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domingo, 26 de abril de 2026

The Lady Eve


Preston Sturges es uno de los grandes nombres del cine clásico americano. En otra película de él del mismo año, Sullivan´s Travels (1941) se menciona a Ernst Lubitsch y Frank Capra que estaban consagrados para 1941. Sturges entre 1940 y 1944 buscaría emularlos, haría sus mejores películas que lo inmortalizarían de golpe en la historia del séptimo arte americano. Fue uno de los guionistas precursores en convertir sus escritos en éxitos dentro de su propia dirección de cine. Tuvo mucho respaldo durante estos 5 años de gloria y popularidad porque venía de haberse labrado un nombre sólido en el teatro. La presente película es una comedia romántica, de verdad cómica y de verdad romántica, y también una screwball comedy donde hay golpes, caídas, torpezas, y mucho movimiento, mucha intensidad, en la palabra, en las acciones, presentando un dotado ritmo y una economía para narrar muchas cosas en un espacio de hora y media que es lo que los más grandes poseen. Es una película bastante sencilla, pero sumamente efectiva. Jean Harrington, Barbara Stanwyck con 34 años de edad y cerca de 15 años de experiencia como actriz, es una muchacha avispada, muy astuta y pícara, que viene de una familia de estafadores. Sabe que el hijo de un millonario de la cerveza, Charles Pike, Henry Fonda con 36 años de edad y 6 años de carrera como actor pero que ya había trabajado con Fritz Lang, William Wyler y John Ford, va a ir en el mismo crucero suyo. Junto con su padre planean sacar una buena cantidad de dinero de él. No obstante Jean se enamorará realmente de Charles, quien es un hombre de ciencia pero bastante inocente como persona. En el inicio dicen que no sabe tratar con las mujeres, que desconoce su proceder. Cuando recién está en el barco, todas las mujeres de alrededor lo ven como el mejor partido, guapo, muy educado y millonario. Charles no sabe como ignorarlas a todas, que no le quitan la mirada. Es así que Jean le pone literalmente cabe, así de lo más ordinaria, y le achaca haberle roto un taco, y que debe ayudarle llevándola a su recámara. En dicho lugar surge un coqueteo que maneja la muy "moderna" -éste cine maneja tremenda elegancia como buen cine clásico-, feminista en toda ley, Jean. Para esto Sturges muestra que estaba adelantado a su época, proponiendo una fémina muy independiente y muy segura de sí misma, por encima de los hombres, sin que sea difícil de tratar o caiga antipática. A pesar de ser muy aprovechada y tomarle el pelo a Charles, exhibe un halo de mujer simpática, carismática, cosa que es pura Barbara Stanwyck, donde no cabe duda que tenía una notoria personalidad avasalladora, por encima de su real belleza, pero se las ingeniaba con su cuerpo muy delgado y de pocas curvas para pasar por incluso sensual. En ésta película la que manda, la que hace prácticamente todo, es ella, la que genera las situaciones. Charles es un monigote en sus manos. Henry Fonda lo hace muy bien, como éste hombre ingenuo y que se deja llevar por Jean. En una cena se cae mil veces, se ensucia de manera atroz en múltiples oportunidades, como un gag. La esencia de la screwball comedy en ese sentido no se denota forzada, sino muy natural, además Sturges era terrible haciendo que sus protagonistas hagan el tonto. Fonda le da mucha dignidad a su personaje, aun cuando tiene mucho de bobo. Ante la trampa de la doble no llega a entender en pantalla de que va la burla del segundo encuentro. Jean para sus deseos enamora dos veces -hasta tres veces- a Charles que cae fácil redondito en sus encantos. Lo bueno que es cine amable y Jean finalmente no es una mala persona, más allá de sus antecedentes criminales, familiares y sus allegados. Hace ver que el dinero puede ser secundario para ella, mostrando que está en sí ser otro tipo de persona. Es una comedia en toda la palabra, es una propuesta que va de ligera, de alegre, que gusta a muchos y es una muy buena película. Tiene escenas dulces, románticas, muy conseguidas. El rato en el tren enumerando a los incontables amantes bromea con las convenciones de manera limpia y audaz. Jean no puede ser cruel porque está en realidad enamorada y eso cambia hasta al más reticente. Le duele mofarse de Charles, pero éste en mucho tradicional ni se da cuenta. Es una película feminista, pero de las que hace al público cómplice sin distinción de género. Sturges igualmente muestra que se adelanta un poco al futuro cuando en Sullivan´s Travels menciona que los afroamericanos merecen mayor igualdad que la que poseen para la época, enfocándolo desde una visión religiosa, si bien los emparenta con el trato a los presos. La aparición de Lady Eve Sidwich es una audacia formal de Sturges, porque como le responde Charles a su desconfiado guardaespaldas (William Demarest, cómico en sus refunfuños) sería un descaro venir así sin más, pero sólo basta engolar la voz. Esto habla de que la clase alta no parece marcar grandes diferencias. Esa parte agrega un chisme y sostiene el suceso muy bien. Pensaba previo a ello: ¿Cómo hará para no ser rechazada en la cena?, que se repite sin caer en la telenovela o la corrección política de hoy en día, aun tratando con el arribismo, las diferencias sociales y el background sexual. He ahí la grandeza del cine clásico y el dotado guion, la portentosa claridad y la inteligencia del director. La propuesta lleva mucha mención del relato bíblico de Adán y Eva, pero sin mucha parafernalia o trascendencia argumental, sino como sencilla comedia, alusiones ligeras. Jean le suelta una manzana en la cabeza al distraído Charles, cuando recién llega al barco, lo que parece un acto absurdo, pero que da a entender que ella hará lo que quiera con él. Sin embargo el amor lo salvará de ésta truhan. Igualmente Charles es un estudioso de la serpientes y hasta tiene una como mascota. El sobrenombre de Eva es otra mención, como quien dice, un dolor de cabeza. Así mismo representa seducción. Todo lo que invoca comer de la manzana. 

viernes, 12 de diciembre de 2025

High Sierra


Ésta película tiene muy buenos antecedentes. La película la dirige Raoul Walsh, que tuvo una filmografía prolífica y dominó el noir. Éste es uno de los noir más celebrados de la historia del cine clásico. El guion está hecho por William Burnet quien escribió la novela que adapta Little Caesar (1931) que guionizó, película seminal y de las más destacadas del noir. Burnet escribió la novela que adapta el presente filme y con el tiempo cimentó su nombre en el género tanto en literatura como en el cine. Lo acompaña como guionista John Huston quien ahí no más debutaría como director con otro noir capital, El Halcón Maltés (1941). El protagonista es un criminal, un asaltante de bancos que recién ha salido de la cárcel tras 8 años encerrado, Roy Earle, interpretado por Humphrey Bogart que con ésta película pasó de actor secundario a actor principal, es el punto de inflexión en su carrera. Es una película muy detallista, muestra cada cosa, pero lo hace con esa edición magistral que posee el cine americano, maestros del tiempo y de la exposición. Cuando a la pareja de Earle se le dice que mañana va a tomar el bus para huir, sobrevivir, efectivamente lo hace. Se ve como se despiden besándose a cada rato. Cuando Earle requiere conducir el auto de un estado a otro lo vemos en pantalla. Se plasma visualmente lo que muchos suelen evitar mostrar y lo hace de manera harto frontal. Cuando Earle sale recién de la cárcel y quiere volver a descubrir el mundo lo vemos a continuación pasear al aire libre de manera sencilla. Expresa querer corroborar que las cosas (mínimas) siguen tal cual las conocía. La brevedad va de la mano con la precisión y con lo exhibido proyecta nuestra imaginación. Ciertamente podrían durar algunas acciones un poquito más, no obstante no se percibe como un defecto, sino siempre es competente. Tomemos en cuenta que hacer un filme demasiado/prolongadamente especifico fácilmente podría catalogarse de defecto en sentido no de realismo positivo, que la escena muestre un alto grado de verdad hacia la comprensión del espectador sin darle algo vacuo, sino que al ser uno muy lento con el cine es por lo general una deficiencia. Earle es un criminal hecho y derecho, es la vida que lo define. Se dice varias veces. Se podría adjudicar que es un hombre malo. No duda en dispararle al policía cuando éste lo enfrenta. No le queda otra dirían. Lo mata, a poca distancia. Cuando los jóvenes ladrones muestran debilidad, les falta el temple y pierden el control y se desbarrancan, Earle los desestima sin ambages, por frágiles,  por no estar hechos para la vida que han escogido seguir o practicar. Dice también haber optado mal por no matar al cómplice interno del robo de los diamantes. A él le dice abiertamente que se le nota que terminará como un soplón. Pero sólo le cuenta una historia para asustarlo. Así mismo a Earle también le aflora un buen corazón en otros momentos, como con la chica coja a quien nunca le falta el respeto aun cuando ella se comporta cruel con él. No reniega de haberles ayudado. Otra manifestación a favor de él es que puede cambiar de juicio (no es un tipo intratable, a pesar de estar inmerso en un mundo violento), tiene comprensión, oye a los demás, como con Marie, interpretada por Ida Lupino, que tiene una performance a la altura de su protagonismo. Marie ha sido bailarina desnudista, pero quiere otra vida, quiere a un hombre de verdad, quiere ser leal. Llora en un momento como damisela abandonada para convencerlo y lo conmueve. Earle la llega a querer, hasta ser capaz de morir por el otro. Pero como bien dice el doctor, ahí está la estela del mítico John Dillinger, morir en la ley del hampa. Earle no va a regresar a prisión. Se siente reflejado en una paloma que asciende libre al cielo. El criminal prefiere morir a ser otra vez atrapado, enfrentar en esa gloriosa escena de Sierra Nevada, tras las montañas, a una gran cantidad de policías que lo tienen rodeado, lugar que se ve es imposible de escapar. Entra la mítica del perrito simpático, pero malagüero, similar al propio Earle, quien ya ha escogido su destino. El jefe mafioso se justifica, todos vamos a morir dice, que no te importe pensar en ello. La ley del criminal. Hay persecuciones en auto bastante notables, al puro estilo clásico. Llevan potente adrenalina y por entonces sin efectos especiales. Participamos de muchos disparos, tenemos mucha acción, más su toque melodramático. Earle es de los de verdad. Earle es realmente duro. Ya el corte militar o alemán lo manifiesta todo, al estilo del corte de Dillinger. Pero se permite hablar de las estrellas con tremenda sonrisa. El rostro iluminado de Bogart. El hollywood fundacional en toda grandeza. Se permite ironizar con la bondad, tras traer al perro en el auto, mostrando amabilidad. 

jueves, 9 de mayo de 2024

Harvey


Ésta película suena bastante peculiar, es una película friki con todo el formato del mejor cine clásico, con el protagonismo de uno de los actores más renombrados y talentosos -y más queridos- de la época sino el más representativo, James Stewart. Pero no es cualquier película friki en una época donde de su categoría no abundaban sino adapta una obra de teatro ganadora del prestigioso premio Pulitzer (entregado en 1945), perteneciente a la americana Mary Chase. Harvey (1950) si bien friki es como Que bello es vivir (1946). Un hombre llamado Elwood P. Dowd (James Stewart), un hombre soltero de más de 40 años, se comporta como un loco. Le habla a un amigo imaginario todo el tiempo y la gente queda descolocada o se asusta al ver la normalidad con la que habla de -y le habla en público a- Harvey, un ser invisible, que él mismo describe como un conejo gigante. Y más tarde sabremos que proviene de la mitología y fantasía celta, que es un Pooka. Algo parecido en otro universo se podría entender que es el legendario y popular Totoro (1988). Elwood es un hombre con dinero y es super amable y comprensivo con todos, busca hacerse amigo hasta de la persona más humilde, a todos trata con mucha bondad e invita a su opulenta casa. Elwood, aunque muy educado y afable y muy solvente económicamente pero un hombre de a pie, es muy aficionado a la bebida y puede entendérsele como un borrachín con alucinaciones, alguien que ha caído en desgracia y se ha vuelto loco. Es así que su hermana, Veta Louise (Josephine Hull, ganadora del Oscar por ésta actuación, una muy histriónica y con grandes momentos cómicos), y la hija de ella, con quienes vive no aguantan vivir en ese estado que les provoca Elwood, que siempre mencione y presente a Harvey y los haga ver como una familia de freaks. Ellas son de sociedad y la hija no puede conseguir novio, fácilmente son marginados al conocer al tío loco. Éste filme es una comedia además y uno se ríe mucho de varias ocurrencias, como cuando confunden como una loca a la hermana por Elwood. Hay momentos cómicos que se perciben originalmente difíciles o habitualmente incómodos y pueden ser asumidos de humor negro, aunque en general éste es un filme accesible y amable. El tratamiento que vemos en ésta película, por una parte (porque también hay un lado más sofisticado), de las personas con problemas mentales es muy tosco, muy acelerado, hasta pasa por violento, poco empático, incluso arcaico, sobre todo con respecto al enfermero Martin Wilson (con un tremendo Jesse White), que cree peligrosos a todos los que sufren de desequilibrios. Esto puede ser porque se trata de crear humor (un humor más cerca del slapstick), pero también puede ser una radiografía de la ciencia de la época. Incluso un actor del prestigio de James Stewart (quien demuestra que es un actor grande pero todoterreno o justamente por eso, sentando bases para el resto) es maltratado en pantalla por Wilson (que será parte del desparpajo cómico de un romance improbable). No obstante Elwood es la tolerancia absoluta, invoca la comprensión de un santo y se deja llevar por todos, si bien tiene momentos donde se expresa verbalmente muy ecuánime y hasta de manera sabia y excepcional, como un particular monje budista. Igualmente la normalidad con la que habla de Harvey, tan abiertamente, lo hacen pasar por un demente, pero en el mirar de toda la película y es parte de la personalidad y originalidad general de la propuesta se llega a imprimir una extraordinaria coherencia que versa sobre ideas mayores de justamente un comportamiento friki, marginal o habitualmente ferozmente descalificador. Justifica lo injustificable y le da trascendencia y humanismo y maneja genialidad con su argumentación y aceptación, y sin que sea arduo de comprender. No obstante apuntando que es algo que como se dice en pantalla de la propia arte de la pintura, no solo es realismo (cine clásico) sino tienen injerencia nuestros sueños, nuestras fantasías, nuestra creatividad, nuestra imaginación, nuestra libertad, nuestra autoafirmación y nuestra capacidad de búsqueda y autoconocimiento y con el universo, yendo más lejos de lo ordinario. Es así que Elwood existirá dentro de un especie de universo paralelo pero anclado a un pueblito americano común y corriente desde quien tiene el aura de un ángel que es influenciada o irradiada por la existencia de un conejo gigante y ciertamente suena absurdo pero de eso trata soñar y de eso trata el arte, a razón de la mitología celta, de un misticismo especial, de cierta filosofía. En un momento -donde la palabra trasciende- Elwood describe de manera interesante muchas cosas, con respecto a la humanidad, al prójimo, y a la mirada de verse uno en el planeta, que choca contra muchos, como señala esa breve pero contundente participación del taxista. Implica apostar por un mundo mejor, optar por hallarse feliz y trasmitirlo e intentar ver cada día perfecto, estar un poco loco. 

martes, 7 de noviembre de 2023

While the City Sleeps

While the city sleeps (1956) la dirige el célebre director austriaco nacionalizado americano Fritz Lang, maestro del cine, como también maestro del cine negro donde ayudó a sentar las bases del género y realizó bastantes películas noir. La presente es la penúltima que hizo en el género y la penúltima trabajando en EEUU y una de las últimas obras en general de su filmografía. Al mismo tiempo que es cine noir es un drama social alrededor del periodismo donde el hijo heredero de un grupo de medios de comunicación como periódicos, programas de tv informativos y agencias de noticias, Water Kyne (Vincent Price, antes de convertirse en un fenómeno o ícono en el cine de terror), pone a luchar por la administración en jefe de todo su conglomerado a 3 importantes líderes de sus empresas informativas. Uno es Jon Day Griffith (Thomas Mitchell), un notable periodista en jefe de un diario. Pero el héroe de la película es un ganador del Pulitzer en su mismo rubro, el sencillo periodista Edward Mobley (Dana Andrews), quien es el que todos quieren sea el nuevo máximo representante del conglomerado, pero él no quiere, se dice que no tiene mucha ambición personal, pero es muy bueno investigando casos criminales, como el que nos compete -que hace de fuente de mérito al puesto principal-, basado en un asesino serial real, apodado "El asesino del pintalabios", interpretado por un sudoroso y en constante tensión y joven John Drew Barrymore (que tenía 24 años), que hace de un muchacho traumado con las mujeres en una explicación ligera sobre que querían que sea niña y no niño durante su adopción. Otro es Mark Loving (George Sanders), jefe de una agencia de noticias y el rival más fuerte de Griffith. Griffith es aliado de Mobley, aunque la novia virginal de Mobley es ¡secretaria! de Loving (cosa rara ver una secretaria virginal, más si sabemos como es el jefe). El tercero en pelea es Harry Kritzer (James Craig) y no hace ni intenta hacer nunca nada especial, pero es el amante de la esposa de Walter Kyne, interpretada por la hermosa, de bella figura y sensual Rhonda Fleming, que es astuta y manipuladora. Pero la lucha por la mejor femme fatale se la lleva la reputada actriz Ida Lupino como una periodista muy sexual, muy liberal. Como se puede apreciar hay tremendo casting, con actores muy talentosos envueltos, y como el filme se explaya mucho en diálogos agudos (pero siempre clarificados) e interactuaciones casuales y sociales el disfrute viene viéndolos actuar, sostener causticidad e inteligencia cada uno a su modo. La parte de acción o criminal o noir será un 30% del total aunque la lucha por el poder viene a través de resolver el caso del asesino serial y hacer que el conglomerado periodístico siga en la cúspide con el nuevo director Walter Kyne quien demuestra ser más astuto, de lo que su padre y allegados le otorgaban, en delegar puestos importantes y buscar que todo siga óptimo con él como dueño vigilante. Es una película sobre el éxito y la competencia por conseguirlo, pero también sobre ser o intentar ser honrado e idealista en lo posible en el trayecto y en el liderazgo. Ésta gente no es perfecta, pero son de los que buscan perfeccionarse, ser más honrados consigo mismos, sin tampoco juzgar todo con una moralidad incapaz de interactuar con lo real donde asoman retos y gente compleja. También ésta gente se conoce a sí misma. Loving luce semejante a una rata en prestar a su amante para sus fines pero ésta misma conoce su calidad de libertina y su propia liberalidad, se sabe promiscua y ahí se ve buen manejo de quien cada uno es, sin por ello ser necesariamente tachado, que ni Loving ni Mildred Donner (Lupino) lo serán y es como plantear cierta audacia o un noir más propio de sí, más realista. Otros en cambio parecen muy honrados, pero no lo son, como Kritzer, aun cuando pasa por algo tonto (o sólo es porque es random), pero ciertamente no es muy talentoso, en notoria comparación con Loving y sobre todo Griffith. Mobley representa el talento innato (con capacidad efectiva), pero que quiere una vida tranquila, si bien en el lugar equivocado, asumiéndose el liderazgo como un lugar de mucha presión; y el periodismo, un lugar intenso e impredecible que trabaja sobre la corrupción. Griffith representa la tenacidad y el anhelo, el que quiere todo lo que no quiere Mobley quien digamos que es el héroe humilde, que lleva un rostro, e identidad como actor, idóneo, como clamar heroísmo y al mismo tiempo cierto perfil bajo o que quiere demostrar capacidad sin tanto reconocimiento, una excepcionalidad que no sea de cartón, es decir no una popularidad banal. Ésta realización tiene en particular una excelente secuencia de acción, tras el descubrimiento del asesino en serie, que va hasta el subterráneo. Aunque es un filme que trabaja más el drama social, sabe sacarle sustancia alrededor del noir. No es tan ágil, pero tiene muchos diálogos valiosos (desde la claridad) si tenemos paciencia y atención con su abundancia. Resulta interesante desde dónde y cómo se mueve, el mundo del periodismo, persiguiendo la noticia de un asesino serial -al que en realidad no se le da mucha profundidad, sino más funcionalidad y pocas pero visualmente buenas escenas-, una noticia que vende mucho, como lo policial. 

sábado, 5 de agosto de 2023

Design for Living

Design for living (1933), es una gran película y una que sorprende, incluso algo en el presente, si bien la modernidad se ha encargado de romper muchos límites. Ver ésta comedia del genio maestro Ernst Lubitsch, parte del Hollywood clásico, del Hollywood de los 30s y anexado los 40s, es observar que la comedia y éste tipo de filmes eran de otro nivel comparado a hoy en día, ¡qué película! El tema es sobre una mujer que no puede decidirse románticamente entre 2 hombres y quiere estar con ambos. Es un tema abordado con una elegancia digna de inteligencia superior, del gran cine imperecedero. El filme es osado en lo que propone pero lo hace con tanto tino y cuidado, pero asumiendo un tema picante, que es tremenda maravilla. Lo sexual está detrás tras bambalinas, lo que se toca es desde otro punto, pero se asume esto anterior por elipsis. Gilda (Miriam Hopkins) dice tenerse por una chica mala, aun cuando ayuda a 2 hombres a ser mejores en sus profesiones y vocaciones por el arte, mientras los 2 yacen enamorados de ella y viceversa. Uno lo interpreta el hiper famoso y galán Gary Cooper como George, un hombre más rustico que su otro competidor y mejor amigo, Thomas (Fredic March), un tipo más sofisticado, más refinado, aunque George muestra inteligencia, pero es más tosco, más directo. Thomas es aspirante a guionista de teatro, a dramaturgo, mientras George a pintor y retratista. Gilda trabaja en publicidad y es cuidada por el dueño de una agencia millonaria, por Max Plunkett (Edward Everett Horton), un hombre refinado, pero sencillo en el trato, que también la persigue románticamente. Gilda no quiere a Max, son sólo amigos, ella prefiere a tipos más seductores como George y Thomas, a quienes llega a comparar con sombreros de moda y ser ambos "necesarios" para su vida. Gilda es una aventurera, una mujer de vida intensa, que no es retratada como alguien vulgar, aun cuando engaña a uno con otro, y no quiere decidirse. En un inicio la opción es George, el tipo físicamente más atractivo y quien tiene una personalidad ligera y complaciente. Luego pasa a ser Thomas, el tipo bajito, inteligente y astuto, de amplia cultura. Lubitsch sortea cualquier censura con su finura, retratando al ser humano de a pie y su comportamiento más liberal y juvenil, más libre y atrevido, y a partir de una mujer, proponiendo un cierto feminismo con ella. Es una película que entretiene mucho, éste cine no solo es de sabiduría diáfana -para exponer- sino que es hedonismo para todo el planeta, es cine popular de autor en el más alto nivel. El filme tiene a Gilda yendo y viniendo en sus dudas, en su elección. En un momento Lubitsch pone al tanto al publico que le está hablando al hombre de a pie, pero con ingenio y arte. No obstante las cosas, tal cual como el golpe de George a Thomas, están ahí igualmente, debajo de la sofisticación general de como decirlo y exhibirlo, pero aun así en un empaque que es de dotada amabilidad de ver. La conclusión es atípica, pero fiel a lo expuesto, donde radica una manera de ver el mundo o una etapa de nuestras vidas, y aunque no es la proclama usual o lo más natural o lo más normal ahí yace la genialidad del filme, de enarbolar algo excepcional y poder de alguna manera sostenerlo o que sea digerible para muchos. Es una comedia y es notorio que quiere ser cómplice del público y creo que lo logra, sin que necesariamente tengas que verte reflejado o identificado o querer practicarlo. El filme cumple con creces con divertirte, Gilda proclama la fiesta y ser una chica mala, su par femenino de la llamada jerga masculina de ser un perro. 

jueves, 22 de diciembre de 2022

Foolish Wives

Foolish Wives (1922), de Erich von Stroheim, tiene una traducción inteligente digamos, Esposas frívolas, esposas que no saben valorar (a sus maridos, hombres convencionales, más simples) por amantes y Don Juanes o seductores por naturaleza, gente que se ve más vistosa digamos también. Pero el significado literal o más específico del filme de Stroheim indica en realidad de título Esposas tontas, o Esposas fáciles de engañar, lo que lleva más ironía o algo más de perversidad. Uno de estos hombres llamativos y falsos es el conde ruso Sergius Karamzin (el mismo von Stroheim), un tipo que solo quiere dinero de las mujeres tontas. Lo curioso es que von Stroheim no es un tipo pintón, pero, claro, representa a un aristócrata, a un hombre refinado, de paso a un militar, pues aquí en Monte Carlo, donde estamos, está lleno de militares, con la guerra tan próxima detrás, la primera guerra mundial. Stroheim es un tipo muy seguro de sí, con su monóculo clásico. En el filme se presenta como un hombre sofisticado y muy masculino, un hombre de acción y al mismo tiempo un intelectual, un oficial de alto rango, como salido de una historia de Tolstoi. La mujer a engañar es esposa de un diplomático americano, Helen Hughes, es una mujer muy simple. Ella incluso aparece leyendo una novela -de mismo título del filme- donde es como una telenovela de mujeres tontas o básicas seducidas por hombres interesantes. Stroheim es un truhan que llora y se manifiesta sensible con las mujeres (frívolas o tontas) y al descuido ríe de medio lado de sus trucos para engañarlas. El personaje que escoge ser Stroheim lo sindican como un actor de los grandes, no sólo un excelente director. Es un filme mudo muy simpático con su comedia suave, pero como con aquel final del conde ruso puede tener su toque duro de realismo crudo, aun siendo todo un clásico. Lleva el aire del pasado más allá de lo evidente, como ponerse en el lugar de defender el matrimonio y a la figura del marido, cuando hoy en día se apunta al amante, al seductor, al chico malo o a la aventura. Lo hace de manera que maneja una gran historia ante todo más que un mensaje idealista, proyectando mucho con poco, valiéndose de los detalles. Por todo ello me parece una genialidad Foolish Wives, aparte de mil y un virtudes q posee. También me parece un tipo de rebeldía (positiva) valorar Foolish Wives hoy en día porque se puede entender como de cierto aire católico si se quiere, sin dejar de ser respetuosos de la libertad que puede limitar cierta religiosidad. Stroheim escoge ser un malvado absoluto, ahí lo vemos tratando de aprovecharse de una mujer-niña, de mente infantil, y hasta de la empleada, a quien no duda en quitarle su dinero con malas mañas, pero como le pasa a los perversos de los cuentos terminará padeciendo el karma de su seducción mentirosa. El filme maneja dos escenas épicas, impresionantes para la época del cine, una cuando hay una tormenta y otra un incendio. Éstas escenas tienen potente naturalidad, aun cuando el cine mudo le pide a sus personajes histrionismo, cierta exageración gestual, ya que no hay sonido directo y hay que expresarse mediante otros medios, aparte de los muy acertados intertítulos. El conde Sergius tiene dos compinches, sus "primas" amantes. Destaca de ellas la Princesa Olga Petchnikoff (Maude George), otra gran malvada y estafadora. La empleada Maruschka (Dale Fuller) tiene cara de loca y esto agrega genialidad visual en cada acto de revancha que ejecutará. Lo mismo con la anciana de la posada pobre tras la tormenta, es un escenario curioso y un personaje entre siniestro como una bruja y humano de cine social dependiendo la luz, en sí el filme tiene una estupenda producción de arte. Hay ratos donde vemos aristócratas perversos, arribistas y estafadores; pero también gente sencilla con poder y dinero como con el diplomático americano que no es en lo práctico muy relevante, más mero objeto para que el filme trabaje tranquilamente y bastante con el conde y la esposa tonta. Stroheim se roba el show con su personaje, pero tanta injerencia es pura maestría, es la gracia del filme, el demonio que empuja a que la gente buena caiga en desgracia, sean desfalcados. También el incendio se ve simbólica y literalmente como oprobio para el marido, la vergüenza de saberse dentro de una infidelidad, pero aquí lo que importa es salvar a la damisela en peligro, de ese demonio aprovechado en todo sentido. La mujer del diplomático en éste filme es un ser inocente, opuesto total de las primas amantes. La propuesta también plantea buenos ratos de ironía, como cuando el conde le dice al diplomático lo que pretende con su mujer, como quien dice la verdad y no crees que algo así tan infame, tan abiertamente, suceda.  

sábado, 9 de abril de 2022

Little Caesar y El enemigo público


Little Caesar (1931) 

Dirige Mervyn LeRoy. Es una de las grandes y más famosas películas del cine negro, una película seminal del cine de gángsteres, y Edward G. Robinson como Rico o El Pequeño César (Little Caesar) el primer popular gángster del séptimo arte. Robinson está magistral, trasmite esa violencia y ese temperamento fuerte y esa enorme ambición de poder y dinero de todo mafioso. El estilo es distinto al del gángster italiano, aquí la cosa luce más humilde, más de a pie. Rico empieza asaltando gasolineras con su amigo Joe Massara (Douglas Fairbanks Jr.). En la apertura, en una escena en un bar común, lo oímos a Rico soñar despierto lleno de la intensidad y el orgullo que jamás lo abandonará. Siempre es violento, directo, va al grano con fuerza, es un hombre de acción. Su ascenso se ve venir de lejos. Se impone a todos. Su negocio se mueve en los robos. Lo vemos reunirse con su clan en un club, El Palermo. Él representa al premonitorio hombre tóxico y su amigo Joe al tipo sensible, un seductor. Pero aquí, porque a Joe le gusta bailar y el teatro, El Pequeño César lo considera afeminado. El amor será el escape para Joe, su reivindicación fuera de la mafia. En una gran escena César enfrenta a Joe, la cámara enfoca la expresión de César que empuña un arma, su ira creciente, luego viene la toma subjetiva de su persona, la cara sorprendida de suspenso de Joe, breve pero contundente, puro cine clásico. Es curioso ver que el final se da a través del tamiz literal del teatro, detrás del panel de publicidad del musical teatral de Joe y su amada, como si esto fuera la orden superior. Se nota que Edward G. Robinson ha influenciado en el Al capone de Robert De Niro, de Los Intocables (1987). Éste filme tiene 3 grandes secundarios. Uno es el hampón Sam Vettori (Stanley Fields) que tiene de viejo fanfarrón y hombre sutilmente melancólico y también aire de borracho o es que Little Caesar lo abruma y disminuye todo con sus personalidad y violencia. Otro el jefe de la policía Flaherty (Thomas E. Jackson), que es sarcástico y venenoso, muy rudo aunque educado y no teme a nadie. El tercero es el guardaespaldas de Rico, Otero (George E. Stone), que tiene todas la del lacayo bravo, sin forzar nada.


El enemigo público (1931)

La dirige William A. Wellman. Es otro de los filmes pilares del cine negro y James Cagney uno de los más famosos actores interpretando gángsters. Cagney es Tom Powers y lo vemos robando desde niño, influenciado por un pequeño maleante, Putty Nose (Murray Kinnell). Finalmente entra en un robo grande, junto a su mejor amigo, Matt (Edward Woods). Se da una gran secuencia que incluye un oso disecado. Luego así como de la nada, todo muy natural, en la misma esencia de Putty Nose aparece Paddy Ryan (Robert Emmett O´Connor), un bartender que quiere traficar con alcohol durante la época de la prohibición, los años 20, y les plantea el negocio a Tom y Matt. Paddy es más accesible y leal que Putty y luce menos rudo. Pronto en cierta elipsis y excelente edición Tom se alia detrás de un gángster top, Nails Nathan (Leslie Fenton) y se vuelve un reputado mafioso, siempre acompañado de su inseparable amigo Matt. La escena -una muy buena- cuando buscan sus mujeres es de estilo clásico pero juega con lo vulgar, con dos mujeres guapas pero trepadoras. Ella es poco para Tom, que finalmente encuentra a su otra mitad, a una mujer de aspecto algo extravagante, interpretada por la mega popular Jean Harlow, que aparece solo en 2 secuencias, pero deja huella, con su rubio platinado y una pinta que fácil puede inspirar al cine latino. Cagney tiene cara de pícaro, con sus ojos saltones y sugerentes, parece burlarse del mundo, pega bien como mafioso astuto y no tanto de líder sino de soldado de armas a tomar. Entra a tallar el que hace del hermano mayor de Tom, oficial del ejército y un tipo intachable, que puede haber ayudado a la imaginación para crear a Michael Corleone y también el beso sentencia a Fredo. La escena en la lluvia cuando Cagney se prepara para hacer de kamikaze es una de las joyas del séptimo arte, y perpetrar un gran fuera de campo y una performance de un solo hombre contra todos que seguramente habrá inspirado el Scarface (1983) de De Palma, y también incluso a directores como Akira Kurosawa. 

domingo, 20 de febrero de 2022

La soga (Rope)


La soga (1948), de Alfred Hitchcock, es una de sus obras más reconocidas. Se basa en la obra de teatro del mismo título del británico Patrick Hamilton que se inspira en el famoso caso de los estudiantes asesinos Leopold y Loeb escrita a cinco años de cometer su famoso homicidio de un niño de 14. En el filme de Hitchcock dos mejores amigos, Brandon (John Dall) y Phillip (Farley Granger), matan a un compañero de estudios y lo meten en un cajón donde especifica y macabramente van a comer en una pequeña reunión que organizan. Brandon es la mente maestra, un tipo perverso que quiere probar las elucubraciones de su maestro universitario, de Rupert Cadell (James Stewart), que se basa en Nietzsche, sobre la superioridad y el superhombre por sobre la insignificancia de cierta humanidad. Brandon lo hace también por disfrute personal, lo siente como un reto constante, por eso organiza una fiesta y quiere que el mismo maestro Rupert asista, como para jugar con él, vencerlo intelectualmente, de manera secreta. A la reunión poco después de matar al compañero va el padre del muerto, su novia, el ex de la novia, Rupert y la tía de la victima. En plena reunión Brandon saca el tema del profesor y éste empieza inmediatamente a sospechar de ellos. La fama de particular le precede a Brandon. Por dársela de astuto empieza a luchar por no ser atrapado. Luego saltan algunos indicios; también suma que Phillip luce nervioso, alterado, para como apunto de llorar o rendirse, y para peor para él empieza a emborracharse fastidiando a Brandon que yace gozando con todo el asunto organizado. El baúl y el cadáver pueden simbolizar la homosexualidad de la pareja de asesinos; el miedo a que se descubra el cuerpo puede ser el mismo por la propia sexualidad, visto como una trasgresión de la moral de la sociedad. Tanto Phillip como Brandon no dan esa imagen ni se manifiestan nunca así, salvo por algunos engreimientos en su expresividad, pero se decía que los verdaderos asesinos pudieron serlo en secreto. No obstante esto jamás se confirmó. De la misma manera tanto Granger como Dall si lo eran en su vida intima. Como bien dice un débil Phillip está Rupert jugando al juego del gato y el ratón, a investigar que algo extraño está pasando en la reunión y quiere saberlo. Es un filme que recurre sólo a 9 personajes, incluidos unos segundos el cuerpo del asesinado David Kentley. A los invitados se le suma la criada. John Dall actuaría muy poco en el cine, su pasión sería el teatro, aun cuando su debut en el cine le dio una nominación al Oscar y lo puso como prometedor en el medio. No obstante nunca llegó a saborear mucha popularidad en el cine aun así. Farley Granger sí tiene algunas películas muy famosas en su filmografía, aunque su carrera no fue del todo gloriosa, pero sí nutrida, con altibajos. James Stewart fácil puede ser el mejor actor clásico del cine y no es poco decirlo. Como se basa éste filme en una obra de teatro es una propuesta digamos que austera, con pocos recursos, como estar en un único lugar, la casa de los asesinos. Hitchcock lo convirtió un poco en un filme experimental, no por raro, porque es super clásico y muy bueno, sino porque se estructuró bajo unas pocas secuencias de 10 minutos cada una y Hitch trató de esconder los cortes, las uniones, como mediante la repetición de apuntar -salir y entrar-con la cámara a la ropa. La soga es un filme sencillo, pero notable, con muy buenas actuaciones, con conversaciones directas al punto, pero muy ricas, con su sabrosa interacción de misterio e investigación, con su toque de picardía, su pizca de trasgresión y su pequeña cuota de filosofía, con el famoso y poderoso suspenso del director y con sus inteligentes momentos de tensión, sospecha tras sospecha. Se disfruta de manera muy fluida a través de algo interesante. El profesor lanzará un monólogo de subsanación en pos de su cátedra de autosobrevaloración narcisista intelectual, explicación que responde a Nietzsche. También se puede ver ahí a Hitchcock que se divertía con esto -el negocio del crimen- con su cine y lo fantástico, la excepcionalidad que le otorga su profesión, como ese juego intelectual en el aula que profesa Cadell y es malentendido y fríamente puesto en práctica. Como se dice, hay una personalidad dañada que es la culpable, la que convierte fantasía y abstracción en sordidez.

sábado, 19 de febrero de 2022

Vértigo

Éste filme es de los más populares y celebrados oficialmente del séptimo arte. Muchos lo consideran, antes más quizá, el filme número 1 de todo el cine. Hitchcock fue un director de muchas obras maestras, pero éste filme suelen destacarlo en particular, adaptación de una novela negra del francés Pierre Boileau. Es una propuesta que puede leerse como relato de terror, pero a media hora de terminar se define como cine negro por la puerta grande o con alevosía, una historia de crimen. Es un thriller psicológico, juega con la locura al tiempo que es una historia de fantasmas, de posesiones e inducción al suicidio. Finalmente todo queda como un plan perfecto, el asesinato perfecto. Es una historia de amor también, muchos la ven como de necrofilia o atraviesa esto sutilmente como perversa fantasía sexual. El protagonista, John Ferguson (el legendario James Stewart), se enamora con pasión, con furia, convencido de haber hallado a su otra mitad. A él no le importa meterse con una mujer casada, ni pareja de alguien de confianza, la necrofilia tampoco parece asustarle, lo suyo es obsesivo. Es un filme que puede leerse un poquitín machista, haciendo de una mujer semejante a otra (copiándola), ideal en la mente de John, pero también es su subconsciente que está buscando respuestas y curas, como a su fobia con la altura que va de la mano con la propia locura tras el sentido de culpa y debilidad de no poder haber salvado al objeto de amor absoluto, se trata entonces de una reconstrucción del alma. Es así que todo conduce a recrear el momento clave de la historia. Puede leerse que esto implica cierta perversidad, pero también es una investigación trunca que un detective por naturaleza -frustrado en ese ámbito también- está administrando cerrar. Todo pasa porque John, alias Scottie, halle la luz, su tranquilidad profesional y su sanación emocional. Aunque se plantea un accidente, y también un final rápido y de efecto a lo Hitch, se entiende tener cerca recurrentemente a una mala mujer, un asunto que va en varias sub-tramas, si bien alguna por meterse con criminales habiendo elipsis al respecto. Así mismo la mujer española parece haber sido infiel, denota otro juego de espejos. Tenemos entre manos una trama que hace uso del doble, del que no puede despegarse de la imagen preconcebida, quiere decir que hay un destino que no suelta a ésta mujer que interpreta Kim Novak, un objeto de adoración, pero también maldito, aun cuando hay belleza y un aura de sofisticación y actos de bondad y sensibilidad de su parte. No obstante no falta cierta vulgaridad, como deja ver el aspecto en cierta manera de Judy, mientras lo español puede que juegue con el cliché de lujuria. Así mismo Scottie es un tipo destinado a sufrir. El crimen parece pagar. Paradójicamente amar se siente como un error que deviene en fatalidad. Es el mal el que hace de las suyas, como buen cuento de terror, aunque no pueden o no suelen faltar las soluciones. La mujer perfecta en el relato es la amiga, Marjorie, pero es Madeleine y la española las escogidas y con ellas la tragedia. Es la eterna elección de las pasiones, por lo que uno cree aburrido o más convencional, también parte clásica del noir y de la novela en general, la atracción por el pecado. Pertenece a la obra romántica, de aire gótico, aunque se ubica en lo urbano, frente al imponente puente Golden Gate. Como crimen perfecto se oye algo fantástico, pero finalmente suena aceptable. Dicho desde una lectura sencilla, hacer películas se puede decir, tomando específicamente de parámetro ésta película, es meterle literalmente rollo, un poquito de poesía -mucha amabilidad- y otro de mítica -trabajar detalles como la forma de llevar el cabello-. Es así que Hitch propone el éxito con un estilo comercial-exagerado (a su manera), con ideas ligeras, cine de masas pues, aunque los académicos fieles al pensamiento de Truffaut lo tomaron más que en serio. Truffaut fue defensor del cine comercial por encima del cine intelectual, de donde se puede entender tanto respaldo por Vértigo (1958), a diferencia de Godard, que después de tocar el éxito éste dominaría su quehacer cinematográfico, sería el sentido de su cine. Godard, incluso, priorizaría la política por encima del cine (como arte) donde rompería con Truffaut y dejaría de hacer obras maestras como Alphaville (1965), donde justamente hace arte con mayúsculas, que contiene política, un logro mayor a todo lo demás suyo. Truffaut, en su visión, llamó a un cine, de qualité (o esnob), que no era tampoco radicalmente distinto al que apoyó, pero suena lógico lo que hizo, porque sus obras en general denotan cierta imperfección, si bien no llegan a casos graves. Lo denominó de qualité por hallarlo más cuadriculado, menos vitalista, quizá más formal, más cuidado, con más recursos. Dicho como un hecho, no le fue difícil imponerse. La reconstrucción física de la obsesión es rauda pero es parte del estilo del director de como cerraba muchas veces sus películas. Vértigo tiene una explicación llamémosle decente, aunque coquetea con lo ridículo, una explicación de esas impresionantes o espectaculares, cosa que ciertamente Hitchcock defendía de su cine, de manera abierta, de donde tuvo detractores inicialmente. Las caídas lucen realmente brutales, son terror del bueno, y curiosamente desde lo clásico, lo cuidado, lo delicado. Ésta propuesta es una buena historia de terror que se convierte en cine negro, psicología que gira hacia la practicidad, entretenimiento de nivel, popularidad a la vena, como era lo que hacia uno de los grandes directores del séptimo arte.

domingo, 13 de febrero de 2022

Compulsion


Se basa en la novela de no ficción de Meyer Levin escrita en 1956 que es previa a la mega popular y maravillosa A sangre Fría, escrita en 1966, donde Truman Capote popularizaría el tipo de novela, la llevaría a lo más grande. Dirige Richard Fleischer ya en la mejor etapa de su carrera, en toda gloria de cine clásico. Se basa en un crimen real, el de los asesinos Leopold y Loeb, cuando tenían 19 y 18 años respectivamente. Ambos provenían de familias muy ricas y ellos tenían altos intelectos, sobresalían en los estudios universitarios, estudiaban derecho. Loev en el filme es Arthur Straus (Bradford Dillman) y Leopold es Judd Steiner (Dean Stockwell); llevaban en la propuesta otros nombres para evitar demandas. El libro de Levin fue escrito mediante además entrevistas a Leopold, pero tenía de ficción y se cambiaron varias cosas; Leopold se fastidió con el resultado del libro y la película. Leopold fue muy amigo siempre de Loev quien murió apuñalado en la cárcel. En el filme Steiner/Leopold es medio manipulado por la amistad y devoción que le tenía a Straus/Loev. No obstante es Steiner a quien vemos más hablar del super hombre y la superioridad intelectual que proponía Nietzsche, y esto los lleva a poner éstas ideas en práctica y planificar delitos pequeños para luego asesinar a un chico del mismo barrio suyo, un niño de 14 años. En el super hombre de Nietzsche el pensamiento es que éste super hombre yace por encima de la moral de Dios, es el hombre como Dios por sobre la mediocridad. En ello no hay culpa ni misericordia por encima de lo "vulgar". En el relato del filme saltamos de pequeños delitos a ya consumado el crimen -no lo veremos- y van aflorando datos y conversaciones que dan por entendido, informan, sobre el homicidio ya ejecutado y en estado de investigación. En éste trayecto conocemos las personalidades de Straus y Steiner. Straus es un tipo muy egocéntrico y que quiere llamar siempre la atención, se jacta de todo y siempre quiere pretenderse incorregible y trasgresor, el más astuto del grupo. Steiner no salía con mujeres, era solitario, y se da a entender que tenía inclinaciones homosexuales y quizá estaba enamorado de Straus. Bradford Dillman tiene una sonrisa muy pícara, su performance colinda con la superficialidad y el engreimiento notorio, como con su aproximación con su madre. Se ve en repetidas ocasiones que empuja a hacer cosas a Steiner. Dean Stockwell hace de tipo sufrido, siempre golpeado y pensativo, metido en sí mismo (salvo para jactarse de ser muy inteligente), lleno de dudas y miedos, interpreta a alguien como hecho de gelatina. Es un gran dúo y estupenda interacción e imagen la que consigue Fleischer con ellos, sobre todo cuando la primera parte es conocerlos, profundizar en sus mentes, personalidades y emociones (mucho del débil Steiner que del por encima del mundo Straus). La segunda parte es la investigación de su crimen, donde Straus muy frío participa directamente hasta ironizando, mientras Steiner se ve humano con una primera relación con una mujer. El presente filme refuta las ideas de Nietzsche, con su objeto símbolo, unos no tan comunes lentes de medida. La tercera parte es todo Orson Welles, en particular con monólogos gloriosos contra la pena de muerte. No obstante es difícil aun así de tragar, pensando que perder a un hijo (y además en un crimen horrendo) es un tema bastante intratable. Welles hace de un abogado famoso, genio e idealista quien en verdad existió e hizo lo que vemos en el filme. Es una obra llena de emotividad. También trata un poco con la diferencia y lucha de clases, el resentimiento -aparte de lo razonable- y el peor abuso. Loev y Leopold eran ratas, son retratos complicados, el final se afirma en ello, aunque se maneja momentos donde muestran afectos y sensibilidad, y parece Straus un tipo gracioso, relajado, un chico nice, de elevada educación y sofisticación. El odio, sin tampoco exageración, hacia ellos y lo que representan como niños ricos se ve claramente en el amigo periodista, en Sid (Martin Milner), que representa a la clase trabajadora, pero en pos de lo intelectual, una intelectualización si se quiere diáfana y más humilde. Sid también aprenderá a ser más humano -saliendo de lo general-, desde gente muy consciente, como la imperfecta Ruth Evans (Diane Varsi), que ven el mal y el bien en el mundo y no pierden la fe.

viernes, 11 de febrero de 2022

Follow Me Quietly


Éste es cine B, dirigido por Richard Fleischer, cuando tenía poco tiempo de comenzada su carrera como director. Se basa en una historia del también director de cine Anthony Mann. Es notorio cine B porque maneja cierta idea torpe, imperfecta y hasta algo ridícula, en el uso de un muñeco similar al dummy como prueba de identificación de un asesino en serie. El dummy se basa en el peso y la altura de un recurrente sospechoso, pero no hay rasgos físicos de ningún tipo del rostro. Sin embargo se usa como si fuera algo elaborado y útil para identificar al asesino. No obstante hay sus momentos valiosos con éste, como en la secuencia donde el investigador policial principal, Harry Grant (William Lundigan), interactúa con el muñeco en una noche solitaria en su oficina. En ésta secuencia se crea terror, suspenso y surge tensión. No se puede evitar cierta sonrisa involuntaria con muchos momentos donde se usa el muñeco, es su mayor defecto, pero el filme tiene sus virtudes también; es cine clásico, aunque cine B, y se nota. Otros momentos tontos de investigación los produce la pista de una revista hallada en uno de los lugares de crimen. No obstante una cosa lleva a la otra y van avanzando en aproximarse al asesino. Éste proceso luce gaseoso, débil como soporte, pero todos actúan con tal seriedad y entrega que se forma un contraste curioso y uno sigue adelante, se entretiene y sale algo no desechable en conjunto. La última secuencia es de acción, de lucha y persecución en una fábrica, con psicología encima y es una maravilla. El asesino en serie ataca solo cuando llueve y quiere castigar los pecados de las personas. Esto es poco, no hay mucha argumentación al respecto, es un filme de 1 hora, pero, desde luego, tiene lo suyo. Hay una escena donde se ve en toda violencia un ataque bien frontal y sorpresivo del asesino. A razón de éste ataque -un disparador- en otro momento cuando aparece la lluvia en la oficina del investigador se maneja un suspenso sólido. Es un filme que no es obviamente una obra maestra, pero es atractivo y curioso. Fincher ha debido de verlo, entre otros de Fleischer, de asesinos en serie. Otro agregado es que se odia notoriamente a los periodistas y se argumenta bastante de esto, pero finalmente se trabaja con ellos, desde la posibilidad de un romance, incluido un momento naif clásico (bueno) en pijama, con la periodista rubia y agradable Ann (Dorothy Patrick). La mayoría de actores presentes son de cine discreto o de performances no popularizadas en el tiempo, pero no lo hacen mal, otorgan personalidad a éste poco celebrado pero simpático noir.

miércoles, 5 de enero de 2022

The Shop Around the Corner


El filme se ubica en Hungría, adaptando la obra de teatro Perfumería del húngaro nacionalizado americano Miklós Lászlo, dirigida por el megafamoso nacido alemán nacionalizado americano Ernst Lubitsch. Ésta es la película más famosa de uno de los grandes nombres del cine clásico. La obra se contextualiza a puertas de la navidad y termina en la celebración de éste día. La historia nos presenta el trabajo en una tienda, perteneciente a Hugo Matuschek (Frank Morgan), un jefe serio, justo y noble por igual, hay respeto hacia él y formalismo, pero aprecio hacia su persona y de éste por sus trabajadores a quienes trata de nombre, es el jefe ideal sin rollos de ningún tipo, bueno, decente pero inteligente. Se percibe dificultad por hallar trabajo en la época o el país o respeto por tenerlo o es el reflejo del de Matuschek. El trabajador más destacado del lugar es Alfred Kralik (el sensacional James Stewart), quien es un tipo muy culto, en un trabajo humilde; su inteligencia lo hace algo difícil con algunas personas, lo que hará el drama de la película y generará complejidad en ésta comedia romántica. La que lleva un trato duro de Kralik es la nueva trabajadora, la señorita Klara Novak (Margaret Sullavan), quien es una mujer abiertamente culta, amante de libros, literatura y textos académicos, pero de trato sencillo, es una mujer amable y carismática. Luego sabremos que tanto Kralik como Klara son almas solitarias; ella la lleva peor por la época, es melancólica y algo propensa a la crisis mental. Klara escribe a eso de las citas románticas con extraños y empieza  a recibir cartas de un pretendiente. La curiosidad es que el pretendiente es Kralik y ella no lo sabe. Klara producto del trato laboral detesta a Kralik aunque guarda ciertas formas y educación. No obstante lo cree un tipo vulgar. En ello entonces entra a tallar una especie de historia a lo Cyrano de Bergerac. El filme economiza bastante narrativa, recurre a talentosas elipsis, maneja el tiempo como los más grandes; su estructura permite conocer cosas más allá de lo lineal, con ello implica mucha sorpresa y novedad, genera curiosidad siempre, ya que más tarde se conocen las razones de hechos que impactan primero y parecen incoherentes momentáneamente. Aunque hay elipsis y un tratamiento no simple, sabe explicarse muy bien y ser entendible a un público amplio. Con Matuschek hay un coqueteo con Ebenezer Scrooge, de manera distintiva y personal. Estamos ante una de las mejores películas que se han hecho por navidad. 

sábado, 12 de junio de 2021

Hombres Lobo clásicos


El hombre lobo (The Wolf Man, 1941)

La película capital en la historia del subgénero de Hombres Lobo, dirigida por George Waggner, clásico de clásicos. Ésta película después de Un hombre Lobo americano en Londres (1981) es la mejor en el subgénero. Cómo no querer a Lon Chaney Jr., él es full feeling, bajo una maravillosa actuación, como Larry Talbot, el legendario Hombre Lobo de la Universal Estudios, el Estudio o Productora más antiguo de Hollywood y uno de los primeros del séptimo arte. El filme pone al mítico Bela Lugosi como un gitano que carga con la maldición del pentagrama, que lleva en la frente. Éste gitano recibe a Larry y dos muchachas, una es el amor de la vida de Talbot, Gwen Conliffe (Evelyn Ankers). El gitano abre la puerta a que todo se alinee y que Larry cargue ahora con la maldición. En adelante no podrá resistir el lado salvaje de su (nuevo) ser, el lado animal, bestia y asesino sin miramientos, emparentado el lado animal con el demoniaco, el lobo con el pentagrama. Larry se dará cuenta y empezará a sufrir, sobre todo cuando su próxima victima apunta a ser Gwen, mujer con la que la tiene algo difícil. Asistimos a un buen romance y seducción en el filme. Hay una escena en la iglesia, donde toda sospecha del mal que aqueja al pueblo apunta a Larry y nadie aguanta señalárselo, hacerlo sentir mal, torturarlo. La conversión con sólo los pies es otro gran momento. Es un filme que dura apenas 1 hora y 10 minutos y todo en éste es perfecto, es un clásico en toda gloria. El Hombre Lobo es una carga mental, se señala la locura, pero finalmente algo muy físico, muy práctico y concreto. Claude Rains como el padre aristocrático de Larry también le da nivel al filme, teniendo en cuenta que Lon Chaney Jr. realmente es más que la interpretación de un monstruo mítico, es un muy buen actor, trasmite bastantes emociones. Chaney se ve sofisticado a ratos y en otros muy campechano, muy de a pie. El filme cuenta con conversaciones muy diáfanas y al mismo tiempo harto inteligentes. Por el final vemos 4 pasajes distintos de la cámara sobre distintos personajes -el padre, la mujer amada, el Hombre Lobo y los cazadores- para generar la secuencia de clímax; persecuciones y peligros varios se mueven para dar la estocada final, y sellar el gran The End


La maldición del hombre lobo (1961)

Ésta es la única película de Hombres Lobo que hiciera la Hammer. La dirige el gran Terence Fisher. Fue el primer papel protagónico de Oliver Reed, a los 23 años. Tiene una gran apertura con el actor Clifford Evans como un mendigo que llega a una corte aristocrática y es maltratado, humillado y encarcelado para ser olvidado en una celda y perpetrar la maldición del Hombre Lobo. Ésta película tiene un sólido background sobre la gestación del Hombre Lobo, lo vemos desde su nacimiento, luego de niño, hasta joven adulto. Lo conoceremos padeciendo su vida y como se va formando en él su cruz. El filme tiene una gran tensión sobre éste calvario, y la intervención de la familia adoptiva como de la madre natural es notable; hay un vínculo poderoso entre sufrimiento y amor. Finalmente Leon (Reed) no puede controlarse y sale con la luna llena a matar, se comporta como un animal salvaje, como es que se menciona. Las escenas del Hombre Lobo en acción muchas son elípticas y luego cuando aparece con pelos y señales no son tan geniales, parece un Hombre Lobo albino además. Reed es muy histriónico, no lo hace perfecto pero está bien, hace de un joven sobrepasado por las exigencias de la existencia, de un joven que yace en el trance a la madurez, pero en su realidad de manera tan complicada que prácticamente luce imposible. La propuesta tiene aspecto de cuento de hadas perverso.


La marca del hombre lobo (1968)

Dirige el español Enrique López Eguiluz. Es la primera película de Paul Naschy como el legendario hombre lobo Waldemar Daninsky, de más de una decena que llegó a hacer. Ésta película tiene la particularidad y sorpresa de que el hombre lobo Daninsky se enfrenta con otro hombre lobo, y con dos vampiros, un conde y su mujer. Ésta propuesta es seria en lo que hace y es entretenida. Naschy se presenta de arranque como el chico malo frente a la chica linda, la condesa Janice (Dyanik Zurakowska), una rubia sin demasiada trascendencia, superando al chico convencional, al chico demasiado perfecto y zanahoria. Se impone el camino difícil. El filme pone a Daninsky a sufrir de una maldición, forzado a ser una bestia salvaje y no poder controlar su sed de matar. La luna llena aparece reflejada en el río. Es una película emblemática del fantaterror. Naschy escribe el guion y actúa bastante bien. El terror abre con la profanación de una tumba maldita por parte de unos gitanos ladrones y sensuales, esto aunque es una escena clave y atractiva recuerda bastante al folclore vampírico, más que un folclore propio, o como que lo emula. Es un filme clásico. Los vampiros del filme se comportan como swingers pero esto es acorde con esa sensualidad tan libre que poseen los vampiros, en la estirpe de Sheridan Le Fanu. El mix Drácula-Van Helsing contra Hombre Lobo hace pensar en una especie de combate Batman vs Superman, pero sin tanto bombo y platillo. El hombre lobo Daninsky se presenta en toda mítica de horror, fuera de control, matando a un guardabosques. Luce como el peligro absoluto. La condesa Janice digna mujer aristocrática y siempre con el padre cerca cuidándole los pasos interactúa en la trama tal cual la niña buena atraída por el outsider, el tipo solitario e independiente. Ella misma confiesa sentirse entusiasmada con la leyenda del hombre lobo, del hombre maldito, de la región. 

miércoles, 16 de septiembre de 2020

I Married a Monster from Outer Space


I married a monster from outer space (1958), de Gene Fowler Jr., es una muy buena película, perteneciente al cine B, pero es tremenda equivocación generalizar y pensar que éste cine es malo o se halla plagado de errores. Es un filme de bajo presupuesto, sí, pero esto conlleva doble mérito porque aun así es una maravilla de película. Éste filme tiene gran nivel en todo sentido, es sólido e inteligente, tiene efectos especiales más que decentes, y es bastante entretenido, es el paquete completo para cualquier cinéfilo que se precie de hardcore. La trama es sencilla, alienígenas sumamente feos, monstruos como dice el título -con una presencia y estética de gloria para amantes del cine de género-, pero de gran inteligencia, dispuestos a aprender -cómo las emociones humanas, amor de pareja, amor familiar, devoción, lealtad, tristeza, etc- y a viajar por el espacio y salvar a su raza, secuestran hombres y toman sus cuerpos y recuerdos, se hacen pasar por ellos. La protagonista, Marge (Gloria Talbott), se casa con Bill (Tom Tryon), pero éste a un día de casarse es tomado su cuerpo por lo extraterrestres. Lo que viene es la interacción matrimonial del nuevo Bill y Marge y no es en absoluto una comedia como uno podría pensar, el filme es muy serio y transmite incluso cierto drama, hay feeling en la propuesta. Esto es una genialidad si pensamos que se trata físicamente de monstruos, sin medias tintas estéticas, pero también porque Fowler no sobredimensiona nada, no busca el melodrama, sino todo tiene un aire súper clásico y tranquilo. No obstante al final ciertamente hay un querer hacer un poco de espectáculo, propio del cine de género, y está muy bien, es un combate abierto cuando Marge ha logrado su misión. Marge es la heroína, es una mujer común, pero eso no le impide delatar al nuevo Bill, mostrando carácter y osadía. Aunque ella lucha por tener el matrimonio que ha soñado -un matrimonio tradicional- claramente tiene ella un sentir feminista en su ser, de lucha férrea contra eso extraño que no le gusta, Bill pues no es el mismo, no la satisface como esposa, en ello está la frustración de no tener un hijo. Marge lo siente frío con ella además, y eso no es nada, intervendrá la locura. En la relación entra a tallar, claro, que el nuevo Bill no es humano y no conoce las emociones, trata de disimular, pero es tal cual estar en un disfraz. En mucho el filme habla de desamor. La película se pone buena porque el nuevo Bill empieza a sentir amor, a valorar éste sentimiento, y a sus enemigos -a los seres humanos-, y se vuelve compasivo, ve más allá de su esencia de procreación y subsistencia, incluso cuando Marge quiere deshacerse de él. Marge nos está diciendo que no puede amar a un monstruo, léanse todas las posibilidades de lectura que algo tan sencillo y claro puede provocar, esa es la magia del cine clásico. La obra de Fowler Jr. crea escenas memorables como cuando la desesperación gobierna y la consecuencia es la burla y el crimen. El nuevo Bill tiene un retrato complejo, puede ser muy frío y decidido, como cuando mira por la ventana a sus compañeros en acción, o muy sensible, hasta ser suicida. 

jueves, 10 de septiembre de 2020

I was a teenage werewolf


I was a teenage werewolf (1957), de Gene Fowler Jr., fue un hit en su tiempo, un film de cine B que está tan bien hecho que no parece cine B, pero el cine no tiene finalmente etiquetas en cuanto a ser bueno o malo, malo o bueno puede ser (casi) cualquier filme. Hay cine B que es muy bueno -tanto como otro bastante malo-, como el presente que es una obra maestra, un clásico de culto dígase además. El hombre lobo adolescente del filme lo interpreta Michael Landon, que se hizo muy popular por trabajar en series, como la familia Ingalls o Bonanza. Landon hace de joven rebelde que roza lo sociópata. Le sale pelearse muy fácilmente, el lanzarse a los puños sin mucha meditación. Pero Tony (Landon) al fin y al cabo tiene consciencia y tiene su nobleza y educación, es un hombre muy enamorado, de la bella Arlene (Yvonne Lima), por la que decide ir donde un psiquiatra, el doctor Brandon (Whit Bissell), a que lo eduque y lo corrija, mediante un método de hipnotismo, y una ciencia particular. Lo insospechado es que con éste doctor se esconde el verdadero mal y la ambición desmedida. La primera parte que tiene muy en mente Rebelde sin causa (1955) pero con su cierta personalidad y su propia sencillez formal, más un toque clásico, se vuelve en la segunda una película de terror hecha y derecha, muy bien realizada, llena de intensidad y ritmo, aunque con mucha delicadeza, y suma asertividad, donde cada movimiento luce inteligente y muy coherente. Es una película de terror notable en lo que realiza el hombre lobo, desde unos efectos especiales sencillos, pero buenos, partiendo de una alarma, curiosidad y cierto deseo velado como punto de transformación. Hay una escena de canto con un chico rubio llamado Vic (Ken Miller), que tiene todo el sabor del más bello cine clásico, que le sigue un montón de bromas juveniles inocentes que terminan en una explosión. Ésta primera parte es un drama, que en la segunda tiene al hombre lobo suelto en plaza, éstas dos partes bien distinguibles se fusionan perfectamente. Fowler fue un reconocido editor, pero también tenía su talento como director de cine, como pocos supieron ver en un inicio. Ésta película inspiró a muchos en el género a enfocarse en la adolescencia. 

martes, 16 de julio de 2019

The Ox-Bow Incident


Éste filme tiene un arranque fenomenal, con un Henry Fonda buscando entusiasmo en peleas de bar, para terminar desmayado por un botellazo del cantinero. Todo en son familiar por más extraño que suene. Así se presenta el filme, nos habla de un pueblo donde todos son como una gran familia que deliberan y debaten juntos, aunque tengan diferencias y rencillas de paso. El debate central y meollo del filme lo ocasiona la muerte de un ganadero, un hombre ejemplar y muy querido, ha sido robado su ganado y asesinado. El pueblo, los amigos, los compañeros, los vecinos, la comunidad, enardece, quieren venganza, quieren hacerse cargo de los asesinos, para eso quieren ir a buscarlos, atraparlos y lincharlos, ahorcarlos. El debate surge porque antes algunos pretenden que se les arreste y pasen por un juicio, pero la mayoría no quiere tanto tramite, están furiosos, quieren el linchamiento. Deliberan rápidamente, y salen en busca de los asesinos, la gran escena se muestra con montón de jinetes cabalgando. El filme se define por la justicia en manos de la gente contra la de la ley. La consciencia viene más tarde con un toque sentimental, con una declaración de por medio. El filme tiene un mensaje claro y muy certero. Es también una propuesta entretenida, muy ágil, muy simpática, aun cuando acción no es que abunde, es más un drama, una película para pensar dígase aunque no sea para nada compleja de ver. Como uno de los bandoleros está Anthony Quinn aunque como secundario. The Ox-Box Incident (1942), de William A. Wellman, es un filme en su punto de tiempo, dura menos de hora y media, y es muy potente.

sábado, 15 de junio de 2019

Carta de una desconocida


Una película muy celebrada, perteneciente a Max Ophüls, de poética maldita, de tragedia romántica, con una mujer que se enamora perdidamente de un hombre, su vecino, y muere amándolo, dejando una carta confesándole todo su amor. Lisa (Joan Fontaine) desde chiquilla queda prendada de un famoso pianista mujeriego, Stefan Brand (Louis Jourdan), y llega a conquistarlo, pero el hombre mujeriego como es la olvida y hasta redunda en ese olvido. En una estación de tren él dice que la buscará a su regreso de un concierto suyo, pero no lo hace. Ella firme en no incomodarlo –en no prestarle obligaciones- termina poniéndose a un lado –tontamente-, llevando un hijo de Stefan, a quien en vida no le confiesa de la existencia del muchacho –error aún más grande-. Es una película triste, con un hombre que se autodestruye inconscientemente al dejar pasar el amor verdadero, porque él ama a Lisa pero ha fallado por equis motivo en cumplir con ésta mujer. Ahí yace un pequeño misterio, ¿qué lleva a Stefan a dejarle entender a ella de que es su otra mitad en la vida, con aquello de lo que siempre ha sentido le ha faltado y necesitado, pero termina olvidándola o no reconociéndola varias veces?, esto puede sonar a un defecto de la propuesta, pero también plantea que el filme sea romántico, poético y trágico mediante éste olvido inexplicable y leitmotiv. Al final el hombre quien ha cometido el gran error de su vida recordará en su mente todos sus encuentros, identificándola, desde pequeña, mucho gracias a la carta sentida que ella le deja. Stefan no es un mal hombre, solo alguien que ha dejado escapar al amor. Simplemente es un hombre torpe, ejecutor de tantos fracasos, mientras Lisa representa a la mujer abnegada, una tragedia andando con su enamoramiento apasionado. El filme tiene muchas escenas dulces, todo no es llanto o drama. Pero el fin es ese, echar unas lágrimas con una historia triste.

viernes, 29 de marzo de 2019

The Seventh Victim


Ésta película de terror y misterio de Mark Robson versa sobre la muerte, es así que la mujer que buscan en el filme, Jacqueline Gibson (Jean Brooks), es una mujer proclive al suicidio, que tiene una soga para ahorcarse preparada en una habitación para cuando se decida finalmente, mientras su vecina que está enferma terminal quiere vivir su último aliento a mil. Son dos caras de la misma moneda, querer morir y adorar la vida, propuesto desde lo tradicional, el vacío y la depresión versus la enfermedad terminal. Mary Gibson (Kim Hunter) busca a su hermana, ella está atrapada en un culto satánico, pero el filme no sigue el curso natural de gente malvada haciendo daño o matando sino que es un caso más elaborado con accidentes de por medio y traiciones que deben pagarse, pero éste culto satánico es ideológico –como forma de vida-, no quiere ser violento, por más raro que suene tener a la adoración al demonio como tipo de vida. En el trayecto hay relaciones afectivas, entre Mary y el esposo de Jacqueline, Gregory Ward (Hugh Beaumont), y un amigo poeta, Jason Hoag (Erford Gage). Se propone misterio y todo se resuelve inteligentemente, como buen cine clásico todo es claro. Mary tiene 16 años, pero es muy madura, despierta pasiones, al igual que su hermana, pero desde lados opuestos, una representa la luz –la vemos hasta tomando un vaso de leche- y la otra la sombra –con su estilo noir y dark-.Tom Conway hace el mismo papel que en la estupenda Cat People (1942), interpreta al psiquiatra Louis Judd, y pone un lado de sofisticación con un toque de intriga. Tenemos un lado romántico tratado muy suavemente. El economizar tiempo y exhibir mucho es magistral como cabe esperar del cine clásico, como cuando Jacqueline camina por la calle asustada perseguida por alguien que quiere matarla, hay un juego de sombras, pasos, calles y detalles poderoso. En un momento se deja ver un posible enamoramiento lésbico entre Frances Fallon (Isabel Jewell) y Jacqueline, pero la propuesta lo maneja de manera naif y hablan de agradecimiento por ser una buena patrona, cuando en una escena gloriosa se le quiere obligar a morir envenenada a Jacqueline. Val Lewton es el productor del filme con la RKO y su época gloriosa de películas B de terror, debut del director Mark Robson y también debut de Kim Hunter, recordada por ser Stella Kowalski en la obra maestra Un tranvía llamado deseo (1951).

domingo, 23 de septiembre de 2018

The Last Frontier


El eje sobre el que gira éste western es sobre lo salvaje y lo civilizado. El protagonista es un explorador, Jed Cooper (Victor Mature), que es un hombre que se mueve a lo bruto, es como un típico adolescente americano de gran tamaño, se alcoholiza, toma en sus brazos a las mujeres de manera agresiva, hace bromas de mal gusto, es impetuoso, emocional y un hombre de acciones más que de reflexiones, pero esto cambiará.

Lo que es el motor es que Cooper siempre pregunta por lo civilizado –lo anhela habiendo un lado inocente en su persona-, él se tiene por salvaje, su calidad de explorador es un reflejo de su personalidad, de quien es él, esa vida a la intemperie, ese especie de aislamiento lo definen. Pero al conocer al Capitán Glenn Riordan (Guy Madison) quedará enamorado de su traje azul, de ser soldado, cosa que aún no está listo para ser, y curiosamente, o poco típico, no implica el cuerpo, la violencia, las acciones, la cualidad de sobrevivencia y combate –que le sobran- sino sencillamente la disciplina, lo civilizado.

Pero aun así hay soldados que no merecen ser soldados nos dice el filme del genial Anthony Mann, y se agrega una cierta confusión que parte de adentro también, que se ve claramente en aquella negación de encerrar al líder visto como enajenado. Todo esto se aprecia dibujado en la presencia del coronel Frank Marston (Robert Preston), un hombre lleno de ira, de violencia, amante de la guerra. El filme se aboca a enaltecer el nombre del ejército asumiéndolo desde su mejor valor, lo civilizado, pero esto se piensa de manera más libre, con anexiones, es decir, el soldado debe combatir, pero antes tiene un deber con la ética y la justicia frente a sus acciones. El ideal vive en el filme de Mann.

De manera inteligente, se ve que Cooper es el más apto para la guerra de todos, a diferencia del regimiento del fuerte del coronel Frank Marston que no están preparados y el filme pelea porque no se enfrenten a los indios, porque es una derrota y muerte segura. Pero Cooper es un salvaje, alguien criticable, y en más de una ocasión se deja ver esto, aunque se le dan concesiones, es finalmente el héroe. Una muy discutible es con la mujer de Marston, interpretada por Anne Bancroft. Con ella incluso se le dice a Cooper que haga lo correcto, hasta se menciona lo cristiano, donde Mann como todo gestor de arte se toma concesiones. El filme trata de la evolución de su protagonista, aunque parezca algo leve, es hacia lo civilizado.

El filme tiene muchas excelentes escenas de acción, de combates con harto indio y soldado matándose, incluso una más personal y emocionante entre el héroe y un sargento. Cooper no agrada a todos, es también inicialmente una mala influencia en la disciplina del regimiento, pero el capitán Glenn Riordan y un explorador más viejo, Gus (James Whitmore), lo van haciendo mejor persona. Se trata de creer en él, cosa que también la inteligencia del filme dirige hacia Marston, aunque más desde un lado humanitario.

El filme hace a Cooper muy intenso, suelto en plaza, quien a ratos parece un niño grande, se entiende de la propuesta en “descargo” que sea salvaje, al punto que humillado llega a cachetear a una mujer, pero esto es propio del siglo XIX –estamos en medio de la guerra civil americana- o, peor, aun de los 50s, que podía ver sensual y quizá hasta necesario estos actos, aunque hoy parezcan difíciles de digerir, tratar de menos a la mujer, eran otros tiempos, como con aquella frase del marido militar que dice: amo el sabor de la victoria, tú eres mujer, tú no lo comprendes. No es por defender éste trato pero también se debía a la rudeza y ruralidad que enarbolaba el género, aceptada en sus mujeres.

Lo que sí es que Mann en cierta manera estaba adelantado a muchos de sus contemporáneos en el western en la imagen que hace de los indios, parecía respetarlos, les ponía humanidad, heroísmo y no solo peligrosidad. Aunque también le eran funcionales les daba razones, los mostraba maltratados u ofendidos. En la presente propuesta se debe a la presencia de los fuertes y los soldados y el atisbo de la dominación e invasión del territorio que se deja ver puntualmente en la primera aparición de los exploradores y el cerco de los indios.

Tierras lejanas (The Far Country)


A muchos western de Anthony Mann los define su gran argumentación, son narrativas muy nutridas, inteligentes, con sucesos imprevistos, llenos de giros emocionantes, la acción está supeditada a la historia, como en la presente que va cocinando los grandes tiroteos y duelos en dramas de ambición en plena fiebre del oro del Klondike, con personajes pintorescos, tal es el de Ronda Castle (Ruth Roman), mujer sensual, entre la elegancia y el cabaret, autosuficiente; y el corrupto sheriff Gannon (John McIntire), representante del político clásico, pero que no solo es malvado sino pícaro y con un cierto carisma.

Del lado de los buenos tenemos al símbolo del heroísmo por antonomasia del western de Anthony Mann, James Stewart, como Jeff Webster, a quien en Tierras lejanas curiosamente no le gusta meterse en cosas ajenas, o sea Mann lo excusa del heroísmo, y encima lo tiene por un misántropo, incluso avergüenza a un hombre que quiere hacer el bien, hacer respetar la ley, en otro personaje pintoresco aunque clásico del western, un borracho rustico de buen corazón, Rube (Jay C. Flippen), que nos habla de paso de la fe en uno cuando nos menospreciamos, que es lo que le pasa con el vicio hacia la botella.

Con ellos está el querido Ben Tatum (Walter Brennan, nombre legendario del western), que pone el lado sentimental, noble e inocente en el filme, aparte de ser amante del café, hasta morir por él, junto a Renee Vallon (Corinne Calvet), como una jovencita enamorada del héroe, a la que le molesta que no la vean como mujer, que no la tomen en serio (curiosidad aparte de que Calvet tenía por ese entonces 29 años), pero que no sólo es híper independiente y emprendedora, en realidad está para hacerle ver que hay que velar por los demás, por los débiles, en aquella frase elíptica que señala que si uno no sabe observar el bien, el deber, no es una buena persona, y no hay que explicarlo, se ve fácilmente, verlo nos define.

Pero Webster lo tendrá que aprender, y a la mala, y otros con él, al alejarse del egocentrismo y pensar en los demás, cuando vea sufrir a gente honrada, sana, indefensa y querida por uno, todo expuesto de la manera más clara y sencilla, pero con una estructura narrativa que es difícil de predecir, que sigue un recorrido hacia la aventura.

Mann no necesita de muchas escenas de duelo o tiroteo para generar adrenalina, pero cuando llegan son poderosas, con mil sucesos de un golpe, aunque prefiere lo impredecible, de esto que busque la narrativa por encima de las escenas de acción, especialmente con Gannon al que deja de lado y luego magistralmente retoma, sumándole bandoleros, emoción. Las balas son el colofón glorioso a mil y un preámbulos dramáticos, presenciando al pueblo levantado sosteniendo al héroe finalmente entregado a ellos.