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martes, 15 de mayo de 2018

La última tarde


Laura (Katerina D’Onofrio) y Ramón (Lucho Cáceres) van a firmar sus papeles de divorcio tras 19 años de no verse, cuando ella escapó de su relación y de la situación que vivían. El gran meollo del asunto es que ambos fueron terroristas, pero ambos lograron esquivar la cárcel y siguieron adelante. La polémica está en que se humaniza a los terroristas. Aquí escuchamos que fue una opción intelectual, de justicia social, más allá de la violencia ejercida que queda secundaria, y argumentan sobre ésta militancia, lo cual en nuestro país suena difícil de manejar, ya que tanta muerte y caos del terrorismo cuesta verlo tan tranquilamente.

Laura y Ramón tienen que hacer tiempo hasta que vuelva el encargado y firmen sus papeles, y se van a dar una vuelta. Se ponen a caminar por Barranco, luego toman un taxi a un café en Miraflores. Pasan algunas cosas, pero lo más interesante es que se ponen a conversar y sale una y otra vez el pasado de su militancia en el terrorismo. Ella revela otras cosas, como que se le acusó por una infidelidad de ser puta de alto vuelo, pero lo que resuena es la palabra terrorista. Eso al fin y al cabo es lo que le da trascendencia a ésta película tan sencilla.

El filme pasaría sin pena ni gloria si no fuera por los diálogos sobre terrorismo, intelectualizar esa parte tan oscura, dolorosa y capital de nuestra realidad, lo cual le da originalidad al filme de Joel Calero, que lo toma con naturalidad, lo que puede afectar, fastidiar, pero también le da forma al filme como arte. Cierto que verlo de esa manera es un golpe a la realidad misma, a tanto dolor, pero como película, como ficción, como historia de interés y la estructura de una narrativa, funciona.

El filme crea cierta superficialidad en cuanto al trato del tema, lo normalizan, aunque da volumen a sus personajes de ficción, que aminoran un tema tabú, un tema al que no le permiten tanta libertad. No obstante el mundo de estos personajes gira a ese derredor, es el comienzo, centro y fractura de su relación amorosa. Si no tuvieran esto los personajes serían prácticamente ordinarios, sin mayor tipo de enriquecimiento. Pero el filme agiganta también la realidad, le da un nivel intelectual, que en buena parte no tenía el terrorismo o no se manejó así finalmente, sino había más inconciencia, alienación y brutalidad.

Los diálogos tampoco son plus ultra, pero sí permiten crear un filme más que digno, más apetecible, de lo que normalmente hubiera sido en la imitación de un filme de diálogos de pareja, de paseos, que al final es a lo que gira cuando terminan teniendo sexo, entre lágrimas, dos almas sufridas cobijándose la una a la otra, la última fotografía. Es el amor que de alguna manera redime, como el compromiso social. Desde luego, es un filme polémico. Difícil entender la violencia, sobre todo porque está fuera del retrato. Muchas conclusiones de la temática son muy fáciles al oído, muy condescendientes.

Por lo demás Calero tiene algunos cambios de cámara, algo sencillo, pero que permiten generar una estética cinematográfica decente tras las largas secuencias donde caminan. También hay pasajes variopintos, algunas novedades mientras continúan los diálogos, como el robo, ir al taller, el tomar el taxi y poner una canción romántica en el auto y verlos por el espejo retrovisor o sentarse en la calle a vista del paisaje lírico limeño.  

Ramón en realidad no ha cambiado del todo, lo cual suena un poco atrevido, aun actualmente, y Laura ha vuelto a sus orígenes, se ha aburguesado nuevamente, ha dejado atrás la locura. Ramón es cusqueño, un tipo humilde y de compromiso social hasta el tuétano. Laura es de círculo social alto, publicista valga la redundancia. La lucha de clases asoma siempre, aunque mucha política queda bastante distante frente a la brutalidad que hemos vivido como país.

La frase de Lenin, lo mejor de la burguesía son sus mujeres y sus vinos, suena mucho a sueño húmedo de chico marginal, igualmente a frase pícara, más que justificación a tomar en serio, la que sería el simple adoctrinamiento o corrupción, de la mano del enamoramiento de juventud, un amor loco, un amor ciego, que terminó tal cual, en un arrebato de apasionamiento.

La mejor frase del filme dicho vulgarmente y que puede sonar un poco a contradicción, aunque más entre claudicación y enojo, como se pinta de cuerpo entero el protagonista, es los gallinazos tienen mala fama, pero no joden a nadie, es decir, viven de lo que sobra, de lo que no se quiere. Él es violento; ella emocional, pero también feminista. En un momento se habla de las rabonas –mujeres que seguían a los soldados patrios- y sale a la luz el concepto más bien de la mujer con decisión, lo cual termina justificándola en su escape.

viernes, 10 de octubre de 2014

El elefante desaparecido

La segunda película del director peruano Javier Fuentes-León, después de una de las mejores películas nacionales de los últimos tiempos, Contracorriente (2009), es un buen rompecabezas, como la imagen que debe reconstruir nuestro protagonista, Edo Celeste (Salvador del Solar), en sus pesquisas tras la desaparición del amor de su vida perdida hace 7 años. El filme salvando ciertas distancias recuerda a Mulholland Drive (2001), en la mezcla de realidad con ficción, a la vera del surrealismo, siendo un filme de meta-ficción, donde en constante circulo se fusionan las identidades de un escritor y el personaje de su libro (hasta lo inimaginable y sorpresivo), al compartir la pérdida de una mujer importante en sus vidas, en donde la línea divisora se llega a aclarar coherentemente pasado el metraje, siendo todo entendible, en qué pertenece a la novela del detective Felipe Aranda y lo que aguanta la narrativa literaria de su relato de fantasía, a su vez independiente y vivo en sí mismo, y lo que consume de la vida personal de su autor, en donde el juego de espejos permite el misterio e intrincamiento que presenta ésta honesta propuesta, que posee una saludable manipulación de sus piezas. Da forma a dos historias paralelas unidas por un mismo sentimiento de abandono, o de proceso inacabado, en que una alimenta a la otra. Parte por igual de la imaginación de unas letras como de un deseo de superación; el personaje del libro no sólo es un álter ego, o un doble, sino el retrato tanto de alguien querido, como el que expurga la oscuridad de un causante, y viceversa. No deja de ser una eterna combinación y sólo si unimos unos pedazos hacia un lado y los otros en su complemento, coloquemos un soporte externo a las leyes naturales, en una repuesta ficcional ante el dolor, que entenderemos el conjunto.

Es una propuesta que tiene una filmación austera pero de buena calidad, con técnicas puntuales y actuaciones efectivas, como las del dúo Salvador del Solar y Lucho Cáceres, éste último como Rafael Pineda, dos buenos actores nacionales, teniendo Cáceres potencial para seguir superándose (en mi caso no deja de sorprenderme), y un Salvador del Solar cuajado y cómodo. Con ellos la bella Angie Cepeda, que hace un papel chico, en todo sentido, pero cumplidor; Vanessa Saba, que sirve de musa, cumple igualmente; Tatiana Astengo, que es una fiscal y el supuesto enemigo, implica mesura en la apariencia, pero al mismo tiempo es incisiva y con carácter en la profesión judicial, exhibiendo además una breve, intima, fresca y típica sensualidad, en una actriz que no es todo lo imponente como se pudiera creer pero logra hacer un trabajo decente; Magdyel Ugaz, como una amante, papel minúsculo, casi invisible aunque bueno (de quien recordarla del arranque de Mariposa negra, 2006, en un auto teniendo sexo con dos tipos dentro de una puesta artística más no vulgar, uno diría que impactaba muchísimo, pero el tiempo se llevó en cierta forma esa ilusión); Toño Vega, que ha sido popular en el cine y en la televisión peruana y no lo hace mal, esperaba menos de él, la verdad, o nos tenía acostumbrados a un estilo y lugar de confort, ni terrible ni luminaria, en la presente luce suficientemente creíble en el rol de agente literario; y Carlos Carlín, que como sabemos no siempre es un tipo cómico, puede ser serio también en pantalla, demostrando que con él hacer reír es un acto de elegir el momento, y qué bien por ello.

Javier Fuentes-León además escribe el guion, uno que debería de fomentar más que una rascada de cabeza. Éste tiene su ingenio y personalidad, como en las viñetas del detective. Se ve alguna escena de la magnifica El tercer hombre (1949), un pequeño homenaje al cine negro, género que se esconde detrás de un thriller pensante y un poco más reposado de lo habitual. Éste filme bien se define en su metalenguaje, en una alusión a un lugar en la playa Mendieta, en Paracas, sobre un gigantesco elefante de roca que implica al arte natural y luego al contemporáneo. También está presente la simbolización de los perdidos en Ica en el terremoto del 2007. 

viernes, 31 de agosto de 2012

Cielo oscuro

A nuestro cine parece que no puede faltarle el criollismo ya que de no ser así -se cree y tampoco suena ilógico- no nos reconocemos en nuestro séptimo arte, y parece una regla de la cinematografía peruana y ya saben lo que se dice de las reglas en el arte (hay que romperlas). Se trata de la picardía de la calle de la que todos nos vemos influenciados para bien o para mal, desde cualquier capa social; la adaptación al entorno de la jerga nacional, el lenguaje coloquial y la cotidianidad con que solemos resolvernos (los lugares comunes del imaginario patrio); además predomina el demostrar que somos despiertos, sencillos y “espontáneos”, dentro de la ciudad más moderna y sobrepoblada del país, la que lo absorbe todo, la capital, claro.

El filme sigue éstas coordenadas pero lo hace bien digamos, abordando una trama puntual, los celos infundados de un hombre. Puede ser un relato insípido a ratos, muy poco por resolver, sin embargo enfocado saca provecho de una temática universal. Los casos que prevén la inminente separación o quizá una tragedia resultan interesantes, son fáciles de identificar, pero eluden lo forzado, son creíbles y hasta algunos cómicos. Toño (Lucho Cáceres) en medio de una postura sexual que hace ver a la actriz Sofia Humala muy deseable, una flaquita de curvas medidas, grita de pronto: ¿en quién estás pensando?, y nos saca de cuadro produciéndonos una carcajada. Luego Toño argumenta: si no vas a llegar al orgasmo para que ponernos en esa pose, ¿a qué se debe?, y así, la "broma" continua.

Toño es un personaje implacable en tener desconfianza de la nada, pero en su mente está la sombra de una reciente ex pareja de su actual compañera, Natalia (Sofía Humala), y para peor de males para él está en el grupo teatral al que ella asiste. La idea está clara, el tipo tiene un problema pero la historia no hace hincapié más que en lo superficial, no obstante funciona, es solo la idiosincrasia de una persona torpemente celosa, no hay pretensiones y aunque la estructura hace posible una realización correcta, bien planificada y simpática, queda en lo que quiere, algo menor y seguro, lo cual para una ópera prima puede ser entendible, e igual espero que el director Joel Calero siga creciendo.

A los personajes y su realidad nos los muestra siempre con economía, con el justo necesario y tampoco falla, queriendo tener sumo control por donde se mueve, concentrándose en la interacción de sus actores, desarrollar eso que tan rápido se logra en nuestro cine, vernos ahí en pantalla, y si bien busca lo de siempre es una película entretenida y asimilable, aunque no demasiado sobresaliente. No obstante denota dominio explotando el background cinematográfico nacional, pero sin excesos, sin volverlo burdo, siendo simple pero no barato, estamos sin discusión ante una construcción artística, sabiendo lo que quiere y se conoce pero aun así en sus propios términos, retocando lo pasado, bailando una pieza conocida a un tono limpio y prominente en querer producir ante todo varios momentos pequeños –encuentros- que brinden naturalidad al desarrollo, que el tiempo y la evolución de la relación central tenga camino (en corto lapso debe crear la relación y luego agredirla in crescendo), y que las figuras humanas tengan materia (se enfoca en lo primario y está bien sin aspavientos), los dos principales si la tienen. Una con el vínculo con su grupo de teatro y el reencuentro con su padre (Roberto Moll, que habla raro y se ve descuidado, y al que le falta desarrollo), un personaje inocuo aunque se le entiende como propulsor del acercamiento hacia Toño. El otro con su familia rota y sus nexos afectivos, la crítica ex esposa (Norka Ramírez, convincente pero de poca aparición), su pequeño hijo, su madre, su mejor amigo Arturo (Paul Gastello, como el compañero medio tonto y gracioso) y sus compañeros de trabajo en el Centro Comercial de Gamarra, cuna textil popular contemporánea peruana. Mención aparte de la vedette Mariella Zanetti de prominentes tetas que hace de una trabajadora del puesto de Toño y que sorprende, se le pudo dar mayor espacio, y no solo es una –obvia- petición de acrecentar la injerencia sexual. 

El filme tiene un toque erótico, mesurado a fin de cuentas y que se acopla al conjunto, lo que nunca falta en nuestro cine, y que hizo correr de la sala a algunos viejitos, se fueron cuatro, puede ser eternamente incomodo pero así somos y en realidad la mayoría de cinematografías (Hollywood tampoco nos niega algunas anatomías, con tomas más cuidadas). El comienzo solamente me pareció vulgar con la masajista y la estimulación manual, no sé cuan necesario resultaba aunque no se ve directamente en pantalla.

Lucho Cáceres actuó bastante bien para su primera vez en el cine, estuvo sólo demasiado calmado, con ello evitó caer en la sobreactuación ya que tenía escenas violentas, de mucho enojo y discusión. Sin embargo se denotó algo antinatural, sus celos enfermizos no equivalían mucho a su expresividad corporal, que hay gente así se comprende, pero de esa forma se evitaba la intensidad y con ello había menos emoción para el público, pero la sobreactuación era un gran riesgo, aunque con lo hecho quedó más que decente, mucho si vemos que el peso estaba sobre él y el filme no reprueba. Sofia Humala, que viene de las tablas y que también debutaba en el cine, era más ávida en la manera de actuar, a ratos se hacía atropellada pero podías verla en el papel, una artista joven de teatro, fresca y a su vez indefensa ante ciertas circunstancias; no resultaba un estereotipo, se pudo pensar en hacerla bohemia y medio loca, no obstante se optó por algo más maduro, y se veía que tenía de dependiente emocional hasta económicamente, que hacía del personaje proclive a caer en las manos de Toño. Notabas esto en su construcción y no quitaba idoneidad e inteligencia a su práctica, como toda la obra que demuestra mucho oficio. Ahora Calero debe buscar atrevimiento y otro nivel de ingenio para que logre concebir ese cine que todos queremos, más internacional y complejo.