lunes, 23 de junio de 2025
The Laughing Policeman
Adapta la novela de misterio de mismo título perteneciente a los suecos Maj Sjowall y Per Wahloo. Posiblemente la novela más celebrada del dúo. El director Stuart Rosenberg no fue tan estricto al parecer con la adaptación y se puede percibir de ello en que a pesar de que puede verse como una trama compleja hay muchas pistas falsas en el ambiente, pistas las cuales se desechan de manera donde la gran pantalla y el thriller ponen sus fichas. Es un filme que más allá de la apariencia de arduo de resolver posee bastante adrenalina y además tal cual señala un slogan de producción, tiene bastante realismo, un realismo que para parte de la actualidad puede herir susceptibilidades o pasar por políticamente incorrecto. Me parece que refleja muy bien el ambiente policial, así como el ambiente de barrio, la calle, como dentro de la comunidad de color, los burdeles de striptease y hasta Chinatown o la comunidad gay. El contexto es en San Francisco. El detective principal lo interpreta Walter Matthau quien ya se perfilaba como actor de comedias, pero aquí para la época hizo su gran paréntesis como actor más serio, literalmente, digámosle. El siguiente año haría igualmente de policía protagonista en la mega famosa –de las que no tienen detractores- The Taking of Pelham One Two Three (1974), una película más de entretenimiento puro y duro, un noir de cine popular. Matthau hace de un policía sin tanta cosa encima, algo curioso pensando que su personaje es parte de una reconocida saga policial en la literatura. También puede ser que alguien lo eligió pensando en el título, jugando con lo inesperado, con romper con el lugar común y de paso mostrar justamente algo de sarcasmo. El detective que interpreta es de los que no se hallan felices con sus vidas, dentro de la monotonía y la indiferencia familiar, mientras están obsesionados con su profesión y la corrupción que tienen que resolver. Éste detective de paso deja ver que tenía un affaire con la mujer de su mejor amigo, con quien se obsesiona por resolver su caso, quizá por un mea culpa. Éste compañero de la policía muere asesinado, investigando sobre una prostituta en sus horas libres. De la misma manera es interesante ver que el meollo criminal se relaciona con un asesino de esos locos que matan en masa y que el modus operandi se repetirá como si fuera un accionar serial. Un super plus es la performance y el personaje que hace Bruce Dern. Es un detective de policía del tipo que tiene rasgos detestables y otras cosas rescatables, que pueden saltar entre el bien y el mal o rozar los límites. Dern hasta coquetea con lo sospechoso por el tipo de personalidad que tiene, de esos policías que se les adjudica de muy pedestres, propios de la misma calle que retrata tan bien Stuart Rosenberg. El filme tiene también ratos como de un poco muertos que no le ganaran fanáticos, pero que agregan más verosimilitud a la propuesta, sobre todo a esa vida del protagonista que bien define el título irónico. Tampoco es que las pistas falsas sean vacías del todo porque agregan un ecosistema de variopintos caracteres. La figura de la calle es bastante nutrida, hay pequeños gángsters, proxenetas, dealers o hasta vendedores de armas ilegales. Exhibe un panorama bastante completo y por ahí se instala muy bien Matthau y Dern como comiendo en las cocinas de restaurantes austeros. El quehacer de buddy movie también se maneja con cierta originalidad, puesto que llega a sobrevolar estar la vida en peligro de uno de ellos en ese compañerismo, tras su cuota de ambigüedad, tal lo muestra una interactuación con otro detective, que bien ejecuta Louis Gossett Jr. En éste compañerismo no asoma comedia, pero sí esquina. Es una propuesta curiosa, que se le puede criticar ciertamente, pero que en general es verdaderamente atractiva, vale la pena, mucho mejor que ver algo sin real personalidad o sin proponer algún tipo de reto formal. Hay que tomar en cuenta que se distingue aun hoy, como adaptación de una saga literaria renombrada y con bastante agua bajo el río, cosa que tiene peso, porque uno no quiere ver nuevamente lo mismo, de ningún tipo de cine.
domingo, 24 de noviembre de 2024
L'Étrangleur
Ésta es una película un poco rara, rara no porque no la vayas a entender, sino porque algunas acciones no parecen las más comunes, algunas acciones son literalmente extrañas, como si los personajes salidos de la cabeza del francés Paul Vecchiali -que escribe en solitario el guion- fueran gente rara, pero tampoco es que ser asesino en serie pase por ordinario, sino, claro, es propio, como se dice en pantalla, de personas dementes, anormales. El relato abre con un niño pequeño castigado escapando de su hogar para querer huir en tren, pero se topa con un adulto y presencia un asesinato, algo que él tomará de modelo. Por un momento parece pasamos por una visión o sueño del futuro, producto de un enojo e impotencia que cambiará el rumbo de la vida de Émile (Jacques Perrin), pero puede ser otra cosa, puede haber una lectura de abuso sexual, pero el filme por ratos se plantea abiertamente artístico y se disuelve en la sutilidad y en un quehacer light arty. Artístico como quien pretende buscar el camino atípico. Se percibe del filme que hay mucho de Vecchiali, pero también se siente un ánimo lúdico (como infantil, aunque trabajando con las relaciones afectivas interpersonales) con la temática, disfrutar de construir el personaje de un asesino en serie, de la fantasía y libertad que proporciona. Pero a su vez se siente un Vecchiali (en los 40s, realizando una de sus primeras películas) entusiasmado, experimentando, con el aparato del cine y querer ser artístico, ganarse un lugar como cineasta de autor. No obstante no sólo es eso, porque se percibe un cierto gusto personal como de cabaret, algo entre pintoresco y un poquito huachafo, como si recurriera a disfraces, en el personaje de la actriz entrada en años, olvidada y melancólica o desesperada por compañía, que mete a cualquiera a su cuarto; o con las prostitutas que visten de marinero y se mueven a lo autómatas, fríamente, dentro de un espacio posiblemente cutre. Los homicidios del asesino en serie en que se convierte Émile -que sueña con ver a sus víctimas bailar alegres en el cielo y más que perversidad hay candidez- y de lo que va la película se manifiestan excesivamente suaves, no se exhibe ninguna violencia, ningún acto de horror, están propuestos hasta en el fuera de campo, casi no hay nada del hecho en sí. Incluso el asesino mata con chalinas blancas que el mismo confecciona. Se trabaja bastante una cierta emotividad o melodrama, sobre la soledad de las personas, aquellas que no tienen a quien amar. Émile mata porque se identifica con esa imagen, en no poder relacionarse profundamente con nadie, puesto que lleva hasta un problema mental. Éste asesino cree matar por compasión, para calmar el dolor de la soledad, del vacío existencial. Mata mujeres porque quizá se ve hasta reflejado en ellas, aunque desmiente ser homosexual en una escena en específico, como muchos pueden pensar al tener por ésta opción al mismo Vecchiali. Así se podría pensar en la auto-represión -sufre desasiéndose de las mujeres, cosa que no puede controlar- y el machismo circundante. La falta de un lugar de aceptación. Pero Émile es trabajado como un tipo en esencia, un sujeto sufrido, que le duele vivir y para hallar satisfacción cree que es samaritano, que le otorga descanso a las almas maltratadas por el mundo, o a la vera de sus limitaciones y elecciones. Es como que Émile en lugar de pensar hacia sí se articula en una labor semejante a un acto social, humanitario, cuando lo que hace es una monstruosidad, pero Vecchiali lo muestra todo muy suave (y de esa manera irreal), como si todo fuera una excusa para ejercer una sensibilidad existencial (el martirio de la soledad y las malas relaciones). El inspector de policía del caso (Julien Guiomar) quien luce como todo un personaje, resulta cómplice con su abierta pasividad, que se le puede entender de empatía, tal que con esto se señalara que todos los hombres son recriminables o si hubiera una fuerza mayor que dirige ese comportamiento colectivo. Por supuesto, se mete injustamente a todos en el mismo saco, como si hablara el feminismo más extremo o el cliché, más la composición melodramática y cursi del director. Un tipo ruin roba a costa de la muerte, denuncia general y más carne narrativa distintiva para el asador, que termina siendo una expresión lúdica con la pelea con navajas. La mujer -de cierta apariencia friki- que denuncia y se enamora a diestra y siniestra (la bella Eva Simonet, de expresión desorientada, pero curiosamente prometedor erotismo) es el señalamiento de la concepción del ser frágil, ligero y algo tonto que cae víctima de éste asesino en serie, o más, de la inconsciencia, del seductor per se. Se confunde compromiso (paciencia infinita) con hedonismo.
sábado, 10 de agosto de 2024
The italian connection (La mala ordina)
Éste es uno de los mejores poliziotteschis que se han hecho, películas de crimen, policiales de marca italiana, y que llevan mucho de spaghetti western. El director es artífice de varios poliziotteschis míticos. Fernando Di Leo, de quien dicen que inicialmente trabajó con Sergio Leone. Cómo sea, Di Leo logró destacarse en estos policiales, bastante entretenidos, llenos de personalidad, estilo y hasta originalidad. Di Leo a su manera logra ser creativo con el realismo que le impone a sus escenas de acción, unas que llevan algo de las películas de kung fu de su época, con peleas a puño limpio aunque al estilo occidental, dentro de peleas callejeras. Tiene una escena de persecución por auto continuado a pie que es de lo más perfecta y gloriosa, llena de adrenalina, verosimilitud y un infaltable toque de espectáculo y excepcionalidad. El final con la grúa y el depósito de autos abandonados es igualmente una maravilla. Ahí se enfrenta el héroe del filme, un John Wick digámosle más realista o más humano o más vulgar, con dos asesinos gángsters americanos que suponen de élite -como salidos del famoso cuento de Hemingway-, interpretados por Woody Strode y Henry Silva, con 58 y 46 años respectivamente. Nuestro John Wick italiano setentero, Luca Canali (el alemán Mario Adorf), alabado por su cabello aunque bastante menospreciado por vivir de un trabajo ruin como el proxenetismo, se ve culpado por El Padrino de Milán (Adolfo Celi) y ahora todos lo quieren ver muerto, pero Luca que es visto como un perdedor, el tipo más bajo de la cadena criminal, sorprenderá a todo el mundo con su capacidad de sobrevivencia y de combate, un deleite para el amante del cine de acción. El filme es super sencillo pero muy competente en lo suyo. Hay en ésta película una onda musical de liberalidad, barata, con la prostitución por doquier. La propuesta presenta mucho erotismo. La hermosa actriz Femi Benussi hace de una furcia y se le ve discutir con Canali completamente desnuda por buen tiempo. Su escultural figura es exhibida por todas partes y lo hace actuando increíblemente bien, con fuerte dramatismo e intensidad. Canali luce aunque proxeneta, vividor de mujeres aunque se pretende tipo manager, como una figura atípica en el imaginario de Di Leo, se le muestra como un buen tipo, buen padre, con muchos amigos capaces de dar la vida por él. Es algo pendenciero, semejante a un bacán del barrio, pero sólo eso en apariencia. La mafia de Milán lo coloca misma carne para los tiburones -quien empieza de lo más despistado- y termina enfrentando a los tops prácticamente sólo. El Padrino le dice en su cara que es un perdedor y por eso lo escogió y ésta es la gracia de la película. Es una obra sin pretensiones filosóficas de ninguna clase, pero vaya que se disfruta. No se siente simplona o redundante como le pasa a muchas películas de cine puro y duro.
lunes, 11 de marzo de 2024
Save the Green Planet!
jueves, 30 de noviembre de 2023
Bandidos en Milán (Banditi a Milano)
martes, 7 de noviembre de 2023
While the City Sleeps
martes, 15 de agosto de 2023
Johnny 100 Pesos
jueves, 15 de junio de 2023
Un maldito embrollo (Un maledetto imbroglio)
viernes, 5 de mayo de 2023
La parte del león
martes, 3 de enero de 2023
Holy Spider
martes, 15 de noviembre de 2022
Un burgués pequeño, muy pequeño (Un borghese piccolo piccolo)
Un burgués pequeño, muy pequeño (1977), de Mario Monicelli, es una película bastante curiosa, original, pues maneja a grosso modo dos géneros cinematográficos pero no los mezcla. Utiliza primero únicamente uno y luego sólo el otro, pasa de la comedia al terror, para ser exactos pasa hacia el thriller. Empieza como una comedia a la italiana por 1 hora, todo es veloz, los diálogos son intensos y extensos, las situaciones igualmente, es complicado llevarle fiel el ritmo, pasan varias cosas rápidamente. Se trata de un padre que tiene un trabajo de oficina de clase trabajadora donde es un simple empleado administrativo, pero éste pequeño personaje tiene tremenda personalidad, y aunque no es un astro en el trabajo el sabe que tantos años en donde trabaja le otorga inmediatamente influencia con el resto, si no pues él lo vé así y lo pondrá en práctica, en ejecución, y esto es hacer que su hijo entre en su mismo espacio laboral, como figura prometedora, ya que aunque es un empleo burocrático y de esclavo donde difícilmente creces no abundan los trabajos y postulan montón de personas a éste y es bastante arduo conseguirlo, lo que significa estabilidad económica aunque siendo clase media baja. Son épocas de crisis en Italia y estos trabajos se veneran, son muy pedidos y escasos. Es como reza el título, propios de burgueses pequeños pequeños, cójase cierta ironía, pues son en realidad clase obrera, aunque dentro de una oficina. El hijo, un carismático Vincenzo Crocitti como Mario Vivaldi, es la luz de los ojos de su padre, Giovanni Vivaldi (el inconmensurable y magnífico Alberto Sordi), es un chico super bonachón, pero quizá demasiado sencillo, pero su padre hará absolutamente todo para que entre al trabajo y triunfe en la vida. Su relación y amistad es amor en estado puro, y bastante práctico, no se ven como palabritas, Monicelli crea semejante vinculo entre ellos, se manifiesta mucha empatía entre padre e hijo, lo que vemos se luce harto sólido, dentro de un ambiente simpático, alegre, lleno de humor suave pero siempre astuto reflejando la cotidianidad y los lugares comunes de los italianos, desde la austeridad económica, mediante una estética humilde, reflejando al italiano de a pie o en general promedio, si bien abunda aun así gente muy curiosa -como el jefe y la atroz escena de caspa- o se le suele subestimar a la clase media baja quizá. Monicelli es uno de sus mejores representantes recreando su idiosincrasia. No obstante Monicelli se permitirá un cierto WTF que es el thriller-terror que vendrá. Luego de una hora impecable, de una obra maestra absoluta, con la intromisión desestructurando lo estérico, desde la injerencia en el panorama de unos "improbables" o atípicos masones o más random de lo que conocemos, entramos a una espiral hacia el horror absoluto. Lo que viene después es reimaginar a la italiana -por la mente de Monicelli participando del guion, adaptando la novela de su compatriota Vincenzo Cerami quien escribió su novela en 1976- el nacimiento de El Vengador Anónimo (1974). Lo que manejaremos ahora es un registro lúgubre y tétrico, y hasta un poquito sórdido. La transición es brutal, pero no obstante funciona, aunque inevitablemente decae un poco de la maestría de la hora inicial, sin dejar de ser un filme notable. Monicelli en una escena de la apertura ya lo deja ver, cuando Giovanni mata un pez con una piedra, le saca la cabeza. Éste bromea con estar haciendo una película de cine B de terror. Puede haber sido un reto personal para Monicelli intentarlo o alguien quizá lo retó y se animó al libro de Cerami. Hay que decir que Monicelli maneja muy bien lo popular, como epitome de la comedia a la italiana, y lo hace bastante bien con el thriller o el terror, aunque aquí es menos creativo, si bien Sordi, con el terror aunque aun más con la comedia, es oro puro e igualmente Shelley Winters, ambos de principio a fin. Sus escenas matrimoniales son la gloria misma en persona.
lunes, 11 de julio de 2022
Psycho II
Psicosis (Psycho, 1960) es una de las mejores películas del maestro del suspenso, el thriller y el terror Alfred Hitchcock, y top 10 de la historia del cine de terror. Hacer una buena secuela suena complicado, pero al cabo de 23 años aparece Psycho 2 (1983) y es una película con cosas a criticar pero bastante bien para ser la secuela de una obra tan redonda, tan grande. La dirige el australiano Richard Franklin, tótem del exploitation de su país quien a los 12 años de edad vio la emblemática película de Hitch y empezó a soñar con convertirse en cineasta. Franklin vino a estudiar a EEUU y logró un primer sueño, tener de invitado al mismo Hitchcock en una presentación a su cargo. Quien diría que el fan número 1 de Psicosis y de Alfred Hitchcock lograría dirigir al cabo de 3 años de la muerte del maestro la primera secuela de ésta gran película y haría algo bastante interesante, destacable, aunque, lógicamente, mucho menor. El guionista de Psycho 2 tampoco sería cualquiera, fue el talentoso Tom Holland, si bien recién empezaba como guionista y tenía 40 años cuando escribió el guion de la secuela. Estaba a 2 años de debutar como cineasta con una muy buena película del género, la notable Fright night (1985) y a 5 de marcar un hito en el terror como director y guionista con Chucky (1988). El filme tiene ratos que parece cine de bajo presupuesto o telefilme, como en su apertura con el juicio; tiene ratos que parecen cine B, con cierta cotidianidad y americanismos, pero en general tiene muchos momentos buenos y es bastante interesante, tiene una investigación sólida, sobresale en su manejo del misterio aun nadando en aguas tan conocidas y un background a respetar y que hasta homenajea abiertamente. No se guarda de clamar su admiración por Psycho pero tiene la voluntad de la cierta novedad y la propia personalidad. Contiene sus curiosas y decentes vueltas de tuerca. Hasta agrega reinterpretaciones como en esa reconstrucción y enaltecimiento de las bases de qué es Psycho y quien es Norman Bates y su relación enfermiza con su madre que es la apoteosis final, de cierre, con su saborcito a Viernes 13 (1980) y a Mrs Voorhees (Betsy Palmer). Da más vida, contenido, a antiguos personajes como la hermana de Marion Crane, interpretada nuevamente por Vera Miles, quien tiene un poco de mujer histérica, y bastante de vengativamente cruel. Anthony Perkins está perfecto, como siempre, en su papel capital, es un Norman Bates más humano, pero igual de freak, de inestable, luchando contra no perder la razón nuevamente, pero ahí aparecen notitas malsanas y misteriosas llamadas de teléfono, ambiguas, diversas, pero finalmente serán precisadas y con su toque creepy. Psycho 2 juega al asesino secreto, aun cuando todo apunta a Norman Bates y nunca deja de estar en la mira, pero agrega buenas sospechas, aun cuando no hay muchos personajes. A ratos Norman habla de manera ridícula, pero está en su papel; en esto se entiende un porqué y hasta la propuesta agrega su argumentación con cierta irónica escena maestra de cuento de terror bajo la chimenea al final de la jornada, hablando de las jornadas que tapan cadáveres con carbón o sumergen autos y pertenencias en el pantano. Puede que el filme peque un poco de demasiado explicativo, al querer dejar todo siempre muy claro y temer perder el lugar de ser un filme amable y fácil de entender para el público, pero también en sus aportes narrativos e investigación exuda ambición y pudo quedar extraño más que complejo. Psycho 2 tiene una interacción curiosa, pero bastante decente también, entre un Norman Bates cincuentón y que se sabe de él públicamente que es un antiguo asesino en serie absuelto por demencia aunque tiene un trato afable y humilde con los demás, con los pocos que interactúa porque está un poco aislado, y la joven mesera de 23 años, Mary (Meg Tilly). Esa es otra buena ocurrencia, hacer de Norman Bates un cocinero de restaurante de carretera; ésta ocurrencia huele a cine B, pero se maneja con mayor sabiduría. Dicha relación, entre Mary y Norman, es el centro del filme. Cómo se da la conclusión (el culpable en lo oficial) con el disfraz de la madre disecada es un alarde de atrevimiento, tensión e ingenio, donde nunca se pierde la coherencia, si bien toda la secuencia se acerca al despelote y la mala broma. Los asesinatos son secos y rápidos en general, sencillos, pero ese que atraviesa desde la boca el cráneo es de una brutalidad y maravilla macabra. Mención especial de Robert Loggia y Dennis Franz que están como anillo al dedo en sus personajes secundarios. Tilly tiene pinta de chica sencilla, muy poco sensual, pero cuando cerca de la cama se saca las botas de amazona luce apetecible, y entra a tallar que Norman Bates tiene un trauma tan grande con su madre que luce incapaz de cumplir sexualmente con alguna mujer, y ahí hay una lectura, no sólo de impotencia, también del magma que nace de la inspiración real de Robert Bloch, la definición sexual del asesino en serie Ed Gein. No obstante Norman dice que Mary huele bien, ¿y a qué huele?, al recuerdo de la madre posesiva.
lunes, 20 de junio de 2022
El infierno (L'enfer)
Éste thriller es uno de los mejores filmes del francés Claude Chabrol, y así como Chabrol es un maestro del thriller hecho en Europa, el guion original de éste filme es de otro gran maestro del thriller europeo, de su compatriota Henri Georges Clouzot, que empezó el filme y nunca lo terminó, y luego con el tiempo Chabrol recuperó el proyecto, compró el guion a la viuda de Clouzot y ha hecho ésta maravilla de película, estrenada en 1994, a 30 años del filme trunco del maestro Clouzot. De paso al abordar Chabrol el guion de Clouzot está saldando una cuenta de La Nouvelle Vague con Clouzot, ya que al querer imponer su mirada La Nouvelle Vague atacó injustamente el cine de Clouzot, aunque fue un ataque estratégico para poder primar por sobre otros cineastas y otra mirada. Chabrol le da el lugar merecido a Clouzot al abordar su obra trunca e ideas y ha conseguido hacer un filme glorioso sumándole su personal dirección. Éste filme tiene a dos actores que son rostros bastante populares en el cine arte en Francia, pero afuera puede costar un poco reconocerlos. Por entonces ya eran reconocibles, pero no eran nombres muy rimbombantes en el cine en general. Francois Cluzet tenía 39 años cuando interpretó a Paul, y Emmanuelle Béart 30, a Nelly. Emmanuelle es una mujer muy hermosa y sensual, naturalmente provocativa, y en el personaje es una mujer amable, simpática y siempre anda alegre y es de conversar, ella llama la atención instantáneamente sin que quiera algo con ello o sea deliberado. Paul tiene un pequeño hotel en el campo, y anda estresado por el trabajo, esto se presta para generar un poco lo que vendrá. Paul sufrirá de problemas mentales, anclados a unos celos enfermizos. La enfermedad mental lo hace ver cosas irreales, sospechar de la nada de cosas insustanciales e incluso comportarse violentamente. Nelly no le da motivos realmente, de verdad está enamorada de él, es una buena esposa y una buena madre. Naturalmente como es una mujer muy hermosa, y viste decente, pero se ve guapa, y es afable y muy tratable con todos casi cualquier hombre que se acerque puede resultar una amenaza a su matrimonio y una posibilidad de infidelidad en la imaginación de Paul, un hombre que hasta oye a su mente hablarle como un monstruo. Paul convierte la relación en el título, la cree lo más promiscua posible y una mentirosa antológica. Éste filme es incómodo, llega a ser hasta estresante, de lo intenso que es por largo tiempo, Paul no afloja sino cada vez es más demencial. Chabrol es muy firme en hacer sentir el filme como un verdadero infierno, sin paliativos. Por el final hasta surge lo que parece inevitable. Es un retrato tan extremo que hasta ahuyenta la pena por Paul, deja mala sensación. Chabrol muestra mucha maestría en generar tanto malestar. Es un filme difícil. En un momento hay una escena grandiosa que deja ver perfectamente qué está pasando. Paul yace parado cerca de un pequeño ecran donde los visitantes y amigos del hotel ven un video casero. Cuando no mira y vemos la pantalla en profundidad observamos que todo es apacible, alegre y simple, pero cuando la imagen es de la cámara subjetiva y estamos en la mente de Paul las imágenes son de la peor promiscuidad de Nelly. Así se maneja Paul, con imágenes terribles. No importa ni el físico ni la edad ni las muestras de devoción, o la tolerancia en la humillación, ni saber como ella siempre ha sido. La mente de Paul está envenenada con su mujer hacia la lujuria y el sexo. Inicialmente uno cree reír algo, pero el filme se torna tan constante en éste Paul, que te deja estático, maltrecho. Fluyen muchas emociones, es una obra muy visceral. Primero la fabulosa belleza de Béart y luego el golpe del tambor incesante de los celos enfermos.
Matinée
Matinée (1977), del mexicano Jaime Humberto Hermosillo, es una película que entretiene bastante, que está dispuesta para llegar a mucho público, y al mismo tiempo es inteligente, sin dejar nunca de ser entendible, mostrando gran destreza de la sutileza. En la primera mitad del filme aparte de adaptarnos a la ciudad de Aguascalientes, México, es una película de acción, de atracos, sorpresas y persecuciones. Es un filme que puede ser tenido por cine de género. El escenario es sencillo, pero de suma habilidad, es muy competente. Tenemos como protagonistas a 2 niños mejores amigos, uno que quiere escapar de su hogar, otro que va a realizar un viaje con su padre a ciudad de México, entonces el pequeño Jorge se lleva de polizón al pequeño Aaron. Es un filme que muestra maestría dándole el protagonismo a los dos niños; sabe ubicarlos dentro de un escenario criminal, en un mundo adulto, con coherencia, pero manejando llaneza, no es que se falsee la realidad, lo cual es talento puro del director, que lo hace sin mostrar dificultad, todo luce simple y efectivo. Tenemos a una banda de 5 criminales, que son muy carismáticos y fáciles de recordar. De estos 5 se destacaran 2 en particular con la curiosidad del filme, el manejo notable de la sutileza, pues se trabaja con una pareja homosexual, tendencia sexual confesa del director. No hay nada explícito afuera, a la vista, todo es entender que hay tras bambalinas, y no es arduo de captarlo, pero los más lentos pueden confundirlo con una amistad. Aquiles (Héctor Bonilla) es uno de los 2, quien hasta seduce a una muy guapa mujer. El otro es Francisco (Manuel Ojeda), el temperamental, el ofendido o sensible de la relación. El filme en ésta segunda parte muestra ésta sutileza pero aunque denota una novedad o distinción no abandona nunca su esencia de película de atracos y de acción. Ellos irán por otro botín. Los acompañan siempre los niños, Aaron y Jorge. Jorge despierta de su letargo y planea una venganza, puede que aquí se perciba cierto vacío emocional (frente a algo muy impactante), el niño luce muy frio, pero el filme no falla aun así, se muestra un comportamiento curioso, como si los niños tuvieran mucha calle a cuestas, sobre todo fuera Jorge ese tipo de niño. No obstante Aaron es más inocente, aun cuando exhibe extraña madurez, quiere irse de su casa y no bromea. Con Aaron se vislumbra lo que será la relación niño-protector criminal de la obra maestra Un mundo perfecto (1993). Es un filme con grandes escenas, no tiene pierde en ello, todo luce muy bueno, desde el falso policía hasta el campesino salvador. También la propuesta maneja una edición particular, se salta aperturas y va de lleno a ciertos sucesos, lo hace bastante. Todo esto le da tremenda agilidad al filme, aunque puede fastidiar un poquito tanto salto notorio. En un momento hay una gran ocurrencia, un asaltante (Farnesio de Bernal), dice ser bailarín de profesión y sin rodeos lo demuestra y se pega un baile muy gracioso, bastante simpático, que se ve bien.
sábado, 9 de abril de 2022
Little Caesar y El enemigo público
Little Caesar (1931)
Dirige Mervyn LeRoy. Es una de las grandes y más famosas películas del cine negro, una película seminal del cine de gángsteres, y Edward G. Robinson como Rico o El Pequeño César (Little Caesar) el primer popular gángster del séptimo arte. Robinson está magistral, trasmite esa violencia y ese temperamento fuerte y esa enorme ambición de poder y dinero de todo mafioso. El estilo es distinto al del gángster italiano, aquí la cosa luce más humilde, más de a pie. Rico empieza asaltando gasolineras con su amigo Joe Massara (Douglas Fairbanks Jr.). En la apertura, en una escena en un bar común, lo oímos a Rico soñar despierto lleno de la intensidad y el orgullo que jamás lo abandonará. Siempre es violento, directo, va al grano con fuerza, es un hombre de acción. Su ascenso se ve venir de lejos. Se impone a todos. Su negocio se mueve en los robos. Lo vemos reunirse con su clan en un club, El Palermo. Él representa al premonitorio hombre tóxico y su amigo Joe al tipo sensible, un seductor. Pero aquí, porque a Joe le gusta bailar y el teatro, El Pequeño César lo considera afeminado. El amor será el escape para Joe, su reivindicación fuera de la mafia. En una gran escena César enfrenta a Joe, la cámara enfoca la expresión de César que empuña un arma, su ira creciente, luego viene la toma subjetiva de su persona, la cara sorprendida de suspenso de Joe, breve pero contundente, puro cine clásico. Es curioso ver que el final se da a través del tamiz literal del teatro, detrás del panel de publicidad del musical teatral de Joe y su amada, como si esto fuera la orden superior. Se nota que Edward G. Robinson ha influenciado en el Al capone de Robert De Niro, de Los Intocables (1987). Éste filme tiene 3 grandes secundarios. Uno es el hampón Sam Vettori (Stanley Fields) que tiene de viejo fanfarrón y hombre sutilmente melancólico y también aire de borracho o es que Little Caesar lo abruma y disminuye todo con sus personalidad y violencia. Otro el jefe de la policía Flaherty (Thomas E. Jackson), que es sarcástico y venenoso, muy rudo aunque educado y no teme a nadie. El tercero es el guardaespaldas de Rico, Otero (George E. Stone), que tiene todas la del lacayo bravo, sin forzar nada.
El enemigo público (1931)
La dirige William A. Wellman. Es otro de los filmes pilares del cine negro y James Cagney uno de los más famosos actores interpretando gángsters. Cagney es Tom Powers y lo vemos robando desde niño, influenciado por un pequeño maleante, Putty Nose (Murray Kinnell). Finalmente entra en un robo grande, junto a su mejor amigo, Matt (Edward Woods). Se da una gran secuencia que incluye un oso disecado. Luego así como de la nada, todo muy natural, en la misma esencia de Putty Nose aparece Paddy Ryan (Robert Emmett O´Connor), un bartender que quiere traficar con alcohol durante la época de la prohibición, los años 20, y les plantea el negocio a Tom y Matt. Paddy es más accesible y leal que Putty y luce menos rudo. Pronto en cierta elipsis y excelente edición Tom se alia detrás de un gángster top, Nails Nathan (Leslie Fenton) y se vuelve un reputado mafioso, siempre acompañado de su inseparable amigo Matt. La escena -una muy buena- cuando buscan sus mujeres es de estilo clásico pero juega con lo vulgar, con dos mujeres guapas pero trepadoras. Ella es poco para Tom, que finalmente encuentra a su otra mitad, a una mujer de aspecto algo extravagante, interpretada por la mega popular Jean Harlow, que aparece solo en 2 secuencias, pero deja huella, con su rubio platinado y una pinta que fácil puede inspirar al cine latino. Cagney tiene cara de pícaro, con sus ojos saltones y sugerentes, parece burlarse del mundo, pega bien como mafioso astuto y no tanto de líder sino de soldado de armas a tomar. Entra a tallar el que hace del hermano mayor de Tom, oficial del ejército y un tipo intachable, que puede haber ayudado a la imaginación para crear a Michael Corleone y también el beso sentencia a Fredo. La escena en la lluvia cuando Cagney se prepara para hacer de kamikaze es una de las joyas del séptimo arte, y perpetrar un gran fuera de campo y una performance de un solo hombre contra todos que seguramente habrá inspirado el Scarface (1983) de De Palma, y también incluso a directores como Akira Kurosawa.
domingo, 20 de marzo de 2022
Nightmare Alley
Hacer remakes buenos es cosa difícil, y hacer además un remake de una obra maestra o de culto lo hace un reto gigantesco. Nightmare Alley (1947) de Edmund Goulding es una obra maestra y también una obra de culto, es cine clásico con una historia oscura, rara para la época, una verdadera gema. Se basa en la novela de título homónimo publicada en 1946 por un escritor maldito, William Lindsay Gresham. Guillermo del Toro y Kim Morgan se encargan del guion del filme del 2021. Guillermo dirige y han cambiado cosas, explicado y ocultado otras, le han puesto 40 minutos más al metraje y parecen 2 películas distintas, aun cuando tienen el mismo magma, la novela de Lindsay Gresham. Otra virtud es el protagonismo de Bradley Cooper, se ha convertido en uno de los mejores actores de la actualidad y llena de expresividad la pantalla. Tyrone Power hacía de un huérfano que caía en la correccional y se había vuelto un tipo ambicioso, egocéntrico y egoísta. Hambriento de dinero logra convertirse en brujo o adivino, con cierta reminiscencia al popular escapista Houdini, al ámbito de carnaval, espectáculo y circo en general, era un estafador. Cooper es ese mismo personaje, Stanton Carlisle, pero él es un tipo que oculta su perversidad, tiene secretos, rencores que carga como mochila, lo mismo pero en otro lado en el Carlisle de Power con haber otorgado una bebida a un alcohólico de avanzada enfermedad. En Power surge ambigüedad, se dará un factor presentado novedosamente en lo clásico pero muy recurrente en el cine de hoy en día. Guillermo opta por el realismo con especial maestría en el cine negro clásico pero con la brutalidad del cine moderno. Por todo esto los últimos 40 minutos del filme de Del Toro son sublimes, oro en estado puro, entretenimiento y hedonismo a la vena y una hazaña porque es algo nuevo, tan bueno como lo del pasado que luce por esa parte complejo pero despojado de adorno. Richard Jenkins hace tremenda performance, distinto personaje al filme clásico, éste ahora es un asesino (serial quizá) y jefe mafioso; el anterior era un millonario y empresario, pero ambos tienen un amor que quieren ver por última vez de manera sobrenatural y el estafador Carlisle prepara lograrlo. El plan trae sorpresas, ambas producto de su propia lógica. Jenkins en su rol lanza un devastador y literal: ¡voy a destruirte!, desespera la situación, desencadena la ira dormida, así mismo hace brillar magia cinematográfica. Ahí Guillermo pone dinamita, donde Power luce super clásico, remilgado. Pero no solo ahí el dúo Morgan-Del Toro logran lo imposible, vencer la "perfección" -entre comillas porque descubrimos que ahora le pertenece a otro-. La imagen del monstruo -el cierre de éste círculo perfecto- toma más forma en la última Nightmare Alley; la imagen es más dura, más potente, más dolorosa, más melancólica, más destino, ésta se argumenta más además. Esto hace que Del Toro haga una primera mitad bastante calmada, mucho más sutil en el alcoholismo y desaparición de Pete (que en el clásico es más bello su relato); hace uso de una narrativa en general detallista y lenta a un punto. Pero en la magia del mexicano está que al Carlisle de Cooper siempre se le achaca eso que nunca se le dice al exaltado galán Tyrone Power (salvo por las acciones del genial gigante Mike Mazurki como el bruto y básico Bruno que no se compra nada y parece pura envidia oculta), qué se le nota lo estafador por más que lo disimula o le salen bien las mentiras (mejor explicadas las estafas como adivino en Del Toro, aunque lo de llamar clave es una simplificación ingeniosa en lo práctico y lo empático esencial en la de 1947), que huele mal en realidad, que se nota que es de baja calaña, que es un elemento podrido, poca cosa, un mequetrefe, menosprecio que el Carlisle de Cooper siempre ha luchado por vencer, cosa que tampoco está en la de Goulding que está más centrado en lo esencial, aunque sin obviar que igual así logra ser efectivo y resaltante (o en Goulding parece propio del subconsciente). En la de 1947 la psiquiatra hace un uso esencial lleno de audacia que es tan solo mentir; en la del siglo XXI queda bastante patente lo rata que se anuncia la psiquiatra, con una Cate Blanchett exuberante en comparación a una discreta Helen Walker. Sobreviviré sentencia la del 2021, muy femme fatale. El mexicano deja en el ambiente el olor a sangre, a vísceras, un éxito en todo sentido. Bradley lucha con lo obvio, que su físico lo sindica de galán, y triunfa Del Toro, trabaja muy bien con ello, para hacer algo distinto, romper con imágenes preconcebidas con coherencia y habilidad. Ambos filmes giran en base a la fatalidad del alcoholismo y es ahí que Lindsay Gresham dejó el alma y pisó la gloria.
lunes, 7 de marzo de 2022
Los asesinos de la luna de miel
Aunque parezca curioso decirlo, porque éste es un filme de crímenes, de asesinos en serie, también es de romance y de amor, pero uno perverso. Los asesinos en serie de éste filme en verdad existieron y lo que veremos es justamente lo que hicieron y cómo fueron. Estos asesinos eran pareja, Marta Beck (Shirley Stoler) y Ray Fernandez (Tony Lo Bianco). Marta era una mujer gruesa y Ray sufría de cierta calvicie. Estos pequeños defectos se manejan sutilmente, no se exageran, pero están ahí como subtexto. Ray era de ascendencia española y había adoptado en la vida una posición de seductor, aunque seducía mujeres desesperadas por amor (y por casarse), mujeres mayores, viudas o solteronas; era un estafador, buscaba robarles el dinero. Marta era también una mujer desesperada; aquí en éste filme se tergiversa un poco sobre ella, no se habla de sus ex maridos e hijos. Marta por medio de su mejor amiga, interpretada por Doris Roberts, la recordada madre de Raymond de la popular serie Everybody loves Raymond, en un papel breve, la pone en unas citas del periódico y así llega Ray a su vida. Marta es enfermera y vive con su madre. No se trabaja mucho éste flechazo tan radical, pero el estafador Ray se enamora perdidamente de Marta, aunque le mentirá muchas veces y la manipulará hasta el cansancio con el amor apasionado y ciego que sentirá ella por él, de quien se dice que en la vida real lo veía similar físicamente a Charles Boyer. Ray aun es un pequeño estafador, cuando conoce a una de pocas pulgas Marta. Juntos será un cataclismo, movilizado en mucho por los celos de ella al verlo tener relaciones con sus nuevas esposas a estafar. Entonces iban por el pedigrí de Ray, embaucar mujeres mayores, yendo hacia el horror, que incluye a un menor y un martillo. Tres mujeres sufrirán de su crueldad, donde participan algunas actuaciones levemente cómicas de tres actrices que no eran luminarias de la actuación pero otorgan personalidad al filme, que tiene un toque de terror en los asesinatos, hay suspenso y se siente incomodidad en algunos ratos. Tiene de retrato duro que puede sentirse paliado con cierta exageración en el morir como quedar con la lengua afuera -que llega a verse moverse un poquito después de la muerte- o con pegar alaridos y en un obvio nerviosismo mostrar excusas tontas en medio del miedo de saberse en peligro de muerte. Las tres actrices tienen acentos marcados -parecen del sur- y una llaneza que puede mostrar la despreocupación de la personalidad que otorga la edad, dígase en franco ligera vulgaridad, pero que juega con cierta comicidad, aunada a un relajo de cine B. La interacción con éstas mujeres dan pie a un filme con personalidad propia, manejan encanto cinematográfico y varias emociones encontradas, miedo con algo de ligereza. Suma bastante lo que hacen las tres actrices noveles. Mary Jane Higby, que en su personaje es solo aparentemente sagaz, pero muy rica en su escenificación, es la mejor de las tres; Marilyn Chris hace otra actuación muy curiosa, y fue la única de las tres que llegó a hacer carrera en el cine aunque sencilla; y por último tenemos a Kip McArdle. La pareja protagonista, tanto Tony Lo Bianco como Shirley Stoler hicieron carrera profesional como actores (Tony sigue vivo y está activo), y aunque no fueron estrellas -no obstante el presente filme es de culto- fueron participes de la gloria de algunos filmes celebres en donde participaron de secundarios. En el filme hay mucha (buena) actuación, Ray fuma cigarrillos sofisticados, Marta come abundantes trufas de chocolate arrojada en la cama. Mientras estafan se dan tiempo para tener sexo, son bien activos en el asunto, si bien todo muy cuidado, muy clásico en ello. Hay escenas bien trabajadas, como la del ahogamiento, en fuera de campo y con la sugerencia del sonido, o cuando pegan de pícaros. Presenciamos enojos y emociones muy sentidas en Marta, ella es muy emotiva, aunque al mismo tiempo es muy cruel, por tratar de agradar a Ray a toda costa. Ella tenía igualmente un lado abiertamente desagradable, y Ray no quería enojar a su compinche, pero era también como un matrimonio y había amor, aunque en condiciones atípicas. Manejaban mucha tensión, aunque no eran gente común, eran gente tocada, muy extraña. Ray denota ciertamente amarla, hay muchas demostraciones en el filme -hasta leerle una carta de amor-, aunque a su modo. También como buen estafador luce simpático, dentro de su performance de galán latino, y necesitado, que puede dejar dudas de sus verdaderos sentimientos. No obstante ella era su doble perverso, sórdido, capaz de lo impensable, y él sentía que la controlaba -al monstruo en el espejo-, había poder ahí y completarse. En ella era sentirse correspondida, a pesar de todo, la lógica incluida; hay muchos ratos que él parece más débil y ella más salvaje, más inconsciente. No se puede negar que había un romance y eso lo hace un cine algo extraño -es sin duda un filme outsider- y a la vez atractivo como arte, así como fue un romance con la corrupción, fueron dos ratas que se complementaron. Es una obra llevada al desembarazo de lo suntuoso -más que verlo como imperfección-, es un filme descarnado en buena parte, pero virtuoso y con personalidad. Es el único filme que dirigió Leonard Kastle y además guionizó y esto le bastó para entrar al panteón de la inmortalidad.
miércoles, 2 de marzo de 2022
Bullitt
Bullitt (1968), del británico Peter Yates, es una maravilla de película como cine de acción y crimen, una cátedra de hacer una película compleja y totalmente impredecible en el género. El legendario Steve McQueen es Bullitt, un oficial de policía muy inteligente que muestra sensibilidad y es un tipo de a pie, pero también es un hombre duro y de acción. Es el paquete completo. En una escena su novia -interpretada por la hermosa y muy deseable Jacqueline Bisset- tras ver un cadáver, una mujer estrangulada, y a Bullitt tranquilo preguntando por su caso, queda horrorizada con la frialdad con que toma las cosas Bullitt, es decir su profesionalismo, y no sabe si seguir con él, cree que ese horror se va a meter en su casa. Bullitt no la obliga a seguir con él, no le discute, la deja decidir y guarda en buena parte más bien silencio; él sabe que su trabajo tiene cosas desagradables. No obstante brevemente llega a agregar (a argumentar) que la mitad del planeta vive en ese tipo de realidad y algo hay que hacer por ellos. Bullitt es pues un héroe, aunque simplemente hace bien su trabajo (y eso es mucho). Un político de dudosa reputación interpretado por Robert Vaughn pide cuidar a un testigo que declarará contra la mafia; Bullitt es encargado como jefe de los guardaespaldas policiales. Pero las cosas no terminan bien, finalmente Bullitt es de carne y hueso y eso lo hace aun más grande y el retrato policial y de acción de Yates una joya y lección de buen cine, donde sea. Éste filme exhibe un asesino a sueldo muy bueno, de cierta edad y con el cabello blanco. Sin duda, muchos maestros del cine de acción han debido tomar nota de ésta propuesta. Tiene una edición de esas excepcionales, donde hay que tener el ojo rápido y entrenado, y la mente atenta y despierta, a ratos -tampoco todo el tiempo para no agobiar- todo se mueve demasiado veloz y puede haber lugar que completar con la mente. Frank P. Keller ganó el Oscar por su endiablada y efectiva edición. Es un filme de acción con tres escenas de esas intensas y poderosas; una, cuando emboscan al testigo, seca y contundente; otra con una extensa, gloriosa y mítica persecución en auto; y tres en el aeropuerto, con una persecución a pie -que ha debido inspirar a Michael Mann-. No es un filme fácil (pero siempre entretenido); a medio metraje pega un giro y todo puede confundir si no estás atento. La trama criminal cambia notoriamente (sin dejar de ser notable); es explotar dos opciones parecidas como arranque y cerrarla rompiendo el esquema anterior. El enemigo muestra también un alto intelecto, en mucho es como jugar al ajedrez y encima harían sentir orgulloso a Hitchcock. La escena de acción del aeropuerto copia el mismo método que la del auto. Te mete ahí dentro de la escena realmente, como pocos; usa cámara subjetiva entre otros recursos. El auto sigue terco en la pista (cuando ha perdido de vista a su presa); Bullitt siempre es inteligente. Puede sonar repetitivo, pero el cine de acción no suele demostrar de manera tan fehaciente que su héroe lo es. Saben pelear como los más bravos eso sí, pero lo otro no se trabaja mucho y esto es otro punto distintivo y virtuoso (arte) de la presente propuesta. Bullitt luce sugerentes gestos en la cara, es variado y bien expresivo con poco; es efectivo pero siempre humano, se percibe real, como cuando Yates se da el tiempo de que salga a comprar comida congelada o que tome un taxi, con un taxista nada más y nada menos que interpretado por un aun no muy conocido Robert Duvall (talentoso, pero de perfil bajo). Bullitt es un filme icónico, de los más grandes del género. Su Ford Mustang verde oscuro es tal cual Steve McQueen, a quien por algo lo llamaban The king of cool, y ésta es su máxima película, aunque pelea el lugar con esa otra joya llamada Papillon (1973).
sábado, 26 de febrero de 2022
Soylent Green
Ésta es una de las mejores películas de Richard Fleischer, es ciencia ficción sin efectos especiales. El año en que yace es 2022 y tiene cosas que podemos ver que pueden llegar a pasar, que no suenan para nada extrañas. El filme abre con como la humanidad viene malogrando el medio ambiente y el planeta, nos estamos autodestruyendo, y a esto se agrega la sobrepoblación y la escasez de comida. Las brechas sociales son más notorias, el rico puede tener lo que ya la gente común no, como carne, fresas o un jabón, cosas simples. La gente come de una empresa que fabrica una comida artificial, llamada soylent green, sacada del océano, del fitoplancton. El filme es también un noir, un empresario rico es asesinado, hay una conversación ambigua entre él y su asesino, un tipo simple con un fierro de carnicero. Hay dos asesinos sueltos, el que todos sabemos y uno escondido. Tenemos a un policía muy particular, Thorn (Charlton Heston, que físicamente parece literalmente un Schwarzenegger flaco); es particular porque es bastante conchudo, e hiper machista, pero al mismo tiempo es un policía dedicado y a ratos sensible, como con su trato con el abuelito y ayudante que interpreta el legendario Edward G. Robinson en su último papel en el cine, enfermo terminal en la realidad y quien se despide en pantalla en una escena de eutanasia. Edward G. Robinson trasmite mucho feeling todo el tiempo. Thorn tiene una relación con una prostituta que parece un robot, él incluso la llama mueble; ésta mujer era la pareja (comprada) del millonario que han asesinado, que lo interpreta otro rostro clásico famoso, Joseph Cotten, en un papel cortito. Es una película bastante básica, pero muy entretenida y muy bien desarrollada, con su cuota de novedad aun siendo sencilla, con una -medio clásica en el género- última línea verbal impresionista y de sorpresa (que entusiasmaría a Shyamalan). Heston es el típico policía con cancha, sobrado y efectivo, aunque como su mundo va de solitario, sucio y loco se siente que a ratos pasa miedo. Éste filme tiene sus buenos tiroteos y hasta su notable pelea a puño limpio a lo peleador callejero. Se respira un aire hippie corrupto y perverso. Soylent green (1973) es una película sólida, de principio a fin. No requiere de tecnología, pero tiene mucho ingenio para palear bajos presupuestos. Perpetra una imagen potente con camiones de basura, desde lo minimalista.
domingo, 20 de febrero de 2022
La soga (Rope)
La soga (1948), de Alfred Hitchcock, es una de sus obras más reconocidas. Se basa en la obra de teatro del mismo título del británico Patrick Hamilton que se inspira en el famoso caso de los estudiantes asesinos Leopold y Loeb escrita a cinco años de cometer su famoso homicidio de un niño de 14. En el filme de Hitchcock dos mejores amigos, Brandon (John Dall) y Phillip (Farley Granger), matan a un compañero de estudios y lo meten en un cajón donde especifica y macabramente van a comer en una pequeña reunión que organizan. Brandon es la mente maestra, un tipo perverso que quiere probar las elucubraciones de su maestro universitario, de Rupert Cadell (James Stewart), que se basa en Nietzsche, sobre la superioridad y el superhombre por sobre la insignificancia de cierta humanidad. Brandon lo hace también por disfrute personal, lo siente como un reto constante, por eso organiza una fiesta y quiere que el mismo maestro Rupert asista, como para jugar con él, vencerlo intelectualmente, de manera secreta. A la reunión poco después de matar al compañero va el padre del muerto, su novia, el ex de la novia, Rupert y la tía de la victima. En plena reunión Brandon saca el tema del profesor y éste empieza inmediatamente a sospechar de ellos. La fama de particular le precede a Brandon. Por dársela de astuto empieza a luchar por no ser atrapado. Luego saltan algunos indicios; también suma que Phillip luce nervioso, alterado, para como apunto de llorar o rendirse, y para peor para él empieza a emborracharse fastidiando a Brandon que yace gozando con todo el asunto organizado. El baúl y el cadáver pueden simbolizar la homosexualidad de la pareja de asesinos; el miedo a que se descubra el cuerpo puede ser el mismo por la propia sexualidad, visto como una trasgresión de la moral de la sociedad. Tanto Phillip como Brandon no dan esa imagen ni se manifiestan nunca así, salvo por algunos engreimientos en su expresividad, pero se decía que los verdaderos asesinos pudieron serlo en secreto. No obstante esto jamás se confirmó. De la misma manera tanto Granger como Dall si lo eran en su vida intima. Como bien dice un débil Phillip está Rupert jugando al juego del gato y el ratón, a investigar que algo extraño está pasando en la reunión y quiere saberlo. Es un filme que recurre sólo a 9 personajes, incluidos unos segundos el cuerpo del asesinado David Kentley. A los invitados se le suma la criada. John Dall actuaría muy poco en el cine, su pasión sería el teatro, aun cuando su debut en el cine le dio una nominación al Oscar y lo puso como prometedor en el medio. No obstante nunca llegó a saborear mucha popularidad en el cine aun así. Farley Granger sí tiene algunas películas muy famosas en su filmografía, aunque su carrera no fue del todo gloriosa, pero sí nutrida, con altibajos. James Stewart fácil puede ser el mejor actor clásico del cine y no es poco decirlo. Como se basa éste filme en una obra de teatro es una propuesta digamos que austera, con pocos recursos, como estar en un único lugar, la casa de los asesinos. Hitchcock lo convirtió un poco en un filme experimental, no por raro, porque es super clásico y muy bueno, sino porque se estructuró bajo unas pocas secuencias de 10 minutos cada una y Hitch trató de esconder los cortes, las uniones, como mediante la repetición de apuntar -salir y entrar-con la cámara a la ropa. La soga es un filme sencillo, pero notable, con muy buenas actuaciones, con conversaciones directas al punto, pero muy ricas, con su sabrosa interacción de misterio e investigación, con su toque de picardía, su pizca de trasgresión y su pequeña cuota de filosofía, con el famoso y poderoso suspenso del director y con sus inteligentes momentos de tensión, sospecha tras sospecha. Se disfruta de manera muy fluida a través de algo interesante. El profesor lanzará un monólogo de subsanación en pos de su cátedra de autosobrevaloración narcisista intelectual, explicación que responde a Nietzsche. También se puede ver ahí a Hitchcock que se divertía con esto -el negocio del crimen- con su cine y lo fantástico, la excepcionalidad que le otorga su profesión, como ese juego intelectual en el aula que profesa Cadell y es malentendido y fríamente puesto en práctica. Como se dice, hay una personalidad dañada que es la culpable, la que convierte fantasía y abstracción en sordidez.