LA FRASE

"POR AHORA NO ESTAMOS PIDIENDO AUTORIZACIÓN PARA QUE LA POLICÍA PUEDA USAR LA PICANA Y EL SUBMARINO, ANTES VAMOS A VER COMO FUNCIONAN LAS REFORMAS QUE PLANTEAMOS." (PABLO COCOCCIONI)
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sábado, 13 de junio de 2020

VOLVIERON PEORES


Hace poco, cuando en la anterior sesión del Senado la oposición se retiró antes de la votación frustrando la sanción de la ley de alquileres que ahora se pudo concretar sin sus votos, decíamos acá: "Y la oposición al gobierno nacional (por lo menos la que tiene representación institucional en el Congreso, orquestada sobre la base de lo que fue oficialismo con "Cambiemos") sigue funcionando en relación al kirchnerismo/peronismo con el mismo modus operandi del 2003/2015, y sin el menor atisbo de autocrítica por su desastrosa gestión durante la presidencia de Macri.

En ese sentido, lo que se vivió ayer en el Senado de la Nación cuando se discutían algunos DNU de la gestión anterior y una reforma a la ley de alquileres esperada por millones de inquilinos a lo largo y lo ancho del país, no difiere en nada de otros papelones parlamentarios bochornosos que vivimos durante el kirchnerismo: recordemos solo a título de ejemplo el retiro opositor en Diputados cuando se discutía la ley de medios (planteando cada uno de los opositores la misma cuestión de privilegio), o cuando se aprobó el voto joven, con la excusa del discurso del "Cuervo" Larroque hablando de narcosocialismo; porque si algo nunca les faltó, fueron excusas.

Es que gastadas a los radicales aparte, son expertos en irse, cuando las discusiones no les convienen. Porque perder una votación legislativa puede perder cualquiera, pero igual se queda defendiendo una posición que cree correcta. Si se va, es porque el tema que se trata no le interesa mucho, o lo que tiene que defender es indefendible.

Como por ejemplo los DNU de Macri armando un esquema de escuchas telefónicas a su medida (nunca se filtraron tantas a los medios como cuando estuvieron en manos de la Corte), o la oposición a una ley de alquileres que beneficiaría a millones de inquilinos, pero es resistida por los propietarios y las inmobiliarias. Lo demás es decorado, y en todo caso solo abona al propósito de deslegitimar al gobierno, atribuyéndole intenciones dictatoriales o autoritarias: nada nuevo bajo el sol, lo viene ensayando desde el "bloque radical de los 44" con Perón, para acá.".

Ahora, con la ley sancionada pese a su deserción, queda claro que defendían los intereses de los propietarios, corredores inmobiliarios, desarrolladores urbanos e inversores (muchos del "campo"), cagándose en los nueve millones de inquilinos que hay aproximadamente en el país. La excusa esta vez fue que solo quieren discutir temas vinculados a la pandemia.

En paralelo salieron en defensa de los vaciadores de Vicentín, aunque en éste caso se entienda más: fueron sus principales aportantes de campaña. Agitaron las protestas y cacerolazos contra la expropiación (a favor de los fugadores y vaciadores, en realidad), y Barletta llegó a la cumbre del ridículo al presentar un amparo ante el juzgado del concurso contra la intervención dispuesta por el Poder Ejecutuivo; que por supuesto el juez rechazó de plano por falta de legitimación.

Y hablando de paralelos: el Foro de Convergencia Empresarial (sello que nuclea a los principales grupos económicos del país, incluida la AEA) salió a cruzar el proyecto de expropiación, con pruritos legalistas que no tuvieron -por ejemplo- para el proceso de vaciamiento y desfalco al Estado (a través de los préstamos del Banco Nación), que llevó al hólding agropexportador a la situación actual.

Ambos (opositores y cámaras empresarias) fueron parte de la coalición gobernante en el país hasta diciembre del año pasado, con los desastrosos resultados conocidos. Ninguno de ellos hizo la más mínima autocrítica al respecto, y hoy continúan actuando como si nada hubiera pasado, o no tuvieran responsabilidad en el cuadro de situación heredado por el gobierno del "Frente de Todos"; que incluye en lugar destacado el affaire Vicentín que pone en riesgo miles de puestos de trabajo, e incluso a productores agropecuarios de una vasta región.

Es decir, no fue el Estado con iniciativas "sovietizantes" como les gusta decir, ni éste gobierno ni la política quienes llevaron las cosas a éste punto, ni el problema empieza con el anuncio de la expropiación. En todo caso, el Estado y la política, en tiempos de Macri, cuando los que el jueces abandonaron la sesión del Senado gobernaban el país, fueron los que se coligaron para que llegáramos a éste punto, aplicando las mismas recetas que fracasaron en el país una y otra vez, y que ellos siempre aconsejaron, y aplaudieron; y el gobierno de Macri no fue la excepción.

Unos y otros hoy, como siempre, dicen tener las soluciones, o pontifican sobre el rumbo que debe seguir el país desde un púlpito imaginario, que no se sabe  bien quien les ha concedido; pero es seguro que no es el voto popular, porque ése nos favoreció a nosotros.

Nosotros nos propusimos volver al gobierno, para ser mejores; y bien sabemos lo que nos cuesta. Ellos volvieron a ser opositores, desde el Congreso, o relacionándose en términos de apriete empresarial con un gobierno que no sienten "del palo". Pero claramente volvieron peores.     

martes, 28 de abril de 2020

NO NOS COMAMOS LA CURVA


Es muy difícil resistir la tentación de tomar a estos imbéciles para el churrete, como el consumo irónico que en buena medida son. Y es difícil porque a simple vista son la burda caricatura de lo que debería ser un político.

Pero a su modo están haciendo política, aunque a nosotros no nos guste, o nos parezca bizarro. En primer lugar, para adentro de sus propias filas, apuntándole a ese tercio psiquiátrico de la sociedad argentina, que cada vez que gobierna el peronismo se siente parte de los maquis de la resistencia francesa, frente a la ocupación nazi.

Y estando los radicales de por medio, no debe extrañar que se apropien de un manotazo de la democracia y las instituciones (que no son lo que son, sino lo que ellos dicen que son), y nos dejen a los demás afuera de sus límites.

Está más que claro que están embarrando la cancha, y "preconstituyendo prueba" para alguna funambulesca presentación futura ante la justicia planteando la nulidad o inconstitucionalidad de la sanción de la ley del impuesto a las grandes fortunas, porque el Congreso o alguna de sus Cámaras sesionaron en forma remota.

Y no nos creamos que con la presentación de Cristina ante la Corte estamos cubiertos al respecto, pues con un sistema de control difuso de constitucionalidad como el nuestro, cualquier juez (y mediando tantos intereses en juego, es literalmente cualquiera el posible) puede pasarse a nado lo que la Corte haya resuelto, y decidir en contrario.

Porque dejando de lado los ribetes payasescos del asunto, de eso se trata en definitivas: de intereses, impuestos y fortunas. Si se estuviera discutiendo otra cosa, no tendríamos que soportar estos bochornos.

Si a estos personajes menores se los despoja del boato y la pompa con los que se recubren, quedan expuestos como lo que son: payasos de una comparsa que fungen de infantería parlamentaria de los dueños del poder real, rol que vienen desempeñando desde 1945, por lo menos.

Y ése es el dato que no hay que perder de vista: son capaces de arriesgar contagiarse de una enfermedad que asola al mundo y para la que no hay vacuna (y contagiar a otros), o de hacer como si no les importara lo que les pueda pasar, con tal de cumplir con su deber: defender la billetera de los 12.000 tipos y tipas más ricas del país.

Despojado de toda la fraseología hueca y la retórica "democrática", esa es la verdad desnuda de todo el asunto. Por eso no nos comamos la curva de -simplemente- cagarnos de risa de ellos.

viernes, 15 de noviembre de 2019

RETROCESOS BÁSICOS


Cuando en los primeros meses del macrismo se cantaba en las plazas “Macri, basura, vos sos la dictadura”, no faltaron los sommeliers de la protesta política que lo señalaran como un error, porque se trataba de un gobierno electo democráticamente. Como casi todo lo que por entonces decían decían los núcleos más activos de la resistencia a las políticas del nuevo oficialismo (tildados de “minoría intensa”), el tiempo les terminó dando la razón.

Y es que al señalar que Macri era la dictadura no se desconocía su legitimidad de origen, sino la profunda afinidad ideológica de él y su gobierno con el último experimento autocrático que asoló el país, más allá de las obvias similitudes de las políticas económicas y sociales: no hacía falta raspar mucho la costra democrática del macrismo para descubrir debajo la piel de la bestia.

Se vio al principio (con la cacería judicial de opositores y el retorno a los tiempos en los que el país tenía presos políticos), en el medio (cuando el gobierno guardó estruendoso silencio ante el fallo de la Corte concediendo el “2 X 1” a los genocidas, e incluso su Secretario de Derechos Humanos lo apoyó) y ahora, en el final; con la obstinada negativa a declarar y admitir que en Bolivia hubo y hay un golpe de Estado, y un gobierno de facto, incluso con tensiones hacia el interior de la coalición oficialista.

El macrismo ha sido sin dudas el peor gobierno de nuestra historia democrática, por mérito propio: aun con el impresionante blindaje mediático de que gozó y goza, en un torpe intento por reescribir de antemano la historia futura, las propias estadísticas oficiales, cuya credibilidad se jacta de haber recuperado, marcan que en términos de indicadores económicos y sociales su gestión ha sido una completa catástrofe para el país, y para la mayoría de los argentinos.

Pero además lo fue por supuso un severo retroceso en aquello que se suponía que venían a mejorar (la “calidad institucional”, o el respeto por las instituciones de la República), y en lo que hasta acá eran consensos democráticos básicos, trabajosamente construidos por la sociedad argentina y su sistema político durante los 36 años que llevamos desde la recuperación de la democracia.

Tanto machacar con la necesidad del diálogo para generar consensos “en torno a políticas de Estado”, o los famosos “tres o cuatro temas en los que nos tenemos que poner de acuerdo todos los argentinos”, para terminar en que, como un elefante en un bazar, el macrismo se llevó puestos  consensos democráticos básicos que existían antes de que llegara al gobierno. Y si no repasemos:

* Se retrocedió en el apoyo del Estado a las políticas de memoria, verdad y justicia; y se intentó implícitamente y casi explícitamente, de volver a instalar el negacionismo sobre el número de desaparecidos y -sobre todo- la teoría de los dos demonios, y una nueva revisión histórica sobre hechos que ya merecieron esclarecimiento y condena en sede judicial.

* Se abandonó un pilar básico de la política exterior argentina con todos los gobiernos democráticos y que además se corresponde con los principios básicos de los organismos multilaterales de los que el país forma parte, como lo es la no injerencia en los asuntos internos de otros estados y la apuesta a la solución pacífica de los conflictos; con la vergonzosa línea diplomática del gobierno de Macri en el caso Venezuela, plegándose de modo obsecuente a la política de los Estados Unidos, que incluye la opción de la invasión militar.

* Se volvió a consagrar normativamente la intromisión de las fuerzas armadas en tareas de seguridad interior, en contra de los consensos construidos a lo largo de gobiernos democráticos de todos los signos políticos, basados en los funestos precedentes de nuestra historia política.

* Se puso en entredicho la transparencia de nuestro sistema electoral desde el propio gobierno, y se violó de modo reiterado el mandato constitucional de que los cambios en sus reglas de juego se hagan por consensos amplios y mediante leyes del Congreso, aprobadas fuera de los períodos electorales, para no despertar suspicacias de ningún tipo.

* Y ahora se busca evitar por todos los medios repudiar un claro golpe de Estado y calificarlo como tal, profundizando el bochorno internacional ya perpetrado en el golpe parlamentario contra Dilma Roussseff en Brasil, retrocediendo en lo mínimo que se le puede pedir a un gobierno democrático: que defienda la democracia, el imperio del estado de derecho y la voluntad popular.

Eso sin contar que otras graves regresiones del macrismo y sus políticas que no las ponemos en la misma categoría (como la validación institucional del gatillo fácil con el caso Chocobar), porque es evidente que expresan tendencias de importantes sectores de la sociedad argentina, de modo tal que sobre esas cuestiones no se puede considerar que existan consenso amplios.

O en todo caso y profundizando un poco más el análisis: acaso el macrismo sea la expresión electoral y política de que esos consensos que sí suponíamos consolidados en torno a ciertas cuestiones centrales, en cuyo caso la tarea que le espera por delante a Alberto Fernández, que se plantea como objetivo “cerrar la grieta”, sea mucho más dificultosa de lo que él supone.

lunes, 23 de septiembre de 2019

DEJÁLOS



Dejálos que crean que la pueden dar vuelta, así después el porrazo que se van a dar contra la realidad les va a doler más. Y que digan que las PASO no pasaron, porque sí pasaron, y pensando así no van a descontar ni un solo voto de diferencia. 

Dejálos que se entusiasmen con fiscalizar, así después no hablan pavadas diciendo que les hicieron fraude cuando son el gobierno, y por ende los responsables de organizar la elección.

Dejálos que sigan hablándole solamente a los propios, a los convencidos, a los que los votarían igual, en cualquier circunstancia, hagan lo que hagan. Eso nos deja a nosotros la enorme posibilidad de hablarles a todos los demás, que son muchos más, nos hayan votado en las PASO o no.

Dejálos que descubran de golpe que se puede hacer política poniendo el cuerpo, en la calle, sin tener miedo ni vergüenza, dando la cara, y que la estrategia la hayan diseñado Marcos Peña y Durán Barba. No sería más que otra muestra de su derrota conceptual, en la que vienen arriando una tras otra las banderas que hasta ayer nomás sostenían.

Dejálos que no tengan vergüenza de salir a apoyar en público a este gobierno espantoso, así el día de mañana se les va a hacer más difícil negar que bancaron esto, hasta el final; y pedían que siguiera.

Dejálos que vayan a lo seguro, que se junten en territorio "amigo", que elijan no correr riesgos, y que crean que juntándose ahí son más, y pueden ganar. Porque por fuera de eso, hay un país real al que no quieren ver, que ya los castigó una vez con su voto, y los va a volver a castigar de nuevo el 27 de octubre.

Dejálos que se atribuyan el monopolio de la decencia, la honestidad, el esfuerzo, los valores y la democracia. Que crean que no nos damos cuenta que es el modo que eligieron para disimular que apoyan un gobierno corrupto, de presidente y funcionarios vagos, que los únicos valores que les interesan los tienen afuera del país y en off shores, y que representan el menos democrático de todos los gobiernos democráticos que en el país han sido.

Dejálos que sigan asustando con la vuelta de un pasado al que demonizaron y no pudieron lograr que se olvide, y prometiendo un futuro que nunca llega. Es la demostración más clara de que no tienen nada para contar ni mostrar del presente, por más videos que suban a las redes sociales.

Dejálos que lo muestren a Macri y lo paseen por todo el país, así nadie se olvida que es el candidato que tienen, que no es ni más ni menos que el mismo que viene gobernando desde diciembre del 2015, con los resultados conocidos y padecidos. El mismo Macri al que sus candidatos esconden, o al que borran de los afiches y de los spots de campaña, porque saben que es un salvavidas de plomo.

Dejálos, en definitiva, que se sigan equivocando, y sigan demostrando que no entendieron lo que pasó y, no se dieron cuenta que les picaron el boleto, porque si perseveran por este rumbo, les va a ir peor, no mejor. Como dijo Napoleón: cuando tu enemigo comete un error, no lo interrumpas.

viernes, 20 de septiembre de 2019

HAGAN ALGO, ENTONCES


La foto corresponde al cartel de obra colocado en las torres del PROCREAR que se están construyendo en el Parque Federal.

Como ven, le cambiaron el nombre a la obra (que arrancó en el gobierno de Cristina) por "Estación Cambios": nada que ver con proselitismo encubierto, eh.

Y le metieron en el cartelito el eslogan de la propaganda oficial: "Haciendo lo que hay que hacer".

El tema es que, hoy por hoy, no están haciendo nada: rescindieron el contrato con la UTE de las empresas constructoras, que despidieron empleados, abandonaron la obra y retiraron los equipos.

La obra está parada hace meses, y lo único que hay son un par de serenos, y el cartelito.

Postales explícitas de macrismo. 

viernes, 30 de agosto de 2019

ESTA PELÍCULA YA LA VIMOS


Parece difícil de creer, y cuando en unos años lo contemos, muchos van a pensar que estamos fabulando, pero está pasando de nuevo: como en esos videos que terminan y vuelven a empezar, otro gobierno radical (antiperonista, si quieren) incendió el país, y cuando se duda de que pueda concluir su mandato, le echa la culpa a la oposición; es decir, al peronismo.

Alguna reflexión sobre este destino aparentemente ineludible tenemos que extraer los argentinos, para tratar de que nunca más nos vuelva a pasar. Porque no se trata simplemente de no votarlos más, y listo; cosa que además está visto, no sucede: hay amplios sectores de nuestra sociedad con una irrefrenable pulsión por el suicidio político, social y económico.  

Porque acá no se trata simplemente del comportamiento caprichoso de un heredero vago y consentido que aplica a su gobierno el modelo del "niño yo no fui" que mamó desde chico, para eludir sus responsabilidades: la fuga de las responsabilidades propias, la falta de la más mínima capacidad de autocrítica (esa que nos piden siempre a nosotros) y el desplazamiento de las culpas en los demás es el modus operandi compartido de todos los que terminaron confluyendo en "Cambiemos". 

De hecho, los radicales pueden dar cátedra sobre el tema, y de su origen en la UCR lo mamó Carrió, o sea que en esto no hay fisuras al interior del oficialismo: todos se respaldan, hombro con hombro, en el discurso alienado del "nosotros hicimos todo bien, el infierno son los otros, que no nos quieren porque somos puros, honestos, decentes y combatimos las mafias".

Pero lo peor, es que cuentan en la cruzada con el apoyo de (números más, números menos) un tercio de la sociedad argentina, que vive recluida en cavernas mentales a las que no llegan ni la luz, ni el sol, ni el aire: son impenetrables a la realidad. Y estarán los próximos ¿10, 20? años, historiando esta época como una oportunidad perdida para "construir un país decente para nuestros hijos", o paparruchadas por el estilo.

Macri llegó al gobierno en el 2015 por el voto popular (largo anhelo de nuestra derecha vernácula, por fin concretado y con uno de los suyos), al frente de una amplia coalición que iba más allá de los límites formales de "Cambiemos": el mundo de las finanzas nacionales e internacionales, los grandes grupos económicos, los medios de comunicación hegemónicos, las  agencias punitivas y represivas del Estado, el aparato judicial y de inteligencia, el apoyo de los Estados Unidos a cambio del alineamiento con sus objetivos estratégicos para la región, y cuando la crisis detonó, un colosal salvataje financiero del FMI: se les alinearon todos los planetas, e igual terminaron chocando la calesita.

Por si todo eso fuera poco, durante buena parte de su gestión contaron con el apoyo decisivo de amplios sectores del peronismo (incluidos casi todos los gobernadores, a los que ahora acusan de extorsionarlos), y con la pasividad de la peor conducción de la CGT de la historia. Con todo eso a favor, resulta que ahora se derrumban por un comunicado de prensa de Alberto Fernández o (peor aun) por el silencio de Cristina.

Pusieron en marcha el mismo modelo de valorización financiera y fuga de capitales que ha fracasado en el país cada vez que se ensayó, y lo profundizaron hasta sus últimas consecuencias, no obstante todas las advertencias que se les hicieron al respecto (ya desde el 2015 y la "campaña del miedo"), que eligieron sistemática y deliberadamente desoír. Y ahora que ese modelo colapsó por su propia dinámica, sin la presencia de factores externos, la culpa es de la oposición; que tiene que ayudarlos a sostenerlo a como de lugar y con respirador artificial, hasta el final del mandato de Macri.

Asistimos al fracaso total del proyecto que algunos vieron y nunca fue: el de la "brutal eficacia de la nueva derecha moderna y democrática". Dijimos varias veces acá que el macrismo no era más que el saqueo organizado como modelo de acumulación capitalista, y la estigmatización y persecución policial y judicial de toda forma de resistencia social y política, para forzar a toda la sociedad a aceptar resignada la pérdida de derechos; como único plan político. 

No tuvieron nunca otro plan que ese, y hoy está a la vista más que nunca: no están agitando el fantasma del golpismo opositor porque crean que de ese modo pueden revertir el resultado de las PASO y ganar las elecciones para mantenerse en el poder. Nadie en su sano juicio (lo cual excluye al núcleo duro de sus votantes) puede pensar eso; por la simple y sencilla razón de que cuanto más grandes sean el caos y la incertidumbre en una sociedad, menos piensa ésta en salir de ellos votando a los que lo causaron. Las PASO ya probaron que eso no es así, y si siguen por este camino la derrota será catastrófica, de proporciones históricas.

Es posible que algunos de ellos (Carrió, los radicales) estén construyendo hoy una justificación histórica a futuro de su enésismo fracaso, para poder volver, y hacen bien: si antes les dio resultado, porque la sociedad los indultó y los volvió a votar, ¿por qué no hacerlo de nuevo? Son una parte de los argentinos los que tienen que madurar, no ellos; que ya están de vuelta y en el ocaso.

Sin embargo, tenemos la sospecha de que las razones reales son más prosaicas: como el tero que pega el grito en un lado para ocultar el otro en el que tiene los huevos, lo que está haciendo el macrismo en desbandada denunciando que son víctimas de un golpe opositor, es querer comprometer a la oposición que en breve será gobierno en la continuidad del saqueo; para terminar de fugar lo que aun les falta. De allí la insistencia en comprometerlo explícitamente a Alberto Fernández en la continuidad del acuerdo con el FMI, exigiéndole que reclamo el desembolso de los 5421 millones de dólares pendientes antes del cambio de gobierno.

En la misma estaba (por sus propias razones, vinculadas a la conservación de sus cabezas sobre sus cuellos) la burocracia del propio FMI, cuando con buen criterio el candidato del FDT pegó el portazo y llamó a las cosas por su nombre, con el famoso comunicado al que ahora le atribuyen todos los males. En la huida final de la banda de salteadores nocturnos que nos gobierna, no hay mucho más que eso: quieren asegurarse los restos del botín.

Preferimos creer (solo eso, creer, sin evidencias ni certezas) que no están tirando de la soga más de lo razonable, para generar una reacción que les justifique irse reprimiendo, como en el 2001. Esperamos que al menos nos ahorren ese tramo doloroso de la misma película de siempre; porque hasta el Megacanje intentan repetir. Mientras tanto, la oposición triunfante y su candidato deben cortar de inmediato todo contacto con el gobierno porque resulta tóxico, y seguir buscando establecer vínculos con la sociedad que le confió su voto, y a la que tendrá que gobernar en breve para sacarla del desastre en el que la ha sumido el macrismo. 

Hay que garantizar que en el país se vote y la gente elija, y que estos tipos lleguen al final de su mandato, incluso aunque no quieran. No les demos la coartada de victimizarse, ni les permitamos que quieran erosionar la legitimidad del próximo gobierno; como hizo Menem al bajarse del balotaje contra Néstor en el 2003, o como están haciendo ellos ahora, al denunciar primero fraude, y luego golpe. Nadie dice que sea fácil, pero no hay otro camino. Tuits relacionados: 

martes, 20 de agosto de 2019

LA HORA DE LAS REVELACIONES



No son pocos los que por estas horas se asombran de la velocidad con la que se degrada la experiencia macrista, en todos los planos, tras la contundente derrota en las PASO: periodistas hasta ayer adictos y operadores del régimen que pegan violentos garrochazos o volteretas en el aire, empresarios del grupo de whatsapp coordinado por Marcos Galperín (empezando por el propio CEO de "Mercado Libre") que tocan el timbre de las oficinas de Alberto Fernández, internas en el seno del poder y cuestionamientos al propio Macri que trascienden en público, Jaime Durán Barba huyendo del país como rata por tirante, cambios en el gabinete a las apuradas.

Como telón de fondo de la descomposición del gobierno y como su consecuencia directa, la crisis económica y social que se agudiza, y los interrogantes sobre el futuro institucional del país (despejado ya el horizonte electoral), y la posibilidad de que Macri termine su mandato en tiempo y forma, con una mínima dosis de paz social.

Sin embargo y si se prestaba atención a los elementos estructurales del proceso más allá de las "novedades de la era" (la incidencia de los medios, las nuevas técnicas comunicacionales utilizadas para la estrategia política y electoral), los factores que derivaron en este penoso final estaban presentes ya cuando Macri se impuso a Scioli en el balotaje del 2015; encabezando una despareja coalición de partidos que formalizó el funcionamiento conjunto de hecho de las fuerzas políticas anti-peronistas que la conformaron, como núcleo duro de la oposición al kirchnerismo hasta ese momento, y durante los gobiernos de Néstor y Cristina.

Como el que gana siempre tiene razón, rendidos ante la evidencia del triunfo de Macri muchos prefirieron concentrar su atención más en las razones de su éxito, que en el proyecto político, económico y social al servicio del cual ese éxito se iba a poner. Eligieron intentar entender por qué Macri había ganado (lo que ciertamente era importante), más que poner la lupa en lo que efectivamente iba a hacer, con el triunfo asegurado; de allí que hasta teorizaran y escribieran libros sobre la era de hegemonía macrista que se avecinaba, con una eficacia en el logro de sus objetivos que cumplirían al fin la profecía de Halperín Donghi: la agonía final de la argentina peronista.

Existiera o no una cosa tal como "una nueva derecha moderna y democrática", de lo que nunca existieron dudas (al menos para nosotros) es que Macri venía para gerenciar el mismo proyecto de siempre de las minorías del privilegio; un proyecto en el que tenían cabida ¿el 5, el 10, el 15 %? de los argentinos, y el resto estábamos de más. Y que además era insustentable a mediano plazo por donde se lo mire; como finalmente el tiempo se encargó de demostrar.

Es decir entonces que la "nueva" derecha, arribada ahora al poder por el voto mayoritario,  afrontaba el mismo dilema que la "vieja" que tenía que apelar al fraude y los golpes de Estado: como relegitimarse políticamente para construir una larga hegemonía en el poder institucional, mientras despojaba a las grandes mayorías nacionales de sus derechos, y las hacía retroceder en forma constante en sus niveles de vida, consumo y condiciones materiales de existencia.

Para conseguir eso, se nos dijo todos estos años que bastaba con el aparato de alienación cultural, el blindaje mediático, la apelación al discurso del odio y agitar el miedo al retorno del fantasma populista. Pero lo cierto era entonces y terminó siendo estruendosamente después, que el sesgo de clase de la coalición de gobierno era demasiado ostensible como para poder ocultarlo de la vista de todos, todo el tiempo. Tanto, que los resultados electorales hicieron que el gobierno y sus principales figuras se terminaran refugiando en el discurso en los estrechos límites de su clase; como Carrió apelando al "voto esquí" y aclarando -por si hiciera falta- que no les estaba hablando a los pobres.

Un clasismo -el del gobierno- palpable en su discurso, en sus medidas y en los apoyos que recogió, el de Macri fue antes que todo y primero que nada, un gobierno que ejecutó la revancha de una clase social por los avances de la década larga del kirchnerismo; porque nunca hay que perder de vista que lo que para nosotros pudo ser insuficiente, para ellos es siempre intolerable. Tanto es así que el Macri auténtico, el que no está mediado por el coacheo duranbarbista, en la tarde del lunes posterior a la elección decidió culparnos a nosotros del desmadre final de la economía por votar como votamos, y darnos un castigo aleccionador dejando volar el dólar. 

Recordemos hoy, desde esta perspectiva, cuantas veces nos dijeron que estábamos mal, por haber estado bien; tratando de hacernos sentir culpables de los males del país, por acceder a cosas, derechos, consumos, que no nos estaban permitidos. Y tengámoslo muy presente en los difíciles meses por venir, los de la descomposición final del régimen: aunque parezca que "oyeron la voz de las urnas", lo único que van a hacer es intentar anudar sus últimos negocios antes de irse; mientras la crisis se agudiza al compás del  creciente vacío de poder.

Los desbordes siquiátricos que abundan por estas horas en el oficialismo (de los que Carrió es solo la exponente mayor, lejos de ser la única) no son sino los modos con que esa clase lidia con sus inconvenientes para comprender una realidad que los desborda, y sobre todo, se les resiste. Una vez más, volvemos al principio: si se mira hoy el desagradable espectáculo de la descomposición final de lo que fue "Cambiemos" (tanto, que ni siquiera logró llegar a las elecciones bajo la misma sigla), lo que se ve estaba allí ya en el 2015.

Es decir, y sin que el orden implique mayor o menor importancia, las fragilidades de la coalición política triunfante en el 2015 estaban tan a la vista, como las del modelo de valorización financiera que terminó estallando como se preveía: la UCR como una estructura política vacía, que hace ya 25 años (en el Pacto de Olivos y la reforma constitucional del 94') pactó ser institucionalizada como oposición, renunciando a intentar ejercer el poder; la Coalición Cívica como poco más que una corte de eunucos políticos que festejan los desbordes paranoides de Carrió, y el PRO como una extensión política de SOCMA, una sociedad con un solo socio (Macri); de la que en todo caso algunos (Larreta, Vidal) intentarán ahora no desprenderse de acciones que nunca tuvieron, sino presentar sus currículums en otro lado, para sobrevivir después de la liquidación.

También estaba en el 2015 y seguirá estando (y más aun, pretendiendo influir) una clase empresaria de una espantosa mediocridad cultural y enanismo político, que sigue pensando que el problema central del país son los impuestos, el gasto público y las leyes laborales; sin más perspectiva cierta de desarrollo que apostar a tres o cuatro enclaves de actividades primarias privilegiadas por sus ventajas comparativas, y sin más horizonte futuro que maximizar ganancias vía evasión impositiva o posiciones dominantes en el mercado, para fugarlas del país. Y un golpe de mercado en curso que apunta más a disciplinar al próximo gobierno (como en el 89'), que a arrancarle más concesiones al que está formalmente en el poder, pero no está en condiciones políticas de garantizarles nada.

Desde el otro lado, nosotros, en la victoria, no tenemos que perder de vista estas cuestiones centrales; porque esas fuerzas seguirán alineadas, y la derecha social vivita, coleando y espoleada por el odio y -ahora- la frustración; mientras sus representaciones en las distintas fracciones del capital apuestan en esta instancia (como ya lo hicieron antes, en el menemato) al entrismo y la cooptación del nuevo gobierno; bajo la bandera de la necesidad de "cerrar la grieta". En eso están Galperín, tocando el timbre de las oficinas de Alberto Fernández, o Magnetto, exhibiendo con orgullo que se sentará en la primera fila a escucharlo en las jornadas que todos los años organiza Clarín en el MALBA.

En un contexto difícil, donde un eventual gobierno del "Frente de Todos" (que debe apostar a ganar en octubre por un margen más amplio aun, si fuera posible) deberá andar con pies de plomo desde el principio, Alberto Fernández deberá tratar de mantener unida la coalición política y social que lo está llevando al triunfo; y si algo enseña la desastrosa experiencia macrista es que el único modo de conseguirlo, es asumir la representación plena de sus intereses, sin concesiones. Tuits relacionados: 

lunes, 17 de junio de 2019

TRIUNFO GIGANTE


Finalmente los números terminaron confirmando las encuestas, las expectativas previas y el clima que se respiraba en la provincia: con el 99,32 % de las mesas escrutadas, el peronismo y sus aliados en el Frente "Juntos" se impusieron al Frente Progresista Cívico y Social, y Omar Perotti será el próximo gobernador de Santa Fe, tras 12 años de administraciones protagonizadas por el socialismo.

Como lo marcaba el eslogan de campaña, un triunfo gigante, por donde se lo mire: en términos estrictamente provinciales, poniendo fin a una larga sequía del PJ en la provincia, y cortando la racha de triunfos de los oficialismos gobernantes en todo el país: el relato oficial del macrismo y sus socios radicales en la hoy extinguida "Cambiemos" (que volvieron a quedar terceros y muy lejos del pelea) que así lo apuntaba para bajarle el precio a los triunfos del peronismo en la mayoría de las provincias, sufre así un serio revés; y simplemente no sirve para explicar lo que pasó en Santa Fe este domingo. 

Lo que prevalece entonces como lectura en términos nacionales, es el inocultable declive electoral del gobierno nacional, y el ocaso prematuro de las "terceras vías": la derrota del socialismo es un durísimo golpe para la ya frágil construcción electoral de Roberto Lavagna; es de esperar que el golpe no sea de knock out, porque es necesario que persistan en el intento; y le drenen votos a Macri.

Pero antes de hablar de los demás, hablemos de nosotros: el triunfo es un premio más que merecido para el conjunto del peronismo santafesino, sus dirigentes y su militancia; porque supieron interpretar desde el vamos, con grandeza y generosidad, que "juntos somos más fuertes" era algo más que un eslogan: atrás quedó la serie de derrotas consecutivas porque nunca podía expresarse en las urnas al conjunto del voto peronista en Santa Fe, mucho menos convocar a otros sectores a sumarse.

Mérito en primer lugar de la militancia, que después de haber quedado cerca de la hazaña en el 2015, redobló los esfuerzos, y sin abjurar ninguno de sus posiciones particulares, supo poner lo mejor en beneficio del conjunto, para ganar. Mérito también de los dirigentes, que supieron interpretar el mensaje de unidad que venía desde abajo, y darle cauce. Dentro de ellos, un reconocimiento especial para Ricardo Olivera, el tipo que se puso al hombro la presidencia del PJ cuando era un hierro caliente que nadie quería agarrar, porque el partido no podía ni siquiera pagar los sueldos de sus empleados.

El es uno de los grandes artífices de la unidad, y por ende de la victoria que hoy disfrutamos todos; porque supone convocar con generosidad a todos los peronistas a su casa común, que era el partido, a la que habían abandonado porque no los contenía. Y con él, de todos los dirigentes que asumieron responsabilidades en la conducción del PJ en este período: por primera vez en muchos años, las puertas del partido estuvieron abiertas para todos; y pudieron darse cabida allí todas las expresiones del peronismo. El que no se arrimó fue porque no quiso, no porque se lo impidieran. 

Párrafo aparte para destacar a quien otras veces hemos cuestionado, por su ombliguismo: María Eugenia Bielsa despejó todas las dudas que pudieran surgir después de su derrota en las PASO y se sumó a la campaña, apostando a contener sus votos dentro del espacio; cosa que se logró con creces: el socialismo que se relamía pensando en los votos "bielsistas" que fugarían a Bonfatti, vio como sus propios militantes y adherentes en Rosario votaban por Roberto Sukerman (el candidato del PJ), disconformes con el triunfo de Pablo Javkin en la interna por la intendencia. 

Mérito grande también para Omar Perotti, cuyo estilo personal puede no agradar a más de uno, pero que no se puede discutir que produce resultados: se aferró a su libreto y su idea de campaña; y mantuvo durante todo el tiempo la templanza necesaria para no salirse de su eje, y arrastrarse al barro de la campaña sucia que planteó el socialismo; cuando tuvo la certeza que perdía. 

El conjunto del peronismo santafesino (y con él su candidato a gobernador) pueden sentirse orgullosos de haberles ganado a todo y a todos: a los aparatos combinados de los gobiernos nacionales, provincial y municipal utilizados con total impudicia hasta el día mismo del comicio, a las "fake news", a la pauta publicitaria generosamente regada en los medios provinciales y nacionales para alinearse con las premisas de campaña del oficialismo provincial y también nacional. Nada de eso les sirvió para impedir la derrota, y el triunfo del peronismo.

Perotti tuvo la inteligencia de plantear su propuesta en torno a tres ejes claves, que marcaron serios déficits de gestión del socialismo: la inseguridad, la falta de políticas activas para amortiguar los efectos de las políticas económicas del macrismo en la provincia, y las desigualdades en el acceso a los servicios básicos, como la salud. Y mientras él se concentraba en proponer, otros (como "Quico" Busatto, que encabezó la lista de diputados) salieron a pegarle al socialismo donde más le duele, y a replicar los brulotes de una campaña sucia que estaba destinada a fracasar; porque se podía palpar en la calle el hartazgo con un estilo de gestión marketinero, que se mostró incapaz de dar respuestas concretas a problemas graves que padecen los santafesinos.

El triunfo del PJ haciendo hincapié (entre otras cuestiones) en la inseguridad, demuestra que es un tema al que las fuerzas nacionales y populares no tienen que tenerle miedo, ni regalárselo a la derecha pura y dura: mientras Corral "bolsonarizaba" su discurso y hablaba de puertas giratorias, y los voceros "progres" del socialismo se horrorizaban por los afiches de Perotti, el candidato del PJ proponía la más progresista (si se nos permite la expresión, a la que no somos afectos) de las políticas en la materia: que el gobernador (al fin y al cabo, el jefe político de la provincia, por el voto de sus ciudadanos) conduzca efectivamente a la policía, la agencia armada del Estado a la que se le confiere el uso de la fuerza armada para proteger a los ciudadanos del delito; y no para montar quioscos en connivencia con el delito. 

Verdades simples sabidas por todos, pero olvidadas en 12 años de desmadre socialista en la materia, con una policía que siempre fue "atendida por sus propios dueños" en ese tiempo, y de la que surgieron cientos de jefes promovidos por el poder político en los tres gobiernos del FPCyS, que terminaron presos o procesados por vínculos con el narcotráfico o el crimen organizado.

En una provincia afectada como pocas en su entramado productivo por los estragos económicos del macrismo, Perotti habló de congelar tarifas y subsidiar la creación de empleo, frente a un gobierno provincial que no hizo más que aumentarlas (con y sin subsidios nacionales, durante 12 años, invariablemente), y que por el contrario, nada hizo para evitar la destrucción de puestos de trabajo, o el cierre de empresas, en especial Pymes industriales. Eso sí: no se privó de hacer campaña sucia hablando de cosas ocurridas hace 20 años, como la privatización del Banco Provincial.

Además de los méritos del PJ, el socialismo termina perdiendo víctima de sus propios errores y experimentos: el márketing permanente y el blindaje mediático que le hicieron perder contacto con la realidad, la paranoia conspirativa que les hacía ver una maniobra desestabilizadora detrás de cada crítica a su desastrosa política de seguridad, y por ende minimizar los problemas, y no darles respuesta; o la estrategia de la victimización ante la discriminación que dicen sufrir de la nación (siempre, sin importar quien la gobierne), porque encarnaban "un modelo distinto de hacer política". Con 12 años en el poder, se les perdió la aureola, y se acostumbraron a todos los vicios que el poder pone a mano: el que es lector habitual de éste blog, sabe que hemos documentado el proceso. 

Para peor, a la fractura y pérdida de buen parte del voto radical desde que surgió "Cambiemos", el Frente Progresista le sumó la interna poco disimulada entre Lifschitz y Bonfatti: recordemos que esta campaña que termina en derrota tras tres triunfos consecutivos en las elecciones para gobernador, arrancó con Lifschitz despechado porque le frenaron el intento de reforma constitucional en la Legislatura, y amenazando a Bonfatti con plantarle un candidato en la interna. El experimento de la boleta única los terminó forzando a festejar el triunfo para la intendencia de la capital de una especie de Santo Biasatti bajas calorías, cuyo único mérito visible es haber conducido por años el noticiero del canal de aire local.

El absurdo de la reforma constitucional por la ventana, con una consulta popular lanzada por decreto, en una provincia que batía récords de muertes por hechos de inseguridad y violencia y récords de destrucción de empresas y empleos, no podía terminar de otro modo que con la derrota de un oficialismo provincial que perdió anclaje con la realidad que se movía a sus pies. Dicho sea de paso: Lifschitz terminó obteniendo 34.000 votos menos que Perotti, lo que desmiente la idea de que si le daban la oportunidad de reelegir, ganaba. 

Lo de "Cambiemos" es menos novedoso o singular: perdió otra intendencia en una capital de provincia, acompañó el declive general del oficialismo nacional en todo el país, y en números puros y duros quedó reducido al núcleo duro de votos, sin capacidad para interpelar ya a sectores que lo acompañaron el 2015 y 2017. Y eso tiene claras proyecciones nacionales: las mismas encuestas que terminaron acertando casi con exactitud las cifras finales de la elección provincial, le asignan una altísima intención de voto a Cristina en la provincia, y a la fórmula FF una ventaja de entre 18 y 20 puntos con la del macrismo.

A Omar Perotti y al peronismo santafesino le quedan por delante seis larguísimos meses de transición hasta hacerse cargo de los destinos de Santa Fe; una eternidad fruto de la enorme irresponsabilidad institucional de Lifschitz, que convocó a elecciones pensando que volvían a ganar, y que desde aquí se proyectaría su figura al plano nacional, cuando muchos soñaban con una "tercera vía" que sorteara "la grieta", cosa que como era previsible, se diluyó. Hemos dicho ya que a esa irresponsabilidad le sumó otras, tomando decisiones que condicionan a la nueva administración, en relación al agente financiero, a la situación del puerto de Santa Fe, a obras lanzadas sin financiamiento o al endeudamiento de la provincia en divisas, con acreedores del exterior.

Perotti tendrá además por delante el desafío de poner su triunfo (que es del conjunto del peronismo provincial) al servicio del objetivo de recuperar para el peronismo el gobierno de los destinos de la nación: pasó ya el tiempo de posponer definiciones al respecto, estrategia aceptable para "provincializar" la campaña, pero que debe dar paso a un alineamiento con el polo opositor mayoritario en el orden nacional, que como todas las demás fuerzas definirá esta misma semana sus candidaturas.

Y ya puesto en la Casa Gris a partir de diciembre, deberá mostrar la generosidad necesaria para incluir en su gobierno a todos "los peronismos" santafesinos que lo ayudaron a ganar; y poner en marcha una propuesta de gobierno que esté a la altura de los desafíos que plantea Santa Fe, y del esfuerzo que hicieron todos los peronistas para volver a gobernarla. Pero eso será en diciembre, y para eso hay tiempo: hoy es el momento de festejar, que bien merecido que lo tenemos, todos.

miércoles, 12 de junio de 2019

TABLERO COMPLETO

sábado, 1 de junio de 2019

PUBLICIDAD NO TAN SUBLIMINAL


¿La línea 2 de colectivos es municipal, o de una empresa privada?

¿Corral es accionista, que dice "renovamos la flota"?

¿Cree que somos boludos y no nos damos cuenta que los únicos tres que aparecen en la foto (ninguno de ellos funcionarios de la gestión municipal) son candidatos de "Cambiemos" a intendente, senadora provincial y concejal, respectivamente?

Y menos cuando no es el único caso, y hasta los mencionan en los partes oficiales de prensa de la Municipalidad:


miércoles, 29 de mayo de 2019

FINAL CANTADO


* Ratificando su pertenencia a "Cambiemos", la UCR hizo lo mismo que viene haciendo no desde la convención de Gualeguaychú de 2015, sino desde 1945: organizar el polo opositor al peronismo, la bestia negra populista, o formar parte de él.

Y lo hizo por las mismas razones por las que entonces formó la Unión Democrática: presentando la defensa de los valores y posiciones de una sociedad conservadora que se resiste a los mínimos cambios que impone la modernidad para hacerla más justa e inclusiva, como la abnegada salvaguarda de las instituciones de la república amenazada por el totalitarismo. El olor a naftalina ideológica que sale de las boinas blancas apesta.

* Confirmando que competirá en la interna presidencial de "Alternativa Federal", Massa ratificó que hará lo mismo que viene haciendo desde que en el 2013 formó el Frente Renovador: generar una vía de fuga de votos del kirchnerismo y sus apoyos en los sectores mayoritarios del peronismo, para impedirle el retorno al poder.

El gran interrogante es cuanto es su peso real en votos, que fue en declive desde el 43 % en PBA en 2013 (en alianza con el PRO, y teniendo a Felipe Solá), al 21 % nacional en 2015 (en alianza con De La Sota), para terminar en el 11 % de la PBA en 2017, más o menos un 4 % nacional. Habrá que ver en que otras provincias puede pescar votos, cuando sus armados fueron tras el peronismo unido tras haber sido ampliamente derrotado cuando fue por afuera (como en Santa Fe o Entre Ríos), en alianza con "Cambiemos" (como en Mendoza o Jujuy), o colgado de los votos de otro (el aporte de De La Sota desde Córdoba).

* La apuesta de Massa y de "Alternativa Federal" es la misma de siempre, la misma de Lavagna y la misma que el propio Lavagna ensayó en 2007, en pleno kirchnerismo; construir una "tercera vía" capaz de captar votos de la "ancha avenida del medio", o de "los dos lados de la grieta". Sostener esa posibilidad a partir de acuerdos con fuerzas provinciales (como el socialismo santafesino, el "cordobesismo" de Schiaretti o el MPN) con presencia en distritos donde Cristina y hasta Macri (como en Córdoba) miden mejor que el propio Massa o cualquier contrincante suyo en "Alternativa Federal", parece bastante voluntarista.

* Macri será (como todo lo hacía indicar) el candidato del oficialismo, en primer lugar porque de bajarse se convertiría al instante siguiente en un "pato rengo" sin capacidad de intervención política, hasta el final de su mandato. La ficción de la reelección lo sostiene, tanto como los dólares del FMI. Por otro lado, "Cambiemos", más que una coalición política, es una sociedad con un accionista mayoritario (el PRO), cuyas acciones están escrituradas a nombre de un solo socio (Macri). 

Concederles a Vidal o Rodríguez Larreta la autonomía política suficiente como para cuestionar ese liderazgo o sustituirlo, es tan ingenuo como suponer que alguno de los dos (en especial la gobernadora) pueden salvarse del incendio electoral que viene abrasando al oficialismo desde que empezó la ronda de elecciones provinciales. Para peor, la asamblea de accionistas minoritarios (léase la convención nacional de la UCR) acaba de ratificarle la confianza al dueño y CEO de la firma, con algunas manifestaciones para que consten en actas.

* Tanto "Cambiemos" como "Alternativa Federal" y por que no Lavagna (¿estará dispuesto a seguir hasta el final  con su aventura?) sueñan con reconstruir el "partido del balotaje" del 2015, y capitalizarlo, para impedir un triunfo del kirchnerismo en primera vuelta, y derrotarlo en la segunda. Además de las dificultades para conseguirlo cuando parten dividiendo en tres espacios lo que hasta acá eran dos (Cambiemos y el massismo), el contexto es muy distinto; justamente porque pasó Macri y el gobierno de "Cambiemos", con los resultados desastrosos admitidos hasta por los radicales que votaron por seguir en la coalición oficialista.

Lo tengan o no en claro, apostar por otro balotaje para ganarle al kirchnerismo como hace cuatro años, no puede tener otro resultado práctico que continuar las mismas políticas del actual gobierno, por otros cuatro años más. Siendo "oposición responsable" (en el caso de Massa y "Alternativa Federal") o proponiendo simplemente "saltar la grieta" (como Lavagna), se han ganado esa percepción social, que se nota en las encuestas.

* Si se prestaba atención a las señales y no tanto a las especulaciones, era posible advertir como acabaría más o menos la cosa: hoy apuestan al balotaje los que coincidieron en aportar sus votos para aprobar la ley que permite los aportes de las empresas a las campañas de los políticos, y los que protegen a la mafia judicial de los Bonadío, Stornelli y D'Alessio, sea explícitamente (como el macrismo), con su silencio (Massa), o aprestándose a juntar fuerzas para hacer avanzar el enjuiciamiento de Ramos Padilla en el Consejo de la Magistratura, como Pichetto y Camaño.  Es decir, la construcción de un dispositivo de poder político que no dependa de los votos, ni la fortaleza electoral.

Y por si hicieran falta más pruebas, el oficialismo ampliado (Cambiemos, más Pichetto y el hermano de Urtubey) trataron de colar una tanda de jueces por la ventana, y volverán a intentarlo apenas puedan. El paso del tiempo pone en su justo lugar la "unidad panperonista" en el Consejo de la Magistratura, muy sobrevalorada por algunos, en nuestra modesta opinión. 

* Siendo el kirchnerismo desde el 2015 la principal oposición (por vocación propia, y por elección del gobierno), es absolutamente coherente con la lógica del proceso que sea en torno suyo y a Cristina que se construyera el polo opositor más amplio para darle una salida política y electoral a la crisis generada por Macri y el gobierno de "Cambiemos". Como dijimos hace tiempo, la dinámica de los hechos fue clara, y determinó que cada uno terminara estando donde quería estar.

El kirchnerismo y en especial Cristina, fueron los primeros en entender (no sin esfuerzo) que no se podía simplemente volver al 2003, porque pasó Macri: hicieron autocrítica en acción, pero de su gobierno y si alguno lo quiere ver así, de la derrota del 2015. No de su rol opositor, eso lo tuvieron que hacer otros, a las apuradas y sin convicción. Por eso terminaron donde terminaron, que es donde habían empezado. 

* El gesto de Cristina corriéndose de la candidatura presidencial aceleró los tiempos, del espacio propio y de todos: en menos de dos semanas desde el anuncio de la fórmula y cuando aun faltan dos semanas para el cierre de las alianzas, las principales incógnitas están despejadas. Lo cual deja claro quien tiene peso en el panorama político nacional, y quienes dependen de los movimientos de otros.

En ese marco se instaló en Buenos Aires la candidatura de Kicillof, el candidato militante que se construyó a si mismo, y terminó imponiéndose por su propio peso, más que por el dedo de Cristina. Para los que gustan de los paralelismos, no es Aníbal (que cargaba con la cruz de su demonización mediática) y deberá enfrentar como él a Vidal, pero a la Vidal que gobernó (desastrosamente), y peor aun: a la que le tocó compartir el gobierno con Macri. Su candidatura y la fórmula bonaerense son también una consecuencia política natural de lo que cada uno hizo o no, durante estos cuatro años.

* El kirchnerismo pasó de Scioli, el "candidato que más medía", impuesto por "el peronismo realmente existente" como les gustaba decir por entonces a algunos, a Alberto Fernández, el candidato que no medía nada pero pasó a medir todo, porque lo eligió Cristina, que es realmente "la que más mide"; con la amplia aceptación del "peronismo realmente existente", que advierte con pragmatismo que pueden ganar. Y Cristina no es Zannini, sino ella misma, con su rostro y su nombre en la boleta.

Además y a diferencia del 2015, el kirchnerismo no gobierna, con el desgaste y los errores que inevitablemente se terminan cometiendo cuando se gestiona el gobierno 12 años: más aun, los movimientos de Cristina desde que dejó la Casa Rosada dejan entender a las claras de que tomó debida nota de cuales fueron, y como resolverlos, en lo que de ella dependiera. Pero la gran diferencia es que hoy gobierna Macri, y la brutalidad de sus políticas pone otro lente para mirar la realidad, y las perspectivas electorales: la posibilidad de ganar en primera vuelta, e incluso en un eventual balotaje, está a la vuelta de la esquina; es cuestión de ser inteligentes para poderla aprovechar.