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lunes, 15 de enero de 2024

Killers of the Flower Moon

Killers of the flower moon (2023), de Martin Scorsese adapta el libro de no ficción de título homónimo con subtitulo Los crímenes en Osage y el nacimiento del FBI, del periodista americano de investigación David Grann, sobre como blancos en Oklahoma mataban a los de la tribu Osage que estaban principalmente establecidos en éste estado de EEUU y quienes se habían hecho millonarios con el descubrimiento en sus tierras de petróleo, pero que necesitaban de tutores blancos por la ley y muchas mujeres indias se casaron con blancos. Pero en el filme de Scorsese que se basa todo en hechos reales vemos como los blancos hacen planes para quedarse con las tierras y los bienes y las herencias, matando directamente a los de la tribu Osage, o envenenando lentamente a las mujeres. El personaje que hace Leonardo DiCaprio, Ernest Burkhart, es en buena parte un ignorante, pero ambicioso y a esa vera totalmente manipulable e inescrupuloso, dependiendo de las ideas de su tío, William Hale (Robert De Niro), que era un terrateniente rico pero quería más dinero y tenía muchos planes para que sus sobrinos lo consiguieran de las herencias y bienes de las indias. William Hale era a la vista de todos como un especie de amigo de las tribus o un consejero muy bien relacionado, pero detrás era en realidad todo un criminal pensando en contratar vaqueros delincuentes para matar indios para obtener riqueza, o tenía amigos doctores que eran capaces de envenenar hasta su propia madre por dinero, aunque también denota cierto racismo, minusvalorar a las tribus. Burkhart se casa por consejo del tío con una india Osage, Mollie (Lily Gladstone), y dice amarla, pero le interesa más hacerse rico y no duda en querer matar a quien sea por conseguirlo. Mollie sabe como son los blancos, sin embargo se casa con Burkhart que a leguas no se ve muy decente. DiCaprio con la mandíbula salida a lo Marlon Brando de El Padrino hace de un ex veterano de la primera guerra mundial que en realidad era cocinero de las tropas que viene sin nada en busca de futuro donde su tío que le da siempre las pautas a seguir, bajo un notorio cinismo, como quien habla con alguien más lento, y éste cinismo a ratos hace ver el filme de Scorsese como una comedia de humor negro, con el constante resalte de la sugerencia escondida en la palabra "inocente". Burkhart como es de cierto aspecto estúpido parece no estar del todo consciente quien es, que clase de persona es, o qué está haciendo. Hay un planteamiento claro para el espectador de que es una persona terrible, pero como éste hombre es lento hay cierta ligera ambigüedad en su personalidad -como quien parece dudar, desorientarse o reflexionar por momentos como con la explosión homicida, pero también luce como quien se queda al poco rato en el vacío, en el limbo mental- que hace que una Mollie, tampoco muy despierta, no lo bote, sin poder alejarse del notorio peligro que él representa para incluso su propia vida. William Hale no duda en matar ningún supuesto amigo perteneciente a la tribu Osage (la que conoce de toda la vida), como en detalle con el indio melancólico suicida. DeNiro hace un memorable papel de un ser flagrantemente despreciable, pero sofisticado y culto dentro del mundo del western -de lo salvaje- con cuota noir -de oscuridad criminal-, mientras DiCaprio se enmienda de haber hecho de un personaje tan débil, pero sobredimensionado, plano, en Gangs of New York (2002), logrando ser ahora un gran personaje con varias dimensiones aunque con el eje de la perversidad. DiCaprio logra estar a la altura de los grandes personajes del cine, de los grandes malvados lacayos. Es una película que se puede definir dentro del cinismo, del blanco matando al indio, para quedarse con sus bienes y es especifico lo que se denuncia, como cierta indiferencia general hacia lo que sucedía con ellos. Todo lo expuesto de los crímenes de la tribu Osage es en la década de los 20s y se ve que Mollie recurre al presidente del país, a Calvin Coolidge, y éste muestra ética y manda al naciente FBI -con unos 12 años de existencia- a investigar con un tipo real, el agente del FBI Thomas White (Jesse Plemons) que sí piensa en ir hasta las últimas consecuencias con su deber. Mollie hace de una damisela en peligro en pos de que la rescaten, pero es su accionar -su activismo- el que le proporciona lo que necesita, incluso salvándola de ella misma. Mollie la mayor parte del tiempo para en cama, lo suyo es realmente deprimente, pero Scorsese se centra en las acciones perversas, en los malos hombres, le da forma a cada criminal contratado, le pone folclore, le pone personalidad y lo hace produciendo entretenimiento con pensamiento social. Todo lleva una construcción plena, un desarrollo sólido, pero con ritmo (puesto además que la película que adapta Scorsese con el célebre guionista Eric Roth dura como 3 horas y media y exige novedad, flotando con éxito, dentro de un cinismo recurrente), para que cada muerte sea significativa y se vea el mecanismo del saqueo, de la apropiación, de un grupo criminal liderado por William Hale. 

miércoles, 29 de diciembre de 2021

Don't Look Up y Silent Night

Son 2 películas apocalípticas, Don´t look up, del americano Adam Mckay, y Silent Night, de la británica Camille Griffin. Silent Night (2021) recién éste último fin de semana navideño estuvo estrenada comercialmente en España y fue recibida por el público español con cierto entusiasmo. Don´t look up (2021) se estrenó igualmente en ésta semana navideña, pero en netflix y a puertas de año nuevo lidera el ranking de las películas internacionalmente más vistas en ésta popular plataforma. 

Silent Night es una propuesta pequeña, no maravillosa, pero decente. En ella un grupo de amigos de infancia se reúnen familiarmente por navidad y empiezan las típicas peleas y sorpresas de toda cena de éstas fechas. Silent Night es una comedia de humor negro pero también una comedia de terror. El elemento de miedo del filme es que afuera de la casa un extraño gas está matando a la humanidad y el gobierno británico ha entregado pastillas para que la gente no sufra, y se suicide. Toda la cena no es nada del otro mundo, es lo que se suele ver, aunque con humor británico, y esencia europea, como con la mujer que pelea por el amigo enfrente del marido, en un tono no tan vulgar pero de subtexto liberal sexual. Los presentes en la cena son todos antipáticos, por más idealistas que se pongan, cunde no lo chusco, pero sí el engreimiento. El filme tiene un mensaje sencillo, pero bueno, sobre el sufrimiento, representando en un niño idealista, que entiende que el sufrimiento no lo puede detener y que hay que enfrentarlo, la muerte no es una opción para él, aun no habiendo futuro. El niño quiere luchar. El resto que representan al mundo son escapistas, no quieren sufrir, buscan la evasión. Éste niño la tiene difícil porque aun es pequeño y depende de sus padres. No obstante aun así intentará triunfar en su pensamiento poco popular. Todo el filme está plagado de idealismo, no todo es interesante, hay cliché, mientras el gobierno es prácticamente una nada para los presentes, seguramente hay una crítica al gobierno británico en su quehacer político de los últimos tiempos, pero lo más valioso es la individualidad de éste jovencito proponiendo pelear y no claudicar, incluso frente a lo que luce irremediable. Léase una lectura que se puede plegar a todo señalamiento del sufrimiento, tan común a la humanidad. 


Don´t look up como base le dice a casi a todo el mundo estúpido, porque no quieren ver, solucionar, razonar, luchar un cometa que va a acabar con el mundo en tan solo 6 meses. Éste filme es una sátira y una película muy frontal, no deja nada a medias, es todo y sin límites, esto le juega en contra, no sólo porque insulta a todo el mundo desde un pedestal -en realidad ecologista, sobre el cambio climático- sino que se extraña mayor intelecto para exponer y pensar algún tema, sobre todo importante. Subestima a la gente, lo dice todo por eso como para bruto y encima menospreciando literalmente, abundan las bromas directas sobre lo estúpida que es mucha gente. Se escuda en que está diciendo la verdad, entonces es correcto y elogiable lo que hace. Lo gracioso es que nadie se siente identificado con la estupidez, en realidad todos creen que son esa minoría que en un momento el hijo de la presidenta salida de la era Trump señala sin dar muchas pistas, como para que los más "astutos" se rían sin verse en el espejo. El filme se ríe de las redes sociales y un gran público con éste, cuando más bien deberían agradecer la oportunidad maravillosa de poder expresarse, aun cuando efectivamente hay de todo y hay que escoger la paja del trigo. Lo virtual efectivamente imita la vida. El filme también ríe bastante de la clase política, de la americana, una curiosidad, cuando siempre han solido salvar al mundo, pero son los residuos de haber vivido la era Trump y alinearse con el resto del mundo. Es verdad que las clases políticas se prestan para la sátira, pero tampoco esto apunta a producir soluciones. El filme es básico en su pedido, en un momento la ambición de mucho dinero destruye una salida fácil. En sí es un filme que puede estar pecando de simplista, igual de facilón como a quienes señala de brutos. El filme es atractivo, porque hay grandes actores, muy populares y talentosos. No lo hacen mal, desde luego, y hay líneas narrativas que no son necesariamente malas, hay alguna comedia franca rescatable, lo de la amante conductora de tv es dar en el clavo. Pero la superioridad, el menosprecio continuo, la historia como para bestias hacen que uno no se ría mucho o nada. McKay se la juega toda es cierto, es osado, tiene personalidad, pero eso tampoco necesariamente significa grandeza. La verdad que quiere movilizar el pensamiento debe tener su tino, debe tener su educación, debe tener cierto respeto. En un momento dicen que expliquen sin matemáticas; más claro, imposible, pero ya se siente todo alardeando (vacío). Si bien no es que uno alabe la filosofía mas oscura (y por lo general torpe en comunicación), pero tampoco el otro extremo. El filme se la pasa renegando de los estúpidos, que incluye cosas valiosas como las redes sociales, aun cuando es verdad la libertad requiere de responsabilidad y madurez y cantidad de gente no la tiene ni la valora. Justo ahí es otro punto, hay que valorar, agradecer, ser un poco humilde, y eso va para todos, hasta para genios y gente muy popular. Hacer algo contra el cambio climático es urgente, pero requiere otro tipo de "arreo", no tan vulgar, porque el trato es chusco, es como imitar el mismo método del que se quiere reír. No es necesario decir estúpido para explicar algo, tampoco la literalidad. Hay mejores formas. Hay chistes que no son graciosos. También, aunque un final más breve y más humilde, mejor final el de Melancholia (2011). 

lunes, 17 de febrero de 2020

Once upon a time in hollywood

Tarantino puede ser banal, pero también muy entretenido. Tiene secuencias fuera de serie como cuando Brad Pitt va en busca de un doble abandonado con unos hippies, interpretado por el master Bruce Dern, y se ve como un escenario de terror -género maravilloso- donde los hippies pueden actuar primitivamente contra el doble de cine que hace Pitt. El filme se carga de suspenso por ese entonces, donde suma un dotado manejo de cámaras. Otra secuencia alucinante es cuando Pitt lucha contra un vanidoso y sobredimensionado Bruce Lee pero aun sí un buen peleador; Tarantino demuestra mucha imaginación y hasta suena crítico contra la leyenda del arte marcial. El western en blanco y negro que articula DiCaprio -otro género adorado- también muestra bastante encanto. DiCaprio es un tipo más soft en la película, mientras Pitt hace de un tipo duro y fuerte hasta los huesos, pero sumamente leal al personaje de DiCaprio, que hace de un actor famoso venido un poco a menos. En el filme se muestra la vida de Sharon Tate (en los zapatos de la hermosa Margot Robbie) y el ataque del grupo de Charles Manson. Pero Tarantino apela a la libertad del cine y exhibe un final hermoso, aunque irreal. La propuesta también tiene harta violencia, como con un lanzallamas y quemar vivo a criminales. Es un filme entretenido, que se dedica a eso, más que a tener alguna historia, o maneja una desenvoltura maestra con el hedonismo. Tarantino sabe manipular el ritmo como los grandes, su filme dura 2 horas treinta y tanto y poco se sienten. Éste cine es harto pop, y muy cinéfilo, y dice lo que le place, como cuando refiere al spaghetti western, que tiene su magia y placer, pero también remite al descenso profesional de los actores. Buena dupla de compadres la que hacen Pitt y DiCaprio, cargada de sensibilidad y hombría al mismo tiempo. A Tarantino se le quiere en especial porque es un cinéfilo confeso que hace muchas alusiones a su sapiencia cinematográfica que se mueve sobre el cine de culto, el cine internacional en parte placer culposo y el cine de clase B de cierta manera y porque busca el hedonismo rabioso y auténtico, no trata de ser trascendente -que también es bueno-, trata de que la pases bien y así es con Once upon a time in Hollywood, una película más propia de un director bien cuajado, que se conoce bien, que alguien intrépido en realidad, pero teniendo entre manos una película jugosa.

domingo, 7 de febrero de 2016

El renacido (The Revenant)

Con 12 nominaciones a los Premios Oscar ésta es la favorita del evento, aunque su director Alejandro González Iñárritu tiene un pequeño grupo de detractores, una cierta pequeña tendencia en contra, catalogado especialmente de pretencioso, sin embargo eso poco importa porque The revenant es toda una experiencia en la sala de cine, un lugar de mucha adrenalina y entusiasmo, con el retrato de sobrevivencia de Hugh Glass, un explorador, guía y cazador de pieles de la frontera americana en la región del rio Missouri de los hoy estados de Montana, Dakota del Norte y Dakota del Sur, que fue atacado por un oso grizzly y más tarde abandonado por su grupo de expedición.

The revenant se basa libremente en la novela del americano Michael Punke que tiene la figura verdadera de Hugh Glass y mucho de los hechos que padeció por aquellos territorios nevados y salvajes. Hay que apreciar que el filme es una historia de venganza que puede sonar a mucha ficción, sumándole el cine, las marcas de identidad y las lecturas místicas, de sanación y de sufrimiento de González Iñarritu. Centralmente en aquel paisaje que se inspira en The Abbey in the Oakwoo, del fabuloso pintor alemán Caspar David Friedrich. Partimos del capullo con troncos que crea un especie de chamán indio. Tenemos el homenaje y la rememoración de grandes cines épicos y/o místicos como el de Herzog, Malick y Tarkovsky. Es una venganza donde yace la bien aplicada maldad de John Fitzgerald (Tom Hardy) que viendo por sí mismo y detestando en parte a Glass lo deja moribundo frente a la tensión de la perenne amenaza de los indios que yacen divididos y en conflicto, al igual que luchando contra los exploradores caucásicos, habiendo una sub-trama con la búsqueda de una indígena hija del jefe de una tribu secuestrada por cazadores franceses.  

El filme es un derroche de visualidad, arte y puro cine, donde hay escenas que describen a la perfección lo que es transportarse en una sala de exhibición, sentirse inmerso en un espacio del tiempo, los años de 1820s, con una apertura donde los cazadores de pieles son atacados por los indios, y se ve cómo van cayendo muchos muertos, sobre todo los caucásicos, habiendo grandes acercamientos y tomas de un dinamismo y fuerza expresiva realmente impresionantes, creando la sensación de un mejor 3D –sin haberlo- que de costumbre, haciéndonos entrar y salir de la toma, sentir la velocidad de la huida y persecución, propiciando panorámicas intensas, subjetivas cambiantes con finales llamativos, sintiendo el movimiento y ritmo trepidante y brutal, perpetrándose toda una inmersión, al fabularle muy poca distancia al espectador con aquella batalla campal, habiendo explicites, espectacularidad, un sonido confabulador y una sensación de que nadie importa demasiado en ese ataque, mientras todo fluye con el más grande realismo. Eso no es nada, el ataque del oso grizzly es todo un festín cinéfilo, y más.

Leonardo DiCaprio, héroe absoluto del filme (gracias por su parte a la maestría del antagonista que el talentoso Tom Hardy interpreta, un desgraciado en toda regla), hace un alarde de actuación en todo el metraje, con una entrega a toda prueba, y una conversión en Hugh Glass completa, viendo su larga agonía, y combate personal e ingenio por sobrevivir (comer vísceras crudas, cicatrizar heridas a fuego vivo, escabullirse de la violencia de un río o dormir en el interior de un caballo), pasando por una pelea cuerpo a cuerpo con un imponente oso defendiendo a su crías, la amenaza de Fitzgerald, y quedando sumamente herido y solo en aquel territorio inhóspito y poderoso, aunque cierto que es mucho una exageración su lucha y continua agresión, sin embargo se hace algo siempre entre imposible, apabullante e impactante, un entretenimiento grandilocuente, pero hermoso, por sumergirnos en aquellas extremas vivencias cinematográficas, en un nunca detenerse de tratar de impresionarnos, y ofrecernos sorpresa y placer, ya importando poco la total veracidad (o prolongando y variando opciones en el desenlace, un sonido que trasmite harto anhelo, cierta fiesta y furia, recordarnos el cine coreano de venganza y explicites, o el western clásico). 

Logra ser un lugar de sensaciones y hartas emociones, frente a un combate tras otro, como en aquel mensaje de un cuerpo ahorcado siendo inocente, metido(s) en el “todos somos salvajes”, típico del tiempo y espacio en que se adscribe la trama, que en realidad juega a desmentirse en el filme, porque hay un respeto a las diferencias étnicas, porque Glass tiene un hijo mitad indígena a quien llama la razón de su vida y por quien quiere redención, porque el héroe habla y escucha el idioma de la naturaleza, el de las tribus, cuando le espera el amor de su mujer de raza Pawnee, o porque la justicia llega por Dios (y los indios), esos que agreden, pero también defienden su territorio, negocian, curan y sufren daños.  

domingo, 26 de enero de 2014

El lobo de Wall Street

Que una película de 3 horas de duración te mantenga atento y viéndole de largo sin ningún problema natural de espera se debe a algo, tiene punto de elogio, y es que es muy entretenida. Sin embargo que la última realización del admirado y querido Martin Scorsese esté nominada a mejor película en los Premios Oscar 2014 le sorprende en buena medida a quien escribe esta crítica, si bien tiene el entusiasmo de muchos en el bolsillo y no es que el evento sea infalible. Y es porque raya mucho en la inmadurez, en lo que alguna vez hemos querido ser e incluso soñamos, gozar la vida al máximo, andar de fiestas con mujeres hermosas, amigos desenfrenados, mucho alcohol y drogas que se traducen en juerga y placer total, pero qué mejor que dentro del despilfarro, ser millonario, poder comprar cualquier cosa, y como se dice, hacer lo que nos plazca, hasta llegar a ser una buena persona, porque el dinero lo puede todo. En resumen es una propuesta con un mensaje franco, ya no edulcorado, lejos de ser apaciguador de frustraciones o generador de humildades y conformismos. 

Se puede ver a un policía honesto vivir esa realidad, ser un ente anónimo, solitario y pobre, transportándose en un medio público deprimente, aun habiendo hecho lo correcto. En cambio, el dejar de ser un don nadie se convierte en una prioridad, algo que no es fácil desechar a la hora de la verdad, y no es solo superficialidad o hedonismo, porque pagar cuentas, cubrir necesidades, dar dignidad y seguridad a una familia, como deja ver un discurso sobre el pasado de un empleado exitoso que ha cambiado su porvenir, también está en juego. El filme recalca y retrata plenamente esa idiosincrasia, poniendo perdedores por antonomasia como gente viviendo una existencia de lujo, privilegiada (aunque en tono ordinario), mucho sexo y alegrías de índole juvenil, puras, despreocupadas, excesivas. El sentido está muy claro; el disfraz o consecuencia de la matemática, en el trabajo de los corredores de bolsa, es sumamente real y contundente en ésta historia de hechos verídicos que nos cuenta Scorsese, que se basa en la obra homónima y autobiográfica de Jordan Belfort.  

A muchos les puede doler y molestar ver que en efecto el dinero es más importante de lo que nos quieren hacer creer en cierto ideal alejado del materialismo y que nada en lo romántico, viendo como los ingresos pueden llegar a provocar mucha felicidad, transformar nuestro panorama, y es que si vemos sin distancia y en total libertad ésta forma de vida, un capitalismo directo y transparente, en éste elogio al american dream, pero bajo una figura salvaje y a través de la deshonestidad, nos encontraremos con una sacudida hacia la realidad. No obstante, el exceso hace que no le tomemos en serio, siendo un poco obvio que tampoco se lo toma a sí misma, primando más en ella una especie de comedia, de irreverencia, de hago lo que me da la gana y no hay mucho debajo, no me importa. Su credibilidad entonces oscila entre su rabia e intensidad de contarnos un estado constante de clímax vivencial, sin medias tintas, sin hipocresías, ni mojigaterías ni parapetos morales, sin mediocridad o religiosidad, y el mandar todo al carajo, tanto que se da que el protagonista y la película te dicen que para que explicarte lo técnico de hacer las inversiones y negocios en Wall Street, que no vas a entender nada, mejor va a la atracción, la juerga, los desnudos y la riqueza. Esto genera adeptos como detractores, polariza y enfrenta radicalismos, es la cantaleta de siempre si lo vemos bien, en sentido de darnos un violento y poderoso golpe de honestidad en un tono rebelde, que es pues, no podemos negarlo, una virtud, duele pero es verdad, no hay más, hay que aceptarlo.

El lobo de Wall Street (201) entretiene y mucho, otro irrefutable don, y es lo que sin duda la hace y la hará eternamente recomendable, sobre todo si no somos exigentes con respecto a la profundidad y la mayoría no lo es. Entretienen sus formas y despreocupación, su solventarse con “poco” –el dinero y lo que provee no lo es- por voluntad propia, por ideología, convencimiento y refracción empática, aunque es idónea en su tipo y lo que cuenta, siendo muy coherente con su historia. Pero también llega a agredir mi paciencia, en la convivencia que esperamos afuera y que nos rige; no diré a agotar que sería lo más evidente de decir en contra y sería mentir, pero sus excesos no pueden evitar el vacío, un regodeo malsano, una enojosa estupidez, ¡eso!, que le va en contra en mi valoración, aun gozando y admirando en el séptimo arte cierta brutalidad, locura y la ruptura de reglas que nos suelen infantilizar, que nos dan todo bonito, formateado, convencional o pura fantasía (y en otro tipo ésta tiene de ilusión).

El exceso termina siendo el bastión que divide las aguas, y en ello hallo elogio y crítica, pero me decanto por anhelar mejoría en su retrato, en sus formas, aunque no sean del todo vulgares, porque les salva la estética y mucho conocimiento cinematográfico, aun siendo un filme que no para de golpearnos con fuerza. Éste me recuerda -seguramente a muchos- algo a Goodfellas (1990) cuando se dice que un broker del tipo de Jordan Belfort (Leonardo DiCaprio) es actualmente peor que un gánster, pero también hay que decir que al sobrepasarlo en cuanto a la desconcertante personalidad sea a todas luces un filme muy inferior a Goodfellas que es una obra maestra.

DiCaprio es un buen actor, tiene altibajos como cualquier otro, pero tiene indudable talento, empezó de muy pequeño, tiene harta experiencia, y se nota incluso cuando comparte las enseñanzas del breve papel -pero capital en el recuerdo de una formación- de Matthew McConaughey que tiene simpatía y no se amilana ante una carrera más sólida, como la de su compañero, y hace algo ejemplar y útil. Sin embargo, no creo por completo que DiCaprio se vea como un aprendiz de él, aunque McConaughey haya crecido mucho ante roles exigentes en el último tiempo, e igual me guardo el veredicto final de mejor actor principal hasta que vea a McConaughey en Dallas Buyers Club (2013).

DiCaprio se viste de lo mismo que el filme, del extremo, por algo es su protagonista y esencia, y da una interpretación con gritos, largos discursos encendidos, una expresión emocional a flor de piel, no teme explotarse en la intensidad, en la lujuria, en la irreflexión, pero siendo inteligente, locuaz, persuasivo, es un ir hacia adelante con una seguridad abrumadora. El actor y el personaje lucen entregados a su profesión, capaces de (casi) todo, y es notable. DiCaprio exhibe que merece mucho respeto como actor. No obstante falla algunas veces porque a cada rato se le pide que sostenga ese comportamiento, que presente una expresión desaforada, que la tiene y es imponente, aunque funciona más o menos dependiendo el momento, y que no le quita que mantiene en general lo que se quiere de su presencia. Pero ciertamente consigue ese gran peso que es ser un iluminado, yacer en la gloria, representarla, que sea el más terrible y el más audaz del clan, y basta verlo drogado y articulando invalidez mientras se arrastra hacia su auto último modelo para que quedemos boca abierta con él.

Jonah Hill a ratos sorprende, intenta generarse un nuevo registro cuando parece algo limitado en un estándar de sujeto gracioso y poco camaleónico, no tiene mucho gesto original o nutrido. Pero aunque logra algo, su conjunto es sólo correcto, termina siendo anodino y bobo como acostumbra. Tiene destellos, en lo inicial, pero no vuela alto, no es completo.  

Hay que destacar el bien logrado mundo de las drogas y la prostitución, tanto que la fiesta luce más importante que Wall Street, que parece un mero pretexto que deja paso a algo más atrayente para el público, aunque tenga su clara necesidad como historia mayor, se requiera de un fundamento serio y valioso, finalmente “corrompido” para deleite del espectador. Es rico (literal), hay que reconocer, ver a tanta mujer despampanante (aunque suene machista), en su tono más primario, en uno solo, lo sexual. Se pueden observar desnudos completos de mujeres impresionantes, rubias curvilíneas como Naomi Lapagliala, la duquesa, esposa de Belfort, encarnada por Margot Robbie, una australiana de suma perfección física, muy bella, además de muy sensual, la que aporta su grano de arena como actriz, da un plus y hace algo bastante digno, teniendo sus momentos dramáticos y efusivos. No es Sharon Stone, pero es bueno ver que Scorsese sigue apostando por sangre nueva.

El filme subyace en el circo, y es que somos muy básicos también, no se puede negar, y nos atrae la vida del llamado lobo de Wall Street (la humillación en la comparación de ingresos durante el yate, aunque manida, más clara que el agua no puede ser), como él mismo lo dice, y puede que perdonemos la sequedad de tantas escenas, o la tontería (que también tiene ironía, ¿no lo es el sobrenombre de Mad Max?; y además sobra el sarcasmo), como imitar a Popeye con la cocaína, mientras nos impacta la recreación de un prominente culo que sirve de recipiente para drogarse, habiendo solo temporalmente rastros de dura reprobación como parte de un paquete, pero que no es la idea tachar sino ver al ser humano hasta en lo deplorable.

Scorsese le da al pueblo norteamericano lo que quiere, lo llena de coraje y orgullo, vitoreando salir de la pobreza y querer ser un ganador, y desde luego que es bueno creerlo, más repitiéndolo como un lema que importa mucho, el resto es disfrutarlo al gusto, es parte de un ideal y motor nacional aunque en un tono novedoso en cierta forma o el propio de la contemporaneidad, el actualizado dentro del libertinaje. Lo hace bajo el motivo del entretenimiento que le excusa de cualquier limitación, de alguna indignación que le exija cuentas, como hacerse cargo de los valores del filme y de su lugar de director. Se ampara, como explica, en la “mala” publicidad, la que enamora y cautiva a la mayoría hoy en día. Es un trabajo cinematográfico que yace libre del juicio tradicional. Son otros tiempos, y se respeta el arte como tal. Si en otros territorios existe La gran belleza (2013), aquí Estados Unidos muestra lo suyo, tienen a El lobo de Wall Street, y aunque menor en alcance artístico (en el interior de un filme potente y de más fácil seducción) son complementarios, son dos caras de la misma moneda. 

martes, 20 de diciembre de 2011

J. Edgar

Si hay alguien en Hollywood que hay que admirar rotundamente ese es Clint Eastwood, actor legendario que se ha ganado el cariño del público con películas de buen entretenimiento y que pasó a ser un director serio, inteligente y exigente que como cualquiera tiene sus altas y bajas aunque con claro talento: dos premios Oscars a mejor dirección suenan más que honorables. Cualidades profesionales que yacen en ésta última película que es académica por antonomasia pero desprovista de sentimentalismo ramplón.

No es el motor del filme robarle una lágrima al espectador ni sacudirlo con un drama que retrate enfermos terminales o causas perdidas, ¡no!, se trata de mostrarnos a un hombre en toda su grandeza, con sus defectos y virtudes (por supuesto más de éstas últimas porque sino para qué tanto honor), con sus hazañas e innovaciones. Se nos describe la vida del director y fundador del FBI, John Edgar Hoover (un impresionante Leonardo DiCaprio que domina las escenas y se roba momentáneamente su alma), y no falta la admiración del director por el personaje. No obstante nos devela toda la idiosincrasia que viste de cuerpo entero a éste representante del alto poder americano.

Lo vemos siendo sutil con una pequeña advertencia al presidente Kennedy, le observamos hurgar en la vida privada de cuanto ciudadano sea considerado comunista radical e incluso a cuanta persona albergue alguna presencia pública manteniéndolos archivados en sus documentos privados (que como bien dice ¡información es poder!), no hay medias tintas con él, que pretende defender la hegemonía angloamericana deportando cuanto rival se le ponga en su camino si amenaza la ideología reinante de su gobierno, efectivamente puede jugar sucio y su motor es mantener las libertades como el modo de vida norteamericano con penetrante convicción o a toda costa.

Sobre su cabeza pende el mismo extremismo y devoción de los que combate pero maneja sus armas con ciencia y disciplina, siempre delante de los demás. Definitivamente no es el tipo perfecto ni de los que despiertan afectos, es quien se ensucia para que otros vivan mejor, por lo menos en su país. Es el que vive en la dura realidad y que la modifica para hacerla tan romántica para los demás. Un sujeto de servicio que en la sombra mueve sus piezas y da la cara ante la amenaza, dentro del crimen, la política o cualquier forma que implique inestabilidad en la seguridad nacional, ese es su deber. Por todo un tipo grande, pero por lo mismo oscuro. Tiene que ocultar su homosexualidad o -lo que se esboza bajo una dignidad artística de parte de Eastwood- su ocasional travestismo.

No podemos engañarnos, Eastwood quiere brindar un homenaje a éste ser humano duro e implacable, metódico, firme y a la vez inseguro, desprendiéndose del relato qué se le debe mucho a quien se le dedica éste largometraje. Alguien que desde joven se convierte en un eje de decisiones en el territorio más poderoso del mundo. No es poca cosa sin duda y para convencernos nos demuestra el cineasta que hay que romper huevos para hacer una tortilla. No necesariamente hay que comulgar con las ideas del protagonista, si fuera así va a disgustar su figura tan nacionalista o su falta de valentía para mostrar su identidad sexual. Sin embargo ahí yace la mano del creador, de Eastwood, porque nos hace entender que ese hombre busca la grandeza desde el inicio, exige lealtad a su departamento como la que representa su secretaria y fallido amor heterosexual o -quizás como se deduce- un intento de excusa para las apariencias. Coloca reglas en su grupo de trabajo, buen físico, entrega, intelecto y casi una cierta excepcionalidad; sacrifica cuanto puede para lograrlo, puede que los datos descritos se hagan poco, incluso, para comprender su éxito, pero el filme no pretende el exceso y se hace en parte seco porque en su mayoría respeta la historia.

Hay momentos que son recreaciones interpretativas que de lo privado solo queda imaginarlas, pero abren el entendimiento siguiendo una concatenación racional. El maquillaje no es totalmente efectivo, pero ayuda mucho; para nada desmerece la realización sino sirve de credibilidad para mostrarnos el envejecimiento. No podemos esperar no desligarnos de entenderlos como efectos especiales y no tener en concreto la imagen verdadera de los actores, pero sirven al uso que se necesita, unir los diferentes tiempos y dar matiz espacial variando contextos y creando una red más compleja en el conjunto.

Quien sepa de Hoover se dará cuenta que los datos son fidedignos o admiten teorías de solidez, ya que alberga casi todos los hechos más importantes como el secuestro del bebe Lindbergh al que la película le dedica amplia cobertura desde todo aspecto, hasta neuronal. No ha explotado la parte más pintoresca para la mayoría en la cacería que dedicó a los llamados enemigos públicos, sino más bien vemos la fabricación del imaginario publicitario de su equipo. Eastwood se enfoca en el requerimiento político de consolidar su figura de principal mando del FBI bajo la obligación de participar directamente en los arrestos. No obstante, sin grandilocuencias, aunque con temple para revelar hasta qué grado iba el compromiso de nuestro héroe, la máxima irreverencia que se permite el director del filme, siendo una hazaña presentarlo como tal, en lo posible ya que tenemos que entender que busca encumbrar y no desmerecer, para lo que se da bajo la plena consciencia recreativa del cineasta como con la pelea con Clyde Tolson que lleva pasión, pero sin perder esa dignidad que tanto mortificaba a Hoover en el simbólico acto de no saber bailar.

Actrices como Naomi Watts y Judi Dench son vitales respectivamente como Helen Gandy, la mano derecha y conocedora de todo secreto personal de Hoover, y Annie Marie, la madre que tanto decidió el carácter de la máquina detrás de la Oficina Federal de Investigación (FBI). Ellas son dibujadas como figuras discretas y a su vez decisivas en la trama. También lo es Armie Hammer, a pesar de ser menos impactante y eso no quita que haga una decente interpretación como el gran compañero afectivo y laboral de Hoover, otro pilar en lo que se nos propone con bastante elegancia y sin sensacionalismo. Un defecto es no manejar bien la juventud de la progenitora en un determinado momento -fuera de que sea corto- a raíz de mantener a Dench sin denotar bien el cambio de edad.

Es una realización cinematográfica que gana por su historia, que lleva actuaciones dotadas y que no será una obra maestra, pero es de las que cualquier cineasta sentiría placer de tener dentro de su filmografía. J. Edgar (2011) es un filme que se debe al arte y que en última instancia, como con los buenos vinos, sabrá el tiempo recompensar.