LA FRASE

"POR AHORA NO ESTAMOS PIDIENDO AUTORIZACIÓN PARA QUE LA POLICÍA PUEDA USAR LA PICANA Y EL SUBMARINO, ANTES VAMOS A VER COMO FUNCIONAN LAS REFORMAS QUE PLANTEAMOS." (PABLO COCOCCIONI)
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viernes, 17 de octubre de 2025

80 AÑOS DE BRADENISMO

 

A propósito de los 80 años del que sería llamado Día de la Lealtad que se cumplen hoy, nos topamos en la última edición de "El Cohete a la Luna" con ésta maravillosa nota de Marcelo Figueras, cuya lectura recomendamos fervientemente. Tanto que -como decimos en el tuit que cierra el post- poco podemos agregar nosotros a lo que él señala allí con inspirada pluma.

Trazando un paralelismo entre aquel 17 y éste, Figueras encuentra diferencias, pero también semejanzas que en un punto resultan escalofriantes, porque dan cuenta de la tenaz persistencia de la Argentina anti-peronista (en aquel entonces aun no se los conocía como "gorilas", apelativo que vino después, en los días finales del primer peronismo) en intentar aniquilar a lo que Cooke calificaría con precisión como el hecho maldito del país burgués. 

Hubo entonces, hace 80 años, trabajadores emergentes como sujeto político y como clase, tal vez sin plena conciencia de ello, pero que la fueron adquiriendo en el camino cuando el fracaso de las opciones políticas tradicionales para interpretarlos y representarlos los llevó a construir el suyo propio, y abrazar el que les ofreció Perón.

Alguien podría encontrar allí un paralelismo con los tiempos presentes, en los que los despojos sobrantes de la crisis de la sociedad salarial organizada en torno al trabajo registrado y sindicalizado vieron algo parecido en un experimento de la más cruda y reaccionaria derecha predemocrática; y sin embargo hay diferencia sustancial, que tiene hoy importancia crucial: aquellos trabajadores que coparon la plaza reclamando por la libertad de Perón no se quedaron solamente en si situación individual o de clase, sino que coreaban también "Patria Sí Colonia No", vinculando inescindiblemente sus reclamos de clase con el destino del país en su conjunto. 

Y fue tan clarividente esa vinculación que aun hoy, 80 años después, sigue teniendo más vigencia que nunca; tanta que en estos tiempos neocoloniales los amos imperiales y las clases dominantes (principales y subordinadas) reclaman explícitamente una reforma laboral que retorne al país a los tiempos del pre-peronismo, para consolidar definitivamente el destino que tienen trazado para la Argentina, que no es otro que el que los trabajadores rechazaron aquel primer 17: una granja proveedora de materias primas, con mano de obra barata y sin derechos.   

También hoy, como entonces, está secuestrado y excluido de la participación política plena el liderazgo popular (entonces Perón, hoy Cristina), y por los mismos intereses; demostrando la coherencia histórica de las oligarquías en dejar de lado todos los escrúpulos morales o institucionales para cumplir sus fines, apelando a todos los medios a su alcance, sean un embajador, un Secretario del Tesoro, un presidente yanqui, una comparsa de políticos con olor a naftalina como lo fue la Unión Democrática, su versión actual conocida como "Provincias Unidas", o un clown bizarro vendido como un outsider del sistema político tradicional como Milei.

No se podía disociar entonces (y los trabajadores que mojaron sus pies en la fuente no lo hicieron) la lucha por la defensa de los derechos de quienes viven de su trabajo, de la disputa por la construcción soberana de un país digno de llevar ese nombre, frente a los intentos coloniales de los imperios, con la imprescindible colaboración del cipayaje vernáculo.

Entre aquel y éste 17 podrán haber cambiado tantas cosas como los 80 años que transcurrieron, pero dos atravesaron las décadas: el peronismo (esa tenaz persistencia argentina como lo definió José Pablo Feinmann) y los intentos por borrarlo de la faz de la tierra, a lo que se redujo el programa político, social, económico y cultural de todas las dictaduras y democracias fallidas que padecimos y padecemos.

Entonces, hace 80 años, los trabajadores tomaron su destino en sus propias manos y ganaron las calles, y como dice Figueras: "Si hay una lección que deriva del 17 de Octubre y sigue siendo válida es que, como ya dijo el Indio, este asunto está en nuestras manos. Porque hoy vivamos Perón, Perón, pero en aquellos días Perón se había resignado a retirarse, a emprender una vida doméstica con Eva mientras escribía un libro con su versión de los hechos. No negaré que, cuando cambió el viento, el tipo estuvo a la altura de la historia. Pero el que marcó la diferencia, el que tomó el timón y enderezó el curso, fue el pueblo. Esta verdad no envejeció nada. Lo que resolverá la tensión entre las dos Argentinas y determinará la dirección en que el país se mueva será lo que nosotros hagamos en las calles - o lo que nos rehusemos a hacer.".

La luz de esperanza que se abrió en éste presente de oscuridad y oprobio -en especial después de las elecciones bonaerenses- se construyó antes en la calle que en las urnas, resistiendo al gobierno de ocupación colonial que padece el país. Pero el proceso -como en 1945, cuando el primer 17 construyó la salida electoral que llevó a Perón a la Rosada- es de ida y vuelta. Y en breve y sin dejar las calles, llegará otra vez el tiempo de las urnas, para vencer al mismo tiempo al escepticismo y a un nuevo intento de recolonizar al país, y degradar los derechos de sus habitantes.

Tuits relacionados: 

jueves, 17 de octubre de 2024

SER LEALES A NOSOTROS MISMOS

 

No se puede comprender el 17 de octubre de 1945 en su cabal y profundo sentido, sin el concepto de orfandad política: ese día, las masas trabajadoras emergían a nuestro historia reclamando ser representadas, por intermedio de quien las había sacado precisamente del olvido y la orfandad.

En una dialéctica inescindible, la orfandad política del pueblo había sido llenada por Perón, y cuando en esas horas decisivas Perón quedó sin sus apoyos en el Ejército, su orfandad fue llenada por la irrupción de las columnas de trabajadores que ganaron las calles reclamando su libertad; que era al mismo tiempo la propia. Ese es el vínculo profundo de lealtad mutua entre pueblo y liderazgo, que se escenificó en las calles aquel día que conmemoramos hoy.

Desde entonces y para siempre, el peronismo quedó condenado a representar la orfandad, para ser fiel -leal diríamos, justamente hoy- a sus orígenes, a su sentido profundo y a su misión histórica. Cada vez que desertó de ese compromiso -es decir, cada vez que fue desleal a él- fue otra cosa, aunque se siguiera llamando peronismo, o usufructuando sus símbolos. Y dejó a muchos huérfanos de representación. 

La persecución y los tiempos de dificultad forjan las lealtades, y exhiben las traiciones, en todo tiempo; y en el peronismo también: la resistencia y la proscripción parieron las huelgas, los sabotajes y atentados caseros, pero también los colaboracionismos con el régimen de turno, y el "peronismo sin Perón" del vandorismo. Lo mismo sucedió cuando la dictadura desplegó en el país su plan de terror para poder saquearlo sin resistencia.

El menemato, el ensayo más profundo conocido hasta entonces (incluso que en las dictaduras militares) de hacer tabla rasa con la Argentina peronista, se perpetró en nombre del peronismo y con la colaboración de muchos que se asumían como parte de él; pero fue engendrando a su paso las resistencias, aunque no hubo muchos que estuvieran dispuestos -otra vez, como en el 45'- a cobijar a los huérfanos (de empleo, de salarios, de dignidad, de derechos) que el ensayo neoliberal dejaba a su paso.

La sensación de orfandad que sentimos entonces y por años, encontró su cauce con Néstor primero, y con Cristina después: el kirchnerismo fue así la respuesta -en nombre del peronismo, aunque no se agotara en él y sumara gente proveniente de otras tradiciones políticas como el peronismo original- a la orfandad política que generó la crisis del 2001.

Toda la década ganada no estuvo exenta -hoy que celebramos la lealtad- de deserciones, deslealtades y traiciones, muchas de ellas en nombre de una supuesta esencia peronista, afectada por el movimiento que irrumpiera en el 2003, precisamente para reencontrar al peronismo consigo mismo. Pero tal como pasó con Perón y con los que proponían -en vida del líder incluso- "mejorarlo", no hubo superación del kirchnerismo, ni dentro ni fuera del peronismo.

Otra vez, la orfandad política, y la necesidad de llenarla: por eso Perón fue Perón, y Cristina sigue siendo Cristina. Asumiendo en éste tiempo de tribulación la responsabilidad de reconstruir el peronismo, como columna vertebral de la reconstrucción del movimiento nacional.; para superar esa misma sensación de orfandad y vacío que sentimos antes del 2003 y que es la que sentimos hoy, en este presente de oprobio; cuando nos gobierna una derecha cada vez más brutal, que paradójicamente  llegó al poder en parte - no menor- porque desde el peronismo no se supo articular una respuesta política a la orfandad de muchos sectores de la sociedad.

Esa brutalidad de la derecha que avanza con la motosierra sobre las grandes mayorías populares, sus derechos, sus destinos, su futuro y el del país, nos obliga a ser leales: a Perón, a nuestra historia, a su doctrina, a su modelo, a su misión, sentido y justificación histórica. Leales a nosotros mismos en definitiva, cobijando a los huérfanos del sistema, como aquel 17 de octubre de hace 79 años.

martes, 17 de octubre de 2023

¿CUÁNTO PERONISMO QUEDA?

 

A 78 años del Día de la Lealtad, ¿Cuanto peronismo queda en la sociedad y cuanto peronismo queda en el peronismo? ¿Qué significa hoy en día el peronismo, o ser peronista, que queda de aquello que movilizó a las masas el 17 de octubre?

Para responder a esos interrogantes no basta remitirse a los resultados electorales, aunque ciertamente estos pueden darnos una pista. Tampoco se puede responder con mecanicismos matemáticos para tomar nota que, desde el 54 % de Cristina en el 2011, el peronismo ya no es automáticamente la expresión política (y electoral) mayoritaria de la sociedad argentina. Quizás tampoco lo era ya entonces, habida cuenta del alto porcentaje de voto "fluctuante" que alimentó esa cifra, para migrar en todo o en parte elección tras elección. 

Se podría decir que no lo es (mayoría) desde bastante antes, tanto que en la reforma constitucional de 1994 Menem hubo de conceder introducir el balotaje que había ensayado Lanusse en el 73' para frenar el seguro regreso del peronismo al poder, pero con una fórmula distinta a la tradicional, y más asequible para la primera minoría. Claro que eso también nos remitiría a la pregunta ¿Fue Menem peronista, o mejor aún, su gobierno puede considerarse atribuible a la tradición histórica del peronismo?

Curiosamente -o no tanto- en las elecciones que tendremos en 5 días el peronismo corre el riesgo de quedarse afuera de un eventual balotaje entre dos formulaciones del antiperonismo, a cual de ellas más gorila. Y si lo evita será para competir en una eventual segunda vuelta, teniendo que captar parte de ese voto "flotante" que cambia de un comicio al otro, y no pocos votos del antiperonismo: ¿Significa eso que la sociedad también está redefiniendo los límites de su propio gorilismo, o dicho de otro modo, cuanto de los "70 años de peronismo" está dispuesta a dejar atrás, y cuanto quiere conservar, aunque jamás admita que se lo debe al peronismo ?

Porque en éstas elecciones hemos retrocedido al punto en el que estamos discutiendo la educación pública gratuita (incluyendo a las universidades), la salud pública gratuita, la cobertura previsional solidaria y universal, los derechos de los trabajadores y -no explícitamente, pero sí en las consecuencias implícitas en los proyectos en pugna- la distribución del ingreso; y como consecuencia o suma de todo eso, cuan cohesionados, inclusivos, justos e integradores queremos ser como sociedad, y a que costo.

O sea que sí, estamos discutiendo el peronismo y su herencia histórica; aunque para ocultarlo -como siempre- recurran a la caricatura que ellos han construido del peronismo, y que muchas veces el propio peronismo se empeña en replicar: una maquinaria desideologizada y pragmática de poder, dispuesta a cualquier componenda con tal de conservarlo, sostenida en una red de corrupción y clientelismo. 

Es decir, una imagen más parecida al conservadurismo de la "Década Infame" y el fraude patriótico que el peronismo vino a desterrar, porque Perón, señores, fue el primero en combatir a la "casta", concepto tan de moda por estos tiempos: la de aquel entonces era la de los políticos venales y corruptos que practicaban el fraude o lo toleraban, y el de los empresarios esclavistas que explotaban a sus trabajadores negándoles todos los derechos, en especial el de disfrutar de parte de la riqueza que contribuían a generar con su esfuerzo.

Cuanta agua habrá corrido bajo los puentes (de la sociedad argentina y del peronismo) para que la rebeldía que entonces encarnaron los cabecitas negras que cruzaron a nado el Riachuelo, hoy esté en manos de desclasados -o resultados de la destrucción de la sociedad peronista que comenzó la dictadura y perfeccionó el menemismo- y tenga por objeto explícito terminar con ese modelo de país que entonces los trabajadores salieron a defender, en la persona de Perón.

Las respuestas no son sencillas, o sí: si el domingo una mayoría de los argentinos decide que todo eso que el peronismo vino a instalar o profundizar en la Argentina para construir la sociedad más equitativa y con mayor movilidad social ascendente de Argentina merece ser conservado, recuperado o profundizado (ponga cada uno el verbo que le parezca, en el orden que lo crea), el peronismo podrá volver a ser mayoría ya no en un comicio circunstancial, sino en la sociedad, como identidad política mayoritaria de los argentinos. 

Para lo cual -y aquí si cabe volver al 54 % de Cristina en el 2011, y detenerse allí- deberá ser cada vez más peronista, no menos. Mal que les pese a los maestros de la "realpolitik", cada giro del peronismo hacia ser algo distinto o menor o más complaciente con los que lo odian y lo combaten de lo que es, redundó más tarde o más temprano en una merma de su caudal electoral, y de su gravitación política. 

Si hasta la travestización neoliberal de los 90' hubo de sostenerse en una ficción consumista que, más tarde o más temprano, se revelaría insostenible como se reveló; y terminó en su mentor huyendo como rata por tirante de un balotaje que sabía perdidoso por paliza, de antemano. 

Desde aquel 17 de octubre de 1945 el peronismo ha sido perseguido, proscripto, fusilado, desaparecido, "lawferizado", difamado y caricaturizado, pero jamás superado, aun siendo derrotado en las urnas. Es decir, nunca se impuso en la Argentina posterior a esa fecha (ni luego del 55') un modelo de sociedad en el que el peronismo fuera innecesario, porque los conflictos que vino a plantear, o los reclamos pendientes de los que fue simplemente el vehículo político estuvieran resueltos. 

lunes, 17 de octubre de 2022

PLAZA, PUEBLO, LÍDER

 

La plaza siempre estuvo, desde aquel 1810 en el que el pueblo quiso saber de que se trataba. Lo que se esperó por años fue el líder, y hasta que se lo encontró, en aquel 17, pareció que no había pueblo, o por lo menos se gobernaba como si no lo hubiera, o no contara.

Y la plaza dejó de ser el escenario por excelencia de la historia, hasta aquel 17, en que sorprendieron las columnas que convergían, y horrorizaron las patas que se refrescaban en las fuentes. Ese 17 el pueblo llenó la plaza, para rescatar al líder. Y cambió la historia para siempre.

Hubo entonces -como hoy- presuntos dirigentes que dudaban si movilizar por el líder, pero el pueblo pasó por encima de ellos y sus dudas, tomando su destino en sus propias manos. Como diría alguien muchos años después, no estaban dispuestos a dejar que pasaran cosas, simplemente porque ellos dejaran que pasen, sin hacer nada. 

Hoy, 77 años después, el dilema sigue siendo el mismo que alguien planteó aquella noche del 9 de diciembre de 2015, en una plaza llena con un pueblo agradecido y con memoria, como el de aquel 17. Como entonces, va a pasar lo que nosotros dejemos que pase.

El pueblo, cuando lo dejaron sin su líder y le impidieron ir a la plaza, armó un 17 permanente, que duró casi 18 años, hasta reencontrarse con su líder, en la plaza. La historia llamó a ese proceso la resistencia, y así como el 17 fue consagrado como el Día de la Lealtad, de esa lucha nació otro día, el de la militancia. Que no es sino el pueblo organizado, en la calle, en las plazas, detrás de un liderazgo, en defensa de una idea y en la búsqueda de la concreción histórica de un proyecto político.

Y hoy sigue siendo en esencia lo mismo, aunque cundan la decepción y el escepticismo porque se perdió el rumbo, se traicionó el voto, se abandonó el proyecto, se relega al pueblo y con él, a la militancia. Tanto como crece la preocupación por el futuro porque la oligarquía sigue siendo la misma de aquel 17, defendiendo los mismos intereses y privilegios y dispuesta a todo para ello, pero con un poder acrecentado por nuestras dudas y deserciones.

También hace 77 años el líder dudaba, y pensaba en recluirse a la vida privada abandonando la política, están sus propios testimonios. En el sur, para ser más precisos: que cosa la historia, que se empeña en reiterarse a veces. De esas dudas -nacidas en el medio de la derrota que le habían inflingido sus enemigos y el abandono de parte de los propios- lo rescató el pueblo, ganando la calle. 

De la conjunción de ese pueblo que llenó la plaza para rescatar a su líder, con ese líder que correspondió con creces a ese amor, nacieron los 10 años más felices de la historia argentina, medidos en dignidad y derechos.  Otra vez: la historia no es solo evocación, sino también enseñanza, y la moraleja es que cuando confluyen un pueblo movilizado y un liderazgo a la altura de las circunstancias, todo es posible, o en todo caso, sin esa amalgama, nada lo es.

No era fácil entonces, aunque el pueblo no estaba como hoy, atravesado en su interior por contradicciones y fracturas; y estaba Perón, nada menos. Y no es fácil hoy, cuando ellos tiene la misma decisión de siempre, y nosotros nos llenamos de dudas. Pero no hay otro camino que el que recorrieron las masas aquel 17: hay pueblo, hay plaza y hay líder.

domingo, 17 de octubre de 2021

PERONISMOS, LEALTADES

 

Unos años atrás, y a propósito de otro aniversario de la muerte de Perón, decíamos acá: ""La astucia del régimen -que nunca renunció al imperativo de hacer desaparecer al peronismo, ni lo hará- le permitió comprender que lo que no pudo quebrar era más útil si se lo intentaba asimilar. Lo que denota la trascendencia política que tiene hacia el conjunto de la sociedad argentina la disputa al interior del peronismo, y allí que siempre sea este movimiento el campo de ensayo de todos los intentos de seducción, cooptación y divisionismo; muchas veces facilitados desde adentro. De ese marasmo neoliberal que lo dejó reducido a un conjunto de tolderías polìticas comarcales (haciéndole perder su sentido nacional, y aun continental), condenadas a la esterilidad política y  sin capacidad de incidir decisivamente en el rumbo del país, lo rescataron los gobiernos de Néstor y Cristina.".

"Con los errores y las limitaciones propias de toda experiencia política en tanto experiencia humana, el kirchnerismo volvió a colocar al peronismo en el rumbo de sus mejores tradiciones históricas, aquéllas que remiten a sus propósitos fundacionales y a su justificación ante la historia: no hubo en ese sentido después de los del propio Perón en la concreta experiencia histórica argentina, gobiernos más peronistas que los de Néstor y Cristina.".

"Algo que por supuesto y por obvias razones eligen cuidadosamente olvidar -o peor aun, discutir-  los que hablan de "la renovación del peronismo", y se ofrecen a construir el "post kirchnerismo"; o a "erradicar" del peronismo el "virus kirchnerista", para que supuestamente vuelva a ser "el peronismo de Perón". Un esfuerzo en el que la línea entre lo que pueden ser genuinos ensayos de "autocrítica" y revisión de los errores que se cometieron (la mayoría de las veces, los que cometieron otros) y los intentos más o menos desembozados de volver a uncir al peronismo como buey del carro neoliberal, es cada día más delgada. Tanto que ya casi no se la puede distinguir.".

"La disyuntiva entonces es muy clara, tan claro como Perón tuvo siempre el rumbo de su movimiento: o vamos hacia un peronismo que se proponga como alternativa política de ruptura y salida del nuevo experimento oligárquico en acelerada construcción, o marchamos otra vez a un peronismo que aporte todo su peso político y simbólico a la consolidación del régimen; y busque su lugar al sol dentro de él.".".

Las reflexiones tienen plena vigencia, en un nuevo aniversario del Día de la Lealtad que nos encuentra en un contexto político muy particular, en el país, y en el peronismo; un peronismo que a diferencia del momento en que fueron escritas -cuando gobernaba el macrismo- gobierna el país hace casi dos años.

Este peronismo de hoy, que ni siquiera pudo acordar un acto único para conmemorar su fecha bautismal o sometió la misma idea de celebrarla a un debate estéril, está en estado de ebullición tras la derrota electoral de las PASO, pero no está claro que esté intentando una estrategia efectiva para revertir el resultado de cara a las generales de noviembre. Al menos no desde quienes tienen la responsabilidad de conducirlo: los mayores esfuerzos están en seguir intentando -contra toda lógica- convencer a los que nunca nos votarán, en lugar de recuperar los votos de los que nos votaron hace apenas dos años.

Un peronismo que hegemoniza el "Frente de Todos" pero que, a despecho del real aporte y volumen electoral de cada uno de sus componentes, a la hora de las decisiones está claramente hegemonizado por los sectores conciliadores y acuerdistas: el PJ Capital, algunos de los gobernadores, la dirigencia de la CGT, el massismo. Es decir, con exclusión del kirchnerismo, al menos del núcleo central de las decisiones, y en consecuencia, del sentido y contenido de las mismas.

Un peronismo que, pese al retroceso objetivo de los contagios en pandemia y los ataques sistemáticos que recibe su gobierno de la derecha mediática, económica y política más rancia y concentrada, reniega de la movilización callejera (al menos su dirigencia); como lo comprueba lo que ocurrió con las idas y vueltas en torno a los actos del Día de la Lealtad,  convocados por afuera de las conducciones formales: el 17 de octubre será más "con la cabeza de los dirigentes", que con ellos a la cabeza. 

Un peronismo que más que un león hervíboro (como se definía a sí mismo Perón en su regreso al país tras la proscripción) parece vegano: renuncia a la disputa del poder con el poder real, vacila a la hora de poner en juego el peso institucional del Estado con regulaciones y políticas concretas, observa el deterioro del salario real de los trabajadores con escasas medidas para revertirlo, deja librado (al menos hasta la asunción de Felletti en Comercio) el precio de los alimentos al juego de las fuerzas del mercado. 

Y hasta deja la puerta abierta para una reforma laboral flexibilizadora, que el poder económico y la derecha reclaman en todos los tonos, para retornar al país anterior a 1943. Un peronismo, en definitivas, que no parece leal a sí mismo, a su propia historia. En el cual es cada vez más claro que buena parte de su dirigencia parece dispuesta -otra vez- a resignar banderas, y buscar un lugar bajo el sol del cielo de la oligarquía; dando por superada definitivamente "la anomalía kirchnerista". 

Un peronismo que, como decíamos hace poco acá, vive pidiendo perdón por haber ganado las elecciones; y busca en acuerdo con el poder real, lo que perdió en las urnas, por no haber cumplido con el mandato electoral encomendado en 2019. Será el momento entonces, como aquel 17 de octubre de 1945, que sea el pueblo el que lo rescate, para volverlo a poner en la senda que nunca debió abandonar. Hilo de Cristina, para no perderse: 

sábado, 17 de octubre de 2020

HAY COSAS QUE NO CAMBIAN NUNCA

 

Decíamos acá hace un año: "Bien decía el propio Perón (que lo pudo comprobar en carne propia aquel 17, el primero) que el pueblo no olvida al que no lo traiciona. Por eso Perón siguió siendo Perón aun derrocado, en el exilio, proscripto y con la pretensión absurda de ser desterrado por decreto de la memoria de los argentinos: porque no traicionó a su pueblo.

Y si se nos permite la comparación, por eso Cristina (la gran protagonista de la unidad que nos condujo a las puertas de la victoria), sigue siendo Cristina: porque no traicionó al pueblo que confió en ella. Recordatorio necesario en tiempos que se le exige a Alberto Fernández que de muestras de "independencia" de ella, o que garantice que no tendrá ninguna injerencia en su gobierno.

Se lo pide el gorilismo nucleado en los sellos del establishment que hasta ayer apoyaba sin reparos la reelección de Macri, y que tras el sopapo electoral de las PASO viene intentando hacer entrismo en el "Frente de Todos", condicionando a su futuro gobierno, como los chantas del Coloquio de IDEA, la AEA y el "Foro de Convergencia Empresarial" que le quieren armar el gabinete.


La hora es difícil, y los años venideros estarán plagados de dificultades. Por eso no son para tibios, ni oportunistas que se bajan del tren a la primera de cambio, ni para arribistas de la última encuesta: por el contrario requiere de los leales, los francos y los decididos. E incluso requiere que se marquen las diferencias cuando sea necesario: el propio Alberto viene diciendo que si pierde el rumbo o se equivoca, salgamos a la calle para hacérselo saber. Lo dijo en el Nacional Buenos Aires, y lo repitió en el Congreso de la CTA que planteó su retorno a la CGT, y en el acto de homenaje a Perón en el Consejo Nacional del PJ.

Porque como decía Dardo Cabo, los leales a veces disienten, pero los obsecuentes traicionan siempre; y -esto lo agregamos nosotros- el pueblo reconoce las dificultades y sabe que las cosas no cambiarán como por arte de magia por el mero cambio de gobierno; pero no tolera las traiciones: si estuvimos a la altura de sus demandas siendo capaces de unirnos y organizarnos para ganar, sigamos haciéndolo cuando tengamos la responsabilidad de gobernar." .

Hace dos años, para esta misma fecha: "Se trata simplemente de volver a las fuentes, sin vergüenzas falsas, sin camaleonismos, sin tibiezas ni moderaciones del discurso para fingir ser lo que no somos, o para ser lo que no debemos ser, porque para administrar el orden macrista no necesitan al peronismo, cosa que parecen no entender algunos dirigentes peronistas: para eso les sobran candidatos y estructuras disponibles.".

Cuatro años atrás, en tiempos en los que el macrismo se soñaba (y lo soñaban) eterno: "Sin embargo los gorilas (que no vieron venir entonces al peronismo naciente, y se sorprendieron por la multitud en las calles y en la plaza) siguen igual que siempre, repitiéndose a sí mismos como si nada hubiera pasado: no escarmentados del fracaso del Decreto 4161/56 de Aramburu y Rojas, ahí anda Hernán Lombardi con sus guerrillas culturales y su revisionismo histórico sobre placas y nombres de edificios, como si la memoria popular dependiera de rutinas burocráticas. " (2016)

Siete años atrás, en tiempos de "renovación autocrítica" y cuestionamientos a Cristina en su segundo gobierno, desde el propio peronismo o sectores de él: "Sepamos ver aquél histórico día en clave actual, cuando nos quieren vender gato por liebre diciéndonos que las transformaciones pendientes (que son los derechos y conquistas que faltan, parafraseando a los reformistas del 18') se pueden conseguir con diálogo, consenso y buenas maneras.

Porque aquéllas columnas de trabajadores que confluyeron el 17 sobre la histórica Plaza no fueron movidas por otra cosa que la amenaza concreta y real a un proceso que se abría en el país para hacerlos sentirse por primer vez contenidos; corporizado en el desplazamiento del hombre que lo estaba encarnando, por los que siempre mandaron en la Argentina. Lo que nos demuestra que, ya desde entonces y a despecho de ciertas simplificaciones históricas, cada conquista de los sectores populares en la Argentina fue un privilegio arrancado a los poderosos, que nunca se resignaron a ceder ninguno. " 

Y por último para el Día de la Lealtad del 2012, se dijo acá: "Antes de odiar al peronismo por razones bien concretas, lo rechazaron por otras más profundas y culturales, expresadas en el asombro de la señora de Oyuela porque los fatigados trabajadores refrescaron sus pies en las fuentes de la Plaza: la emergencia de lo invisible, la apropiación rotunda del espacio público por las masa populares, configuraron para muchos un espectáculo que los marcaría a fuego para siempre.

Un espectáculo que tiene un magnetismo tan grande que todos (incluso los que lo niegan) han deseado en secreto replicarlo: todos, a su modo y a su tiempo, han soñado con su propio 17 de octubre; con darse un baño de masas, tomar la calle, llenar la Plaza y por que no, protagonizar su propio balcón.

Si hasta en las convocatorias agrogarcas del conflicto por las retenciones móviles o en la espontaneidad organizada de los cacerolazos contemporáneos subyace la idea de reproducir y superar aquella jornada histórica, con la vana ilusión de desterrarla de la memoria de los argentinos; sin comprender que las separa del 17 de octubre una diferencia tan grande como la que existe entre la representación escenográfica de una nueva Argentina que emergía, y la exhibición fantasmagórica de otra, que se resiste a morir. " (Las negritas son nuestras, de ahora)

Sabrán disculpar si renunciamos a la pretensión de originalidad, y nos repetimos. Es que hay ciertas cosas que no cambian nunca, y conservan vigencia hoy, como en 1945.

Como que, con pandemia o sin pandemia, solo el pueblo organizado y en la calle puede garantizar el rumbo de un proyecto que contenga y exprese a las grandes mayorías nacionales, y lo sostenga frente a las asechanzas de las minorías del privilegio. Hace 75 años, hoy y siempre. Tuits relacionados:  

viernes, 18 de octubre de 2019

EL PRÓXIMO 17


El peronismo conmemoró ayer el Día de la Lealtad con una muestra de unidad "de lo que debía unirse" de cara a las trascendentales elecciones de éste año; y a pocos días de lo que será sin dudas un contundente triunfo electoral que le pondrá punto final al tercer experimento neoliberal que depreda la Argentina en los últimos cuarenta y pico de años.

Con algo más de una semana por delante hasta las elecciones, el acto de La Pampa (la ex "Provincia Eva Perón") obró como virtual clausura de una campaña que es la más parecida a aquella del 45'/46' que se recuerde: impresiona el paralelismo que existe entre las coaliciones sociales que confrontaron entonces y las que lo hacen hoy, y sus correspondientes expresiones políticas.


Si hasta hubo muestras de bradenismo explícito, con el embajador yanqui explicándole al candidato del "Frente de Todos" que cosas su gobierno no está dispuesto a tolerar por su posición sobre Venezuela; y el FMI funcionó como financista de la campaña de reelección del candidato de la Argentina gorila.

En aquel 17 el pueblo rescató a Perón para defender sus conquistas, en este octubre el peronismo fue capaz de sobreponerse a las divisiones, y convertirse en el eje articulador de una propuesta política que le diera esperanzas al pueblo argentino, de ser rescatado del marasmo macrista.

Bien decía el propio Perón (que lo pudo comprobar en carne propia aquel 17, el primero) que el pueblo no olvida al que no lo traiciona. Por eso Perón siguió siendo Perón aun derrocado, en el exilio, proscripto y con la pretensión absurda de ser desterrado por decreto de la memoria de los argentinos: porque no traicionó a su pueblo.

Y si se nos permite la comparación, por eso Cristina (la gran protagonista de la unidad que nos condujo a las puertas de la victoria), sigue siendo Cristina: porque no traicionó al pueblo que confió en ella. Recordatorio necesario en tiempos que se le exige a Alberto Fernández que de muestras de "independencia" de ella, o que garantice que no tendrá ninguna injerencia en su gobierno.


Se lo pide el gorilismo nucleado en los sellos del establishment que hasta ayer apoyaba sin reparos la reelección de Macri, y que tras el sopapo electoral de las PASO viene intentando hacer entrismo en el "Frente de Todos", condicionando a su futuro gobierno, como los chantas del Coloquio de IDEA, la AEA y el "Foro de Convergencia Empresarial" que le quieren armar el gabinete.

La hora es difícil, y los años venideros estarán plagados de dificultades. Por eso no son para tibios, ni oportunistas que se bajan del tren a la primera de cambio, ni para arribistas de la última encuesta: por el contrario requiere de los leales, los francos y los decididos.

E incluso requiere que se marquen las diferencias cuando sea necesario: el propio Alberto viene diciendo que si pierde el rumbo o se equivoca, salgamos a la calle para hacérselo saber. Lo dijo en el Nacional Buenos Aires, y lo repitió en el Congreso de la CTA que planteó su retorno a la CGT, y en el acto de homenaje a Perón en el Consejo Nacional del PJ.

Porque como decía Dardo Cabo, los leales a veces disienten, pero los obsecuentes traicionan siempre; y -esto lo agregamos nosotros- el pueblo reconoce las dificultades y sabe que las cosas no cambiarán como por arte de magia por el mero cambio de gobierno; pero no tolera las traiciones: si estuvimos a la altura de sus demandas siendo capaces de unirnos y organizarnos para ganar, sigamos haciéndolo cuando tengamos la responsabilidad de gobernar.

Ese era en el fondo el sentido de las conmemoraciones del 17 de octubre en el primer peronismo, y en los 18 años de la proscripción: la revalidación de la lealtad a aquel con quien fueron felices, y la revalidación del compromiso de Perón, de hacerlos felices; porque como dicen, la lealtad es un camino de doble vía

El pueblo fue leal a Perón aquel 17, y por ser leal fue feliz 10 años. Seamos leales a nosotros mismos, a nuestra historia, a aquellas banderas históricas que hoy siguen estando más vigentes que nunca, al mandato popular y seremos felices y -mucho más importante aun- volveremos a hacer felices a los argentinos. 

Hagamos realidad aquello tan sencillo y tan potente de luchar por la grandeza de la patria, y la felicidad del pueblo: nada más, y nada menos. Y dentro en un año volvamos a festejar la lealtad, siendo felices, por haber sido leales. Tuit relacionado: 

jueves, 17 de octubre de 2019

¡CHICOS, LLEGARON LAS FIGUS!





























PERIODISMO OPORTUNISTA



En ésta nota de Infobae dicen que Alberto Fernández está haciendo analizar por un equipo de asesores los acuerdos firmados por el gobierno de Macri con el gobierno del Reino Unido que atañen al tema Malvinas, en especial el llamado “acuerdo Duncan-Foradori” firmado en 2016, que nosotros analizamos acá.

En línea con lo que dijo en el debate presidencial, daría marcha atrás con esos acuerdos, que son consecuencia de los acuerdos de Madrid firmados por Menem en 1989, y como tales, suponen en la práctica un abandono de los gobiernos argentinos del reclamo de soberanía por las islas, que está establecido como obligación permanente por la cláusula transitoria primera de la Constitución Nacional reformada en 1994.

En esta otra nota de La Nación dicen que Alberto estudia dar marcha atrás con el aumento de la coparticipación a la ciudad de Buenos Aires, que Macri dispuso por decreto triplicándola, a poco de asumir el gobierno: ver más información acá.

Ese aumento salió de la parte correspondiente al Estado nacional, pero según la nota, la idea de AF es que lo que se les quite a los porteños para repartir esos recursos entre el resto de las provincias.


Evidentemente el amplio triunfo del “Frente de Todos” en las PASO, y las encuestas que circulan que vienen marcando un triunfo más amplio aun de la fórmula Fernández-Fernández en las elecciones generales del 27, están generando reacomodamientos en el periodismo y los medios hegemónicos.

Porque ahora hasta la tribuna de doctrina y el diario de Hadad han decidido sumarse a la campaña a favor de la principal fuerza opositora: ¿o acaso alguien en su sano juicio puede pensar que poner de manifiesto que un futuro gobierno del peronismo retomaría el reclamo de soberanía por Malvinas, y les quitaría recursos a los porteños para transferírselos a las provincias del interior podría restarle votos a sus candidatos, en lugar de sumarles un montón?  

Y hablando de sumarse a la campaña, tuits relacionados:

miércoles, 17 de octubre de 2018

VOLVER A LAS FUENTES


Hace 73 años, aquel 17, en aquella plaza, nacían los "70 años de peronismo" a los que hoy -como siempre- el gorilismo les sigue echando la culpa de todas las desgracias que ellos mismos causan, cada vez que gobiernan. Y nacía con aquellas imágenes imborrables, sobre todo para la oligarquía que era (y es) la dueña del país: las masas tomando las calles, copando la plaza histórica, remojando los pies en la fuente para reponerse de la larga caminata. Nacía el hecho maldito del país burgués, en la inolvidable definición de Cooke.

Si la historia fuera una puesta escenográfica, aquel 17 de octubre no pudo ser mejor representación visual de la irrupción política de los excluidos, la ruptura inesperada con el orden establecido, el sacudón que conmocionó a la Argentina visible y audible que se expresaba en los tribunales, la Bolsa de Comercio, el Círculo de Armas o el Jockey Club y que se expresó entonces en la indignación de la señora de Oyuela.

También entonces -como ahora- esa Argentina creía tener todo controlado, el episodio Perón superado, el malentendido aclarado, el país retornado a la normalidad de la granja colonial. Porque al peronismo lo dieron por muerto entonces, antes de nacer, como años después lo daría por muerto Rojas con la metáfora del perro y la rabia, cuando acariciaba el sueño de bombardear la cañonera en la que Perón marchaba hacia el exilio en Paraguay; y como tantas veces más lo darían por muerto después, a lo largo de su historia y la del país. 

Cuando se habla de terminar con 70 años de fracasos -es decir, de peronismo- - se está queriendo simbólicamente cumplir la orden incumplida del almirante Vernengo Lima en aquel 17 de octubre: barrer la plaza con una ráfaga de metralla, desalojar la negritud que afeaba estéticamente el paisaje, pero tanto más porque cuestionaba el orden establecido, y el reparto de la torta nacional. 

Porque hay que decirlo claro: hoy, como entonces, no quieren terminar con el peronismo y el país que gestó por lo que hizo mal, sino por lo que hizo bien, y nunca debió haber hecho; porque al hacerlo les sublevó a la peonada que debía vivir mansa para siempre. Pero en el afán  de destruirlo, lo siguen creando, porque mientras haya injusticia y desigualdad, habrá peronismo, porque como le decía Discepolín a Mordisquito, a Perón lo trajeron ellos.

Y por la misma razón el peronismo, con todo y sus fallas, agachadas, traiciones y claudicaciones, no ha sido superado históricamente en tanto representación política posible (remarcamos: posible, no inevitable) de los trabajadores argentinos y los sectores populares; aun cuando estemos en un  país distinto, fragmentado, en el que el trabajo y los trabajadores han perdido centralidad y peso específico. 

Porque incluso en ése (este) país, aquellas tres banderas históricas siguen teniendo plena vigencia: aunque a veces no lo expresen así, los argentinos (o por lo menos la mayoría de ellos) siguen queriendo una patria socialmente justa donde nadie sea explotado, económicamente libre sin que los resortes fundamentales de su estructura productiva estén en manos extranjeras, y políticamente soberana para decidir por ellos mismos, su propio destino. Lo que cambia en todo caso son los modos, los lenguajes, los medios, como cambian las formas del coloniaje, la explotación y la cipayería, y a veces, ni siquiera eso.

El desafío de hoy para el peronismo es recuperar aquel espíritu inaugural del 17, aquella capacidad de interpelar, seducir y entusiasmar; ese sentido rebelde y cuestionador de sus primeros tiempos; porque cuando se mantuvo fiel a él fue cuando realizó las transformaciones más profundas, y cuando se alejó, se perdió en traiciones y esterilidades de su rol histórico. Un peronismo que ayude a que el pueblo encuentre el rumbo, incluso aunque los que lo tienen que liderar no estén disponibles, ni a la altura de las circunstancias: también entonces hubo dirigentes que dudaron, pero el pueblo fue más y fue por más, para rescatar a Perón.

Hoy, como aquel 17 de octubre de 1945, hay que volver a la plaza cuantas veces haga falta, para volver a las fuentes: a visibilizar lo oculto, lo discriminado, lo marginado, lo excluido, lo que quieren enterrar para siempre, y asumir su representación política. Y no solo a eso: el peronismo tiene que volver a ser el vehículo de la defensa de los derechos amenazados, de la recuperación de los perdidos y de la conquista de los pendientes; tiene que asumir la representación de los jóvenes que ven con preocupación el futuro, de los científicos que de nuevo están pensando en irse del país, de los empresarios y comerciantes que se ven obligados a bajar sus persianas agobiados por los tarifazos, las tasas siderales, la destrucción del mercado interno y la apertura indiscriminada de las importaciones. 

De los clubes de barrio que no pueden pagar las tarifas, de las universidades a las que se les retacean los recursos. Tiene que ser la columna principal de la construcción de un amplio frente de fuerzas democráticas, nacionales, populares y -como no- feministas, "para que reine en el pueblo el amor y la igualdad", y para poder derrotar a la derecha en las urnas para construir otro modelo de país, no el muletto de la escudería gobernante.

Que hayan pasado años y peronismos a lo largo de ellos, aunque la sociedad haya cambiado, siempre que haya injusticia, desigualdad, explotación, coloniaje, habrá necesidad de peronismo, y si ese peronismo es fiel a sí mismo y su propia historia -o mejor aun, a la justificación histórica de su existencia- habrá, como en aquel 17 de octubre, lealtad popular, en las plazas, en las calles y en las urnas. Porque como decía Evita, la inmortal, si la patria fuera libre y el pueblo fuera feliz, ser peronista sería un derecho, pero en estos tiempos de vasallaje, exclusión, saqueo y tristeza, ser peronista es un deber.

Se trata simplemente de volver a las fuentes, sin vergüenzas falsas, sin camaleonismos, sin tibiezas ni moderaciones del discurso para fingir ser lo que no somos, o para ser lo que no debemos ser, porque para administrar el orden macrista no necesitan al peronismo, cosa que parecen no entender algunos dirigentes peronistas: para eso les sobran candidatos y estructuras disponibles. 

El peronismo tiene que volver a ser capaz de sublevar al subsuelo de la patria como lo dice Scalabrini en aquellas palabras inmortales, para sacar a la patria y a los argentinos del subsuelo en el que el gobierno colonial del régimen macrista los está sumergiendo. (La imagen de apertura es un panfleto de época, subido por el ingeniero Néstor Sbariggi a su cuenta de Twitter).