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jueves, 26 de septiembre de 2024
Kinds of Kindness
Ésta película del griego Yorgos Lantimos con guion suyo y de su compatriota Efthimis Filippou, con quien ha hecho sus trabajos más locos, como Canino (2009), Langosta (2015) y El sacrifico de un ciervo sagrado (2017) es una obra de 3 historias que duran casi 3 horas en total, teniendo entre 50 minutos a 1 hora de tiempo cada una, tiempo más que suficiente para explayarse en libertad, historias que llevan de terror y que pueden encajar en la serie La Dimensión desconocida. Son historias raras, pero comprensibles. Se nota que Lanthimos no ha hecho uso de un presupuesto desmedido a lo big Hollywood pero posee nivel de producción, muy buena estética y cuidado en cada puesta y requerimiento de escena. Recurre a actores renombrados como su ya habitual, la hermosa, Emma Stone que siempre deja todo en la cancha y se presta prácticamente sin límites al universo mental de Lanthimos, por lo que la veremos varias veces desnuda o teniendo sexo y siendo melodramática o emocional en muchas escenas extravagantes. Con ella se luce un pequeño reparto que repite participación cambiando de personaje y exigencia en las tres historias. Así tenemos a la ascendente como actriz Margaret Qualley quien también deja ver su bella (y espigada) anatomía y se presta para escenas WTF. También así tenemos a Jesse Plemons quien ganó mejor actor en el festival de Cannes 2024 por sus performances en ésta película. Willem Dafoe, quien ha dicho en entrevistas que (como todo buen actor) le gusta retarse a sí mismo e intentar siempre salir del molde, igualmente se entrega a lo impredecible (lo llegamos a ver a su vez desnudo). La primera historia nos habla de hacer todo lo que alguien diga para obtener una vida excepcional o de privilegio, aun cuando nos pidan romper con nuestro código moral, a pesar de vivir dentro de una vida de muchas trasgresiones y libertades, pero por lo mismo se le exige a un tipo (Plemons) que vaya lo más lejos posible en su devoción ciega, y esto es matar a una persona. Todo el mecanismo parece muy loco, pero se mueve a través de tomar la decisión moral o inmoral del asunto. ¿Hasta dónde somos capaces de llegar por una vida acomodada o excepcional?, para ello curiosamente no se nos exige talento sino devoción, ser servil sin miramientos ni discusiones. Todo esto bajo el eufemismo del amor. La segunda historia está mucho mejor diseñada y profundizada en la muy recomendable película Rompiendo las olas (1996), de Lars von Trier, donde Emily Watson es absolutamente maravillosa como actriz. Lo que puede cambiar un poco es la parte esotérica digamos, donde un tipo (Plemons), que pierde la razón, en su imaginación obtiene retribución, que es que la sospecha de su enajenación es real, que su actual mujer (Stone) no es en realidad su mujer. El tercer relato aparenta ser el más extraño, pero no realmente para América-USA puesto que simplemente habla de una secta (religiosa) y las condiciones que se requieren para ser parte de ésta, con su propio culto y sus propias reglas. Ésta secta como todas busca que salgas de algún tipo de estrato de decepción (aquí un matrimonio, que es particularmente tóxico y hasta peligroso), el punto de encuentro, y a cambio te ofrece su modo de vida -donde suele anidar la extravagancia- pero de la misma manera como todas las sectas te exige devoción absoluta, tal cual pasa con las tres historias de ésta película que comparten el sentido del irónico-reflexivo título, de humor negro. La secta busca autoafirmarse, por ello está en busca del milagro que se puede entender como la resurrección o el/la mesías y en esto es como que todo tiene que encajar aunque todo sea caótico o absurdo. Que Stone recurra a un bello auto deportivo y lo maneje similar a un típico joven millonario no es gran cosa, puede pasar por algo tonto o banal, pero que choque también es darle un tipo de significado, aun cuando es un momento impactante o desconcertante, como perversamente irónico, como es parte del conjunto y de lo que habitualmente corresponde al hacer cualquier cine friki. Lo que se agradece es que a pesar de todo, de aciertos y fallas, de para bien como para mal de tomarse su tiempo -de aguantar el misterio, adornándolo siempre-, Lanthimos y Filippou sí son inteligentes y no son gratuitos. Hay tierra detrás del horizonte del mar.
domingo, 3 de marzo de 2024
Poor things
Poor things (2023), del griego Yorgos Lanthimos, ganó el león de oro, máximo premio del festival de Venecia 2023. Adapta la novela de 1992 de mismo título del escocés Alasdair Gray. El guion es del australiano Tony McNamara, con quien Lanthimos ya trabajó en su anterior película, La favorita (2018), la que estuvo nominada a 10 Oscars, incluido mejor película, guion y director, y ganó uno para la actriz Olivia Colman. Lanthimos ya es bien conocido internacionalmente y es uno de los más llamativos directores de cine popular que tienen prestigio artístico. Ésta vez ha hecho un filme bastante fácil de entender, hasta se diría que apunta abiertamente a un público masivo, a un público esencial, pero con la salvedad de que hace un cine con bastante sexo, con muchos desnudos de Emma Stone, hasta completos frontalmente y lleva escenas sexuales de soft porn, no explícitas, que trabajan con la prostitución de su protagonista, Bella Baxter (Emma Stone), una mujer que empieza suicidándose rodeada de un pequeño misterio que luego se desentrañara y que es revivida a lo Frankenstein de Mary Shelley de la que bebe bastante, por el científico y médico Godwin (Willem Dafoe), quien está desfigurado y lleno de cirugías en el rostro. Esto remite a la crueldad de su padre, y con él, Yorgos, declara que lo no convencional no siempre es positivo, sino a veces tal cual lo dice, hay mejores cosas, más fáciles de identificar y de paso agradecer, como con el amor, así lo representa el lado paternal de Godwin con Bella, llamado con obviedad God (Dios). Y ésta es una película que en muchos ratos lo es, ser bastante obvia, como con su feminismo y su progresismo abierto y altisonante que de eso va el viaje de autodescubrimiento y autodefinición de Bella, de un feminismo muchas veces subrayado, muy liberal, hasta defender la prostitución de cualquier mujer, habiendo lesbianismo incluido dentro de la normalidad de la amistad femenina y una relación abierta donde la mujer tiene permitido engañar sexualmente al marido, al ayudante de Godwin, Max Candles (Ramy Youssef) que pone cierta comicidad ligera en su figura de nerd aunque atento a su entorno -como salido de la mente de Mel Brooks-. Y de la misma manera tenemos una extravagancia light -tal es así lo del inicio en blanco y negro, la presentación naif y de cierto retardo de Bella, que luego se explica bien-, pero acompañada de mucha sexualidad, que pone la nota clásica del modernismo último. Hasta se puede ver algún momento de incomodidad en Emma Stone, ese del sadomasoquismo con desnudo frontal. No obstante Stone se entrega por completo a su papel, a una película en parte como salida de la Europa menos turística, si bien el filme hace uso de Portugal, Grecia y París de escenario, como parte del autodescubrimiento de Bella, que a ratos filosofa sobre la vida, incluso sobre la corrupción, en varias formas, de los ricos y poderosos, pero proclamando un socialismo medio chistoso o sin profundidad. No pretende nada como ideología política, pero con el feminismo lo hace con furia, con alevosía. De ésta manera se hace uso del personaje de Duncan Wedderburn (un estupendo Mark Ruffalo), punching bag que invoca al machismo o patriarcado. Ya con el personaje del General (Christopher Abbott) es la cereza del pastel en cuanto a dibujar enemigos del feminismo, pero lo hace con subrayado, con obviedad y con una comedia en esa línea. Es un filme que denota exageración en sus defensas y visto de lo que va entretiene. La sexualidad se amolda al uso, a estos postulados exagerados. Se puede leer que la propuesta quiere a ratos ser políticamente incorrecta, pero todo ya es super conocido en la actualidad, incluso apunta a un público masivo que es fácil de enamorar con éste producto. Así mismo Lanthimos ha expresado que ha logrado que Hollywood nuevamente muestre sexualidad en la gran pantalla. Un pequeño personaje bastante atractivo a mencionar es el de Madame Swiney (Kathryn Hunter) que es una persona perversa y corrupta, hasta le gusta morder por placer, pero Bella no la lapida ni la juzga, sino parece aceptar prácticamente a todo el mundo (y ya se ve que puede discernir), mientras no limiten nunca su libertad, su liberalidad y su búsqueda open mind, puesto que se manifiesta que gente de todo tipo le sirven para su iluminación, igual que las experiencias negativas, hasta humillantes y de degradación, en ésta historia de desarrollo conceptual con ciertas defensas debatibles, en el interior de una mente abierta al feminismo más radical si bien no todos los feminismos son iguales, mostrándolo de la manera más sencilla, pero con estéticas y momentos con una cuota personal aun así, pretendiendo actualizar si se quiere el trabajo de Mary Shelley o queriendo darle agregados modernos últimos.
sábado, 21 de agosto de 2021
Criatura, Nimic y The one I love
Son tres películas que tienen en común utilizar el terror y/o el sci-fi alrededor del mismo tema, la crisis y la consiguiente ruptura de pareja o de matrimonio, pasando a la soledad y un mundo psicológico devastado y/o a ser reemplazado.
Criatura (2021), de la argentina María Silvia Esteve, ganó mejor corto suizo en la sección Pardi di domani del 74 Festival de Locarno. Criatura nos relata sobre como una mujer sufre por su recién terminada relación, una relación lésbica. Ella percibe el mundo distinto al común denominador, en su caída al abismo, como quien -por un lado- pasa por una película de ciencia ficción, semejante a entrar en otra dimensión espacial, por algo extraño, como en aquel viaje final de 2001 Odisea del espacio (1968), de Kubrick, que puede leerse finalmente como un primer paso en el camino hacia el retorno de la compostura, a la reconstrucción interior. Por el otro lado -anterior- ésta mujer de Criatura alimenta un monstruo -visto desde una niña-, en su intimidad, en su enorme dolor, recurriendo al terror (y un poco al recuerdo sensual), al daño psicológico y emocional, momentáneo, como al latente recuerdo de las carencias de la personalidad. Ésta ruptura afectiva de Criatura representa una crisis existencial.
Nimic (2019), un corto de apenas 12 minutos, del popular cineasta griego Yorgos Lanthimos, es notable. Más allá de hacer de la mujer del metro lucir como una loca (dentro de recursos básicos), con los ojos saltones y gestos de rareza -de robot-, y una música de acompañamiento motivadora hacia el terror, es una película ingeniosa, en como mediante una copia, aunque femenina, ésta reemplaza a un tipo, a un marido, a un hombre de familia y violonchelista, tan solo siguiéndolo y apoderándose de su vida con poco esfuerzo. El corto representa simplemente la pérdida, el divorcio y una nueva conformación, pero Lanthimos y el guionista asiduo de la nueva ola griega Efthymis Filippou hacen lucir todo bastante extraño, bastante atmosférico, hasta ver sobarse los pies mutuamente en una cama -con el objeto en disputa, la esposa- para aludir amor o desamor, así como los niños e hijos son mostrados moldeables fácilmente a cualquier nueva relación, aquí ciertamente una banalidad y algo muy poco atinado, pero es parte del juego imaginativo y fantástico también. El filme transmite un fuerte descorazonamiento con el violonchelista que interpreta un muy buen Matt Dillon. En la propuesta no hay diferencias entre razas ni opción sexual para que alguien te reemplace. Lo terrorífico del asunto es lo tan sencillo que se observa perderlo todo en la vida.
The one I love (2014), debut de Charlie McDowell (hijo de Malcolm McDowell, el protagonista de La naranja mecánica, 1971), con guion de Justin Lader, con quien trabajaría siempre, es una excelente película. El filme entra de lleno al sci-fi con algo sencillo pero audaz y original. Una pareja que están en crisis, donde ella, Sophie (Elisabeth Moss), no lo soporta, está resentida con él, con Ethan (Mark Duplass), van a una casa a vacacionar, a relajarse, en busca de hallar la paz y el amor entre ellos, aconsejados por un psicólogo. Una vez los dos solos allá se dan cuenta que hay unos dobles de ellos literalmente y son perfectos, son lo que ellos no son en la relación con el otro. Todo esto genera mil cosas curiosas. Sobran los momentos cómicos buenos y de nivel y cosas notables para pensar una relación en general. La trama tiene tremendo tino. Ver las salidas del Ethan clon es un alarde de inteligencia. Mientras tanto el Ethan original es un tipo un poco antipático. La Sophie original es algo fastidiosa, difícil, pero tiene justificación. No obstante la Sophie clon es un pan de dulce, dócil y humilde. En cierto momento la película se pone extraña, perturbadora e inquieta, aflora un poco de terror, pero ésta incomodidad pasa. Es una propuesta que es clara y directa, pero es muy novedosa constantemente. Ésta es toda una gran exhibición de ingenio. Con "poco" se ha hecho algo estupendo.
sábado, 23 de febrero de 2019
La favorita (The Favourite)
La reina Anne (Olivia Colman) está enferma y medio que se
desentiende de gobernar. La dama de sociedad, Lady Sarah (Rachel Weisz), casada
con un alto mando militar, quiere que la guerra entre su país, Inglaterra, y
Francia, se prolongue, aun cuando su marido está en el frente. El opositor Harley
(Nicholas Hoult), hombre fuerte político, quiere que se firme la paz. Entre estos
dos frentes Lady Sarah manipula a la reina, porque tiene un affaire con ella.
Con éste sencillo contexto sólo falta la llegada de una nueva
sirvienta, Abigail (Emma Stone), mujer que fue una dama de sociedad, pero su
padre la puso en apuesta y perdió su título. Abigail representa la otra relación
de manipulación con la reina, representa a una arribista. El griego Yorgos
Lanthimos pone a Weisz y Stone en duelo, aun cuando son primas. Lady Sarah tiene
fuerte carácter y desprecia a Abigail, que es astuta y algo cruel –velado-. Se
ve cuando pisa a un conejo, uno de los 17 que sintetizan el anhelo de afecto y
paz interior de la reina.
El filme con la rareza, detallismo y artificiosidad de Lanthimos
crece notablemente y se vuelve una apuesta imponente, tal cual la época que
representa, el siglo XVIII, y propio de las luchas en los reinados, los privilegiados
y las cortes. El filme es un poco cruel, como con soltar aves para que hagan
tiro las damas; también en la corte hay un esnobismo bravo que se burla de todo,
como cuando lanzan verduras a un bufón como pasatiempo. El filme propone la superficialidad
como existencia, a lo Marie Antoinette (2006). El filme tiene de Kubrick, de Barry
Lyndon (1975), pero menos de lo que se cree.
Es una propuesta entretenida, de buen ritmo, con su toque de
maldad, de humor sarcástico, con su infaltable extravagancia, típica del
director griego, pero disminuida en comparación a sus anteriores películas. No
obstante no deja de ser una película extraña, menos mainstream que las
habituales competidoras del Oscar donde ahora se halla. Tiene un quehacer rudo
si se quiere, proponiendo un lesbianismo muy poco romántico, interesado. Se
puede ver que Lady Sarah es una mujer dura, que no se derrumba fácilmente, pero
que algo da a entender que siente realmente por la reina, mientras Abigail es
más parecida a una prostituta de la reina.
Es un filme audaz, con poco sentimentalismo, más al servicio
de la estrategia, del interés político y social, es amar el buen vivir de la
clase aristocrática. Abigail sabe bien lo que es ser pobre, las humillaciones y
abusos a los que debe someterse, por ello es una arpía a la hora de trepar y
mejorar su estatus. Hay bastante diversión al respecto, Stone es carismática,
sumamente expresiva, es un salto a otro de gestos poderosos; puede ser una
desgraciada, pero también lleva de alma sufrida –vendida como carne a un tipo
desagradable, empujada literalmente al barro montón de veces-, y debe ser
fuerte para salir del pozo. Pero en ese lugar no se busca enaltecerla, sino
todo la lleva a la superficialidad del dinero.
La reina más es una mujer emotiva, digamos que una buena persona
a grosso modo, pero que el mundo la hace ser un poco vil, pero está al servicio
de su propia felicidad, no es una buena gobernante, Lanthimos la hace en parte
infantil, arrebatada, caprichosa. Lady Sarah tiene todo el portento y la
personalidad del líder político, pero no tiene el poder directo. Por ello debe
recurrir a engolosinar a la reina también, debe ser dulce, rastrera. En todo
esto Weisz, Stone y Colman brindan grandes actuaciones, están perfectas las
tres. Lo mismo Hoult con este personaje suyo que tiene matices, parece un buen
político, pero también es engreído y cruel.
Es una película de relaciones sexuales, de relaciones
extramatrimoniales, para llenar un vacío, el de la reina, mientras las otras ganan
beneficios. Lady Sarah luce algo hipócrita, aunque es difícil de catalogar,
parece muy calculadora, pero más discreta que Abigail, que odia la pobreza, porque
le ha brindado tantos maltratos. Es una película de feminismos, pero no
idealistas, lo que puede hacer rehusar el título. Lady Sarah decide el futuro
de su esposo, es una mujer activa, firme. Abigail, como se ve luego con su
matrimonio, quiere hacer lo que le da la gana, como los aristócratas varones.
Las mujeres luchan por tener el poder. La reina lo
tiene, como toda privilegiada, de siempre y es más egocéntrica, busca el
placer primero, le es algo indiferente la responsabilidad, sobre todo ante
tanto sufrimiento físico y espiritual en su existencia, de esto que veamos su facilidad
para desconfiar de sus amantes, como con la desaparición forzada de una, y el
abuso con su mascota que termina en otro ciclo de humillación. Estéticamente la
película es un portento, igual que por toda su adaptación de época, también por
su detallismo narrativo.
lunes, 19 de marzo de 2018
El sacrificio del ciervo sagrado
Un médico cardiólogo (Colin Farrell) se siente inclinado a
caerle bien a un muchacho, a Martin, producto de haber tenido de paciente a su
padre quien murió en sus manos. Pero pronto el filme del griego Yorgos
Lanthimos –coguionista con su habitual Efthymis Filippou- desencadenará en la
venganza sobrenatural de éste extraño muchacho, que interpreta a la perfección Barry
Keoghan. El filme tiene una narrativa más amable y fácil que otros filmes de
Lathimos, salvando que el director griego utiliza la masturbación para generar
sordidez.
El filme avanzado el metraje empieza a ponerse raro, que es
lo que se espera de un filme de Yorgos Lanthimos. Martin le dice al cardiólogo que
tiene que hacer un sacrificio para salvar a su familia de la muerte, tiene que
matar a uno de ellos para que sobreviva el resto, para nivelar la pérdida de
Martin, y pagar su karma. Éste asunto que no se explica cómo puede suceder es
el eje y motor de la propuesta y la mayor rareza e incógnita y también libertad
creativa. Cierto, es algo sobrenatural, pero ¿qué o quién es Martin?, supone Dios,
pero es sólo un muchacho, se comporta y se ve como tal, aunque sea un freak.
En el filme la familia del cardiólogo tiene una relación
amor –odio con el muchacho, inclusive una devoción santificadora o demoniaca
por un lado. La película tiene su toque de horror, sobre todo por el final,
pero es más un misterio, una pequeña extravagancia y locura. El médico entra en
desesperación y debe decidirse. Su decisión alberga un poco de sinrazón, uno
no sabe cómo podría resolver semejante asunto, pero suena improbable de la
forma particular que lo asume. En un principio el filme juega a refutar lo
sobrenatural, e implica coherencia y normalidad, pero pronto el surrealismo
toma la posta, está bien, no hay razón para justificarse en adelante si propone
un juego vistoso y entretenido. No obstante genera algunos fastidios –que se
superan con lo que significa-, uno es ver como Martin se lo toma todo
ligeramente, como si todo fuera una simple lección -supongo una propia de los
dogmas más calculados- y sea él el encargado en impartirla aunque parece un ser
inmaduro y frío.
Esto último es como se representan muchas escenas en el
filme, en particular con el sexo que está totalmente ausente de erotismo.
Nicole Kidman se echa en la cama para tener sexo como un maniquí y no como la
mujer apetecible que es. Esto no tiene gracia, puede pasar por mero estilo, pero
también puede creerse que es un lugar común de lo que implica el matrimonio o el
reflejo de una monotonía que lleva al caos, como en la inclinación del cardiólogo
a la bebida.
El filme usa con regularidad la música y el gran angular
para generar un estado de suspenso, extrañeza y misterio. La primera parte del
filme no genera demasiada sorpresa, el filme tiene un desconcierto más bien
controlado en general, pero es un filme amable, que se cuenta bien y que
salvando un par de ocurrencias, como la mordedura con ejemplo naif -aunque la
golpiza tiene sentido-, tiene su encanto. Los hijos moviéndose sobre el piso
como gusanos de manera normalizada recoge lo mejor de Lanthimos o ver a Martin
seducir a la hija del cardiólogo escuchando su bella voz, también el
ofrecimiento sexual de la madre de Martin, con una Alicia Silverstone aun
sensual, la que hace de primera opción de equilibrar el mundo, que es de lo que
va el filme, que tiene su crítica a aquellos que piden por un Dios más activo, juzgar
el libre albedrio a través de una justicia divina, una egocéntrica y poco
humanitaria, y caer en el mismo infantilismo de Martin, igualmente que en su siniestra
y perturbadora violencia pasiva.
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cine europeo,
crítica,
misterio,
séptimo arte,
thriller,
Yorgos Lanthimos
domingo, 20 de marzo de 2016
Langosta (The Lobster)
En el bosque se esconden los rebeldes, los solteros, cuando
la ley de este mundo distópico, creado por el director griego Yorgos Lanthimos,
no permite que existan, hay una ley que dice que quien no tiene pareja debe ser
llevado a El hotel, donde tienen 45 días para hallar a alguien o se convertirán
en un animal que previamente han escogido. David (Colin Farrell) será, de fallar, una langosta, de ahí el título, de la dificultad de relacionarnos
sentimentalmente. Es un filme típico de Lanthimos, un director con gran
imaginación, que no se queda ahí, suele implicar una lectura social que yace en
la distorsión de la realidad, como puede ser un aprendizaje propio y nuevo de
comportamiento y visualización del planeta, o la imitación de la vida ante el
duelo bajo una transacción, en que nace la pregunta ¿qué nos hace humanos?, en
que parece ser todo una ilusión o tan arbitrario como el propio mundo que
fabula Lanthimos, lleno de extravagancia y su propia percepción de la realidad.
The lobster (2015) pone en discusión la obligación o naturaleza de
amar a alguien, si antes fue cómo entender el mundo, cómo nos comportamos
siendo tan potencialmente maleables hasta la peor sinrazón, luego como
percibimos nuestras emociones y las representamos (o poseen de teatralización),
ahora se ocupa de lo que significan las relaciones de pareja, en donde los
defectos físicos unen más que el deseo corporal o la atracción de conocerse. La sociedad impone, al igual que en el hotel y en el bosque, la
libertad no existe, hay una disposición a delimitar. Cosa que un pusilánime David
no es que quiera enfrentarse al sistema, sino que las circunstancias de
sobrevivencia lo empujan a la reacción, primero a escapar del hotel, luego del
bosque, como quien renuncia tanto a la soltería como al matrimonio, hasta hallar
un romance idílico que empuja el sacarnos los ojos, pero que también homogeniza
al hombre, cosa que pelea el cine de Lanthimos, en un canto constante por lo
freak, y en contra de la superficialidad.
En esta película de ciencia ficción es como no esperar nada,
no dar nada por hecho, es la discusión de todo, de eso va Lanthimos, un anarquista
del cine, un buscador e impulsador de creación, que en el camino presenta un
hilo entretenido y curioso que es un viaje “alegre” por lo raro, donde la
crueldad no suele presentar juicio. David es atado de un brazo al pantalón en
sus primeros días de estadía en el hotel, le es llevada una mucama (la talentosa Ariane Labed) para que
desfogue su libido mientras espera casarse, sale a cazar personas, a los
rebeldes o solteros, esos que bailan solos, no pueden copular, pero pueden
masturbarse, o puede ser castigado con
quemarle una mano en una tostadora. Lanthimos no teme el ridículo, como todo aquel
quien cree en lo freak, y lo roza, lo hace suyo, lo maneja. Ese aire bien lo
consiguen todos los actores que se prestan al juego, Farrell con su cara de
tonto (gracioso pero todos los que yacen en el hotel tras un matrimonio tienen
esa figura), Léa Seydoux hace de ruda y firme líder rebelde, Rachel Weisz de
bondadosa e inocente.
En el fondo es la historia romántica del hombre bueno y
amable tras la mujer ideal para él y viceversa, pero es el mundo el que torpe,
inclemente y frío impide que surja la poesía, y claro, nuestras decisiones
también influyen, y es que algo siempre anda mal, como en aquella mesa de
restaurante donde una princesa se queda sola (ante el alto requerimiento,
como antes el mal manejo de la libertad), que se acopla a esas otras reacciones
de frustración, histriónicas o histéricas, en esa mujer que salta de la ventana
al no ser correspondida por nadie o esa otra que le dispara a un aparente
inocente caballo, representación de quien no corresponde a ninguna pareja. Pero
también está la otra cara, viendo que el amigo de David (Ben Whishaw), desesperado, vive en
la mentira, en las falsas apariencias, hace de todo por sostener un matrimonio, mientras el amor –o algo parecido- de David y la mujer bella, cariñosa y rebelde
del bosque brilla cuando yace en el anonimato, escondido, en el cariz de
peligro, que lo hace intenso y sensual. Lanthimos, detrás de lo raro, hace un análisis de variedad de formas de relación de pareja, con una mirada
poco optimista, aunque ante todo lúdica y desenfadada, habiendo muchos momentos
donde más que todo prima sacar una buena risa, ironizar.
lunes, 20 de junio de 2011
Canino (Kynodontas)
Entre las extrañezas impartidas está ser tratados como perros, ladran en posición de cuatro patas y hacen pruebas absurdas, el padre incentiva su extraña atmósfera viniendo falsamente herido de la calle, haciéndoles creer que los gatos son demoniacos por lo que deben matarlos. La competencia entre hermanos es fuerte, incluso llegan a agredirse, los valores son endebles y la inocencia roza la inmoralidad ya que están en sus consciencias enseñanzas especiales. El padre permite solamente que una mujer joven de su trabajo de nombre Christina visite a sus vástagos y ella a cambio de regalos minúsculos tiene relaciones con ellos. El padre les habla de traer a un perro o a un hijo como compensación de su actos, su mujer lo apaña en su comportamiento e incrementa la confusión de sus hijos, por ejemplo ante una pregunta de curiosidad de uno de ellos describe a la vagina con su propios términos disimiles al verdadero significado. La madre está embarazada y en general es un ente pasivo que observa y permite el patriarcado autoritario y absoluto de su marido. El hombre no duda en golpearlos si faltan a su concepción de moral como ver vídeos de afuera de su familia.
En resumen la película intenta dar a entender que la manera de conducirnos típicamente no nos viene natural, no existe un desarrollo único sino el hombre es lo que aprende y si se le aísla no discute nada sino obedece ante sus maestros, es un mutante del contexto que lo rodea y es como el niño criado por lobos que deja de practicar el lenguaje y andar de pie para convertirse en un salvaje que imita la imagen próxima que lo controla o le proporciona cuidados y afecto, como el can de Pavlov que actúa por un código impartido por otros que ejercen poder.
Las muestras de excentricidad abundan, el padre siente que es correcto lo que hace por lo que no se pone en duda en ningún momento sino hace esfuerzos por cumplir con su meta de crear personalidades a su antojo, como cuando habla con un entrenador de perros y entiende que esos animales domésticos son lo que uno quiere que sean y esa doctrina la transporta a sus hijos, por lo que se encuentra muy seguro de lo que efectúa, creando interrogantes sobre que intenta realmente con esa variedad de rarezas que dicta a seguir, como dejar peces en la piscina para que se busque pescarlos como si se tratase de un río. Por todo pensamos ¿hacia donde se dirige finalmente?, ¿qué futuro está creando?, lo que queda sin definirse, dejando la interpretación al espectador.
El padre puede ser muy violento y demuestra que se preocupa a su modo por sus muchachos, parece estar convencido de que es necesaria la creación de ese universo particular que ha diseñado. Los adolescentes viven en un hogar adinerado pero están sumidos en la ignorancia, tal cual las hijas en cierto pasaje bailan desenfrenadas ante el júbilo de los padres. No hace falta recalcar que como a animales domésticos se les premia o castiga reforzando acciones.
Pero todo ese exilio descabellado crea no solo una identidad insólita, fenómenos, conductas estrafalarias, sino que despierta por contradicción a lo que anhela el padre un deseo de escapar, un deseo de liberación, ya que la figura paterna es invasiva, tirana y limitadora, lo que genera que nazca el imperio de la individualidad, siguiendo, claro, las reglas que parecen lógicas no siéndolo, pero finalmente huyendo de todo lo extraño y opresivo. El claustro termina sofocando, cansando, el espíritu pide mucho más.
Pero todo ese exilio descabellado crea no solo una identidad insólita, fenómenos, conductas estrafalarias, sino que despierta por contradicción a lo que anhela el padre un deseo de escapar, un deseo de liberación, ya que la figura paterna es invasiva, tirana y limitadora, lo que genera que nazca el imperio de la individualidad, siguiendo, claro, las reglas que parecen lógicas no siéndolo, pero finalmente huyendo de todo lo extraño y opresivo. El claustro termina sofocando, cansando, el espíritu pide mucho más.
La película no es complicada aunque tiene su toque original, tampoco representa una puesta en escena de mucho logro sino que se sostiene de su mensaje, despertando ambigüedad de sentimientos porque podemos rechazar parte del contenido o una porción de imágenes, pero queda el planteamiento de una extravagancia armada con una coherencia que te hace aceptar el producto, con lo que le doy al director griego Yorgos Lanthimos mérito por tal hazaña.
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Yorgos Lanthimos
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