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jueves, 16 de octubre de 2025

Sirat


Ésta propuesta es una película de aventuras, de entretenimiento, pero con su pequeña sustancia, con su mensaje humanista de unidad, de velar por la gente más humilde, y de paso habla de especies de nuevos hippies, punks modernos, amantes de la música electrónica, pacifistas, aficionados a las drogas laboradas/consumidas con/por hierbas. El ambiente es de raves hechos en el imponente desierto marroquí, en el mismísimo desierto. Hay mucho baile en medio de raves (lo cual se ve muy bien, te genera empatía, y así hay muchos momentos de complicidad de diferente tipo), con gente que recuerda a la contracultura, pero aquí sin mucha política de por medio, o apuntando a la libertad máxima, a la libertad total, en sí misma, en su mirada más pura, sin tanto argumento, sin formular sexualidad (la que muchas personas en la vida la tienen por ubicua) ni corrupción de liberalidad. Es como entrar en el goce de la vida con el baile, inducido por hierbas. El filme habla de europeos con aspecto punk que yacen en el desierto, bailando, viviendo como en medio del campo, fuera de los sistemas muy reglamentados. Ahí vemos aparecer a militares que son el clásico orden contrario a esa libertad que proponen estos (nuevos) hippies, quienes solo quieren vivir tranquilos al margen, en un territorio que como todo tiene un gobierno. Un padre, Luis (Sergi López), está en busca de su hija, una jovencita hippie, que dicen está melancólica, y se ha ido, aunque ya es mayor de edad, pero su padre quiere ver que esté bien, y la va a buscar, con su hijo pequeño, Esteban (Bruno Núñez Arjona). El desierto es peligroso, no es un lugar para cualquiera, y eso quedará claro en el filme, en esa aventura que emprenden Luis, su hijo, y sus nuevos amigos hippies (todos excelentes como interpretes). Hay escenas muy dinámicas, que producen adrenalina, hermosas de paso a la vista, junto a la fotografía de Mauro Herce, que llevan muy buen acompañamiento musical. Se exhiben escenas puras y duras que están excelentes, cine en esencia, que deleitan a la mirada, que son aventura a la vena. Cine, imágenes poderosas. Y no caen en lo innecesario porque son parte de esta película de aventura, de la aventura. Los guionistas son el argentino Santiago Fillol, que ya ha trabajado en varias oportunidades con el director de éste filme, y el mismo director Oliver Laxe. Es como si hubieran tomado por una parte en cuenta los errores y virtudes del filme Sobre todo de noche (2023). Hay momentos de shock, totalmente impredecibles, que se justifican plenamente, que dejan en claro que estamos ante una película de aventura (de entretenimiento, dígale aquí con su toque a lo europeo, si bien se siente universal), un relato de mucho peligros, donde no faltan en éste tipo de películas. El desierto marroquí es como el gran dominio (o "demonio") donde el hombre osadamente trata de atravesarlo, de vivir donde la naturaleza es poderosa, pero también ese peligro es producto del mismo hombre, de lo autodestructivo que es muchas veces. Así el filme remite un poco al mundo de Mad Max, pero en los comienzos de lo apocalíptico. Se llega como a asumirse en un sci-fi de bajo presupuesto, de los a medio camino realistas, o de pocos elementos futuristas. Se deja volar que ha sucedido la tercera guerra mundial, y que el mundo está en el caos, en su etapa de destrucción y estamos viendo a los sobrevivientes (que en sí puede referir actualmente a los que vagan austeramente por el planeta), como en aquel tren como con polizontes. En cierta manera lo que vemos se puede leer como algo postapocalíptico, pero al mismo tiempo identificable contemporáneamente, una dualidad del mismo desierto marroquí, una capacidad para hacernos pensar en ese momento bíblico, bastante utilizado en el cine, en el arte. Es una película sencilla, pero muy competente. Es la búsqueda de alguien, crear una caravana con un tipo de gente especial, una especie de tribu, expuesto en un lugar algo extravagante, y pequeñas aventuras, que recuerdan a la obra maestra del genial Henri Georges Clouzot, El salario del miedo (1953). La música electrónica está muy bien integrada, no solo desde lo más específico, sino como planteamiento de cine de aventuras y sci-fi. La luz tipo holograma de los raves, las cajas de resonancia frente a las minas militares. Es una obra lograda como película de aventuras, con una austeridad que funciona plenamente, estética, de nivel, no sólo audaz. Los que ven una película misteriosa, parece que han visto otra película, es una película de aventuras con pocos elementos, un viaje por el desierto, por lo peligroso que puede ser, sin demasiada grandilocuencia argumental. Lo sencillo puede ser muy potente y eso es justamente éste filme. Tiene una parte que puede hacer de la obra algo espiritual, donde vemos a musulmanes orando/rodeando la sagrada piedra negra en la Meca, como los trances de atravesar la vida, y que puede verse como la búsqueda de un mesías/profeta (o gente que de verdad mejoren a la humanidad), o el desierto (la existencia) como posible trascendencia de la gente común. 

lunes, 10 de julio de 2023

Rapiña

El director mexicano Carlos Enrique Taboada no solo es un maestro del cine de terror, también tiene otro tipo de películas bastante buenas como la presente, Rapiña (1975), un thriller y drama rural hecho unos pocos años después que ya mostrara su dotes en el cine de terror y antes de lograr su mejor película en el cine de género, la magistral Veneno para las hadas (1986). Rapiña es cine social también, vista desde la óptica de la corrupción por el dinero; vista atípicamente en el cine, desde un campesino humilde. El detonante es oír una conversación intima llena de fastidio y enojo de un hombre venido de la gran ciudad que yace frustrado en el pueblito donde vive y se siente estancado y así mismo también Porfirio (Ignacio López Tarso), nuestro protagonista, en el reflejo de quedar como hipnotizado por el desprecio hacia la vida rural y, en segundo plano, hacia la humildad del campesinado. El hombre que habla es el doctor del pueblo, supuestamente un hombre culto, que se deja llevar por sus pasiones emocionales y su cierta auto-visión de superioridad, aun cuando es un hombre mediocre, no por trabajar en un pueblito, sino por aceptar que no puede cambiar su destino, y no tener fuerzas para salir de donde no se siente feliz. Todo ese enojo y desprecio hacen que Porfidio quiera distinguirse de sus hermanos -pensando incluso en el futuro de sus hijos señalados de primitivos-, pero ante la frustración natural de cara a la falta de oportunidades y de no tener dinero frente a condiciones generales adversas solo verá su obsesión ejecutable cuando vea una avioneta destruida y abandonada en las alturas, sin aun identificarse por las autoridades. Es costumbre ver avionetas de gente rica sobrevolar por lo rural y al caer queda mucha riqueza material lista para hacer lo que indica el título. Ésta se presenta a sus ojos como la gran oportunidad de Porfidio que lentamente no se dará cuenta que pondrá en practica caer en la inmoralidad tras soñar tanto en irse, en hacerlo a toda costa (producto del enajenamiento que le genera el supuesto intelecto del pueblo), tal como en Madeinusa (2005), exhibiéndose capaz de hacer hasta lo impensable, volverse un hombre digno de un cuento de terror. En adelante es un filme sencillo, es caer en la peor corrupción, quedar cegado por un sueño de mejoría, de donde saltará la aventura de poder salirse con la suya, pero como en aquella vista desde lo alto, es como quedar mentalmente atrapado, tentado por el demonio que se presenta elípticamente en todas sus acciones. Muy buena la interacción con la pareja de mejores amigos, con los actores German Robles y Norma Lazareno. Robles medio que está irreconocible y muy metido en su papel, como un tipo bastante básico. Éste filme recuerda un poco a otro de los mejores de México, Macario (1960), donde también lo protagoniza López Tarso con semejanzas, aunque en Rapiña es otra clase de hombre. López Tarso sostiene una gran interpretación, aun cuando utiliza una manera de hablar y un maquillaje bastantes primarios. Rosenda Monteros también actúa muy bien como la esposa de Porfidio y tiene una escena melodramática muy lograda, ella es dinamita para el espíritu más salvaje. Tenemos enfrente de nosotros la parábola del anhelo en bruto de dinero arrastrándonos hacia el simbólico desierto, separándonos de nuestros hermanos, de nuestra humanidad. 

sábado, 13 de noviembre de 2021

The Green Knight


The green knight (2021), de David Lowery, es más una película de cine arte que una de aventuras o de acción, lo que si se apoya es sobre la fantasía, pero le alcanza a pensar cosas comunes, si bien existe cierta sofisticación en las temáticas realistas si se quiere. Pensemos que habla del matrimonio por conveniencia o por fachada, en una relación donde el marido es raro y ella quiere ejercer su sexualidad. En el filme ésta mujer bella y elegante en la piel de Alicia Vikander se tilda a sí misma de bruja y seduce hacia la infidelidad al protagonista, a Gawain (un sólido Dev Patel), a quien ridiculiza cuando vence su reticencia al sexo con ella, por lealtad, que luego se minimiza con el acto del marido que interpreta Joel Edgerton; todo esto es pedestre, algo vulgar, pero es el tipo de filme que opta Lowery, cine de autor hardcore se puede ver. Es un filme que busca destruir la idea del idealismo, de lo "perfecto". En la historia medieval de Gawain nos dicen éste cuento no es El rey Arturo, no es esa clase de historia, y se le prende en fuego de manera impactante y llamativa, el fuego siempre es deslumbrante. Gawain entra a un juego bastante simple, el caballero verde, un caballero de fantasía, reta a todos en una corte de guerreros y Gawain hambriento de popularidad y renombre acepta su reto absurdo (que de paso sirve de divertimento general). En ese momento el protagonista no nota quizá el absurdo de su acción (puede ser vista como una lectura contra el machismo), ciego por la fama, enarbolando el honor que luego se discute de banal. El caballero verde acepta que lo decapiten para que luego de un año pase lo mismo con Gawain; esto ha de suceder de manera pasiva, no mediante ninguna lucha, aunque igual se dice que el tal caballero verde es invencible y ciertamente lo es, porque vuelve a la vida, es como una planta que pierde simplemente algunas partes externas, curiosamente esto es su cabeza. Gawain es humano y sabemos qué pasará con él, pero parece que nadie lo nota (ni él). Gawain se convierte por obra y gracia de su acción (suicida) en una celebridad y encima asume poder (relegado) en la nobleza. No obstante pronto llegará la promesa, la otra parte del juego, y un filme más para pensar que para llenarse de actividad. No obstante la fantasía medieval está muy bien, presenciamos ladrones con cuchillos liderados por el talentoso, y atípico al tipo del actor popular, Barry Keoghan, una historia de fantasmas en una casa al lado de un lago y una auscultación matrimonial como salida de la mente de Ingmar Bergman más nuestra ineludible modernidad en el concepto de relación abierta. El filme de Lowery diserta sobre lo bueno y lo malo o la felicidad y la desgracia, cómo todo se termina pudriendo o mostrando un lado desagradable, que representa el color verde, más que la exuberante y hermosa naturaleza, es decir, todo se corrompe, se descompone finalmente, y nos dice que hay que lidiar con ésta realidad poco aceptada, poco comentada o racionalizada. Éste juego de decapitaciones es justamente esto, como del bien pasamos al sufrimiento y a la decepción. De éste filme se siente un poco como que nos estamos de repente quedando sin ideas o es que la presión de nuevas historias, nuevo cine, y nuestra ineludible modernidad, está provocando que pensemos en cosas que no solemos pensar; quizá surjan nuevos descubrimientos, lo inteligente en todo caso es que no nos arrastremos hacia el síndrome de la perdición, de la resignación, como muestra éste filme, aunque con una cierta ironía final. Puede ser también un llamado de madurez, todo desde una obra de entretenimiento. 

viernes, 18 de junio de 2021

Selva trágica


Dirigida por la mexicana Yulene Olaizola, escrita junto a su compatriota Rubén Imaz. Nos ubica a comienzos del siglo XX en la selva maya, entre Belice y México, con gente que extraía goma de mascar. Un grupo de hombres halla a una mujer de Belice, una hermosa morena llamada Agnes (Indira Rubie Andrewin) que escapa de la tiranía de un matrimonio concertado con un ricachón gángster inglés. Éste la persigue para matarla, mientras todos caen poseídos por el espíritu de un demonio de la naturaleza salvaje metido en el cuerpo erótico y anhelado de una mujer en medio de muchos hombres. El filme mezcla aventura con cine de terror, va a medias según el ojo con que se mire. En un momento un hombre trepa un árbol y cae helado de golpe, se ve que algo se mueve en la cúspide de la vegetación, a lo Depredador (1987). Junto a momentos místicos y oscuros como éste vemos que los hombres se matan entre sí por el contrabando, la traición, la ambición, el poder y también por estar en el momento equivocado. Agnes camina en silencio medio como una zombie pero de fuerte atractivo sexual, su cuerpo ya no le pertenece, y en esa ruina y esa violencia y brutalidad, sumergida en el primitivismo masculino, vemos que el karma empieza a hacer su jugada macabra. Esto, desde luego, es interesante y entretenido, aunque el filme a ratos se resuelve demasiado simple. No obstante ésta propuesta vence cierto estado de deja vu y tiene gancho, logra ser atractiva en sí. La mujer yace entre criminales en potencia, la selva es un lugar para romper toda regla. Pero la trama, a través de cierta justicia divina, hace que la pasividad e indefensión de la mujer se convierta en destino firmado, en muerte, al que no puede contener su perversidad ni su libido. El filme por ello es una buena opción de un cine folclórico, con su personalidad e identidad, con su mito, enmarcado en un cine de gloria comercial, de la mano de la aventura y el terror gracias a la selva. Agnes es como esa mujer que dicen las historias aparece sensual en la carretera para robarte el alma, con el exotismo de una morena de Belice -no obviar un notable fetichismo con sus zapatos blancos sucios por el barro-. Lo que aumenta atractivo a la propuesta es que de manera inteligente la película nos hará entender como ella se convertirá en esa trampa mortal, sembrando terror sutil, al tiempo de un eficiente cine de género. 

miércoles, 15 de julio de 2020

Sombra verde

Ésta es una película convencional, pero buena película. Quizá no tan convencional para ser una película de 1954 donde todavía el cine iba por su primera mitad de existencia, pero aunque tiene algo de erotismo no es muy transgresora, es una propuesta aún inocente. No obstante es una oda a la amante, a la infidelidad, pero planteado como amor verdadero. Inicialmente se presenta como una película de aventuras, con un viaje informal a la selva, informal por el tipo de guía y no tener una ruta bien demarcada, pero el héroe en cuestión va en nombre de una empresa de medicamentos. El héroe se llama Federico (Ricardo Montalbán), hace de tipo seductor también. En ésta obra de Roberto Gavaldón el hombre es el ser dominante, el guapo del filme, aunque su compañera es una chica medio salvaje, sensual, muy libre y también engreída. Ella es Yáscara (Ariadne Welter). Ella es una mujer engreída por ser la niña de los ojos de su padre, Ignacio (Víctor Parra). Parra tiene un curioso parecido a Orson Welles e incluso se le recuerda por su interpretación y movimientos. En el filme, en la segunda parte, que es un melodrama, Ignacio se enfrenta a Federico por Yáscara, como padre sobreprotector, mediando un pasado oscuro, todo lo que suena a un punto intrépido ya que Ignacio está bien matizado, tiene de malo cómo de bueno. Toda ésta parte de la lucha con el padre es bastante interesante, ya que la primera no tiene cosas muy impresionantes. La parte de la aventura es sencilla, aunque bien hecha, pero es austera, falta espectáculo y más novedad. Éste es un filme simpático, sobre todo por su última media hora intensa. Ésta oda a la amante tiene profundidad y es muy ágil y entretenida de ver, el tiempo vuela, Gavaldón crea una película muy dinámica.

jueves, 11 de julio de 2019

La muerte en este jardín (La mort en ce jardín)


Luis Buñuel hace una película de aventuras, con un país equis en América latina que está gobernando por militares y que un día prohíben a los extranjeros extraer diamantes. Esto genera el choque entre los extranjeros y el gobierno dictatorial. Así comienzan las persecuciones, se forma un grupo que quiere escapar, se van rumbo a la selva del Brasil. Un extractor de diamantes, Castin (Charles Vanel), quiere casarse con la prostituta local, con Djin (Simone Signoret), ella lo considera viejo, pero por interés acepta. De esto saldrá una pequeña aventura sorpresa más adelante, con francotirador incluido. El héroe es un tipo corrupto en varios sentidos, un tipo violento con las mujeres, Shark (Georges Marchal), un ladrón que simplemente sobrevive como puede y se une al grupo de la fuga. Michel Piccoli es el padre Lizardi, un tipo común, curiosamente una rara avis de Piccoli que en el cine hace mucho de hombre extraño y extravagante. Junto a ellos la hija sordomuda de Castin (la hermosa Michèle Girardon). El filme recuerda el cine de aventuras de John Huston, pero con un toque de personalidad propia. Buñuel es más primitivo para escenificar los comportamientos. El filme es bastante práctico, tiene buen ritmo. Está explicado con suma facilidad, pretende la movilidad. No hay grandes protagonistas, están a media caña, les falta grandeza, por más que se intenta, pero se distinguen, no son personajes planos. Las acciones son decentes e interesantes, pero muchas muy simples, aunque es un filme que escapa del rótulo final de típico. Shark es un tipo bastante rudo y aporta cierto realismo, aunque carece de carisma. La mort en ce jardin (1956) es una película entretenida, pero no una gran película. Esta propuesta es una mezcla mexicana con francesa. Un nado entre europeo y latino. Sobresale la actuación de Piccoli.

lunes, 6 de mayo de 2019

High Life


Claire Denis hace una película interesante, pero no perfecta, entonces vale, porque tiene su originalidad, su buen cine arte, aunque tiene puntos débiles o criticables. El filme es algo confuso de ver, sobre la misión de reproducción, el por qué la hacen tan complicada; después se suelta el pandemónium que si luce normal ante no ir por la vía rápida y fácil.

El filme tiene su parte fuerte en como desaparece la tripulación hasta quedar padre y bebé solos. Robert Pattinson interpreta a éste padre, y está muy bien. La trama de ir rumbo a un agujero negro suena escueta pero práctica, efectiva, con los muchachos pequeños criminales puestos en el espacio con la doctora asesina (Juliette Binoche) y su investigación.

El sentimiento que emana entre padre e hija del inicio es bueno, luego se vuelve medio intrascendente, pero sigue funcionando. Pattinson con su actitud y performance no necesita verse más viejo, no mucho al menos. High life (2018) es un sci-fi que exhibe herramientas sencillas, pero es muy erótico, sexual, tiene identidad.

Lo interesante es como cada tripulante va a ir desapareciendo hasta que quede la figura previa de los cadáveres que arroja al espacio Monte (Pattinson). Estos cayendo en el espacio son tremenda imagen. Binoche sobresale como cabe esperar. Lo futurista –lo material- está perfecto, sin demasiada extravagancia que no sea alguna máquina de excepción.

Pattinson hace de un buen tipo en general, quien se regenera con la responsabilidad de cuidar de su hija. La propuesta habla de la búsqueda de la trascendencia. Binoche también hace de una mujer en pos de la redención, con lo maternal. Hay un vacío y ser defectuoso –hasta lo criminal-, mejorar como persona, que se trata, que se llena o se transforma con tener un hijo, aunque hay quien reniegue de ello y se muestra incluso violento.

El filme versa sobre ser padre y arranca de ser un muchacho loco hacia esa responsabilidad, mientras esto es productor de mucha intensidad. El filme tiene su toque gore, sus momentos de terror. Hay una buena bomba de tiempo, en como Denis propone subir la tensión, en como lo prepara. High life no es un hito, pero es un buen filme.

jueves, 21 de febrero de 2019

Incredibles 2


Secuela que está a la altura de la primera que estuvo genial; dirige nuevamente Brad Bird, quien también se encarga en solitario del guion. Los superhéroes son ilegales y unos ricos empresarios, Winston Deavor (Bob Odenkirk) y Evelyn Deavor (Catherine Keener), dos hermanos, quieren volverlos legales, para lo que contratan a Elastigirl (Holly Hunter) para con ella hacer una buena publicidad y lograr revertir la imagen pública de los superhéroes. Mientras su súperesposa está afuera Mr. Incredible (Craig T. Nelson) se encarga del hogar, de cuidar a sus tres hijos, que incluye a un bebé con 17 súperpoderes.

Es un filme familiar, muy entretenido, con sus buenas escenas de acción y su humor por todas partes, pero que deja ver una historia, que no es una comedia. Hay mucha aventura. El malvado Screenslaver tiene una excelente escena de acción enfrentando a Elastigirl, que no tiene nada que envidiar a una cinta live action; es más, parece que la copia al milímetro, así igualmente el filme tiene muchas escenas serias y típicas del cine americano, emula muy bien la realidad. También hay ternura en los personajes de la familia, que le da un plus al producto.

Es un filme que tiende a lo cotidiano, aun cuando hay cosas extraordinarias, como súperpoderes y peleas con harta destrucción de infraestructura –asunto por el cual escogen a Elastigirl en lugar de Mr. Incredible-. Esto es lo mejor del filme, ese gran convivir con lo común, con el padre cuidando de su hijos; con una hija enfrentando la adolescencia, el querer tener un novio; con un padre que demuestra no ser machista y cuida de su hogar, mientras su mujer es la heroína y tiene el trabajo que él tanto ama. Se nota la unidad familiar en los protagonistas, haciendo todo por el beneficio mutuo, por amor, aun cuando hallan enojos. Es un filme que así trasmite harta empatía y tiene una buena historia.

El filme es un poco como The Dark Knight (2008) en su argumentación contra el sistema aunque con su propio discurso –alrededor de la flojera, pasividad y falta de emprendimiento de la gente-, que tiene una simple refutación, que la familia Parr o Increíble son pura bondad y ven desinteresados por el bien de los demás, aman cuidar de la gente, aman servir, aman ser superhéroes, aun cuando saben que su familia es importante y tienen que cuidarse –ver por los pequeños- o que lo común pueda verse afectado, pero su naturaleza altruista los moviliza y ahí forman su unidad familiar. Mr. Incredible es un poco un niño grande y así es el filme también, como con el auto deportivo del superhéroe. Pero a la par vemos la moto de Elastigirl; en ambos géneros hay una personalidad potente. También la animación es muy carismática.

domingo, 23 de diciembre de 2018

Dulce país (Sweet Country)


Western australiano perteneciente a Warwick Thornton, ganador del Premio Especial del Jurado en el festival de Venecia 2017, que resalta por la inclusión en la historia de negros aborígenes como servidumbre explotada y maltratada. Cuenta la historia de un hombre de color que en defensa propia mata a un caucásico. El filme utiliza la elipsis en varias oportunidades y hasta algunos flashforwards como destellos. Hay un hombre blanco que sufre de problemas psicológicos, lo vemos sufrir a solas, preparando su arma y disparando a campo abierto, cuando se encapricha con la sobrina de un empleado negro. A Sam Kelly (Hamilton Morris) entonces no le queda otra que disparar y matarlo en una escena potente, visualmente hermosa. El filme no cuenta con muchas escenas de acción, portentosos tiroteos o grandes duelos, pero sí una buena aventura en el escape, donde la película se hace totalmente impredecible, con una llanura de especial estética, salina. La personificación del niño Philomac (interpretado por los gemelos Trevon y Tremayne Doolan) es impresionante, aun cuando su aporte a la narrativa es menor, pero sus mataperradas, su fuerte carácter y su sencillez formal deslumbran en la entrega al rol. En el filme se vive una atmósfera de injusticia hacia los aborígenes negros, pero éste niño no presenta un cariz melancólico, sino una recia y astuta sobrevivencia. Igualmente otro aborigen, Archie (Gibson John), es una personificación magistral, un viejo lobo o, mejor dicho, un dingo. Hay tremenda naturalidad. Bryan Brown es el sargento Fletcher, el tipo rudo, duro, pero finalmente honesto y justo; es un sujeto con mucho carácter, pero no un superhombre. En el filme se da la expectativa de que se enfrenten Fletcher y Kelly. Kelly aunque es un hombre humilde maneja muy bien el arma larga, es de lo más básico, pero aun así imponente. Es un western con todas las de la ley, muy bien plasmado en suelo australiano, de manera esencial y efectiva. Sweet Country (2017) habla de lugares oscuros del pasado y de un futuro incierto. No obstante el levantamiento de una iglesia es la puerta a la esperanza.

miércoles, 6 de junio de 2018

Les garcons sauvages


El filme tiene a 5 muchachos -interpretados por mujeres- que cometen un crimen, con una mujer de mediana edad atada a un caballo, molestos porque ha tratado de corregirlos, detenerlos. Muere mientras se masturban sobre ella y vemos el líquido saltar hacia su cuerpo. Por ello son condenados a seguir a un duro capitán de un barco, que los lleva a una isla llamada de los placeres. La película del francés Bertrand Mandico es todo lo extravagante que se puede esperar de una película que ha demorado en hacerse, tras cantidad de cortos que le preceden al director. Éste, su primer largometraje, como es de esperar ansia la polémica. Y ésta por lo general siempre se halla en lo sexual. No obstante el filme también muestra ese background que hay a sus espaldas, y no es cualquier cosa. Es un filme algo notable de cierta manera. Tenemos una historia de aventuras y de extravagancias. Tener a mujeres por hombres da mucho juego. También permite manejar tranquilamente mucho machismo y brutalidad. Finalmente la isla de los placeres no es tanto tal y también castiga, o disciplina, acorde con los nuevos tiempos. El filme presenta igualmente facilidad para las violaciones. Tiene una trama sórdida, trastocando la esencia de las historias de aventuras. En la isla hay una doctora, una científica, que es la que trata de justificar algo la locura que reina en la película. Es un filme de fantasía, no se le puede pedir mucho tampoco. Es un lugar de momentos híper-sensibilizados, tormentosos, cargados del deseo de controlar el placer por la violencia y la irracionalidad representada en los protagonistas que ven en sus genitales el orden del poder, cosa que cruel e irónicamente se encargará de enmendar el filme. Ese quehacer femenino de lo masculino es un gran centro de ebullición, desde varios ángulos. También es un objeto de distinción y de interés interpretativo. El filme tiene de ambiguo, pero cumple a cabalidad tanto cuando vemos a las típicas francesas de gorrita y tetas al aire, como a la salvaje juventud machista. No es un filme placentero, es un poco incómodo, y algo subversivo. Es un entretenimiento de estilo europeo, un soporte amable –el de aventuras tipo de piratas o naufragios- con un toque rugoso -con el manejo de falos propios de la perversa imaginación, aunque hechos por efectos especiales, como aquel tatuado del capitán-.

martes, 3 de abril de 2018

Ready Player One


Steven Spielberg es un gran nombre del entretenimiento y el cine en pantalla grande, así que casi cualquier cosa que se le ocurra hacer por ser él será motivo para que asista a ver lo que ha hecho, y lo que ha hecho es un cine familiar y juvenil. Ha puesto de escenario un mundo virtual llamado el Oasis, creado por un hombre amante de la cultura popular americana, como el mismo Spielberg, llamado James Halliday (Mark Rylance).

El filme es un juego virtual, es estar inmerso en un videojuego lleno de referencias pop, de la música, el cine, la literatura, el cómic, el anime, los mismos videojuegos o la televisión. Hay pasajes muy logrados como el que utiliza de base El Resplandor (1980). El héroe virtual se hace llamar Parzival (Tye Sheridan), tiene una vida conflictiva y humilde en la realidad, y se escapa en el mundo virtual, aunque en él hay una pasión por el mundo de Halliday. Parzival es un personaje propio de su edad, alguien poco meditativo, aunque no sea ningún chico rebelde ni frustrado, es como cualquier muchacho, lleno de alegría y vida, y de superficialidad. A él por el tipo de personalidad y el manejo de su conducta le queda perfecto el mensaje final de Halliday, que busque despegarse del mundo virtual y ame la realidad, a pesar de que suena algo contradictorio, porque la vida de Parzival no es muy amable.

La parte real parece ser un mundo post-apocalíptico, tener el planeta destruido, como si refugiarse en lo virtual fuera una salida necesaria para poder tener una mejor vida. Pero luego esto queda desmentido, y se ve más bien que la gente está ciega por jugar, simplemente buscan el placer virtual, cosa que luego se descubre no hizo feliz al inventor en cuanto a su propia vida, que fue un hombre solitario y fracasado social que finalmente había desperdiciado su vida en lo virtual, y que debió de aprovechar más el mundo tal cual, como salir a bailar y ser menos nerd. Parzival y sus amigos son chiquillos, y se aplican a éste mensaje, de que deberían jugar en el mundo real, que es más valioso que el virtual nos dice el filme.

El filme es puro entretenimiento, a eso se aboca, sólo difiere en donde debemos andar más, es el llamado de lo natural, del pasado, de la tradición. Al final Hallyday agradecerá a quienes jugaron su juego, implicando humildad y melancolía, se irá tipo perro triste, mismo final de Big (1988), dejando entrever que su mundo virtual tampoco es tan malo, pero no representa la verdadera felicidad. Hallyday a pesar de la edad –no luce físicamente natural- es como un muchacho más, un tipo común, y no el semidiós que se ha ganado ser con su creación. Visualmente es un filme impresionante, hay tantas referencias en pantalla que hasta abruma, aunque hay semejante abundancia que pierde cierta estética y toma una presencia kitsch. Además no todos los avatares por computadora lucen cautivantes.

La trama consiste en que una vez muerto Hallyday deja un juego donde los participantes –apunta a toda edad, pero en adultos con pelo en pecho se luce un poco ridículo- deben hallar tres llaves, tras tres acertijos mediante un juego de acción, donde entra a tallar un mundo más que de sci-fi del género de fantasía. El que encuentre las tres llaves ganará el premio mayor que es la fortuna de Hallyday con la que se podrá acceder al control del Oasis, en que los retos implican el significado de la felicidad.

Entra a tallar también que éste lugar virtual que aman todos jugar es una empresa, de lo que queda flotando en el aire que uno debe recurrir a la esencia, a lo básico, en una clara crítica al futuro, a la tecnología y al propio entretenimiento. Como también es una película de aventura no faltan los villanos gestores de acción, guiados por Nolan Sorrento (Ben Mendelsohn) y su tropa de mercenarios virtuales salidos de lo casual. Sorrento ambiciona el Oasis, pero lo ve sólo como un negocio, no ama ni conoce demasiado lo pop –es un frío y monetario empresario-, por ende se entiende que tampoco ama a la gente. Es gracioso ver que Sorrento era el que servía los cafés como practicante en la empresa de Hallyday.

En un mundo que ama las referencias Ready Player One (2018) tiene las fichas ganadoras, desde una carrera de vehículos que incluye la moto de Tron (1982), el DeLorean de la trilogía de Volver al futuro, el auto de la película de terror Christine (1983), la camioneta de la serie de tv The A-Team, el batimóvil de la serie de los 60s y la moto de Akira (1988) en medio de la persecución de un T. Rex de Jurassic Park (1993) y de King Kong, hasta El gigante de hierro (1999) despidiéndose a lo Terminator 2 (1991) o un Goro (Mortal Kombat) explotándole el pecho por un xenomorfo pequeño, como en Alien (1979).

lunes, 19 de febrero de 2018

Dios y el Diablo en la Tierra del Sol, Tierra en Trance y Antonio Das Mortes



Dios y el Diablo en la Tierra del Sol (1964)

Ésta es la obra más aclamada y famosa del brasileño Glauber Rocha, la figura mayor del movimiento llamado cinema novo. Es la película más narrativa, más clásica y más clara de su trilogía, también la más potente y entretenida, cargada de folclore brasileño, historia nacional y mística popular. Hay varias figuras claves y representativas en su trama, figuras que hablan también de cine social y lucha de clases, pero que se adscriben a contar una historia ficcionalizada con cierto background real, apoyada de una estética y un estilo muy personal, no sólo por el típico blanco y negro. 

En un lugar llamado el monte santo un hombre se autoproclama santo y lo siguen fielmente, dan la vida por él, el pueblo le tiene fe a detrimento de la religión oficial con la que yace separado y repudiado. Sebastián (Lidio Silva) es éste santo de descendientes africanos. Un vaquero común, pobre, llamado Manuel (Geraldo Del Rey), exige justicia, la que la ley oficial le niega, porque es una ley que está al servicio de los terratenientes, entonces va en busca de Sebastián, a quien cree la justicia. Sebastián es un tipo extraño y a ratos cruel y violento. Éste maestro popular depara grandes escenas, llenas de esa fiesta y locura típica de carnaval brasileño; como cierta penitencia con una enorme piedra y después un doble crimen –ocasionado por un simbólico pueblo- en busca de la destrucción de ésta fe marginal.   

Todos los protagonistas de ésta película son ambiguos, tienen crímenes en su haber o hacen cosas perversas, a veces obligados por las circunstancias, pero finalmente todos son como llaman al vaquero Manuel, satanases. Antonio Das Mortes (Mauricio do Valle) es un cazarrecompensas, un matador de cangaceiros. Los cangaceiros son bandoleros de espíritu revolucionario identificados con el pueblo, pero que le dan una mala imagen, son perseguidos por el ejército y el gobierno, están en su última época (los 30s), luego los desaparecieron.

Antonio vive sintiéndose culpable por quién es y qué hace, pero es el único sentido de su existencia, matar cangaceiros, pero su trabajo lo obliga a trabajar para terratenientes y enfrentar al pueblo, que convive con estos bandoleros y santos ambiguos, pero es un pueblo a los que se les ilustra indefensos, constantemente maltratados, sojuzgados, hambrientos, pacifistas. Antonio es un antihéroe, y tiene su mítica de cowboy, en un mundo perdido. Este mundo es el sertón, tierra casi desértica.  

Corisco (Othon Bastos), es el cangaceiro de la historia, el número uno tras el más famoso cangaceiro de todos, Virgulino (alias Lampiao), de quien sólo se habla, pero se le menciona bastante, también se canta sobre su nombre y leyenda. Se oye por la voz admirativa de Corisco y el afán asesino de Antonio Das Mortes. Corisco es un extremista, un salvaje, un hombre que vive de la violencia. Es un tipo mujeriego y ladrón, pero también es un tipo con folclore y mítica; representa a los grandes bandoleros históricos. Tendrá que enfrentar a Antonio Das Mortes, dejando ver que tiene el filme un romance con ambos, lo cual se hace muy interesante, en una propuesta que ensalza en toda épica a sus protagonistas.

Es importante también la banda sonora, original y representativa de la película y que ayuda a contar la historia sin fastidiar, sin exagerar su presencia, sin asumirse una carencia visual  o una sustitución, aunque es notorio que el filme no recurre a un gran presupuesto. Genera mayor presencia en los protagonistas y en como contar la historia. Hay un estilo particular de canto.

La trama trata de la búsqueda, del hombre humilde y maltratado, de algún tipo de justicia, detrás de un líder y guía salvador, escarbando en el propio pueblo. Así mismo se ve mucho el rechazo y abandono de la mujer, que en Rosa (Yoná Magalhaes) se repite una y otra vez, obligándola a actuar, corrompiéndola. También está la búsqueda de la fe y de la paz interna, al caer en la violencia, como en la historia del mar como si fuera el cielo.

Tierra en Trance (1967)

Ésta película es muy política, impresionantemente frontal y audaz. Glauber Rocha no esconde en absoluto su deseo de denuncia del abuso y mediocridad del poder. Tiene un potente cine social, inteligente, que abarca toda arista. Inclusive cree algo idiotas a los votantes, pero más es una crítica a la pasividad, desechando el sobrenombre de extremistas.

Posee una composición compleja, los tiempos de los sucesos están mezclados y puestos muy libremente y se hace algo complicado de seguirles, pero yacen en una estructura coherente. De forma directa el filme se defiende del señalamiento de ser una simple propaganda, y aunque tiene infaltables lugares comunes aduce -y tiene razón- ser más bien un cine de ideas, de defensas sociales y críticas racionales y argumentadas, quitando que ciertamente tiene un cierto mensaje extremista y algo belicoso.   

En el filme vemos a dos tipos de políticos, uno de izquierda, otro de derecha, uno populista y demagogo, otro empresarial, mercantil, religioso, manipulador a través de los medios de comunicación, pero los dos o son mentirosos o cobardes –en principios- o aprovechados. Postulan primero a gobernadores, luego a presidentes. Yacen en el lugar ficticio de El Dorado. Nuestro héroe social es un periodista idealista y poeta llamado Paulo Martins (Jardel Filho), quien trabajará con ambos políticos, Porfirio Diaz (Paulo Autran) y Felipe Vieira (José Lewgoy).

El filme con su protagonista hace un recorrido por las campañas de ambos políticos, en principio Paulo seguirá a Porfirio Diaz como a un mentor, luego pasará a ser parte de las filas del izquierdista Vieira. Paulo tendrá -como el Manuel de la anterior película- la influencia final de su pareja, de tendencia social, que igualmente terminará en la soledad como en aquella predecesora carrera desesperada, poderosa y furiosa hacia el mar. Antes, Paulo desencantado de la política llevará una vida bohemia, tendrá mucho sexo, con mujeres hermosas y liberales. Pensemos que Brasil es un país muy sensual y erótico, como también uno de lucha social.  

Antonio Das Mortes (1969)

La tercera y última película de la trilogía de Glauber Rocha es una continuación notoria de Dios y el Diablo en la Tierra del Sol (1964), Tierra en Trance parece que no tuviera mucha relación con ellas o fuera una película bastante independiente de las otras dos. Esto se nota tanto que hasta repite muchos lugares de la primera y hasta se repite a sí misma en demasía, o prolonga momentos sin mucho suspenso. Le falla además exagerar cosas pasadas de la primera, como la banda sonora de mismos rasgos sonoros y hasta letras, pero que llega a ser molestosa de lo ubicua que es.

Como anuncia el título se enfoca en Antonio Das Mortes (Maurício do Valle), que presentará su redención, al poco de ver que el pueblo necesita de la comida y las tierras de unos insensibles terratenientes que solo quieren llenarse de dinero. Antonio enfrentará al fantasma de los cangaceiros que tanta pasión y culpa le provocaban, en uno nuevo, del que duda, y es propio de una decadencia de su especie, el cangaceiro Coirana (Lorival Pariz), al que enfrentará con facón –cuchillo de trabajo o de pelea- en una lucha típica, con un pañuelo agarrado a un lado y a otro por sus bocas. Luego Antonio también luchará con otro asesino a sueldo, Mata Vaca.

Hay personajes estrafalarios, como el coronel Horacio y un profesor borracho que se ríe de todo y para buscando revolcarse –literal- con Laura, una mujer ajena y de la vida, que dan un toque lúdico y curioso al producto, provocando, uno, escenas berrinchudas y el otro poco sentido narrativo, pero teniendo en cuenta que pasan por el tamiz de lo popular. El jefe de policía Mattos también tiene un aire a caricatura y exageración; sólo Antonio Das Mortes y su clásica canción se mantienen en el movimiento lento y calmado, esperando entrar en acción, como con aquel tiroteo final, en una propuesta que lleva de western tradicional, folclórico y moderno, en un filme que ocurre 29 años después de la primera película de la trilogía.

Éste es un filme que es más un pequeño divertimento. No le falta cierta gracia, aunque es como una pequeña versión de la magnífica Dios y el Diablo en la Tierra del Sol. El otro título con el que se le conoce es El dragón de maldad contra el santo guerrero, nombres y significados que se mencionaban en la primera película, y que aluden a San Jorge y su mito, un santo cristiano hoy muy popular en Brasil, en el que prácticamente se convertirá Antonio Das Mortes, asumiéndose en pleno la mirada híbrida de lo popular, lo histórico y la fe.

martes, 16 de enero de 2018

La forma del agua

Una empleada de limpieza muda llamada Elisa (Sally Hawkins) descubre que a donde trabaja han llevado a un espécimen sinigual, un anfibio humanoide (Doug Jones), para estudiarlo. En el lugar es cuidado por un agente policial, Richard Strickland (Michael Shannon), y estudiado científicamente por el doctor Robert Hoffstetler (Michael Stuhlbarg). A Strickland le importa muy poco el espécimen, sólo quiere avanzar en su trabajo y pasar a otra cosa.  Strickland es cruel con éste monstruo, que recuerda a El monstruo de la laguna negra (1954). No obstante el anfibio del filme de Guillermo del Toro es tratado también de manera diferente, mostrando lo freak que es el director mexicano haciendo que la película sea una historia romántica.

Elisa es una mujer solitaria, en el filme esto está también en su vecino, el que hace Richard Jenkins, mejor amigo y cómplice de Elisa. A su modo Strickland también está sólo, sumido en la típica vida americana, pero con un trabajo especial, cuidar a un monstruo. Strickland es interesante, además de que Michael Shannon es un gran actor. Este hombre parece aburrido de su vida, pero está dispuesto a seguir hacia adelante a toda costa. Su problema es que es un tipo frío y excesivamente práctico, y esto no solo lo hace más fuerte que muchos otros sino también una mala persona. El mejor personaje del filme es sin duda Strickland, aunque más tarde caiga en la convencionalidad de que se cuente una historia made in Hollywood.

Lo que sale del lugar común en ésta propuesta es el hecho de cómo se llega a tratar más tarde al doctor Robert Hoffstetler, un agente ruso encubierto en la guerra fría de los 60s, que finalmente es pura nobleza, por encima de cualquiera de sus trabajos. También sale de lo común cómo Guillermo del Toro retrata la vida sexual de su protagonista, una perfecta Sally Hawkins, en un mundo que parece en varios momentos el de Amelie (2001). Ciertamente luce todo una locura, pero Guillermo del Toro de la forma más inocente lo hará ver muy poético, salvo lo sexual, los desnudos y la insinuación de la dependencia de Elisa de la masturbación (que lo tratará de contrarrestar comiendo cereal y, desde luego, no le funcionará). Lo poético incluye el musical y el baile clásico. Para esto, realmente su anfibio humanoide, salvo por unos momentos a lo E.T. (1982), se comportará tan salvaje como El monstruo de la laguna negra. Apenas se comunicará (aparte de decapitar a un gato de una mordida), aunque con Elisa será muy dócil, a cambio de unos huevos duros (disculpen la ironía anexa de un vulgar doble sentido).

Pero metiéndote en la fantasía, aventura y simpatía del relato de Guillermo del Toro, con unos ataques de justificada crueldad (que otorgan madurez al producto y reducen lo cursi), sumando algo de buen noir, el filme gustará bastante. Es prácticamente ineludible caer rendido al muy noble y dulce sentido que busca dejar la película, el de aceptar el amor poniendo lo físico en un muy segundo plano, éste no importa, entendiendo cómo el amor verdadero sin límite alguno desaparece la soledad, la tristeza y genera un estado de felicidad y fortaleza contra todo pronóstico. Éste sencillo, pero potente mensaje es honestamente hermoso. Será manejado a través de un escape y persecución romántico. El filme brilla de la mano de sus extravagancias, justificadas, en una bonita historia de amor con su toque de horror. 

sábado, 9 de diciembre de 2017

El ornitólogo (O Ornitólogo)

Muchos pueden pensar que el lugar natural de la homosexualidad frente a la religión o la iglesia sea el de la confrontación ante la no aceptación de su inclinación sexual. Pero el ser humano es un ser complejo y la homosexualidad también puede rendirle devoción a la fe a Dios y para la presente película en especial a los santos.

El portugués Joao Pedro Rodrigues hace uso de San Sebastián, un icono del cristianismo convertido en icono gay por el arte, en la forma de su muerte, amarrado en taparrabos sucumbiendo a las flechas, la que recrea Rodrigues, pone a su protagonista, un ornitólogo, Fernando (Paul Hamy), a puertas de morir, bajo la curiosidad de caer por las manos de 2 jóvenes turistas católicas chinas que dicen estar malditas y el bosque ocultar algo siniestro.

Fernando, un ornitólogo en vigilancia de un tipo especial de cigüeña, sufre un accidente en kayak y es recogido por éstas 2 chinas locas. Fernando escapa y se mete sin mapa en el bosque y en ese lugar empieza su peregrinaje, su trascendencia, su camino místico. Rodrigues hace su propia recreación e inoculación artística –al estilo de San Sebastián- con la figura de San Antonio de Padua, el santo más famoso de Portugal. Pero lo hace de la forma más extravagante. Fernando terminará aceptando que es un San Antonio de Padua moderno, perseguido por el espíritu santo (una paloma) y fusionado con el mismo Joao Pedro Rodrigues.

En el camino tras el erotismo de la forma que es apresado Fernando a un árbol por las chinas pasa a ver como un pastor sordomudo bebe de las ubres de una oveja, esto tiene de homoerotismo, la imagen parece una alegoría visual de un fellatio. Pronto con el pastor llamado Jesús –nombre que en la película es una clara irreverencia- se bañan desnudos en el río y terminan teniendo un encuentro sexual. Pero Rodrigues salvo estos momentos directos y llenos de su propia sexualidad prefiere la aventura y no sólo quedarse con una tendencia sexual, que queda, desde luego, impregnada en toda la historia, pero pretende ir más allá, y entra a tallar lo rocambolesco y el cine arte, buscando concebir una historia y una mítica por medio de lo trasgresor sobre San Antonio de Padua. 

Fernando se topa con una banda de violentos muchachos alcoholizados que visten de carnaval, confundiéndose como si fueran una tribu, jugando, tomando y peleando con cuchillos, que me recuerda a la fantástica Kill List (2011). Esta banda hace ritos paganos. Desligándose de esa figura Rodrigues hace que Fernando se esconda y tema toparse con ellos (hasta ser orinado encima). Más tarde Fernando sanando sus culpas regresará a la vida a uno de estos muchachos carnavalescos, como a quien cura del pecado, y se irán como pareja, en una canción que hace lucha contra la soledad, que llama a la confraternidad. Rodrigues aplica en ello su sentido del humor y su infaltable toque absurdo e irreverente. El filme es entretenimiento. 

jueves, 20 de julio de 2017

Okja

Okja, la película del surcoreano Bong Joon-ho, llega para marcar una nueva época, como otra forma para apreciar y fomentar el séptimo arte, producida y estrenada por Netflix. Okja es un blockbuster pero también cine de autor, llamémosle cine comercial inteligente. El filme nos muestra a un animal mutado científicamente que es un supercerdo, pero que parece la mezcla de un hipopótamo y un tierno perro. Okja se llama el animal que es cuidado en la granja surcoreana del abuelo de una niña llamada Mija (Ahn Seo-hyun), niña que se encariñará con Okja al cuidarla y crecer con ella, por lo que cuando se da cuenta que Okja será llevada a un matadero para ser convertida en alimento decide ir a traerla sana y salva a su hogar.

La primera hora del filme que es un viaje, desde que Mija se rebela con convicción a su abuelo, típico granjero (consciente del destino de los animales de granja), hasta que un grupo de animalistas quedan en un plan para sabotear la empresa que vende los supercerdos como alimentos es intensa, graciosa y muy entretenida, realmente maravillosa. Todo es perfecto, el periplo de Mija está lleno de la mejor acción, que termina en tremenda ironía escénica tras una mala traducción. La hora que viene después es menor, pero todo no va a ser una montaña rusa, hay una historia por crear y es muy aceptable lo que continua. Se abren las puertas de la (leve) fantasía de la mano de Okja que luce dulce y creíble.

En la propuesta se da la caricaturización de personajes, en el que es un filme notoriamente familiar en el estilo de Steven Spielberg, con Lucy Mirando y su hermana gemela (dos personajes interpretados por la camaleónica y orgullosa freak Tilda Swinton), dueñas de la empresa de los supercerdos, la Corporación Mirando; el presentador de tv y zoólogo Johnny Wilcox (un Jake Gyllenhaal entregado a los retos artísticos) que es estrafalario, alevosamente ridículo y el más extremo (y no me disgusta en absoluto, como a muchos sí); y en menor grado Shirley Henderson como una asistenta fiel a la Corporación Mirando. Ellos son la cara de lo malvado, sumado el sarcasmo del rol de Giancarlo Esposito en un reparto que aporta mucha diversidad en el que es un filme muy cosmopolita.

Lucy no es que sea mala persona pero anhela demasiado el éxito propio y publicita el embellecimiento de lo que finalmente significa sacrificio de animales (lo que no suena descabellado, un concurso de belleza/salud para premiar el mejor supercerdo, y la futura mejor carne, solo que aquí conviven en el mismo lugar). El Dr. Johnny es más un hipócrita y lambiscón, pero nacido de la caricatura japonesa y la comedia. Otros puntales del filme es el activista por los animales Jay (Paul Dano) y su mano derecha y experto en tecnología conocido solo como K (Steven Yeun). Paul Dano es un buen actor y se presta para un compromiso entre serio, teatral e irónico, igual que los animalistas que representa. Bong Joon-ho maneja mucho humor, pero nunca falla, lo cual es increíble, lo digo sobre todo porque no soy muy afín a la comedia y esta es una buena película, que maneja con soltura, frescura y tino el tema.

Okja es también un llamado a la consciencia para no comer carne y la forma en que se trata a muchos animales, llegamos a ver hasta el proceso de cómo son asesinados en los mataderos y cómo son procesados en comida, esto no es visualmente violento, pero hace pensar, aun cuando los supercerdos son una creación de la imaginación, son sintéticos, pero provistos de mucha mayor ternura y lealtad que los animales de granja comunes. Recordemos que Okja salva a Mija de morir con lo cual vemos en pleno el vínculo entre los dos. Bong Joon-ho maneja muy bien el tono del filme, y los cambios de drama a comedia y viceversa. En un momento Okja hace pensar como que se halla en un campo de concentración, preparada para ir a morir de la forma más fría con sus semejantes. Es un momento lúgubre y emocional que rompe con el colorido del filme. El mensaje es muy claro, pero el filme extremadamente divertido de ver, fácil de seguir, de compenetrarse y hasta para reflexionar.

lunes, 10 de julio de 2017

Spider-Man: Homecoming

Estamos frente a un nuevo reboot de Spider-Man, tras el desastre The Amazing Spider-Man 2 (2014), de Marc Webb, que empezó bien con The Amazing Spider-Man (2012), y lo mismo pasó con la trilogía de Sam Raimi, las 2 primeras fueron muy buenas y aun son las mejores de todas las que se han hecho de Spider-Man, pero la tercera fue una caída. Éste nuevo reboot es un muy buen filme, a pesar de algunas cosas criticables. Incluso es mejor que la primera de Webb, tiene mucho de juvenil y de última generación, más que la de Webb lo cual es notable. En el filme de Jon Watts se llega hasta futurizar y jugar a H. G. Wells y Julio Verne, a tratar mucho con el sci-fi, observamos la naturalización de armas, aviones y artefactos de gran imaginación futurista, como que el traje de Spider-Man, inventado por Tony Stark (Robert Downey Jr., que tiene una buena fórmula en su seguridad, vanidad y carisma), es de una tecnología fantástica, con todos los implementos clásicos de El Hombre Araña y muchos nuevos, que se equipara con la plasticidad y eterna novedad, puede que más, de Iron Man, teniendo en cuenta que Tony Stark es el mentor de Spider-Man en ésta historia, aunque Spider-Man buscará plasmar su personalidad, y si bien reniega de la simplicidad de sus primeras misiones, quiere mayores retos y aventuras, y admira y quiere emular a los Avengers, terminará quedándose en su pequeño rincón, que también tiene sus grandes misiones.

El reto de Spider-Man en ésta oportunidad se llama The Vulture (El Buitre), interpretado por un estupendo Michael Keaton, que dentro de su grupo criminal tiene otro villano famoso del cómic, Shocker (y no es solo uno, sino son dos, en el cuerpo de Logan Marshall-Green y Bokeem Woodbine), que está medio encubierto en el estilo del realismo que impuso Christopher Nolan en sus adaptaciones de cómics, estilo que tiene una cuota pero que no domina el filme, porque es estilo Marvel, con mucha ironía y relajo, más el de Stan Lee, con la temática adolescente y pequeño existencial, más la capacidad mental de ¡6 guionistas!, incluido el director. El buitre de Keaton está dibujado entre asesino en serie y gángster, medio loco y matón, al hallarse decepcionado del sistema, y se siente empujado a delinquir, a ver por sí mismo y su familia mediante la venta ilegal de armas. Tiene una gran escena, en la que lleva a Peter Parker en el auto, que es rara e incómoda y sale un poco del parámetro del cómic, recurriendo al cine noir.

Los combates, desde luego, son espectaculares, pero lo menos interesante a fin de cuentas (si no fuera así seríamos todos fans de la saga de los Transformers con los  impresionantes efectos especiales que posee), porque uno quiere hallar sobre todo argumentos, como cuando The Vulture no quiere irse sin ninguna ganancia y ciego arriesga su vida o cuando Peter Parker trata de ser un superhéroe más allá de la máscara al caer bajo escombros. No obstante sí tiene escenas entretenidas.  En el ínterin el nuevo Spider-Man busca superar su calidad de novato con cada aventura. En todo esto tenemos la maravillosa frescura que trasmite Tom Holland como el nuevo superhéroe, y se ve en cada hazaña, vuelo o llamado del deber, que tiene broma, novedad y mucha libertad. El filme se logra emocionante, intenso y de sorpresa en sorpresa en sus escenas centrales, en el caso del caos que se genera en el monumento a Washington y en el ferry de Staten Island.

El filme muy inteligente evita volver a contar por enésima vez como se convierte Peter Parker en Spider-Man, mientras la trama es original en que siga, se enliste, se adiestre y medio que lo cree Tony Stark, junto a su mano derecha en el asunto, Happy (Jon Favreau), aunque lo de tía May (Marisa Tomei) y tío Ben sea demasiado pobre o inexistente. Tomei es parte de un quehacer idiota de extrema atracción, sumado a la clásica sobreprotección. No obstante es coherente con la línea de crear un Spider-Man efervescente, ultra moderno y veloz.

La trama tiene su lado de autoayuda, aunque no en el nivel de la muy aplaudida –demasiado, diría- pero respetable Wonder Woman (2017). Plantea mucho la diversidad, puede que hasta exagere un poco, como con el bully del cómic Flash Thompson que ahora hace Tony Revolori, que tampoco resulta mal hecho, a pesar de que luce algo extraño al uso, ya que finalmente tiene veracidad porque pertenece al mundo nerd de Peter Parker. Pero están muy bien trabajados los amigos y la aspiración amorosa de Peter Parker, tienen una base sólida. Son divertidos, como el mejor amigo de Peter, Ned (Jacob Batalon), o manejan bien el sarcasmo, como Michelle (Zendaya), o son cool y maduros como la deseada Liz (la bella Laura Harrier). 

viernes, 24 de marzo de 2017

Silencio

Durante el siglo XVII ante el miedo a la expansión del catolicismo en Japón, y lo que podía significar, el control colonial europeo, Japón prohíbe la práctica del catolicismo y se dedica a perseguir, castigar hasta matar o hacerlos renunciar, a los que profesan ésta fe, sean de su población o extranjeros. Dos padres jesuitas portugueses Rodrigues (Andrew Garfield) y Garupe (Adam Driver) escuchan que su maestro, Ferreira (Liam Neeson), ha apostatado, tiene ahora nombre japonés y propia familia incluida, ellos no lo creen, saben que Ferreira estaba en un viaje de evangelización, y deciden ir a averiguar. Garupe y Rodrigues ven la fuerte situación que reina en Japón, pero practican el cristianismo en la zona, tratan de seguir su misión a escondidas a contracorriente de que el inquisidor Inoue (Issei Ogata) pone mano dura en el territorio.

Inoue luce algo ridículo, algo exagerado, pero también se manifiesta inteligente, su debilidad producto de la edad la suple con el enorme poder de su cargo, sabe bien el deber que tiene, se le siente que es para él algo personal, como el japonés que piensa que está defendiendo la gloria de su nación. La religión es solo el pico del iceberg, lo que esconde un orden y control político. El filme en manos de los padres jesuitas es un quehacer más inocente, al menos en lo que creen y profesan Garupe y Rodrigues, sienten que están propagando una necesaria verdad que atañe a todo hombre, buscando salvar las almas de los campesinos nipones.

No es casualidad la imagen del primer encuentro con Kichijiro (Yôsuke Kubozuka) que parece un perro callejero sucio, es el reflejo de la pobreza reinante y la dejadez del poder. En esa situación la palabra de Jesús cala profundamente, pero en lugar de solucionar el problema, la diferencia social, producto de la ideología y la estructura política, monárquica y feudal, les conviene mejor sólo usar la violencia, torturar, y hacer que renuncien e insulten al Dios cristiano, hacer que la superficie desaparezca.  Por cierto, Kichijiro da cierta risa, con lo endeble que luce, pero se entiende que es así por la fuerza con la que choca su fe, el temor a morir. Pero es a un punto increíble ver que a pesar de todo Dios –y los padres- le perdonan, le dan infinitas oportunidades, y él finalmente digamos que retribuye. Es la duda absoluta, medio un Judas cómico.

En el filme hay dos líneas de desenlace, que es lo que finalmente más importa. Una es la aceptación del poder japonés, la negación del cristianismo en suelo nipón, que va por Ferreira, quien argumenta de forma interesante (pero aunque lo niegue se debe su apostasía a la tortura fina y estratégica), aduciendo que Japón es un pantano donde no se podrán sembrar nunca ciertas plantas. En esa línea hallamos otra adaptación de la novela histórica de Shûsaku Endô, Chinmoku (1971), de Masahiro Shinoda, que es derrotista con el catolicismo, y triunfalista del Japón tradicional. La otra línea, la de Martin Scorsese, es la de que Ferreira es como un especie de Satanás, un tentador, imitando a la biblia, lo que es constante en el filme y más que seguro en el libro. Y la tortura, el salvar a los campesinos a cambio de la apostasía, los que le valen muy poco a los monárquicos, es un chantaje brutal, un subterfugio de implacable debilidad contra la fe, pero ¿qué hace un padre ante esto? El filme de Scorsese ve el sacrificio, la entrega y sobre todo el perdón de Dios. ¡Dios habla!, aunque parezca más una alucinación de la tensión. 

Otra discusión atractiva de la película es la que dice que los campesinos no saben bien lo que hacen, sobre entender la trascendencia, y que incluso no comprenden bien a quien le rezan ni por quien lo hacen (se dice que le rezan al sol), pero su devoción, martirio y muerte –aun en sus limitaciones- es acción suficiente para no pretender desestimarlos, porque la vida es lo más preciado que tiene uno (tenemos a Kichijiro para corroborarlo), como que todo hombre vale sin importar su humildad, cosa que no se comparte en el tiempo de la ambientación por los mandos japoneses ni por el renacido Sawano Chuan (Ferreira), y entregarla por una creencia religiosa es tal cual la aceptación de aquella visión de Cristo, uno se debe a ellos, a su respeto y honra. En ese sentido la intervención de Shin'ya Tsukamoto como un campesino creyente es de una emotividad maravillosa, lo mismo que con el traductor aliado del poder japonés (Tadanobu Asano), son contrastes magníficamente definidos, aun tan marcados.                                                                                                                      

sábado, 24 de diciembre de 2016

Rogue One: Una historia de Star Wars

Un spin-off de Star Wars sonaba a priori a algo poco posible de que fuera a tener éxito, pero el resultado en manos de Gareth Edwards (Monsters, 2010) es bastante satisfactorio. Muchos dicen que lograr una película decente tras la nueva trilogía y Star Wars: Episodio VII- El despertar de la fuerza (2015) ha sido cosa fácil, no había mucho que superar, pero la realidad es que este spin-off que se ubica entre el Episodio III y IV de la saga, una versión 3.9, digamos, es ciertamente un tipo de genialidad, sobre todo cuando de lo que trata el filme presente es de conocer como los planos de la estrella de la muerte llegaron a manos de la princesa Leia, con lo cual pueden destruir ésta arma de destrucción masiva. Asunto que se ve en Star Wars: Episodio IV - Una nueva esperanza (1977). La película que dirige Edwards tiene un meollo muy sencillo. La trama parte de encontrar a la hija de uno de los principales arquitectos de la estrella de la muerte, muchacha que será la heroína, Jyn Erso (Felicity Jones), y que formara parte de los rebeldes que luchan contra el lado oscuro, donde no hay jedis sino gente valiente pero común.

El capitán Cassian Andor (el mexicano Diego Luna), el piloto renegado del imperio Bodhi Rook (el británico de ascendencia pakistaní Riz Ahmed), el droide del imperio reprogramado como rebelde K-2SO (con la voz de Alan Tudyk), el monje ciego Chirrut Îmwe (el hongkonés Donnie Yen) que cree en  la fuerza pero no es un jedi, y su leal amigo el mercenario Baze Malbus (el chino Wen Jiang) son el grupo de rebeldes que acompañaran a Jyn Erso tras los planos. Como se ve el filme ha buscado la diversidad de nacionalidades y razas, sumado a que el padre científico lo interpreta el danés Mads Mikkelsen, y el enemigo es el director Orson Krennic en el actor australiano Ben Mendelsohn. Esto luce natural, no se nota mayor diferencia en el mundo de Star Wars. Hay una plena compenetración. Los personajes rebeldes tienen sus pequeñas historias, nada especial, pero suficiente como para identificar algún rasgo de personalidad. Andor, en un competente Diego Luna, es un hombre que se arrepiente de su obsesión y amoralidad con la guerrilla. K-2SO es gracioso, y se presta al comentario audaz. Donnie Yen reparte golpes de kung fu, pero solo a los Stormtroopers, igual a una de sus películas (y así se sienten varios momentos del filme, no necesariamente son los de un sci-fi), pero haciéndolo sólo frente a la plana baja.

Desde luego todos celebran al robot K-2SO (¿ironía?), pero lo interesante es ver que Diego Luna se mantiene serio y creíble en toda la película (cuando parecía una elección “extraña” para el mundo de Star Wars; tampoco es la primera vez que sucede en la saga), muy poco o casi nada aparatoso o llamativo, todo lo contrario a lo que esperaríamos de un héroe, pensemos que puede verse como un especie de Han Solo. No hay fiesta ni espectáculo en el personaje de Diego Luna. Cumple, acepta un lugar menor. Igualmente pasa con la naturalmente carismática, en parte contenida y bella Felicity Jones, a pesar de haber sido criada y entrenada por un guerrillero extremista como Saw Gerrera (Forest Whitaker) y haber cierto ímpetu desarrollado en ella. Gerrera hace de contraste con la práctica de una revolución más bruta, en una línea narrativa que pareciera sobrar o confundir, pero que en realidad da más que una pequeña perspectiva de expresión política, hace de bisagra entre la separación de padre e hija Erso de la apertura con cierta motivación y venganza existencial del trayecto. Tiene más sentido del que se cree.

Orson Krennic es un enemigo también humilde, pero sorpresivamente más competente que Kylo Ren, no tiene poder alguno, es solo un tipo ruin y apasionado, pero su ambición y frialdad denotan ser bastante valiosos como el antagonista central de Rogue one. No obstante, la riqueza del lado oscuro en verdad viene del pasado, lo mejor del filme es el CGI del querido Peter Cushing como el malvado y mítico Grand Moff Tarkin. Digitalmente disfrazan la actuación del británico Guy Henry de fisonomía parecida a Cushing –quien murió en 1994-  y con esto le dan vida. El resultado del efecto es maravilloso, totalmente creíble. Es como ver una nueva actuación del propio Cushing en la película, a diferencia del CGI de la princesa Leia que denota falsedad, mucho brillo. El otro resucitado es Darth Vader, pero solo es necesaria la voz original de James Earl Jones. En el filme a Vader se le usa brevemente y huele a deja vu, pero de todas maneras en su segunda aparición brinda uno de los mayores orgasmos de un cinéfilo.

Una interrogante que uno se hacía era como iba a ser el desenlace del filme y de los personajes para encasillar con toda la saga de Star Wars, y aunque muchos han apuntado a encandilarse con la idea –y promesa de Gareth Edwards- de una batalla sin igual, y ya muchos hablan con entusiasmo selectivo del último acto del filme, la realidad es que tiene lógica, sorprende de Disney y es conmovedor el final. El filme paga bien al espectador, cierto que tampoco es terriblemente maravilloso, maneja mucha humildad, hay una notoria noción –en el alcance- de estar frente a un spin-off, pero ver al original Vader, al original Moff Tarkin, articular una trama y narrativa correcta, sin malograr nada y propiciando un background básico, generar emoción en algunos momentos de acción y sostener el mundo de Star Wars desde cierta independencia inocua merece su agradecimiento. 

miércoles, 12 de octubre de 2016

The Creator of the Jungle (Sobre la marxa)

Documental catalán de Jordi Morató que nos muestra en la Villa de Argelaguer, provincia de Gerona, Cataluña, la construcción de Josep Pujiula alias “Garrell”, de su propia selva en un bosque, con una gran estructura arquitectónica artesanal que contiene múltiples caminos bajos o por altura, hasta laberinticos, torres enormes y lugares de reposo y de resguardo de varios tipos. La ha construido en tres oportunidades tras tener que destruirla por diversos motivos. La primera vez es filmado en formato casero por un joven entusiasta de 14 años llamado Aleix Oliveras, abundante archivo que vemos y tiene un estado pasable pero precario. Se ve como Garrell juega a ser Tarzán, más tarde hasta con niño incluido, creándose un cine incipiente, amateur, en una aventura que recrea la lucha contra la supuesta civilización, la que viene como representación de la destrucción de la naturaleza. La segunda oportunidad es para que lo documente la historiadora de arte la estadounidense Jo Farb Hernández como registro del arte marginal, del Art Brut, por lo que a Garrell se le considera un artista. La tercera vez lo filma Jordi Morató recogiendo toda su historia que son 45 años de labores en su jungla. Garrell tiene 76 años, y aún sigue tan ingenioso como siempre y más perfeccionista que nunca. Tiene la costumbre de retarse cada vez más, con lo que comenzó como un simple juego, y no le representa más que una pasión, placer personal y un entretenimiento. Su labor ha sufrido de vandalismo, y de la oposición de las autoridades producto de la realización de una carretera en la zona de su selva. Garrell es un hombre sencillo en el trato y en la palabra, pero con una habilidad inigualable, es un constructor prominente. Él se divierte en su creación, y no solo la ha tenido para sí, sino la ha compartido gratuitamente como si fuera un especie de parque de atracciones al paso, secreto, en el anonimato y descubrimiento casual. El documental de Morató ganó el reconocimiento de mejor documental en los Premios Fénix 2014. Es un filme atractivo, amable, interesante y llamativo, con una historia que habla por sí misma, que no pretende florituras. El centro de todo es conocer la genialidad de Josep Pujiula, tantos años de pasión, resumidos perfectamente. 

domingo, 7 de febrero de 2016

El renacido (The Revenant)

Con 12 nominaciones a los Premios Oscar ésta es la favorita del evento, aunque su director Alejandro González Iñárritu tiene un pequeño grupo de detractores, una cierta pequeña tendencia en contra, catalogado especialmente de pretencioso, sin embargo eso poco importa porque The revenant es toda una experiencia en la sala de cine, un lugar de mucha adrenalina y entusiasmo, con el retrato de sobrevivencia de Hugh Glass, un explorador, guía y cazador de pieles de la frontera americana en la región del rio Missouri de los hoy estados de Montana, Dakota del Norte y Dakota del Sur, que fue atacado por un oso grizzly y más tarde abandonado por su grupo de expedición.

The revenant se basa libremente en la novela del americano Michael Punke que tiene la figura verdadera de Hugh Glass y mucho de los hechos que padeció por aquellos territorios nevados y salvajes. Hay que apreciar que el filme es una historia de venganza que puede sonar a mucha ficción, sumándole el cine, las marcas de identidad y las lecturas místicas, de sanación y de sufrimiento de González Iñarritu. Centralmente en aquel paisaje que se inspira en The Abbey in the Oakwoo, del fabuloso pintor alemán Caspar David Friedrich. Partimos del capullo con troncos que crea un especie de chamán indio. Tenemos el homenaje y la rememoración de grandes cines épicos y/o místicos como el de Herzog, Malick y Tarkovsky. Es una venganza donde yace la bien aplicada maldad de John Fitzgerald (Tom Hardy) que viendo por sí mismo y detestando en parte a Glass lo deja moribundo frente a la tensión de la perenne amenaza de los indios que yacen divididos y en conflicto, al igual que luchando contra los exploradores caucásicos, habiendo una sub-trama con la búsqueda de una indígena hija del jefe de una tribu secuestrada por cazadores franceses.  

El filme es un derroche de visualidad, arte y puro cine, donde hay escenas que describen a la perfección lo que es transportarse en una sala de exhibición, sentirse inmerso en un espacio del tiempo, los años de 1820s, con una apertura donde los cazadores de pieles son atacados por los indios, y se ve cómo van cayendo muchos muertos, sobre todo los caucásicos, habiendo grandes acercamientos y tomas de un dinamismo y fuerza expresiva realmente impresionantes, creando la sensación de un mejor 3D –sin haberlo- que de costumbre, haciéndonos entrar y salir de la toma, sentir la velocidad de la huida y persecución, propiciando panorámicas intensas, subjetivas cambiantes con finales llamativos, sintiendo el movimiento y ritmo trepidante y brutal, perpetrándose toda una inmersión, al fabularle muy poca distancia al espectador con aquella batalla campal, habiendo explicites, espectacularidad, un sonido confabulador y una sensación de que nadie importa demasiado en ese ataque, mientras todo fluye con el más grande realismo. Eso no es nada, el ataque del oso grizzly es todo un festín cinéfilo, y más.

Leonardo DiCaprio, héroe absoluto del filme (gracias por su parte a la maestría del antagonista que el talentoso Tom Hardy interpreta, un desgraciado en toda regla), hace un alarde de actuación en todo el metraje, con una entrega a toda prueba, y una conversión en Hugh Glass completa, viendo su larga agonía, y combate personal e ingenio por sobrevivir (comer vísceras crudas, cicatrizar heridas a fuego vivo, escabullirse de la violencia de un río o dormir en el interior de un caballo), pasando por una pelea cuerpo a cuerpo con un imponente oso defendiendo a su crías, la amenaza de Fitzgerald, y quedando sumamente herido y solo en aquel territorio inhóspito y poderoso, aunque cierto que es mucho una exageración su lucha y continua agresión, sin embargo se hace algo siempre entre imposible, apabullante e impactante, un entretenimiento grandilocuente, pero hermoso, por sumergirnos en aquellas extremas vivencias cinematográficas, en un nunca detenerse de tratar de impresionarnos, y ofrecernos sorpresa y placer, ya importando poco la total veracidad (o prolongando y variando opciones en el desenlace, un sonido que trasmite harto anhelo, cierta fiesta y furia, recordarnos el cine coreano de venganza y explicites, o el western clásico). 

Logra ser un lugar de sensaciones y hartas emociones, frente a un combate tras otro, como en aquel mensaje de un cuerpo ahorcado siendo inocente, metido(s) en el “todos somos salvajes”, típico del tiempo y espacio en que se adscribe la trama, que en realidad juega a desmentirse en el filme, porque hay un respeto a las diferencias étnicas, porque Glass tiene un hijo mitad indígena a quien llama la razón de su vida y por quien quiere redención, porque el héroe habla y escucha el idioma de la naturaleza, el de las tribus, cuando le espera el amor de su mujer de raza Pawnee, o porque la justicia llega por Dios (y los indios), esos que agreden, pero también defienden su territorio, negocian, curan y sufren daños.