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domingo, 24 de septiembre de 2023
Return from the Ashes y Phoenix
Estos 2 filmes adaptan la célebre novela del francés Hubert Monteilhet del título británico Return from the ashes. Lo interesante de ver estos 2 filmes es que el alemán Christian Petzold y el inglés J. Lee Thompson han hecho 2 películas muy distintas con el mismo material original. La hazaña más es para Petzold quien ha plasmado un filme más arty, menos convencional, en comparación a Lee Thompson que ha conseguido construir una buena película pero que a ratos es tan sencilla que roza la realidad más fácil de coger, hasta lo más simple, pero efectivo, muy real, imitando el thriller de Hitchcock que era muy copiado (o inspirador) por la época de Thompson, que hizo su película en 1965. Petzold es propio también de su época, con un cine bastante moderno, hecho el 2014. Thompson ha hecho un thriller bastante claro pero potente, a ratos demasiado inocente en su parte criminal, sin ser malo por ello, aunque de menor alcance creativo. Petzold en cambio se ha enfocado en la influencia nazi por sobre la traición de la población con el prójimo (o la contaminación y corrupción del pueblo alemán, no obstante no de toda la población alemana), desde la persecución a los judíos durante la segunda guerra mundial, aunque lo de Thompson de escoger a un polaco como protagonista también es bastante sugerente. Petzold además trabaja muy bien el romance recurriendo a distintas gamas y matices confrontando situaciones y miradas, con las actuaciones de Nina Hoss y Ronald Zehrfeld. Hoss deslumbra y no solo se debe a sí misma, a su notorio talento, sino a Petzold que le ha dado grandes roles en 5 películas suyas partiendo de una sexta en televisión. Igualmente Petzold ha logrado trascender trabajando con el destacado cineasta experimental y compatriota Harun Farocki quien ha hecho 4 veces de guionista de Petzold siendo éste su último trabajo conjunto puesto que murió ese mismo año. Thompson maneja más personajes, como la joven hijastra que hace la hermosa y apetitosa Samantha Eggar como una chica un poquito desequilibrada o demasiado espontánea o excesivamente enamorada, de un seductor y aprovechado que hace un magistral Maximilian Schell, a diferencia del corpulento Zehrfeld que se le ve algo tosco y un algo cínico pero menos enriquecido en su perversidad que el polaco y ajedrecista Pilgrin (Schell). Curiosamente la seducción y dominio de la sensualidad proviene, sin caer en engreimientos o disfuerzos, de Pilgrin, y no de las féminas, aun con la semejante belleza y provocación de Eggar. Zehrfeld luce más ordinario, más pedestre, aunque bastante real. También en la de Thompson interviene, como especie de acto de consciencia, otro personaje en el amigo y socio del trabajo que yace enamorado de la protagonista, la Dra Mischa, una impresionante Ingrid Thulin; igualmente lo es en la suya Nina Hoss, con dos protagonistas en el mismo rol, pero distinta personalidad y algo distinta idiosincrasia, a través de 2 tipos distintos de malos acompañantes, pero con una Mischa que se sabe compradora del amor y una mujer mayor, mientras la contemporánea en edad Nelly (Hoss) está muy enamorada pero implica creer en el mismo amor, aun cuando está un poco cegada y con demasiada fe en el ser de sus pasiones. En Phoenix hay un personaje propio, la mejor amiga de Nelly, Lene (Nina Kunzendorf), quien cuida con tremenda devoción a Nelly, y puede que porque comparten ser judías y recientemente haber sufrido del nazismo, o puede que quizá halla un amor secreto de parte de Lene quien es el ángel guardián de Nelly. Es interesante ver que Petzold afronta con convicción el nazismo y el judaísmo, con bastante encumbramiento en general de lo judío por sobre lo alemán, por sobre su nacionalidad, si bien en un momento se entiende que aunque Nelly es judía se sentía más alemana, aunque su terrible situación le hace odiar naturalmente un poco lo alemán (como con aquella mención de la música), tras un nazismo de donde se salvo de milagro, al recibir un disparo en el rostro y creerla muerta, con media hora gloriosa donde en Phoenix se enfocan en esto hasta luego pasar Nelly a pensar en Johnny (Zehrfeld). Tanto Mischa como Nelly aman con locura y tratamos con el camino torturador producto de su elección. Ambos directores se mueven en el noir pero Petzold le suma poesía romántica.
lunes, 24 de octubre de 2022
The Collector
The collector (1965), de William Wyler, puede verse como el despertar de un asesino en serie. Es un filme donde un hombre llamado Freddie (Terence Stamp) secuestra a una mujer de la que está obsesionado, Miranda (Samantha Eggar en el gran papel de su humilde carrera). Él dice estar enamorado y quiere hasta casarse con ella. Tiene un pequeño plan, compra una casa de campo, acompañada con un especie de Mausoleo sótano de esos de estilo gótico que hará de cárcel, y la secuestra. Miranda es una chica pudiente, hermosa -con espacio para la sensualidad- e intelectual, también sensible, y será muy coherente en no dejarse seducir de ésta manera tan ruda y poco ortodoxa, aun cuando el filme tiene momentos donde Freddie es un tipo dulce y curiosamente tímido y a ratos parece que tratáramos con una sutil aunque perversa comedia romántica. Terence Stamp es un tipo de particular presencia. Aunque tiene atractivo físico hace muy bien de un tipo freak, de un raro en toda la palabra. Tenía 27 años y recién empezaba su carrera en el cine. Freddie más que seguro tiene de loco, pero la propuesta de Wyler no va por ahí, le pone fundamentos y personalidad al secuestrador, con él hay ideas sociales, hay ideas de popularidad y marginalidad, hay ideas de distintos intelectos en movimiento. Miranda ciertamente es una mujer sofisticada, aunque también de obvias emociones comunes ante lo que sucede, en que surgen ratos de violencia, aunque pocos, pero el intelecto de ella nunca se desmarca de la realidad, entiende perfectamente lo que está sucediéndole, y al final Freddie se dará cuenta de ello. Miranda no es el tipo de mujer para él, pero en todo el filme participaremos de su anhelo ciego y obsesivo. Freddie es un tipo impredecible por raro. Miranda con toda su capacidad no puede con la situación, pero el panorama es demasiado horrible y Wyler lo deja ver con sutileza y matices, con ingenio, aun cuando su filme tiene de clásico, y es una obra de formas amables, con esa sabiduría de antaño que se siente muy diferente a la actualidad. Es sin duda un cine de otra época, y uno muy bueno hay que decir; sabe ser amable con algo espinoso y difícil, sabe ser coherente y poder llegar a muchos con algo por entonces aun no tan popular. Hoy en día el público masivo es otro, mucho más abierto con la brutalidad. El filme tiene un clímax glorioso, el momento en la lluvia genera tremenda secuencia, estética, visual, argumental y emocionante en una película que siempre genera curiosidad, que piensa bastante y que da con un final -como su título simbólico- perfecto.
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