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lunes, 11 de diciembre de 2023

Sobre todo de noche

Sobre todo de noche (2023) es el debut del español Victor Iriarte, programador y escritor además. Es un filme que abre señalando inspirarse en el chileno Roberto Bolaño, un especie de autor outsider, o alguien que le costo ser popular y esto llegó medio después de su temprana muerte, a los 50 años. La propuesta se divide en tres partes, la mejor es la primera, que juega -como anuncia- al terror y el noir. Se trata de que el estado y la iglesia confabulan para que sea fácil adoptar bebés de madres que no pueden sustentarlos económicamente, pero en la presente propuesta se deja ver que esto se hace dentro de cierto mecanismo oscuro, donde se intenta romper el vinculo con la madre natural o biológica, desaparecer su rastro. La primera parte es la búsqueda de Vera (Lola Dueñas), y la segunda es el encuentro con un hijo a punto de cumplir 18. La madre que adopta la interpreta Ana Torrent y es una buena madre. El filme en sí en la segunda y tercera parte no tiene conflictos, ambas madres se llevan muy bien y el hijo las acepta a las dos. Es una película que reflexiona sobre la adopción mostrando como se sienten a un lado y a otro, como logran concebirlo en sus mentes las madres. El filme tiene momentos artísticos, donde con algunos detalles trata de darse cierta identidad, pero en conjunto es tradicional y fácil de seguir. La segunda y tercera parte entra en cierto estilo que está en boga actualmente en el cine español, es decir manejar una cotidianidad donde prácticamente no pasa nada o nada importante. Hay un pequeño pico -engañoso, porque no germina, aunque pinta de arty light- hacia un especie de robo de archivos, pero, como tal cual muestra el filme, no despega nunca o no presenta mucho atractivo práctico, no tiene mayor injerencia en realidad, más allá de ser un poco poético y en sí el filme tiene bastantes destellos (muchos logrados) de éste tipo, poéticos. La voz en off de Torrent es muy ecuánime e interesante y siempre es muy próxima y sencilla. La primera parte maneja un estado de suspenso y angustia bastante efectivo. Es un filme con su cuota distintiva o creativa, esos señalamientos de los mapas que incluyen el decorado de los cuartos o esa preparación de tipo militar estratégico dibujada en el aire de la madre en son Vengadora Anónima, aunque se queda en puros deseos, lo cual también suena curioso, esperar algo y no verlo, como que el cine se vuelve impredecible, pero el resultado resulta demasiado básico. La cotidianidad que presenta la obra es analizar como asumen la adopción los tres puntales, madre biológica, madre adoptiva e hijo joven y aunque deja de ser un prometedor noir y película de terror tiene su cuota de oír algo que captura la atención, aunque es una cotidianidad demasiado calmada, en esa identidad que está pretendiendo una parte del cine español que anhela ser muy humano, muy amable, aun cuando anuncia todo lo contrario, mucha violencia, como quien quiere que tengas otro interés, te enamores de otro cine. No obstante si bien todo buen cinéfilo es -necesita ser- ecléctico, eternamente curioso y entusiasta e impredecible, el cine es un lugar para dialogar con la efervescencia de lo extraordinario en todo sentido, incluso para mostrar intelectualidad y profundidad. El estilo puede variar pero el cine está hecho para sorprender al espectador, así como decía Kafka: Un libro (una obra) tiene que ser un hacha que rompa el mar de hielo que llevamos dentro. Y pues con la cotidianidad más sosa y somnolienta no lo vas a lograr, aun cuando nos pretendamos el tipo arty más plus ultra. Y éste quehacer arty hablando del cine en general presenta distintas caras, algunas buenas, otras no. Éste filme no es malo, tiene una gran primera parte y las siguientes sostienen la idea o eje como si tuviéramos dos películas conectadas por una temática y una auscultación por un lado muy normal y otra salida de un adictivo thriller de Hitchcock. El resultado es irregular, la cara más intencionalmente común es débil, pero con su porción de atractivo aun así. El conjunto mantiene puntos de interés. Manuel Egozkue destaca como el chico adoptado, de la misma manera que las notables Torrent y Dueñas. Tiene un momento de baile a lo música electrónica que tiene gracia y personalidad con una performance invocando emociones encontradas. Lo de teñirse todos el pelo o ponerse peluca sin mayor motivo y usar 2 relojes en una muñeca tiene el efecto expresivo espejo de la nada absoluta, pero cuando quieres ser personal no todo será glorioso. Sin embargo se aprecia el intento de no temer fracasar o asumirlo (o querer ser uno mismo) que puede ser muy arduo de manejar, que bien recoge de Bolaño el filme. En un momento cuando el relato empieza a apagar su estrella con una cotidianidad que no aporta nada, como un otrora cierto cine indie latinoamericano, pone de pronto la imagen de un cadáver tendido en el suelo y puede sonar efectista, pero esto despierta la curiosidad, esperar lo inesperado y luego sostenerlo. 

domingo, 20 de mayo de 2018

Zama


El mexicano Daniel Giménez Cacho es Don Diego de Zama, un corregidor español que espera ser trasladado de una colonia salvaje a otra colonia más moderna donde le espera su esposa e hijos. El filme de la argentina Lucrecia Martel adapta una novela de las llamadas imposibles, de su compatriota Antonio Di Benedetto.

Zama es una película de aire enrarecido, fantasmal y a ratos surreal. Su atmósfera va yendo y viniendo presentando estos estadios. La banda sonora, las extrañas acciones y las tomas de la cámara van creando estas puestas de escenas tan virtuosas, tan atmosféricas. Todo Zama es un juego de estéticas. A esto se le suma una historia que parece un poco episodios, como si no hubiera demasiada trama entre manos en realidad.  

Lo mejor de Zama es esto, su carácter de presentar poca narrativa, pero envuelta en un trabajo cinematográfico minucioso, donde cada detalle visual otorga la complementariedad que engorda su trama. Las acciones de los esclavos negros es todo un repertorio si sabemos prestar atención, recurriendo a lo histórico y a la imaginación, mensajeros semi-desnudos, amantes a lo Cleopatra, simples abanicadores, cargadores o burros de carga, prostitutas u objetos sexuales, mucamas castigadas por su color. Esto es curioso y puede pasar por políticamente incorrecto.

Diego de Zama es un héroe ordinario, un tipo simple, pero cuajado, quien tiene la mala suerte de estar bajo el yugo de un gobernador que no pretende ser su amigo, un gobernador engreído y todopoderoso que lo sabe y le es indiferente Diego de Zama. Ya sabemos que vive impaciente por irse, pero siempre lo detienen. Su desesperación lo lleva al arrojo de perseguir a un famoso delincuente brasileño, y la mala suerte nunca lo abandonará. Zama descenderá al infierno, un infierno indígena, donde la muerte pende de un hilo.

Diego de Zama tiene un poder ultrasensonrial, ve a un niño indígena fantasma perseguirle por donde va, ve también a unas mujeres virreinales asecharle, yace entre la pesadilla y la realidad. Ese niño a veces es material, es real, es su hijo, otro es como un ángel, algo que debe descifrar. Zama está enfermo, y “extrañamente” ha venido al mundo a ser castigado, aunque nuestro protagonista es un buen hombre.

El filme parece obrar sobre la calidad de autor de los artistas, agobiados por la burocracia, la apatía e indiferencia, la monotonía, la derrota. Pero sin esperanza, lo suyo es sólo una acción autómata, buscar a la familia, un poco de seguridad y calidez. Ya las putas que engolosinaban al hombre de guerra no le llenan la vida, ni siquiera tiene fuerzas y encantos para una del poder de seducción y sofisticación de Luciana Piñares de Luenga (Lola Dueñas).

Lo curioso es que Diego de Zama no es un revolucionario ni un hombre que quiere ser intrépido como el asistente que escribe contra la corona y enoja al gobernador, a Zama le da todo igual, es un hombre agotado, sensato, pero listo para ser aplastado, aun cayendo en la desesperación y ser un traidor en varias ocasiones, un traidor para todo el mundo.

¿Quieres vivir?, es la pregunta capital del filme, Zama es un muerto en vida, sólo quiere irse. Es valiente e inteligente, es racional, es justo y hasta tiene de noble, es humilde, pero el mundo es de los gobernadores, del poder, y de los tipos serviles, básicos y poco reflexivos como el Capitán Hipólito Parrilla (Rafael Spregelburd).

Zama es un hombre de las orillas como algunos peces suicidas, pero finalmente tampoco se complica, traiciona, mientras pierde aquella figura gallarda del inicio. Y es un enemigo –hasta para sí mismo- al perder la esperanza, porque todo requiere de fe, de sueños, de cierta necedad, como la de los criminales que siguen a Vicuña Porto en la ilusión folclórica de aquellos cocos que llevan riquezas dentro. El resto por ende es pesadilla para Zama, una aventura a la selva, al corazón de lo salvaje, de lo primitivo, sin romanticismos, puro cuerpo.