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miércoles, 4 de julio de 2012

Mientras duermes


Proviene del director de Rec (2007), famoso filme español de terror que se adscribe a la cámara en mano imitando un documental, denominado mockumentary o falso documental. Le pertenece a Jaume Balagueró, que ésta vez nos pone en pantalla a un hombre que no puede conseguir sentirse feliz. Deprimido y proclive al suicidio decide hacerle la vida miserable a una chica que vive en el edificio en donde trabaja de portero. Lo hace a escondidas con el más horrible afecto a esperar destruirla.

La tensión es de una notable capacidad creativa. El susodicho llamado César (Luis Tosar) suele esconderse bajo la cama y esperar ahí a su víctima, con lo que se fabrica siempre un riesgo y una continua sorpresa en ese movimiento. En un momento  producto de ello se da uno de los mejores clímax del filme. Sólo una niña sabe que éste trama algo contra la vecina, la bella y sonriente Clara (Marta Etura); pequeña que luego de una magnífica actitud de malacrianza y picardía detrás de algunos chantajes no logra verse convincente como actriz una vez que siente el pavor de verse afectada por ese trastornado que llena un apartamento de cucarachas en busca de sentir satisfacción con el dolor ajeno, como forma de sentir que no es el único negado de la alegría por la vida. El malsano sujeto tiene una confidente que es su madre, una anciana postrada en una cama de hospital que escucha constreñida como su vástago trama las torturas contra una pobre chica que no ha hecho otra incitación que tener la mala suerte de haberse cruzado en su camino.

Luis Tosar nos proporciona una cara productiva de la perversidad en su detestable personaje y aunque logra atrapar la sustancia de éste, pesa sobre él algo de la fama que le atribuye una nutrida filmografía, a ratos cuesta desligarlo de una imagen menos cruel, sin embargo mantiene en general un equilibrio en todo el metraje sosteniendo los actos de iniquidad que son el reflejo de un alma vacía. El filme juega limpio, es muy transparente y hasta simple; ella es la inocencia y la felicidad; él, el odio y la venganza gratuita, la realización en doblegar el optimismo y la buena fe del prójimo.

Balagueró recurre a figuras concretas que focalizan ambas esencias antagonistas, Cesar subido en el filo de la azotea monologando deprimido su situación emocional; Clara bailando libre y entusiasta misma Tom Cruise en Ricky Business (1983). Puesto con claridad el contraste a la vera del punto de inflexión que de arranque nos fabrica el relato, el desarrollo es cabal con el leitmotiv de la película. Aplastarla hasta llevarla a su propio estado de ánimo es la misión que se ha propuesto ese solitario y mediocre portero que mueve los hilos de un castigo perverso, con lo que se desencadena el terror realista que nos ofrece el cineasta catalán, decidido a darle verosimilitud a su obra, sea haciendo presencia la policía o cuando alguien descubre al culpable de tanto percance qué padece Clara. No obstante la reiteración, la convicción y el éxito nos remiten a algo fantasioso, que como divertimento hace maestría, desinteresado de tomarse demasiado en serio, como con algunos sonidos fuera de contexto, algo humorísticos para la vejación que se nos narra a flor de sentirnos culpables de alguna vez haber deseado el mal a aquellos seres humanos que tachamos de irreparablemente excepcionales para contener la buena voluntad, la afabilidad y el optimismo.

En parte duele el sufrimiento y la maldad de donde viene pero también se hace algo superfluo, con cierta falta de empatía para con el espectador. La saña no está edulcorada sea para bien o para mal. Aunque hay una notoria fuente de conmiseración hay algo de justificación en Cesar, punto a favor y necesario del filme. Los gritos desesperados en la ducha algo merman su arbitrario proceder, si bien a fin de cuentas termina siendo algo caricaturesco, pero tampoco el formato lo desvirtúa sino lo hace encajar, funciona. Es un filme con aire ligero, despreocupado, accesible y no por ello reprobable, porque juega bien sus fichas y se hace ágil y entretenido, algo irónico pero real con la magia del séptimo arte que a veces nos acerca y a veces nos distancia, aquí lo vemos de lejos como con esa carta conclusión ya exagerada, la marca de un cuento cruel que nos remite a una metáfora de tener los ojos cerrados con algunos malvados que se mueven como reza el título mientras dormimos, una sacada de vuelta a esa frase de poner la otra mejilla, de no ver y no hacer. Se puede amar lo que se odia nos dice la película, a un caso y en el otro esa es la única salida que encuentran Cesar y Clara.

miércoles, 20 de julio de 2011

También la lluvia

Fue una de las grandes competidoras por los premios Goya 2011 que solo llegó a obtener un reconocimiento de tres galardones, dirigida por la cineasta española Icíar Bollaín. Tiene como figuras importantes al actor mexicano Gael García Bernal en el papel de Sebastián, director que realiza en Bolivia una película sobre las atrocidades acaecidas durante el descubrimiento de América, y al actor español Luis Tosar como Costa el productor del filme.

Mientras todo el reparto de una realización cinematográfica se traslada al país altiplánico se ven en medio de una lucha que mantiene la población indígena contra las autoridades gubernamentales producto de la privatización del agua. En esa batalla campal sobresale un hombre llamado Daniel que es el que lidera los levantamientos contra el estado, que también participa en el casting que se hace a los pobladores andinos donde es escogido para interpretar a un cabecilla indígena que lidera los ataques frente a los abusos de los españoles. Costa se involucra con él solventando una amistad que empieza por negociaciones que competen a su producción, pero termina entablando una relación fraternal.

En la película se dan dos historias paralelas, una es la película que recrea el descubrimiento de América, la cual se hace de forma entre moderna y antigua, dando a entender que son personificaciones asumidas en la actualidad en que se utilizan escenarios contemporáneos y otras como si volvieran en el tiempo detalladamente y en el contexto realista. En ese aspecto hay un ejercicio de denuncia, se relatan las defensas de los pobladores por parte de personajes históricos de las misiones religiosas a los que se les atañe ideas revolucionarias de igualdad y libertad en comparación con el maltrato y la violencia que ejercen los conquistadores que no dudan en mutilar o asesinar a los autóctonos americanos. Dentro de lo curioso está que Cristóbal Colón es descrito como un tipo ruin, ambicioso y cruel, que promete riqueza y esclavitud en beneficio único de la corona española. El actor Karra Elejalde lo dibuja con la mezquindad necesaria que requiere esa imagen, con lo que se alzó con el afamado premio Goya. En segundo lugar está el problema del agua que viven los pobladores y los lleva a una revuelta con disturbios en las calles que requiere el uso de la fuerza por parte de la policía.

Hay una mirada socialista que defiende los derechos de los indígenas, el enfoque es que el gobierno abusa del poder imponiendo ordenanzas que están fuera del alcance de los pobladores más pobres que no pueden acceder al agua, que se les quita la oportunidad de utilizar pozos producto de que escasea el líquido vital y se ha de distribuir mercantilmente bajo una empresa privada. Si bien es lógico que pueda privatizarse el servicio del agua, la película hace ver que la economía de los indígenas no permite que puedan pagar por ello, colocando una disyuntiva sin solución que solo resalta la indiferencia y la imposición del gobierno que hace hincapié en llamar a esa oposición bajo el eterno rótulo de barbarie y atraso. Hay un claro caso de falta de comunicación y acuerdo como un no deseo de negociación entre ambos bandos, por un lado los aparentemente más débiles que sienten la represión y contestan ávidamente, mientras los otros los poderosos buscan cumplir con la ley que dictan.

Dentro de sus características está que existe una cierta vulgarización contextual, como el uso de un lenguaje coloquial y algo limitado, hay una ambientación que muestra el formato algo rústico, en parte he sentido como si viera una versión española del cine peruano tradicional, de ese que se puede catalogar de poco exitoso y que en los últimos años ha tenido una grata mejoría con algunas excepciones. No es que sea una mala película pero está plagada de defectos, tiene un interesante aire político e histórico crítico aunque con actuaciones que dejan mucho que desear como la irregular performance de Juan Carlos Aduviri que hace de Daniel -y que se le puede perdonar por su inexperiencia- que en ésta realización se convierte en pieza indispensable y recurrente, como las de muchos actores bolivianos carentes de talento; se ve en un momento que hay una asamblea de pobladores que tratan de ver el problema del agua y parece una mala clase de interpretación.

El guión no aporta mucha magia a los protagónicos, Bernal sostiene una personalidad demasiado caprichosa y voluble que puede llegar a entenderse pero no luce demasiado apreciable, en todo caso no logra gran efecto en el espectador, a un tiempo bondadoso y a otro momento insoportable. Tosar es el que mejor sale en pie del asunto, dándole humanidad a su personaje, y aunque también cambia de actitud parece más aceptable, aunque tampoco es mucho.

El mensaje es notorio, notable, el ser altruista, hay buena voluntad pero para quien vive en un mundo ya con mucho uso del tema no convence porque el maniqueísmo es anacrónico y las idiosincrasias sociales son más complejas si bien la revolución que vive el filme sobre el agua parece que ha sido verdadera y la transgresión de la representación de un Colón inhumano se ampara en un hecho contundente como una carta que envía a los reyes católicos.