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domingo, 26 de abril de 2026

The Lady Eve


Preston Sturges es uno de los grandes nombres del cine clásico americano. En otra película de él del mismo año, Sullivan´s Travels (1941) se menciona a Ernst Lubitsch y Frank Capra que estaban consagrados para 1941. Sturges entre 1940 y 1944 buscaría emularlos, haría sus mejores películas que lo inmortalizarían de golpe en la historia del séptimo arte americano. Fue uno de los guionistas precursores en convertir sus escritos en éxitos dentro de su propia dirección de cine. Tuvo mucho respaldo durante estos 5 años de gloria y popularidad porque venía de haberse labrado un nombre sólido en el teatro. La presente película es una comedia romántica, de verdad cómica y de verdad romántica, y también una screwball comedy donde hay golpes, caídas, torpezas, y mucho movimiento, mucha intensidad, en la palabra, en las acciones, presentando un dotado ritmo y una economía para narrar muchas cosas en un espacio de hora y media que es lo que los más grandes poseen. Es una película bastante sencilla, pero sumamente efectiva. Jean Harrington, Barbara Stanwyck con 34 años de edad y cerca de 15 años de experiencia como actriz, es una muchacha avispada, muy astuta y pícara, que viene de una familia de estafadores. Sabe que el hijo de un millonario de la cerveza, Charles Pike, Henry Fonda con 36 años de edad y 6 años de carrera como actor pero que ya había trabajado con Fritz Lang, William Wyler y John Ford, va a ir en el mismo crucero suyo. Junto con su padre planean sacar una buena cantidad de dinero de él. No obstante Jean se enamorará realmente de Charles, quien es un hombre de ciencia pero bastante inocente como persona. En el inicio dicen que no sabe tratar con las mujeres, que desconoce su proceder. Cuando recién está en el barco, todas las mujeres de alrededor lo ven como el mejor partido, guapo, muy educado y millonario. Charles no sabe como ignorarlas a todas, que no le quitan la mirada. Es así que Jean le pone literalmente cabe, así de lo más ordinaria, y le achaca haberle roto un taco, y que debe ayudarle llevándola a su recámara. En dicho lugar surge un coqueteo que maneja la muy "moderna" -éste cine maneja tremenda elegancia como buen cine clásico-, feminista en toda ley, Jean. Para esto Sturges muestra que estaba adelantado a su época, proponiendo una fémina muy independiente y muy segura de sí misma, por encima de los hombres, sin que sea difícil de tratar o caiga antipática. A pesar de ser muy aprovechada y tomarle el pelo a Charles, exhibe un halo de mujer simpática, carismática, cosa que es pura Barbara Stanwyck, donde no cabe duda que tenía una notoria personalidad avasalladora, por encima de su real belleza, pero se las ingeniaba con su cuerpo muy delgado y de pocas curvas para pasar por incluso sensual. En ésta película la que manda, la que hace prácticamente todo, es ella, la que genera las situaciones. Charles es un monigote en sus manos. Henry Fonda lo hace muy bien, como éste hombre ingenuo y que se deja llevar por Jean. En una cena se cae mil veces, se ensucia de manera atroz en múltiples oportunidades, como un gag. La esencia de la screwball comedy en ese sentido no se denota forzada, sino muy natural, además Sturges era terrible haciendo que sus protagonistas hagan el tonto. Fonda le da mucha dignidad a su personaje, aun cuando tiene mucho de bobo. Ante la trampa de la doble no llega a entender en pantalla de que va la burla del segundo encuentro. Jean para sus deseos enamora dos veces -hasta tres veces- a Charles que cae fácil redondito en sus encantos. Lo bueno que es cine amable y Jean finalmente no es una mala persona, más allá de sus antecedentes criminales, familiares y sus allegados. Hace ver que el dinero puede ser secundario para ella, mostrando que está en sí ser otro tipo de persona. Es una comedia en toda la palabra, es una propuesta que va de ligera, de alegre, que gusta a muchos y es una muy buena película. Tiene escenas dulces, románticas, muy conseguidas. El rato en el tren enumerando a los incontables amantes bromea con las convenciones de manera limpia y audaz. Jean no puede ser cruel porque está en realidad enamorada y eso cambia hasta al más reticente. Le duele mofarse de Charles, pero éste en mucho tradicional ni se da cuenta. Es una película feminista, pero de las que hace al público cómplice sin distinción de género. Sturges igualmente muestra que se adelanta un poco al futuro cuando en Sullivan´s Travels menciona que los afroamericanos merecen mayor igualdad que la que poseen para la época, enfocándolo desde una visión religiosa, si bien los emparenta con el trato a los presos. La aparición de Lady Eve Sidwich es una audacia formal de Sturges, porque como le responde Charles a su desconfiado guardaespaldas (William Demarest, cómico en sus refunfuños) sería un descaro venir así sin más, pero sólo basta engolar la voz. Esto habla de que la clase alta no parece marcar grandes diferencias. Esa parte agrega un chisme y sostiene el suceso muy bien. Pensaba previo a ello: ¿Cómo hará para no ser rechazada en la cena?, que se repite sin caer en la telenovela o la corrección política de hoy en día, aun tratando con el arribismo, las diferencias sociales y el background sexual. He ahí la grandeza del cine clásico y el dotado guion, la portentosa claridad y la inteligencia del director. La propuesta lleva mucha mención del relato bíblico de Adán y Eva, pero sin mucha parafernalia o trascendencia argumental, sino como sencilla comedia, alusiones ligeras. Jean le suelta una manzana en la cabeza al distraído Charles, cuando recién llega al barco, lo que parece un acto absurdo, pero que da a entender que ella hará lo que quiera con él. Sin embargo el amor lo salvará de ésta truhan. Igualmente Charles es un estudioso de la serpientes y hasta tiene una como mascota. El sobrenombre de Eva es otra mención, como quien dice, un dolor de cabeza. Así mismo representa seducción. Todo lo que invoca comer de la manzana. 

lunes, 26 de enero de 2026

As Good as It Gets


Ésta es una de las mejores comedias románticas de la historia del cine y de la comedia en general. La dirige James L. Brooks. Los protagonistas del filme ganaron el Oscar, Jack Nicholson y Helen Hunt. Jack Nicholson es Melvin, un escritor que todo el tiempo dice cosas horribles sin filtro, que es un solitario por normalidad, aunque no es ningún outsider. Está lleno de tocs como no querer pisar las rayas del pavimento. Sigue muchas cábalas para sentirse seguro. Es un tipo difícil de tratar y ahí se inserta la comedia romántica. Un día faltará la mesera que siempre lo atiende y él irá en busca de ella para que simplemente regrese a servirle su comida y en el camino surgirá un romance improbable, de los llamados imposibles. La mesera no es cualquier mesera, sino como dice la madre es una mesera de Manhattan, reinventándose un enamoramiento típico americano. Se crea mucha originalidad con una historia muy próxima al público. Hacer comedias románticas es muy complicado, más allá de las apariencias, sobre todo en los tiempos modernos, muchos no quieren ser tiernos o dulces, no gustan ser románticos fácilmente. También porque muchas cosas han cambiado frente a lo tradicional por una parte en la actualidad. Se ha perdido cierta magia del enamoramiento. En un momento la protagonista, Carol (Hunt), llora frente a sentirse ayudada por un hombre, sin pedirle nada a cambio. Lo cual la tenía ensimismada, y al no tener esa carga, pero que ha sido solucionada más no abandonada, ha podido verse a sí misma y empezar a atenderse, sin que medie el narcisismo, sino todo de forma natural. Melvin no es una mala persona, pero es insoportable. Se enoja rápido, y dice cosas desagradables, pero no es físicamente violento, es más del tipo sarcástico. La violencia física le asusta. En una confrontación verbal, Melvin, quien es rechazado por la gente al no llevar filtro al hablar (se burla de los judíos, de los gays, de los afroamericanos, etc), dice que Carol lo ha hecho un mejor hombre. Le ha producido querer resolver su antisocialidad que lleva de diferentes procedencias. Melvin comete muchos errores donde hay mucho humor. Hunt pone caras muy divertidas además como respuesta a lo que dice, es buen complemento a la grandiosa plasticidad de Nicholson. Igualmente hace de, ésta mesera, alguien sencilla, pero inteligente, sin que se vea forzado. Ella muestra mucha belleza en su humildad. En varias ocasiones Melvin que podría verse de otra condición social (llega a llamar envidiosos a los quejones que tienen vidas arduas), parece un pretendiente con pocas posibilidades frente a lo que consigue crear Hunt y Brooks en pantalla, y es un logro interesante. Melvin a pesar de ser insoportable va haciendo méritos para que lo quieran y esto se consigue sin traicionar la personalidad que tiene, es decir, se siente auténtico. Melvin es una buena persona debajo de toda su superficie. En un momento la gente de su restaurante habitual aplauden/celebran que lo boten. Melvin muestra que está al tanto de todo, lo que implica mucha fortaleza emocional, mucha resiliencia. No es que se regodee en los defectos sino que sabe que le es difícil ser de otra manera. Incluso lo llega a decir, agotado de tratar de ser siempre atinado. La madre defiende al hombre y le dice a Carol que no hay novio perfecto, cuando ella se lo pone arduo a todos. Se oye (y está además argumentado) mejor que en Some like it hot (1959). Tras un estado de meditación Carol expresa que debajo de tanta torpeza ella ve ternura, ve verdadero romance, y esa es otra hazaña del tipo de comedia romántica que tenemos enfrente. Lo que tiene ésta película es que a diferencia de Melvin lo habitual lo dice de manera muy inteligente. No audaz, ni para la foto, sino de manera realmente inteligente y lo hace con una capacidad de claridad que solo los genios poseen. El filme sólo tiene un lapso sórdido cuando unos putos callejeros, que se les recluta como modelos, golpean al vecino gay, pintor, de Melvin, interpretado por Greg Kinnear que lo hace muy bien también. Esto sostiene de que la vida puede ser muy complicada, pero con cierta disposición, como la inspiración de la mente positiva aludiendo el arte como símil, se abren las puertas de la solución. La percepción es todo, aunque muchas veces no nos damos cuenta o nuestras emociones nos obnubilan. Nuevamente el filme exuda magia donde otros pecarían de empalagosos, cursis, de autoayuda básica. De todas maneras hay que hacer notar que el filme no teme ser un poquito cursi, pero no exagera, es lo mínimo si pretendes en realidad ser romántico o te das cuenta que eso quiere decir hacer (o querer ver) una comedia romántica. Melvin empieza a mostrarse bueno, noble, sensible, cuando le dan a cuidar de un perrito que solía odiar, a quien Melvin conquistará con pedazos de tocino (más americano imposible). Entabla un fuerte vínculo que llega a llorar por el perro y no puede creerlo ni él. Melvin le dice a un afroamericano, sé blanco, sé serio, hasta ahí llega su irreverencia, que suena a una critica a esa gente que cree ser auténtica porque dice cualquier cosa que le pasa por la mente. Melvin tiene que aprender a tratar/respetar/amar a la gente, no es fácil, si bien lo suyo no es producto del egocentrismo. Debe salir del yo (donde todos normalmente estamos). Carol también debe aprender a creer en los hombres y lo hace curiosamente con el ser humano más imposible, como indica el título. Es decir, las relaciones no son perfectas, uno construye la felicidad. Así mismo éste filme, de hace casi 30 años atrás, ha pavimentado el camino de la tolerancia a otras sexualidades, proponiendo un personaje gay sólido con Kinnear. 

jueves, 8 de mayo de 2025

Simple Men


Ésta es una película que revisa la mirada afectiva de los hombres hacia las mujeres. Se dibujan hombres hasta desequilibrados, como el ex marido, pero los hermanos protagonistas son hombres que tratan bien a las mujeres, quieren enamorarse y ser correspondidos, hay un toque soft del director en cuanto a esto, sobre el prototipo del seductor, exhibiendo un seductor fiel y de buenos sentimientos. Es una película que promete acción literal, pero en realidad es sobre mucha cotidianidad, aunque hay un robo como apertura, sin embargo, sin ninguna violencia. Los hermanos protagonistas, Bill (Robert John Burke) y Dennis (Bill Sage), huyen de la ley. Dennis porque viaja con su hermano mayor, retroalimentándose mutuamente de aventura. Siguen la pista de su padre que es un especie de terrorista light. Después se dice que es ante todo un jugador de béisbol, como quien revela la verdadera esencia de las personas, tal quien vence para los entendidos la mala reputación, mostrando hombres rudos que son buenas personas. El padre es un revolucionario, explicado de manera muy general y funcional, y así es toda la película de Hal Hartley, de austeridad, sólo que no se siente, que la dimisula muy bien, que sabe manejarse a manera igual a como si se hinchara, y cumple con ese engrandecimiento, y se debe a que hay muy buena argumentación en todo el filme, llenando de información la propuesta, mediante unos diálogos muy sustanciales y dinámicos, que se meten dentro de algo por una parte teatral, como si hablaramos de una película shakespeariana. Hartley es intelectual y al mismo tiempo cool; alguien culto y a la par relajado. El filme va de seductores de mujeres bonitas, pero también inteligentes y amables; a ratos muy fuertes, pero empáticas, coherentes, sencillas. Está la rubia grande (Karen Sillas) y la morena delgada (Elina Lowensohn). Mujeres con personalidad e independientes (una es dueña de su propio restaurante y es granjera a medio tiempo; la otra le ayuda). Es un filme sutilmente elegante; de bajo presupuesto, pero cuidado. Se nota una obra hecha por alguien inteligente que sabe proponer personalidad sin gastar tanto, y sin fuegos artificiales ni grandes efectos, salvo ideas simpáticas como bailes rockeros en cafés a lo Banda Aparte (1964) o anhelos de aprender francés para obtener una cita. Es una película que habla de violencia, existen varios actos criminales, conflictos hasta políticos-sociales, disputas por mujeres, pero lo brutal está totalmente descartado, y no se le hecha en falta, lo cual es la virtud de su buena argumentación, de como propone y resuelve finalmente las cosas. Es una película que en realidad habla de parejas o seducciones románticas, de como se relacionan afectivamente hombres y mujeres, simples (por opción de aprendizaje, del que no deja de creer en el mundo), como invoca el título. Se mencionan mujeriegos, mujeres que se arriesgan por amor y se trata de apostar, jugársela para ganar. Algunas veces pierdes, te ataca la emotividad como al jefe de policía, pero finalmente llega lo que buscas.

sábado, 24 de febrero de 2024

Past Lives

Past lives (2023), debut de la canadiense-surcoreana Celine Song, es una historia de romance, pero un drama romántico. Empieza en el 2000 con 2 preadolescentes coreanos que tienen 12 años y que sienten un flechazo mutuo, desde una ambientación propia de su edad, sana y llena de inocencia. La niña se llama Na Young y el niño Hae Sung. Ésta parte es la representación del primer amor perfecto y lo que hará que Hae Sung la ame por siempre. El guion corre a manos de la propia Celine Song y tiene mucho de autobiográfico. Pero Na Young emigra a Canadá con su familia y forzosamente tienen que separarse. De ésta manera asistimos, explicado muy cinematográficamente, a una escena dulce y suavemente melancólica, donde la cámara se posa estática en una esquina de una habitual pendiente de casas coreanas, la que se bifurca y cada uno de los niños se va alejando por su lado tras despedirse. Pasamos al año 2012, y por internet se logran reencontrar, se renueva su amistad-amor, empieza a fluir mucha comunicación y momentos cálidos a través de lo virtual. No obstante Na Young, ahora llamada Nora (la americana de padres coreanos, Greta Lee), tiene muchos sueños y deseos profesionales en la carrera de escritora y Hae Sung (el alemán de ascendencia coreana Teo Yoo) pasa a ser segundo plano en sus decisiones, habiendo acciones muy realistas, muy feministas también. Pero al mismo tiempo dolorosas para el romántico Hae Sung quien más adelante, 12 años más después, él mismo se considera promedio y alguien que no tiene anhelos o ambiciones profesionales, pero entendiendo de que el éxito profesional y el poder adquisitivo te abre un millón de puertas, incluso en el amor. Hae Sung menciona un materialismo coreano que te hace aceptable frente a querer estar con alguien especial. Nora vive en New York, es una mujer que está americanizada, ella misma reconoce en Hae Sung al clásico coreano, al coreano neto, pero ella actualmente se ve lejana de sus orígenes. Es así que Arthur (John Magaro) entra en el panorama, quien se define perfectamente en tremendo monólogo, lo mejor de la propuesta, comparándose con el amor ideal y magnificente de Hae Sung, un amor que evoca lo platónico (o los sentimientos) que lo sexualizado (que deviene parte del paquete lógico, claro), un hecho interesante y atípico en una época donde todo pasa por el sexo y la liberalidad y las mil licencias, donde ya se ve a muchos gritando, vamos con la infidelidad a todo motor. Pero aunque hay momentos donde Arthur muestra una nobleza casi de santo, palpando una atracción y un vinculo muy fuerte entre Nora y Hae Sung, es creer finalmente en su persona -en la suya, frente incluso a las estadísticas; y la de ella-, en su propia relación, en la franqueza y firmeza de ésta, observando que Nora -la cabeza protagonista- actúa de manera contraria a la obviedad de la contemporaneidad, si bien está siempre tentada por el perfecto galán coreano -que hasta sobrevuelan suspiros-, el tipo poético ideal, aunque con poca aspiración y una notoria docilidad que va consigo por una gran educación, tranquilidad y amabilidad, pero en el fondo es el (difícil de poner en práctica) entendimiento pasivo de un pequeño Arthur y su notorio parecido en personalidad con Nora -por encima de las ascendencias; uno es caucásico y judío- que hace que pueda caber salvar el pellejo. Hasta el relato se permite un pensamiento sutil de que entre Arthur y Hae Sung puede haber tenido espacio una vida pasada de las mil que imagina el filme, así como también puede existir una conexión metafísica entre un ave y que se pose siempre sobre una banca. Es el inescrutable volver, tener una nueva vida, bastante distinta tras morir, y así sucesivamente. El filme para eso habla de un pensamiento filosófico coreano llamado In-Yun (que hay que hallarlo), que es un balance e incluye el sentido del universo, un equilibrio de opuestos que se complementan entre sí y crecen juntos, son vitales mutuamente para nuestra ascensión terrenal y espiritual y que busca la armonía con un mundo de por sí caótico. 

martes, 28 de noviembre de 2023

Mad Love

Ésta película de 1995 le pertenece a la británica Antonia Bird quien realizó solo 4 películas para cine. La presente es parte de mi cinefilia temprana, de esas películas que vemos sin considerarnos en realidad cinéfilos o amantes del cine y se nos quedan por siempre en la memoria con cariño. Es una de las películas más románticas que recuerdo y que más me gustan, aunque no teme ser cursi y trabaja sin temor a mostrarse muy sensible, y desde luego en ello puede caer en algunos lugares comunes y momentos que la gente actualmente se niega a tomarlos por enternecedores y prefiere minimizarlos o desestimarlos, perteneciendo a tiempos habituales más duros y menos propensos a mostrar demasiada sensibilidad hacia éste tipo de películas, pero es un filme notable tal cual, sin temor al que dirán o que pretenda querer ser complejo por obligación o tenga que ser super original, pero en su estilo descolla empatía, humanidad y tiene personalidad y novedad desde lo próximo, lo identificable por muchos. No quiere ser romántico con comedia, con ironía, como se suele hacer hoy en día frente al desgaste del subgénero, sino se toma en serio ser romántico y para serlo, en verdad, se va a tender a caer en ser algo cursi, lo cual es normal, no andar temiendo no ser eternamente cool, asociando ser muy sensible con no andar en toda onda, como decir ser muy sensible se cae en ser tonto. Pero el chico del filme, Matt Leland (Chris O´Donnell), va hasta llorar frente a otros, quien siempre es muy correcto e inteligente, sin tampoco dejar de ser joven, ser un poco intrépido, un poco inconsciente, tirarse a la aventura, ser un poco rebelde, cometer errores, pero en general es un muchacho que se comporta bien, quien es alguien inteligente, maduro. La chica que ama hace de la chica que le falta control, contención, pero luego esto deviene en que tiene un problema psicológico y el asunto se trata bien en la trama. No se trata del aplauso tonto o banal de ser muy extrovertido y te llamen loquito suelto, pero te ven re-simpático, re-cool, un lugar cómodo, sino ella en realidad tiene un problema, que parte de la rebeldía juvenil habitual pero que esconde un razonamiento más serio, hay detalles que lo hacen menos superficial. Todo esto es tratado de manera sencilla y frontal, es un filme que todo lo asume con soltura pero no por ello se trabaja con lo vacío, sino se entienden cosas, se piensa el desequilibrio, pero se vive como un rato de aventura también, de un espacio de amor absoluto, un momento de mucha pasión y harto romanticismo. Drew Barrymore quien venía de trabajar de muy chica en el cine pega buen salto por la época al sex symbol juvenil con 20 años de edad, proveniente también de una familia de actores. En lo personal soy de los entusiastas, de la época, por su belleza y carisma. Drew Barrymore es Casey, representa la chica impactante y muy libre, pero esto no se exagera en una recepción de popularidad escolar, sino ella es una outsider, no la conocen muchos, no va por ahí el filme. Ésta propuesta acepta ser austera, no buscar muchos momentos gratuitos, aunque pinta de muy amable para el público, incluso estamos ubicados en Seattle, y nos hallamos justamente en los 90s y el filme en lugar de coger toda la movida grunge propia de su tiempo lo hace indirectamente, sin celebrar esa música abiertamente, si bien es claro que Casey recuerda mucho a Kurt Cobain, pero hasta Casey prefiere Chicago, un lugar anodino en comparación al grunge de Seattle de 1995, pero así mismo es la etapa en que el movimiento musical pierde su apogeo, un año después de la muerte de Cobain a los 27 años. O´Donnell tenía 25 años por entonces. Se enamoran en un concierto de grunge en una discoteca. Pero el filme no busca explotar directamente mucho el grunge, incluso no musicalmente, con la banda sonora, por eso la propuesta es menos gloriosa por no escogerle mucho más. Sin duda habrían tenido más repercusión como película si lo hubieran hecho, aunque Casey en su personalidad es el vivo reflejo de todo ello. No obstante se opta por algo más camuflado, menos explotativo, y también menos identificación, pero el filme como algunos hacen a veces no coge toda la idea, pero no deja uno de identificarse con aquello. El filme tiene momentos muy románticos, algunos surgen de ratos de debilidad emocional y se da refugiarse en el amor con transparencia. Es una película que no se adscribe al clásico rebeldismo sin causa, ni siquiera ella en realidad yace ahí. O´Donnell hace de un tipo siempre correcto, siempre maduro, aun con amigos más comunes, y lo hace bastante bien, le queda perfecto, es el chico que cualquier padre quisiera para su hija, pero curiosamente no todo se perpetra en esa dirección, pero son más cosas que salen de las manos de uno. Aunque Matt es pura bondad no fastidia en su calidad de muchacho ideal, cosa que no siempre funciona, esto puede pasar por anodino y no es así, porque no se ve como esa clase de gente que quiere pintar de gran persona, la cosa fluye, se ve natural. El filme gana con la mirada de alguien que no es de esos que se la saben todas, sino que parece un poco a la deriva, aun con inteligencia. Él es de los que no juzgan con ligereza. Toda esa construcción de personalidad es interesante, no representa el típico galán de las películas del cine americano de cierto nivel, y jamás se le siente telenovelero. La aventura en carro es emocionante de principio a fin, siempre desde la cercanía con el espectador. Toda la escena con el actor Liev Schreiber, de quien no sabemos nunca su nombre, es notable. 

sábado, 5 de agosto de 2023

Design for Living

Design for living (1933), es una gran película y una que sorprende, incluso algo en el presente, si bien la modernidad se ha encargado de romper muchos límites. Ver ésta comedia del genio maestro Ernst Lubitsch, parte del Hollywood clásico, del Hollywood de los 30s y anexado los 40s, es observar que la comedia y éste tipo de filmes eran de otro nivel comparado a hoy en día, ¡qué película! El tema es sobre una mujer que no puede decidirse románticamente entre 2 hombres y quiere estar con ambos. Es un tema abordado con una elegancia digna de inteligencia superior, del gran cine imperecedero. El filme es osado en lo que propone pero lo hace con tanto tino y cuidado, pero asumiendo un tema picante, que es tremenda maravilla. Lo sexual está detrás tras bambalinas, lo que se toca es desde otro punto, pero se asume esto anterior por elipsis. Gilda (Miriam Hopkins) dice tenerse por una chica mala, aun cuando ayuda a 2 hombres a ser mejores en sus profesiones y vocaciones por el arte, mientras los 2 yacen enamorados de ella y viceversa. Uno lo interpreta el hiper famoso y galán Gary Cooper como George, un hombre más rustico que su otro competidor y mejor amigo, Thomas (Fredic March), un tipo más sofisticado, más refinado, aunque George muestra inteligencia, pero es más tosco, más directo. Thomas es aspirante a guionista de teatro, a dramaturgo, mientras George a pintor y retratista. Gilda trabaja en publicidad y es cuidada por el dueño de una agencia millonaria, por Max Plunkett (Edward Everett Horton), un hombre refinado, pero sencillo en el trato, que también la persigue románticamente. Gilda no quiere a Max, son sólo amigos, ella prefiere a tipos más seductores como George y Thomas, a quienes llega a comparar con sombreros de moda y ser ambos "necesarios" para su vida. Gilda es una aventurera, una mujer de vida intensa, que no es retratada como alguien vulgar, aun cuando engaña a uno con otro, y no quiere decidirse. En un inicio la opción es George, el tipo físicamente más atractivo y quien tiene una personalidad ligera y complaciente. Luego pasa a ser Thomas, el tipo bajito, inteligente y astuto, de amplia cultura. Lubitsch sortea cualquier censura con su finura, retratando al ser humano de a pie y su comportamiento más liberal y juvenil, más libre y atrevido, y a partir de una mujer, proponiendo un cierto feminismo con ella. Es una película que entretiene mucho, éste cine no solo es de sabiduría diáfana -para exponer- sino que es hedonismo para todo el planeta, es cine popular de autor en el más alto nivel. El filme tiene a Gilda yendo y viniendo en sus dudas, en su elección. En un momento Lubitsch pone al tanto al publico que le está hablando al hombre de a pie, pero con ingenio y arte. No obstante las cosas, tal cual como el golpe de George a Thomas, están ahí igualmente, debajo de la sofisticación general de como decirlo y exhibirlo, pero aun así en un empaque que es de dotada amabilidad de ver. La conclusión es atípica, pero fiel a lo expuesto, donde radica una manera de ver el mundo o una etapa de nuestras vidas, y aunque no es la proclama usual o lo más natural o lo más normal ahí yace la genialidad del filme, de enarbolar algo excepcional y poder de alguna manera sostenerlo o que sea digerible para muchos. Es una comedia y es notorio que quiere ser cómplice del público y creo que lo logra, sin que necesariamente tengas que verte reflejado o identificado o querer practicarlo. El filme cumple con creces con divertirte, Gilda proclama la fiesta y ser una chica mala, su par femenino de la llamada jerga masculina de ser un perro. 

viernes, 16 de junio de 2023

Frankie y Johnny

Frankie and Johnny (1991) es una película que recordaba con estima por una cosa en particular que quedó en mi memoria de cinefilia temprana, un asunto fetichista con tacos altos -siendo yo éste tipo de fetichista, como la mayoría de mortales- que lo tenía por ligeramente cómico, cuando Johnny (el gran Al Pacino), no hace mucho salido de la cárcel carga un cierto trauma, no emite gemidos ni sonidos cuando tiene ni finaliza el sexo, es así que una mesera con la que se acuesta, Cora (la canadiense Kate Nelligan), ya en los primeros 40s, asumida en cierta sensualidad-sexualidad y libertad sexual se queja/raja, chismea, sobre esto con sus compañeras del café-restaurante donde trabajan, alrededor de sus amados y efectivos tacos altos dorados y como extrañamente no hicieron efecto en Johnny, no cumplieron con su cometido natural. Ella lo asume como una rareza, en conjunto. Asunto que oye atenta Frankie (la hermosa Michelle Pfeiffer) y que despertará su curiosidad. Volver a verla con más agua bajo el río es notar -más allá del cariño como hito de nuestra cinefilia- que es una película imperfecta que juega un poco al placer culposo. No obstante no está del todo ahí porque es una película ciertamente con virtudes también, exuda nobleza, aunque también un poco de efectismo, pero no se puede negar que trata bien por una parte con la realidad y coge cierta esencia general de lugares donde podemos vernos reflejados de manera no solo emocional o primaria como buen drama romántico bajo la fachada general de ser una comedia romántica aunque melodramática, sino que suena interesante en lo que recoge y presenta desde la soledad y el trauma de la gente común en una gran ciudad aunque un poco caótica, melancólica y algo lumpen como es la imponente y magnificente, y de varias capas, New York. El director es el americano Garry Marshall, quien solo un año antes había hecho Pretty Woman, la mejor película de su filmografía y una de las películas más famosas y popularmente celebradas de los 90s. Frankie and Johnny es una obra de teatro escrita en 1982 por Terrence McNally y llevada en 1987 a Broadway con bastante éxito hasta ser una de las grandes obras aclamadas de McNally, destacada figura representante de la comunidad gay en EEUU. El filme tiene de protagonista, como indica el título homenaje de una legendaria canción folk americana cantada por mil famosos cantantes desde comienzos del sigo XX incluido Elvis, a una Frankie que es una mesera de 36 años. Ella dice tener menos pero finalmente confiesa su edad como apertura y confianza y empatía emocional, cuando la propia Pfeiffer tenía 33 y está/continua en el esplendor de su belleza que era totalmente de otro mundo en su rol hito de Scarface (1983) de donde venia de compartir, hasta recién nuevamente ahora, rol de pareja con Al Pacino, aunque ahí, como pareja, desde un muy distinto punto de vista. Al Pacino tenía 51, pero en el filme si bien Frankie le echa casi su verdadera edad, él dice estar en la mitad de los 40s y no lo discute. Es decir que nos movemos alrededor de los 40s, llamémosle la mitad de la vida, como punto de inflexión, y es así que Johnny se presenta como una especie de salvación -aunque las feministas sufran con la idea, si bien hablamos de mutua salvación- o cambio de rumbo, cuando ambos, especialmente ella, cargan fuertes traumas. Johnny por haber estado cerca de 2 años en prisión, que literalmente llama el fin del mundo en una conversación, pero como para argüirse, en el conjunto del filme, resiliencia. En un momento un diálogo sutil menciona algo de propia boca de Johnny que es algo un poco ambiguo, da a entender que el trauma de no emitir sonidos viene de la cárcel; es decir, Johnny ¿tuvo relaciones homosexuales o las tuvo con mujeres de visitas?, en un lugar difícil y traumático de tenerlas. En fin, el filme muestra al mejor amigo y vecino gay que hace en su esencia Nathan Lane y en la del guionista y está bastante clara la visión de ellos sobre su universo. El filme se percibe imperfecto en lo que presenciamos de su tira y afloja, entre poder compartir de ahora en adelante una nueva vida de pareja y visión positiva del mundo, que resulta a ratos muy ligero, flojo, medio engreído, tanto como en otros momentos muy real y empático, cuando todo apunta a ser el más lógico e inteligente de los movimientos -estar juntos, casarse, tener hijos o adoptar, romper por una parte con la trágica canción título- pues asoma pasar la página, y ahí entra a tallar ver en la propuesta los traumas dentro de cierto estilo pop -entendible ya que es un filme y una dramaturgia comerciales-, pero eso hace también que muchos se identifiquen, incluso los más recios, pensando que en la comedia romántica uno por lo general tiene que hacer concesiones, no ser justamente como Frankie, si bien los traumas tampoco son fáciles muchas veces de superar y el suyo viene como propio de cierta novedad de quien hemos visto en la trama, aunque es algo sencillo de identificar. Johnny es un tipo que pinta de hombre notoriamente en busca de cambio, de mejora (tras la redención de la cocina), y quiere hallar el amor, entonces lo reconoce en Frankie, y es hermoso ver como insiste, como lucha por ella (no una, mil veces, ante el natural estado voluble), aun cuando roza con ser un acosador, sobre todo en estas épocas. Él quiere vencer a esa soledad y dolor del que Frankie se aferra de manera, como literalmente se llega a decir, autodestructiva, puesto que tratamos con traumas y una psicología negativa que hay que vencer. Como Frankie tiene un trauma de volver a relacionarse con alguien, Johnny tiene que insistir, aun cayendo algo cargoso o chinche/antipático, ya que también es de hablar mucho, con algunas ínfulas de hombre común que ha aprendido cierta cultura, pero, claro, ahí tenemos esa frase cliché o pop americana, perdonarás mi francés (mis aires). Johnny también es un tipo irónico, en un momento dice muy inteligente que él bromea pero al mismo tiempo dice la verdad. Todo esto habla de la genialidad de la obra origen, Frankie and Johnny en el claro de luna, y de McNally, aunque en la obra dramatúrgica la mesera Frankie y el galán ex carcelario Johnny parecen inspirarse en los personajes reales de Raymond Fernández y Martha Beck, aunque sin homicidios de por medio sobre mujeres desesperadas y bajo una segunda oportunidad. El filme también es imperfecto porque es algo machacón en conjunto -en medio de cierta profundidad también- con la idea de quedarse solo y roto por dentro, en el corazón, como cuando Johnny dice conocer el feeling de una anciana mesera muerta en esas circunstancias cuando visita su velorio y plantea, salido de la chistera, un coherente argumento de empatía sobre la humanidad y el prójimo en general, aludiendo a su propia madre y a muchos, no solo en EEUU, si bien es el primer lugar de identificación. Tenemos a una nueva Frankie para la historia del cine, pero aunque Michelle Pfeiffer es una mujer realmente hermosa, sex symbol de su época -los 80s y los 90s-, de la que confieso que es una de las mujeres que físicamente y por sus movimientos -sumando sus roles y talento- me han encantado más del cine americano, aun cuando como todo latino nos suelen gustar por lo general voluminosas, protuberantes, bien curvilíneas (pero teniendo presente que la belleza de la mujer es bastante variada), como en Batman returns (1992) consigue ser memorable con esa sugerente expresión como de sufrimiento en estado precario (como si estuviera a pocos minutos de enloquecer), azuzando cierto descuido y desorden en su multifacético rostro tras su notable expresividad corporal, donde un guiño, su sonrisa, dicen mucho. Ella queda perfecta en el papel sosteniendo de la mano de McNally y Marshall esa dimensión de respeto, humanidad e inteligencia que muchas veces no le dan a las meseras en las historias e incluso la vida misma o ellas mismas todas no se prodigan. De ésta manera lo hace esa maravilla de comedia romántica, top, que es As good as it gets (1997), si bien por allá se roba el show Jack Nicholson y su personaje. 

jueves, 6 de abril de 2023

Crónica de un amor efímero

Ésta película francesa le pertenece al galo Emmanuel Mouret, un director celebrado actualmente aunque aun no demasiado popular. Es una película clásica del cine francés, sobre parejas y sexo, desde un hombre casado llamado Simon (Vincent Macaigne) que tiene una aventura con una mujer y madre soltera llamada Charlotte (Sandrine Kiberlain). Simon es muy educado y suave en su trato, incluso parece algo tímido, si bien hace cosas, engaña muy orondo a su mujer, a quien jamás veremos. Charlotte es muy liberal y acepta que se trata de una aventura netamente sexual, no le exige nada a Simon. Esto curiosamente se desmentirá después, pues en el fondo Charlotte querrá lo que todas/os, cuando conozca demasiado bien a Simon. Simon parece muy bueno, pero como todos sabemos, no siempre lo somos o no nos damos cuenta del todo. Charlotte es una mujer culta pero al mismo tiempo es muy práctica, es de trato muy simple. El filme dice gustarle mucho el sexo y hablar, hablar mucho, y eso justamente hace el filme, en locaciones austeras, tal cual la vida ordinaria, pero vista desde la naturalidad de la infidelidad. El filme se forma de los tantos encuentros entre Charlotte y Simon, y hay novedad aun en la simplicidad de la propuesta. Aunque el filme se trata de un hombre casado y su amante, entre ellos se forma un vinculo sólido y se plasman escenas románticas. Pueden parecer útiles al uso más que fuente de verdadera arte, pero ayudan a dejar clara la idea del enamoramiento. Pero para ello Simon debe dar el gran paso; la obra propone, de eso va, aceptar ese trance de amante a amor de uno. Luego el filme se pone mas liberal, con un trio y la inclusión de la homosexualidad, pero siempre mantiene una especie de sofisticación y mucho cuidado en como nos muestra ésta liberalidad tan francesa, tan europea, tan moderna y también medio en boga. El último minuto del filme puede parecer relajado o típico cierre en medio de un salto de comicidad, en una propuesta que lleva siempre ratos sutiles de ironía, pero a la vez ese último minuto -que es visto por la cámara a la distancia- es de suma genialidad, salvando del melodrama complaciente, fácil y superficial al filme. No obstante esa nueva y sorpresiva relación, ese múltiple autodescubrimiento, representa ser una cachetada a dar todo por hecho, a la pasividad, a la modorra, a la falta de obligaciones. También toda ésta liberalidad y ultra modernidad en una comedia romántica con visualidad soft le otorga a la película de Mouret su cuota de originalidad, su valía y no ser una más del montón detrás de Bergman (el más complejo y profundo de los autores de filmes sobre relaciones afectivas), Rohmer, el mejor Woody Allen o, el maestro de las pequeñas pero ingeniosas variaciones de su mismo microcosmos, Hong Sang-soo. Ese último minuto deja bien cimentada la tesis de Mouret; es decir, el amor rompe toda barrera, cualquier limitación, por denominarlo poéticamente (y ya uno ve también a donde apunta o qué defiende o porqué pelea), y no bajo un filme para nada malo, pero medio molesto como Historia de un matrimonio (2019) que fácilmente podría ser la otra cara que completa la imagen o moneda. Curiosamente, por una parte, aquí la mujer de Simon, que es invisible o inexistente (lo cual ayuda a manejar mejor la frescura de la propuesta), parece ser una persona tan dócil y confiada que prácticamente podemos creer que vive en la rutina y la indiferencia, cosa que por otro lado no es actualmente la interesante Charlotte, que es además por lo general muy complaciente, aunque hay ratos, como a través de esos excelentes bien usados zoom in, que ella parece tener carácter fuerte (como toda mujer mayor), aunque todavía maneja su paciencia. Pero es ir un poco por otros rumbos más elípticos y obviar la efervescencia y travesura y goce que representa Crónica de un amor efímero y la entretenida interacción de su aventura romántica extramatrimonial (donde se habla de sexo, pero se vive, se ve, el amor). Otro dato para pensar es que Sandrine Kiberlain tiene 54 años en la vida real durante ésta película, en la trama no se menciona su edad, pero se dice que tiene un hijo casi en los 20 años, y se le ve muy bien en todo sentido, mientras Vincent Macaigne tiene 44 en la vida real. En el filme no sé piensa del todo en ello -en la diferencia de edad en una relación de personas adultas de mediana edad a los 3/4 de la existencia promedio- que hasta pasan años de su aventura en la historia que nos cuenta Mouret. Una ironía no sé si voluntaria (quizá harto sutil), o involuntaria, es cuando Simon le dice a Charlotte, lamentándose de los sucesos, que debieron invitar a un hombre y no a una mujer a su trio. El filme a ratos, de tanto relajo que muestra, aunque sexualmente (en ideas de ello) es bien europea, te hace pensar en la comedia romántica americana donde hay un manejo maestro de la inocencia.

martes, 31 de enero de 2023

Sundance 2023: Still y The Pod Generation


Still

Documental dirigido por David Guggenheim sobre la vida de Michael J. Fox, actor muy querido y que ha dado una saga de películas que todo el mundo adora como Volver al Futuro. Michael habla en primera persona, el filme pasa por su tamiz y nunca deja de ser interesante y al mismo tiempo atrapante. Conocemos como empezó hasta volverse muy famoso. Como siempre en todos con un comienzo que generaba muchas dudas sobre el futuro, sobre poder hacer una carrera como actor. Luego su esfuerzo -muy bien descrito en lo que nos cuenta específicamente de trabajar mucho y dormir poco- y entrar en una serie, Lazos familiares (1982-1989), y poder mostrar su talento cómico y un carisma como pocos, lo convirtieron en alguien valorado y pronto llegó el hito en su carrera, igualmente sin vislumbrar inicialmente lo que lograría con ello. Se pasa revista perfectamente resumido a su crecimiento como actor y un poco a su familia de origen; luego a la que formaría, con la que vemos compartir pero muy sencillamente. Esto se lleva con su actualidad, su enfermedad, el parkinson, donde vemos que se ahonda mucho más. Se le describe de pies a cabeza a través de su padecimiento y como está ahora. Queda precisa la frase que dice: No soy patético, ¡soy fuerte!, al poco rato que lo hemos observado caminar y caer al piso, cuando suele romperse muchos huesos. En lugar de verlo sufrir lo vemos optimista y positivo, aunque se diga mucho sutilmente y entendiendo que el dolor está siempre cerca por su enfermedad, una incurable y cada vez más ruda. El filme así mismo nos muestra, sutilmente, muchos miedos, y como Michael los ha abordado y los aborda como especie de retos (aunque lógicamente negándolos un poco en primera instancia), tal cual señala lo que lo define, esa fuerza que lo ha empujado a distinguirse. Es un filme que muestra, pero hasta cierto punto; deja ver las cosas, pero con un cierto manejo, cuidado. Presenciamos el peso de la personalidad exitosa con el sufrimiento de la enfermedad demasiado destructora, como dos fuerzas opuestas chocando violentamente, y surge justamente ésta persona que vemos hoy en día, el pasado pegado con el presente, aunque, claro está, es una persona de edad y experiencia y que en conjunto y ante algo tan doloroso y destructor viene a profundizar más, tal como valorar más el amor y lo mundano. Es un documental que otorga una segunda vida a Michael, como él se ve, como alguien fuerte; argumenta muy bien a ese respecto, y hace que el parkinson, como el propio Michael dice, pierda un poco frente a una personalidad arrolladora (expresando que aun es él), generando fuerza a otros, identificación. No solo pensemos en alguien privilegiado, que por lo mismo pudo estar devastado, sino alguien que propone verdadera empatía y que ayuda directamente -con donaciones a mayores investigaciones o difusión como vocero- a pelear una gran batalla. 


The pod generation 

Éste es un filme sencillo, diáfano, pero al mismo tiempo inteligente. Tiene una auscultación de la vida muy interesante, sobre la generación actual que prefiere lo artificial que lo natural. Propone una critica al feminismo que ataca o desvirtúa la belleza y el vinculo de la maternidad, pero en la propuesta desde una cierta ciencia ficción (aunque todo está bastante identificable), a través de un especie de huevo o incubadora artificial para tenerlo ahí al niño por venir los 9 meses del embarazo que hace que la madre no tenga que cargar con el bebé en la barriga. Éste feminismo de hoy en día hace que la madre prefiera desarrollarse profesionalmente, ponerlo de prioridad, y querer evitar la maternidad, o dejarla bastante relegada, perdiendo en el filme -y transportándolo a lo general- a través de la ciencia ficción parte importante del proceso que define mucho a la humanidad, y no solo a la madre, sino también al padre, pero el enfoque de la directora, de Sophie Barthes, es hacia la madre, hacia la mujer, sobre todo. Ésta madre protagonista la interpreta Emilia Clarke y tiene tremenda expresividad, así mismo quien hace de su marido, Chiwetel Ejiofor. Rachel (la muy simpática Emilia Clarke) empieza dentro de éste feminismo actual del profesional sobre cualquier cosa humana, del artificio sobre lo natural -que es también metafórico- y lentamente el amor hacia su bebé aflora y quiere estrechar el vinculo, en el filme volver a lo natural, y es como ir contra la corriente y así contra esa actualidad que quiere obviar cosas que no deberían de menguar ni minimizarse ni lógicamente se pueden perder. No se trata de que la mujer no pueda ejercer el éxito profesional, pero tener un hijo es algo muy esencial, muy humano y más trascendente de lo que nos quieren hacer creer hoy en día. Es decisión de cada mujer escoger, o la maternidad y dejar en segundo plano lo profesional o al contrario (aunque yo me ubico más en lo primero), o ir compaginando con el tiempo ambas, pero en demasía el feminismo actualmente quiere imponer -como antes las convenciones- una sola mirada, una sola corrección política, producto de ese feminismo ubicuo de este presente que vivimos, y en el filme se amplia con la imaginación pero siempre cerca a la realidad, se ve perfectamente el tema. Esto del huevo se ve prometedor, y hay que decirlo, se percibe como algo que seguramente se inventará, una incubadora más moderna, pero genera una distancia, aunque evita dolores y molestias, pero ser madre también es esto, el amor va pegado a cierto dolor o molestia, así igualmente es la vida también, aunque muchas veces sea complicado de entenderlo. Rachel sueña literalmente con esa cercanía y hasta se maravilla de ver a una mujer embarazada tradicionalmente. Ahí tenemos ese terapista electrónico del gran ojo esotérico que simboliza esa frialdad con la que muchas veces se ve lo humano y lo psicológico, esa desvirtuación de muchas cosas que son tan bellas e importantes. 

jueves, 12 de enero de 2023

Mauvaise graine


Mauvaise graine (1934), es el debut como director del legendario Billy Wilder, codirigido con el húngaro Alexander Esway. Es una película francesa que mezcla noir con el espíritu campechano y alegre de la comedia romántica. Tiene 2 persecuciones en auto que son bastante buenas; pensemos que estamos en los años 30s. Las tomas de las persecuciones y la acción de la velocidad se dejan ver bastante bien, aun cuando los autos se mueven en línea -fila india- hasta el final, hasta simplemente detenerse en cierto orden en la primera persecución y en la segunda desembocar en el agua. En las persecuciones no hay impactos de auto, no hay rebases, ni pugna entre carrocerías, frenos estridentes ni nada de ello, pero no obstante lucen las persecuciones intensas, manejan buena tensión y poseen ingenio aun desde cierta sencillez formal. El filme nos muestra al hijo de un doctor, de un hombre de dinero, a un muchacho llamado Henri (Pierre Mignand), que está un poco descarriado y cuando su padre le quita su auto termina robando uno, todo para ir a ver a una chica. El hurto es propio de la rebeldía juvenil, pues el muchacho no es ningún matón o pandillero, es alguien bastante simple, punto de empatía natural aunque queda en mucho en lo funcional, pero éste filme adolece de algunas cosas que la experiencia completarían. A Wilder le faltarían solamente 10 años más para mostrar que su cine era especial. Aun así éste filme posee su encanto. No obstante hay cosas que pasan por muy anodinas, le falta espectáculo, le falta ponerle mítica gangsteril. La propuesta tiene la curiosidad de poner al mejor amigo de Henri como un chico con una obsesión medio TOC o cleptómana con las corbatas, que tiene audacia cuando pone en peligro a sus amigos, que pertenecen a una pandilla que roba autos, mecánicos que los transforman y los vuelven a vender. El jefe del grupo parece un matón de poca monta, lo cual es coherente con todo el producto, tiene un aire de cine austero si se quiere; no cine B porque no está plagado de defectos técnicos o exagerados en su narrativa, pero es de una cierta humildad creativa, si bien tiene sus ratos decentes estéticos. El momento donde la pareja protagonista yace en el camión con heno con un hermoso panorama de fondo, cuando Henri finalmente ha hallado a su otra mitad, interpretada por la famosa actriz francesa Danielle Darrieux que por entonces contaba con 17 años de edad y ya 3 años de actuación profesional, es una notable escena romántica. Más que un noir propiamente, parece más un drama light, el dilema de ser joven y poder hallarse en otra persona y de ahí poner empeño en salir adelante. 

domingo, 20 de noviembre de 2022

Enamorada


Enamorada (1946), de Emilio "El Indio" Fernández, es una gran película, se puede decir que es una comedia romántica, a la mexicana, con la revolución mexicana de contexto y un general revolucionario, José Juan Reyes (Pedro Armendáriz), perdidamente enamorado de la hija de un aristócrata, de Beatriz Peñafiel (María Félix). José Juan es muy idealista y un revolucionario de pura cepa, además tiene de intelectual, es un tipo muy inteligente y muy justo, pero tampoco le tiembla la mano para fusilar a los enemigos de su revolución y enaltecer su ideología de justicia e igualdad social, pero una muchacha de porte, carácter y vanidad que lo rechaza y le tiene ojeriza lo pondrá en jaque con no poder conquistarla y padecer sus terribles desplantes que juegan a la broma de los golpes y las caídas, como con los fuegos artificiales. Éste general revolucionario domina un pueblo, empieza a ejercer su deber con su puesto y de pronto conoce a Beatriz que no le teme en absoluto y más bien lo reta constantemente, aun cuando José Juan le perdona la vida a su padre que también es altanero con los revolucionarios. Hay momentos donde José Juan define muy bien su lucha, como con el uso de la pintura y los reyes magos. En cierta circunstancia José Juan pierde la paciencia y la abofetea a ella y al mismo tiempo golpea al cura del pueblo, que es un viejo amigo suyo, también muy inteligente e idealista, al padre Rafael (Fernando Fernández). Pero esto lo lleva a redimirse más adelante y mostrar su calidad como ser humano en todo sentido, aun cuando él representa el poder absoluto y ésta aguantando a gente contraria a su revolución, pero así mismo el enamoramiento que plantea tiene que hacer que Beatriz aprenda a convivir con su ideología y ese es otro reto, aparte del carácter díscolo de ella y su ira natural hacia él. El filme es astuto y creíble, aun cuando el escenario de enamoramiento luce propio de la ficción y la libertad creativa, de la comedia romántica. Es una propuesta que diluye un poco lo revolucionario y da más cabida a la interacción del enamoramiento "imposible", que es el juego de éste subgénero, poner siempre las cosas complicadas. Ciertamente el general desde su humildad las tiene muy difícil, pero ese es el encanto de la propuesta. El Indio no sataniza ni a los revolucionarios ni a los aristócratas, si bien presenta una versión light de los revolucionarios (y es ahí donde se posa más). De la misma forma exhibe a un líder ideal, a alguien excepcional, en el general José Juan, pero digamos que se pone en el punto medio donde Beatriz, la representación de la élite, debe trabar conexión favorable con la revolución y un nuevo mañana para el país. No se irá a fusilar a todos los ricos, como reza el original estribillo revolucionario. La intervención con el cura también es bastante buena, hace de entrada que el general sea más suave y ya con Beatriz se humaniza bastante. Los soldados de José Juan lo entienden y lo respetan, lo admiran, y nunca hay descontento en el grupo, por lo que se mantiene una imagen de unidad detrás de cada acción del general enamorado, aun cuando puede parecer algo risible frente a la mujer que lo humilla, lo rechaza, pero en tono fresco y jocoso. La guerra queda bajo el concepto del amor como prioridad y ese es el talento del Indio, hacer la temática de la revolución muy accesible, aunque infaltablemente con un velo de cierta fantasía, donde hay rudeza notable también, como con el subalterno bien mexicano que hace el talentoso Miguel Inclán, y el mismo Pedro Armendáriz que es de mente abierta, pero también un tipo fiero. Esa ceja levantada en él es toda una expresión de estar pensando ir a la yugular, pero dentro de un ser racional, contenido, pero con fuerza interna. El filme manejará melancolía, propio del romance negado, y habrá gran maestría en todo el soltar del objeto amado. Pensemos que Beatriz se va a casar, con un gringo, aunque luce poca competencia en realidad, y su intervención es muy de quehacer ligero, que incluso pregunta tranquilo si el matrimonio está todavía en pie frente a saber de la pasión que siente el general, pero el meollo es la posición férrea de la dama, donde entra a tallar la canción "La Malagueña" que es muy precisa en lo que dice y es muy representativa con lo mexicano, con los mariachis y cantar de noche a la dama amada, hacia su balcón, despertándola en varios sentidos. 

domingo, 13 de noviembre de 2022

María Candelaria (Xochimilco)


Perteneciente a la época de oro del cine mexicano y a uno de los más grandes directores de cine que ha tenido México, Emilio "El Indio" Fernández. Tiene a la famosa actriz mexicana Dolores del Rio como musa de Fernández, como María Candelaria, representación de la máxima belleza indígena y la mayor representante femenina de su país. Al mismo tiempo es representación de la belleza en general, como objeto de estudio. María Candelaria carga un estigma familiar, a su madre la mató todo el pueblo en que vive, en la demarcación de la capital mexicana de Xochimilco, por mujer pecadora, por mujer fácil, por mujer traidora a su gente y a su honra y costumbres, teniendo a la religión católica como muy pegada y dominante a su folclore y tradición. El pueblo estima mucho su honra y devoción religiosa, aun cuando paradójicamente ajustician a los pecadores. Como María es martirizada por su estigma se desprende una critica al fanatismo religioso y a la belleza emparentada con la vida lujuriosa y fácil lo cual es en gran parte injusto y arbitrario. La lujuria depende de los individuos, no de su belleza o la atracción que generan intrínsecamente, ni siquiera producto de su sensualidad natural, y María es una mujer muy honrada, muy tranquila, cero lujuriosa, muy humilde, pero tiene ese estigma familiar encima, que también se lee como envidia, celos de que los hombres la deseen y en especial que el tipo más prometedor del pueblo, Lorenzo Rafael (Pedro Armendáriz), se haya vuelto su pareja; y él también por ello tiene el rechazo de su gente. María sólo cuenta con Lorenzo, las mujeres la vigilan, no la dejan ni vender sus flores, todo esto acarrea infelicidad y pobreza, aun cuando la pareja es el ideal romántico entre ellos. Encima, el patrón del pueblo, un cowboy mexicano, un criollo, un terrateniente y dueño de casi todo en la zona deseaba, como todos, a María y como ella eligió a Lorenzo, él lo detesta y también quiere castigarlo(s) con su poder y dinero. Los actos de hombría, machismo, hasta salvajismo, y posesión sobre las mujeres que ejemplifica el patrón son otra muestra de la genialidad de ésta obra. Es un melodrama en toda majestuosidad, dentro del mundo indígena, tratado por Fernández con una delicadeza, belleza y sabiduría práctica y atrapante que es sumamente notable. Cuántos en Perú, país que se parece -aunque no somos iguales- al México indígena, quisieran tener la maestría para hacer cine del Indio Fernández. No solo tratar con lo indígena, sino hacerlo en el nivel de arte que él tiene en ese trayecto, y lo hace desde un cine amable y entretenido, y al mismo tiempo interesante. Lo indígena pasa por el uso de especie de canoas, vemos de ello mucho transporte en el río, incluso la pareja protagonista se ama a la luz de la luna en una escena hermosa llena de sentimiento. Hay mucho melodrama -asoma la enfermedad y la muerte, la desesperación- pero también mucho amor. Participamos de escenas de amor que calan tremendamente. Así mismo, tenemos en el mismo level de gloria escenas de melancolía, como cuando Lorenzo toca la flauta o va a la iglesia a pedirle paz a Dios. Se exhibe mucha interacción con la religión en distintos niveles. En un momento, en plena iglesia, María se molesta con la Virgen y enseguida emotiva le pide perdón, se da comprensión hacia la crueldad y el silencio de Dios. Éste es un filme triste, finalmente pasivo, y al mismo tiempo impone leyenda romántica, propone la redención al conocer la fatalidad y la injusticia de la historia que nos cuentan, guiada por un pintor que rompe con el lugar común y presenta una relación original con la historia. Aun cuando lo criollo puede ser brutal, con Don Damian (un talentoso y que se ve bien mexicano, Miguel Inclán), el patrón del pueblo; el pintor implica torpeza y no maldad, y se presenta un cierto halo de perdón en general o no se quiere meter a todos en la bolsa. El Indio Fernández luce sabio, luce muy enaltecedor de lo indígena, con un talento gigante en su retrato. Muestra también al pueblo como castigador, como cruel, pero dentro de cierta exageración de devoción, es decir pretender el bien -para la comunidad- pero que se halla equivocado. Siempre es notable ver matices en la humanidad, en colectividad no faltan, es parte de retratar con realismo, es difícil que el mal no exista de cierta manera en toda comunidad, así sea como advertencia o como tentación. Lo indígena también enfrenta la propia crueldad, y esa es la lección de la vida de María, un aprendizaje colectivo, porque aun ahí se ve que el cura también tiene culpa -su palabra tiene fuerza y respalda- y tiene de errado, aun cuando parece pura bondad, porque justifica la muerte de la madre de María y el proceder del pueblo. Todo esto tiene un lado muy campechano y también curioso, porque hoy en día puede leerse como políticamente incorrecto, pero es un buen retrato de nuestra imperfección natural y una gran ilustración del pueblo. La belleza como estigma de una mujer honrada, envidiada su hermosura por las demás mujeres, aunque aludiendo a la madre, como pretexto, es, sin duda, algo original de ver, o más pegado a lo clásico. Qué tal manera de auscultar la humanidad que tiene El Indio Fernández que también es guionista de sus filmes, dentro de una propuesta que está plagada de escenas maravillosas. La secuencia de la persecución del final no solo es impresionante visualmente sino inaudita, terrorífica a su modo, para cerrar éste melodrama maestro. 

lunes, 7 de marzo de 2022

Los asesinos de la luna de miel


Aunque parezca curioso decirlo, porque éste es un filme de crímenes, de asesinos en serie, también es de romance y de amor, pero uno perverso. Los asesinos en serie de éste filme en verdad existieron y lo que veremos es justamente lo que hicieron y cómo fueron. Estos asesinos eran pareja, Marta Beck (Shirley Stoler) y Ray Fernandez (Tony Lo Bianco). Marta era una mujer gruesa y Ray sufría de cierta calvicie. Estos pequeños defectos se manejan sutilmente, no se exageran, pero están ahí como subtexto. Ray era de ascendencia española y había adoptado en la vida una posición de seductor, aunque seducía mujeres desesperadas por amor (y por casarse), mujeres mayores, viudas o solteronas; era un estafador, buscaba robarles el dinero. Marta era también una mujer desesperada; aquí en éste filme se tergiversa un poco sobre ella, no se habla de sus ex maridos e hijos. Marta por medio de su mejor amiga, interpretada por Doris Roberts, la recordada madre de Raymond de la popular serie Everybody loves Raymond, en un papel breve, la pone en unas citas del periódico y así llega Ray a su vida. Marta es enfermera y vive con su madre. No se trabaja mucho éste flechazo tan radical, pero el estafador Ray se enamora perdidamente de Marta, aunque le mentirá muchas veces y la manipulará  hasta el cansancio con el amor apasionado y ciego que sentirá ella por él, de quien se dice que en la vida real lo veía similar físicamente a Charles Boyer. Ray aun es un pequeño estafador, cuando conoce a una de pocas pulgas Marta. Juntos será un cataclismo, movilizado en mucho por los celos de ella al verlo tener relaciones con sus nuevas esposas a estafar. Entonces iban por el pedigrí de Ray, embaucar mujeres mayores, yendo hacia el horror, que incluye a un menor y un martillo. Tres mujeres sufrirán de su crueldad, donde participan algunas actuaciones levemente cómicas de tres actrices que no eran luminarias de la actuación pero otorgan personalidad al filme, que tiene un toque de terror en los asesinatos, hay suspenso y se siente incomodidad en algunos ratos. Tiene de retrato duro que puede sentirse paliado con cierta exageración en el morir como quedar con la lengua afuera -que llega a verse moverse un poquito después de la muerte- o con pegar alaridos y en un obvio nerviosismo mostrar excusas tontas en medio del miedo de saberse en peligro de muerte. Las tres actrices tienen acentos marcados -parecen del sur- y una llaneza que puede mostrar la despreocupación de la personalidad que otorga la edad, dígase en franco ligera vulgaridad, pero que juega con cierta comicidad, aunada a un relajo de cine B. La interacción con éstas mujeres dan pie a un filme con personalidad propia, manejan encanto cinematográfico y varias emociones encontradas, miedo con algo de ligereza. Suma bastante lo que hacen las tres actrices noveles. Mary Jane Higby, que en su personaje es solo aparentemente sagaz, pero muy rica en su escenificación, es la mejor de las tres; Marilyn Chris hace otra actuación muy curiosa, y fue la única de las tres que llegó a hacer carrera en el cine aunque sencilla; y por último tenemos a Kip McArdle. La pareja protagonista, tanto Tony Lo Bianco como Shirley Stoler hicieron carrera profesional como actores (Tony sigue vivo y está activo), y aunque no fueron estrellas -no obstante el presente filme es de culto- fueron participes de la gloria de algunos filmes celebres en donde participaron de secundarios. En el filme hay mucha (buena) actuación, Ray fuma cigarrillos sofisticados, Marta come abundantes trufas de chocolate arrojada en la cama. Mientras estafan se dan tiempo para tener sexo, son bien activos en el asunto, si bien todo muy cuidado, muy clásico en ello. Hay escenas bien trabajadas, como la del ahogamiento, en fuera de campo y con la sugerencia del sonido, o cuando pegan de pícaros. Presenciamos enojos y emociones muy sentidas en Marta, ella es muy emotiva, aunque al mismo tiempo es muy cruel, por tratar de agradar a Ray a toda costa. Ella tenía igualmente un lado abiertamente desagradable, y Ray no quería enojar a su compinche, pero era también como un matrimonio y había amor, aunque en condiciones atípicas. Manejaban mucha tensión, aunque no eran gente común, eran gente tocada, muy extraña. Ray denota ciertamente amarla, hay muchas demostraciones en el filme -hasta leerle una carta de amor-, aunque a su modo. También como buen estafador luce simpático, dentro de su performance de galán latino, y necesitado, que puede dejar dudas de sus verdaderos sentimientos. No obstante ella era su doble perverso, sórdido, capaz de lo impensable, y él sentía que la controlaba -al monstruo en el espejo-, había poder ahí y completarse. En ella era sentirse correspondida, a pesar de todo, la lógica incluida; hay muchos ratos que él parece más débil y ella más salvaje, más inconsciente. No se puede negar que había un romance y eso lo hace un cine algo extraño -es sin duda un filme outsider- y a la vez atractivo como arte, así como fue un romance con la corrupción, fueron dos ratas que se complementaron. Es una obra llevada al desembarazo de lo suntuoso -más que verlo como imperfección-, es un filme descarnado en buena parte, pero virtuoso y con personalidad. Es el único filme que dirigió Leonard Kastle y además guionizó y esto le bastó para entrar al panteón de la inmortalidad. 

lunes, 28 de febrero de 2022

Licorice Pizza


Paul Thomas Anderson no es un director fácil, del todo complaciente. Tiene un cine amable en gran parte sí es cierto, pero no convencional. Siempre presenta algunos elementos extraños, pero desde cierta discreción, aunque también puede ser intenso. Puede que muchos no lo noten así. Lo suyo es cine arte con personalidad, aunque sacrifica agradar por completo. Es un director que no es pop convencional, pero tiene de pop y de muy americano. Éste es un retrato de gente joven creciendo, anclado a lugares comunes americanos, pero desde la memoria y biografía de un Paul Thomas Anderson que tiene de tipo curioso, medio especial también. Su cine es sensible, humano, pero con su distinción; es así que mezcla lugar empático con un lugar más de personalidad tradicional y quizá menos atractivo para mucha gente. Plasma empatía general (de hoy en día), como cuando pone el ejemplo del novio gay maltrato por el político, para hacer reflexionar a la protagonista, Alana (Alana Haim), de cómo se viene comportando con Gary (Cooper Hoffman), que es todo el metraje que veremos -aunque hay una justificación-; y algo personal, como con ese despelote en la cena con la familia de Alana -que es la verdadera familia de Haim- y ese novio haciendo de judío original, hippies los llamarían algunos. Ahí queda claro que ser judío es irrenunciable, cójase la religión. Esto puede sonar autoritario, pero esto se percibe como una opinión, aunque también quizá propio de cierta extravagancia artística. El filme es una comedia romántica, con un chico de 15 años lleno de encanto, emprendimiento y atrevimiento, pero desde un chico simpático por personalidad (más común físicamente), pero que puede mostrar imperfección, persiguiendo a una chica de 25 -llena de personalidad; su belleza atípica es secundaria- que lo rechaza por menor de edad, pero que entiende que éste chico le gusta e intuye que él es esa otra mitad de su vida, pero no se puede permitir aceptarlo del todo. Gary no se hace problemas, sufre un poco, pero sigue adelante, aunque no deja nunca de estar cerca de Alana. Los emprendimientos y afinidades los mantienen unidos, como con el trabajo de las camas de agua, que tiene un quehacer cinematográfico sólido trabajando diferentes formas del erotismo, hasta la ironía con ello. Es notable la actuación sensual pero cuidada de una joven morena vendedora de las camas de agua. También es curioso ver al papá de Leonardo DiCaprio haciendo del dueño de ésta empresa de camas, pero George DiCaprio también tiene de showman, en éste su debut como actor, debut también de la pareja protagonista, pero que llevan la actuación en la sangre. Cooper porque es el hijo del querido Philip Seymour Hoffman y Alana porque desde muy joven pertenece a una banda de música compuesta por ella y sus dos hermanas. El filme posee recuerdos curiosos si se quiere, refiriéndome a las aventuras de la pareja. Uno de éstos es cuando vandalizan un auto y se acaba la gasolina del camión de delivery de las camas que manejan y en retroceso peligroso buscan escapar. Hay dos personajes secundarios muy atractivos en particular en el filme. Uno lo interpreta Sean Penn, a quien se le puede criticar de todo, menos de no tener talento como actor; hace un papel breve inspirado en William Holden, un hombre de acción, y llena esos zapatos completamente, cuando no parece fácil. Éste produce una escena romántica donde Gary corre a recoger a su amada -en su mente no hay más ahí que ella-, gesto sano que jamás pasará de época. Correr en ésta propuesta es objeto de transición, de crecimiento. El otro personaje curioso lo interpreta Bradley Cooper como Jon Peters; en la vida real, peluquero convertido en productor y pareja de Barbra Streisand de quien aprendió; en el filme es un mujeriego y tipo violento y medio loco. 

sábado, 19 de febrero de 2022

Vértigo

Éste filme es de los más populares y celebrados oficialmente del séptimo arte. Muchos lo consideran, antes más quizá, el filme número 1 de todo el cine. Hitchcock fue un director de muchas obras maestras, pero éste filme suelen destacarlo en particular, adaptación de una novela negra del francés Pierre Boileau. Es una propuesta que puede leerse como relato de terror, pero a media hora de terminar se define como cine negro por la puerta grande o con alevosía, una historia de crimen. Es un thriller psicológico, juega con la locura al tiempo que es una historia de fantasmas, de posesiones e inducción al suicidio. Finalmente todo queda como un plan perfecto, el asesinato perfecto. Es una historia de amor también, muchos la ven como de necrofilia o atraviesa esto sutilmente como perversa fantasía sexual. El protagonista, John Ferguson (el legendario James Stewart), se enamora con pasión, con furia, convencido de haber hallado a su otra mitad. A él no le importa meterse con una mujer casada, ni pareja de alguien de confianza, la necrofilia tampoco parece asustarle, lo suyo es obsesivo. Es un filme que puede leerse un poquitín machista, haciendo de una mujer semejante a otra (copiándola), ideal en la mente de John, pero también es su subconsciente que está buscando respuestas y curas, como a su fobia con la altura que va de la mano con la propia locura tras el sentido de culpa y debilidad de no poder haber salvado al objeto de amor absoluto, se trata entonces de una reconstrucción del alma. Es así que todo conduce a recrear el momento clave de la historia. Puede leerse que esto implica cierta perversidad, pero también es una investigación trunca que un detective por naturaleza -frustrado en ese ámbito también- está administrando cerrar. Todo pasa porque John, alias Scottie, halle la luz, su tranquilidad profesional y su sanación emocional. Aunque se plantea un accidente, y también un final rápido y de efecto a lo Hitch, se entiende tener cerca recurrentemente a una mala mujer, un asunto que va en varias sub-tramas, si bien alguna por meterse con criminales habiendo elipsis al respecto. Así mismo la mujer española parece haber sido infiel, denota otro juego de espejos. Tenemos entre manos una trama que hace uso del doble, del que no puede despegarse de la imagen preconcebida, quiere decir que hay un destino que no suelta a ésta mujer que interpreta Kim Novak, un objeto de adoración, pero también maldito, aun cuando hay belleza y un aura de sofisticación y actos de bondad y sensibilidad de su parte. No obstante no falta cierta vulgaridad, como deja ver el aspecto en cierta manera de Judy, mientras lo español puede que juegue con el cliché de lujuria. Así mismo Scottie es un tipo destinado a sufrir. El crimen parece pagar. Paradójicamente amar se siente como un error que deviene en fatalidad. Es el mal el que hace de las suyas, como buen cuento de terror, aunque no pueden o no suelen faltar las soluciones. La mujer perfecta en el relato es la amiga, Marjorie, pero es Madeleine y la española las escogidas y con ellas la tragedia. Es la eterna elección de las pasiones, por lo que uno cree aburrido o más convencional, también parte clásica del noir y de la novela en general, la atracción por el pecado. Pertenece a la obra romántica, de aire gótico, aunque se ubica en lo urbano, frente al imponente puente Golden Gate. Como crimen perfecto se oye algo fantástico, pero finalmente suena aceptable. Dicho desde una lectura sencilla, hacer películas se puede decir, tomando específicamente de parámetro ésta película, es meterle literalmente rollo, un poquito de poesía -mucha amabilidad- y otro de mítica -trabajar detalles como la forma de llevar el cabello-. Es así que Hitch propone el éxito con un estilo comercial-exagerado (a su manera), con ideas ligeras, cine de masas pues, aunque los académicos fieles al pensamiento de Truffaut lo tomaron más que en serio. Truffaut fue defensor del cine comercial por encima del cine intelectual, de donde se puede entender tanto respaldo por Vértigo (1958), a diferencia de Godard, que después de tocar el éxito éste dominaría su quehacer cinematográfico, sería el sentido de su cine. Godard, incluso, priorizaría la política por encima del cine (como arte) donde rompería con Truffaut y dejaría de hacer obras maestras como Alphaville (1965), donde justamente hace arte con mayúsculas, que contiene política, un logro mayor a todo lo demás suyo. Truffaut, en su visión, llamó a un cine, de qualité (o esnob), que no era tampoco radicalmente distinto al que apoyó, pero suena lógico lo que hizo, porque sus obras en general denotan cierta imperfección, si bien no llegan a casos graves. Lo denominó de qualité por hallarlo más cuadriculado, menos vitalista, quizá más formal, más cuidado, con más recursos. Dicho como un hecho, no le fue difícil imponerse. La reconstrucción física de la obsesión es rauda pero es parte del estilo del director de como cerraba muchas veces sus películas. Vértigo tiene una explicación llamémosle decente, aunque coquetea con lo ridículo, una explicación de esas impresionantes o espectaculares, cosa que ciertamente Hitchcock defendía de su cine, de manera abierta, de donde tuvo detractores inicialmente. Las caídas lucen realmente brutales, son terror del bueno, y curiosamente desde lo clásico, lo cuidado, lo delicado. Ésta propuesta es una buena historia de terror que se convierte en cine negro, psicología que gira hacia la practicidad, entretenimiento de nivel, popularidad a la vena, como era lo que hacia uno de los grandes directores del séptimo arte.

sábado, 5 de febrero de 2022

El velo pintado


Ésta obra no es una película de cinefilia hardcore, tampoco es una película espectacular de Hollywood, pero es una película apreciada y querida por cierto público, está bien valorada dentro de un público amplio y más que seguro especialmente romántico. En mí ocupa un lugar destacado si se quiere dentro de ese grupo de películas que se han marcado en mi memoria "temprana", en medio del proceso de la construcción de la propia cinefilia, aun cuando no es el tipo de película de la que uno suele usar para jactarse de entendido, encima es una de cariz sensible. Cuando la vi por primera vez fue por pura casualidad, sin saber de ella en absoluto, fue para pasar el rato y terminó agradándome mucho y hoy vengo a celebrar. La he vuelto a ver recientemente y sigue intacto el sentimiento hacia ésta; me sigue gustando y la sigo respetando. No pertenece a un director consagrado, es uno más bien discreto, pero en la presente luce muy competente, el americano John Curran, producida por la pareja protagonista, por Naomi Watts y Edward Norton. Se basa en la novela del célebre escritor británico W. Somerset Maugham y está escrita a comienzos de los 20s, donde se contextualiza el filme además. Maugham es de otra época y concepción, pero se puede ver en él una cierta mirada visionaria. Éste filme del 2006 tiene guion a cargo del americano Ron Nyswaner. El velo pintado propone una mejor humanidad, más completa. Se conjugan ideas feministas y se destierran pensamientos de colonialismo e imperialismo (británico). Conocer la trama es asistir a una venganza y castigo hacia una mujer, por ser infiel, por ser banal, por ser irreflexiva, por romper el corazón de una buena persona digamos, alguien que moría por uno, pero en seco también suena machista, apuntando al gran golpe que más allá de lo normal o de hoy en día -aunque igual, traición es traición- significaba una infidelidad para la época y como ésta mujer merecería siguiendo esa estela éste castigo; no suena ciertamente una típica historia romántica pero he ahí su ingenio porque de ésta manera trasciende.  La historia en sí intenta ser moderna y compleja, argumenta sobre ésta infidelidad, atribuye algo de culpa al marido, y aunque recriminable justifica de cierta manera ésta acción; lo hace con inteligencia, con coherencia. Kitty (Watts) admite humildemente haber sido vulgar, haber caído en un endiosamiento y sobredimensión, y ser apremiada a casarse por su familia, se ve también que antes era otra persona, ciertamente era una socialité. A pesar del castigo, éste viaje peligroso y tentador de muerte a una terrible epidemia de cólera, se llega a comprender que ha valido la pena, contra la noción natural de ello. Pero en éste castigo entra a tallar la superación personal, el autoconocimiento, el perdón, el conocer al otro, el dejar la noción de privilegio -colindante con el colonialismo y ver a los nacionalistas luchar por una nueva China-. Los nacionalistas son retratados dentro de cierta diversidad, no es mucho tampoco pero existe y es una virtud; el jefe de la policía es probo y coherente, aun enojado con los británicos, pero abierto a tratar el tema, mientras mucha gente -especialmente los jóvenes- son violentos, no controlan su fastidio, resentimiento y furia. Hay un trabajo de acercamiento entre Kitty y Walter (Norton) muy bueno, bien trabajado, que se siente verosímil, logrado, uno realmente cree que puede aflorar verdadero romance en la historia, ese amor prometido a la fe del silencioso y noble pero humano e imperfecto protagonista, aun cuando la presencia de Charlie Townsend (Liev Schreiber, curiosamente esposo ya de Watts) es una fuerte espina en cualquier corazón, pero he ahí la modernidad del relato. El sacrifico será mayor después, pero nuevamente aflorará tremenda madurez, un acto grande de perdón y un halo romántico auténtico -a pesar de cierta crueldad de ambas partes o, mejor, quizá por esto-, que hacen del filme muy recomendable en el ámbito de los filmes sensibles. La epidemia del cólera se vive por una parte como aventura y cierta tensión -también con una cuota de realismo, aunque bajo un toque clásico, cuidado-, dentro de un contexto curioso -China, no hoy, aquí se ve un poquitín exótica-, pero elaborado desde una notable "normalidad", inmerso en la naturalidad, notando que el filme sopla mucho como el viento, sin estridencia, sino manifiesta los sucesos con tranquilidad, hasta lo desagradable. Por todo es un filme valioso, no de los que se suelen celebrar como escritura intelectual, pero que bien amerita nuestro eclecticismo y memoria. 

miércoles, 24 de marzo de 2021

The souvenir


En un momento se dice en la película, en conversaciones entre universitarios que estudian cine y actores jóvenes, que la nueva ola francesa rompió con todo precedente e impuso la no reglas en hacer cine, es decir, en algo en especifico, que algo formal puede ser bastante contemporáneo, y tal cual es éste filme de la británica Joanna Hogg; es un filme por una parte bien inglés y por otra ultra moderno, que traducido sería, también, por otra parte, no muy inglés, muy libre y osado digamos, en cierto punto. La protagonista, Julie (Honor Swinton Byrne), tiene amigos de espíritu rebelde y frescos, y otros muy serios, muy ingleses. Ahí entra a tallar un nuevo novio, el que será el amor de su vida, aunque a ella se le ve medio superada y fría. Entra a tallar Anthony (Tom Burke), un tipo que parece muy formal, pero que no es lo que aparenta ser, aunque tiene tremendo ego y es algo sobrado, como él mismo dice hay que ser, en lugar de simplemente digno. La relación tiene grandes momentos, hay conversaciones muy inteligentes e interesantes. Hay sensualidad, sin exagerar, aun cuando Honor no es que sea una mujer muy erótica o sensual. La elección de la hija de Tilda Swinton, Honor, es muy acertada, tiene una sobriedad muy bien llevada, precisa en el papel. No es que sea una persona imponente, su personaje mismo en un momento dice ser una persona promedio, a lo que Anthony refuta y la llama una freak, alguien especial aunque a su modo, cosa que sería más un elogio aunque atípico. Así es Anthony, hay cierta perversión, astucia, en su hablar refinado. Pero él oculta una cierta esencia vulgar, donde arranca la tragedia y la historia de amor maldito. El filme tiene una dimensión más, que es que Julie prepara un filme (metacine), va a convertirse en directora de cine. Ésta parte agrega como va pensando su propuesta, desde el argumento, el sentimiento, las emociones, el interior, la profundidad, la verdad y el realismo de la película en ciernes, lo cual agrega una conceptualización interesante, bien expuesta dentro del conjunto. No es como suelen argüir algunos, o los que creen que es lo más interesante por antonomasia, interesados más en tecnicismos, en el aparato literal de construcción de una película, como tomas, ángulos, sonidos o luz por mencionar algunas cosas. Se expone la conceptualización de un filme de manera atractiva. Se piensa de cierta manera en la narrativa y suena bien. No es lo único para estudiar y analizar, pero se expone de gran valor en ésta propuesta, y muy bien. El detallismo es visto más como alma que como armazón. Igualmente es interesante cuando Anthony dice que le gusta la piel blanca de Julie, se suele pensar actualmente en el cine en todos menos en los caucásicos, y está bien por un lado, el resto han sido como menos tratados o relegados, pero debería haber espacio para absolutamente todos hoy en día, y no forzar tampoco el querer ser cool o muy moderno. En éste filme hay cabida para todos, pero como que es una historia íntima, de amor y tragedia, aun cuando se dice de cierto interés político y social como prioridad que en realidad se percibe muy secundario o hasta accesorio. Richard Ayoade, actor de color, tiene un pequeño gran papel, como el revelador de lo que se viene, del secreto de Anthony, y tiene de paso algunos comentarios audaces de cine. En el filme se dice que ser honesto y auténtico no es muy importante, que cualquiera puede serlo, no se dice mucho, pero ésta máxima aunque desde luego discutible, de la manera que se dice suena intrépido, así en la tanta llaneza y simplicidad, pero depende del ámbito. Por todo es un filme que a ratos se pone original -va y viene- y tiene su constante pequeña novedad, aun cuando la tragedia en sí no es tampoco de otro mundo, pero su recreación de esto al menos es más que decente. 

viernes, 11 de diciembre de 2020

Spring Blossom (Seize printemps)

 


El debut de Suzanne Lindon en la dirección es una película sobre el  primer amor, es una película que trata un tema muy conocido y bastante trabajado, y Lindon aunque no es tan original se distingue un poco por su sutilidad y delicadeza. Lo que más llama la atención del filme es que sus escenas de amor y hasta de sexualidad se realizan en el filme mediante danza clásica, mediante movimientos suaves, bellos, coordinados, pero sencillos, lo cual es un acierto completo, que le dan un toque intelectual a la propuesta que es una obra simpática y pequeña, muy bien realizada, sobre todo si vemos que Suzanne a los 20 ha hecho la película. Otra virtud, de la trama, es el retrato de los padres de la protagonista, que interpreta la misma Suzanne, como una muchachita de 16 años. El papá en especial se ve muy bien en el filme; por alguna extraña razón me hace pensar en Godard, aunque seguramente se inspira en Vincent Lindon. Los padres son retratados con amor, lucen muy relajados, muy contemporáneos en su comprensión de su hija. Suzanne ha hecho la película que toda jovencita quisiera hacer, ha logrado hacer lo que las chiquillas hacen por lo normal en diarios personales. El filme entra en materia bastante rápido, la delicadeza yace por todas partes, es un filme elegante. De haberse realizado el festival de Cannes 2020 esta película hubiera participado en su competencia principal, como se ha anunciado por los propios organizadores del festival de festivales. Suzanne es una promesa del cine francés, desde ahora ya se ve que tiene altas las miras y tiene la capacidad, desde lo íntimo y lo que la identifica.

miércoles, 4 de noviembre de 2020

Habit

 


Ésta es la película favorita de terror de la directora Karyn Kusama. Habit (1995) ganó el premio Someone to watch -Alguien a quien seguir- en 1997 en los Independent Spirit. No obstante no es una película muy conocida por muchos y es tremenda película, muy bien hecha, notable dentro del cine indie, el cine de terror y el cine de bajo presupuesto. La dirige, escribe el guión y es el protagonista Larry Fessenden, la produce él también, tiene una productora propia indie, Glass Eye Pix, productora que ha producido películas de Ti West y Kelly Reichardt. La propuesta versa sobre alcoholismo y vampirismo, se basa en una relación apasionada, un romance que va de la mano del vicio del alcohol, cosa que se maneja de cierta manera como un poco velado, aunque notamos que Sam (Larry Fessenden) como un neoyorquino cool para bebiendo y fumando, tiene también la particularidad que le falta un diente frontal y esto en lugar de quedar mal le otorga hasta personalidad como personaje y a su película. El filme tiene escenas sensuales, eróticas, muy buenas, perfectamente fusionadas al relato. La historia está integrada en más de una lectura -real y fantástica-, aunque una queda clara al final. Es un filme potente en su retrato de cierta vida bohemia y relajada en New York, a la que se suman escenas de terror sobre vampirismo, pequeños momentos intensos, a razón de la mujer que le apasiona a Sam, Anna (Meredith Snaider), que es pequeña de estatura pero es una mujer de fuego. Hay un momento donde Sam debate con su mejor amigo sobre la locura de creer a Anna un vampiro y queda una conversación sublime, sumamente memorable. Es un diálogo extenso pero magnífico. Anna es tan intensa que hasta tiene de bisexual en un momento, teniendo en cuenta que justamente los vampiros representan la transgresión absoluta de lo sexual, representan lo prohibido -lado conjugado con lo satánico-, el extremo simbólico desde luego es la muerte. Sam llega a decir que está a punto de quebrarse, hasta ahí llega esa compañía que representa Anna, que en realidad es el propio Sam el culpable. Ella como que le advierte a Sam bajo una sonrisa, cuando le da dos boletos para un juego mecánico y él dice sufrir de cierta acrofobia. Desde ese momento Sam es partícipe del vértigo de la relación. Primero la goza en grande, luego empieza a asustarse -vampirismo incluido-. Todo hombre desea una mujer fogosa nos dice el filme -hay una conversación entre Sam y otro amigo celebrando el hedonismo que produce una mujer fuertemente erótica-, así como tantos otros filmes, pero ésta intensidad puede llegar a destruirnos; mantener el pedal acelerando inevitablemente tiene que terminar en un impacto violento, un desbarrancamiento, sin ponernos blandengues. En pocas palabras es el exceso el destructor de todo. La bebida entra a tallar, claro está. Es una historia genial de ver como drama indie, tiene una perfecta contextualización, desde la música en vivo en el apartamento en el hallazgo de la mujer peligrosa, aunque en primera instancia no lo parezca, y al mismo tiempo es una obra ingeniosa con el vampirismo, desde que vemos una garra de Anna sobre el hombro de un Sam distraído. Las escenas de muerte también lucen notables.