cuando el dólar cerró el viernes en torno a los $ 15,24) costarían 68.580 millones de pesos, por menos turbinas, menos generación y más tiempo para hacer las obras.

Más del doble del precio original, y casi un 50 % más caro que lo que a Macri le parecía caro en diciembre del año pasado, cuando pensaba en cancelar el proyecto; y -como se dijo- con menor inversión en dólares por parte de los chinos, que la originariamente prevista.

Entre otras cosas y como cuenta la nota, como consecuencia de la aplicación del régimen de “redeterminación de precios” del DNU 691 firmado por Macri éste año, del que dábamos cuenta acá explicando como funciona.

Son las consecuencias de que los funcionarios del gobierno amarillo hayan escupido profusamente para arriba hablando al pedo de los amarillos (chinos) en campaña y apenas llegados al gobierno, para luego y ante el fracaso de los sucesivos intentos por hacer llover dólares (levantamiento del cepo, acuerdo con los buitres, blanqueo de capitales) tener que ir a la reunión del G20 a pedirles la escupidera; para que por favor inviertan en el país.