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martes, 15 de noviembre de 2022

Un burgués pequeño, muy pequeño (Un borghese piccolo piccolo)


Un burgués pequeño, muy pequeño (1977), de Mario Monicelli, es una película bastante curiosa, original, pues maneja a grosso modo dos géneros cinematográficos pero no los mezcla. Utiliza primero únicamente uno y luego sólo el otro, pasa de la comedia al terror, para ser exactos pasa hacia el thriller. Empieza como una comedia a la italiana por 1 hora, todo es veloz, los diálogos son intensos y extensos, las situaciones igualmente, es complicado llevarle fiel el ritmo, pasan varias cosas rápidamente. Se trata de un padre que tiene un trabajo de oficina de clase trabajadora donde es un simple empleado administrativo, pero éste pequeño personaje tiene tremenda personalidad, y aunque no es un astro en el trabajo el sabe que tantos años en donde trabaja le otorga inmediatamente influencia con el resto, si no pues él lo vé así y lo pondrá en práctica, en ejecución, y esto es hacer que su hijo entre en su mismo espacio laboral, como figura prometedora, ya que aunque es un empleo burocrático y de esclavo donde difícilmente creces no abundan los trabajos y postulan montón de personas a éste y es bastante arduo conseguirlo, lo que significa estabilidad económica aunque siendo clase media baja. Son épocas de crisis en Italia y estos trabajos se veneran, son muy pedidos y escasos. Es como reza el título, propios de burgueses pequeños pequeños, cójase cierta ironía, pues son en realidad clase obrera, aunque dentro de una oficina. El hijo, un carismático Vincenzo Crocitti como Mario Vivaldi, es la luz de los ojos de su padre, Giovanni Vivaldi (el inconmensurable y magnífico Alberto Sordi), es un chico super bonachón, pero quizá demasiado sencillo, pero su padre hará absolutamente todo para que entre al trabajo y triunfe en la vida. Su relación y amistad es amor en estado puro, y bastante práctico, no se ven como palabritas, Monicelli crea semejante vinculo entre ellos, se manifiesta mucha empatía entre padre e hijo, lo que vemos se luce harto sólido, dentro de un ambiente simpático, alegre, lleno de humor suave pero siempre astuto reflejando la cotidianidad y los lugares comunes de los italianos, desde la austeridad económica, mediante una estética humilde, reflejando al italiano de a pie o en general promedio, si bien abunda aun así gente muy curiosa -como el jefe y la atroz escena de caspa- o se le suele subestimar a la clase media baja quizá. Monicelli es uno de sus mejores representantes recreando su idiosincrasia. No obstante Monicelli se permitirá un cierto WTF que es el thriller-terror que vendrá. Luego de una hora impecable, de una obra maestra absoluta, con la intromisión desestructurando lo estérico, desde la injerencia en el panorama de unos "improbables" o atípicos masones o más random de lo que conocemos, entramos a una espiral hacia el horror absoluto. Lo que viene después es reimaginar a la italiana -por la mente de Monicelli participando del guion, adaptando la novela de su compatriota Vincenzo Cerami quien escribió su novela en 1976- el nacimiento de El Vengador Anónimo (1974). Lo que manejaremos ahora es un registro lúgubre y tétrico, y hasta un poquito sórdido. La transición es brutal, pero no obstante funciona, aunque inevitablemente decae un poco de la maestría de la hora inicial, sin dejar de ser un filme notable. Monicelli en una escena de la apertura ya lo deja ver, cuando Giovanni mata un pez con una piedra, le saca la cabeza. Éste bromea con estar haciendo una película de cine B de terror. Puede haber sido un reto personal para Monicelli intentarlo o alguien quizá lo retó y se animó al libro de Cerami. Hay que decir que Monicelli maneja muy bien lo popular, como epitome de la comedia a la italiana, y lo hace bastante bien con el thriller o el terror, aunque aquí es menos creativo, si bien Sordi, con el terror aunque aun más con la comedia, es oro puro e igualmente Shelley Winters, ambos de principio a fin. Sus escenas matrimoniales son la gloria misma en persona. 

domingo, 15 de julio de 2018

Winchester '73


Es el primer western que dirige Anthony Mann, fueron 10 en total y ésta una obra maestra, y el comienzo de su relación laboral en el género con James Stewart -hicieron 5 western juntos-, quien hace de un pistolero que quiere vengar la muerte de su padre, en manos de su hermano, que se hace llamar Dutch Henry Brown (Stephen McNally). Aparte de ésta curiosidad de criminalidad entre parientes es notable el trayecto que recorre un rifle winchester, plagado de aventuras y mucha acción, en un western muy entretenido, de los mejores que hay.

El filme es todo lo clásico que puede ser pero también muy emocionante en sus combates, que incluye el ataque de los indios que también llegan a tener en sus manos el famoso winchester. Cada pedazo del filme es perfecto, tiene mucha bravura y naturalidad, como con el apostador y vendedor de armas que enfrenta a la banda de Dutch. La cobardía está presente como tema en un personaje, en Steve Miller (Charles Drake), y provoca otras grandes escenas, como una persecución de los indios contra una carreta con una toma hermosa general con el vehículo al frente seguido por los caballos enemigos y el paisaje en toda panorámica.

Hay un matón y bandolero importante aparte de Dutch, el pícaro Waco Johnny Dean (Dan Duryea) que enfrenta a la ley, a Dutch y a Lin McAdam (James Stewart). El filme está lleno de personajes notables, como la rubia Lola Manners (Shelley Winters), mujer valiente, pero también presta a la feminidad, aunque se le achaca ser una cabaretera, no obstante luciendo muy elegante y formal, pero se entiende al cambiar simplemente de compañía. Inclusive hay secundarios de oro como el mejor amigo de Lin, High Spade (Millard Mitchell), el sargento amable Wilkes (Jay C. Flippen) y hasta vemos a un tranquilo y viejo Wyatt Earp (Will Geer).

El filme tiene potentes escenas de acción, vemos de todo y en poco tiempo, hay grandes cambios y recorridos del winchester, todo enhebrado a la perfección, hay tremenda maestría para dar coherencia y visibilidad a cada aventura del arma admirada. Es un western emocionante de principio a fin, desde que Lin compite con Dutch por el winchester en el pueblo de Wyatt Earp hasta el duelo final tras las montañas. También sobresale el robo de una diligencia con un enfrentamiento de los más geniales del cine, todo dentro del uso privilegiado del tiempo, en su economía, claridad y precisión. Mientras Anthony Mann se dedica a entusiasmarnos con la intensidad de mil aventuras su western remite a la amistad, la lealtad, el respeto familiar, la libertad femenina y el llamado del deber, ver por otros.