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martes, 17 de febrero de 2026
Hamnet
Ésta propuesta la dirige Chloé Zhao quien ganó el Oscar por mejor película y mejor dirección con Nomadland (2020). En ésta oportunidad vuelve a estar masivamente nominada a estos célebres premios. Es una película que te hace llorar, que es muy sentimental. Está basada en la novela de la irlandesa Maggie O'Farrell quien escribe el guion junto a Zhao. Es una película entre histórica y ficticia. Es interesante ver a un William Shakespeare de carne y hueso y no pensar en una alucinada historia de algún académico de la alta sociedad camuflado detrás de su figura. El magma de éste Shakespeare es su propio intelecto, sus vivencias, sus sensibilidades, sus propias percepciones, no los libros como única forma de sabiduría, como si esos libros origen no los haya inventado alguien bajo la misma modalidad que éste Shakespeare, su creatividad, nuestra esencia. Pero como pensar por uno mismo realmente no es fácil, es mejor ir a un lugar a encontrar lo que no estamos realmente capacitados para producir por nosotros mismos, volverlo accesible, un mecanismo o simplemente repetir. Refiriéndome a crear conocimiento. Es así que la película hace muchas conexiones entre la vida común y corriente con momentos capitales existenciales y la creación de una obra maestra e icónica como Hamlet. Shakespeare desde el inicio se muestra como un intelectual, desde enseñar simplemente latín a los granjeros. No le es fácil adaptarse digamos como obrero o campesino. Su padre se puede decir que tiene una empresa de guantes o manufactura como micro-emprendedor. Shakespeare es un vendedor y eso le permite afincarse con la gente del teatro, formar su compañía, escribir y exhibir obras de teatro públicas. Realiza una labor que tiene una consecuencia práctica. Shakespeare también es actor y en un momento remite a sentir lo que expresamos en una puesta en escena. El filme es muy fuerte emocionalmente. Hay escenas a ese respecto que producen mucha tensión. Agnes (una sustancial Jessie Buckley, una mujer realmente bella y sensual a sus 36 años, cuando se muestra natural, clásica, campechana, en lugar de querer pintar de visualmente rara) pasa por un trance muy violento. Lo llega a culpar a Shakespeare. Puede rozar hasta el histerismo y coquetear con ser insoportable o demasiado difícil. Es interesante hacer notar que aquí no se satanizan las videncias o experimentar con hierbas, sobre todo para la época, fines del siglo XVI, todo lo que fácilmente puede asociarse con ser una bruja que luce una mirada más actual. Tenemos momentos que se plantean dentro del suspenso, con el terror, con el misterio, con lo sobrenatural, lo esotérico y hasta lo oscuro con ese bosque que posee varias interpretaciones, tal cual sus ramificaciones, sus raíces, su longevidad. El avistamiento recurrente de un hueco negro puede verse como no tener respuesta ante semejante tragedia o no saber del todo los sucesos de la biografía del escritor. La propuesta tiene un claro lado místico. Es como si quisiéramos entender el cielo, la vida después de la muerte (¿a dónde van los que mueren?), y el silencio de Dios, sosteniéndose sobre lo terrenal y lo racional, queriendo hallar argumentos para sanar. El final en el célebre teatro de Shakespeare, The Globe Theatre, es muy emocionante, memorable, el cual sirve como una hermosa catarsis llena de análisis minucioso, con ese Hamlet especialmente inspirado interpretado por el británico Noah Jupe. La obra Hamlet se abre como un brote existencial, ya no simplemente un dotado artificio. Cada oración de la obra Hamlet está llena de vida en las últimas escenas de la película, como quien señala el sentimiento del espectador en una sala de cine donde invoca su participación. Indican una profundidad que se va comprendiendo. A través del hallazgo de Agnes rodeada/inmersa de gente. Atravesada por gloriosa emotividad. El final es cine en estado puro, arte con mayúsculas. Se da una fusión de lo práctico, lo vivencial, con lo intelectual. Muy bien Paul Mescal, finalmente me compro el hype, muestra que es un excelente actor.
jueves, 30 de junio de 2022
Men
Men (2022), del británico Alex Garland, es una película bastante interesante. En la trama una mujer, Harper (Jessie Buckley), ve suicidarse a su marido lanzándose por el balcón, cuando le dice que quiere separarse. Antes el marido por una tontería le mete un tremendo bofetón que la tira al suelo. Asistimos a violencia doméstica. La mujer lo bota gritando y éste se arroja tras advertirle que lo hará si lo abandona. Es así que a Harper se le quiere imponer la culpa, pero como ella misma dice más que culpa es una obsesión que la persigue, es decir, una enfermedad. Harper se va a sanar a una casona en el campo inglés. En ese lugar, ella y el filme de Garland oscilaran entre la obsesión malsana, lo mental, y la realidad, una llana y propia de pueblito idílico de pocos habitantes en la campiña británica, pero donde asoma poder hallar algún culto secreto ilustrado en las imágenes esotéricas de una iglesia (o el designio de las estrellas, el destino), teniendo propio del folk terror. Harper imagina que alguien irrumpe en su casa muy violentamente y luego descubre un ave en el suelo. Harper ha creado un mundo surreal y alternativo producto de la persecución psicológica de la memoria del marido abusivo, que matizándolo estaba enamorado de ella hasta lo extremo y sufría de tener un problema de autocontrol que tampoco es esa excusa del cura cínico y lujurioso de absolverlo todo fácilmente. El filme es una lectura general sobre el maltrato de los hombres hacia las mujeres, como estos ejercen dentro de un orden general el abuso, aunque suene a discurso algo exagerado (muy propio de nuestros tiempos también, hay que decir), pero el terror también lo es como atributo. Queda claro cuando el actor Rory Kinnear representa a todos lo hombres del pueblo de alrededor de la casa de campo en que vacaciona Harper, con esa misma característica, el maltrato e indolencia hacia la mujer. El maltrato llega hasta estar presente con un adolescente, haciéndole bullying a la protagonista -que pasa por el recuerdo con un mismo rostro simbólico, del mal- producto de los hombres que quieren obligar a las mujeres a obedecer, incluso en el capricho de un niño con máscara de Marilyn Monroe. Hay una escena en un túnel que pasa de lo angelical al terror poderoso bajo la ubicua persecución. También yace simbolizada la consecuencia del maltrato de los varones hacia las mujeres en el pecado original, por la manzana prohibida. Harper se come una, donde se da un gran detallismo del momento. A poco tiempo le acecha un loco desnudo, un raro, que se convierte en un hombre planta representando aquella manzana que Harper/Eva se comió, y lo dice directamente una broma del administrador de la casa de campo. Ésta propuesta posee tremenda escena de magnífico terror visceral (aparte de la super escena con un cuchillo de cocina), homenaje a la también británica, de terror de culto, Xtro (1982), de lo que Garland duplica la apuesta visual, la hace más gore, más desagradable, más violenta de aguantar ver, haciendo desfilar brutalmente por la protagonista a los hombres del pueblo, marcados en un único rostro modificado con efectos especiales o de computadora. Es del pecado original hasta lo más obvio. Asistimos al sueño de Harper, cual confunde cosas reales con cosas fantásticas, les cambia de lugar, como aquel embarazo del final que ella cree alumbrará alguien también recriminable. Es una generalización, de ello el preciso título, un comportamiento repetitivo, colectivo, si bien de distinto calibre, desde el policía que poco le importa si Harper finalmente es agredida de noche e incluso puede éste tomarse las cosas personales y generar un acto corrupto, como cuando aparece tarde sin motivo, hasta tipos primarios riendo en un bar incomodando a las mujeres, siendo ellos.
domingo, 13 de septiembre de 2020
I'm Thinking of Ending Things
Ésta es una de las películas top del año, la pongo desde ya en la lista de lo mejor del 2020. Charlie Kaufman logra su mejor película hasta la fecha, con sus pensamientos íntimos y personales y el cine que ha hecho y trae de background. Su cierta lástima y soledad están presentes, su dificultad de adaptación social. Sentimos un cierto aire de depresión recorriendo toda la propuesta. El filme se enfoca en el amor como herramienta para vencer la complejidad de ser uno mismo y de existir, como salida a derrotar las poderosas taras mentales que no nos dejan vivir con normalidad. Pero aun así no falta un poco de humor negro para señalarlo. El filme en gran parte es una historia contada convencionalmente, mediante una voz femenina, sobre una chica, que cambia de nombre constantemente, interpretada por Jessie Buckley, que quiere terminar con su novio, Jake (Jesse Plemons, que tiene un cierto parecido físico con Philip Seymour Hoffman, pero transmitiendo mucho más temple y un aire más común). Lo piensa -está segura- cuando la pareja está realizando un viaje en carro a la casa de los padres de él. Ella siente que su historia debe acabar, no especifica bien la causa, pero siente que su relación debe terminar así sin más, siente que esta relación se ha extendido demasiado, casi 2 meses. Jake es un hombre inteligente y preocupado por su novia. No obstante no sabe que su relación está por finalizar, curioso cuando él la lleva a dar un paso más hacia adelante, conocer a su familia. Esto molesta a la chica, pero no lo dice. El filme tiene a la joven ensimismada en sus pensamientos, filosofando sobre su relación, por algo ella es algo entre física y poeta. Todas estas cavilaciones se mezclan con sus conversaciones mientras están dentro del auto. Después conocerán a los padres de Jake, interpretados por los geniales Toni Collette y David Thewlis. El filme es muchas versiones de una misma historia, es mucha gente también en una sola interpretación, se trata de proponer miles de alternativas y posibilidades a la temática de la relación de pareja que es el centro del filme, pero que se extiende al tiempo de una vida y etapas de las personas. El amor se presenta como la salida, pero no es acatar sin más, es también perder y sufrir, quedarse tal cual en el abismo, patear el tablero, ahí radica su lado pesimista y lastimero, propio del cine de Charlie Kaufman. La pareja es muy racional, todo pasa por su pensamiento, en éste yace incluso la infancia, la fuerte presencia de los padres, el aislamiento de vivir en el campo. La chica protagonista también es Jake, el desdoblamiento y la mezcla de la tesis de la ardua adaptación al mundo lo recorre todo. El filme es ingenioso en romper la linealidad de la narrativa y proponer cinematográficamente la fusión de miles de vidas e historias representadas en la pareja protagonista, e incluso mediante los padres y hasta por medio de la participación de gente que trabaja en empleos desgastantes. Puede que todas sean versiones del mismo ser humano, es decir las tantas caras de nuestra humanidad, la de los mundos paralelos o del recorrido hacia el nirvana. Todo esto ocurre en la tercera parte del filme, tras dos tercios de linealidad. El filme rompe con lo "convencional", lo hace con apenas algunos detalles, como cuando la joven ve un cuadro de Jake y se ve a sí misma de pequeña en la fotografía. El sótano hace de película de terror, de puerta secreta a la psiquis, porque también el filme es un aparato mental, el interior de una cabeza. Hay un hombre personal de limpieza que se encarga de asear un colegio, su intervención que parece intrascendente propone más amalgamas que juegan con el tiempo. En un momento en una representación de ballet, o propio de un musical, lucha el Jake en plena efervescencia y lozanía con el Jake derrotado por la vida, el final es triste, tanto como artístico. La propuesta incluye el surrealismo de un crimen, la historia de un homicidio, ese carro abandonado en la nieve es un cuento de miedo también, una radiografía americana. El filme de Kaufman está repleto de melancolía, también de erudición, hay mucha intervención de la literatura y del cine, si bien no es que no se entienda, no se trata de una erudición pedante, hay intelectualidad, sabiduría y reflexión en muchas conversaciones que parecen poco importantes. Las películas y la literatura conversada por la pareja protagonista sirven para estudiar la realidad y la temática del filme en especial. Hay muchas intervenciones interesantes. Kaufman debate con John Cassavetes, específicamente con A woman under the influence (1974) y con otro tema que también pasa por sus obras, la locura. La muerte también está presente en el filme, aunque de manera sutil, con David Foster Wallace.
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