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lunes, 5 de octubre de 2015

Ella & Él

Película de conflictos de pareja exhibidos como especie de fragmentos vivenciales sobre una relación en ciernes de comprometerse seriamente, creciendo juntos como seres humanos, en medio de los descubrimientos mutuos, en un lapso corto de tiempo, lo cual apuntaría mejor, quizá, más profundamente, hacia un matrimonio de tiempo, pero visto “juvenilmente” está bastante bien, en un noviazgo, en el acercamiento inicial, buscando mayor simpatía de parte del público, reconociendo también una labor autobiográfica, propia de la edad del director, de Frank Pérez-Garland, ubicada cercana a los cuarenta.

A la pareja solo la conoceremos como ella y él, la estupenda Vanessa Saba, a quien la cámara mima, mientras ella despliega múltiples registros, conmueve; y un correcto Giovanni Ciccia, quien otorga mucha normalidad/naturalidad a su personaje. Son dos personas con mucha carga emocional y ciertas taras psicológicas guardadas de su etapa familiar, como le pasa a la mayoría, ya que familias realmente inteligentes no abundan. En ella está dibujada claramente una historia de crecimiento de presión y sobre-responsabilidad, que como se dice directamente le hizo perderse de vivir una juventud feliz y normal, producto de las incompatibilidades y carencias de un padre a otro donde asoma la depresión heredada. En él está expuesto de forma más arbitraria, como un tipo bastante cambiante e “impredecible”, que cualquier nimiedad le puede molestar, sobre todo agotar, como quien no quiere cargar ninguna mochila ajena, que como todos desea un estado de calma que no existe en el mundo a fin de cuentas, adjudicándose ser hermético, engendrando arrebatos inesperados, que esconden también el recuerdo doloroso de una pérdida pero en otro sentido, una fatal.

Pérez-Garland muestra a dos seres conociéndose mutuamente para lograr formar una unión sólida y eterna, sopesando que él entiende decentemente sobre el divorcio y la soltería, como con aquel discurso que da en plena formación de pareja, suya y de otros, entre cómico y sumamente racional. Antes deben ejercer algunas renuncias (hasta ideológicas), como a la consabida libertad sexual (papel de una Gianella Neyra bella, sensual y carismática; y un Lucho Cáceres casual y naturalmente efectivo); o el tener un bebé, y aceptar al otro, lo que implica un toque de audaz complejidad argumental, más allá de que en el relato en general predomina lo identificador, lo primario. 

Ellos son medio freakys y algo insoportables, pero desde un lado medianamente fácil de verse reflejado y consentido por el espectador de aire moderno, digno de rebeldía naif, habiendo una muy buena línea consciente cuando dice el protagonista que de chiquillo hacía pequeños actos delictivos, estaba fuera de sí, pero que en un momento amenazado de ir a una dependencia policial de barrio, con verdaderos delincuentes, le hizo repensarse sus actos de muchacho pituco/acomodado malcriado; y a su vez producto de una tragedia, una que suena en buena parte débil, pero coherente con varios parámetros de la historia.

Deben aguantarse sus estados locos y rarezas, en ella dicho como que estuvo en una clínica psiquiátrica, perpetrado al vuelo, en un primer encuentro, que es sencillo, pero bastante simpático, aunque confirmar quien era la cumpleañera de forma abierta era irrelevante. Son dos idiosincrasias pesadas, pero tratadas superficialmente, de forma que fluya y sea lo que es, una historia ligera, narrativamente hablando, pero no al punto de ser una comedia romántica, sino una historia más madura y de mayor exigencia, dentro de un quehacer finalmente cercano, fácil de seguir y compenetrarse.

Es un filme de buena factura, pero de aire independiente, austero, con elementos básicos, que no busca el impacto visual ni imágenes muy llamativas, aunque la escena con Saba paseando en bicicleta, aunque breve, es musical y poéticamente dulce, como la imagen de la crema y el desnudo perdonable por lo estoico de la escena. No es una historia rimbombante, es más una humilde propuesta de cotidianidad, que llega a proponernos vernos reflejados en sus protagonistas, dos jóvenes adultos llegando a base cuatro, de clase social media alta, pudiendo ser semejantemente extraños, o simplemente igual de humanos, de imperfectos, aunque, claro, de distinta manera, invocando los vaivenes de una relación cualquiera, el comprometerse con otro y ¿cómo?, haciendo sacrificios, conociéndonos y perdonándonos (como esquivando culparnos a cada rato), soportando, respirando y entendiendo, lo cual la hacen una película pequeña, pero bastante agradable, desde lo peruano, como con la música que acompaña los estados de ánimo, en un filme que respira honestidad, hablando de lo suyo y de lo de todos.

martes, 18 de febrero de 2014

El vientre

El primer largometraje del cineasta peruano Daniel Rodríguez Risco, El acuarelista (2008), extrañamente no gustó a muchos críticos, le llovieron muchos palos, sin embargo a mí me parece una cinta muy bien hecha (a la que se le debe una justa reconsideración), la que cuenta con un toque curioso e interesante que vale elogiar –aspira a crear un ambiente dirigiendo un estilo ajeno, y considero que lo logra- mediante algo bastante concreto y entretenido. Me deja una buena sensación, recordándome en efecto como el propio autor ha dicho a El inquilino (Le Locataire, 1976) de Roman Polanski, aunque con la clara diferencia de que Polanski como inspiración es lógicamente mejor en toda su irreverencia, esperpento, personalidad, manejo de géneros (en donde predomina el thriller) y osadía. Queda una versión mucho más ligera y llevadera en comparación a su antecesora. Consta de una reiterativa comedia sin ruido, irónica, fácil, simpática, mezclada con el terror existencial -muy vivo por medio del sonido ambiental- dentro de una historia pequeña que versa sobre el sueño de inmortalidad de un artista novato, entregado, ambicioso e iluso; la aspiración de un idealista que ve frustrado su anhelo por culpa de sus conflictivos y absorbentes vecinos.

La nueva película de Rodríguez Risco parece haber sido recibida con mayor aprecio, al menos en las salas de exhibición, y aunque en mi parecer es menos singular que su ópera prima nuevamente hace gala del don de imitación de su cineasta, consiguiendo un logrado filme de terror psicológico que luego pasa a lo concreto –a asesinatos-. No obstante prima el arte de lo sugerente más que lo explícito o brutal. Existe la sensación de deja vu, pero posee cierta cuota de autoría propia.

Estamos ante un filme en realidad pequeño pero que sabe expandir y proyectar su campo de interés, generar tensión, que la busca y la propone con ahínco, mostrando con constancia el desequilibrio de su monstruo, el que tiene la fijación de quedarse con el bebé de su empleada, la que ha elegido en un camal donde brilla la metáfora de la muerte salvaje, producto de los chillidos y la desesperación de los cerdos, que se empareja con el título, una invitación al horror bajo mucho suspenso y obtenemos de una vida que nos es muy secundaria.

La trama es bastante sencilla, trata de una viuda en los cuarenta, acomodada, guapa, pero solitaria, perturbada e infértil que vive en una casona en el campo, llamada Silvia (Vanessa Saba), la que contrata a Mercedes (Mayella Lloclla) para que cuide de su hogar, tramando un plan en que la embaraza y luego le roba a su hijo por nacer. Para ello tiene a un obrero arreglando su casa, de nombre Jaime (Manuel Gold), con quien quiere unirle para su propósito.

Se puede notar que la claridad del filme es producto de mucho control sobre éste, para ello se hace uso de un ambiente, algo que conoce muy bien Rodríguez Risco, haciendo uso de lo claustrofóbico, lo opresivo, lo reducido como único mundo, el que quiere ser suficiente y para ello requiere de Mercedes que se ahoga en su interior, viviendo como inmersa en un espacio mental, el de su patrona. Esto se sostiene con la oscuridad de sus aposentos, lo lúgubre, el silencio, la elegancia anticuada, lo despojado y natural, lo desértico que se insufla de la intensidad de un thriller con sus pocos pero imponentes inquilinos. También es capital su música incidental que genera ansiedad, un aspecto trascendental en cuanto al terror que se magnifica. En general hay un admirable uso de ello, aunque se exagera un poco y llega hasta lo obvio como con el piano en contraste de lo que está aconteciendo, en cuanto a afirmar la inestabilidad de Silvia.

Tiene una puesta en escena en que hay ratos que imprime el tiempo en lo estático armando una buena fotografía, véase los asesinatos o la toma del paseo en el patio ante la estricta vigilancia del ama sentada con botas de caucho. Esa mirada artesanal pudo ser más larga, pero está conseguida tal cual, sin matar el ritmo que aun con pocos elementos el filme lo tiene. Esta propuesta sabe generar novedad, a pesar de existir ciertos lugares manidos, como el ojo avizor en plano de detalle o cierto intento de escape, explotados en repetidas ocasiones, de lo que se desprende el mecanismo de un motivo, asumiendo una pequeña variedad en su interior. 

Puede que se apresura en poner toda la carne sobre el asador, más por el lado del enojo y la malacrianza de Mercedes, en generar los antagonismos, que con la historia y locura de Silvia, pero eso es porque su leitmotiv no son los secretos (que hay por ahí algunos poco llamativos a fin de cuentas, pero funcionales, como el pasado y muerte del esposo doctor), sino como hacía mucho Hitchcock en deberse al movimiento de las fichas conocidas, para el caso el aprisionamiento, un lugar que permite mucha maleabilidad y que se justifica fácilmente.

Sobre las actuaciones no son grandiosas pero no están tampoco mal, sirven. Aquí brilla sobre todo Vanessa Saba que logra poner un cariz raro en su papel, concibiendo superar su belleza, poner un aire señorial pero también siendo muy natural, de a pie. Manifiesta una rudeza sin sobreactuaciones que viene bastante bien porque no pierde cierta delicadeza y credibilidad, se equilibra y permite realismo, posibilidad. Aunque puede haber momentos demasiado muertos –que en varias partes funcionan porque son características de una personalidad que yace extraviada- o apurados en su actuación tiene una buena consumación en conjunto. Mayella Lloclla tiene de dulce, intrínseco a ella, pero aún así logra que identifiquemos sin dificultad a una chica fuerte, lo cual es un halago a su performance, siendo menuda de cuerpo. Lo más importante es que logra plegarse a su papel de víctima en mucho del metraje. No obstante su papel de scream queen no es que sea tampoco de los más complejos, pero así suelen ser. Está claro que cuesta desligar a Manuel Gold de la comedia (la simpatía a veces tiene precio) y ha sido inteligente no sacarlo del todo de ella, sigue siendo gracioso y juvenil aun aceptando ejercer seriedad.

El desenlace es poderoso, en cómo queda la imagen, la que alberga toda la idea del conjunto, es algo bestial, primario, que se convierte en un concepto pleno de cara al inicio (en el matadero). Éstas escenas se complementan y hacen que la película cumpla su promesa de terror.