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domingo, 29 de octubre de 2023
Un millón en la basura
Un millón en la basura (1967), del español José María Forqué, es una película alrededor de la navidad. Todo empieza 2 días antes de navidad. Nuestro protagonista es Pepe, un gran José Luis López Vásquez que por igual puede ser convincente dramáticamente como gracioso, en notable manejo de distintos registros de actuación, incluso dentro del mismo personaje, como pasa con Pepe, un barrendero o empleado municipal de limpieza, quien vive muy ajustado económicamente, tanto que está apunto de ser echado de su casa alquilada, pero un día, así sin más, en el bote de la basura de un edificio que limpia halla una cartera con una gran cantidad de dinero, como anuncia el título. Primero no se lo puede creer, luego sale corriendo nervioso y apurado hacia su casa, a sorprender a su mujer, Consuelo (Julia Gutiérrez Caba, que agrega ternura, composición aunque con algo de melancolía, sostén sin fastidio e idealismo). En ese trayecto el filme hace ver la situación medio cómica, que no lo detecten hasta el desmayo de la mujer. Es un filme cálido, muy humano, con su buena cuota social, pero amable y entretenido. Pepe quiere gastarse el dinero, pero hay algo como que no lo deja, el dinero no es suyo y hay una carga moral y ética para no utilizarlo y devolverlo, aun en la pobreza y la necesidad, hasta donde asoma algo de desesperación puesto que hay hijos de por medio, pero ¿a quien se lo devuelven?, no sabe a quien, y se debate en hacerlo o salvarse; pensar en ser idealista, honesto, pero seguir ahogado por deudas y responsabilidades, cuando Pepe se saca la mugre en un humilde trabajo mal remunerado. Los compañeros lo bromean siempre, sobre su situación en la que él le debe a todo el mundo y para ajustado, pero lo quieren, Pepe es un buen hombre, aunque les provoca cierta gracia, como quien no quiere hundirse en ningún dramatismo o una vida de frustración, depresión o fastidio existencial, pero el dinero siempre es necesario, y a veces no todos lo tienen a la mano, aun esforzándose. No obstante Pepe intenta gastarlo y pasa algo, no suele funcionar, no sucede, salvo por una suma minúscula en regalos de navidad para sus hijos. La gente (el barrio) no le cree, tienen una imagen muy marcada de él, ven irreal que él tenga dinero. Cuando la suegra se entera de la semejante suma, con una gran actuación -pícara y criolla- de Aurora Redondo, entran a tallar conversaciones de buena comicidad mientras podemos ver la realidad como cine social, hablando de una lucha por la subsistencia y un especie de "milagro" y una fuerte tentación (¿puso Dios el dinero en el basurero?; Pepe le habla incluso a Dios tratando de convencerse de utilizarlo). La suegra es esposa de un humilde impresor y entiende la realidad y lo que siente Pepe en su situación. La suegra es como el pequeño demonio en el hombro que dice que se gaste el dinero -o una cierta parte no más- y que lo comparta con su familia, con ella, que sabe de carencias y necesidad (y sueños), mientras Consuelo y su padre representan el ángel bueno en el otro hombro diciendo que lo devuelva, que ellos son gente decente y honesta y no es suyo, que alguien lo puede estar necesitando (o puede ser parte de algo criminal), así surge la búsqueda por entregarlo a su dueño y van apareciendo pistas, mientras entra también a tallar la policía. Pepe -como cualquiera- se enfada cuando tocan su orgullo, cuando le quieren tomar por tonto o falto de virtudes fuera de lo obvio -hay un manejo notable al respecto- o ponerle el pie encima; José Luis López Vásquez y José María Forqué consiguen un protagonista humilde pero siempre muy digno y empático con todo el mundo. Hay una gran recreación cuando la cartera con el dinero se mezcla con la de los amiguitos del colegio de uno de sus hijos en un juego de futbol en la calle, con la locación de calles humildes, calles de Madrid. Surgen momentos también de sensibilidad con respecto a la austeridad y la honradez de la vida desde la familia de Pepe, pero aunque esto es más lo habitual en su tipo de película familiar es una propuesta que se gana a menudo nuestra complicidad con varias interactuaciones audaces pero sencillas, como romper la pared, hacer un hueco y poner el dinero y taparlo con calendarios; o con, por dar un nombre, Don Ramón (José Sazatornil), quien tiene una expresión graciosa de tipo alzado -digámosle pituco, gente de alta posición social, o subalternos que viven a través de virtudes y privilegios ajenos- que llega a comprender la situación de Pepe -en una reflexión general-, pasando de un duro capitalista a alguien humanista, alguien estricto en su trabajo a concesivo, como quien da una lectura social de ver más allá del éxito o nosotros mismos. También es un logro sacar de la invisibilidad a Pepe y hacerlo tan empático, real e interesante al mismo tiempo.
miércoles, 5 de enero de 2022
The Shop Around the Corner
El filme se ubica en Hungría, adaptando la obra de teatro Perfumería del húngaro nacionalizado americano Miklós Lászlo, dirigida por el megafamoso nacido alemán nacionalizado americano Ernst Lubitsch. Ésta es la película más famosa de uno de los grandes nombres del cine clásico. La obra se contextualiza a puertas de la navidad y termina en la celebración de éste día. La historia nos presenta el trabajo en una tienda, perteneciente a Hugo Matuschek (Frank Morgan), un jefe serio, justo y noble por igual, hay respeto hacia él y formalismo, pero aprecio hacia su persona y de éste por sus trabajadores a quienes trata de nombre, es el jefe ideal sin rollos de ningún tipo, bueno, decente pero inteligente. Se percibe dificultad por hallar trabajo en la época o el país o respeto por tenerlo o es el reflejo del de Matuschek. El trabajador más destacado del lugar es Alfred Kralik (el sensacional James Stewart), quien es un tipo muy culto, en un trabajo humilde; su inteligencia lo hace algo difícil con algunas personas, lo que hará el drama de la película y generará complejidad en ésta comedia romántica. La que lleva un trato duro de Kralik es la nueva trabajadora, la señorita Klara Novak (Margaret Sullavan), quien es una mujer abiertamente culta, amante de libros, literatura y textos académicos, pero de trato sencillo, es una mujer amable y carismática. Luego sabremos que tanto Kralik como Klara son almas solitarias; ella la lleva peor por la época, es melancólica y algo propensa a la crisis mental. Klara escribe a eso de las citas románticas con extraños y empieza a recibir cartas de un pretendiente. La curiosidad es que el pretendiente es Kralik y ella no lo sabe. Klara producto del trato laboral detesta a Kralik aunque guarda ciertas formas y educación. No obstante lo cree un tipo vulgar. En ello entonces entra a tallar una especie de historia a lo Cyrano de Bergerac. El filme economiza bastante narrativa, recurre a talentosas elipsis, maneja el tiempo como los más grandes; su estructura permite conocer cosas más allá de lo lineal, con ello implica mucha sorpresa y novedad, genera curiosidad siempre, ya que más tarde se conocen las razones de hechos que impactan primero y parecen incoherentes momentáneamente. Aunque hay elipsis y un tratamiento no simple, sabe explicarse muy bien y ser entendible a un público amplio. Con Matuschek hay un coqueteo con Ebenezer Scrooge, de manera distintiva y personal. Estamos ante una de las mejores películas que se han hecho por navidad.
miércoles, 29 de diciembre de 2021
Don't Look Up y Silent Night
Son 2 películas apocalípticas, Don´t look up, del americano Adam Mckay, y Silent Night, de la británica Camille Griffin. Silent Night (2021) recién éste último fin de semana navideño estuvo estrenada comercialmente en España y fue recibida por el público español con cierto entusiasmo. Don´t look up (2021) se estrenó igualmente en ésta semana navideña, pero en netflix y a puertas de año nuevo lidera el ranking de las películas internacionalmente más vistas en ésta popular plataforma.
Silent Night es una propuesta pequeña, no maravillosa, pero decente. En ella un grupo de amigos de infancia se reúnen familiarmente por navidad y empiezan las típicas peleas y sorpresas de toda cena de éstas fechas. Silent Night es una comedia de humor negro pero también una comedia de terror. El elemento de miedo del filme es que afuera de la casa un extraño gas está matando a la humanidad y el gobierno británico ha entregado pastillas para que la gente no sufra, y se suicide. Toda la cena no es nada del otro mundo, es lo que se suele ver, aunque con humor británico, y esencia europea, como con la mujer que pelea por el amigo enfrente del marido, en un tono no tan vulgar pero de subtexto liberal sexual. Los presentes en la cena son todos antipáticos, por más idealistas que se pongan, cunde no lo chusco, pero sí el engreimiento. El filme tiene un mensaje sencillo, pero bueno, sobre el sufrimiento, representando en un niño idealista, que entiende que el sufrimiento no lo puede detener y que hay que enfrentarlo, la muerte no es una opción para él, aun no habiendo futuro. El niño quiere luchar. El resto que representan al mundo son escapistas, no quieren sufrir, buscan la evasión. Éste niño la tiene difícil porque aun es pequeño y depende de sus padres. No obstante aun así intentará triunfar en su pensamiento poco popular. Todo el filme está plagado de idealismo, no todo es interesante, hay cliché, mientras el gobierno es prácticamente una nada para los presentes, seguramente hay una crítica al gobierno británico en su quehacer político de los últimos tiempos, pero lo más valioso es la individualidad de éste jovencito proponiendo pelear y no claudicar, incluso frente a lo que luce irremediable. Léase una lectura que se puede plegar a todo señalamiento del sufrimiento, tan común a la humanidad.
Don´t look up como base le dice a casi a todo el mundo estúpido, porque no quieren ver, solucionar, razonar, luchar un cometa que va a acabar con el mundo en tan solo 6 meses. Éste filme es una sátira y una película muy frontal, no deja nada a medias, es todo y sin límites, esto le juega en contra, no sólo porque insulta a todo el mundo desde un pedestal -en realidad ecologista, sobre el cambio climático- sino que se extraña mayor intelecto para exponer y pensar algún tema, sobre todo importante. Subestima a la gente, lo dice todo por eso como para bruto y encima menospreciando literalmente, abundan las bromas directas sobre lo estúpida que es mucha gente. Se escuda en que está diciendo la verdad, entonces es correcto y elogiable lo que hace. Lo gracioso es que nadie se siente identificado con la estupidez, en realidad todos creen que son esa minoría que en un momento el hijo de la presidenta salida de la era Trump señala sin dar muchas pistas, como para que los más "astutos" se rían sin verse en el espejo. El filme se ríe de las redes sociales y un gran público con éste, cuando más bien deberían agradecer la oportunidad maravillosa de poder expresarse, aun cuando efectivamente hay de todo y hay que escoger la paja del trigo. Lo virtual efectivamente imita la vida. El filme también ríe bastante de la clase política, de la americana, una curiosidad, cuando siempre han solido salvar al mundo, pero son los residuos de haber vivido la era Trump y alinearse con el resto del mundo. Es verdad que las clases políticas se prestan para la sátira, pero tampoco esto apunta a producir soluciones. El filme es básico en su pedido, en un momento la ambición de mucho dinero destruye una salida fácil. En sí es un filme que puede estar pecando de simplista, igual de facilón como a quienes señala de brutos. El filme es atractivo, porque hay grandes actores, muy populares y talentosos. No lo hacen mal, desde luego, y hay líneas narrativas que no son necesariamente malas, hay alguna comedia franca rescatable, lo de la amante conductora de tv es dar en el clavo. Pero la superioridad, el menosprecio continuo, la historia como para bestias hacen que uno no se ría mucho o nada. McKay se la juega toda es cierto, es osado, tiene personalidad, pero eso tampoco necesariamente significa grandeza. La verdad que quiere movilizar el pensamiento debe tener su tino, debe tener su educación, debe tener cierto respeto. En un momento dicen que expliquen sin matemáticas; más claro, imposible, pero ya se siente todo alardeando (vacío). Si bien no es que uno alabe la filosofía mas oscura (y por lo general torpe en comunicación), pero tampoco el otro extremo. El filme se la pasa renegando de los estúpidos, que incluye cosas valiosas como las redes sociales, aun cuando es verdad la libertad requiere de responsabilidad y madurez y cantidad de gente no la tiene ni la valora. Justo ahí es otro punto, hay que valorar, agradecer, ser un poco humilde, y eso va para todos, hasta para genios y gente muy popular. Hacer algo contra el cambio climático es urgente, pero requiere otro tipo de "arreo", no tan vulgar, porque el trato es chusco, es como imitar el mismo método del que se quiere reír. No es necesario decir estúpido para explicar algo, tampoco la literalidad. Hay mejores formas. Hay chistes que no son graciosos. También, aunque un final más breve y más humilde, mejor final el de Melancholia (2011).
viernes, 26 de junio de 2020
La Otra
Éste es otro de los magníficos noir pertenecientes a Roberto Gavaldón y con Dolores del Río por partida doble. Se trata de 2 gemelas, una que vive en la pobreza económica y otra en la opulencia. La millonaria es Magdalena y es una mujer fatal, una mujer que vive la vida de manera superficial. No obstante tiene sus matices, más despilfarradora curiosamente será la usurpadora, la que pintaba de austera. La pobre es María, una estilista. Maria cuenta que Magdalena siempre le ha arrebatado todo sin la más mínima consideración. Pronto María desesperada y harta hará lo impensable, matará a su hermana y tomará su lugar. Tremenda audacia ésta, y con una gran escena de por medio también. Sin embargo el filme de Gavaldón siempre se las pondrá difícil a María, que por más que quiera ser una femme fatale como su hermana se mantendrá en su papel de mujer golpeada y sufrida. Su diario vivir una y otra vez le dará lecciones de su destino, de manera cruel e implacable; en el camino valorará al amor que dejó pasar, al mismo estilo del Rosebud de Orson Welles, con la navidad como punto de inflexión como en aquel final melancólico frente a un pasadizo de sombras, atrás quedará el beso de despedida. La intervención de un novio detective de policía (Agustín Irusta) también presenta un orden y estructura milimétrico. La ida y venida del personaje es precisa, como su descubrimiento. La picardía la pondrá Fernando (Victor Junco), amante y cómplice, un tipo ruin, que se encargará de ser un impacto en la trama. María se debatirá entre el remordimiento y la peor frialdad y eterna audacia, como cuando debe aprender la firma de su hermana. Antes pasará por pesadillas a pleno día con los espejos de su nueva casa.
lunes, 24 de diciembre de 2018
Christmas Evil (You Better Watch Out)
Lewis Jackson dirige y escribe éste filme sobre un Papa Noel
asesino. Pero ésta película no es tan simple y práctica como Silent Night,
Deadly Night (1984), es más elaborada, con una trama y estructura de mayor
exigencia. El protagonista, Harry Stadling (Brandon Maggart), es un hombre que
es difícil de definir de a qué se debe exactamente su locura, pero aun así es
un filme coherente, mostrando una personalidad algo compleja, superando con el
pasar del metraje la imagen austera –sensual y banal- que abre la propuesta y
su fijación.
Pero también Harry es un tipo solitario e inseguro, el filme
propone que Harry quiere definir el bien y el mal en el mundo a través de Papa
Noel. Finalmente es un argumento simple. Pero el filme tiene bastante trama y
no todo es asesinato, más bien hay pocos homicidios y se entienden en la locura
del protagonista, como producto de la burla y el aprovechamiento del débil, de
una buena persona digamos.
El filme muestra bastante de la fijación de Harry con la noche
de navidad y lo hace con creatividad, desde poder convertirse en Papa Noel con
una barba postiza y que no sea tan fácil de quitar y la pruebe y sienta regocijo
o por su gusto a ver desfiles navideños por la televisión. Otro punto que se pliega
muy bien a la trama es que Harry trabaja en una fábrica de juguetes.
Christmas Evil (1980) es el perfecto complemento de Silent
Night, Deadly Night, como películas de terror sobre navidad, con Silent Night,
deadly Night muy de acción con excelentes escenas al respecto y Christmas Evil
de narrativa pero con escenas de muerte sorpresivas decentes siempre trabajadas
al son de una argumentación con su fijación. Christmas Evil en un momento
convierte a Harry en el monstruo de Frankenstein, dando cierta pena aun cuando
es un asesino, siendo perseguido hasta con antorchas.
La relación entre hermanos es también sólida y aporta a la
locura; hay cierta nostalgia por no tener la familia perfecta del hermano –que hasta se luce haciendo ejercicio y teniendo
sexo con su bella mujer (Dianne Hull)- , como el hecho de que Harry quiere ser
exitoso a los ojos de su hermano, Philip (Jeffrey DeMunn), cosa que es
discutible porque es promovido en el trabajo, pero como es algo mayor y vive
solo y no es muy sociable lo pintan de perdedor.
No obstante Harry pretende en su delirio enfocarlo todo a
ser un Papa Noel que puede manejar el bien y el mal del planeta, en pos del bienestar
de los niños, y no suena ridículo, por como lo expone el filme. Pero se
entiende por imposible y fantasioso, claro está, pero es en ese lugar que el
filme apunta a la locura del aislamiento social, producto a su vez de cierto misterio
en su personalidad –Papa Noel es Dios para el protagonista, su modelo en todo
sentido-, más que a una sobredimensión en consecuencia a la vera de algo mínimo.
Se habla en realidad de bullying, cosa que pudo haberse profundizado más. La
ira que siente un amable y delicado Harry de ser menospreciado y abusado es finalmente
el detonante.
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Noche de Paz, Noche de Muerte (Silent Night, Deadly Night)
Un niño cree ver en una alucinación a su abuelo catatónico hablándole,
o quizá efectivamente le habla, esto no queda muy claro y tiene de macabro; se hallan en un instituto mental. El abuelo muy sádico le dice que navidad es la
peor época del año y que Papa Noel no solo trae regalos a los niños buenos,
también castiga a los niños malos -a la gente mala- y de la peor manera.
El niño queda asustado, y todo se pone feo cuando un
asaltante de lo más burdo, exagerado y violento ataca a sus padres –poco después
de que estos padres han sido “malos” y el niño les ha dicho que Papa Noel los
castigará-. La escena es grotesca, extrema, potente, con su aire general a
película porno setentera-ochentera –no faltan tampoco las tetas-, y el niño queda
traumado. Pero aun la cosa se pone mucho peor cuando el niño traumado, Billy, pasa
al cuidado de una monja con mano de hierro, la madre superiora (Lilyan Chauvin).
Toda esta parte –unos 25 minutos- es regular, algo cansina,
salvo cuando aparece el asaltante que es brutal. Pero en adelante cuando Billy se convierte en su trauma, un Papa Noel asesino, el filme se
vuelve muy jugoso como película de terror. Billy (Robert Brian Wilson) moviliza su
trauma en dos direcciones, una hacia la castidad y otra hacia el castigo -producto
de la interrelación con la torpe educación de la madre superiora-. De ahí en
adelante un hacha es el arma principal homicida y Billy mata como un autómata, quien
tiene además una fuerza sobrenatural, mientras pone –sencilla- cara de loco. Como
curiosidad del filme está que se oyen muchos villancicos, incluso en momentos
de tensión la gente los canta.
El filme de Charles E. Sellier Jr es muy argumental en el
trauma del niño, hasta está sobre-explicado, aunque resulta muy lógico, cuando
esperaba que fuera un filme más extravagante. Pero esto es bueno, en sentido de
que habla de un filme sólido, si se quiere, no tan chusco o de segunda clase. Éste
Papa Noel es siniestro, decapita chiquillos y se pasea por una tienda matando
gente del personal uno por uno, proponiendo un filme de terror entretenido.
lunes, 25 de diciembre de 2017
A Christmas Story
Se acerca la navidad y Ralphie (Peter Billingsley), un niño
de 9 años, quiere un regalo especial, un rifle de aire comprimido del que se
sabe hasta el modelo, pero sus padres dicen que puede herirse con el arma y
todo parece que no se la darán. Ralphie de adulto va contando la historia y lo
que pensaba por entonces en voz en off. En el filme de Bob Clark vemos como
Ralphie trata por varios medios de convencer a sus padres. No es lo único del
filme, la trama alberga toda la vida diaria de Ralphie, su hermano menor Randy,
su viejo –que es como lo llama en su mente- interpretado por Darren McGavin y
su madre (Melinda Dillon).
Ralphie es un niño común, muy astuto y despierto pero
bondadoso y buen niño. En el trayecto a su escuela sufre de bullying por dos
pequeños matones. El filme está contado con bromas inocentes en general pero
potentes, sin medias tintas. Ésta propuesta es familiar, y carga mucha ternura.
Es un filme que se mueve en base a la visión infantil del pequeño Ralphie,
donde vemos inclusive sus fantasías y sueños. Es un filme carismático y que
exuda nobleza.
El padre recibe de premio una lámpara en la forma de una pierna de mujer
de cabaret y su esposa la detesta. Él quiere que todos sus vecinos la vean, ella
desaparecerla. Es el último bastión de su libertad sexual, versus la vida
casera. Pero lo feo que es como decoración es en realidad la lucha de una
libertad entregada hasta el mínimo y la inocencia de la nostalgia de la
galantería. Esto representa una de las mejores expresiones narrativas del
filme.
El mundo infantil de Ralphie también está bien dibujado, pero
es algo ñoño. No obstante el niño y su vida resultan dulces por su parte. Es
como volver a esa etapa de felicidad, donde algo que anhelamos y parece intrascendente
para muchos es el gran conflicto de nuestras vidas. El bullying está tratado
con humor aunque se resuelve de forma más seria. El filme da mucho lugar a la
vida cotidiana del niño y como filme familiar es lo más suave y clásico.
Los padres de Ralphie son muy amorosos y próximos a sus
hijos, pero para nada se dan empalagosos ni sobreprotectores, también tienen su
carácter, pero escuchan, comprenden y tienen de permisivos. Son padres que
muestran equilibrio sin ser fantasiosos ni demasiado ideales. Ralphie es un
niño sano con ellos, pero no deja de ser muy racional, sabe discernir. La interrelación
con los padres es importante en la película, es un trabajo prominente, especial
en el séptimo arte. El trato es constante y está lleno de sorpresas.
El carisma e idoneidad y el cariño que se gana el reparto es
indiscutible, todos están perfectos y bien adaptados a la historia. A Christmas
Story (1983) se contextualiza tiempo atrás, se circunscribe a una época mucho más
clásica que los 80s no especificada, y a esto se le suma estar en algún
pueblito típico de EE.UU. El filme es muy norteamericano, las figuras se
comportan en el término medio y preciso. No hay personajes estrambóticos ni
escandalosos ni efectistas, hay más bien gente promedio, es un filme suelto,
que no fuerza nada.
La mejor broma que he visto en el filme es cuando vemos
desde los ojos –literalmente- de Ralphie como es ir al centro comercial a pedirle
el regalo navideño a Papa Noel, y terminar recibiendo una patada de la bota de
un hombre harto de su trabajo. La navidad recorre todo el filme, y es poderosa
como tema, exhibición y emociones. El filme es un cúmulo de experiencias memorables
de orden común, clásicas para muchos, pero no menos cautivantes. Su identificación
general, aunque sea de la sociedad americana, es muy notable.
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martes, 25 de diciembre de 2012
Navidades blancas
Bing Crosby nos seduce con su hermosa voz, que me recuerda en el estilo a Frank Sinatra, elegante, serio y hasta un poco más simpático. Crosby como Bob Wallace tras terminar la guerra vuelve a su antiguo trabajo de
cantante y anfitrión pero cumpliendo con una gran deuda hacia un buen amigo se
asocia con él y se convierten en un dúo, de donde en adelante gozan de la fama y el
éxito. Su compañero de nombre Phil Davis (Danny Kaye) es la alegría y el desenfado
andante, el contrapeso ideal al conjunto,
otorgándole ese lado lúdico y feliz que necesita en su vida, la que le atribuye de
solitaria y para la que planea el mejor remedio, que su mejor amigo se busque a una chica pero no solo linda sino
con la cual formar una familia.
En el trayecto presenciamos bellas y seductoras coreografías de baile y
canciones, de la mano de la narrativa clásica,
con ese toque inocente y fastuoso en el interior de un relato próximo. Se acercan a dos hermanas que se desenvuelven en su
misma profesión aunque recién se están iniciando, las Haynes, Judy (Vera-Ellen) y
Betty (Rosemary Clooney).
Sin embargo, esto no es todo, no sólo se trata de romance y realización afectiva
como camino a la felicidad, sino que es un canto de amistad y agradecimiento
conllevando lealtad y generosidad para con un general al que quieren y admiran,
su antiguo líder en tiempo de guerra, interpretado por Dean Jagger, que desde lo
castrense logra atribuirse una atípica sensibilidad que no rompe con la imagen
que tenemos de su cargo, que se presta para entender perfectamente la nobleza que genera
en Wallace y Davis, quienes llevan su espectáculo a un pueblito para apoyar y conmemorar al jefe militar, a puertas de la navidad.
Navidades blancas (1954) es una historia que conlleva un constante deleite musical, con
impresionantes coreografías de danza, principalmente por parte de la actriz
Vera-Ellen que se encarga de la parte más compleja, con movimientos
no sólo sincronizados y armónicos, sino algunos bastante exigentes y extensos; además, aunque menos gestual que el resto de los protagonistas, con
la dificultad de hacerlo dentro de la actuación, expresando pesar o seducción. Por su lado Rosemary Clooney
sobresale por su bella voz y con una cuidada personalidad, muy
característica de una mujer muy educada, recatada e idealista, hecha a la medida
del personaje de Crosby, mediante una grave
delicadeza en el trato, con un enamoramiento lleno del encanto clásico, dulce, tímido
y con un aire de improbable, aun sabiéndose atraídos
el uno por el otro, para lo que la personalidad de Judy y Davis son
el empujoncito seguro a su idilio.
Kaye, gracioso y libre, da la cara irreverente al musical (aparte
de que es un estupendo bailarín), jalando a Crosby a ello, que no se queda en
sus laureles y demuestra su gran oficio que justifica su nombre y entrega con
el proyecto, como con la performance de vestirse de mujeres -que rompe con
cualquier estereotipo- o el aire relajado de las representaciones militares. No
obstante está claro que Crosby es la voz cantante, y se
adscribe solo a ello en realidad, no baila, aunque su canto es bastante
imponente, como tampoco lo hace Clooney. Esto nos da como resultado un intercambio
dramático y calmado de un lado por una de las parejas, mientras el otro resulta
fiestero y más activo, compaginándose perfectamente. Crosby es el actor más
cuajado del filme, tiene más recorrido y eso pesa para el director Michael
Curtiz que parece respetarlo bastante. Sin embargo se puede ver que explota más
a Vera-Ellen en cuanto a lo visual sabiendo que se trata de un musical y pesa mucho
el desenvolvimiento físico que capta la atención, como también se percibe que Kaye
trabaja más en conjunto y es menos importante.
El filme nos envuelve en la otrora máxima grandeza del musical,
con un aire perfeccionista, elaborado, siempre dando mucho, pero con una
historia de esas fáciles, entrañables, en que no se trata de la importancia del conflicto
sino de un sentimiento que reina fehacientemente en cada rincón de su propuesta,
como con esa pureza y bondad que se nos quiere impartir desde el principio,
como con el general anteponiendo a fin de cuentas el goce de su pelotón a la
rigidez de la formación, a su reconocimiento por encima del deber, desde lo más
humano, y es que se trata de personas y estar en una reunión familiar donde se quiere al prójimo.
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sábado, 24 de diciembre de 2011
¡Qué bello es vivir!
Realizada por Frank Capra en 1946, con un James Stewart excepcional. Su rostro puede variar con rotunda facilidad siendo su alegría y simpatía contagiosa; luce fresco con un aire relajado pero sin perder su estilo elegante y clásico. En ésta oportunidad nos retrata a George Bailey, un hombre bondadoso pero con carácter que siempre antepone la felicidad de los demás a sacrificio de la suya propia; dispuesto a dejar pasar sus sueños si alguien le necesita, no solo dentro de su familia como con la pérdida de la escucha de un oído a raíz de salvar a su hermano menor de la hipotermia sino de todo el pueblo de Bedford Falls donde es muy querido y admirado, a contraposición de Henry F. Potter (Lionel Barrymore), el tipo rico que solo quiere sacar ventaja de los demás, de los pobres a los que no les guarda ninguna confianza ni respeto.
Capra hace una bonita historia navideña con personajes muy al estilo de las obras de Charles Dickens realzando virtudes y defectos, colocando figuras bastante identificables bajo rasgos gruesos y no por eso no estimables en sus personales formas; el retrato no es básico porque alberga muchas ramas derivadas y mantiene complejidad en su deambular que por simpático –aquello de ver qué hubiera pasado de no existir el héroe de nuestra narración que para el caso no se valora en toda su grandeza- no cae en absoluto en lo monótono y anodino. Sin embargo sus personajes muchas veces son poco más que básicos ya que buscan más acompañar –sea el dueño del bar, el farmacéutico, el policía, el taxista, el tío Billy, el amigo adinerado o la chica fácil entre otros secundarios que marcan una personalidad global optimista muy influenciada por el protagónico- creando a pesar de su funcionalidad un trabajo de conjunto que llena el pueblo de identidad y solidifican el panorama del contexto ya que permiten ver en toda esencia el alma y la repercusión que genera George Bailey, un tipo aparentemente común y frustrado -por no ver lo que es, lo que ha hecho o lo que hará-.
La mirada de la película es inocente, hay que admitirlo y no quita respaldo asumirlo, pero es porque cree en el ser humano, un ideal que bien vale llevarlo en alto a toda causa fuera de que en la realidad no sea tan razonable muchas veces. El espíritu que reina en la realización tampoco se queda en lo hueco ni en lo simplemente sentimental, salvo en la predominancia del canto a la convivencia digna del amor en todo terreno, sino que además tiene perspectiva porque George Bailey no solo es un hombre de palabras y buenas intenciones –porque sería poco francamente- sino de soluciones (de llevarlo a la práctica) y es que su inteligencia permite burlar la iniquidad del capitalismo más violento que solo ve dinero y astucia más que respaldo o bien común en el prójimo, pero sustentándose en el trabajo duro y evolutivo -las casas compradas son la prueba- aunque arriesgándolo todo en el compromiso que pretende ampararse en el cumplimiento del deber de uno en relación con el ajeno.
Es la resolución de un mensaje probo de pies a cabeza, el que busca creer y dejarse llevar por la fe en la humanidad (¿por qué será tan difícil?), como con las hipotecas o los prestamos en la oficina que mata de sopor la ilusión de Bailey que al igual que su padre no le queda otra salida -ante su naturaleza idealista y colectiva- que responsabilizarse por los otros a expensas de sí mismo (un milagro a todas luces en nuestra modernidad desprovista de autocrítica); ya que servir es un don de pocos y por eso simbólicamente –además de literal- llega el rescate del cielo o la -tomada por fantasiosa- justicia divina que envía a un ángel a demostrarle a nuestro ciudadano ordinario pero también auténtico y especial que su labor puede ser tan gigante como la del hermano en la guerra salvando de la muerte a sus compatriotas o la anhelada superficialidad viajando por Europa; éste es un recordatorio de que la pequeñez se lleva en el alma y que la desfiguración de lo que realmente es exitoso parte del concepto materialista, visual, suntuoso o de exacerbo público que nos domina, pero que solo basta perderlo todo –lo que aquí es invisible en grandeza a nuestros ojos- y darnos cuenta que la vida es maravillosa, como reza el título, incluso bajo el temor de ir a la cárcel o ante una alta deuda impagable de 8, 000 dólares.
Una esposa amorosa e hijos felices, un hogar cálido desde su gente, el afecto general, la amistad, la convivencia pacífica, la paz interior, la consciencia tranquila, la honra, son más importantes de lo que cree Bailey; para eso Clarence, un enviado celestial memorable aún en su estereotipo, como lo es Potter, dos caras: el bien y el mal, viene a ayudarlo en el momento en que cree que vale más muerto que vivo y está engañado por las apariencias, cuando sólo vislumbra la derrota.
Una mención aparte se merece Donna Reed como Mary Hatch, la otrora niña educada, sana y linda que le dice en el oído sordo de George que siempre lo va a amar y que más tarde no puede despegarse de la canción que los acercó de jóvenes, y sí ¡la mujer es el dulce y preciado tesoro de cualquier varón!, ¿qué sería el mundo sin éste sentimiento tan inigualable?, trasmitido por ella con toda vivacidad, con esa clase y naturalidad que llevan tan fehacientemente las damas clásicas, que no necesita ser de impactante belleza ni siquiera provista de sensualidad sino que irradia desde la enamorada sonrisa, de la sencillez, de la alegría, de la madurez, de esos olores que definen su expectativa con el hombre de su vida.
En Capra brilla la minuciosidad, la resonancia de los detalles en toda escena, como con el cuervo que implica el avistamiento de los problemas. También yace curioso el que Potter sea un invalido y es que sin perder la sensibilidad, el ser humano está en su interior y no en su físico. Todas éstas son lecciones "bobas" que conocemos aunque están a menudo guardadas con polvo en el olvido y es que lo que muchos tildan de obvio termina pasando desapercibido cuando son premisas indispensables que hay que tener presente; por eso un filme híper sensible y flagrante se nos hace tan grato casi sin darnos cuenta de qué se nos dice lo que ya sabemos pero porque tiene en la estructura la complejidad necesaria para reforzar y disponer de una filosofía existencial que en el fondo todos ansiamos tener en nuestro derredor y que nuestro escepticismo o predisposición a no vernos vulnerables impiden que brille en nuestra vidas.
Fiat lux se oye implacable silencioso en el rostro jubiloso de esa imagen inmortal de Bailey acaparado por los abrazos de sus cuatro hijos como de su amada esposa, mientras aquella frase dejada de dedicatoria por Clarence cierra el conjunto perfectamente: “ningún hombre es un fracasado si tiene amigos”.
Fiat lux se oye implacable silencioso en el rostro jubiloso de esa imagen inmortal de Bailey acaparado por los abrazos de sus cuatro hijos como de su amada esposa, mientras aquella frase dejada de dedicatoria por Clarence cierra el conjunto perfectamente: “ningún hombre es un fracasado si tiene amigos”.
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