lunes, 15 de diciembre de 2025
Blue Moon
Richard Linklater hace un filme a su completo estilo, lo hace elevándolo incluso a la potencia. Es una propuesta donde se habla todo el tiempo. El protagonista lanza extensos monólogos durante todo el metraje. Habla sin parar, pero es seductor, manifiesta habilidad con la palabra, tiene muy buena dicción. Implica a un conversador inteligente, culto. Él es Lorenz Hart, un nombre que puede no sonarnos conocido a los que no somos norteamericanos, pero el filme nos dice que fue un pilar de los musicales del Broadway de comienzos del siglo XX, y maestro de unos de los compositores americanos más admirados y populares, Richard Rodgers, con quien formó una sociedad. Lorenz escribía las letras y Rodgers las musicalizaba. El filme de Linklater, con guion de Robert Kaplow, abre con Lorenz tambaleándose por un callejón ebrio a oscuras por la noche para caer muerto al suelo en plena lluvia. Tratamos con una película sentimental, como indica su título, Blue Moon (Luna triste), que remite a la canción más popular de Lorenz, la que habla de soñar con hallar a una persona especial en nuestras vidas. El relato basado en unas cartas reales entre Lorenz de 48 años y una jovencita universitaria de 20 se contextualiza en un conocido restaurante neoyorquino, Sardi´s, donde era habitual que celebraran los artistas participantes de Broadway, y que es famoso por sus paredes repletas de caricaturas profesionales sobre artistas del medio. Tras la introducción del final de Lorenz participamos de un día en particular cuando Lorenz dejaría de asociarse con Rodgers, que iniciaba una nueva sociedad para hacer musicales, con el compositor Oscar Hammerstein II. Ese día celebraban su primera participación conjunta. Lorenz mira lo que (le) sucede inmerso en un constante aislamiento que lo perseguía. Él menciona que era producto de su alcoholismo, que mermaba su trabajo como compositor. Su falta de orden y disciplina. Lorenz aunque buen conversador era un tipo en realidad solitario que vivía con su madre. Era alguien a quien se le dificultaban los afectos humanos. No tenía fácil empatía a pesar de las aparencias de siempre hallarse hablando o parecer muy sociable, sobre todo en el bar, como tanto norteamericano. En el fondo no lo conocían. Lorenz se miraba como un tipo más sofisticado que las letras que componía. El negocio del arte, como a todos con los que quería hacer dinero, te hacia más comercial, más masivo, más popular, más simple y más accesible. Rehuía a esa intelectualidad que Lorenz poseía, aun ostentando un humor distintivo. Lorenz estaba lleno de ideas que le costaban poner en práctica ante el dominio de lo popular y el éxito de obras de espíritu superficial. Rodgers, un elegante Andrew Scott mediante un personaje con facilidad para enamorar a grandes audiencias, es amable con Lorenz. Le agradece el desarrollo de su carrera. Lo considera un factor importante en el prestigio del Broadway del siglo XX. Le reconoce maestría. Le dice que seguirán trabajando juntos. Hablan de nuevos proyectos. Hammerstein también se le acerca a Lorenz y le demuestra admiración. Lo llena de elogios. Lorenz es generoso y humilde con los compañeros, aunque puede bromear criticando a otros, pero él ironiza mucho todo el tiempo, incluso su situación. Así es más fácil con los demás, dar a ver no dar importancia a los golpes de la existencia, aunque el patetismo de Lorenz en el relato es grande, a ratos un poco obsceno. Es un filme triste y sentimental. Muestra muchas deficiencias de Lorenz. Lo dejan de lado sutilmente. En cierta manera es la historia de personajes anónimos chancados existencialmente. Lorenz es irónico en extremo que hasta poetiza su cierta impotencia proponiendo una declaración existencial a su favor. A Lorenz se le define como un homosexual cansado, con 48 años pesados. Por ello no extraña que quiera sucumbir a las convenciones sociales, hasta así querer mejorar su figura profesional, sobre todo para la época donde ni siquiera se podía decir públicamente su verdadera orientación sexual, cosa que Lorenz en confianza y frescura –atípica a los años 40s- lo repite mil veces, como al barman que hace Bobby Cannavale, eficaz en su sencillez y amistad cómplice, que era lo que profesaba Lorenz, parafraseando Casablanca (1942), que uno se ampare en la amistad más que en el amor, así como en el trato amable y no en las pasiones. De ésta manera pretende enamorar a una universitaria veinteañera aspirante a artista (Margaret Qualley haciendo de chica dulce con 31 años), que no le corresponde y se lo dice directamente en el cuarto para guardar ropa, inmersa en un halo de exacerbada sensibilidad (bajo la expresividad facial apenada de Qualley, en un filme a los que no le faltan éstas expresiones, así como momentos de asilamiento, que es la verdadera trama del filme), a la que se le trata de exhibir como una buena persona, auténtica, incluso lenta al caer a consciencia en amores tóxicos, pero ni así. Elizabeth (Qualley) sólo siente estima y admiración intelectual por Lorenz. Hasta le manifiesta que su madre le ha dicho que parece que es homosexual. Ésta conversación intima entre ellos nada en el cliché del mejor amigo gay. Durante todo ese momento se exhibe bastante patetismo forzando una orientación heterosexual en Lorenz. La conversación no parece tampoco digna del intelecto de Lorenz. A Elizabeth se le da más protagonismo del que aguanta su personaje, cuando se le percibe por fuera de las intenciones formales del relato o la abundante palabrería poética de Lorenz sobre su persona (sólo daba para algo abstracto). A Elizabeth se le percibe, en persona, superficial, banal, anodina, en realidad, cuando Lorenz plantea otra cosa dentro de sus prodigiosas palabras, por más inteligente que se le pretenda en el a ratos exagerado patetismo y sentimentalismo del guion, dentro de un oasis de inocencia y extrema bondad (si tomamos en serio al Lorenz heterosexual, ¿acaso mujeres bellísimas no se meten con hombres poco agraciados por querer alcanzar el éxito profesional?, ¿o eran épocas más altruistas e idealistas?). Lorenz Hart me recuerda un poco a Toulouse Lautrec, un artista de baja estatura, alcohólico, propenso a las prostitutas ante sus deficiencias de interrelación afectiva, un tipo intelectualmente interesante y el que murió joven. Ethan Hawke interpreta a Lorenz Hart, con 55 años de edad. Se transforma –cosa que le gusta y premia Hollywood, aun emparentado con rendir culto a la belleza y la atracción que ejerce- en alguien poco agraciado físicamente y con un aire a perdedor –lo que tiene un público masivo cautivo-. Lorenz se muestra extrovertido. Reta a la inseguridad mediante la palabra inteligente. Exhibe gracia. Sostiene sin problemas conversaciones audaces. Éste filme es en mucho un homenaje a la seducción de las palabras, al amor y elogio hacia ellas. Al poder que ejercen y que reinvindican al protagonista.
jueves, 20 de febrero de 2025
The apprentice
La película de Ali Abbasi empieza con un Donald Trump (Sebastian Stan) entre los 24 y 28 años, durante 1969 y 1974 hasta que Richard Nixon dimite de presidente. A Trump se le ve yendo a un especie de restaurante-sala de recepciones lleno de billonarios. Enseguida se muestra su conocimiento y admiración por toda esa gente. Quiere ser a killer, un triunfador, un billonario a los que considera propios de una inteligencia excepcional. No obstante él aún es un perdedor, expresándolo en sus palabras. Su padre vive de alquileres, arrienda edificios. Pero está lleno de juicios. El joven Trump va a cobrar a los inquilinos y es tratado bastante mal. Se topa con un New York de espíritu lumpen. Pero se ve su carácter, sólo que no sabe como despegar. Su padre es un hombre que humilla a sus hijos. Son de esos padres que hacen que los hijos tengan baja autoestima y como que los guía hacia la frustración y la mediocridad con su manera de educarlos desmereciéndolos constantemente. Es así que Trump conoce al abogado Roy Cohn (Jeremy Strong) y éste prácticamente lo adopta semejante a un hijo, se convierte en su mentor, el guía que no tuvo Trump con su padre para encaminarlo hacia el triunfo profesional y ser ese billonario, ese hombre excepcional produciendo grandes cantidades de dinero, con el que siempre ha soñado ser. Cohn tiene de perverso, de avezado, es un tipo muy astuto, puede ser cruel, intimidante, no teme amenazar o chantajear a los poderosos para que hagan lo que desea. Logra sin dificultad que Trump despegue, a través de hacer que se apodere de la venia de su padre. Todo arranca cuando Cohn siente pena por él, al mismo tiempo que simpatía, y decide transformarlo. Durante la mitad de la película vemos como Cohn le adiestra en ser grande en los negocios. Le subsana todo lo que lleva mal. Además le hace parte de las relaciones sociales de su poderoso mundo. Cohn tiene tremenda escena donde se revela un gran secreto suyo, pero se ve venir desde temprano, yace impreso en cómo se ha mostrado con anterioridad, en la forma que se ha trabajado su personalidad con los demás. Esto implica pensar que es mucho más de lo que se puede pensar comunmente de una persona, sorprendiendo tanto para bien como para mal. Cohn, como Trump a su manera, rompen con los lugares comunes. Esta parte es escencia del relato. Ésta película es súper dinámica, súper entretenida, te atrapa por completo. En un momento se puede leer una lectura del hermano mayor de Trump como Fredo de El Padrino II (1974). Pero en otro momento la película bromea con hacer una referencia cliché a Jacqueline Kennedy. Ésta es una propuesta que denota estar contra Trump, pero está hecha de una manera que como película te seduce, te mantiene atento y entretenido, siempre interesado en saber más, y es un logro porque hacer una película a lo Pasolini, como implicando enojo o un fuerte rechazo y crítica es proclive de caer en excesos o desmerecimientos baratos que pueden matar la obra, pero Abbasi supera esto y hace un filme sólido, más allá de amar o no a Trump, o de entender que todo pasa por criticarlo y habrá una línea expositiva que va a recurrir a ponerlo hacia ahí en todo momento. Para ello recurre a cierta complementariedad de la imaginación anclada a alguna referencia. Se ve un Trump voluble que pasa de la culpa a disfrutar de su popularidad, sin miramientos, al poco de ser dramático (mientras se ironiza con el melodrama). Se diría que Trump no se rompe, sino él rompe gente. En un momento anuncia que no le gusta la política, menosprecia al político clásico, pero bromea que al quedarse en bancarrota se presentaría a la presidencia de EEUU. El filme explica de manera sencilla los trucos a los que recurre Cohn para sacar adelante los negocios de su pupilo. Ahí hay sutil crítica política, y cómo la astucia inquiere en hacer cosas que pueden ser inmorales o contraproducentes para otros, pero no habla de sensibilidades básicas, deja los idealismos afuera, sino de cosas que se necesitan para salir adelante y aunque está mal, inquiere en cierta lógica y necesidad, si dejamos las discusiones de lado. En un inicio de cierta manera el estado detiene el avance de Trump, y con Cohn éste luego se vuelve su propulsor. Esto es pieza clave de su triunfo. Cohn es un abogado de los más astutos, aunque criticables, polémicos, capaz de romper muchas reglas, son de los que pueden poner la moral afuera, en él es vencer siempre. Pero a pesar de todo Cohn es leal a sus amigos y según lo que argumenta éste filme es realmente alguien importante para quien llega Trump en convertirse. Demuestra ser tremendo amigo con él. También proclama amar con convicción a EEUU. Por el final puede que Abbasi exagere. Hace ver a Trump como el monstruo de Frankestein tras ser la creación de Cohn. A partir de la segunda mitad de la película -que se ubica en los 80s, en la llamada era Reagan- ya Trump vuela solo y se vuelve el triple de lo que ha aprendido en cuanto a no detenerse por nada, en sus ambiciones económicas. El filme se parece un poco al Saló (1975) de Pasolini porque puede que se llegue a exagerar la nota. Se llega a hacer notar abiertamente su rechazo. No obstante como cine, como película, se gana al espectador. Hacer éste tipo de biografías críticas es complejo, se suele fallar, pero Abbasi tiene talento como director. Ha asumido un enorme riesgo haciendo ésta película. No por repercusiones políticas sino como obra en sí. Pero lo ha logrado produciendo harto entretenimiento. Stan y Strong también son capitales puesto que llenan sus personajes por completo. Se visten de ellos y lo hacen sin necesitar kilos de máscara o prótesis. Lo consiguen con una imitación pegada a lo natural. Uno ve a Trump en los ademanes de Stan, en sus gestos corporales. Hay hasta una caída cómica en esa vena. Por el final, Abbasi, con el guion del periodista americano Gabriel Sherman, hasta deja ver bien a Cohn. Hace que sintamos cierta empatía en detrimento del otro. Lo de la torta con la bandera americana se siente bastante melodramático que uno puede pensar que ahí hay cierta ficción aderezada, aunque la vida muchas veces se presenta más cutre o más particular de lo que creemos. Puede que por una reacción natural de fragilidad ante la enfermedad pero no parece Cohn ese tipo de persona e igual se ve que siempre rompe el cliché. El momento de la torta como que sugiere que piensa: pobre América, qué he hecho, como las cosas han terminado así. Algunos discursos públicos populares de Trump los vemos previamente en la vida que describe la película.
viernes, 30 de septiembre de 2022
Blonde
El neozelandés Andrew Dominik ha hecho una película en la esencia del cine del austriaco Ulrich Seidl, no tan barata como las que él hace en cuanto a producción, y quizá dentro de otro status social, donde debería existir cierta elegancia, pero al igual que el austriaco donde muestra todo de manera atroz, desagradable, penoso, humillante y sucio o sórdido. La vida de Marilyn Monroe es miserable en todo sentido, desde su ingreso a la industria donde la tratan como una prostituta hasta sus parejas que le pegan, la menosprecian o la usan como simplemente un pedazo de carne bajo las sábanas. Marilyn es una chica buena en el fondo digamos y la vida la trata con un asco que Dominik no tiene nada que envidiar a Seidl. Ana de Armas como buena actriz lo hace prácticamente todo, así como Evan Peters en la bastante notable pero mucho de lo mismo que aguantar, la serie Dahmer -Monstruo: La historia de Jeffrey Dahmer, un asesino en serie, necrófilo, caníbal, pedófilo, etc. Éste Dhamer es atroz, como la Monroe de Dominik, trabajos que exigen mucho talento y no son bellos, no generan empatía, sino fastidian, desagradan, incomodan, son retratos horribles, lastimeros y hasta cochinos. Marilyn no parece esto que vemos, aun cuando el filme se basa en la novela de Joyce Carol Oates, una escritora americana quien siempre está cerca de ganar el Nobel. Coge de la biografía del ícono, pero las interpretaciones y los argumentos que plasma son de vergüenza ajena, quizá por la manera de exponerlos en pantalla. Tenemos a JFK obligándola a que le haga sexo oral y toda la escena es muy humillante. En ésta propuesta Marilyn Monroe sentía vergüenza de ser ésta estrella que habían inventado, la rubia hermosa, sexy y tonta, siempre generando deseo. Todo el filme juega con la verdad pero no es exacta, lo hacen ver asqueroso todo, penoso, patético, bajo. Es como tergiversar la verdad y la realidad pero con maña, como para que parezca cierto. En sí el filme inventa mucho, aunque no lo parezca, genera un engaño e ilusión de veracidad, pero todos son interpretaciones y de una mente torcida, corrupta, algo demencial, no sé si es la propia Oates o es el guion de Dominik a los que culpar. Dahmer al menos es ciertamente un hito (secreto), habla especialmente de la homosexualidad, detrás de los asesinatos de Dahmer, lo plasma como pocos lo han hecho, es un retrato totalmente queer, pero lo hace con astucia, lo hacen como si fuera ante todo la locura de un asesino en serie, ahí la mayoría quizá no notan que en realidad están viendo la existencia y toda la esencia de la homosexualidad, aunque se le suma el lado de un desquiciado, como puede que paliativo visual o hacerlo más universal, aunque las muertes pueden ser brutales, él es un golpe certero de le peor brutalidad. Blonde en cambio es todo atroz sin ningún aporte, más bien destruye toda la imagen de Marilyn Monroe, no permite ninguna concesión, todo es vulgarmente penoso, es el horror absoluto, como si Dominik haya pensado en lo peor y lo haya puesto en su película, las peores imágenes sobre su vida. La historia de su padre es cruel (sobre todo al final), la perdida constante de hijos es también cruel, es pornomiseria en toda la palabra. Armas deja todo en la cancha, pero a diferencia de Dhamer no tiene ninguna redención en su retrato, no tiene un sentido mayor, algo rescatable (como exhibir una inclinación sexual en toda fuerza, lo que en realidad es); en Blonde todo es el horror, ¡el horror! Es un filme terrible. Como dicen por ahí en la historia, todo puede ser filmado, pero también requiere arte, no solo estética o ser arty o un autor, el arte va más allá, todo éste retrato es vulgarmente penoso, excesivo, mentiroso. La vida puede ser miserable, pero esto es el colmo, y escogerlo así es digno de rechazo, el cine es más que cualquier tipo de realismo. ¿Dónde están los logros de éste icono?, ¿cómo se convirtió en alguien tan querida?
miércoles, 23 de marzo de 2022
Belfast
Ésta película se basa en la infancia del director británico Kenneth Branagh, nacido en Belfast, capital de Irlanda del Norte. Su retrato es interpretado digamos que por Buddy (Jude Hill, en su debut en el cine), un niño de 9 años. Es un filme que por momentos de tan intenso que es parece un musical, una obra de teatro con efectos especiales. Tiene un toque de cierta exageración o propio del espectáculo, como con los disturbios en las calles contra las minorías católicas o las peleas contra el gángster local que no lucen realistas del todo, sino son parte de esa magia que vive la familia de Buddy cuando van al cine, fanáticos en especial del western, de joyas de ese género; o en particular, y queda muy bien descrita su pasión cinéfila (y la de Branagh), cuando disfrutan del musical británico Chitty Chitty Bang Bang (1968), sobre un auto volador, y se sienten dentro del filme y de la historia que la llegan a experimentar en la piel. Buddy es un niño bueno, inocente, muy pegado a su familia, muy amante de todos ellos, sin sentimentalismos baratos, pero desde la empatía familiar ideal, que obviamente existe aunque puede sonar algo fácil como séptimo arte tanto como aquella de eterno conflicto. El filme posee de histórico porque se enfoca en las revueltas y ataques de fines de los 60s de los protestantes contra las minorías católicas -que tiene de identificación política, territorial y nacional-; esto perdura en toda la propuesta, pero si bien Branagh no escoge ser esa minoría, los apoya o mantiene un estado de total tolerancia y comprensión con ellos, que llega a decirlo directamente el padre de Buddy a éste, con cierto toque a peliculero digamos también, reflejado en la obra en la inocencia de enamorarse de una niña bella católica. Otro punto constante del retrato es la necesidad de subsistencia económica, que está muy bien expuesta; la familia de Buddy no tiene mucho dinero y el padre tiene que ir fuera de Belfast continuamente a trabajar y traer dinero. Esto trae peleas entre el padre y la madre de Buddy, por más que existe amor entre ellos. Son interpretados por Jamie Dornan y Caitriona Balfe, dos personas de gran belleza que no obstante lucen creíbles como gente de cierta humildad; Caitriona ha sido una modelo muy famosa y su carrera en el cine ha empezado hace 10 años, tiene 42 años. Caitriona en su papel luce una mujer terca, de carácter, no quiere dejar Belfast ni sus raíces, origen y conocidos, que incluye alejarse de los queridos abuelos paternos que son cosa aparte en ésta propuesta, un gran trabajo sentimental y romántico que muchos adoran y han celebrado, en la piel de Judi Dench y Ciarán Hinds que están de lujo, sobre todo Dench a sus 87 años. La madre de Buddy aun amando a su marido no quiere irse de Belfast y Buddy, aunque pequeño, piensa igual; el padre quiere emigrar para estar todos juntos -sin él tanto fuera- y con mayores oportunidades. En todo esto el filme puede que esté exhibiendo una pelea sutil por un cierto nacionalismo contra algo mayor, quizá la palabra Reino Unido, adscrita a una mejor existencia. Pero como dicen las oraciones finales: los nacidos en Belfast, los que se fueron, los que se quedaron, los que murieron, siempre han llevado en el alma éste lugar. Branagh celebra la ciudad donde nació, pero como fantasea la abuela con el cine su lugar en realidad es mental, abstracto, emotivo, como con el amor por la familia, nuestro verdadero territorio.
domingo, 13 de marzo de 2022
King Richard
viernes, 14 de enero de 2022
10 Rillington Place
10 Rillington Place (1971) es otra joya de asesinos en serie perteneciente al americano Richard Fleischer. Ésta es una película británica que nos cuenta sobre el asesino en serie inglés John Christie, un tipo que mató en su casa entre 6 a 8 mujeres, incluida a su esposa, a las que estranguló, antes durmió con gas y violó más tarde, practicando hasta la necrofilia. Christie actuó entre 1943 y comienzos de 1950. El filme es un biopic sobre éste asesino en serie, un tipo muy frío para matar, interpretado por el actor y también director de cine Richard Attenborough. En ésta propuesta vemos que Christie parece un tipo amable, se muestra muy inteligente, sobre todo en contraste con Timothy Evans (John Hurt). Hurt hace de un joven ignorante, inclusive lento, de quien Christie se aprovecha en particular y destruye. Hurt está magnífico, hace tremendo duelo de talentos con Attenborough. Christie fue militar y policía, sabe de leyes, esto le servirá para salirse con la suya. Es un tipo violento, pero parece un intelectual, habla suavecito -y hay toda una historia y psicología en ello-. Pero es un desquiciado y muy peligroso. Es una delicia ver éste personaje, salido de hechos reales, pero tiene harto material para personaje de cine. Christie acecha a los inquilinos de su edificio, mira siempre libidinoso a las mujeres, las desea por la fuerza. Hay una gran injerencia de la relación entre la familia de Timothy y Christie. El filme muestra como operaba, como éste asesino en serie preparaba sus trampas para matar. Presenciamos un juego de personalidades entre Christie y Timothy, uno no sabe que está cavando su tumba, que están cavándola. Se produce un juego diabólico muy bien desplegado en una pequeña zona. Es un contexto de gente clase media a clase media baja, hay necesidad en el ambiente. Los asesinatos de Christie pasan por humildes en pantalla, las desapariciones no son tan noticiosas, pero es interesante ver como se embrolla la cosa, como sale a la luz y además como Christie se mantiene tranquilo escondiendo su doble vida, aun cuando por delante había mucha mediocridad y hasta antecedentes policiales. También cómo éste tipo no quería a nadie y nada le perturbaba. Era un sujeto que se sentía humillado por la existencia, mal pagado además, y esto lo impulso a desfogarse perversamente. Luce un tipo muy sencillo en sus justificaciones en realidad, lo que hace la figura escalofriante. Tenía impulsos macabros y quería satisfacerlos, así de simple y fuerte. El resto no le interesaba, era definitivamente como un animal, una bestia. Aunque no parece haber temido mucho, y se hacia cargo con su inteligencia, pasaba por alguien al servicio de otros, un timo total.
martes, 30 de noviembre de 2021
Spencer
No es de las mejores películas del talentoso director chileno Pablo Larraín, pero aun así tiene algunas virtudes y deja un saldo pasable en cierta medida. En ésta película Kristen Stewart interpreta a Lady Di o Diana de Gales o como finalmente se reconocerá, como Diana Spencer, en una obra que es algo obvia y repetitiva, pero que a fin de cuentas funciona. También hay mucho llanto, tensión, melodrama y hasta casi una crisis mental, todo de la mano de Stewart que en mucho del filme actuará como si estuviera siempre sola, con sus frustraciones, penas, decepciones y hasta desesperación, esa que la lleva hasta querer medio como a suicidarse con una escalera vieja, en un momento bien artístico, bien escénico y detallista en efectos. Diana sufre por el amor no correspondido del Príncipe Carlos (el actor británico y desconocido, pero prometedor Jack Farthing, que trasmite cierta melancolía suave en un empaque de dignidad ante el sufrimiento secreto). Carlos ama a otra mujer, que llegamos a ver que le coquetea en una iglesia y Diana llega a presenciarlo, suele ser humillada así, esto se nos manifiesta como no queriendo ni pudiendo evitarse quizá. No obstante Carlos le dice que debe verse obligado a tener relaciones con ella como si fuera algo desagradable, todo en el tono de sutileza que también se maneja en el guion de Steven Knight que a ratos puede ser escandalosamente cursi o excesivamente llorón, muy delicado hasta la afectación, a través de una Diana que no puede ser mala nunca y que todo el mundo dice amarla, inclusive la realeza siente piedad y lastima hacia ella, que puede ser infantil y hasta darse el lujo de ser boba, ir a vomitar repetidas veces -y arrojarse humilde y débil al costado del inodoro- y hacer mil y un escenas como con esa maravilla del collar roto por sus manos en la sopa, que luce una escena incómoda y magistralmente tensa. Diana es comparada con Ana Bolena, y al inicio suena algo tonto, pero a medida que lo piensas -y lo ves- se hace una comparación muy precisa; comparten muchas semejanzas, pero siempre haciendo ver a Diana como alguien intachable, golpeada por el entorno que tampoco pretende dañarla ni tampoco Knight, quien es muy respetuoso o cuidadoso en su guion. Toca llagas, pero luego afloja y deja limpio y despejado el terreno, deja muy poca perversidad en el aire. Parece como que no existen culpables, es más como una mala jugada de la propia vida o el destino caótico y azaroso, dentro de esa responsabilidad que Diana parece no contener en un machaque de humildad y llaneza de la personalidad que nos muestran de ella, la princesa del pueblo, y la dueña de un apellido sin mucho abolengo, Spencer, como cuando terminan en KFC tras una escena sumamente ridícula, poco digna de un cine serio, pero que se entiende como más que un desliz una empatía para calichines (cinefilia para dummies). Diana (Stewart) se arrastra cayéndose por las paredes, huye rota y maltrecha, dolida, intenta escapar y no puede (cosa que está en varias partes simbolizado, como con las cortinas), se va desmoronando y reincorporando -y volviéndose a caer- hasta llegar a dar con el water. Todo esto es muy exagerado, muy notorio en querer sensibilizar de la manera más primaria y medio que funciona y no tanto, todo a media caña o en baja sintonía, sobre todo para la gente exigente. Hay varios momentos donde se trabaja con la humildad de Diana, que se confiesa al cocinero o a su asistente que la viste, interpretada por Sally Hawkins quien interactúa un poco en el filme con quien es en la vida real Stewart, con su lesbianismo y su dirección de cine en ciernes, un agregado quizá de Larraín, que tampoco desentona, pero pega un poco de cursi también. Es un filme sobre el sufrimiento, sobre no encajar, también sobre ser continuamente golpeado, humillado y sometido y encima retenido en el mismo sitio para seguir recibiendo más golpes, todo bajo ese protocolo aristocrático que hace complejo y arduo disfrutar de tanta opulencia, curiosamente tanto dinero notoriamente no satisface y todo por culpa de tantas restricciones (representadas muy bien en el glorioso personaje militar que hace el gran Timothy Spall, pero que guarda una sorpresa), donde un simple espantapájaros desarma tanta imposición y ¿por qué no?, medio que funciona, es creatividad. Mucho sufrimiento más bien adormece, la exageración te pone insensible, pero para ser justos algo sobrevive, no toda fragilidad sirve, pero queda. Ningún filme de Pablo Larraín es malo, pero el presente está lejos de ser notable; a ratos tanto lujo, y perfección en ese sentido, más bien parece de telefilme.
miércoles, 25 de agosto de 2021
The Spanish Prisoner y Caravaggio
The spanish prisoner
Dirige el dramaturgo americano David Mamet. Es una película lenta, que se maneja en base a una trama que parece un esqueleto, es super minimalista. En el filme hablan de "El proceso", palabra clave para generar mil trampas y engaños. Joe (Campbell Scott) ha inventado algo que solo se le dice "El proceso", y esto va a generar millones a una empresa, pero muchos quieren robar "El proceso". Joe es algo inocente y pronto cae en una trampa, que es de lo que va el filme de Mamet, resolver que está sucediendo con Joe, quien o quienes son esas malas personas que lo han perjudicado. En todo ello entra a tallar el cómico Steve Martin con un personaje serio, dramático, como Jimmy Dell. Entre Joe y Dell hay una interactuación de nueva amistad bastante rica, Jimmy es millonario y pronto seduce a Joe como amigo, quiere que él conozca a su hermana. Así van sucediendo sorpresas, timos, mentiras. Mamet cocina despacio su obra, pero es una muy buena película. Hay varios actores poco conocidos como protagonistas y esto en lugar de disminuir el filme lo enriquece, lo hace más interesante. No son actores super carismáticos, lucen más sencillos y efectivos en una trama más calmada que lo típico. Ésta propuesta se resuelve de manera fácil, es un filme austero, pero inteligente.
Caravaggio
Dirige el británico Derek Jarman. Caravaggio es un pintor bastante famoso, excepcionalmente talentoso e interesante y en parte misterioso; Jarman juega a interpretar sus pinturas más los hechos históricos para crear su biografía íntima, agregando parte de la propia personalidad y su atrevimiento como director. Caravaggio es bisexual, Jarman le pone bastante homosexualidad a su película, su personal esencia. Ciertamente hay mucho de imaginación, se trata de llenar huecos, pero al mismo tiempo resulta aparte de curioso atractivo el Caravaggio que crea el director británico. Caravaggio de joven, interpretado por Dexter Fletcher, es un pequeño criminal en potencia, un chico de la calle, pero a la vez pinta, crea algo con originalidad y su filosofía temprana. Un cardenal de dudosa sexualidad lo acoge y paga por su talento. Quien sabe que más, pero Jarman lo deja ver en un comentario entre sutil e irreverente. Al Cardenal le vienen más las apetencias sexuales que el arte dice un joven Caravaggio. No obstante la apariencia de éste cardenal es otra, a quien no se le lapida nunca. Jarman se mueve en su mundo homosexual, en su conocimiento, en su mirada. El filme no es todo lo vulgar que pudo ser, hay arte. Sean Bean hace de un boxeador callejero, un vividor, un tipo con dientes podridos y de oro, pero de atractivo físico. Caravaggio de mediana edad, interpretado por Nigel Terry, se enamora de él, de Ranuccio (Bean). Ranuccio tiene pareja, es Tilda Swinton en su primera actuación del cine. Swinton como Lena es una arribista, pero Jarman a la par le fabrica un alma y se compadece de ella. Es un mundo terrible también el que ilustra el británico, el de los depredadores aristócratas. La religión igualmente cae en ello. Éste filme está lleno de construcciones artísticas maravillosas, como con un Caravaggio muchacho pasándose un cuchillo por la boca o una escena sensual con monedas de oro entre Ranuccio y Lena. Jarman ha hecho con Caravaggio (1986) un filme singular, original.
martes, 1 de junio de 2021
El chacal de Nahueltoro
jueves, 13 de mayo de 2021
Machuca
Éste filme no es un filme de cine social propio del cine social que dominó el cine latinoamericano durante buen tiempo, de 1960 a 1990 más o menos, sino es un cine social moderno (el filme es del 2004) o, mejor dicho, nuevamente parte de un nuevo cine latinoamericano o quizá -más allá del arte- un cierto rezago -también nada en el cine muere del todo-; es una propuesta ya inmersa en el eclecticismo reinante en las concepciones artísticas de nuestros cines contemporáneos latinos. No obstante para la actualidad -el año 2021- se le podría llamar a Machuca un clásico moderno chileno, por ende se puede leer hoy en día como un filme old school al fin y al cabo. De todas formas todo arte yace en constante renovación, actualización, y la palabra nuevo deviene en viejo constantemente, más rápido de lo que se piensa, porque el arte nunca se detiene. Machuca no solo es una película social sino también política. También partamos de que es casi imposible defender la dictadura de Pinochet en el cine arte, aun cuando Chile es en realidad hoy un país próspero gracias a su gobierno, pero, claro, una dictadura nunca es un ejemplo ni ideal, teniendo presente las acusaciones hacia ésta dictadura por la violencia y fuerza bruta que se ejerció en el poder, aparte de perennizarse. El socialismo del presidente Salvador Allende, que duró 3 años, hasta 1973, año del golpe militar y año donde se ubica el filme de Andrés Wood, se ve en la trama un poco, se ven largas colas para acceder a víveres de primera necesidad, escasez generalizada de alimentos y marchas de ambos bandos. Se puede apreciar (algo) lo que fue éste gobierno socialista, una debacle en realidad. Pero Allende era amado por un gran sector del pueblo, quedó romantizado e inmortalizado por siempre, y su muerte trágica marcó a Chile y creó cierto resentimiento eterno y anhelo de reivindicación, incluido lo político y social. Partiendo de esto, tenemos el contexto. Por el final aparece el golpe militar de Pinochet y la imagen es atroz, negativa por completo. El filme también muestra las brechas sociales, muestra la pobreza, las diferencias sociales. También exhibe cierta indiferencia, marginación y frialdad de clase, de la gente privilegiada hacia los más pobres, incluso a través de personajes importantes. Wood es un poco manipulador y facilón por ratos, pero también se ve que muestra cierta realidad, las diferencias también son reales, sobre todo en 1973. Machuca se maneja en base a la amistad de 2 niños de 12 años, que estudian en el mismo colegio, el colegio americano Saint Patrick, en Chile, lugar dirigido por el padre McEnroe (Ernesto Malbran). La historia es la amistad entre un niño pobre, Pedro Machuca (Ariel Mateluna), y un niño rico, Gonzalo Infante (Matías Quer). Es una amistad noble y franca, inocente a un punto, si bien las diferencias de clases están presentes en sus mentes. Además, la prima de Pedro, Silvana (Manuela Martelli), agrega picante y sabor en muchas maneras, en lo sensual, en lo político, en lo social. Silvana es más abierta que Pedro en sus ideas políticas, es más frontal y no se guarda nada con Gonzalo haciéndole sentir su condición de pituco, pero al mismo tiempo indirectamente lo ayuda a crecer, igual en varios sentidos. Lo mejor del filme es ésta interacción, entre los niños de diferente origen social, presenciando su cotidianidad, como a sus familias, yendo y viniendo de un lugar al otro, de polo a polo social e ideológico, incluyendo el colegio, el barrio, la calle, que también yacen politizados y enfrentados dentro del gobierno de Allende, porque luego viene la represión y el lógico resentimiento. El filme igualmente tiene un mensaje de que los pobres quedan dejados de lado siempre, es un mensaje melancólico (de origen infantil) y al mismo tiempo pesimista en general. La madre de Gonzalo, María Luisa, es un gran personaje, aunque muy criticable en varios frentes, aun no siendo una imagen muy positiva sino cuadriculada, parametrada (salvo por su afecto hacia Gonzalo), pero sí jugosa aun así; la actriz chilena Aline Kuppenheim es muy bella y muestra erotismo sutil, ella sí es una pituca en toda gloria. La madre de Pedro en cambio es casi una luchadora social o activista, pero mejor Silvana que ella en todo sentido. Ésta madre hasta suelta un discurso de esos graves. Es un filme que tampoco se puede negar que toca cierta fibra, pero mucho más desde los niños y sus aventuras que incluyen el paquete completo de las diferencias sociales -desde la ropa siempre rota de Pedro hasta ver como es el baño de su casa, y queda clarísimo cuando Gonzalo le dice a un militar que mire como viste él para salir de un apuro-. El padre McEnroe así mismo por su parte es una fuente de mucho carisma, es re-simpático, aun cuando a veces luce hiper inocente en su cariz de ser bondadoso. El padre de Gonzalo también está perfecto y el novio de la hermana con unos chacos maneja un momento bastante obvio (ideológicamente, casi populista), pero a la vez de antología. La película de Wood trata de ser equilibrada con ambos bandos -izquierda y derecha-, pero como cuando presenta las dos marchas contrapuestas con los niños vendiendo banderitas, se grita, se fiestea, más la del socialismo. En un momento el borracho y resentido padre de Pedro futuriza como será la relación entre Pedro y Gonzalo, a la pobreza en general le impone una falta de cambio, el pobre eternamente pobre; he ahí el asunto, un gobierno gobierna para todos, busca que todos crezcan económicamente, que todos puedan ser prósperos.
domingo, 21 de marzo de 2021
Supongamos que New York es una ciudad
Este documental de más de 3 horas de duración lo hallas en Netflix, lo dirige el gran Martin Scorsese, el querido Marty, cinéfilo a prueba de balas. Son entrevistas y todo su quehacer de Fran Lebowitz, quizá muchos no la conozcan, pero ella es super interesante. Fran es escritora de libros sobre la ciudad de New York, de aspecto social, anecdótico y curioso, sobre costumbres, malos hábitos y su gente, tiene 2 bestsellers en su haber. También es comediante y asidua invitada a programas de entrevistas donde se explota su vena cómica, sarcástica y su afilada inteligencia y audacia expresiva. Es una gran lectora y de ahí saca mucha imaginación, tiene también suma personalidad y comentarios atractivos y personales. Suele decir que es antipática, y que detesta a la gente, pero es una persona que en todo éste documental muestra harta empatía para quienes aprecian gente inteligente e interesante, más allá del lugar común. Tiene mucho comentario llamativo; puedes no pensar igual que ella en muchos casos, pero nunca deja de ser atractiva para el oyente, aun cuando no gusta de los deportes o las vacaciones por dar ejemplos. Fran menciona a la música y a la gastronomía como puntos donde la gente más es feliz sobre todo. Fran es lesbiana, pero se habla poco o nada de su sexualidad, es irrelevante, aunque ella bromea incluso algo de los gays. Fran habla de la liberación actual femenina y el empoderamiento de la mujer y contra el abuso y es muy ecuánime. Hay infinidad de opiniones valiosas de ella en el documental; la entrevistada dice hacer lo que siempre ha querido dedicarse y pocos tienen la oportunidad de concretarlo (pagado, claro), ser opinóloga -sin tono despectivo-, una especie de sabia urbana, sobre su hogar especialmente, New York y sus ciudadanos, que refracta en general sobre muchos temas. Vemos que participa de programas de entrevistas con directores y actores famosos de anfitriones, gente de rapidez mental y habilidad para la ironía, con la pregunta afilada al pie de la boca, y Fran sale indemne siempre y hasta gana la partida, siendo muchas veces osada en sus apreciaciones, pero siempre con amabilidad y humor, creando vínculos con ellos, al menos momentáneamente, cosa curiosa, porque no es una persona que diga lo que todos suelen decir, aunque tampoco es que carezca de coherencia o busque lo gratuito, tiene alguna lógica siempre, hay argumentos en sus comentarios audaces. Puede que tenga su ego notorio expuesto y algunas contradicciones, como todo el que piensa por si mismo, pero es una persona interesante, sin lugar a dudas. Marty sale riendo en muchas ocasiones producto de sus comentarios. Estamos ante uno de los grandes documentales y descubrimientos del año. Muchísimo mejor que El Irlandés (2019).
martes, 8 de diciembre de 2020
Mank
Mank (2020), de David Fincher, irá como cohete al Oscar 2021, va a sacar muchas nominaciones y estatuillas doradas. La produce Netflix y es otro de sus grandes éxitos en la era del streaming. Fincher se basa en el guión de su padre, Jack Fincher, por ello éste filme tiene un halo sentimental para él. Mank es una muy buena película, es cine de autor con composición de cine amable y popular, pero tiene su cuota de riesgo y dificultad. Gary Oldman interpreta a Herman Mankiewicz, un antihéroe en toda regla; trabaja para la industria hollywoodense, pero apoya al socialismo, cuando los productores, empresarios e industria californiana y hollywoodiense luchan contra el socialismo, cuando hay un candidato que puede remecer la economía y la política capitalista y los medios y el cine sueltan newsreels en masa en contra del candidato socialista. Mankiewicz busca la gloria, cuando es un alcohólico y un fracasado, pero lo siguen contratando porque tiene talento para escribir de cine. El mítico Orson Welles lo contrata como guionista y de esto saldría el guión de Ciudadano Kane (1941), pero Mankiewicz tenía que aceptar no aparecer en los créditos. No obstante Mankiewicz hará todo por la gloria y finalmente querrá sus créditos. Traicionará a William Randolph Hearst y a su buena amiga, Marion Davies (Amanda Seyfried). Davies es la pareja de Hearst y una actriz impulsada su carrera por el magnate de la prensa, aunque sucedió lo contrario, e igual se hizo de mucho dinero a su lado. Fincher retrata a Davies y Mank como grandes amigos, hay una relación sólida y notable entre ellos, y no es sexual ni de amor, cosa rara, en el cine no se suele trabajar mucho la verdadera amistad entre sexos opuestos. Los Fincher reivindican a Hearst, que es traicionado, que es comprendido en el filme, y no se ve como una mala persona para nada. También reivindican el genio de Mank, pero al mismo tiempo lo hacen ver como él termina definiéndose, como una rata. Mank como muchos han peleado tiene mucho mérito en la creación de Ciudadano Kane, pensando que este es un hito del séptimo arte, y todo el elogio iba para Welles -que efectivamente hizo cambios en el guión, produjo, dirigió y protagonizó Ciudadano Kane-. Sin embargo Mank es un antihéroe sin tanta simpatía, y ahí anida riesgo; los cinéfilos lights no suelen gustar de su tipo de personaje y protagonismo. Mank ataca a Hearst por gloria y éxito, pero aunque muerde la mano que le alimenta también lo hace por resentimiento. Mank se siente bufón de corte. Entra a tallar en esto la parábola del monito organillero, tan potente y elocuente. Mank deja de verse como el amo al percatarse de la realidad, se descubre un bufón, y esto le duele, y quiere revertir esa condición emocional y existencial y sacrifica todo por el éxito, como un Oscar y la reputación del mejor guionista del medio, venciendo su condición de alcohólico, invisible y segundón. Fincher trabaja el germen y la brillantez del guion que construye Ciudadano Kane, por mucho tiempo la película número uno del cine. El filme tiene su toque intelectual y diálogos y monólogos largos. Pero es una película jugosa. Hay que acotar que hay otra gran rata en la película -en realidad hay muchas como industria tan poderosa-, es Louis B. Mayer (Arliss Howard, quien debería ser nominado al Oscar, es el mejor en toda la película), que luce simpático, pero es muy ladino, mentiroso, falso, aprovechado, tramposo e hiper monetario. Mank medio que lo desprecia, sin tanto disimulo, aunque hay una relación de cierta cercanía entre ellos, pero Mayer es fresco con todo el mundo y le resbala el desprecio por su comportamiento y personalidad, hasta que Mank ataca a Hearst y Mayer lo hace polvo con un pequeño ataque de palabras; paradójicamente él sí lo hace sentir terrible, ya que Mayer le es fiel y agradecido a Hearst, que en la película es un líder respetado, honorable, es un hombre que gobierna, pero también ayuda, es generoso y amable y sienta amistades y vínculos fuertes en sus reuniones. Los Fincher reconocen la excepcionalidad de Mankiewicz, cuando murió prácticamente invisible, no remontó jamás Ciudadano Kane, y no sacó el provecho que merecía con la legendaria e idolatrada película. Ésta propuesta aplaude su genialidad, pero no le quita el estigma de antihéroe, un antihéroe de verdad -aunque culto y bien educado-, no esos antihéroes que son muy perfectos al fin y al cabo, es un antihéroe de esos golpeados realmente por todos, aun cuando tampoco era la rata que todos señalaban, pero sí un talento maldito.