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lunes, 19 de agosto de 2024

The Beast


La propuesta del francés Bertrand Bonello bebe del cine de los/las Wachowskis y es una película de ciencia ficción que mediante un mecanismo futurista, y se dice que lo que hoy es magia o misticismo mañana será ciencia, o como decir lo que hoy es ficción mañana será una realidad, trata de purificar la mente o convertir a las personas hacia un estado más de perfección o mecánico, con lo que se producirán menos errores y muy poco sufrimiento en nuestras vidas, pero nuestra protagonista, Gabrielle (Léa Seydoux), no quiere sacrificar para conseguirlo al que considera su amor verdadero. No desea perder sus emociones y en ello el filme defiende la existencia del dolor, del miedo o de las fuertes ansiedades, porque se nos dice que todo esto nos hace sentir vivos, como quien no quiere rendirse ante la inteligencia artificial o el futuro (lo que en cierta manera alude el vacío), ese que mediante sueños o simulación le pasa revista a las múltiples vidas de un ser humano. El relato es por un lado como estar dentro de una sesión de psiquiatría. Se quiere sanar de las imperfecciones (que debemos atravesar rumbo al nirvana) y esto es justamente ser feliz con La Bestia, la que representa la mala suerte, el dolor y la muerte. Gabrielle siente un amor muy fuerte, muy real y es capaz de hasta enfrentar por éste a un asesino en serie en potencia. Es aferrarse a alguien y no querer soltarlo, las razones en el fondo son tenues pero el amor muchas veces no contiene explicación, pero aquí aplica trascendencia por tener o desaparecer las emociones en general, lo que nos hace humanos, lo que nos hace sentirnos vivos. La existencia pasa por aferrarse a lo difícil de asir, a lo que parece condenado o condenarnos al fracaso. En el futuro todo parece manejable, todo parece fácil que hasta la liberalidad no contiene ningún tipo de señalamiento de corrupción en una habitación destinada para ello, pero esa liberalidad se percibe muerta y eso es por lo que en el fondo lucha nuestra protagonista. Ella se topa con los mismos errores o constantes, aun cambiando de contexto, y en ello se puede entender que se anhela una salida espiritual más que una tecnológica. Gabrielle se ve como una persona básica y algo torpe, como quien además se acoge a cierto primitivismo. Bonello fabrica una narrativa creativa a un punto. Cuando parece recorrer el lugar común logra pegar el salto hacia la novedad, dejándose entender. Las 2 historias de vida de Gabrielle están bien narradas, de por sí son atractivas. El filme está despojado de contener mucho ornamento visual, si bien siempre hay nivel estético. El sci-fi es hacer ver a Gabrielle más que un ser humano, una actriz interactuando con sus memorias, inspirada en alguien pasando por algún casting de principiante, con una Seydoux mostrando talento todo el tiempo y con un George MacKay que en adelante hay que recordar. Gabrielle se introduce en un aparato a lo Cronenberg y termina sorprendiéndose con los Trash Humpers (2009). La trama del filme es como rebobinar una cinta una y otra vez, que recuerda a Eternal Sunshine of the Spotless Mind (2004). 

lunes, 27 de junio de 2022

Crimes of the Future (2022)


Ésta, la última película del maestro canadiense David Cronenberg, fue la sensación del festival de cine de Cannes 2022, aunque el jurado no le dio ningún premio. Se ha estrenado austeramente en Canadá y EE.UU y prácticamente no se ha estrenado internacionalmente en salas. El filme es visualmente austero, luce de muy bajo presupuesto, los lugares se ven lúgubres y con lo esencial solamente, por lo general solitarios y medio abandonados, las calles parecen europeas, viejas, como olvidadas, ese es el futuro de la humanidad que presenta Cronenberg, de decadencia y lujuria aunque por un sexo raro, de búsqueda de perversiones, corrupciones y trasgresiones, aun cuando se percibe que la ley está como Gran Hermano siempre cerca, rondante, es algo gaseoso, con un cierto toque criminal o paramilitar en la labor. También ésta policía yace representada austeramente con un agente de color llamado Cope (Welket Bungué). Éste filme de ciencia ficción está plagado de ideas, es curioso y entendible, tiene también de noir y levemente de terror. El noir es el que abre con una escena muy poderosa y perturbadora, la muerte de un menor que puede comer plástico. En el filme hay dos líneas en lucha. Una es la ley que quiere que nada perturbe el sistema establecido, el orden, lo que todos conocen y viven comúnmente. Aquí entra a tallar una humanidad yendo hacia la destrucción, no existe el dolor físico y esto hace que lo busquen como arte, excepcionalidad y placer, poniendo la cirugía y la autopsias como este mecanismo de expresión y de adquisición. Un famoso artista o performancer de las cirugías como placer y arte es Saul Tenser (Viggo Mortensen), nuestro protagonista; en la trama una celebridad de la corrupción por entretenimiento pero curiosamente es nuestro guía y (anti)héroe y hasta presenta un cierto difícil de clasificar código de decencia. Lo acompaña en todo Caprice (la hermosa, sensual y excelente actriz Léa Seydoux), es una pareja afectiva sin anillo en el dedo, muy libre y muy metida en la búsqueda del dolor como placer. El filme de Cronenberg deforma cosas naturales para plasmar su lenguaje audiovisual, como el parto humano y la enfermedad de la auto-laceración que simboliza esa autodestrucción que nos conduce como humanidad. La línea del orden es otra a la que hoy nos regenta; es otro modo de existencia en el futuro próximo el que ha retratado Cronenberg. Igual luchan por mantenerlo; lo que no nos es común en éste futuro es una amenaza y se busca eliminarlo. En esto yace la otra línea, una metamorfosis producto de la experimentación, y es algo del tipo de la guerrilla y lo revolucionario, aunque en el fondo no hay mayor justificación, es, existe y nada más, son los que pueden comer una barras como de chocolate sintético o el plástico, en esto entra a tallar lo diferente que quiere ser aceptado primero y luego imponerse. El noir juega con éste sci-fi, ese niño muerto (e investigación), es esa lucha entre el orden y lo outsider, puede entrar en esto último lo que podemos imaginar que encaje, como tendencias políticas, sexuales, sociales, etc, nuevos ordenes. Es la lucha medio arbitraria, por lo que muta, el placer por lo extraño y algún tipo de estabilidad o reino. Saul es también un álterego del propio Cronenberg, un tipo que pinta de ser muy curioso, que quiere probar toda novedad, aun a riesgo de morir (o perder), es también metacine, un especie de director de cine en sus performances, un genio inventor de hedonismo a través de lo perverso o de lo que rompe todo límite. En un momento parece irónico oír a Saul confesar que no puede con el sexo tradicional, puede que aludiendo a la vejez, mención del cuerpo maltrecho, como con esa fisonomía de enfermedad que carga encima como monje satánico, templario o medieval que camina de noche en el misterio tras la aventura, esa que el noir le ofrece como revolución. Saul es un artista verdadero, se debe mucho a la búsqueda de arte, a otorgarle significado a lo que no lo tiene, tal cual las cirugías que excitan a Timlin (Kristen Stewart), la que con trampa quiere reemplazar cual hot nerd al indomable y enfermo Saul. Es pues la lucha de dos ordenes, lo nuevo y lo viejo o actualmente común a todos. Esa madre que hace lo impensable es un gen de algo mayor. Es el mundo dominado por las actuaciones, por las performances, por el apetito por lo extraño y los comedores de plástico son presentados como amenaza, pero son también como un nuevo futuro, hay algo ahí que pide ser positivo, aunque tiene mucho de vacío, hasta que Saul lo interviene y lo plantea como poesía, tras cierto gore. Pero toda revolución no siempre triunfa y si lo hace tiene que pasar por mucho antes de reinar. 

viernes, 28 de enero de 2022

Festival de Rotterdam 2022: France


France (2021), de Bruno Dumont, es una película atrevida, no teme la autodestrucción, a ratos es muy sarcástica, tiene humor negro duro, se burla con brutalidad (en extremo, como los bravos y audaces pero inteligentes, aunque kamikazes). Léa Seydoux es una musa a lo amante real de Ingmar Bergman, aunque puede que para Dumont sólo halla sido un amor platónico y cinéfilo. La explota hasta la extenuación, la hace llorar hasta el agotamiento, una y otra vez (llegando a la posible exasperación), la pone como una mujer depresiva, aunque no es para menos, su trabajo, su enorme popularidad y éxito le viene no solo por su pasión, talento e inventiva sino por dejar a un lado ética, moral, empatía verdadera, sensibilidad y hasta humanidad. Dumont da tremendo golpe al periodismo en general, al televisivo en especial. Éste director francés últimamente se ha volcado hacia la comedia, ésta vez con furia, poniendo toda la carne en el asador. Pero lo hace bajo esa advertencia simbólica del loco vándalo que destruye una bicicleta aparentemente de la nada frente a France (Seydoux) y su marido, interpretándose que el mundo del triunfo, el dinero y la popularidad puede significar sacrificios de todo tipo, otra clase de duelo, un sentido de culpa constante (pensando en gente normal que es capaz de reflexionar y guarda algún escrúpulo); también que para ejercer la personalidad auténtica, aquella proclive a caer en ser un verdadero kamikaze, existe mucha probabilidad de terminar hecho pedazos como con ese ataque "inesperado" y de primera impresión extraño. Dumont hace lo que quiere, fiel a sí mismo y es lógico que a muchos fastidie o desagrade, pero es notable que mantenga su libertad, su cualidad de autor que nace de él, al ser también el guionista de la película. Tendremos un filme que empieza engañando un poco, algo condescendiente con su protagonista y lo que representa, el periodismo, pero a medida que va avanzando se desviste de máscaras y matices y ataca como tiburón hambriento. No obstante manteniendo la honra personal, no buscando efectismos baratos, porque éste filme también es mucho un cuento, una ficción, y van sucediendo cosas como cualquier relato con una protagonista que va revelando capas de su personalidad y existencia. Es un humor inteligente, no es de risa fácil, aunque hay sus momentos bobos y algunos ratos obvios, pero tampoco le hace difícil el entendimiento a un público amplio. Tiene una secuencia crítica con un accidente, se ve venir, pero lo hace como si fuera una elegante clase de danza, con vasta maestría, pero aun así no teme arriesgar. Le queda perfecta, aun cuando pocos se hubieran aventurado a hacerlo y salir airosos en el trayecto. Seydoux es una musa total, es bella, es común, es gigantesca, es pequeña. Su personaje posee una poderosa personalidad, aun cuando puede caer en la estupidez y en la torpeza cuando habla y hasta actúa. Estos errores la muestran humana, aun siendo recriminable en muchos momentos. Se le ve tanto por encima del mundo como sufriendo sus decisiones, manifiesta un ego en lucha. Seydoux no sólo es muy hermosa (y hay hasta una mención de ello irónica), es una actriz de primera, maravillosa. El momento con la esposa cándida del asesino ya deja todo bastante claro, qué periodismo sobresale, cual va a ser el precio que muchos irán a pagar por el éxito, todo bien reflejado en las miradas sugerentes, prodigiosas y cansadas de Léa y su personaje capaz de atravesar plena guerra riendo para luego terminar llorando.

viernes, 11 de abril de 2014

Grand Central

Presente en Un certain regard en el festival de Cannes 2013 y en el festival de cine independiente de Buenos Aires (Bafici) de éste año en la competencia oficial internacional. La segunda película de la francesa Rebecca Zlotowski es una historia que versa sobre la adaptación a una vida confortable en la clase trabajadora de parte de un joven llamado Gary, interpretado por Tahar Rahim, un actor en ascenso que hace con solvencia de un espíritu noble pero pedestre, aunque deja un resquicio de oscuridad bajo una frase común ("Tú no me conoces"), y sin salir de su cuadrante puede ser enérgico e impredecible como en Un Profeta (2009), de donde una vez más el “hambre” más que la malicia empuja. Gary viene de una existencia austera, con una madre indiferente, una hermana recriminadora y una educación básica. Él encuentra la ansiada paz en la localidad del bajo valle del Rhone, donde labora en una planta nuclear, solo que pronto –como no podía faltar- esto se quebrará cuando se enamore de la bella, seductora y desinhibida Karole (Léa Seydoux), futura esposa del mejor amigo de su patrón. Seydoux es una actriz en toda boga, quien llora como las grandes, y tiene en sus movimientos un aire campechano que bascula con su atractivo y, cuando quiere, su provocación, sobre todo con sus ojos hipnotizadores.

Con ésta sencilla trama se arma una estructura que se mueve muy bien esquivando ser cuadriculada en un marco reducido y conocido, provocando el alargamiento del descubrimiento y la consabida debacle. Propicia a un punto un saludable lado de novedad, sabiendo escapar y potenciar a la vez su contexto que se mueve en el ambiente de la planta nuclear mientras el eje es la oculta relación que mantienen Gary y Karole. En el estilo de Zlotowski está que maneja muy bien la elipsis, acorta harto las explicaciones y por ende las escenas, haciendo que saltemos preámbulos y avancemos a un ritmo cautivante sin caer en lo abrupto, si bien hay uno que otro momento algo corto. Posee una visualidad imponente, a lo que llamaría puro cine, sugiriendo y proyectando, bajo una mirada bella, artística, como la voluptuosa pierna y el roce en el carro o el caminar guiados por el silencio y las miradas del deseo hacia un paraje boscoso donde la pareja pecaminosa hace el amor.

Otro rasgo es la ambigüedad, ¿a quién ama o le es fiel, Karole?, que es el leitmotiv y objeto de creación o destrucción de los seres humanos involucrados, en una pasión que valga la redundancia hierve de fuego “secreto”, sin sobrexplotarlo o anunciarlo literariamente, sino más bien haciendo uso de la elegancia, mucha arte, el buen hacer cinematográfico y la inteligencia. Tratamos con una directora a quien seguir definitivamente.

La imaginación del espectador es muy necesaria, la compenetración con el vínculo afectivo de la pareja de protagonistas que pienso asegurada ayudará mucho a poner de nuestra parte, aunque no todos lo perciban así, para apreciarlo en toda su medida aun no siendo difícil de ver y seguir, porque sin ello será como ver disminuido su verdadero valor, auspicioso con unas formas, esquives, engrandecimiento de los detalles y anexos que hacen de éste relato una composición mayor de lo que parece. Es una obra  en la que hay que interpretar y cavilar para deducir una posición, ya que tiene muchos rodeos además, habiendo mucha duda y misterio, un cierto aire raro y leve en la atmósfera que crea su trama, como con esa constante alerta de contaminación, la sombra de la muerte que vuela apenas perceptible pero muy perenne si aguzamos la vista. Véase ese anticipo de terror y discreta brutalidad en el rasurado de cabello de la amiga de Karole, una chica radiante, como observamos en un canto suyo anterior, que llora, teme y facilita la noción del peligro inminente.

En su reparto contamos con Olivier Gourmet como Gilles, quien entrenará a Gary, el joven ágil de entendimiento y entregado a su trabajo, hasta lo heroico. Tiene algunos ratos memorables, como cuando yace desnudo en la banca ante el chorro de agua que trata de limpiarlo de la radiación, o sobresaltos y gritos imponiendo su figura “ordinaria” y absorbida por la planta nuclear. Es loable ver que éste actor siempre puede cambiar de registro emulador con algunos simples toques. Parece una persona distinta con naturalidad y simplicidad, pero con mucho talento. Con él está Denis Ménochet como Toni, el tipo rudo pero también extrovertido, novio de Karole. Articulará más complejidad de la que se cree, si bien es mucho un accesorio pequeño de la trama. De sí se desprende la sensación de conflicto, como en tantos momentos, sin embargo muchas veces Zlotowski como en la vida misma hará caso omiso de ello, como apagando o prendiendo nuestra atención, aunque tendrá sus lapsos de entregarnos el clímax que predispone, pero siendo una historia madura, coherente, realista y no tan efectista. 

jueves, 9 de enero de 2014

La vida de Adèle

Introducción: La filmografía de Abdellatif Kechiche
Muchos creerán que el director tunecino Abdellatif Kechiche recién ha saltado a la notoriedad al ganar la tan ansiada palma de oro, en el último festival de Cannes, pero no es del todo exacto, anteriores propuestas suyas han obtenido altos reconocimientos, como La escurridiza, o cómo esquivar el amor (2003) que ganó mejor película, director, guión y actriz prometedora para Sara Forestier en los Premios César, los galardones de la Academia del Cine Francés, y además con ésta realización el premio especial del jurado en el Bafici del mismo año, el 2005. La escurridiza es una película que permite vislumbrar lo que más tarde será, aunque claro distinta al final, La vida de Adèle. En la Escurridiza una actuación escolar de una obra de Pierre de Marivaux, "Juegos de amor y fortuna", hace de un barrio árabe-francés de los extrarradios de París el calidoscopio de la búsqueda de amor de unos adolescentes. Estos muchachos pasan sus días peleando por sus relaciones afectivas, mezclando conflictos entre los muchos deseos y compañerismos. Es un filme ágil y relativamente corto a diferencia de otras obras de Kechiche quien suele llevarlas hasta cerca -o ahí mismo- de las tres horas de duración como pasa con los 179 minutos de Blue is the warmest color, el título en inglés, para La vie d'Adèle en el original.

La escurridiza tiene su encanto, se deja ver fácilmente, y sus actuaciones juveniles cumplen en conjunto, están muy bien, son fluidas, expresivas y naturales, salvo en el caso de Krimo que parece fastidiado con todo a su alrededor, lo que le da una mueca como de cansancio que no se le quita nunca, sin embargo su rol funciona y se presta para que brillen otros más dotados como la mencionada Sara Forestier, el objeto de deseo, junto a dos en especial, el mejor amigo que interpreta a un matón, sencillo pero directo al punto, efectivo, y la que me ha impresionado en particular de todos, la actriz Sabrina Ouazani que hace de la combativa y acelerada en su verbosidad cuando se molesta, Frida. Es un filme muy ameno, muy recomendable desde una sencillez bien explotada, con una metalingüística cinematográfica que oscila sin problemas entre la vida y lo ficticio, y se hace más grande. Sin sobredimensionarla, hay que verla.

Otra como Cuscús (2007) se ha atiborrado de reconocimientos el 2008 como nuevamente se hizo presente el premio César a mejor película, actriz prometedora para Hafsia Herzi, director y guion, al lado del fipresci en Los Premios del Cine Europeo, y ¡vaya! el festival de Venecia, que le dio el premio especial del jurado, el de mejor actriz a Herzi, el Signis y otra vez el fipresci. Este filme retrata como un viejo pescador originario del Maghreb  quiere poner un restaurante en un muelle francés, cosa que en tiempos duros, mucha competencia y por la burocracia gala no es cosa fácil. Para ello recurre a todos sus seres queridos, desde su ex esposa que es la que cocina delicioso un plato típico tunecino, el cuscús de pescado, que debería ser la fuente de su fortuna, y sus tantos hijos, a su actual pareja y su hija Rym (Hafsia Herzi), la que pone mucho empeño para ayudarle, como se ve en un baile de barriga muy exótico y sensual que denota no solo las raíces arábicas, sino mucha personalidad, y lo que a parte de su emotividad le valió tantos aplausos justos, teniendo una belleza de mujer común aún bajo su procedencia. La película muestra conflictos familiares en medio de la ilusión y (más) el trabajo duro por un sueño que es lo que se aborda largamente en el metraje, lo domina todo se podría decir y de ahí se desprenden ideas, el deseo de progreso, la unidad en la variedad, los orígenes y el contraste con la sociedad en que se vive. Hay que decir que se siente a ratos el ritmo y su extensión ya que pormenoriza mucho, va lenta, pero es una bella contextualización de la inmigración, específicamente la tunecina. 

Su anterior película fue Vénus noire (2010) que recuerda en parte a El hombre elefante (1980) pero sin el exacerbado dramatismo y el aclamado llanto, sin buscar tanta sensibilidad, con un tono más pegado a lo normal aun siendo algo especial, y pues con una cercanía al ridículo que logra manejarse. Puede que estemos ante alguien no tan distinto, pero que por un trasero descomunal y unos labios vaginales prominentes, el pertenecer a la etnia khoikhoi, y creerle el eslabón perdido de la humanidad entre el mono y el hombre, es sujeta a convertiste en una novedad de circo, a ser una razón de ambición de la investigación científica de la época, y a sufrir con la dificultad de sobrevivir como cualquiera, que sería su humanización y su dificultad de adaptación ya que es como un freak show, conocida como "la Venus Hotentote", y ella como dice quiere ser también bella.

Tiene una trama triste que no recurre a esa sobreexplotación, lo cual es elogiable, y eso la hace una historia nueva, distinta a otras, y pues además resulta lo más lógico. Su calidad de excepción se maneja notablemente basculando entre la ordinariez –a veces no intencionalmente, pero queda una sensación de  ambigüedad creativa que favorece al filme a fin de cuentas- y lo supuestamente extraño, apuntando claro a lo segundo pero queriendo en su relato ella ser lo primero y no pudiendo por necesidad económica y supervivencia, que al “lograrlo” la idiosincrasia se vuelve aún más trágica. Tras empezar en un pequeño local de carnaval inglés pasa a venderse como un espectáculo obsceno y recreativo de las clases altas francesas, para terminar en la prostitución más ínfima. Una vida de bohemia, y de calvario, de vejación, tantas veces consentida. Se basa en hechos reales acontecidos a inicios del siglo XIX. Puede adolecer también de mucho metraje y de lentitud, pero es una película interesante, sobre todo en la conformación de nuestra identidad y seguridad, de nuestros anhelos de felicidad, en medio de un contexto atípico, pero que revela nuestra calidad de ser humano. Nos permite ver tras el constante castigo de la existencia.

Blue is the warmest colour (2013)
La vida de Adèle retrata el descubrimiento de una sexualidad, para el caso del lesbianismo, y el primer y más fuerte amor que se convierte en una relación sólida que luego tiene su conflicto afectivo, en la piel de Adèle (la tierna, desbordante, preciosa y joven Adèle Exarchopoulos). Es un filme sencillo que tiene su máxima atracción en su cariz sexual, no lo vamos a negar, pero que está muy bien desarrollado como cualquier otro amor, entre comillas, y no por homosexual, sino por lo intenso que llega a ser. Sí que pudo ser mucho más corto pero por lo menos aprovecha tanto metraje para consolidarse en el detalle de esa relación, y enseñarnos a Adèle en distintas etapas, desde una relación heterosexual que no la satisface durante su etapa última escolar, hasta sus primeros deseos, y encuentros. Excitarse durmiendo en el recuerdo de una fémina (algo precoz y ligero dentro de la historia, sea dicho, ya que es con su futura pareja que pasa cerca sin conocerse), y besar a una amiga que se deja llevar por el momento, llegando hacia su punto de hallazgo al entrar a un bar gay y conocer a Emma (la bastante profesional Léa Seydoux), la chica del cabello azul que le dará el gran flechazo y ayudará a definir su sexualidad, que hay que hacer notar que ya estaba encaminada por sus hormonas y apetencias.

La propuesta hace ver muy madura a Adèle, y bastante amable a Emma, lo cual juega más con un retrato romántico que realista, si bien su tono consiguiente, el íntimo es fuerte, vaya anti-convencionalidad, desde la decisión de una menor (como entendemos por ley, así “debe ser”, además),  que ya no duda una vez que conoce a la chica del cabello azul, previa una pequeña experiencia, y quiere a la artista, a la lesbiana hecha y derecha, la que le permite ir de a pocos, dulcemente, conocerse, como puente, aunque ella demuestra que sabe lo que quiere, y eso no rompe con ninguna iniciación, no del todo, solo lo pone en distinta perspectiva y le reconocemos que valga el inusual tino ahí sepa condensar el filme, en su definición sexual (y bien porque ya es en parte muy manido ese conflicto), que funciona invirtiendo los papeles de aproximación. Más tarde se encenderán, y harán que su vínculo sea único, diríamos que espectacular, por encima de todo encasillamiento en su tipo, y pues las imágenes ayudan mucho, ya que lo dejan todo entre las sábanas. ¡Qué impactante!, ¡qué realismo!, si bien ya que puede asustarnos en pleno siglo XXI, lo cual siempre se dice, acoto. Presenciamos sus ósculos fogosos, como meditativos y largamente extendidos en los genitales. Prácticamente entierran el rostro tras los vellos púbicos, en sus regodeos y decididos toqueteos a las nalgas, en fin, totales, en sus regocijos y jadeos, en sus besos detenidos rato en los pezones y en su sobo mutuo frenético de caderas y entrepiernas, en  medio de la cámara voyerista, absolutamente sin medias tintas, una entrega en toda medida.

Una vez iniciado el romance, las escenas de sexo y atracción carnal son intensas y constantes, incluso alguna es bastante larga y sumamente explícita, al punto de lucir muy didáctica o reveladora la película si es que aun guardaba alguien alguna duda al respecto. Y pues son parte importante del conjunto, de ese apasionamiento que describe el filme, algo corpóreo, que brilla en lo visceral de poseer a alguien en toda libertad y fuerza. Es un convincente retrato que no deja mucho a la imaginación y pues puede ser tomado tanto para bien como para mal, a mi me parece que bien viendo que además no pretende albergar demasiados estados de cavilación, no es para nada una historia compleja de seguir, no es un lugar de suma reflexión aunque tiene su audacia y pretende reflejar una verdad, dentro del amor y la pasión, desde la transparencia de lo lésbico que busca trascender su inclinación.

Se trata de Adèle y su amor único, el de su existencia, con Emma, y como fluye y como sufre un bajón determinante, y no es tanto la dificultad de lograrlo en una sociedad moderna como la francesa, sino de mantenerlo como en la normalidad de cualquiera, en no alejar emociones, en vencer la soledad, la desconfianza y los celos. Celos que se ponen más complicados cuando la tercera parte en discordia es una mujer bella, pero embarazada, que es la imagen que se nos congela atemporal en el subconsciente. Esto es algo creativo que juega otra vez en ambos polos, quizá por algún lugar común mental, ya que asociamos la maternidad con algo puro, y pues lo sexual si bien también puede albergarla como se ve dentro de las virtudes de la película no es la imagen por antonomasia que uno suele tener de ello, culpa también de que en todo momento tenemos presente lo tórrido y placentero. En el filme es importante la efervescencia de la piel, el estar siempre al borde de arder de hedonismo, así se percibe más lógico el paso del tiempo en la propuesta y el declive que es en gran parte elíptico, mientras se articulan sentimientos. Es una buena amalgama que aunque tiene su lugar en el cuerpo, no deja de ser lo bello que quiere ser como unión de afectos. No será la palma de oro más complicada, la más profunda, ni la más rara, pero estamos ante un cautivante y potente retrato del amor que bien vale su triunfo.